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Memorias sobre machetes

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Por: Laura Antonia Coral Velásquez

Autor Laura Antonia Coral Velásquez
Título de la obra Memorias sobre machetes
Año 2014
Técnica Hayter - Grabado sobre machetes de metal e instalación

La obra

El machete es la herramienta por excelencia del trabajador del campo colombiano;  éste lo acompaña en el cinto y  le abre caminos. También ha sido usado como arma de protección y para ejercer poder y violencia. Memorias sobre machetes reflexiona sobre el machete como símbolo.  Según Laura Antonia Coral, este objeto es “testigo y partícipe de nuestra historia”. Su instalación consiste en desplegar en el espacio varias docenas de machetes que tienen grabados en sus hojas las historias de origen y uso. Instalados en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación en Bogotá, los machetes generan un recorrido paralelo, se quedan al fondo de los espejos de agua brillando con la luz del sol y están clavados en la tierra, como invitando a ser usados. Estos machetes fueron donados por los campesinos de Argelia, en el Oriente Antioqueño.

Contexto

Uno de los grupos que más notablemente han sido víctimas del conflicto armado colombiano, junto con comunidades de afrodescendientes y de indígenas, son los campesinos. La tierra, su fuente de trabajo, yace en lo más profundo de la guerra que completa más de 50 años en Colombia. Ésta ha sido objeto de disputa, y su tenencia ha sido símbolo de poder. 

Desde la perspectiva de los campesinos, la tierra es la garantía de que tendrán sustento diario para ellos y sus familias y de que sus esfuerzos e inversiones les darán algún tipo de retorno. Para los grupos ilegales armados, por el contrario, la tierra ha sido una forma de asegurar las rutas del narcotráfico, corredores donde, imponiendo el control a la fuerza, pueden transitar y amedrentar a la población. Asimismo, en muchas ocasiones, el territorio ha alojado fuentes minerales que son explotadas ilegalmente, lo que ha ayudado a financiar las empresas criminales, al tiempo que destruyen el medio ambiente. 

Los campesinos han sido blanco de grupos guerrilleros y paramilitares, en algunos casos financiados por grandes empresas agroindustriales. Sumadas al viacrucis de la guerra, los trabajadores rurales han tenido que enfrentar la falta de presencia del Estado, la desprovisión de bienes públicos, la falta de asistencia técnica, de seguros y financiación agropecuaria, algo que apenas desde hace poco ha empezado a democratizarse. Acciones como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, así como investigaciones como la Misión para la Transformación del Campo y el Tercer Censo Nacional Agropecuario, el primero en 45 años, son apenas un indicio de que el campo está siendo tenido en cuenta. 

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