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Una masacre selectiva en Ungía

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CNMH

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www.unguia-choco.gov.co/

Publicado

28 Feb 2015


Una masacre selectiva en Ungía

EL 27 DE FEBRERO DE 1990 FUERON ASESINADOS 6 MIEMBROS DE LA UNIÓN PATRIÓTICA EN EL MUNICIPIO DE UNGUÍA, CHOCÓ.


Para los habitantes de Unguía, también conocido como “La puerta del Darién” por ubicarse en el Urabá chocoano, ya era casi usual oír sobre las masacres que los hermanos Castaño (Fidel, Vicente y Carlos) estaban cometiendo contra miembros de la Unión Patriótica en la zona. Un mes antes, los mismos paramilitares habían desaparecido a ocho campesinos en el pueblo y un día antes la alcaldesa de Apartadó, Diana Estela Cardona, había sido asesinada. Además, muchos líderes de la UP habían sido víctimas de toda clase de atentados. El aire que respiraba la comunidad olía a miedo.

Para entonces, la Alcaldía del municipio era ocupada por el conservador Mario Ferley Medina, quien resultó electo en el marco de una coalición entre la Unión Patriótica y el Partido Conservador. Aunque el balance de su candidatura fue bueno, la UP, liderada en la región por Mauricio Ramírez González, decidió presentar a las próximas elecciones una candidatura propia del partido y postuló a Arnoldo López Cano para el periodo 1990 – 1992.

“(…) antes del 88 no había elección popular de alcaldes. Los alcaldes eran nombrados desde las gobernaciones y las gobernaciones eran nombradas por el presidente, por lo que las relaciones de clientela generaban un poder político local particular. En el momento en que se va por la descentralización y por la elección popular de alcaldes, se presentó un problema porque empezó a haber una competencia por los votos. Ya el resultado no dependía de qué tan lubricada estaba la clientela interna del partido. Y si a eso se le suma que en ese momento entró la UP, los intereses político  electorales se dispararon de tal manera que sucedió a escala nacional una ola de violencia en la que se incluyó el genocidio contra la UP”, cuenta Vladimir Melo, miembro del equipo de investigación del proyecto sobre el genocidio de la UP que adelanta el CNMH en convenio con la Corporación Reiniciar.

Para los miembros de la UP de Unguía las cosas no serían diferentes. El 27 de febrero de 1990, a pocos días de las próximas elecciones, Mauricio Ramírez se encontraba reunido con otros 5 miembros del partido en el parque principal del municipio. Sin previo aviso, un grupo de paramilitares irrumpió en el lugar y, bajo las órdenes de Fidel Castaño, los asesinaron con armas de largo alcance. El hecho ocurrió a pocos metros de la estación de policía, pero ninguno de los perpetradores fue perseguido o capturado.

A pesar de lo ocurrido, la Unión Patriótica participó en las elecciones y perdió por pocos votos ante la candidata del Partido Liberal, Luz Londoño. La mayoría de los electores que estaban a favor de la UP no salieron a votar por temor a represalias.

“Todas las masacres del 88 contra la Unión Patriótica, incluida la de Unguía, están totalmente relacionadas con la dinámica electoral. Con esta masacre lo que se evita es que la UP consiga la alcaldía”, afirma Vladimir.

Hoy, 25 años después, recordamos a las víctimas de esta masacre: Mauricio Ramírez González, Camilo Arturo Botero Rodríguez, Nohora Ruiz Flórez, Francisco Atencio, Álvaro Prada y Omar Ruiz.  

Pero los hechos violentos en la región estaban lejos de terminar allí. El Tapón del Darién se convirtió en territorio de disputa entre guerrillas y paramilitares, y su presencia desembocó en otras masacres en Unguía y Riosucio. Debido a ello, la zona empezó a ser afectada por una crisis humanitaria de graves proporciones (desplazamientos, masacres, homicidios…).

Según datos que ha logrado reunir el proyecto sobre la UP que adelanta el CNMH en convenio con la Corporación Reiniciar, se cometieron 19 masacres en el Urabá entre los años 1987 y 1997.

Los habitantes del Urabá han tenido que aprender a sobrevivir en medio de un conflicto que ha insistido en instalarse en sus vidas cotidianas.

El aire que antes olía a miedo, sabe hoy a cotidianidad y desasosiego.

 


Asesinato, Chocó, Masacre, Ungia, unión patriótica

Comunicado a la opinión pública con ocasión de La Minga Indígena del Chocó en Bogotá

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ONIC

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ONIC

Publicado

14 Nov 2018


Comunicado a la opinión pública con ocasión de La Minga Indígena del Chocó en Bogotá

El Centro Nacional de Memoria Histórica y la Organización Nacional Indígena de Colombia, hacen un llamado para que se dé atención y se abra el diálogo con los indígenas Embera, Woainaan y Zenú que marcharon hasta Bogotá para reivindicar sus derechos.


Como plataforma de la voz de las víctimas del conflicto armado y, en este caso especial, la de los pueblos indígenas de Colombia, el Informe Nacional de Pueblos Indígenas y el enfoque Étnico del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), llamamos la atención sobre la difícil situación que atraviesan los más de 450 indígenas del Chocó que marcharon hasta la ciudad de Bogotá.

Las cifras recogidas por el CNMH y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) dan cuenta de la histórica y profunda crisis en la que han vivido los pueblos Embera, Woaunaan y Zenú, que hoy se concentran en Bogotá para reivindicar la vida digna en sus territorios. Según los datos recogidos en el registro de afectaciones a pueblos indígenas que hará parte del próximo Informe Nacional de Pueblos Indígenas, entre 1959 y el 2017, en estas comunidades se han registrado 36.453 casos de victimización por diferentes modalidades, siendo la más recurrente el desplazamiento, lo que refleja el impacto desproporcionado del conflicto sobre estas poblaciones que han estado en el centro de los intereses de grupos armados.

Hoy estos pueblos están atravesando una emergencia humanitaria, que devela nuevas formas del conflicto armado y su proyección en el tiempo; además del reiterado incumplimiento de acuerdos con las comunidades indígenas, que no encuentran más opción que movilizarse pacíficamente para reivindicar sus derechos.

Tras su llegada a la capital el domingo 11 de noviembre, no puede ser la indolencia institucional la estrategia para superar la riesgosa situación que enfrentan niños, niñas, mujeres y hombres poco acostumbrados a la ciudad y sus duras condiciones. Hacemos un llamado para que a través del diálogo y la concertación se provean las garantías necesarias para la negociación teniendo claro que, ante cualquier situación, es deber del Estado velar por los derechos fundamentales de los ciudadanos colombianos en su conjunto.

 

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Bogotá, Chocó, Desplazamiento, Embera, Gobierno Nacional, Indigenas

Bojayá: 17 años después, el clamor es el mismo

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Juan Sanabria

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Juan Sanabria

Publicado

02 May 2019


Bojayá: 17 años después, el clamor es el mismo

A las 10 de la mañana del 2 de mayo de 2002, un cilindro-bomba lanzado por la antigua guerrilla de las Farc perforó el techo de la iglesia San Pablo Apóstol, en Bojayá. En el lugar se refugiaban centenares de personas. El resultado: 79 fallecidas (48 de ellos niños y niñas), alrededor de 100 lesionados, el desplazamiento de 1.744 familias y grandes fracturas sociales. 


Hoy se conmemoran 17 años de esta masacre que enlutó al país, un episodio en el que el pueblo bojayaseño, en el Medio Atrato chocoano, quedó entre el fuego cruzado de las confrontaciones que venían sosteniendo, allí, el frente móvil José María Córdoba, de las Farc, y el bloque Élmer Cárdenas de las ACCU.

En fechas como hoy los pobladores del municipio de Bojayá harán la acostumbrada procesión que año tras año realizan y que luego se acompaña del retorno al antiguo Bellavista, es decir, la cabecera municipal en donde todo ocurrió, ese 2 de mayo del 2002.

  • Hoy se hará una eucaristía que incluirá los alabaos y gualíes, cantos tradicionales a capela del pacífico colombiano que se interpretan en rituales mortuorios

  • “La comunidad tiene un proyecto de memoria con 11 componentes museísticos que busca, entre otras, reorganizar la iglesia”, Elizabeth Álvarez del Comité de Víctimas de Bojayá.

  • El Cristo mutilado es el ícono de las víctimas a través del cual, pese a los hechos sucedidos, mantienen su unidad simbólica. Es un referente de la trayectoria personal y colectiva de este pueblo en el antes, el durante y el después de la masacre.

  • Acto de perdón de las Farc en Bojayá. Fotografía tomada la Comisión Interclesial de Justicia y Paz.

  • Para, los pobladores las acciones desplegadas hasta el momento son precarias y no han logrado remediar lo que está pasando.

Para los sobrevivientes, el transitar por las ruinas del antiguo centro de salud, el Colegio Departamental César Conto, la casa de las hermanas Agustinas y la iglesia San Pablo Apóstol, hoy en día certificada como santuario, les sigue generando emociones como nostalgia y tristeza, pero a la vez, se ha vuelto en un cuadro que los invita a seguir resistiendo, recordando y clamando por derechos y garantías de no repetición (Escuche www.soundcloud.com/rruc/cnmh-bojaya).

Esa es precisamente la intencionalidad de la conmemoración de este año. “Queremos hacerle ver a la institucionalidad que nosotros deseamos que no se vuelvan a repetir estos hechos ni en Bojayá, ni en el Chocó, ni en cualquier lugar del mundo”, asegura Elizabeth Álvarez, miembro del Comité de Víctimas de Bojayá.

Y es que, tras la dejación y entrega de armas de las Farc, el Eln y el Clan del Golfo han venido disputándose este punto estratégico a orillas del Río Atrato. El municipio río abajo va en dirección del golfo de Urabá y aguas arriba se encuentra con Quibdó que está a 188 kilómetros.

En 2015, Pastor Alape encabezó un acto en el que las Farc reconocieron su culpabilidad y pidieron perdón por lo ocurrido el 2 de mayo del 2002.

La justicia condenó al Gobierno de la época por no garantizar la protección de la población, que aún espera más acciones de reparación. Fueron ocho alertas tempranas las que advirtieron la inminencia de un ataque sobre el centro poblado de Bellavista.

Los asesinatos, el confinamiento, los desplazamientos masivos, la necesidad de ayudas alimentarias, la siembra de minas antipersonal y el reclutamiento de menores, han vuelto a ser situaciones que afectan la cotidianidad de un pueblo afro, mestizo e indígena que cree y le apuesta a la paz y la reconciliación. La situación más dramática se está viviendo en las comunidades del occidente del municipio. Allí, los grupos al margen de la ley tienen afectadas las actividades económicas que les dan el sustento alimentario a los pueblos indígenas que habitan la zona.

Así pues, entre las actividades que se desarrollarán hoy para conmemorar la fecha están la realización de un foro para discutir sobre las realidades del municipio, la proyección del más reciente documental “El Testigo” de Jesús Abad, y la reunión entre todas las familias que tuvieron víctimas fatales de este hecho dentro de su núcleo familiar.

Esa reunión de las familias cobra mayor relevancia este año, pues representantes de la institucionalidad del Estado, como la Fiscalía y Medicina Legal, le expondrán y resolverán inquietudes al Comité de Víctimas del municipio sobre la exhumación de los cuerpos, uno de los puntos que para los bojayaseños es indispensable con el fin de lograr su reparación individual y colectiva.

Notas relacionadas:

Conozca de la importancia simbólica de Pogue-Bojayá en el contexto de post acuerdo en el documental: Voces de Resistencia Volumen 1: Cantadoras de Pogue:

 

 

 

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Bojayá, Chocó, Farc, Memoria, Paz, Reconciliación

El pueblo negro entre poema y canción

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Autor

Daniel Sarmiento

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Daniel Sarmiento

Publicado

21 May 2019


El pueblo negro entre poema y canción

Hoy, Día Nacional de la Afrocolombianidad, resaltamos las distintas narrativas orales y sonoras que intentan contar las historias de desigualdad y resiliencia nacientes de un panorama en el que el 10% de la población víctima del conflicto en Colombia se reconoce como negra, afro, raizal y palenquera. Los departamentos más afectados han sido Nariño, Chocó, Valle del Cauca, Antioquia y Cauca, en ese orden.


“/Hablé con mi padre llorando decía/
/Que él en el campo, aunque pescado boliao comía/
/y ahora en la ciudad pasa penitencia/ La gente lo mira como una triste telera/
/Y si va por la calle le dicen: “allá va el desplazado”/
/ Y él no es culpable de todo lo que ha pasado/
/Su amor y su vida al campo se lo ha dedicado/

Escúchelo completo aquí.

La anterior es la primera estrofa de un currulao llamado “De mi tierra no me quiero ir”, que hace parte del compilado musical “Tocó Cantar”. Su percusión está llena de alegría, pero la letra parece no entender ese agite. En la canción, suenan un clarinete y un saxofón que se fusionan melódicamente con un piano sin mucho protagonismo. Entre los tres hacen una invitación a procesar este mensaje a través del baile. Tiene dos voces: la primera es de Yonier Palacios y la segunda es de Maribel Blandón. Un par de jóvenes chocoanos, nacidos en el corazón de Quibdó, que escribieron esta canción para intentar poner en palabras las emociones y frustraciones del día que tuvieron que salir huyendo de sus casas.

El pueblo afro en Colombia ha sufrido de asesinatos, masacres, desapariciones, secuestros, torturas, hostigamientos, entre otros. Pero el desplazamiento forzado ha sido el mayor de los hechos victimizantes a los que se le los ha sometido. La Corte Constitucional señaló en el Auto 005 que las razones de este fenómeno se relacionan con una exclusión estructural que viene de tiempo atrás y que lo pone en una situación de marginación y vulnerabilidad.

Adicionalmente, la Corte menciona la existencia de procesos mineros y agrícolas en muchos de sus departamentos, que imponen fuertes tensiones y favorecen el despojo. Por otro lado, la carente protección jurídica e institucional de los territorios colectivos que les pertenecen ha estimulado la presencia de actores armados que amenazan a la población para que abandonen estos espacios.

Poesía contra el olvido

Saliendo de Quibdó y descendiendo por la Costa Pacífica encontramos a Tumaco, en el departamento de Nariño. De este lugar es Yolima Palacios, una poetisa empírica que armada de voz y fuerza le declama su historia a todo el que quiera oírla:

“Yo le pido a mi Dios que perdone mis pecados,
pero que también perdone a los que sangre han derramado
que un día 4 de septiembre, un gran daño me han causado
arrancando de mi vida uno de mis hijos amados.
Ese ser tan especial
que había nacido de mi vida,
y en el año 2012 yo sentí que me moría
me habían cortado las manos
era lo que yo sentía
porque de mis 5 hijos era uno de mis alegrías…”

Escúchelo completo aquí.

Ese hijo que el conflicto le arrebató era su adoración. Cuenta que era cariñoso, atento, le ayudaba con las tareas de la casa, le compraba el mercado y en general estaba pendiente de lo que ella necesitara. Yolima, junto a otras víctimas que decidieron volver sus dolores poesía, hizo un compilado de narrativas sonoras llamado “¡Y yo levanto mi voz!: Memorias de resistencia y paz en Tumaco.

Nariño, por su ubicación geográfica, ha resultado de interés particular para los actores armados. Como corredor estratégico es necesario para el desarrollo de actividades comerciales, pero también atrae la activación de negocios ilegales como el contrabando, el tráfico de armas y estupefacientes.

Para mantener vivas sus tradiciones, sus saberes ancestrales y las lecciones aprendidas en medio de la confrontación armada, los nariñenses y en general los pueblos afro han hecho uso de la poesía. Los versos sostienen sus relatos en el tiempo.

Alabaos para un duelo

La guerra nos ha dado poco tiempo para las despedidas y para las mujeres negras dar el último adiós tiene toda importancia. A través de los alabaos, encontraron un camino para conectarse con sus muertos y dejarlos seguir el viaje. Los alabaos se hacen en grupo, generalmente entre tres o más mujeres. Una de ellas lidera ese canto a capela que tiene llanto y resignación al mismo tiempo:

/Adiós primo hermano, primo hermano adiós/
//Me voy y lo dejo solito con Dios//

Luego vienen las demás, que responden con el mismo verso y en coro:
/Adiós primo hermano, primo hermano adiós/
//Me voy y lo dejo solito con Dios//

Escúchelo completo aquí.

Este canto en particular es de la iniciativa de memoria “Alabaos de madres por la vida”, que surgió en el 2007 para visibilizar las distintas victimizaciones en el marco del conflicto armado en Buenaventura. El CNMH, en su informe “Buenaventura: un puerto sin comunidad”, reveló cifras escandalosas sobre la realidad de este puerto a manos de los diferentes actores armados que operaban en la región:

  • 26 Masacres entre 1995 y 2013.
  • 153.000 personas desplazadas desde 1990. La urbe con el mayor índice de desplazamiento interurbano.
  • 4.799 Homicidios entre 1990 Y 2012.
  • 475 personas dadas por desaparecidas.

Los grupos afrodescendientes de Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Quindío, Sucre, La Guajira, Córdoba y Bolívar se han convertido en el foco de todo tipo de violaciones a los derechos humanos, pero sus pobladores y pobladoras se han aferrado a la oralidad para reinventarse, fortalecer su tejido social y visibilizar sus formas de resiliencia, orientadas a la protección de los derechos colectivos y a la permanencia en los territorios rurales y urbanos.

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Los afro en Colombia son más que 4 millones: pujanza y resiliencia

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Juan Pablo Esterilla

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Juan Pablo Esterilla

Publicado

22 May 2019


Los afro en Colombia son más que 4 millones: pujanza y resiliencia

En el marco del conversatorio ¿Cómo vamos con la implementación del Decreto Ley 4635? Avances y desafíos frente a las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, Viviana Ferro, subdirectora de la Unidad de Víctimas, y representantes de las comunidades negras del país, reconocieron que es necesario fortalecer -en terreno-, los marcos jurídicos que pretenden garantizar la reivindicación de sus derechos frente a las consecuencias del conflicto de una mamera diferenciada.


Este 21 de mayo se celebra en Colombia el Día de la Afrocolombianidad. En Colombia habitan personas negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras.

En un conversatorio, propiciado por la Unidad de Víctimas, y realizado el pasado lunes 20 de mayo en el auditorio Hemiciclo, de la Universidad Tadeo Lozano, en Bogotá, entidades estatales, representantes afrodescendientes y organizaciones sociales, expusieron planes y necesidades de esta población que en Colombia supera las 4 millones 316 mil personas, según datos del Dane en 2015.

El espacio contó con la presencia de Catalina Velásquez, coordinadora del Enfoque Diferencial en el Departamento de Prosperidad Social (DPS); Andrea González, miembro de la plataforma de proyectos Nuestro Flow; Mabel Torres, científica afrocolombiana de la Misión de Sabios; Odórico Guerra, coordinador de la Mesa Nacional de Participación Efectiva de las Víctimas; y Joel Palacios, creador del emprendimiento de chocolates tipo exportación Late Chocó.

Los expositores propusieron estrategias que redunden en oportunidades para la población afrocolombiana y se refirieron a la pertinencia de concebir proyectos que partan desde el propósito de fortalecer cadenas productivas para  generar valor y garantizar la comercialización de productos de los territorios.

Como Rosa Romaña, ganadora del Premio Nacional de Paz 2010 y coordinadora de la Fundación Macoripaz, Andrés Beltrán, líder social del Carmen del Darién, Chocó, comentó que“hay que garantizar la reconstrucción del tejido social y la tenencia del territorio”.

 

  • “Hay unas practicas discriminatorias muy naturalizadas que impiden ver la riqueza de nuestra diversidad”, dijo Andrea González de la plataforma Nuestro Flow.

  • “Los territorios somos socios y hacemos parte de la solución para construir país y generar posibilidades reales para la comunidad afro del país”, dijo Mabel Torres.

Este evento de la Unidad de Víctimas tuvo como objetivo seguir trazando mecanismos idóneos de modelos de gestión y marcos de intervención, dentro de lo que surgieron reflexiones como que, si bien en Colombia existe -y de manera particular respecto a otros países latinoamericanos-, una Ley que castiga los actos de discriminación y racismo, todavía hay dinámicas de intervención y no intervención que están coadyudando a escenarios que alejan la posibilidad de construir paz y bienestar para las comunidades negras.

Se destacó, en el diálogo, que cada vez es más frecuente la incorporación de coordinaciones de asuntos étnicos, tanto en instituciones del Estado como en organizaciones privadas.

“Aún hoy en día el color de piel determina en dónde estás; necesitamos más funcionarios negros en la institucionalidad, en posiciones de liderazgo”, sostuvo la profesora María Isabel Mena, investigadora en temas de discriminación y racismo.

 

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Afrocolombiano, Chocó, Paz, Pobreza, Racismo, Reparación, Víctimas

Bojayá: llegó la hora de la disposición final de los cuerpos

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Juan Pablo Esterilla

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Juan Pablo Esterilla

Publicado

01 Nov 2019


Bojayá: llegó la hora de la disposición final de los cuerpos

•Luego de años de trabajo conjunto entre diferentes instituciones del Estado (Centro Nacional de Memoria Histórica, Fiscalía General de la Nación, Unidad Para las Víctimas y Medicina Legal) y el Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, la disposición final de los cuerpos caídos en la masacre será una realidad. Del 9 al 18 de noviembre, Colombia asistirá al cierre de una de las heridas más grandes de nuestra historia.

•El 2 de mayo de 2002, un cilindro-bomba lanzado por la antigua guerrilla de las Farc perforó el techo de la iglesia San Pablo Apóstol, en Bojayá. En el lugar se refugiaban centenares de personas. El resultado: al menos 72 personas fallecidas y plenamente identificadas (48 de ellos niños y niñas), otras sin identificar, un número incierto de desaparecidos, alrededor de 100 lesionados, el desplazamiento de 1.744 familias y grandes fracturas sociales. 

•Sin embargo, estos no fueron los únicos daños que dejó la tragedia. Durante 17 años, las familias de las víctimas no pudieron hacerles un entierro digno a sus seres queridos, de tal manera que los ritos mortuorios, tan importantes dentro de su cultura ancestral, no se han podido realizar.


El día de ayer y en una rueda de prensa realizada en la sede de la ONU en Bogotá, se compartió la agenda de actividades a desarrollar. Este se convierte en el inicio de la última etapa del proceso de entrega de los cuerpos de Bojayá.

El 9 de noviembre se espera que lleguen a Bellavista los familiares de las víctimas. Al día siguiente psicólogos sicosociales iniciarán un acompañamiento con ellos para que puedan afrontar de la mejor manera un momento que han venido esperando con ansias y que se convierte en el encuentro, pero a la vez despedida de sus seres queridos.

El 11 de noviembre y desde Medellín, llegarán a Vigía del Fuerte, los 101 cofres correspondientes a los 82 casos que recibió y examinó Medicina Legal. Para Yuber Palacios, integrante del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, esto ocurre porque “de Bojayá ese 2 de mayo salieron huyendo de la muerte y en Vigía encontraron la vida”.

Desde allí, diferentes changas harán una procesión fluvial por el Río Atrato. Esta pasará por comunidades como Piedra Candela, La Loma y Corazón de Jesús para culminar en el viejo Bellavista. Una vez desembarquen en el pueblo, alabaos y gualies preparados especialmente para este momento, serán interpretados en donde quedaba la antigua iglesia San Pablo Apóstol y en cercanías al antiguo centro de salud.

Además, 30 de los 101 cofres irán hasta la comunidad de Pogue, a tres horas de Bojayá y  territorio que los vio nacer. Esa noche retornarán a sus moradas y recibirán una velación de amanecida.

Entre el 12 y 16 de noviembre, los familiares de las víctimas acudirán a una explicación técnico científica que brinda Medicina Legal, la Fiscalía y la Unidad Para las Víctimas. Dicha diligencia judicial busca, de manera individual, explicar cuál fue el proceso que se desarrolló con cada uno de los cuerpos y precisar cómo se dispondrá de ellos en el espacio de mausoleo construido.

El 17 de noviembre, los 101 cofres estarán dispuestos en el Auditorio Municipal del nuevo Bellavista. Sobre la mañana, se hará una eucaristía que luego dará paso a un acto público y político. Garantías de no repetición, electricidad, respaldo a proyectos productivos y la reubicación de la comunidad de Pogue, son algunas de las demandas que tiene esta población del Medio Atrato chocoano.

Darío Acevedo, director del CNMH. – Fotografía: Nicolás Cubillos Mora para el CNMH

Sobre la tarde de ese mismo día, el Enfoque Diferencial Étnico espera poder entregar los 40 álbumes familiares en los que ha venido trabajando de manera conjunta con la comunidad y que reconstruyen la historia de vida de las víctimas mortales.

Cabe destacar que el acompañamiento del CNMH a la comunidad de Bojayá se ha dado bajo el principio del reconocimiento al derecho a la verdad y la memoria histórica garantizado mediante: el desarrollo de procesos de fortalecimiento, construcción, adecuación, mantenimiento, preservación y transmisión de las memorias de la subregión del Medio Atrato.

Finalmente, en la noche del 17 de noviembre iniciará una larga velación que se extenderá hasta la mañana del 18 de noviembre, día en el que, tras la realización de una misa ecuménica, se hará la disposición final de los cuerpos de Bojayá.

Estas acciones esperan convertirse en el ciclo que les permitirá empezar a sanar unas heridas que la comunidad bojayaseña ha tenido abiertas durante años. Con la entrega y disposición final se produce una individualización y ubicación pertinente de los cuerpos, se contará con una identificación plena de ellos y existirán mayores certezas sobre sus desaparecidos.

 

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