Noticia

Autor

Laura Cerón

Fotografía

Laura Cerón

Publicado

20 Sep 2018

La fórmula de los indígenas Inga para sobrevivir

Los Inga ubicados en la región del Caquetá, han resistido a siglos de violencia: a la expansión colonizadora al sur del país, a la explotación cauchera de la amazonia y a las disputas territoriales de los grupos armados. Este pueblo, de la mano de sus conocedores espirituales, trabaja por cultivar en los niños y niñas las tradiciones ancestrales. Esta es su manera de resistir pacíficamente y de garantizar su pervivencia.


A tres horas por la carretera que conduce de Florencia (Caquetá) a Piamonte (Cauca), se encuentra el resguardo indígena de Yurayaco. Allí reside una parte del pueblo Inga desdeel siglo XVIII, cuando los abuelos y padres del indio Apolinar Jacanamijoy, conocedores de la selva amazónica del Caquetá, decidieron emigrar con su familiay formar un resguardo indígena que brindara seguridad y protección a su comunidad.

La pérdida histórica de sus tierras y sus tradiciones ancestrales por la colonización campesina -que impulsó la explotación de la quina y el caucho-, y las disputas territoriales entre la guerrilla de las Farc y Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), los empujó a trabajar en la protección de sus saberes ancestrales y culturales como una forma de resistencia. Ellos saben que está en riesgo la extinción de sus conocimientos más antiguos.

El pasado 30 de agosto, el colegio indígena Yachaicurí del resguardo de Yurayaco -proyecto etnoeducativo creado hace unos 18 años- se convirtió en el lugar para conmemorar la vida y la resistencia de los líderes y lideresas, que han muerto trabajando por garantizar la supervivencia del pueblo ingano en el territorio. Con la participación protagónica de los niños y niñas del resguardo, esta conmemoración se convirtió en un homenaje a la vida, la sabiduría y el poder del pueblo inga.

Las tradiciones ancestrales fueron el centro de la conmemoración, pues generan vida e identidad en las nuevas generaciones. “Para pervivir en el tiempo y en el espacio no se puede olvidar las raíces y la memoria de los taitas y mamas”, afirmó Waira Jacanamijoy, coordinadora del resguardo de Yurayaco.

Explore en este reportaje gráfico las tradiciones que, desde hace siglos, han hecho parte esencial de la vida espiritual y organizativa del pueblo Inga, y han permitido su supervivencia.

 

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    AtumRumi Taita Apolinar, o la piedra del Taita Apolinar

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    La danza la Chakanaintegra

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    símbolos que forman la Chakana

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    Los cascabeles, carrizos y las zampoñas

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    plantas medicinales

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    Intervención artística de las Yakumamas o madres del agua

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    Los taitas

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    La tulpa

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    La mama Natividad Mutumbajoy


    AtumRumi Taita Apolinar, o la piedra del Taita Apolinar, es un símbolo de sabiduría, energía y poder. Para el pueblo inga es un sitio sagrado, pues allí nace la memoria, el saber y el conocimiento ancestral. La vida espiritual del pueblo inga fluye entre esta piedra y el río Yurayaco. Por el proceso de colonización, la piedra ahora se encuentra en una finca que no hace parte del resguardo. Esto, sumado al turismo, ha puesto en peligro la vida y las tradiciones culturales que se fortalecen a raíz de la piedra.

    La danza la Chakanaintegra las visiones y conceptos cosmogónicos con el territorio: la medicina ancestral, los saberes espirituales, los lenguajes, los significados y la organización social propia del pueblo inga. Chakana, que significa puente o escalera, crea una visión del universo representando lo masculino y lo femenino, el cielo y la tierra, el mundo de los vivos y de los dioses. “Así caminamos con nuestros saberes”, afirmó Waira Jacanamijoy.

    Dentro de los símbolos que forman la Chakana se encuentra el fuego, integrador en todas sus dimensiones: armoniza la palabra, el canto, la danza, las ceremonias y la organización social; y es el que abriga y cocina los alimentos. Alrededor, lleno de flores silvestres, se encuentra el chumbe: tejido que usan las mujeres indígenas que representa las historias y los caminos por donde transita el saber. En frente está el sahumerio, que brinda la limpieza y purificación. La chicha, los tejidos y los alimentos también integraban la Chakana.

    Los cascabeles, carrizos y las zampoñas, son piezas fundamentales en el rencuentro con la música inga. Hoy las futuras generaciones encuentran en las canciones su tradición espiritual, su territorio y su memoria. A pesar de que muchas canciones no han sido entonadas durante la guerra, para el pueblo inga continuarán los sonidos.

    En la conmemoración se usaron plantas medicinales, las cuales son fuente y reserva del conocimiento milenario que tiene el pueblo inga sobre la naturaleza. Desde el eje de espiritualidad y medicina tradicional del plan de vida del pueblo inga, las mamas, sabedoras de los conocimientos ancestrales, buscan nuevos emprendimientos que ayuden a fortalecer a las futuras generaciones en sus conocimientos sobre medicina y botánica.

    Intervención artística de las Yakumamas o madres del agua. Con cantos y sonidos, hechos con el caparazón de una tortuga de agua, se armonizan las conexiones con el territorio y con nosotros mismos. Estos cantos se vuelven una herramienta contra la contaminación de las aguas y de las especies que viven en la naturaleza.

    Los taitas son el pilar fundamental de la organización social del pueblo inga. Son guías espirituales que orientan la permanencia y los desafíos en el territorio: la salud, la educación, la sociedad y la medicina. Muchos de ellos se han vuelto blanco de la guerra y han sido asesinados, al ser señalados de ayudar a la guerrilla, a los paramilitares y al Ejército. Su entrega a la comunidad es completa: con su experiencia ayudan a crear nuevos lenguajes y significados en las nuevas generaciones.

    La tulpa es uno de los espacios fundamentales de encuentro en la cultura inga: allí se cocina; y se abrigan la palabra, el espíritu y el pensamiento. Alrededor del fuego se tejen espacios con los taitas y mamas para compartir historias, consejos, anécdotas y reflexiones. Durante la conmemoración se hizo un homenaje a los taitas y mamas que han muerto pero que han dejado grandes lecciones de amor, respeto y cuidado por las tradiciones ancestrales y el trabajo colectivo.

    La mama Natividad Mutumbajoy es una lideresa espiritual y defensora de la cultura Inga en el Caquetá. Dentro de la institución educativa Yachaicurí lidera el eje de espiritualidad y medicina tradicional, el cual enseña a los niños y niñas el valor de las plantas ancestrales y la relación que tienen con la vida, el camino, el pensamiento y el espíritu. También da clases de inga a los niños y niñas de la institución.

     

    Publicado en Noticias CNMH

     

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