Noticia

Autor

Jorge Posada y Harold García

Fotografía

César Romero

Publicado

23 Jun 2016

Bojayá: 17 años después, el clamor es el mismo

Con el acuerdo del fin del conflicto armado, al que llegaron el Gobierno y las Farc, la memoria histórica tiene la tarea de mostrar las dimensiones de lo que ha ocurrido y ponerse en los escenarios y regiones donde miles de víctimas no han sido reparadas, mostrar los hechos para que no se repitan. Esa es una de las conclusiones de Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, quien destacó la decisión de las partes al acordar el fin del conflicto armado (Acuerdo para el Cese al Fuego y de Hostilidad es Bilateral y Definitivo).


Entrevista a Gonzalo Sánchez Gómez

Conoce el especial web:  Fin del conflicto armado

Por Jorge Posada y Harold García, periodistas del CNMH 

¿Cuál es la importancia de la firma del punto del fin del conflicto con las FARC?

El acuerdo que se anuncia entre el gobierno es histórico en la medida que pone fin a un conflicto de mucho más de 50 años de confrontación armada en el país. Lo que se firma en La Habana responde a una construcción muy elaborada, muy cuidadosa que da enorme confianza pública a lo que se está firmando, lo que se está divulgando. Estamos asistiendo al fin de uno de los conflictos más largos del mundo. Muchas veces nosotros mismos como colombianos no valoramos lo que ha pesado el conflicto colombiano en el contexto internacional y lo que tiene que pesar en este momento el anuncio del fin del conflicto.

¿Cómo se ve este acuerdo en el plano internacional?

El contexto internacional en el cual se está produciendo este anuncio es un contexto en el cual hay muchas guerras en ebullición, nuevas guerras que están apareciendo, y esta firma aparece como una luz de esperanza, no solamente para Colombia sino para el mundo.

¿Cuál es la reflexión desde la memoria histórica sobre este acuerdo?

Para una entidad que se ha ocupado de reconstruir esa historia en todas sus dimensiones, en todas sus regiones, en todas sus expresiones, en todos los daños que ha generado, es también una invitación a tomar conciencia de qué es lo que estamos resolviendo, porque yo creo que en este conflicto que ha sido tan largo, tan perverso, una de las mayores perversiones es que ha habituado al país y la sociedad a convivir con él. Yo creo que este momento nos debe invitar muy solemnemente a hacer esa reflexión, a través de cuáles son las dimensiones del daño que ha sufrido el país, del daño que han sufrido las regiones, las víctimas ante todo, para que podamos medir también los alcances de lo que estamos a punto de empezar a vislumbrar, como promesa de futuro de este país.

¿La memoria es protagónica para empezar a vislumbrar esos alcances?

La primera tarea de la memoria es mostrar las dimensiones de lo que ha ocurrido y de lo que estamos resolviendo. El segundo aspecto es que obviamente hemos construido también esta memoria del conflicto sobre la base de que quedan muchas otras tareas que se desatan después de la firma de los acuerdos. Ahí hay todavía muchas expectativas sociales de esclarecimiento. Es decir, el momento de la firma es un momento de identificación de las dimensiones del daño, del daño que queda por reparar, a pesar de que ya se ha venido haciendo mucho en todos los niveles: reparación económica, reparación simbólica, como hacen los informes del Centro Nacional de Memoria Histórica. Pero hay muchas comunidades que nunca tuvieron la oportunidad, precisamente por el contexto de guerra, de ponerse en estos escenarios para reclamar esclarecimiento y para reclamar las medidas que respondan a esas dimensiones de los daños que han sufrido.

¿Cómo debe tomar el país este acuerdo?

Es muy importante que el país tenga muy claro que al otro día de la firma del acuerdo no se entra en un limbo social, se entra en un nuevo momento de ebullición social y el país debe estar preparado para una sociedad que va ser extremadamente exigente para que se materialicen los acuerdos, también para que no se vuelva a repetir lo que se ha pasado tantas veces en este país. Entonces si esta es una sociedad que se acostumbró de alguna manera al ruido de las balas y a convivir con el ruido de las balas, ahora lo que se le va pedir a esta sociedad es que se acostumbre, y lo asuma como un tema de desarrollo y de expresión de la democracia, al ruido de la movilización popular.

 

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