Etiqueta: Conflicto

El fin del conflicto, una fiesta en Bogotá

Noticia

Autor

María de los Ángeles Reyes

Fotografía

Laura Cerón

Publicado

29 Jun 2016


El fin del conflicto, una fiesta en Bogotá

Durante la firma del punto del fin del conflicto armado con las Farc, el pasado 23 de junio, una frase rondaba por las redes sociales: “la paz se escucha en el campo; los fusiles se han silenciado”.  El 23 de junio la paz se escuchó también en la ciudad más grande de Colombia, ¡y de qué manera!


La previa

Varias calles de la capital estaban preparadas para la ocasión. En los locales comerciales había banderas de Colombia colgando de las ventanas. Incluso algunos carros tenían los espejos y el capot recubiertos con el amarillo, azul y rojo.  Cualquiera hubiera pensado que las banderas tenían que ver con el anuncio de que el Gobierno y las FARC habían conseguido, por fin, ponerse de acuerdo en el cese el fuego bilateral y definitivo.

La realidad es que las banderas estaban en la calle desde el inicio de la Copa América Centenario, organizada con el fin de celebrar 100 años del torneo de fútbol más antiguo del mundo. Más de la mitad de esos años, Colombia los ha vivido en medio de la guerra. A pesar de vivir en un país lleno de tristeza por las más de 200.000 personas que han muerto en medio del conflicto, los colombianos siempre tuvimos razones para alegrarnos y llenarnos de esperanza. El deporte es una de esas alegrías. Nuestra selección masculina de fútbol, por ejemplo, nos ha llenado de orgullo, nos ha hecho olvidar nuestras diferencias y, por momentos, unirnos por una sola causa.

El 22 de junio la Selección cayó dos a cero ante Chile y perdió su oportunidad para disputar la final contra Argentina. Entonces, el 23 Colombia amanecía con guayabo futbolístico. Sin embargo, esa una derrota, ese desasosiego, no se comparaba con lo que estábamos a punto de ganar en Cuba.

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    Foto por María Durán para el CNMH.

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    Foto por César Romero para el CNMH.

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    Foto por Laura Cerón para el CNMH.

Un día para recordar

El clima, ese día, parecía querer representar los sentimientos encontrados de Colombia. Salía el sol y se sentía un ambiente alegre porque el Gobierno y las Farc iban a firmar el último punto de la agenda, fin del conflicto armado. Pero, a los cinco minutos, se oscurecía el cielo, caía lluvia, y se sentía miedo, incertidumbre y un poco de escepticismo frente a lo que pudiera pasar después de 50 años de guerra ¿Y si ya no podemos vivir en paz? ¿Y si lo que viene con el acuerdo resulta peor que lo que hemos vivido?

La gente sentía de verdad que el anuncio era importante y que era necesario convocar un evento para recibir la noticia. Así, de forma muy simbólica, varios movimientos sociales se pusieron cita en la carrera Séptima con avenida Jiménez. Allí, hace 68 años fue asesinado Jorge Eliecer Gaitán dando inicio a uno de los capítulos más violentos de nuestra historia: La Violencia bipartidista que desembocó en un conflicto armado interno que, hasta agosto de 2012, no parecía que pudiera terminar.

Hoy, ese importante lugar solo tiene unas cuantas placas y pasa desapercibido para la mayoría de transeúntes, los que suben y bajan en el Transmilenio, o quienes buscan calmar su hambre en el Mc Donalds sobre cuya fachada reposan las placas conmemorativas de Gaitán.

En ese punto, en 1948, el país se desmoronó, la capital quedó destruida y, a partir de ese momento, quedó enferma de indiferencia. Sin embargo el 23 de junio de 2016 Bogotá no volteó la mirada. Las armas, gritos y llantos que llenaron esa esquina hace casi siete décadas, se querían cambiar por colores, flores, camisetas blancas y abrazos. 

Toda una fiesta

La cita era a las 11:30. A esa hora había unas cuantas personas reunidas alrededor de una pantalla que trataba de conectarse a la transmisión que TeleSur hacía desde La Habana. Se repartían flores blancas, se pintaban las caras con banderas de Colombia, y se inflaban bombas de colores. Lo que se estaba preparando era toda una fiesta.

A las 12 del mediodía la gente empezaba a llegar y el ambiente se calentaba con el sol que brillaba a todo dar. Como los colombianos todo lo celebramos bailando, la música no se hizo esperar, y agitando de bombas amarillas, azules, rojas y blancas, las personas que llegaban se iban uniendo al “Meneaito” y “La Bomba”.

Poco a poco toda clase de personajes se fueron aglomerando para escuchar las noticias. Muchos colectivos y movimientos llevaban pancartas reclamando que no se olvidara la lucha que, por años, habían llevado: las mujeres, los sindicalistas, los funcionarios y víctimas de un pésimo sistema de salud, los de sectores sociales LGBT, las nuevas generaciones, las antiguas, todos.

En medio de la espera se escuchaban, también, toda la clase de comentarios. Algunos estaban llenos de esperanza, otros demostraban su miedo, y algunos no tenían reparo en mostrar su desacuerdo:

– “Señor, guía nuestro destino, que se acabe esto, que sea para bien”.

– “En Colombia nunca va a haber paz”.

– “No vamos a parir un hijo más para esta guerra”.

A las 12:20 empezó el anuncio. Entraron uno por uno los delegados del Gobierno y las Farc, y líderes del mundo que llegaron a Cuba para respaldar lo que iba ocurrir. Todos eran recibidos en medio de aplausos de la multitud, que ya concentraba a cerca de 300 personas. Entre los líderes estaban Ban Ki moon, secretario General de las Naciones Unidas, Raúl Castro, presidente de Cuba, Enrique Peña Nieto, presidente de México, Michelle Bachelet, presidenta de Chile, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. A su vez estaban el canciller de Noruega Borge Brende, el presidente de República Dominicana, el presidente de El Salvador, y los enviados especiales para el proceso de paz de los Estados Unidos y de la Unión Europea.

Cuando entró el presidente Juan Manuel Santos fue recibido con un gran aplauso. “Timochenko”, jefe de las Farc, también recibió una ovación, saludó a los asistentes, ocupó su lugar y empezaron a entonarse las notas del himno nacional en Cuba; en la carrera Séptima cantaron a todo pulmón.

“En surcos de dolores, el bien germina ya”

El delegado de Cuba empezó leyendo lo acordado. Habló de la entrega de armas, de cuánto tiempo iba a tomar, advirtió que no sería un proceso fácil. El delegado de Noruega habló de la reintegración, de las zonas de concentración y del desminado que deberá hacerse en muchas regiones del país. La gente aplaudía con cada punto.

Y así, cuando se dieron todos los detalles de lo que iba a pasar, llegó el momento crucial. Sonaban redoblantes y los micrófonos animaban a la gente a abrazarse y celebrar. “Este día, que creíamos que no iba a llegar, llegó”, decían los organizadores, “bésense, abracen al que está al lado”, continuaban. Santos y “Timochenko” firmaron el acuerdo con lapiceros hechos con lo que en otro tiempo fueron municiones: “Las balas escribieron nuestro pasado. La educación, nuestro futuro”, se lee en la inscripción del esfero.

En ese momento sonaron cañones. Eran cañones de confeti. Volvió a sonar la música y los abrazos no cesaron hasta que la gente pidió que se volviera a conectar la transmisión para escuchar las palabras del secretario de las Naciones Unidas, el señor Ban Ki moon. Mientras hablaba, la gente se tomaba fotos con sus pancartas, con recuadros hechos de cartón, en forma de nuevas libretas militares que decían: “Servicio social para la paz”.

Luego hablaron “Timochenko” y Santos. Se dieron la mano una vez más y la transmisión continuó dando paso a analistas internacionales. La gente, por su parte, no paró de tomarse fotos, de bailar y de cantar.

“¡Sí se pudo!, ¡sí se pudo!”

“El último día de la guerra de Colombia” —como fue catalogada la firma del punto del fin del conflicto— fue una gran fiesta. Esta fiesta marcó un final, y, como cualquier final, también dio paso a un nuevo comienzo. El 23 de junio de 2016 sí se pudo acordar el punto más duro, el del fin del conflicto, el del cese el fuego bilateral y definitivo. Colombia dio un paso histórico.

A pocas cuadras de esa multitud, en la Plaza de Bolívar, también hubo otro punto de concentración. La Alcaldía de Bogotá transmitió el anuncio y hubo fiesta y música.

Lo que vino después fue volver a la realidad. Ya había pasado la hora de almuerzo, los ejecutivos debían volver a trabajar, los habitantes de la calle a recorrer la ciudad, las madres volvían con sus hijos, las víctimas continuaban con la lucha que llevan desde hace años; cada quién volvía, a su manera, a sobrevivir pero con una nueva esperanza.

Algunos, antes de regresar a su rutina, se tomaron un momento para escribir en una tela sobre cómo construir la paz.

-“Soy profesora”.

-“Que las armas ahora sean guitarras y hagamos guerras de canciones”.

-“Gracias por entregarle el país a las FARC”.

-“Somos la generación de la paz”.

-“No hay paz con hambre, no hay paz sin salud. En este momento no hay paz”.

Está bien, no tenemos que estar de acuerdo. La tela y el papel lo aguantan todo. Lo importante es no tachar lo escrito por el otro. Eso fue lo que aprendimos el 23 de junio de 2016, después de medio siglo de violencia. Ojalá, esta vez, no se nos olvide.

 


Bogotá, Conflicto, fin

Así hacen memoria los colombianos

Noticia

Autor

Carolina Moreno

Fotografía

César Romero

Publicado

09 Ago 2016


Así hacen memoria los colombianos

Conozca los procesos de memoria de la sociedad a través del arte, intervenciones públicas, prácticas pedagógicas, propuestas de comunicación, elaboración de archivos, investigaciones y construcción de lugares de memoria.


Por décadas, amigos y familiares de las víctimas del conflicto armado en Colombia han emprendido acciones para dignificar la memoria de sus seres queridos, exigir verdad sobre lo que les ocurrió, y luchar contra el olvido. El desarrollo de plantones, galerías de la memoria, cantos, obras de teatro, les ha permitido a las personas afectadas por el conflicto construir nuevas relaciones con su pasado y con el futuro, mientras sensibilizan a la sociedad civil sobre lo ocurrido en Colombia. (Vea también Iniciativas de memoria, apuestas por el fin del conflicto)

En Colombia este tipo de iniciativas de la sociedad civil han sido generalmente una respuesta a la necesidad de verdad, justicia y reparación que no ha resuelto el Estado colombiano. A partir de 2012, como mandato de la Ley de Víctimas, el Centro Nacional de Memoria Histórica asumió el acompañamiento y fortalecimiento de las iniciativas de memoria de la sociedad civil, implementando estrategias pedagógicas y comunicativas, con enfoque diferencial, para la difusión y apropiación de memorias no oficiales de carácter local, regional y nacional, por parte de diversos públicos. Promoviendo así la participación de las víctimas, las organizaciones sociales y la academia, en el diseño, desarrollo y difusión de iniciativas de reconstrucción de memoria histórica.

Otras expresiones de memoria son el resultado de procesos de reparación que promueve el Estado. El CNMH ha registrado y caracterizado cerca de 150 iniciativas de memoria histórica que realiza la sociedad colombiana, mediante diversos lenguajes y dimensiones expresivas. Muchas de estas iniciativas pueden contener 2 o más dimensiones (un proyecto de investigación puede concluir en una cartilla o un documental para su difusión; o una obra de teatro puede ser una herramienta pedagógica en colegios u universidades). La caracterización busca potenciar el apoyo que se le brinda a la iniciativa, así como permitir elementos de encuentro con otras iniciativas del mismo tipo.

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    Semana de la memoria de Pasto, 2015. Fotografía por César Romero para el CNMH.

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    Día del detenido desaparecido, 2015. Fotografía por César Romero para el CNMH.

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    Semana de la memoria de Pasto, 2015. Fotografía por César Romero para el CNMH.

Artísticas y culturales

Son aquellas que realizan ejercicios de memoria a través de expresiones musicales, teatrales, plásticas, literarias, fotográficas, rituales, gastronómicas o acciones relacionadas con el patrimonio inmaterial. El CNMH ha identificado alrededor de 70 iniciativas de memoria de este tipo, entre las que se encuentran obras de teatro como “La ausencia de nuestros seres queridos” de la Compañía El Tente (Meta); también “Huir y Ricardo” del Teatro La Cortina Roja (Bogotá); “Mayo a través de la ventana” de la Centro Cultural Horizonte (Barrancabermeja), que trabajan alrededor de la desaparición forzada.

Existen también expresiones plásticas como “Memorias diversas” que da rostro a las víctimas LGTBI de Medellín a través de esculturas y piezas gráficas; y exposiciones fotográficas como “Mi cuerpo, una zona de guerra”, que reconstruye las historias de vida de mujeres víctimas de violencia sexual del Magdalena.

La poesía es otra de las expresiones utilizadas por las personas afectadas por el conflicto. En el departamento de Bolívar, la comunidad de Las Brisas publicó un libro de poemas sobre la masacre del 10 y 11 de marzo del 2000; en el Pacífico, poetas de Tumaco y Buenaventura produjeron un disco musical “Y yo levanto mi voz”, que reúne relatos sobre las vivencias de la comunidad afro en medio del conflicto.

Archivísticas

Son aquellos esfuerzos por acopiar, restaurar y proteger documentos e información relacionada con el conflicto armado, realizar registros testimoniales y procesos en hemeroteca, crear bancos de datos y centros de documentación. El CNMH ha identificado 28 iniciativas de tipo archivístico, entre las que se encuentran el “Archivo digital de la memoria” de la Asociación Municipal de Víctimas por la Paz y la esperanza de Sonsón (Antioquia); el Centro de documentación de la violencia del Caquetá; el proceso de identificación de hechos victimizantes y catastróficos en Samaniego (Nariño); el proceso de memoria histórica de la Asociación de Mujeres Campesinas e Indígenas de Norte de Santander; el Salón de la memoria de Aquitania (San Francisco, Antioquia) y el Centro de Memoria del Conflicto en Valledupar (Cesar), entre otras.

Comunicación

El Centro de Memoria ha identificado alrededor de 50 iniciativas de memoria cuyo objetivo principal es la visibilización y sensibilización de memorias a través de programas radiales, plataformas virtuales y piezas audiovisuales, entre las que se encuentran los documentales “Laceraciones en el cuerpo, huellas en el alma” sobre la violencia de género en el conflicto armado (Medellín). También “Otras caras de la luna” sobre el desplazamiento forzado de mujeres en San Diego (Cesar); “Algún día es mañana” que narra el desplazamiento de Las Pavas (Bolívar); “Memorias vallenatas”, que rescata las prácticas culturales perdidas como consecuencia del conflicto armado y “Una puñalada en el corazón”, la documentación de un caso de falso positivo en Antioquia.

Algunas iniciativas han generado plataformas de comunicación. Entre ellas encontramos a “Memorias Nariño”, “Lluvia de Orión”, “Cuenta la 13” y “Memorias del Atrato”, premio a Mejor Medio Comunitario de la Revista Semana en 2015, entre otras.

El colectivo de Narradores y Narradoras de la Memoria de la Serranía del Perijá (San Diego, Cesar), el colectivo de Comunicaciones de Palafito (Buenaventura) y los sectores LGTBI de Florencia (Caquetá), producen programas radiales para la reconstrucción de historias del conflicto armado y debate en torno a los derechos humanos.

En espacios públicos

El CNMH ha identificado cerca de 20 acciones que se realizan en espacios públicos, con una periodicidad determinada. La Asociación Nacional de Secuestrados y Desaparecidos de Colombia, por ejemplo, lleva 15 años realizando los plantones, marchas y caravanas de la libertad denominadas “Los que faltan”, en Florencia, Caquetá. Las Madres de la Candelaria realizan plantones en Medellín, y las Mujeres del Plantón de Buenaventura llevan a cabo ritos en espacios públicos, ambas para denunciar la desaparición forzada de sus seres queridos.

Otro tipo de intervenciones al espacio público son las del “Bus-Galería” en Medellín, que recorre la ciudad para que los habitantes de diferentes barrios puedan subirse al automóvil y acceder a piezas artísticas que plasman experiencias de vida en medio del conflicto. Y finalmente aparece “Tropezones” en Barranquilla, fotografías móviles en tamaño real de 17 víctimas del conflicto armado.

Investigativas

Se caracterizan como procesos que buscan reconstruir la memoria histórica, analizando las causas, características y consecuencias del conflicto armado interno, a través de la documentación de historias de vida y casos, la sistematización de información y la producción de informes cualitativos e informes cuantitativos.

El CNMH ha identificado 62 procesos de este tipo, entre los que se encuentran “De historias particulares a memorias locales”, un proyecto de los familiares de las víctimas del Carmen de Viboral por la recuperación de memoria, que dio como resultado el cuadernillo “Apuntes para la memoria”. Otra que sobresale es “NuesTrans voces en La Habana”, del grupo de apoyo Transgénero en Cali, Bogotá, Valle del Cauca y Cundinamarca. “Del dolor a la esperanza”, la documentación del conflicto armado en los municipios de Puerto Rico y El Castillo, del Meta. También se destaca el plan de reconstrucción de la memoria del pueblo Wiwa en la Guajira y el plan de reconstrucción de la memoria de las mujeres del Resguardo de Jambaló, Cauca.

Pedagógicas

Son aquellas iniciativas que buscan forjar procesos de formación en memoria histórica o herramientas para la misma, como semilleros escolares y universitarios, cartillas, cuadernillos, metodologías y cajas de herramientas para la reconstrucción y representación de la memoria. 

De las 41 iniciativas que registra el CNMH con estas características, se encuentran “El compadre Lucho, pescador de recuerdos”, una cartilla que se ha utilizado en el diplomado de reconstrucción de la memoria histórica en Barrancabermeja (Santander). También se registran ejercicios como salidas de campo para construcción de cartografías que contengan las listas de víctimas en Becerril (Cesar) con el nombre “A los que siempre recordaremos” y las salidas de campo de estudiantes de la Universidad de la Amazonía para a la reconstrucción de historias de víctimas de desplazamiento con el nombre “Voces del silencio”. Finalmente están las jornadas pedagógicas por la memoria en escuelas del Magdalena Medio, que incluyen foros teatro y talleres sobre la masacre del 16 mayo de 1998.

Lugares de memoria

El Centro Nacional de Memoria Histórica registra la existencia y proyección de 42 lugares de memoria en Colombia, promovidos y administrados por organizaciones sociales y de víctimas. Algunas de estas iniciativas conciben la existencia de museos, centros y casas de la memoria en los que se pueden encontrar otras dimensiones expresivas de la memoria. Estos sitios también se consideran de conciencia y espacios de recordación, que incluyen parques, monumentos, placas, bosques y senderos.  

Para la comunidad indígena de Cumbal, la casa del Saber de la vereda Boyera es un espacio de encuentro permanente en el que la comunidad “teje la palabra”, y espera exhibir los documentos, fotografías y elementos que recuerden los hechos de violencia de la región y destaquen los procesos de resistencia de la comunidad.

En Támesis (Antioquia) la comunidad tiene un “Jardín de la Memoria” con una placa que consigna los nombres de las víctimas asesinadas y desaparecidas del municipio; mientras en San Martín (Meta), el bosque de la Memoria se constituye como un santuario rural en medio del casco urbano para recordar a las víctimas de la ocupación paramilitar.

En Samaniego (Nariño), la comunidad se reúne periódicamente para recordar a sus seres queridos alrededor de “La piedra de San Lorenzo”, en la que plasmaron personajes que aluden a las víctimas de minas antipersonal del territorio. 

Publicado en Noticias CNMH



Conflicto, Memoria

La expresión paramilitar de la génesis del conflicto colombiano

Noticia

Autor

Ayda Martínez

Fotografía

Ayda Martínez

Publicado

02 Nov 2016


La expresión paramilitar de la génesis del conflicto colombiano

La Dirección de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica socializó en la Cátedra de Estudios en Territorio, Conflicto y Cultura de la Universidad del Tolima avances del informe sobre el Bloque Tolima que se lanzará en 2017


El origen del Bloque Tolima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) se ubica a finales de los 90, pero sus raíces se extienden hasta la época de La Violencia en una línea que une casi seis décadas de conflicto armado en Colombia.

Se trata de parte de los hallazgos de la investigación que sobre el Bloque Tolima realiza la Dirección de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica como parte de la implementación del Mecanismo No Judicial de Contribución a la Verdad que recoge los relatos de las personas desmovilizadas, cobijadas por la Ley 1424 de 2010, y que firmaron Acuerdos de la Verdad para contribuir al esclarecimiento del paramilitarismo en Colombia.

Parte de los hallazgos fueron presentados en el marco de la Tercera Cátedra de Estudios en Territorio, Conflicto y Cultura, convocado por la Universidad del Tolima por parte del equipo investigador a cargo de esta estructura del paramilitarismo.

De acuerdo con la intervención “Experiencias metodológicas asociadas al Mecanismo No Judicial de Contribución a la Verdad”,  la circularidad del conflicto en este departamento tiene origen en los clanes familiares que se conformaron a partir de las guerrillas liberales de donde surgen “Los Comunes”, inicios de las FARC y “Los Limpios”, primer vestigio de los grupos precursores del Bloque Tolima. Desde entonces se han repetido una serie de disputas entre la guerrilla y los grupos armados descendientes de Los Limpios en el territorio del sur del Tolima.

Una de sus características es el carácter contrainsurgente derivado del decreto 3398 de 1965 y la ley 48 de 1968 por el cual se organiza la Defensa Nacional  y abrió la puerta para la conformación de grupos civiles armados por el Ejército, como fue el caso de los campesinos que participaron en las guerrillas liberales; embrión de lo que conoceríamos más adelante como Defensa Civil en los setenta, Rojo Atá; en los ochenta, Convivir en los noventa y finalmente Bloque Tolima a partir de 1998.

Uno de los factores que más llamó la atención de los asistentes al Auditorio Mayor de la Música de la Universidad del Tolima fue el tránsito permanente de estos grupos de la legalidad a la ilegalidad, a través de normatividades como el Decreto 356 de 1994 que crea el Estatuto de Vigilancia y Seguridad Privada y la Resolución 368 del 27 de abril de 1995.

“Del Rojo Atá, a la conformación de las Convivir se registra el salto a las AUC. Diferentes relatos de personas que pertenecieron a las Convivir dan cuenta de que estas cooperativas de vigilancia y seguridad privada se convirtieron en la forma en la cual pervivieron los grupos que venían de vieja data”, explicó Anascas del Río, la coordinadora de la investigación.

Es en este momento de finales de los 90, sin el blindaje de la figura de las Convivir y en medio de fuertes ataques de las FARC que “se conforma el Bloque Tolima como resultado de una fusión de los grupos precursores con la Casa Castaño, bajo el liderazgo de Carlos Castaño, que tenía un alto interés por comandar y articularse con estos grupos porque los consideraba la autodefensa netamente campesina más antigua de Colombia, por lo cual decidió hacerse cargo de la dirección personalizada de ese grupo”, agregó.

Los investigadores explicaron que de acuerdo con hallazgos del Mecanismo No Judicial de Contribución a la Verdad la expansión territorial del Bloque Tolima implicó una alta afectación sobre la población en materia de violaciones a los derechos humanos, que va desde el homicidio selectivo, la desaparición forzada, la limpieza social, el desplazamiento forzado y el despojo de tierras. Esto sin contar hechos que han sido silenciados como la violencia sexual, la tortura, el secuestro y las masacres.

El Centro Nacional de Memoria Histórica tiene previsto hacer el lanzamiento de este informe en el primer trimestre del 2017, el cual dará cuenta de parte de los resultados de la implementación del Mecanismo No Judicial de Contribución a la Verdad

Publicado en Noticias CNMH


conflicto


Conflicto

Más de 400 mil colombianos cruzaron la frontera para huir del conflicto

Noticia

Autor

Randolf Laverde

Fotografía

Randolf Laverde

Publicado

30 Ago 2018


Más de 400 mil colombianos cruzaron la frontera para huir del conflicto

 

El Centro Nacional de Memoria Histórica presenta en Bogotá su informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨, luego de sus socializaciones con exiliados, instituciones y diferente público en Cúcuta, Quito (Ecuador) y Ciudad de Panamá (Panamá). Este informe es un aporte a la memoria de las víctimas en el exterior.


Durante las dos últimas décadas la población mundial de personas desplazadas forzadamente se duplicó: pasó de 33,9 millones en 1997 a 68,5 millones en 2017, lo que está representando la crisis de refugiados más grave de la historia reciente del mundo. Cada minuto 20 personas tienen que desplazarse a la fuerza, informó la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en su último informe de Tendencias Globales presentado en junio de 2017. 

Colombia también está inmersa en esa grave crisis y así lo evidencia el informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨, que el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) presentará en septiembre. Durante el recrudecimiento del conflicto armado interno, entre los años 2000 y 2012, cerca de 400 mil colombianas y colombianos tuvieron que cruzar las fronteras para salvar sus vidas, y las de sus familias, de la violencia de los paramilitares, guerrilleros y agentes del Estado. Pero estimaciones no oficiales hablan de una cifra mucho más alta. 

Venezuela, Ecuador y Panamá han sido los principales lugares de destino de los colombianos exiliados en el conflicto armado. La mayoría de víctimas han sido campesinos, indígenas y afrodescendientes quienes, en muchos casos, sufrieron primero un desplazamiento interno y luego se vieron forzadas a cruzar las fronteras internacionales. Esta forma de violencia, como prolongación del desplazamiento forzado fuera de Colombia, se conoce como éxodo transfronterizo o exilio. 

De acuerdo con la ACNUR, esta problemática se extiende a países como Ecuador, Panamá y Venezuela, donde existe un gran número de víctimas colombianas en situación de “refugio de hecho”, es decir, que no han sido reconocidas con estatus de refugiados por las autoridades de esos países. Las cifras más actualizadas sobre este tema son del 2016, y muestran que el 93% de las personas refugiadas en los países vecinos eran de nacionalidad colombiana. 

A comienzos del 2017, cada mes llegaban a Ecuador aproximadamente 418 colombianos en busca de protección internacional, a causa de la violencia en los departamentos de esa frontera. Hoy, habría unos 100 mil colombianos refugiados o en condición similar en ese país. 

Panamá, por su posición geográfica, es otro de los principales países receptores de colombianos con necesidad de protección internacional. A finales del 2016, había 2.350 colombianos refugiados reconocidos en ese país, y aproximadamente otros 15 mil viviendo en situación similar a la de los refugiados, según estadísticas de la Oficina Nacional para la Atención de Refugiados (ONPAR) de Panamá. 

Venezuela ha sido uno de los países que más ha acogido a población colombiana exiliada a causa del conflicto armado. En el último censo, realizado en ese país a comienzos del 2015, se registraron unos 720 mil colombianos que residían en ese país, casi todos en la frontera y en Caracas. Pero la crisis política y humanitaria que está enfrentando ese país, obligó a muchos de estos refugiados a retornar a Colombia. 

El informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨ es fruto de un dialogo participativo e incluyente, que se ha nutrido de los aportes de las víctimas que se encuentran en el exterior y de otras que han retornado.

 

PARA MAYOR INFORMACIÓN: 

Juan Pablo Luque
Equipo de investigación
Móvil: (+57) 317 661 0997
Correo Electrónico: juan.luque@centrodememoriahistorica.gov.co 

Ricardo Robayo Vallejo
Enlace de comunicaciones
Móvil: (+57) 318 326 5154
Correo Electrónico: vocesdelexilio@centrodememoriahistorica.gov.co

<< Descargue el informe, “Exilio colombiano: Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras” >>

Publicado en Noticias CNMH



Conflicto, Exilio, Informes, Lanzamiento

Ser trans e indígena en Colombia: la historia de Andrea Meza

Noticia

Autor

Juan Pablo Esterilla Puentes

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

13 Sep 2018


Ser trans e indígena en Colombia: la historia de Andrea Meza

Fue víctima del paramilitarismo, se exilió en Europa y ahora es una líder reconocida de la comunidad LGBTI.


Una mujer transgenerista pide una y otra vez la palabra en una reunión en la Gobernación de Cundinamarca.

-Andrea usted ya habló cuando estuvo el presidente en Girardot.
-Correcto doctor Rey, cuando estuvo el presidente en Girardot. Yo estoy en Bogotá y usted no me puede impedir a mí el derecho a la participación y a la expresión, le exijo respeto doctor Rey. Desde el año 2016 le estoy pidiendo una cita por escrito con la población y no me la ha dado, estoy grabando y necesito saber si me la va a dar o no para poder tomar acciones.

(El gobernador saca su agenda)

-4 de septiembre a las 10:00 a.m.
-Mi Dios me lo bendiga, me lo proteja.

Andrea Alexandra Meza no para de trabajar. Desde que nació hace 61 años en el seno de una familia wayuu en la ranchería Puturumana I de la Albania, Guajira, la vida le ha dado tantas vueltas como ella se las ha dado a la vida. Ella, -persona mayor, indígena y transgenerista-, es una de las víctimas del conflicto armado interno que ha encontrado en el ejercicio del liderazgo y las resistencias, el sentido de su existencia.

“Nunca me imaginé que la guerra me iba tratar tan fuerte, fue duro porque tenía mis arraigos en el Guamo, Tolima. Casi me matan y perdí todo. Salí estilo delincuente a las dos de la mañana y mi pareja no sé dónde quedó”, asegura Meza con voz quebrantada. Ese 29 de agosto, los cuatro sujetos armados que llegaron en dos motos de alto cilindraje a su peluquería, le reventaron la boca, le partieron el tabique y le dieron un calibrazo en la cabeza con una pistola 9 milímetros, fueron los responsables de inscribir en Andrea, una de las tantas formas de violencia y exclusión a las que se enfrentan la población LGBTI.

Tal y como lo sugiere uno de los testimonios que se recogió para la elaboración del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), “Aniquilar la Diferencia”, publicado en 2015, la guerra “impidió” que la población LGBTI amara. Según el Registro Único de Víctimas y con fecha de corte del 31 de julio de 2015, se identifican 1.795 personas con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas, que han sufrido alguna manifestación de violencia por parte de actores armados. A ellas, se les ha quitado desde la posibilidad de amar a quien desean, hasta se les ha obligado a esconderse para evitar la violencia por el hecho de ser quienes son, por ejemplo.

Andrea llegó a Bogotá y buscó refugio en el barrio Diana Turbay de la localidad Rafael Uribe. Sin embargo, al cabo de tres meses, -tiempo en el que además ya había logrado encontrar un trabajo en una peluquería-, el Bloque Tolima la ubicó nuevamente y no dejó espacio para dudas.

– “¿Usted qué hace aquí? se tiene que ir, pasamos en dos horas y si está ya sabe”. Hoy, desde la tranquilidad que le da el no sentirse perseguida por grupos armados ilegales, Andrea encuentra parecida esa frase que le dijeron, con otras que personas LGBTI recibieron durante los años noventa e inicios de los 2000, época en la que el conflicto se exacerbó en todo el país y afectó de manera diferencial a su comunidad.

“Para ellos, los de la costa, fue duro. Lo hemos hablado y hubo muchas violaciones a personas de la comunidad en los Montes de María, por ejemplo. A las lesbianas las abusaban para que supieran qué es ser mujer y a los gais los hacían desfilar desnudos por las calles. Algunas fueron empaladas en Sucre y Córdoba. Las admiro porque fue un gran acto de resistencia mantenerse en el territorio estando los actores armados ahí mismo y diciéndoles – ¡ah maricón! ¿no te valió? ¡Te voy a matar!”. Detrás de esas violencias que pretendían “enseñar” con el abuso lo que es “ser mujer” está la heteronormatividad, es decir, “la imposición tácita pero inequívoca de normas que regulan la identidad de género y la orientación sexual de las personas, construyendo un “otro” o una “otra”.

Pero ¿cuál fue el acto de resistencia de Andrea ante esa nueva amenaza? Comprometerse a pagarle treinta millones a una amiga que le prestó quince, empacar maleta, cruzar el charco hasta París, y en últimas afrontar que era nuevamente desplazada. “No fue fácil la salida del país, implicaba aceptar que ya no tendría nada. Llegué a Europa a ejercer la prostitución, cosa que no es dulce. Pararse uno en la calle a menos 5 o menos 10 grados con un abrigo hacia atrás para poder vender, ser humillada por lasnmismas personas LGBTI que para poder dormir en el piso con unos cojines me cobraban 500 euros, y cuidarme de gente que me quería robar lo que me hacía, o de clientes de todo tipo: agresivos, borrachos, ladrones, era muy duro”, sostiene.

Según cifras del Registro Único de Víctimas, el desplazamiento forzado es el hecho victimizante de mayor ocurrencia contra la población LGBTI (1.606 afectaciones), seguido por las amenazas (362 victimizaciones declaradas).


Luego de casi una década, Andrea regresó al país. Lo hizo justo cuando en sus palabras, “el boom de tratamiento a las víctimas” empezaba a emerger. Así pues, al cabo de un tiempo se dirigió a la ya instaurada Unidad de Víctimas para relatar las violencias que sufrió. En Colombia, el Formato Único de Declaración para la Solicitud de Inscripción en el Registro Único de Víctimas, solo incluyó hasta el año 2012, categorías de registro que permiten hacerle un seguimiento a las víctimas de los sectores sociales LGBTI. Bases de datos anteriores a este año como el Sistema de Información de Población Desplazada no incluían la variable de orientación sexual e identidad de género.

El destino inicial de Andrea para rehacer su vida sería nuevamente el Guamo, pero las condiciones de seguridad allí y en otros municipios del Tolima como Saldaña, no eran las más seguras. A las trans literalmente les “estaban robando lo que no se habían comido” con las extorsiones que les realizaban reductos del paramilitarismo. La Unidad reconocería en 2013 a Andrea Alexandra Meza como víctima y a partir de ese mismo año ella decidió radicarse en Girardot, Cundinamarca.

Sin embargo, rehacer su vida siendo transgenerista y ahora siendo persona mayor, no ha sido fácil. Tal y como se narra en el reciente Informe “Ojalá Nos Alcance la Vida” del Centro de Memoria Histórica con apoyo de la organización HelpAge International y liderado por la Corporación Asuntos Mayores (COASUMA), la exclusión y la discriminación, así como los prejuicios y estereotipos vinculados con la vejez y el envejecimiento, ubican a las personas mayores en condiciones de vulnerabilidad y desigualdad social. “Yo como víctima, como población LGBTI, como indígena y como persona mayor no he visto la primera ayuda del Estado colombiano para mí, he presentado proyectos y no pasa nada”.

Andrea, la de porte indiscutible y energía inagotable, considera que las personas víctimas deben recibir más que conmemoraciones y mercados. Y es que precisamente ha sido, por ejemplo, desde la veeduría a esas iniciativas del Estado, -entregar mercados y conmemorar a las víctimas en actos cívicos-, que Andrea ha “levantado ampolla” con sus cuestionamientos; los cuales a la postre la han convertido en blanco de nuevas discriminaciones.

“Yo me levanté, pedí la palabra y dije: -doctor Villalba, yo quiero pedirle el favor que no se vaya a repetir lo que se ha venido repitiendo en años anteriores en cuanto a las ayudas. Los frijoles, la cebada, la avena y los atunes tienen gorgojos, quiero que se tomen los correctivos porque entre 2013 y 2015 se nos intoxicaron las víctimas-”. Como la Secretaria de Educación había sido la Secretaria de Gobierno durante los años de las conmemoraciones que critiqué, ella se paró y la cogió contra mí. –“Lo que está diciendo el señor Andrea no es cierto, el señor Andrea quería enlodarnos la fiesta, no tenemos la culpa que el señor Andrea no le gusten los payasos-”.

Ante el ataque de la Secretaria, Andrea no encontró respaldo alguno entre las personas que habían asistido a ese comité de justicia transicional del 2016 en Girardot, nadie se indignó por la ridiculización de la que fue objeto. Andrea no calló y actuó. “Doctora Sandra le exijo respeto porque yo salí hace muchos años del closet, tengo mucha autoestima, me quiero mucho y valgo mucho. Yo no entiendo usted porque me dice señor si estoy maquillada y no tengo barba ni bigote. Mañana mismo la denuncio ante la Fiscalía”. Y así sucedió.

A PRUEBA DE TODO, DESDE SIEMPRE

Barranquilla, Colombia, 1975.

-Ropa al piso.
– ¿Jueputa y ahora?

Andrea se quitó el camibuso, se bajó el pantalón y los interiores. Tan pronto se agachó, los demás de las filas empezaron a murmurar y ella corrió a taparse los senos. La señora miró el papel y la miró.

-Parese en la punta de los pies, (le hace presión con un dedo en ambos testículos y escribe apto).
-Doctora yo soy homosexual.
-Eso es piedrilla, en el Hospital Militar lo operan y queda un “monazo”.

A pesar de que inicialmente Andrea fue engañada, pues un militar -al que le había dado su confianza-, le mintió diciéndole que fuera al Batallón con un par de papeles para “sacarle la libreta”, hacer no solo el curso de suboficial sino completar ocho años al interior de la institución, fue algo que se convirtió en motivo de orgullo para ella. “La población LGBTI está preparada para todos los riesgos, no se le arruga a nada, si le toca tirar machete lo hace. Dependiendo la adversidad nos desenvolvemos, somos como el camaleón, ningún obstáculo nos queda grande. Yo tenía las fotos de mi paso por la Fuerza Pública y las tenía colgadas con orgullo en mi salón en el Guamo; esa soy yo les decía a mis clientes”.

De aquella formación castrense Andrea también recuerda, y se le dibuja una sonrisa en la cara, la estricta disciplina con la que ejercía sus funciones entre semana, pero también la libertad que tenían los fines de semana. “Yo tenía mi apartamento afuera. El viernes me entraba al edificio, me arreglaba, maquillaba, me ponía mis vestidos y pelucas, y rumbeaba diagonal al batallón con oficiales y suboficiales. Todo el mundo me conocía como Alexandra, yo me armaba el cuerpo con espuma y medias, ellos no me reconocían”, agrega.

Dentro de sus luchas de activismo, y por la generación y preservación de la memoria de personas LGBTI víctimas, se ha encontrado con violencias en su contra de quienes nunca pensó. “El respeto nos lo hemos ganado las transgeneristas con sangre, con golpes, nosotras mismas nos hemos hecho respetar por la sociedad. Las luchas de la población LGBTI las inician son siempre las mujeres transgeneristas reclamando sus derechos. Esto no nos lo reconoce la propia comunidad; los gais no quieren ver transgeneristas, las lesbianas tampoco, pero a nosotros nos ha tocado abrir los espacios y no en vano casi siempre se escucha -matan a mujer trans, matan a mujer trans, matan a mujer trans”.

Siempre que Andrea necesita volver a coger impulso sencillamente vuelve a la raíz, a los días de infancia en la Guajira en los que “vivía en un territorio prácticamente nómada”, sin cerca alguna y con una comunidad que siempre respetaba las decisiones de todos, la suya de ser mujer también. La Andrea de los 61 abriles a sus espaldas es en últimas la misma que recibió a los 15 el espaldarazo de su pueblo para “seguir volando”, la que se fue a vivir primero con una familia Arijuna a Maicao y la que terminó viviendo luego en ciudades y países tan distantes como Aruba, Francia, Popayán y Valledupar.

Andrea regresó a Colombia para seguir cuestionando, más cuando siente que todavía hay tanto por hacer por la población, su población LGBTI. “Yo solo quiero que nos valoren a todos como seres humanos que somos, que no nos discriminen ni nos menosprecien por el enfoque diferencial al que pertenecemos. En cuanto a los gobiernos que se nos dé la oportunidad también de superarnos como se les da a todos los heterosexuales. Que tengamos la oportunidad de poder estudiar, de poder ser profesionales. Somos gente buena y tenemos mucho talento”, concluye.

* Este artículo hace parte de Divergentes, un proyecto sobre movilización y organizaciones sociales del portal ¡PACIFISTA! 
Copyright: http://www.pacifista.co/ser-trans-e-indigena-en-colombia-la-historia-de-andrea-meza/

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Bloque Calima, Conflicto, DDHH, Desplazamiento, LGBTI, Reparaciones Colectivas, Transgénero, Víctimas

Así están construyendo memoria y paz los maestros y estudiantes de Colombia

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CNMH

Publicado

12 Oct 20189


Así están construyendo memoria y paz los maestros y estudiantes de Colombia

Desde el miércoles 17 de octubre estarán reunidos en Bogotá unos 350 estudiantes y profesores de colegios y universidades de 21 departamentos, para dialogar sobre cómo están trabajando el tema de la memoria como aliada de la paz, desde estrategias pedagógicas e investigativas.


Desde hace aproximadamente cinco años, el Equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) viene diseñando una serie de estrategias que, desde pedagogías socio críticas, aporten a la reflexión en torno a la investigación y a la enseñanza de la historia reciente de Colombia en escuelas y universidades. Esto, a partir de ejercicios que esclarezcan y dignifiquen a las personas que han sido víctimas del conflicto armado colombiano.

En este caminar, el Equipo de Pedagogía ha emprendido diálogos con docentes, estudiantes e investigadores universitarios que consideran que la memoria histórica en las escuelas y en las universidades del país es una aliada fundamental para la construcción de paz. Todos estos públicos, con quienes se vienen desarrollando trabajos diferenciados, se reunirán del 17 al 19 de octubre en Bogotá en “Memorias que transforman: Encuentro Nacional de redes y experiencias educativas para la construcción de paz”. ¿Qué puede surgir de este encuentro de docentes de colegios de diversos territorios, con docentes universitarios que adelantan en sus regiones ejercicios de esclarecimiento de la mano de las víctimas? ¿Qué tienen por decir y compartir los y las estudiantes que han estado acercándose a la memoria histórica del conflicto armado en sus aulas?

“Memorias que transforman” reúne a 350 docentes, investigadores y jóvenes estudiantes de diferentes Instituciones Educativas, de territorios urbanos y rurales y de diferentes procedencias étnico raciales. Uno de estos, es un joven bogotano que a partir de su encuentro con la “Caja de Herramientas: Un Viaje por la Memoria Histórica. Aprender la Paz, Desaprender la guerra”, un instrumento pedagógico creado por el CNMH, decidió convocar a sus compañeros y compañeras para la creación de una red de estudiantes en su localidad. Estarán también una profesora de Nariño quien, con sus estudiantes, construyó un museo de la memoria de puertas abiertas para la comunidad; y un investigador del caribe que ha diseñado estrategias metodológicas para reconstruir la memoria de manera participativa, entre muchas otras experiencias. 

Este es el primer año en el que el Equipo de Pedagogía impulsa un evento de esta magnitud y se espera que este no sea solo un espacio de encuentro y diálogo, sino un escenario para fortalecer acciones territoriales en torno a la memoria y a la paz que logre integrar los esfuerzos que se están llevando a cabo en escuelas y universidades. 

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    VI Seminario de Grupos Regionales de Memoria Histórica realizado en julio 2018 en la Universidad de la Amazonía. Florencia, Caquetá. 

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    Después de graduarse, Cristian decidió seguir trabajando en clave de memoria fuera de las aulas, y propuso crear una red de estudiantes para crear espacios de debate y generación de propuestas. 

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    Desde el 2015, más de 200 estudiantes del Liceo Central de Nariño han trabajado con los materiales pedagógicos de la Caja de Herramientas.

Uno de los participantes al encuentro será Cristian Fabián Espinosa, un joven de 18 años egresado de la Institución Educativa La Giralda, ubicada en el barrio Las Cruces de Bogotá. Siendo estudiante tuvo la oportunidad de trabajar en los textos propuestos por la “Caja de Herramientas”, en particular “El Salado. Los Montes de María. Tierra de luchas y contrastes”, que se construyó a partir del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica “El Salado. Esa guerra no era nuestra”. Según Cristian, trabajar en el aula de clase con la “Caja de Herramientas” les permitió a él y a sus compañeros acercarse por primera vez a los efectos del conflicto armado en los Montes de María. Después de graduarse, Cristian decidió seguir trabajando la memoria histórica por fuera de las aulas, y propuso crear una red de estudiantes para generar espacios de debate y formular propuestas, que permitan transformar positivamente las cotidianidades de su barrio. “Nos falta saber, conocer y tener mayor sentido de pertenencia”, dice Cristian. 

Otra invitada al encuentro es Janeth Rosero, docente de Ciencias Sociales del Liceo Central de Nariño de Pasto. Desde allí, en el sur de Colombia, los estudiantes del grado once han venido desarrollando pedagogías de memoria y paz, que les han permitido recorrer sus historias y las realidades del conflicto armado colombiano. 

“A partir del año 2015 comenzamos nuestro andar, construyendo paso a paso una visión crítica y propositiva de la realidad colombiana. Son más de 200 estudiantes los que han participado en este recorrido, los que animados por las actividades de la ‘Caja de Herramientas. Un viaje por la Memoria Histórica’ (este material pedagógico está disponible en el sitio web del CNMH), llevan en su pensamiento y en su corazón, el dolor de la guerra y la esperanza de la reconciliación y la paz”, asegura Janeth Rosero. 

Desde el Caribe colombiano, también llegan iniciativas de memoria transformadoras. La reconstrucción participativa de la memoria colectiva en Cartagena es uno de los objetivos que persiguen 10 investigadores, 30 integrantes de semilleros de investigación y 130 gestores locales de memoria, que hacen parte del Grupo Regional de Memoria Histórica de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Esta iniciativa se creó formalmente en el 2015 pero viene caminando desde el 2011, cuando se conformó el semillero. 

“Durante los últimos tres años hemos centrado nuestras actividades en los Montes de María. Ahora nuestro reto es construir puentes entre diversos ámbitos y actores, para propiciar diálogos que permitan afianzar, desde la memoria, los procesos de construcción de paz y desarrollo humano que avanzan en nuestros territorios”, explica el investigador Pablo Abitbol. 

Este grupo regional, que hará parte del encuentro “Memorias que Transforman”, ha comenzado además a recrear desde el arte, la performatividad y la pedagogía, espacios y momentos de memoria viva que invitan a la reflexión, la imaginación y la innovación social. El mercado campesino y la huerta de intercambio de saberes, que funcionan en el campus de la Universidad Tecnológica de Bolívar, son ejemplo de ello.

El Equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica espera que este encuentro posibilite diálogos, reflexiones, debates y, sobre todo, que genere la consolidación de acciones conjuntas entre docentes de colegios, estudiantes y docentes e investigadores de universidades.

Están todas y todos invitados a conocer cómo los profesores, estudiantes e investigadores están trabajando la memoria desde sus lugares de trabajo y desde sus experiencias de vida, y cómo estos esfuerzos que hacen día a día están aportando a la paz del país.

Descargue aquí la agenda

Horarios y Fechas: 

  • Miércoles, 17 de octubre: 7:00 a.m. a 5:00 p.m.
  • Jueves, 18 de octubre: 8:00 a.m. a 5:00 p.m.
  • Viernes, 19 de octubre: 8:00 a.m. a 12:30 p.m. 

Lugar: Hotel Habitel Centro de Convenciones, Avenida El Dorado 100 – 97, Bogotá

Publicado en Noticias CNMH



Caja de Herramientas, Conflicto, Educación, Encuentro de maestros, Memoria, Paz, Pedagogía

“Granada: Relato de un perdón”

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

08 May 2019


“Granada: Relato de un perdón”

  • En el marco de la Feria del Libro de Bogotá, la Unidad Policial para la Edificación de la Paz (UNIPEP) presentó el trailer del documental, “Granada: Relato de un perdón”.
  • Para Alejandro Ceballos, director del largometraje, este no solo expone el sufrimiento que vivieron los granadinos en aquella toma guerrillera del año 2000, sino que evidencia también las intenciones de perdón y reconciliación que han surgido entre sobrevivientes, familiares de las víctimas e integrantes del frente guerrillero responsable de la acción armada. La pieza audiovisual se estrenará el próximo 25 de junio.

  • “Granada: Relato de un perdón”, promete convertirse en un documental que contribuya a los procesos de construcción de paz del municipio de Granada, Oriente de Antioquia.

  • Con motivo del bicentenario, la UNIPEP presentó durante la Filbo, 7 libros, 2 documentales y 3 conversatorios.

Luego de 20 horas de toma guerrillera, el 6 de diciembre del 2000 en Granada, un silencio prolongado le indicó a Ruby Agudelo que ella y su hijo habían sobrevivido. Su esposo, el comandante de Policía no contó con la misma suerte. La estación de esa autoridad en aquel municipio del Oriente de Antioquia fue destruida por un carrobomba.

“El perder a mi esposo cambió mi vida totalmente. Se sentía orgulloso de portar el uniforme, era un honor para él”, aseguró Agudelo, quien durante un conversatorio realizado este 6 de mayo, en el marco de la presentación del trailer del documental, Granada: Relato de un perdón, en la Feria del Libro de Bogotá, no negó lo doloroso que fue el volver a recordar lo sucedido durante el proceso de grabación.

Dentro del mundo de posibilidades que generó la filmación del audiovisual, también está la relación que la Policía Nacional -como institución-, pudo empezar a generar, con iniciativas de memoria como la del espacio del “Nunca Más”, lugar en el que se exponen los rostros de las víctimas que dejó el conflicto en ese municipio.

Esa interacción, que se dio en simultánea con la elaboración del documental, permitió que hoy las fotografías de los cinco policías muertos ese 6 de diciembre se sumen a las de otras víctimas (civiles).

“Hemos ido impactando la cultura de la convivencia y reconciliación”, recalcó, sobre el documental y el trabajo en memoria histórica de la Policía, el coronel de la Policía, José Fernando Pantoja.

Adicionalmente, el teniente coronel, reserva activa de la Policía, y en aquel entonces subteniente del grupo contraguerrilla, Edward Niño, pudo reencontrarse en la cárcel de El Pedregal en Medellín con Elda Neyis Mosquera, alias Karina, exguerillera que comandó la incursión armada de las Farc a Granada.

“Alias Karina pidió perdón por intermedio mío a los policías y a la comunidad de Granada por el ataque; pedir perdón es de valientes, yo le creí”, aseguró Niño, quien años atrás no hubiese creído que tendría posibilidad de ese encuentro, cara a cara.

El conversatorio concluyó con la invitación de Alejandro Ceballos, director de Granada: Relato de un perdón, para que los centros de educación superior le apuesten a respaldar iniciativas que busquen contar el conflicto armado, pues, anotó, “detrás de la aparición de una multiplicidad de voces es que nos podríamos empezar a reconocer”.

El documental es una coproducción de la Policía Nacional, Armadillo: New Media & Films y el CrossmediaLab de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. 

Leer el informe “Granada. Memorias de guerra, resistencia y reconstrucción“.

Trailer de “Granada: Relato de un perdón”

Publicado en Noticias CNMH



Antioquia, Conflicto, Granada, Paz, Perdón, Policía, Reconciliación

El viaje sonoro por la memoria regresa

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

16 May 2019


Bojayá: 17 años después, el clamor es el mismo

A las 10 de la mañana del 2 de mayo de 2002, un cilindro-bomba lanzado por
la antigua guerrilla de las Farc perforó el techo de la iglesia San Pablo
Apóstol, en Bojayá. En el lugar se refugiaban centenares de personas. El
resultado: 79 fallecidas (48 de ellos niños y niñas), alrededor de 100
lesionados, el desplazamiento de 1.744 familias y grandes fracturas sociales.

En 60 años de conflicto armado, ocho millones de víctimas han tenido que ver el lado más desgarrador de una guerra que no ha discriminado sexo, etnia, ubicación geográfica u orientación sexual. Cada hecho victimizante ha dejado una estela de dolor, también de intenciones de no repetición.

Recopilar las voces, construir las memorias y reconocer la pluralidad de las víctimas nos ha llevado a viajar en el tiempo y desde hace aproximadamente un año a hacerlo a través de los sonidos, las historias y relatos que enmarcan los podcast.

El 26 de junio del 2018 Jueves de Podcast empezó a emitir su primera temporada; una máquina del tiempo sonora que buscaba hacernos reflexionar en torno a “¿Qué fue lo que nos pasó?”.

Este jueves 16 de mayo regresa el #TBT de la segunda temporada de Jueves de Podcast: seis historias que cada semana nos llevarán de Soacha a Cúcuta y de Turbo a Maracaibo, pasando por la selva colombiana.

Una multiplicidad de historias

La pluralidad de las víctimas, el reconocimiento de los trabajos comunitarios y resultado de más de 10 años de investigación institucional se verán reflejados en las voces de Blanca, Vanessa, César*, Bertha, María Isabel* y Ever:

El peor de los dolores

Vanessa sufrió el abuso sexual de un miembro de la exguerrilla de las Farc y posteriormente fue obligada a abortar en repetidas ocasiones, mientras estuvo con ese grupo armado.

Blanca vio como su hijo salió detrás de una oportunidad laboral que iba a solventar la economía de su familia, pero nunca volvió. Seis meses después se enteró que agentes del estado lo asesinaron y los presentaron como integrante de una guerrilla.

La segunda temporada de Jueves de Podcast empieza con las historias de dos mujeres, dos madres que sin quererlo vieron como el conflicto armado se llevó a sus hijos sin mediar palabra.

Lanzamiento: 16 de mayo de 2019.


Depredadores

¿Qué hacer cuando tu tranquilidad es arrebatada por una amenaza? ¿cuándo en un abrir y cerrar de ojos el camino a tu casa ya no es tan seguro como siempre ha sido? Las 15.738 víctimas de violencia sexual registradas en el marco del conflicto no tuvieron tiempo de hacerse esas preguntas, pero sí pudieron sobreponerse de este hecho, la historia de María Isabel* es un ejemplo de ello.

Lanzamiento: 23 de mayo de 2019.


7 de febrero

Presenciar un atentado terrorista o ser víctima directa de él, es una situación que física y emocionalmente puede dejar a las personas en un camino sin retorno, en un resentimiento y en una postura de venganza inmediata. Sin embargo, el deseo de no repetición posterior a la reflexión es algo que la mayoría comparten. César* y Bertha son dos víctimas del atentado más grande de la exguerrilla de las Farc en Bogotá, sus procesos y memorias protagonizan este podcast.

Lanzamiento: 30 de mayo de 2019 – 6 de junio de 2019.


Los sueños de un migrante

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, cada minuto 31 personas son desplazadas a la fuerza en el mundo. El cierre de esta temporada nos mostrará cómo Ever y su familia sufrieron varios desplazamientos y tuvieron que resignarse a una vida de caminar y volver a empezar.

Ingresa a Podcast de Memoria y conoce esta y otras series radiales producidas por el CNMH.

*Los nombres de las fuentes fueron cambiados por motivos de seguridad.

 

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Conflicto, Historia, Pluralidad, Podcast, Radio

Estamos con las mujeres víctimas de violencia sexual

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Autor

Daniel Sarmiento

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Daniel Sarmiento

Publicado

25 May 2019


Estamos con las mujeres víctimas de violencia sexual

El 25 de mayo se conmemora el Día Nacional por la Dignidad de las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual con ocasión del Conflicto. Este se desprendió del Decreto 1480 expedido el 5 de agosto de 2014, y cuyo objetivo es reconocer la valentía, trabajo y resistencia de miles de mujeres víctimas de violencia sexual, reivindicar su dignidad y rechazar este delito.


Según el Registro Nacional de Información para la Unidad de Víctimas, con corte a mayo del 2019, en Colombia 26534 mujeres han sido víctimas de delitos contra la libertad y la integridad sexual en desarrollo del conflicto armado violencia sexual, cometidos a partir del 1 de enero de 1985, según fecha límite establecida en la Ley de Víctimas.

 

Dentro de los delitos contra la libertad y la integridad sexual están el aborto forzado, la trata de personas, el abuso sexual, el embarazo forzado, la pornografía infantil, el acceso carnal violento, la esclavitud sexual, la mutilación sexual, el acoso sexual y la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes.


El director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Darío Acevedo, envía un mensaje de solidaridad y compromiso con las víctimas de violencia sexual en el día de su dignidad.

“Desde el CNMH trabajamos en ese sentido: dignificar. Por esto, entendemos el apoyo emocional y psiquico que le debemos garantizar a las víctimas. El Estado colombiano debe garantizar que haya una recuperación emocional de las sobrevivientes que sufrieron indesiblemente durante el conflicto armado, lesiones en su alma, espíritu y cuerpo”.

Así pues, desde el Centro Nacional de Memoria Histórica hemos buscado constituir un camino para satisfacer el derecho a la verdad que tienen las víctimas del conflicto armado colombiano y la sociedad en su conjunto. “La dignificación de las víctimas, se entiende, también, en dar a conocer la memoria del sufrimiento y en este campo el CNMH viene trabajando desde hace años y lo seguirá haciendo”, recalcó, el director del CNMH, Darío Acevedo.

En este sentido, y a pesar de que existe una premisa que asegura que la violencia sexual entraña lo “indecible”, el trabajo desarrollado por el CNMH muestra que, en los tiempos y condiciones apropiados, esto es, que resulten seguros y dignificantes, las víctimas se ven motivadas a iniciar procesos de memoria.

“Queremos que las víctimas de todos los colores, plurales, de guerrillas, de agentes del Estado, de organizaciones armadas ilegales, en su conjunto, puedan contar sus historias y darlas a conocer en las publicaciones que hacemos desde el CNMH”, enfatiza el director de la entidad.

Para Adriana Serrano y Nancy Prada, investigadoras del más reciente texto del Enfoque de Género del CNMH, y que lleva por nombre “Memoria Histórica con víctimas de violencia sexual: aproximación conceptual y metodológica”, cuando se adelanten procesos de memoria histórica sobre la violencia sexual, es importante abrir la historia de sus vidas al antes y después de la violencia armada.

Desde el CNMH hemos querido hacer eco de esa premisa con el saber acumulado a través de la realización de informes y balances como: La memoria histórica desde la perspectiva de género. Conceptos y herramientas (2011), Mujeres y guerra: víctimas y resistentes del Caribe colombiano (2011), El Placer. Mujeres, coca y guerra en el Bajo Putumayo (2012), Crímenes que no prescriben. La violencia sexual del Bloque Vencedores de Arauca (2016), y el Informe Nacional de Violencia Sexual (2017).

Adicionalmente, para Prada y Serrano, la construcción de paz en Colombia, demanda ejercicios de memoria histórica sobre la violencia sexual que ha tenido lugar en el marco de la guerra, pues de esta manera se pueden comprender las razones profundas de su ocurrencia y su relación con la violencia sexual en espacios de cotidianidad.

 

En el mismo lapso (2012 a 2019), la Unidad de Víctimas ha indemnizado, de manera administrativa, a 7.494 mujeres


El Centro Nacional de Memoria Histórica sigue en su compromiso de dignificar a las víctimas, de cuestionarse sobre el para qué se ha usado la violencia sexual en el marco del conflicto armado, el por qué se usa este tipo de violencia, quiénes son sus víctimas y cuáles son las dimensiones cuantitativas de la misma.

 

Publicado en Noticias CNMH



Conflicto, Memoria Histórica, Mujeres, Reparación, Víctimas, Violencia Sexual

‘Con el Informe Nacional de Pueblos Indígenas entenderán que tenemos otras formas de vivir, de hacer paz y de entendernos con la naturaleza’: Óscar Montero

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Daniel Sarmiento

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Daniel Sarmiento

Publicado

06 Jun 2019


‘Con el Informe Nacional de Pueblos Indígenas entenderán que tenemos otras formas de vivir, de hacer paz y de entendernos con la naturaleza’: Óscar Montero

portada oscar montero pueblos indigenasEste año el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Organización Nacional Indígena de Colombia harán el lanzamiento del primer Informe Nacional de Pueblos Indígenas.


“Este informe es muy importante para que las futuras generaciones del movimiento indígena en Colombia no vivan lo que nosotros sí. No quiero que a mi hija la saquen desplazada de su territorio por la violencia o porque está en una zona rica en minerales”, dice Óscar Montero, indígena Kankuamo y coordinador del primer Informe Nacional de Pueblos Indígenas en Colombia.

Y es que desde el Auto 004 de 2009 hasta la fecha, la Corte Constitucional ha estimado que por lo menos 39 pueblos indígenas están en riesgo de extinción física y cultural. “Queremos que el país escuche esa otra historia que no ha sido narrada”, continua Óscar en esta entrevista que le hicimos a propósito de lo que será el primer Informe Nacional de Pueblos Indígenas, una iniciativa de memoria histórica entre la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

La metodología de recolección de información, la presentación de algunos conceptos claves y las expectativas que tiene sobre este documento, fueron algunos de los temas de los que conversamos con el coordinador de este informe que saldrá en el segundo semestre del año.

¿Qué nos puede adelantar sobre el informe?

Este no es un informe que registre únicamente violencias contra nuestros pueblos, no se queda allí. Quienes se aproximen al texto verán las alternativas de vida que tenemos para enfrentarnos a las afectaciones que ciertos actores han querido infringir contra nosotros. Esas alternativas han sido como nuestros “canastos” para poder seguir sobreviviendo. La espiritualidad, la Minga como ejercicio de defensa política, la incidencia a través del diálogo con lo internacional, son algunos de ellos.

Alguien que lea el Informe se va a encontrar con una diversidad fuerte y grande, de múltiples concepciones que los pueblos indígenas en Colombia han venido construyendo con relación al tema del conflicto, al tema de la paz.

También puedo decirles que el conflicto nos ha llevado a ser más fuertes, a pensarnos mucho más nuestros procesos organizativos indígenas, y a proteger nuestros principios del territorio, la autonomía y la unidad.

¿De dónde nace el Informe Nacional de Pueblos Indígenas?

La idea de construir un Informe Nacional de Memoria Histórica para los Pueblos Indígenas en Colombia surge a raíz de un Snariv Étnico. En este, y en el marco del Decreto Ley 4633 de Víctimas del 2011, se establece que una de las funciones que tiene el CNMH es hacer reparación simbólica para con los pueblos indígenas de Colombia.

En ese Snariv Étnico quedó el compromiso de empezar a buscar la forma de poder hacer un informe que dé cuenta de todas las afectaciones individuales y colectivas de los pueblos indígenas del país.

La idea y la necesidad de construir un informe de estas magnitudes implicaba poderlo hacer directamente con los pueblos indígenas y con sus organizaciones como un ejercicio de generar confianza y como un ejercicio de poder, ya que deberían ser las mismas víctimas las que contaran sus propias memorias, su propia historia.

Además, la elaboración del informe se concibió con una perspectiva nacional y eso nos llevaba a pensarnos qué se entiende por nacional, porque las dinámicas y las situaciones del movimiento indígena colombiano tienen muchas aristas: son 102 pueblos, estamos en todos los territorios del país, hay unas afectaciones diferenciadas y además contemplamos las violencias que hemos recibido desde una perspectiva de larga duración; de por lo menos 500 años.

Cuando en abril de 2017 se decidió materializar la propuesta de la construcción del Informe Nacional de Pueblos, consideramos que teníamos que llegar de manera conjunta a los territorios (ONIC y CNMH). Las personas del Enfoque Étnico apoyaron y facilitaron el diálogo y la interlocución con las comunidades y organizaciones. Eran personas que tenían un conocimiento, que habían trabajado con los pueblos y por lo tanto tenían una legitimidad en las comunidades.

  • Investigadores del CNMH y ONIC visitaron las macro-regionales de los pueblos indígenas. – Fotografía: ONIC

  • En los diálogos participaron niños, niñas y adolescentes de los pueblos indígenas. – Fotografía: ONIC

¿Por qué cree que fue seleccionado para ser uno de los coordinadores del Informe?

Yo creo que, en la Sierra, nuestros padres espirituales nos comentan desde un principio que tenemos una misión en este mundo. Los pueblos de la Sierra tenemos cuatro mundos hacia arriba y cuatro hacia abajo; guardamos el equilibrio de esos mundos que son tanto positivos como negativos.

Y en ese mismo sentido, yo creo que se me designó la responsabilidad de hacer este informe, y de esta envergadura, porque soy indígena, porque he pasado por experiencias que me permiten tener una mirada intercultural, porque conozco el movimiento indígena y porque he pasado por la academia, aspecto que quizás puede contribuir a que el informe sea accesible tanto para los pueblos como el resto de la sociedad colombiana.

Sin embargo, creo que la ONIC sobre todo buscaba a una persona que haya sentido y vivido el conflicto. No es lo mismo teorizar o escribir desde las lecturas e investigaciones a hacerlo desde lo que tú has tenido que vivir. A mi papá lo torturaron y asesinaron en 2004. Me tocó asumir el liderazgo que el asumía en el pueblo indígena Kankuamo. Además, he sido víctima de desplazamiento forzado en tres oportunidades.

¿Cómo se realizó el proceso de recolección de información para el libro?

Más que una recolección, las memorias que compartiremos en el informe son producto de unos diálogos de saberes. Somos un equipo de 15 personas, entre integrantes de la ONIC, investigadores contratados e investigadores del Enfoque Étnico del CNMH.

Lo primero que hicimos luego de firmar el convenio interadministrativo entre la ONIC y el CNMH en abril de 2017, fue posicionar el Informe en los sitios de pagamento de nosotros, los pueblos indígenas. Durante dos días expusimos el informe ante los mamos de la comunidad de Ramalito en la Sierra para recibir sus orientaciones espirituales.

Nos entregaron una mochila que es una grabadora, es un símbolo que nos permite recoger esas otras formas de memoria, más allá de la escritura, de los diálogos, de las entrevistas que hace un investigador utilizando una grabadora.

Ya con eso proceso empezamos los diálogos de saberes. Los diálogos de saberes fueron espacios de tres días en los que en las mañanas se hablaba en torno a categorías de resistencia, de origen, de memoria y lucha, por ejemplo. Y en la noche, hacíamos un ejercicio de contar lo cultural, pero ya en los sitios propios de memoria nuestros; el rio, el sitio de pagamento, el sitio sagrado, la Kankurwa, la caja ceremonial, la caja sagrada.

En esos espacios nos contaban cosas del origen, de lo cultural, cosas que no se pueden contar afuera o que por el tiempo sólo se cuenta en su espacio, en su momento y compartiendo el ayo, el poporo, el chirrinchi.

El informe trascendió, navegó ríos y mares, anduvo montañas y desiertos. Queremos mirar cómo podemos graficar eso; esas vivencias recogidas, los colores, las texturas, los idiomas, los cantos, los tejidos.

Adicionalmente, se revisaron documentos de académicos que han estudiado a los pueblos indígenas: historiadores, antropólogos, sociólogos.

 


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