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Daniel Sarmiento

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Daniel Sarmiento

Publicado

09 Jul 2019

Ocho años de la explosión de una chiva bomba en Toribío

El 9 de julio de 2011, las Farc hicieron estallar una chiva bomba frente a la estación de Policía de Toribío, Cauca, el municipio con más incursiones guerrilleras en el país.


En Toribío estaban acostumbrados a los estruendos, pero ninguno como el de la mañana del 9 de julio de 2011. Era sábado, día de mercado, y la gente recorría las calles alrededor de la plaza. Los niños jugaban y los adultos cargaban alimentos de un lado a otro cuando, a las 10:30, sonó la primera ráfaga de disparos. Después otra y otra más. Y luego ese ruido que nadie pudo adivinar hasta minutos después: el de una chiva bomba que las Farc hicieron estallar junto a la estación de la Policía.

La guerra ha sido inclemente en el norte del Cauca y ese día es uno de los que peor recuerdan sus habitantes, casi todos indígenas: murieron 3 personas —el cerrajero, el carnicero y un gallero—, 103 quedaron heridas y 460 casas fueron destruidas, según el reporte que dio días después el exalcalde Carlos Banguero. Aunque los ataques, hostigamientos y tomas guerrilleras eran frecuentes, la chiva bomba les sembró una profunda desconfianza: entre otras razones, ese mismo carro los transportaba diariamente por las montañas del departamento.

Varias fuentes coinciden en que Toribío es el municipio que más ataques y hostigamientos guerrilleros ha sufrido en el país. Nuestro informe Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013) dice que hubo 32 incursiones en ese periodo. La Policía dice que fueron 72 hostigamientos y un asalto entre 2003 y 2016. La Personería dice que fueron 208 hostigamientos entre 2008 y 2015. Y organizaciones civiles, como Proyecto Nasa, dicen que entre 1983 y 2009 fueron más de 600 hostigamientos.

Te invitamos a conocer más acerca del informe "Tomas y ataques guerrilleros"

Más allá de las precisiones conceptuales entre ataques, tomas y hostigamientos, que desarrollamos en el primer capítulo de nuestro informe, las cifras muestran que el Cauca fue uno de los departamentos con mayor presencia guerrillera. En esa investigación explicamos que las incursiones de las Farc, que fue el grupo que más usó esta forma de violencia en el país, tenían dos objetivos principales en esa región: mantener despejado de fuerza pública el corredor entre el norte del Cauca y el Valle, Tolima, y Huila, y profundizar su influencia en territorios indígenas para incluirlos en su agenda política.


  • Una de las 460 casas destruidas por la chiva bomba. - Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH



    A pesar de la magnitud de esa violencia, los indígenas caucanos se han caracterizado por su fortaleza para mantener su autoridad sobre el territorio y promover sus formas de vida. En el informe “Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y memoria en el Cauca indígena”, que publicamos en 2012, decimos que aunque esa región “se convirtió en un teatro regional de guerra estable, las comunidades reforzaron sus estrategias de resistencia y desplegaron importantes iniciativas”.

    Te invitamos a conocer más acerca del informe "Nuestra vida ha sido nuestra lucha"

    Algunos ejemplos son las “Audiencias por la vida, por la paz y contra la guerra” lideradas por la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), con las que exigieron la desmilitarización completa del territorio, o la presencia de la Guardia Indígena de los Nasa, ganadora del Premio Nacional de Paz en 2004, que busca proteger su cultura ancestral y el ejercicio de la justicia propia.

    En 2013, con el desescalamiento de la guerra que produjeron los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc, los indígenas quisieron cambiarle la cara a Toribío, que por muchos años estuvo lleno de grafitis alusivos a las guerrillas. Ese año fue la primera Minga Muralista del Pueblo Nasa, que repitieron en 2017, y entre las dos pintaron decenas de murales para exaltar sus tradiciones y oponerse a la guerra. Uno de los más famosos dice “Menos bazuca y más yuca”.

    Te invitamos a conocer más acerca del micrositio de la "Minga Muralista"

    Ocho años después, el recuerdo de la chiva bomba sigue vivo y en el pueblo aún se notan los impactos de esa explosión, pero sus habitantes quieren dejar atrás el estigma de la guerra. Desde hace años repiten una y otra vez que “Toribío no es como lo pintan sino como nosotros lo pintamos”.

     

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