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Awá: esta no fue una tragedia de un día

Awá: esta no fue una tragedia de un día

Autor

Juan Arredondo

Fotografía

María de los Ángeles Reyes. Periodista del CNMH

Publicado

07 Mar 2018


Awá: esta no fue una tragedia de un día

“El peor episodio de nuestra vida”, así recuerda el pueblo Awá el 4 de febrero de 2009; el día que 17 personas, incluidas dos mujeres embarazadas, fueron asesinadas por las Farc en el resguardo Tortugaña Telembí, entre los municipios de Barbosa y Ricaurte, en el sur de Nariño. Siete años después, cuando el país piensa la paz, ellos siguen demandando respuestas y exigiendo que se les pida perdón.


Los indígenas Awá habitan en medio de montañas del sur de Colombia; de hecho, se denominan a sí mismos hombres de montañas y selvas. Están acostumbrados a moverse entre los altos y bajos de las pendientes que los rodean, y, desafortunadamente, han tenido también que aprender a moverse entre los altos y bajos del conflicto armado del que han sido víctimas en diversas formas.

La comunidad había tenido que convivir con los grupos armados que cruzan por la región aprovechando su cercanía con la frontera ecuatoriana. Con la implementación de la Política de Seguridad Democrática, que desplegó la presencia de la fuerza pública en muchos rincones del territorio nacional, varios de estos grupos empezaron a acusar a la población de ser informantes del Ejército. En un comunicado del 10 de febrero de 2009 la  Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa) y la Organización Nacional de Indígenas de Colombia (Onic) denunciaron que:           

“En los últimos 10 años como consecuencia del conflicto armado se han registrado cinco desplazamientos masivos, desplazamientos individuales continuos hacia dentro y fuera del territorio, migración transfronteriza, cuatro masacres, aproximadamente 200 asesinatos, 50 afectados por minas antipersonales, secuestros, detenciones arbitraras, señalamientos, amenazas, reclutamiento forzado bloqueo de alimentos y medicamentos, utilización de bienes civiles, presión a los civiles para que sirvan de informantes.”

Tan solo en 2009, según Rutas del Conflicto, 30 personas fueron asesinadas en masacres perpetradas por las Farc y bandas criminales y otras 16, según el Cinep, murieron, a lo largo de todo el año, a manos de diferentes actores armados, incluidos algunos miembros de la fuerza pública.

“Históricamente hemos sido pueblos olvidados”

La masacre de Tortugaña Telembí del 4 de febrero fue la consecuencia de los enfrentamientos que sostenía el Ejército contra la columna Mariscal Sucre de las Farc. Desde septiembre de 2008 los líderes Awá habían estado denunciando que se encontraban en medio del fuego cruzado. La Defensoría, de hecho, emitió una resolución evidenciando la situación de vulnerabilidad del pueblo Awá, y la Corte Constitucional, por medio del auto 004 de 2009, tan solo nueve días antes de la masacre, declaró a los Awá, y a otros 34 pueblos indígenas, en riesgo de exterminio físico y cultural. Por eso pidió su protección inmediata.

Según Rider Paí, líder Awá,  los pronunciamientos oficiales mostraron que para todo el mundo era obvio que la población civil podía terminar pagando las consecuencias de ese conflicto ajeno, y así fue. El primero de febrero de 2009 miembros del Ejército, del Batallón Contraguerrilla Mártires de Puerres de la Brigada 29, habían entrado a la casa de varias familias, forzándolos, por diversos medios, a dar información sobre la presencia de las Farc en la región. Los Awá sabían que estaban contra la espada y la pared. De inmediato varios líderes fueron declarados objetivo militar de la guerrilla.

Tan solo tres días después, miembros de las Farc retuvieron a 20 personas del resguardo, incluyendo mujeres y niños, y los arrastraron a la quebrada El Hojal donde asesinaron y torturaron a 14 personas. La difícil situación de orden público hizo que fuera imposible salir a buscar a las personas.

La guerrilla regresó al resguardo a llevarse algunos de los niños huérfanos por ese hecho. El paradero de muchos de ellos todavía no se conoce. Además, por el miedo de futuras represalias, y por el mismo dolor que invadía a la comunidad, varias familias salieron desplazadas hacia Samaniego, Ricaurte, Barbacoas y a Planadas Telembí. El Cinep reportó que en ese año 1.300 personas Awá se encontraban viviendo en hacinamiento, y que se estaban presentando brotes de enfermedades por las precarias condiciones. Todo lo anterior fue denunciado por la comunidad, pidiendo un respaldo del gobierno nacional y reclamando respuestas por parte de las Farc, pero no fueron escuchadas.

“Sí, somos víctimas, pero también somos actores de nuestro propio destino”

Al nacer, los Awá entierran su ombligo en casa. Si son enterrados en otros lugares, o no son enterrados, hay un desequilibrio en su relación con el territorio. Tras la masacre, entonces, el tejido social del resguardo quedó muy afectado. Por eso, un par de meses después de la masacre, 700 hombres y mujeres recorrieron las montañas para encontrar a sus hermanos y regresar sus cuerpos a la tierra a la que pertenecía.

Encontraron siete cuerpos. Más adelante, en 2014 la Fiscalía les entregaría los restos de otros tres. Tan solo hasta ese año la comunidad pudo cerrar, parcialmente, uno de los capítulos más dolorosos en su historia (Ver Fotoreportaje Conmemora II). Rider Pai, sin embargo, asegura que las heridas siguen abiertas porque, debido a la gran cantidad de desplazamientos y a que nadie garantiza la seguridad en el resguardo, muchos cuerpos no han podido ser sembrados en donde también está sembrado su obligo.

Además, las respuestas institucionales han sido escasas. A pesar de haber sido el primer pueblo indígena en presentar el Plan de Salvaguarda Étnico que buscaba ejecutar lo ordenado por la Corte Constitucional, el Gobierno aún  mantiene el plan en etapa de consulta. “No hay garantías en salud para la población ni en educación. Nosotros seguimos viviendo en la zozobra. Apenas ayer la policía atentó contra dos mujeres. Lo que tenemos lo hemos construido nosotros”, dice Rider.

En un último intento por terminar con siete años de negligencia por parte del Estado, y violencia por parte de actores armados, la comunidad envió un comunicado al presidente Juan Manuel Santos y a alias “Timochenko”, máximo líder de las Farc, exigiendo “la solicitud formal de perdón de su parte a nuestras víctimas”.

El perdón, según ellos, servirá para abrir un camino de diálogo con los dos actores que más daño le han hecho a su comunidad. Un cara a cara que permita tener las respuestas que les han negado durante años. Como parte de la coyuntura nacional, Los Awá quieren ser reconocidos para reconstruir la historia que la guerra ha forjado en medio de ellos. “En este momento de un posible posconflicto tenemos toda la esperanza de que sean atendidas las medidas de reparación que requerimos como pueblo. Nosotros queremos aportar a la paz y necesitamos ser reconocidos”.

Descargar reportaje gráfico Once Ataúdes en la segunda edición de la revista Conmemora.

 


Asesinato, Awá, Farc, Memoria, Perdón, Tortugaña Telembí

En los territorios se gesta la paz

En los territorios se gesta la paz

Autor

Maria de los Ángeles Reyes

Fotografía

Juan Arrendondo

Publicado

07 Mar 2016


En los territorios se gesta la paz

El pasado 29 de febrero la oficina del Alto Comisionado para la Paz organizó la conferencia internacional Los retos de la paz territorial. La discusión, que se dio casi cuatro años después de iniciado el proceso de paz, abrió grandes interrogantes por los diferentes obstáculos que se deberán superar en el camino de la construcción de una paz estable y duradera.


Cuando apenas empezaba a nacer el proceso de paz con las Farc, las partes plantearon dos grandes pilares que guiarían las negociaciones. Por un lado, se estableció que las víctimas estarían en el centro del proceso. Y, por otro lado, se dijo que la paz debía ser construida desde los territorios, dejando atrás el centralismo institucional que predomina en Colombia.

El tema de las víctimas es uno de los puntos establecidos en el Acuerdo General para la terminación del conflicto. De hecho, fue el último punto en ser acordado en la mesa de negociaciones, el 15 de diciembre de 2015. La paz territorial, sin embargo, es pensada de forma que sea un eje transversal, abordada en cada uno de los momentos del acuerdo.  

¿Por qué hablar desde los territorios?

Las divisiones y la lejanía entre “el centro” y “la periferia” son, para muchos estudiosos, una de las causas principales de varios conflictos armados internos en el mundo. Colombia no es la excepción. Según James Robinson, uno de los invitados al foro, coautor del libro Por qué fracasan los países, la violencia se engendra más fácilmente en la periferia, que es donde coexisten fenómenos de pobreza, desigualdad e instituciones estatales débiles o ausentes.

En Colombia los lugares donde más se ha vivido el conflicto es en la periferia. Esto, según Robinson, con el agravante del elemento de codicia que tiene la guerra colombiana. Es decir, hay factores de economía ilegal que empeoran las condiciones de seguridad en las regiones, y que conforman el caldo de cultivo perfecto para el fortalecimiento de grupos armados ilegales.

Es por esta razón que para ninguno de los representantes del gobierno presentes en la conferencia, Rafael Pardo, ministro Consejero para el Postconflicto, Humberto de la Calle, jefe negociador en La Habana, y el alto Comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, se ponía en duda la importancia de dar la discusión de lo que significa la paz territorial y plantear los retos que seguramente tendrá a la hora de ser implementada.

Los tres coincidieron en que es necesario que las políticas del posconflicto se planteen desde los territorios, un modelo Bottom-up, de abajo hacia arriba, de forma que sean validados por el Estado, pero que respondan a las necesidades particulares de la región. Además, recalcaron la importancia de ir más allá de una pacificación de la geografía nacional. Lo fundamental será garantizar las condiciones para que, en la periferia, las condiciones de vida de las personas sean tales, que se reduzca al mínimo la posibilidad de la emergencia de nuevas formas de violencia o la continuidad de las ya existentes.

¿A qué se enfrenta la paz territorial?

Todo lo anterior, en teoría, suena muy bien pero hay dos tipos de dificultades: respecto al alcance administrativo del Estado, y respecto a la voluntad y capacidad de participación de las regiones en el posconflicto.

El primero, y quizá el más evidente, fue planteado por varios de los invitados a la conferencia, entre ellos el senador Antonio Navarro, el director de Planeación Nacional, Simón Gaviria, y el mismo Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. El Estado no tiene la capacidad económica para asumir, de tajo, todos los retos que acarrea la puesta en marcha de lo que se acuerde en La Habana; eso es un hecho.

Habrá, entonces, que hacer una reestructuración de muchas de las funciones y la operatividad del Estado. Esto implica un fortalecimiento de las instituciones en las que abundan lógicas de corrupción que entorpecerían los procesos. Para James Robinson,  tanto el problema como la solución no serán de carácter técnico. Más allá del dinero o de la forma de distribuirlo, habrá que resolver las deficiencias institucionales, como el centralismo, la poca trascendencia que tienen los mecanismos de participación y la falta de legitimidad que tienen las instituciones estatales en muchas de las regiones periféricas.

El segundo gran reto que enfrentará la paz territorial tiene que ver, precisamente, con lo anterior. Las personas, acostumbradas a vivir a merced de un Estado débil, lejano o incluso ausente, no ven la cultura de la participación como algo intuitivo. Esto, según, Vijayendra Rao del Banco Mundial, otro de los invitados internacionales, es fundamental en los modelos Bottom-up. Si se espera que las iniciativas políticas surjan desde las regiones, es necesario que existan mecanismos de participación, pero sobre todo que la gente acuda a ellos para expresar sus necesidades y para hacer seguimiento de la aplicación de las políticas públicas que los afectan.

Aunque Colombia avanzó mucho en este sentido con la Constitución Política de 1991, hace falta un gran trabajo de construcción de confianza por parte de la ciudadanía, sobre todo de la de los territorios que han sufrido más de cerca la guerra. Es decir, las víctimas, como en todo, tendrán que seguir siendo el centro, y se tendrá que priorizar todo lo que tenga que ver con ellas en las regiones vulnerables si se quiere que el proceso de paz no se quede en el papel sino que tenga una aplicación eficaz y real en el territorio nacional.

El Centro Nacional de Memoria Histórica también tiene dentro de sus pilares institucionales la construcción de la memoria desde los territorios. Cada uno de sus proyectos busca apoyar, visibilizar y acoger las propuestas de las iniciativas regionales de memoria, los lugares de memoria que las comunidades han construido, y la labor que las diferentes organizaciones realizan en pro de la construcción de la paz territorial por medio de la memoria histórica.

 


Alto comisionado para la paz, Farc, postconflicto, territorios

Farc y Gobierno llegan al acuerdo del Fin del Conflicto

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

Elespectador.com

Publicado

22 Jun 2016


Farc y Gobierno llegan al acuerdo del Fin del Conflicto

En un comunicado conjunto las delegaciones del Gobierno y las Farc anunciaron que acordaron el cese el fuego bilateral y definitivo, punto tercero en la agenda de diálogos de paz. 


“Las delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP  informamos a la opinión pública que hemos llegado con éxito al Acuerdo para el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo; la Dejación de las armas; las garantías de seguridad y la lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores de Derechos Humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”.

Según la comunicación oficial, la presentación formal de la firma de este acuerdo se hará este 23 de junio en La Habana, y estará encabezado por el presidente Juan Manuel Santos, el jefe de las Farc, Timoleón Jiménez. También asistirán el presidente de Cuba, Raúl Castro, el canciller de Noruega Borge Brende, países garantes. Y por los países acompañantes asistirán la presidenta de Chile Michelle Bachelet y Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. 

Como invitado especial estará el secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, junto con el Presidente del Consejo de Seguridad y el Presidente de la Asamblea General.

“Igualmente asistirá el Presidente de República Dominicana, en calidad de Presidente de la CELAC; el presidente de El Salvador, y los enviados especiales para el proceso de paz de los Estados Unidos y de la Unión Europea”.

Lea también “Otro hito del proceso de paz” 

Este es el comunicado conjunto de la mesa de negociaciones: 

COMUNICADO | “…hemos llegado con éxito al Acuerdo para el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo” pic.twitter.com/KoS8dV8wVr

— Equipo Paz Gobierno (@EquipoPazGob) 22 de junio de 2016


Así mismo, Carlos Lozada, miembro de la subsomisión técnica del fin del conflicto de las Farc, manifestó la entrega del documento. 


Publicado en Noticias CNMH



Farc, Fin del conflicto, Gobierno Nacional

Programación general 9 de abril

Noticia

Autor

Maria Paula Durán

Fotografía

Maria Paula Durán

Publicado

03 Abr 2017


Programación general 9 de abril

El 9 de abril de 1948 cambió la historia del país. Los estudiosos del conflicto armado han llegado al acuerdo (en su mayoría) que la confrontación actual tiene sus orígenes en La Violencia partidista. Aquel 9 de abril de 1948, con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el Bogotazo, la confrontación política y armada se difuminó por todo el país dejando decenas de miles de víctimas. Pese al acuerdo entre el Estado y las FARC, de ponerle fin al conflicto armado, la mezcla de armas y política no ha desaparecido. 


En 2011, el artículo 142 de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, constituyó el 9 de abril como el Día de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas: reconocer a los más de 8 millones de colombianos que históricamente se han visto afectados por estas muertes, esta intolerancia, y lo que es peor, por una gran indiferencia del país.

El 9 de abril, más que ser una obligación legal es un deber moral y humanitario con quienes han sufrido los desmanes de la guerra. Por eso, en 2017 el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) hace un esfuerzo por combatir la indiferencia mostrando las historias de resistencia y dignidad de cientos de víctimas.

Para acercar a las personas a estas realidades, en Bogotá el CNMH y la Arquidiócesis de Bogotá aunaron esfuerzos para relacionar dos fechas importantes que coinciden este 9 de abril: el Día de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas y el Domingo de Ramos que da inicio a la Semana Santa. En 306 iglesias de Bogotá se desplegarán dos gigantografías que recuerdan el valor y resistencia de quienes han padecido la guerra. Y en cinco iglesias se montarán cinco exposiciones del CNMH. El lanzamiento de las actividades será el 7 de abril, a las 9 a.m., en la basílica de Nuestra Señora de Lourdes.

  • En el Santuario de Monserrate se presentará la exposición “Memorias de dignidad y resiliencia: mujeres y guerra en el Caribe colombiano”, casos Córdoba y La Guajira, compuesta por fotografías de Jesús Abad Colorado. En ella, se muestra el contexto del horror en la Costa Caribe y resalta la dignidad y resiliencias de las mujeres y su rol de gestoras de paz. 
  • En la iglesia del Olaya estará la versión de Magdalena y Montes de María de Memorias de dignidad y resiliencia: mujeres y guerra en el Caribe colombiano.
  • En la iglesia del 20 de julio estará la primera muestra de Transiciones, una serie fotográfica de Juan Arredondo sobre cómo cambia la infancia de quienes fueron obligados a unirse a los grupos armados.
  • En la iglesia del Claret estará expuesta la segunda muestra de Transiciones que retrata las consecuencias del desplazamiento y la desaparición forzada en Colombia. Esta muestra reivindica la lucha de Fabiola Lalinde, una madre en búsqueda de su hijo desaparecido.
  • En la iglesia de San Wenceslao estará Volver la mirada, una exposición fotográfica que narra, desde distintas perspectivas, por qué los niños van a la guerra, cómo la experimentan y cómo la resisten.
  • En la basílica de Nuestra Señora de Lourdes estará también la exposición de Volver la mirada.

Además, en medio del proyecto de memoria Catatumbo, Memorias de Vida y Dignidad, en Cúcuta (Norte de Santander) se han realizado varios eventos culturales y académicos para reconocer la fuerte violencia que se ha vivido en esta región y la capacidad de resiliencia de sus habitantes.

La agenda de Cúcuta se extiende por varios días desde finales de marzo hasta el 9 de abril:

  • Empezó el 22 de marzo con la Conferencia Construcción de Paz desde la enseñanza de la ética
  • Además, el 30 de marzo se realizó la Conferencia Narración Oral – Memorias de Paz, a cargo de la Compañía Trazasueños de Pereira
  • Se realizará también, del 4 al 25 de abril, la muestra cinematográfica “Recordar nos llena de valor: Un mirada a la memoria desde el cine colombiano”. Se presentarán los siguientes filmes:
    • Martes 4 de abril, 7 p.m. biblioteca J.P.F. sala TIC: “Confesión a Laura” – Jaime Osorio (1990)
    • Martes 11 de abril, 7 p.m. biblioteca J.P.F. sala TIC. “La tierra y la sombra” – César Augusto Acevedo (2015)
    • Martes 18 de abril, 7 p.m. biblioteca J.P.F. sala TIC. “La playa D.C.” – Juan Andrés Arango (2012)
    • Martes 25 de abril, 7 p.m. biblioteca J.P.F. sala TIC. “Tierra en la lengua” – Rubén Mendoza (2014)
  • Finalmente, el 9 de abril se hará una jornada conmemorativa, desde las 9:00 a.m. hasta la 1:00 p.m. en el Malecón, frente al Pueblito Pepsi
  1. Una Parada Cultural de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas desde las 9:00 a.m. hasta la 1:00 p.m.
  2. Teatro
  3. Muestra audiovisual
  4. Talleres y premiación del Filminuto.

Publicado en Noticias CNMH


FARC


Farc

Representando el conflicto: Noche de Estrellas

Noticia

Autor

Pablo Burgos

Fotografía

Pablo Burgos

Publicado

16 Ago 2018


Representando el conflicto: Noche de Estrellas

Noche de Estrellas, que se estrena el próximo 18 de agosto, es un corto audiovisual dirigido por Pablo Burgos, el cual personifica uno de los temas más crueles del conflicto armado en  el corregimiento de Puerto Venus,  municipio de Nariño, Antioquia: el asesinato, por parte de las FARC, de José Bianey Montoya uno de los jóvenes más queridos dentro de la comunidad.


En el transcurso de dos años se realizaron talleres de formación actoral con los habitantes del corregimiento de Puerto Venus. La dedicación, ganas y convicción por representar lo que la guerra había hecho con ellos, los llevó a convertirse en los protagonistas de este corto audiovisual que retrata una historia sobre lo que la guerra provocó en el municipio de Nariño. Y es que según el Registro Único de Víctimas, entre 1997 y 2005 fueron asesinadas 907 personas en Nariño, Antioquia.

Hablar del municipio de Nariño, en Antioquia, es relatar la crudeza de la guerra. Es escuchar los relatos de sus habitantes recordando cómo la violencia se apoderó del municipio. En 1999, por ejemplo, la guerrilla de las FARC cometió una toma, a sangre y fuego, donde cerca de 300 hombres fuertemente armados atacaron al pueblo y destruyeron la Alcaldía, la estación de policía y asesinaron a 16 personas entre el 30 de julio y el 1 de agosto. Elda Neyis Mosquera García, alias ‘Karina’, ex jefe guerrillera del frente 47 de las FARC fue la responsable de esta masacre.

El dolor de los habitantes de Nariño se ha transformado en esperanza. Un ejemplo de ello es Noche de Estrellas que surge de una iniciativa de creación colectiva de la comunidad del corregimiento de Puerto Venus, dentro de su proceso de reparación colectiva. En el documental actúan jóvenes de Nariño mientras de fondo se va escuchando la voz de Roberto Montoya a quien la guerrilla le asesinó su hijo José Bianey Montoya en el año 2002. Su voz pausada relata lo que la guerra nos ha quitado, pero al mismo tiempo es la esperanza por un nuevo país. “A mí me tocó ayudarle a mi hijo al buen morir”, dice Roberto, “mi Dios me dio valor”.

De este modo del 17 al 19 de agosto se llevará a cabo la muestra audiovisual “Noche de estrellas”, en Puerto Venus, Antioquia. Una iniciativa propuesta y realizada por la comunidad y la Corporación Cinema Realidad, con apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica. Allí será presentado oficialmente el corto que relata esta historia del municipio de Nariño, además de otras piezas audiovisuales realizadas a nivel nacional que dan cuenta del conflicto y la memoria en el país.

Vea la programación completa de la muestra de cine en Puerto Venus, Antioquia

 

Publicado en Noticias CNMH


Cine, Farc

“Necesitamos que se proteja el acuerdo de paz”: líderes de Bojayá

Noticia

Autor

Harold García

Fotografía

Harold García

Publicado

23 Oct 2018


“Necesitamos que se proteja el acuerdo de paz”: líderes de Bojayá

Tres representantes de este municipio chocoano viajaron hasta Bogotá para realizar un plantón en la Plaza de Bolívar, en rechazo al recrudecimiento de la violencia en su región y al incumplimiento del Estado con las víctimas. Además, pidieron que no se desechen las negociaciones con la guerrilla del ELN.


Andamos pa´ arriba y pa´ abajo en busca de felicidad
Pa´ ver si este presidente nos da el proceso de paz
Con qué, con qué, con qué, con qué corazón lo haré
Cantamos los alabados en el proceso de paz
Pa´ ver si este presidente nos quiere colaborar
Señores grupos armados, nosotros queremos paz,
por allá de nuestra región no nos vayan a sacar

Fragmento de los Alabaos compuestos y cantados por las cantaoras Luz Marina Cañola y Celestina Palacios Palacios

“Nuestras comunidades siguen viviendo situaciones de violencia, confinamiento, asesinatos, restricción a la movilidad, violaciones, y una serie de cosas que no estamos prestos a aceptar después de haber luchado por un acuerdo de paz”, dijo Leyner Palacios, líder de Bojayá (Chocó), el pasado 2 de octubre desde la Plaza de Bolívar de Bogotá. Detrás de él, la estatua de El Libertador y bajo sus pies, sobre una manta blanca, rodeado de velas de colores y una decena de flores, se encontraba el Cristo mutilado de Bojayá, uno de los símbolos trágicos de las barbaries de la guerra en Colombia.

Cristo que el 2 de mayo del 2002 resistió a la masacre de 79 personas que estaban dentro de la iglesia de Bellavista (Bojayá), cuando estalló un cilindro bomba lanzado por las FARC; y que acompañó al Papa Francisco en una eucaristía celebrada en Villavicencio el 8 de septiembre del 2016, a la que asistieron más de cinco mil personas, la mayoría de ellas víctimas de la guerra. “El Cristo de Bojayá no tiene piernas, pero camina con nosotros… hemos venido aquí en busca de varias cosas. La primera tiene que ver con que se reconozcan los derechos de las víctimas de Bojayá y se posibiliten garantías de no repetición”, señaló Leyner Palacios.

Lea también: “El Cristo de Bojayá, sobreviviente de la masacre del 2 de mayo, presidirá Eucaristía del Papa”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leyner Palacios, líder de Bojayá, en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Fotografía: Harold García/CNMH

Bojayá, al ser testigo directo de uno de los episodios más crudos de la guerra; se convirtió en un caso emblemático de lucha y resistencia. Durante los diálogos de paz entre el Gobierno y la antigua guerrilla de las FARC, se realizaron diferentes encuentros buscando acuerdos hacia el trámite de la reparación a los habitantes de esta región.

A finales del 2014 varios de los jefes negociadores de esa guerrilla se reunieron en La Habana con representantes de las víctimas de Bojayá, donde, según Jorge Torres Victoria, alias ‘Pablo Catatumbo’, inició la solicitud de perdón por el daño causado. Un año después, el 6 de diciembre del 2015, dentro del acto de reconocimiento de responsabilidad de las FARC por la masacre de Bojayá el exjefe guerrillero José Lisandro Lascarro -conocido con el alias de ‘Pastor Alape’- viajó hasta Bellavista y ante la comunidad en pleno solicitó el perdón por la explosión del cilindro bomba que cambió para siempre el destino de esta población y de la región.

Bellavista y su Cristo, fueron también testigos de las promesas de un Nobel de Paz y las posteriores firma del acuerdo de paz en el 2016; e igualmente del primer Plan Integral de Reparación Colectiva para la población, firmado a comienzos de este 2018. Pero este mismo año, ha sufrido cómo la situación de violencia en el pacífico se agudizó. Los grupos disidentes de la guerrilla de las FARC, el ELN y las bandas criminales, volvieron a dejar a la comunidad en medio del fuego cruzado por el control del territorio; y el regreso de las amenazas y los asesinatos selectivos.  

Por ello, Leyner, quien viajó a Bogotá junto a las cantaoras Luz Marina Cañola y Celestina Palacios, tenía claro que su misión más importante era contarle al país lo que está pasando en su territorio. “No podemos permitir que se pierda todo lo que hemos avanzado”, dijo, y luego denunció que su región se encuentra en un “abandono permanente”. 

 

Luz Marina Cañola y Celestina Palacios, Cantaoras. Fotografía: Harold García/CNMH  

Lea también: Pogue: la memoria hecha de cantos

 

Tal abandono se manifiesta en hechos como los de mayo pasado, cuando la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) señaló que en Bojayá existía “un riesgo de desplazamiento masivo, en caso de continuar las acciones armadas”, lo cual se sumaba a un “aumento en la presencia de los actores armados no estatales, en lo corrido del 2018”. Según este documento, 2.030 personas de esa región tenían restricciones en la movilidad por los combates y las amenazas recurrentes.

“Vemos la necesidad de que el país transite por una vía negociada del conflicto armado. La invitación la hacemos claramente para que se le dé continuidad a los acuerdos con el ELN y también que se le dé continuidad al sometimiento de las bandas criminales o de paramilitares que hay en los territorios y que están afectando la tranquilidad de las comunidades”, dijo Leyner, con la voz de un líder que sigue creyendo y luchando por la paz.

Leyner Palacios indica que los Planes de Desarrollo Territorial son una oportunidad para reclamarle y exigirle al Estado que cumpla sus deberes en salud, educación, vivienda, carreteras. Según el Plan de Desarrollo 2016-2019 del municipio de Bojayá; aunque el desplazamiento forzado constituye la principal violación a los derechos humanos, se reconoce que existen otras situaciones que vulneran los derechos de los pobladores como la deficiente prestación del servicio de salud, la falta de acceso a un salario mínimo y la inseguridad alimentaria.

Finalmente, Leyner reitera dos puntos claves en su reclamación: la atención psicosocial para los pobladores y la exhumación de los cuerpos de todas las personas que murieron el 2 de mayo del 2002 en curso por Medicina Legal y Fiscalía General de la Nación.

En Bojayá el dolor no ha sido impedimento para seguir adelante. Con la fuerza, hoy su comunidad hace un urgente llamado para que la historia de dolor de su pueblo no se repita. “Necesitamos que se implemente todo el sistema de Verdad Justicia y Reparación. Sabemos que son programas que aún hoy están desfinanciados… Necesitamos que se proteja el acuerdo de paz… Ya avanzamos y no queremos retroceder”, puntualiza Leyner Palacios; acompañado de la voz de las cantaoras y de toda una comunidad que a pesar del conflicto latente, le sigue cantando a la paz

Hace 500 años
Sufrimos este gran terror
Pedimos a los violentos
Que no más repetición
Santa María danos la paz
Santa María danos la paz

Estribillo extremo a extremo
Nosotras queremos paz
Y por estas alabanzas
Es que hemos venido acá

Fragmento del Alabao por la paz, 26 de septiembre de 2016.

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Publicado en Noticias CNMH



Acuerdos de Paz, Bojayá, Eln, Farc

Tres iniciativas de excombatientes que están construyendo paz con arte

Noticia

Autor

Camilo Ara

Fotografía

Camilo Ara

Publicado

18 Feb 2019


Tres iniciativas de excombatientes que están construyendo paz con arte

Los invitamos a recorrer tres proyectos de memoria histórica, que nacieron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación para exmiembros de las Farc. Un documental, una obra de teatro y unos murales, que narran tres visiones de la vida después de las armas.


Los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), para excombatientes de las Farc, se han convertido en lugares de encuentro y creación. Allí, algunas personas han dado, literalmente, un paso de las armas al arte para contarle al país que es posible convivir sin hacernos daño, sin matarnos los unos a los otros.

El Centro Nacional de Memoria Historia (CNMH), por medio de las Iniciativas de Memoria, acompañó durante 2018 tres proyectos artísticos desarrollados por excombatientes de esa guerrilla. Con cámaras de video, brochas, pintura y danza, estas personas narraron su pasó de la violencia a la convivencia.

Un documental

  • Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.

  • Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.

  • Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.

  • Mural en el parque central de Orito, Arauca.

Una mujer joven sonríe, alza un bebé. Es un niño. También sonríe. Son madre e hijo. Ella relata su historia de vida: el antes, el durante y el después de ingresar a la guerrilla de las Farc, las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. Sentada, ahí, ahora como excombatiente, comparte sus relatos y hace memoria.  

—Nosotras que somos las protagonistas de esta lucha, que hemos estado allí… además de ser mamás también podemos ayudar a construir una sociedad nueva.

Es Yorli. Habla sin disimulo, mirando fijamente a la persona que la está entrevistando. Su relato, junto al de otras cuatro compañeras y la hija de dos exintegrantes de las Farc, hacen parte del documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”. Seis historias de vida y un único propósito: visibilizar las distintas experiencias y trayectorias de las mujeres en la guerra y su paso a la vida civil. El adiós a las armas. Un documental hecho por ellas, producto de un proceso de encuentro, escucha y conversación.

Los acentos marcados, las diferentes entonaciones, dejan ver que son de latitudes distintas. También sus rasgos muestran la diversidad de Colombia: indígena, afro, mestizas. Todas coinciden en que quieren convivir como iguales. Ese mensaje también lo han enviado otras decenas de mujeres que pertenecieron a esa guerrilla. Según el Censo socioeconómico de las FARC, realizado en el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia a 10.015 exguerrilleros, las mujeres representaban el 23% en ese grupo armado.

Las memorias de Mariana, Patricia, Esther, Nancy, Yorli y María Alejandrareflejan los deseos de muchos, que vivieron inmersos en confrontaciones armadas. De mujeres que desean convivir en un país en paz, donde quepan las diferencias, donde no se extermine al que piensa diferente. “Nosotras como mujeres nos interesa mucho aportarle la verdad desde lo que fue nuestra vida militante. No todas las mujeres que hicimos parte de las Farc nos alzamos en armas, otras cumplían más unos papeles de tipo político y clandestino, entonces también decidimos que estas mujeres merecían ser reconocidas… Por eso decimos ‘adiós a la guerra’, dejar atrás las armas y hacer política por las vías legales”, explica Liliany Obando, gestora de la iniciativa “Nunca invisibles”.

Vea el documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”.

A 750 kilómetros al norte del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño (Icononzo, Tolima), donde estas mujeres grabaron “Nunca invisibles”, se encuentra otra experiencia de arte realizada por excombatientes. Está en Arauquita, municipio de Arauca. Allí se escucha en coro decir:

Comenzamos esta noble historia
que pasó en la vida de Colombia.
De la guerra venimos
y a la paz caminamos,
pero para ello reclamamos
nos presten toda su atención…
y al final sólo esperamos
que al comprender lo sucedido,
logremos entre todos…
la reconciliación.

Se trata de la iniciativa de memoria “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, realizada por miembros del ETCR Martín Villa. “Araucando” es un neologismo: una palabra creada por los integrantes de este proyecto, para nombrar lo que hacían en búsqueda de la reconciliación. Una metáfora basada en dejar las armas para empuñar guitarras, tambores y pinturas, que invitan a trabajar desde la diversidad y el reconocimiento del otro a pesar de las contradicciones. “A través de la cultura hemos ido a muchas partes y hemos dado a conocer qué clase de personas somos y no como la humanidad creía que éramos. No somos inhumanos”, dice Alcides Silva, un afro con mostacho y mirada perdida.

Luego de un proceso de formación y reflexión sobre memoria histórica, nació la idea de una obra de teatro. “El montaje es una alegoría de vivencias de la guerra y la paz, en la que se muestran acontecimientos claves de la vida de tres excombatientes en el tránsito hacia este camino: dejación de armas, entrega colectiva de elementos u objetos de guerra y encuentro con sus familias. A través de ellos, van narrando sus vivencias en el marco del conflicto armado, mientras se ven enfrentados al dilema de continuarlo o tomar el camino de la paz”, explican los autores de este proyecto en el cuaderno “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, que también surgió en este proceso.

Richard Díaz, gestor de esta iniciativa de memoria, asegura que “a través del arte podemos aportar a la transformación política y social de país, en este caso de forma coyuntural al proceso de paz que estamos llevando a cabo. El arte ayuda a desinhibirnos; ayuda a terminar con temores de vernos al interior, de reflexionar, de acercarnos al otro. Nos ponemos en los zapatos del otro”.

Vea el vídeo en el siguiente enlace sobre esta iniciativa.

Unos murales

Al otro extremo del país, pasando de norte a sur, en Putumayo, está la fundación Caracolas de Paz. Allí, un grupo de mujeres viene trabajando (de la mano de la fundación Inty Grillos y habitantes del ETCR Heiler Mosquera de La Carmelita) en la iniciativa “La ruta del color y la memoria”: una intervención del espacio público a través de murales, que narran las historias de las personas LGBT en la guerra y que invita a los caminantes a hacer una reflexión sobre la reconciliación y la convivencia. Parte de las mujeres de este grupo se reconocen como mujeres lesbianas víctimas del conflicto armado.

Esta iniciativa posibilitó encuentros entre habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación “Heiler Mosquera” de La Carmelita, y miembros de los sectores LGBT de Orito, Puerto Asís y Sibundoy. Diálogos que por décadas se pensaron imposibles, que permitieron reconocer los dolores y sufrimientos vividos en la guerra. En esos encuentros se exaltó, principalmente, la apuesta común por construir “una sociedad sin discriminaciones por razones de género, orientación sexual ni ideología política”, explica un cuadernillo que realizó la iniciativa.

Estas galerías a cielo abierto son otra prueba del arte como vehículo sanador de los odios y las marcas de la violencia, como una herramienta para la transformación social. “Este fue el escenario de un encuentro impensado en años atrás, de miradas que se cruzaron en un principio desde los recelos acumulados por la guerra, pero que terminaron en abrazos y sonrisas después de jornadas de trabajo que, desde el juego, el arte y la creatividad, activaron memorias individuales y colectivas que se entrelazaron en la construcción de cuatro murales pintados a múltiples manos”, explica La Ruta del Color y la Memoria.

Las enseñanzas

Durante décadas el país se dividió a causa de la violencia. La guerra nos envolvió en odios, rencores y muerte. Y muchos creyeron que el único camino para lograr sus objetivos, era el exterminio inequívoco de la diferencia. Pero hoy, después de que la guerrilla más longeva de Sudamérica dejó las armas, se abrieron nuevos caminos. Y ejemplo de ello ha sido el trabajo realizado con las experiencias artísticas de los excombatientes por medio de las Iniciativas de Memoria del CNMH.

Estas iniciativas nos han permitido tener “la certeza de la humanidad de los excombatientes y las excombatientes”, como explica Vladimir Melo, coordinador de las Iniciativas de Memoria del CNMH. Y continúa diciendo, que estos proyectos son una oportunidad para “reconocer a los guerreros como seres complejos en sus motivaciones, experiencias, expectativas. La importancia de construir una memoria plural, que integre las voces y los relatos de las distintas personas que han participado en el conflicto armado, para poder escucharnos y hacer viable la paz”.  

La semilla ya está sembrada y depende de la voluntad activa de la sociedad en general, para que ese proceso de germinación llegue a buen puerto. “Debemos darnos la oportunidad de escuchar las voces de quienes vivieron la guerra desde el otro lado. Por eso la memoria debe ser una aliada para la paz y la reconciliación; debe ser un puente que permita acercar a las víctimas y a los excombatientes en el propósito de comprender lo que pasó, y así aportar a la verdad, a la justicia, a la reparación simbólica y a la no repetición de los sufrimientos y crímenes que marcaron el doloroso camino del conflicto armado”, concluye Helga Bermúdez, investigadora del CNMH.

 

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Arte, Teatro, Cine, Memoria, Excombatientes, Farc


Arte, Cine, Excombatientes, Farc, Memoria, Teatro

“Que nos escuchen, conozcan cada testimonio y se pongan en el lugar de cualquier víctima”

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Autor

Daniel Sarmiento

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

09 Abr 2019


“Que nos escuchen, conozcan cada testimonio y se pongan en el lugar de cualquier víctima”

Con motivo del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, este 9 de abril se reunieron representantes de la Corporación Rosa Blanca, una organización que reúne a más de 1.200 mujeres y hombres víctimas de violencia sexual por excombatientes de las Farc, junto a directivos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en la sede de esta entidad, en Bogotá.


Durante la reunión, además de escuchar los relatos de las víctimas, se expusieron ideas para trabajar conjuntamente en el desarrollo de una iniciativa de memoria que las visibilice. 

La Corporación Rosa Blanca se conformó en diciembre de 2017 con 25 mujeres que fueron víctimas de violencia sexual, durante el reclutamiento infantil que vivieron por parte el la exguerrilla de las Farc. 

Públicamente, Rosa Blanca, ha denunciado ante el Congreso de la República que los delitos sexuales cometidos contra sus integrantes por comandantes y guerrilleros sean sancionados por la Justicia Penal Ordinaria y que no tramitados por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). 

Yudi Tovar, fundadora de la Corporación, subrayó que su reclutamiento se dio a los 16 años en el corregimiento de Herrera, Tolima. Durante el año que pasó en las filas de las Farc, añadió, fue víctima de múltiples violaciones por parte de comandantes y guerrilleros. 

Luego de su escape a Bogotá, a los 17 años, decidió volver a organizar su vida y con el tiempo hizo visible su caso a través de la Corporación Rosa Blanca. Sin embargo, al exponer públicamente su historia de vida ha recibido varias amenazas. 

El Informe La guerra inscrita en el cuerpo, del Centro Nacional de Memoria Histórica, analizó 277 casos de violencia sexual en el marco del conflicto armado. La exguerrilla de las Farc aparece como perpetradora en 37 (13%); una guerrilla sin especificar, en 45 (16,2 %) y un actor armado sin identificar, en 35 (12,6%). 

De igual forma, según el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del Centro Nacional de Memoria Histórica 17.778 niños, niñas y adolescentes fueron reclutados y utilizados por los grupos armados legales e ilegales. El 25,89% corresponde a niñas y adolescentes mujeres, mientras que el 71,27% a niños y adolescentes hombres. El OMCestableció, además, que de ese total 4.857 pertenecieron a las guerrillas y 1.581 a los paramilitares.

Como Yudi, las mujeres que pertenecen a la Corporación Rosa Blanca piden que sean escuchadas y que los exguerrilleros acepten que sí cometieron esos crímenes como parte de tranquilidad. “Yo quisiera verlos decir “sí, lo hicimos, le pedimos perdón” porque nosotros no merecíamos eso”, acotó Tovar. 

Como muestra de su compromiso con la construcción de memoria histórica del país, Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), escuchó sus peticiones y recibió un collar hecho con chupos para bebés, como símbolo de los abortos forzados a los que fueron sometidas miles de niñas y mujeres del país. 

Ante esto, Acevedo afirmó que “el CNMH recoge este tipo de símbolos por su alto valor de carácter humanitario”. 

“Debemos contribuir a que el dolor de ustedes cese, sea elborado en un duelo, y la mejor manera es hacerlo a través de la memoria, con ánimo de justicia y verdad”, destacó el director.

Por lo pronto, las víctimas de los crímenes sexuales cometidos por las Farc solo esperan que la sociedad en su conjunto reconozca sus testimonios como un aporte a la verdad. “Que nos escuchen, que conozcan cada testimonio y que se pongan en el lugar de cualquier víctima. De las Farc, o del Estado o de los paramilitares. Ojalá no nos vean como enemigas de la paz. Nosotras la anhelamos, pero con una verdad”, afirmó Tovar.

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9 de Abril, Corporación Rosa Blanca, Farc, JEP, Víctimas

Se inauguró en Cali ¡Suenan por ti!

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

12 Abr 2019


Se inauguró en Cali ¡Suenan por ti!

El pasado 11 de abril, en la Asamblea Departamental de Cali, se lanzó la exposición de memoria histórica ¡Suenan por ti!, sobre el secuestro, por parte de la guerrilla de las FARC, de 12 diputados de la Asamblea del Valle del Cauca, y el posterior asesinato de 11 de ellos (el único sobreviviente fue Sigifredo López). En esta muestra también se recuerdan las memorias del subintendente Carlos Alberto Cendales, el conductor Walter López, y el camarógrafo de la cadena RCN Héctor Sandoval, quienes fallecieron en el operativo del secuestro, en 2002.


Esta exposición, que será exhibida durante todo 2019 en la sede de la Asamblea Departamental en Cali, es el último de tres productos comunicativos, que también incluyen el libro El caso de la Asamblea del Valle: tragedia y reconciliación y la serie documental Somos más que 11. Con ellos, el Centro Nacional de Memoria Histórica busca visibilizar la compleja historia del secuestro de los diputados del Valle en 2002, así como lo que significaron para los secuestrados, sus familias y el país entero cinco años de cautiverio.

En la muestra también se narra el desenlace de este hecho: el desconcertante asesinato de los diputados en 2007, que no es del todo un final, sino la oportunidad para encontrar un camino de reconciliación. 

Les invitamos a conocer más a fondo esta historia en el especial digital El caso de la Asamblea del Valle. A través de perfiles escritos, crónicas audiovisuales y un informe detallado, podrán recorrer los hechos más relevantes del caso de la Asamblea del Valle: el minuto a minuto del secuestro, la lucha incansable de los familiares por un acuerdo humanitario, las masivas movilizaciones ciudadanas, la noticia del asesinato, el duelo y el cara a cara con los victimarios.

Esta es la voz de las familias que vivieron el drama del secuestro durante cinco años y que nunca dejaron de buscar la libertad para sus seres queridos.

Los invitamos a conocer el micrositio “El caso de la asamblea del Valle“.

 

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Asamblea Departamental de Cali, Asesinato, Diputados del Valle, Farc, Memoria Histórica, Secuestro

Bojayá: 17 años después, el clamor es el mismo

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Juan Sanabria

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Juan Sanabria

Publicado

02 May 2019


Bojayá: 17 años después, el clamor es el mismo

A las 10 de la mañana del 2 de mayo de 2002, un cilindro-bomba lanzado por la antigua guerrilla de las Farc perforó el techo de la iglesia San Pablo Apóstol, en Bojayá. En el lugar se refugiaban centenares de personas. El resultado: 79 fallecidas (48 de ellos niños y niñas), alrededor de 100 lesionados, el desplazamiento de 1.744 familias y grandes fracturas sociales. 


Hoy se conmemoran 17 años de esta masacre que enlutó al país, un episodio en el que el pueblo bojayaseño, en el Medio Atrato chocoano, quedó entre el fuego cruzado de las confrontaciones que venían sosteniendo, allí, el frente móvil José María Córdoba, de las Farc, y el bloque Élmer Cárdenas de las ACCU.

En fechas como hoy los pobladores del municipio de Bojayá harán la acostumbrada procesión que año tras año realizan y que luego se acompaña del retorno al antiguo Bellavista, es decir, la cabecera municipal en donde todo ocurrió, ese 2 de mayo del 2002.

  • Hoy se hará una eucaristía que incluirá los alabaos y gualíes, cantos tradicionales a capela del pacífico colombiano que se interpretan en rituales mortuorios

  • “La comunidad tiene un proyecto de memoria con 11 componentes museísticos que busca, entre otras, reorganizar la iglesia”, Elizabeth Álvarez del Comité de Víctimas de Bojayá.

  • El Cristo mutilado es el ícono de las víctimas a través del cual, pese a los hechos sucedidos, mantienen su unidad simbólica. Es un referente de la trayectoria personal y colectiva de este pueblo en el antes, el durante y el después de la masacre.

  • Acto de perdón de las Farc en Bojayá. Fotografía tomada la Comisión Interclesial de Justicia y Paz.

  • Para, los pobladores las acciones desplegadas hasta el momento son precarias y no han logrado remediar lo que está pasando.

Para los sobrevivientes, el transitar por las ruinas del antiguo centro de salud, el Colegio Departamental César Conto, la casa de las hermanas Agustinas y la iglesia San Pablo Apóstol, hoy en día certificada como santuario, les sigue generando emociones como nostalgia y tristeza, pero a la vez, se ha vuelto en un cuadro que los invita a seguir resistiendo, recordando y clamando por derechos y garantías de no repetición (Escuche www.soundcloud.com/rruc/cnmh-bojaya).

Esa es precisamente la intencionalidad de la conmemoración de este año. “Queremos hacerle ver a la institucionalidad que nosotros deseamos que no se vuelvan a repetir estos hechos ni en Bojayá, ni en el Chocó, ni en cualquier lugar del mundo”, asegura Elizabeth Álvarez, miembro del Comité de Víctimas de Bojayá.

Y es que, tras la dejación y entrega de armas de las Farc, el Eln y el Clan del Golfo han venido disputándose este punto estratégico a orillas del Río Atrato. El municipio río abajo va en dirección del golfo de Urabá y aguas arriba se encuentra con Quibdó que está a 188 kilómetros.

En 2015, Pastor Alape encabezó un acto en el que las Farc reconocieron su culpabilidad y pidieron perdón por lo ocurrido el 2 de mayo del 2002.

La justicia condenó al Gobierno de la época por no garantizar la protección de la población, que aún espera más acciones de reparación. Fueron ocho alertas tempranas las que advirtieron la inminencia de un ataque sobre el centro poblado de Bellavista.

Los asesinatos, el confinamiento, los desplazamientos masivos, la necesidad de ayudas alimentarias, la siembra de minas antipersonal y el reclutamiento de menores, han vuelto a ser situaciones que afectan la cotidianidad de un pueblo afro, mestizo e indígena que cree y le apuesta a la paz y la reconciliación. La situación más dramática se está viviendo en las comunidades del occidente del municipio. Allí, los grupos al margen de la ley tienen afectadas las actividades económicas que les dan el sustento alimentario a los pueblos indígenas que habitan la zona.

Así pues, entre las actividades que se desarrollarán hoy para conmemorar la fecha están la realización de un foro para discutir sobre las realidades del municipio, la proyección del más reciente documental “El Testigo” de Jesús Abad, y la reunión entre todas las familias que tuvieron víctimas fatales de este hecho dentro de su núcleo familiar.

Esa reunión de las familias cobra mayor relevancia este año, pues representantes de la institucionalidad del Estado, como la Fiscalía y Medicina Legal, le expondrán y resolverán inquietudes al Comité de Víctimas del municipio sobre la exhumación de los cuerpos, uno de los puntos que para los bojayaseños es indispensable con el fin de lograr su reparación individual y colectiva.

Notas relacionadas:

Conozca de la importancia simbólica de Pogue-Bojayá en el contexto de post acuerdo en el documental: Voces de Resistencia Volumen 1: Cantadoras de Pogue:

 

 

 

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Bojayá, Chocó, Farc, Memoria, Paz, Reconciliación


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