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Autor

Laura Cerón

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Laura Cerón

Publicado

16 Jul 2017

El recuerdo indeleble de los Diputados

El domingo 18 de junio la Asamblea Departamental del Valle, en Cali, se preparó para celebrar la fortaleza y la vida. Allí, en medio de un claustro grande, con palmas y plantas con flores, se encontraban los familiares de los 11 diputados que la guerrilla de las FARC secuestró en 2002 y asesinó en 2007. Igualmente se encontraban la familia del subintendente Carlos Cendales (asesinado el día del secuestro en la asamblea) y de Sigifredo López, el único diputado que logró salir con vida después del cautiverio.

Este encuentro, para conmemorar el dolor de la partida de los diputados hace 10 años, también fue para celebrar el día del padre. “Nosotros nunca, después del secuestro, volvimos a celebrar el día del padre, pues todas esas fechas se volvieron amargas. Para nosotros este día es muy importante, en el que les mostramos nuestra gratitud”, afirmó Sebastián Arizmendi, hijo del diputado Héctor Fabio Arismendi.  

Los cinco años de cautiverio estuvieron marcados por las pruebas de supervivencia, las grabaciones que pasaban las familias por radio para que supieran que estaban bien y que los pensaban, las marchas en Cali, Cartago, Buga y Florida exigiendo libertad, los múltiples intentos por lograr un intercambio humanitario y la noticia del asesinato.

Por muchos años, los familiares asumieron en soledad el dolor de la muerte de los diputados. Los hijos crecieron y aprendieron a conocerse a pesar de las diferencias políticas de sus padres, pero ahora tenían un objetivo en común: la exigencia de justicia frente a la muerte de quien para muchos fue tronco y camino. A muchos este hecho los obligó a madurar y tomar decisiones a temprana edad.

No obstante, el dolor se convirtió en entereza y fue en esas circunstancias que en septiembre de 2016 viajaron a La Habana, durante los diálogos de Paz, y allí tuvieron un encuentro con los jefes de las FARC. “Allá lloramos, les gritamos, les reclamamos que por qué nos habían hecho eso. Cuando nos pidieron perdón sentí mucha impotencia, rabia, rencor, pero también hubo momento en que nos tranquilizamos y pudimos hablar. Me sentía apretado de tanto sentimiento, pero a los minutos me fui calmando”, afirmó Sebastián.

Fue así como monseñor Darío de Jesús Monsalve –arzobispo de Cali-, en medio del hemiciclo de sesiones Carlos Holmes Trujillo, presidió una misa en la que se recordó la vida de los diputados, como políticos, padres, hermanos, hijos.

Después de la ceremonia, en medio del recinto, una joven estudiante de la Universidad del Valle, quienes apoyaron esta conmemoración, anunció en voz alta, mientras sostenía el retrato de Alberto Quintero, una frase de este diputado del Valle que fue asesinado: “Me debo a Dios nuestro señor, a mi gente, a mi familia, a mi pueblo. He trabajado con honestidad. El tiempo y mis obras lo reconocerán”. Uno por uno los retratos a blanco y negro fueron colgados por los familiares en el aula, “para que en la toma de decisiones futuras, los funcionarios públicos recordemos el compromiso ético y moral como ciudadano vallecaucano, que debe tener con cada una de las iniciativas de memoria y dignificación de estos héroes”, afirmó Sebastián Arismendi tras la lectura del comunicado a la opinión pública.

Una de las estudiantes de la Universidad del Valle, con una sombrilla blanca abierta, se acercó hasta Sigifredo López y le pidió que la acompañara hasta el claustro principal. El sol del mediodía abrasaba a Santiago de Cali. Una vez que todos los asistentes se reunieron alrededor, Sebastián Arismendi, en nombre de todos los hijos de los diputados, le entregó a Sigifredo su retrato a color. “Yo ante todo me siento orgulloso del ejemplo que ustedes están mandando a los colombianos de perdón. Estoy seguro que las nuevas generaciones son los que van a vivir la paz que estamos construyendo entre todos”, afirmó, conmocionado,  Sigifredo.

Desde diferentes extremos del lugar, varios jóvenes vestidos de blanco empezaron a danzar. Algunas familias se ubicaron en las bancas que se encontraban en medio del claustro para poder disfrutar del momento. El performance fue el acto cultural que celebró la vida, la familia, la alegría y la gratitud. A través de distintos estados, los artistas representaron la figura paterna de los diputados, el vacío que dejó su ausencia y el amor con el que siempre serán recordados. Una muestra artística que generó muchas emociones.

María Camila Domínguez era muy pequeña cuando ocurrió el secuestro de los diputados del Valle. Tenía 13 años y recuerda la imagen de su papá viendo las noticias. Hoy en día estudia danza contemporánea y fue una de las participantes del performance ofrecido a las familias de los diputados. Para ella, desde la danza, los aportes que se pueden hacer son igual de valiosos: “cada obra tiene un sentido, nosotros interpretamos el público y nos dimos cuenta que queríamos darles esperanza, tranquilidad”.

Esta conmemoración se realizó en el marco de la acción conjunta que realiza el Centro Nacional de Memoria Histórica y el Programa de Alianzas para la Reconciliación, de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y ACDI/VOCA,

En medio de canciones, aviones de papel que recordaban la infancia, varios familiares se unieron junto a los artistas en un círculo. Con el sentimiento a flor de piel entrelazaron sus manos, respiraron hondo y dejaron ir los globos hacia el cielo. Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, reconoció el valor que tuvieron todos las familias para llegar hasta ese momento: “ustedes están dando un mensaje de paz y reconciliación en un momento en el que el país necesita conocer que es posible el cambio ”, afirmó Sánchez.



Publicado en Noticias CNMH

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