Etiqueta: JEP

El CNMH entrega sus informes a la JEP

Noticia

Autor

Daniel Sarmiento

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

16 May 2018


El CNMH entrega sus informes a la JEP

Lugar:  JEP Cra. 7 #63-44, Bogotá
Fecha: 17 de mayo de 2018
Hora: 10:00 a.m.


En 2011, el Congreso de la República aprobó la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448) que ubica a las víctimas del conflicto armado en el centro de los esfuerzos emprendidos por el Estado colombiano en el proceso de justicia transicional en curso. Es en el marco de esa ley que se crea el Centro Nacional de Memoria Histórica.

Hoy, el Centro Nacional de Memoria Histórica quiere hacer entrega de los informes fruto de estos años de trabajo con las víctimas del conflicto armado, para poner su actividad al servicio de la nueva institucionalidad de la Justicia Especial para la Paz, comprometida con una justicia con memoria, y sin olvido como elementos centrales de la transición hacia la reconciliación. El Centro quiere además visibilizar la voz de las víctimas quienes demandan no solo memoria, sino también justicia; una justicia que les permita a ellas y a la sociedad entera comprender por qué ocurrieron los hechos e identificar quiénes fueron los responsables; una justicia que lleve a esos responsables a rendir cuentas y a asumir, sin atenuantes, la responsabilidad moral y material por todo el daño causado; y una justicia vigilante que encamine a esos mismos responsables a comprometerse genuinamente con la reparación de sus víctimas. 

Los aportes

Hace 10 años, el país no conocía las dimensiones de esta guerra, ni sus niveles de degradación. Tampoco reconocía los daños e impactos sobre el tejido social y sobre las comunidades campesinas, indígenas o afrocolombianas. Menos aún admitía las huellas de la violencia dejadas en mujeres, niños y niñas, personas pertenecientes a los sectores LGBT, los adultos mayores, o aún sobre los propios combatientes.

Estos desconocimientos, acompañados en ocasiones de minimizaciones ofensivas, se fueron impugnando gracias al valor de las víctimas, sus organizaciones, y los movimientos sociales que han luchado contra la impunidad y el silencio. El CNMH, ha sumado a ellos sus esfuerzos a fin de contribuir a romper el silencio y la negación, y a concientizar a todos los colombianos sobre la magnitud y complejidad del conflicto armado y la violencia.

En los 80 informes que ahora el CNMH entrega a la Justicia Especial para la Paz (JEP) resuenan las voces de las víctimas y se plasman los esfuerzos de los equipos interdisciplinarios que buscan ofrecer información y análisis de contexto que puedan ser útiles para la realización de la enorme tarea que le espera a la JEP. 

Algunos de estos esfuerzos se han centrado en esclarecer y comprender cada modalidad de violencia ocurrida en el marco del conflicto armado (desaparición forzada; violencia sexual; minas antipersona; tomas y ataques guerrilleros; masacres; secuestros, por mencionar algunos); otros han buscado dar cuenta de las dinámicas de violencia y resistencia en contextos regionales precisos (Medellín, Catatumbo, Montes de María en curso), mientras otros buscan dilucidar las trayectorias de cada uno de los actores armados (FARC, Bloques de las Autodefensas, Grupos Armados Posdesmovilización), o los factores dinamizadores subyacentes al conflicto armado (las luchas y conflictos por la tierra; y las lógicas de estigmatización y persecución política, por ejemplo). Un  conjunto importante se ha centrado en comprender las afectaciones y las lógicas que dinamizan la violencia contra sujetos victimizados específicos (mujeres, personas de sectores LGBT, comunidades campesinas, comunidades étnicas, niños y niñas, corrientes políticas). 

En todos estos esfuerzos de esclarecimiento y construcción de memoria histórica, la voz de las víctimas ha sido central y ha permitido que los informes pongan al descubierto las responsabilidades de todos los actores involucrados directa o indirectamente en el conflicto armado. Son estos testimonios el motor para desentrañar alianzas, actores y condiciones sociales, políticas, económicas y culturales subyacentes a la guerra.

Hoy el Centro, con esta entrega, quiere poner estos resultados al servicio de la paz y de una justicia orientada al esclarecimiento y la reparación integral de las víctimas.

Estas publicaciones y todos los productos que ha elaborado el CNMH son de acceso libre y pueden ser consultados y descargados en la página web: www.centrodememoriahistorica.gov.co También se encuentran en las bibliotecas del país.

Consulta la lista completa de los informes entregados a la Justicia Especial para la PAZ (JEP).

Publicado en Noticias CNMH


JEP


JEP

La memoria y la justicia

Noticia

Autor

Gonzalo Sánchez Gómez

Fotografía

Maria Paula Durán

Publicado

18 May 2018


La memoria y la justicia

Palabras en entrega de Informes del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)   a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)


La memoria y la justicia suelen ser percibidas en diferentes contextos y tradiciones intelectuales de forma antagónica. En los estados totalitarios, la politización judicial, que de hecho tiene lugar, se presta para asociar el aparato judicial a la condición de un simple agente de victimización, más que de protección de derechos. En ese tipo de regímenes, la memoria se proyecta como un lugar de denuncia y resistencia, donde se hacen visibles las impunidades y las responsabilidades criminales y políticas involucradas. La justicia como otro lugar de la opresión, y la memoria como sustituto de la justicia extraviada, resumen de esa contraposición.

En la otra orilla del espectro de tensiones entre la justicia y la memoria, y en un contexto de diferente naturaleza al mencionado anteriormente, la memoria puede constituirse en un grave impedimento para el despliegue de la justicia.  La memoria justiciera que enarbola como lema el ojo por ojo, diente por diente, se contrapone a un accionar ponderado de la justicia, en el cual las responsabilidades y las penas se establecen dentro de una lógica de protección de los derechos de toda la ciudadanía, incluidos los de quienes han sido sus violadores. Mientras la memoria en este caso reclama venganza como rasero de acción punitiva, la justicia defiende derechos.

Ahora bien, estos dos diferentes tipos de antagonismo distan de ser una fatalidad, si bien nos alertan sobre los peligros de la simplificación de la comprensión de las relaciones entre justicia y memoria, como dos opuestos sin más.

En Colombia, las dinámicas que han seguido justicia y memoria no han estado exentas de conflicto. Es sabido que la impunidad en nuestro país, ha sido a menudo no solo una demostración de incapacidad del sistema judicial para enfrentar los elevados niveles de criminalidad y de violencia, sino que la impunidad ha operado muchas veces como parte de un engranaje delictivo de gran envergadura. Con todo, de manera progresiva y en el marco de la creación de una nueva institucionalidad, desde la Ley de Víctimas, y ahora en el marco del proceso de paz adelantado por el gobierno nacional, se ha venido generando una aproximación productiva entre los dos escenarios de esclarecimiento, que hay que celebrar.

En el desarrollo concreto de estas relaciones la documentación judicial, por un lado, se ha convertido en un insumo y en un objeto de análisis importante para la reconstrucción de la memoria histórica, como lo ilustran los informes sobre justicia y paz realizados por el propio CNMH y que hacen parte del acumulado que hoy ponemos a disposición de la JEP.

Por otro lado, los informes de memoria histórica se han convertido a su vez en soporte importante de la acción judicial. De hecho, el CNMH ha producido una serie de informes como parte de medidas de reparación, a solicitud de fiscales, entre otros, Recordar para Reparar, sobre las masacres de Matal de flor Amarillo y de Corocito en Arauca; y La Justicia Que Demanda Memoria, las víctimas del Bloque Calima en el suroccidente colombiano. A esto se suma la incorporación en los fallos judiciales en el plano nacional, y en instancias internacionales como la CIDH, de los contenidos de los informes sobre las masacres de Trujillo, Segovia, la Rochela, el Salado, el Placer etc.

En el escenario de la justicia transicional, en el que se inscribe la JEP, la comprensión de la violencia del conflicto armado dentro de lógicas judiciales como crímenes de sistema, macrocriminalidad, máximos responsables, permite redimensionar el trabajo de esclarecimiento realizado desde Memoria Histórica. En consecuencia, la apuesta que hacemos pública hoy, es la de una invitación al trabajo complementario entre la justicia y la memoria, entre la JEP y el CNMH, sin que ninguno de los dos campos o instancias pierda su sello diferencial.

Ese es el propósito que nos alienta al hacer entrega a la JEP de los informes de acceso público, realizados por Memoria Histórica a lo largo de los últimos diez años, en torno al esclarecimiento de las lógicas del conflicto armado, como un aporte significativo a la inmensa tarea que afronta la Jurisdicción Especial para la Paz. Confiamos en que el análisis de los actores armados, de las diferentes modalidades de victimización, el esclarecimiento y la comprensión de los contextos, las dinámicas territoriales, y el establecimiento de los daños, aspectos todos ellos abordados por el CNMH en sus diferentes informes, habrán de constituirse en insumo para la construcción de la verdad judicial, que tantas expectativas genera no solo en las víctimas, sus principales destinatarias, sino en la sociedad en general.

Ahora bien, no obstante estas líneas de colaboración, es importante reconocer y construir las diferencias entre la verdad judicial y la memoria histórica, sus propósitos específicos y los tipos de relaciones, particularmente con las víctimas. La verdad histórica y la verdad judicial siguen distintas lógicas y sentidos, se asientan en diferentes metodologías y escenarios, y tienen diferentes protagonistas. La memoria, más que a individualizar, apunta abiertamente a desentrañar responsabilidades estructurales, tramas sociales y políticas, con un sentido que no se restringe a la determinación de los victimarios y de las culpabilidades.

Asimismo, el valor dado al testimonio y las modalidades del mismo en una y otra instancia son de diversa naturaleza y alcance, y es fundamental que así se mantengan. La voz de la víctima en el escenario de la memoria histórica excede el rol de simple fuente de información, y la aproximación entre esta y el CNMH se realiza de forma voluntaria exclusivamente. Por ello, aunque la memoria puede aportar a la verdad judicial, la judicialización de la memoria no deja de ser un riesgo, que hay que contemplar.

Mientras que la justicia es y seguirá siendo una atribución estatal, la memoria no dejará de ser esencialmente una construcción social. El lugar de producción y de legitimación de uno y otro campo son irreductibles, y su diferenciación es requerida en aras de preservar la pluralidad como elemento esencial de la democracia.

Desde luego hay muchos pendientes. Pero Colombia ha avanzado mucho en uno y otro campo: el de la justicia y el de la memoria. Fortalecer y potenciar esos acumulados en tiempos de posconflicto turbulento es una tarea de todos, como Estado y como sociedad. 

Señora Presidenta de la JEP, Magistrada Patricia Linares; Magistrada Julieta Lemaitre, Presidenta de la Sala de Reconocimiento: Señores y señoras magistrados y magistradas: en nombre del Centro Nacional de Memoria Histórica les hacemos entrega solemne hoy de nuestro acumulado, materializado en los 80 informes a la vista. Muchas gracias.

Mayo 17 de 2018

Publicado en Noticias CNMH



Informes, JEP

La memoria que demanda justicia

Noticia

Autor

Maria Paula Durán

Fotografía

Maria Paula Durán

Publicado

22 May 2018


La memoria y la justicia

El pasado 17 de mayo el Centro Nacional de Memoria Histórica entregó 80 de sus publicaciones, en su mayoría informes de esclarecimiento en clave de memoria, a la Jurisdicción Especial para la Paz.


En medio de un acto protocolario en las instalaciones de la sede de la JEP, el director general Gonzalo Sánchez —y los directores técnicos de varias áreas del CNMH— entregó a la presidenta de esta entidad, Patricia Linares, y a los magistrados de la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad, el acumulado de investigaciones de memoria histórica que, por diez años, el Centro han construido con las víctimas del conflicto armado.

La magistrada Patricia Linares, quien a lo largo de su carrera trabajó y acompañó de cerca varios procesos del Centro de Memoria, dio apertura al encuentro, manifestando su interés y satisfacción por poder recoger, desde la labor de la JEP, la información, los testimonios y los aprendizajes plasmados en 80 informes de memoria histórica.

Acumulado

La presentación de la entrega estuvo desglosada por la información que los directores técnicos entregaron a la JEP. La primera en hacerlo fue Camila Medina, directora técnica de Construcción de la Memora del CNMH. Medina explicó los aportes de los informes, recogidos en siete líneas de investigación:

  • Memorias regionales, donde se encuentran los informes de los casos emblemáticos que marcaron la historia del conflicto armado.
  • Basta Ya regionales
  • Modalidades de violencia, donde se encuentran los informes de carácter nacional que dan cuenta de distintos hechos violentos como la desaparición forzada, la violencia sexual, entre otros.
  • Actores armados
  • Factores dinamizadores
  • Sujetos victimizados
  • Herramientas metodológicas

(Vea aquí el listado completo de los informes que hacen parte de cada una de las líneas de investigación)

Seguidamente, Andrés Suárez, asesor de la dirección general CNMH, y coordinador del Observatorio de Memoria y Conflicto, presentó los aportes que esta área ha hecho en términos de esclarecimiento. El OMC ha buscado responder la pregunta: “¿Quién le hizo qué a quién, cuándo dónde y cómo?” estableciendo, de esta manera, los presuntos responsables, los hechos victimizantes, las circunstancias de modo, el perfil de las víctimas, y el tiempo y lugar, a partir de 7.644 documentos y 585 fuentes.

Adicionalmente, Margoth Guerrero, directora técnica del Archivo de los DDHH del CNMH, presentó el acumulado y experiencias de esta dependencia. Por un lado, la creación e implementación del Registro Especial de Archivos como mecanismo de protección. Por otro lado, la creación de una Política Pública de Archivos de DDHH, Memoria Histórica y conflicto armado. Y, finalmente, la conformación de archivos plurales. Muchos de estos registros, tanto del Archivo como del Observatorio, han alimentado los informes de memoria entregados a la JEP.

De la misma manera, Álvaro Villarraga, director técnico de Acuerdos de la Verdad del CNMH, presentó el trabajo de acopiar los testimonios de más de 17 mil excombatientes de los grupos paramilitares, en el marco de la ley 1424.

Finalmente, Luis Carlos Sánchez, director técnico del Museo de Memoria Histórica de Colombia, presentó los avances de los diferentes procesos relacionados con la construcción física, de contenidos y programática del Museo. Además, extendió una invitación a la JEP a trabajar de manera conjunta con esta institución, que será un legado y un instrumento para el diálogo intergeneracional.

Memoria y justicia

Gonzalo Sánchez, por su parte, hizo entrega oficial de los textos, precedida de una reflexión sobre la relación entre la memoria y la justicia (Vea aquí las palabras del director del CNMH).  

Sánchez habló de la tensión que ha existido entre memoria y justicia en varios escenarios y sobre los peligros de la judicialización de la memoria pero también de la memoria justiciera. Y, finalmente, habló sobre los momentos en que la justicia ha tomado como insumo a la memoria y también cuando la justicia entiende a la memoria como una forma de reparación.

En suma, para Sánchez, esa relación debe ser complementaria. El acto de entrega de los informes de memoria es, entonces, justamente eso, una apuesta para que dos instituciones, la que trabaja por la memoria y la que trabaja por la justicia, actúen de manera conjunta en pro de la justicia restaurativa, teniendo como centro a las víctimas.

Para cerrar, el profesor Sánchez le entregó el informe Basta Ya a Julieta Lemaitre, magistrada Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad (JEP). “Cuando empezó el trabajo del Grupo de Memoria Histórica, una colega nos advirtió que las víctimas siempre nos harían la siguiente pregunta: ¿Qué van a hacer ustedes con mi palabra? Hoy podemos decir que una respuesta importante es que las estamos entregando a la justicia”, le dijo Sánchez a Lemaitre.

Publicado en Noticias CNMH



Informes, JEP

La disputa por la paz, la disputa por la memoria

Noticia

Autor

Gonzalo Sánchez G

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

02 Ago 2018


La disputa por la paz, la disputa por la memoria

El pasado 1 de agosto el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), le entregó al Sistema integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, diez informes que recogen su trabajo realizado en la última década. Este es un balance de los aportes y los pendientes que existen en el país para seguir avanzando en el esclarecimiento histórico del conflicto.


Este es el discurso completo de Gonzalo Sánchez, director del CNMH, que dio la apertura a este evento:

La memoria corre paralela al escenario del conflicto armado y también al escenario de construcción de la paz. La memoria constituye uno de los campos de lucha que en tiempos de transición, como los que vivimos, se pone en el centro del debate público. Estamos en un conflicto por la interpretación del conflicto, decía ayer un colega nuestro.

El Grupo de Memoria Histórica que inició esta producción de la que hacemos entrega hoy a la institucionalidad surgida de los Acuerdos y a la sociedad en general, emergió en el escenario social y político de debate  sobre cómo nombrar el conjunto de los homicidios, masacres, secuestros, desapariciones forzadas, desplazamientos, entre otros hechos atroces, que nos han ocurrido como sociedad en los últimos 50 años. ¿Conflicto Armado? o ¿Amenaza terrorista?

Como muchos lo advirtieron en su momento, no se trataba de  una simple controversia técnica o semántica sino de una discusión con implicaciones o derivaciones políticas, militares y judiciales de enorme profundidad. De hecho, cada una de estas opciones remitía a una mirada totalmente diferente del desarrollo de “nuestra guerra sin nombre”, de sus protagonistas, de sus responsabilidades, de sus víctimas y sobre todo, del modo principal de resolverla.

Aunque muchos pensábamos que la polémica ya había sido saldada con los avances institucionales de la Ley de Víctimas y con el proceso de paz que se adelantó con las FARC, tal discusión no ha encontrado resolución en el plano político y social. Para bien o para mal, los tiempos y las lógicas institucionales no coinciden siempre con los tiempos y las lógicas sociales.

Como parte de la dinámica de las negociaciones mismas, en la Mesa de Negociación de la Paz surgió entre las partes esa disputa por el pasado, sobre los orígenes de la confrontación, las lógicas y responsabilidades de los actores. El  tema agrario, como primer tema de la agenda, era en sí mismo un gesto que abría paso al reconocimiento del discurso del otro, que aceptaba que el origen de la guerra iba más allá de la guerra misma.

Mientras en la Mesa se instalaron memorias enfrentadas pero negociables, por fuera de la Mesa se impuso en paralelo  una memoria que pone sus énfasis en los hechos traumáticos mismos, en  la victimización, en el horror y en el castigo ejemplarizante  del enemigo.

Lea el discurso completo en este PDF.

Conozca los balances en el siguiente especial multimedia.

 

Publicado en Noticias CNMH



Balances, JEP, Memoria, Paz

JEP protegerá 344 mil documentos de derechos humanos

Noticia

Autor

Isabel Valdés

Fotografía

Isabel Valdés

Publicado

13 Ago 2018


JEP protegerá 344 mil documentos de derechos humanos

La Jurisdicción Especial para la Paz ofreció un repositorio seguro para custodiar una copia de seguridad del Archivo Virtual de los Derechos Humanos del Centro Nacional de Memoria Histórica, que contiene información sobre comunidades campesinas, afrocolombianas, indígenas y LGBT.


Temístocle Machado (asesinado el 27 de enero pasado en Buenaventura), Narcilo Rosero (Buenaventura), Manuel Bedoya (Buenaventura) y Jesús María Pérez (Sucre), son algunos de los líderes que donaron sus archivos al Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) para que este los procesara, digitalizara y pusiera al servicio. Sus documentos y los de algunas organizaciones sociales, disponibles en el Archivo Virtual de los Derechos Humanos (www.archivodelosddhh.gov.co), ahora también estarán protegidos por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

El pasado 31 de julio su presidenta, Patricia Linares, ofreció al director del CNMH, Gonzalo Sánchez, resguardar una copia de seguridad, como repositorio de protección y conservación de toda la información del CNMH. “Este ofrecimiento les dará más garantías a los custodios que nos han donado sus documentos”, explicó Margoth Guerrero, directora de Archivo Virtual.  

Este ofrecimiento se suma al convenio de intercambio seguro y confidencial de información que las dos instituciones contrajeron en días pasados, y en el marco del cual el Centro Nacional de Memoria Histórica está proporcionando información seleccionada y organizada acorde a las investigaciones que está desarrollando la JEP. Como parte de este convenio ya se compartió una copia de los datos del Observatorio de Memoria y Conflicto, la mayor base de datos del conflicto armado colombiano, que registró 262.197 muertes entre 1958 y julio del 2018.

“No arrancamos de cero”

En el Archivo Virtual del CNMH están resguardados 89 fondos documentales, conformados por 344.345 documentos que ya fueron procesados y descritos. De estos, 274.896 están disponibles para el público, teniendo en cuenta que algunas de las personas y organizaciones que donaron los documentos pidieron que se mantuvieran reservas para su consulta. Entre estos documentos se encuentran noticias de prensa, cartas, manuscritos, audiovisuales y copias de expedientes judiciales.

Roberto Carlos Vidal López, magistrado del Tribunal de Paz de la JEP, explica que “nosotros no arrancamos de cero, no empezamos ahorita a conseguir archivos o a conseguir investigaciones, no es el momento del comienzo; nosotros nos unimos al trabajo del Centro de Memoria Histórica y de otros organismos del Estado y de la sociedad civil que han trabajado por años”.

Si bien los líderes y organizaciones tienen a su disposición los documentos originales, y el CNMH solo tiene una copia fidedigna de sus archivos, ahora también la JEP resguardará estos documentos. Su objetivo es protegerlos, de acuerdo con los protocolos de confidencialidad y las condiciones en las que las organizaciones los compartieron con el Archivo Virtual.

Entre los documentos hay información relacionada, entre otras, con comunidades campesinas, afrocolombianas, indígenas, LGBT, palenque, raizal y Rrom.

Estas acciones de trabajo conjunto se suman a las ochenta investigaciones que el CNMH ha desarrollado desde el 2011, y que también puso a disposición del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición. Según la magistrada de la JEP María del Pilar Valencia García, esta articulación con el CNMH les permitirá “definir los contextos, y entender los patrones de macrocriminalidad y los impactos y daños que sufrieron las víctimas, que son fundamentales para tener un marco de contrastación de la información. Consideramos que el trabajo del CNMH es muy profesional, muy serio, muy riguroso y nos da mucha confiabilidad”.

Publicado en Noticias CNMH



Archivos DDHH, JEP

Exposición “Cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra”

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

05 Oct 2018


Exposición “Cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra”

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), presentan la exposición fotográfica “Cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra”, una apuesta artística y simbólica que hace parte de la construcción del Informe Nacional sobre afectaciones a los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas en el marco del conflicto armado en Colombia.


La exposición estará abierta desde este 12 de octubre, y durante un mes, en la sede la Jurisdicción Especial para la Paz. Se trata de una estructura museográfica del círculo de la palabra, diseñada para posibilitar el diálogo, y que evidencia la memoria y dignidad de 37 pueblos indígenas en riesgo de exterminio físico y cultural por el conflicto armado, tal y como lo estableció el Auto A-004 de 2009 de la Corte Constitucional.

Precisamente la JEP, en su tarea de avanzar en la defensa y realización de los derechos de las víctimas del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, recientemente recibió por parte de la ONIC el informe de afectaciones individuales y colectivas que han sufrido los pueblos indígenas de Colombia y que exigen verdad, justica, reparación y no repetición.

La exposición, que ahora se presenta, retrata la lucha de 37 comunidades:  Wiwa, Kankuamo, Iku-Arhuaco, Kogui, Wayuú, Ebera-Katío, Ebera-Dobidá, Ebera-Chamí, Wounaan, Awá, Nasa, Pijao, Koreguaje, Kofán, Siona, Betoy, Sikuani, Nukak-Makú, U’wa, Ette Ennaka- Chimila, Yukpa, Gunadule-Kuna, Eperara-Siapidaara, Misak-Guambiano, Zenú, Yanacuna, Kokonuko, Totoró, Murui Muina-Huitoto, Inga, Kamentzá, Kichwa, Kuiva, Jiw, Hitnu- Makaguan, Bari y Kisgo.

Asimismo, la exposición está acompañada de testimonios y relatos recogidos en los planes de salvaguarda étnica que junto a las fotografías reflejan la vida, la felicidad, las luchas, la riqueza y la importancia del territorio y la cultura indígena en Colombia. Según la ONIC, la instalación denuncia el etnocidio sistemático hacia los indígenas.

Sean bienvenidos a un espacio pensado para interactuar, comprender la importancia de los mundos indígenas, sus aportes a la construcción de paz y sus luchas milenarias para mantener el equilibrio y armonía de la Madre Tierra.

Principios de unidad, territorio, cultura y autonomía se hacen palpables en cada una de las piezas expuestas la estructura museográfica del círculo de la palabra.

Acompañemos a los pueblos indígenas, rodeemos sus luchas este próximo viernes 12 de octubre en el marco de la conmemoración del Día de la Resistencia Indígena.

Para mayor información:

Hora: 5:00 p.m.
Lugar: Primer piso de la Jurisdicción Especial
Dirección: Carrera 7 #63 – 44. Bogotá, Colombia.
* La exposición estará abierta al público por un mes.

 

Publicado en Noticias CNMH



Enfoque étnico, JEP, ONIC

CNMH se une a rechazo de la JEP por intromisión de la Fiscalía

Noticia

Autor

El Espectador

Fotografía

El Espectador

Publicado

06 Oct 2018


CNMH se une a rechazo de la JEP por intromisión de la Fiscalía

Nos sumamos al llamado de la presidenta de la  Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Patricia Linares, para que se respete la autonomía e independencia de esta institución. Replicamos aquí su pronunciamiento al respecto.


La presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz, Patricia Linares, rechaza tajante y rotundamente la indebida intromisión de la Fiscalía General de la Nación a su autonomía e independencia judicial:

En el día de hoy la Jurisdicción Especial para la Paz fue notificada por la Fiscalía General de la Nación, a través de un agente de la policía judicial, sobre la orden impartida para practicar una inspección judicial al caso 001 que se adelanta en esta jurisdicción. Igualmente, se notificó a la presidenta de la Sala que lleva el caso que debería responder a una entrevista para que informara sobre el trámite adelantado. Infortunadamente, la inspección judicial se llevó a cabo el día de hoy (4 de octubre) y la Fiscalía obtuvo la copia digital del expediente, en razón de la forma intempestiva como se llevó a cabo la diligencia en la Secretaría Judicial de la JEP.

Esta actuación es abiertamente violatoria de la reserva judicial que cubre las investigaciones que adelantan los jueces de la Jurisdicción Especial para la Paz. Igualmente, es claramente intimidatoria en relación con la independencia judicial que preserva el actuar de los jueces a cargo del caso. En razón de ello solicito expresamente a la Procuraduría General de la Nación, tomar nota de la situación y adelantar las gestiones que considere pertinentes.

No está de más recordar a la opinión pública que el caso 001 que adelanta la Jurisdicción Especial para la Paz trata de los secuestros de las FAR-EP ocurridos durante la confrontación armada en Colombia, y se adelanta con base, precisamente, en los informes enviados por la propia Fiscalía General de la Nación.

La Jurisdicción Especial para la Paz es una institución judicial de rango constitucional con autonomía e independencia judicial encargada de investigar y decidir los casos de las graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al derecho internacional humanitario ocurridas durante el conflicto armado; y como tal, debe ser respetada y acatada por todos los colombianos, pero especialmente por sus autoridades.

Publicado en Noticias CNMH



Acuerdos de Paz, Fiscalía, JEP, Jurisdicción Especial para la Paz, Patricia Linares

Así recordaron en Ocaña las madres de Soacha

Noticia

Autor

Laura Cerón/

Fotografía

Laura Cerón/

Publicado

26 Oct 2018


Así recordaron en Ocaña las madres de Soacha

Para conmemorar los 10 años de la desaparición y muerte de sus hijos, las madres de Soacha recorrieron 640 kilómetros desde Soacha hasta Ocaña, el lugar en el que la mayoría de ellos fueron presentados como “guerrilleros muertos en combate”. Muchas de ellas viajaron con un objeto que representa a su ser querido. 


Texto y fotografías: Laura Cerón, periodista CNMH 

Hace 10 años, la desaparición y posterior muerte de sus hijos, hermanos y esposos unió a las mujeres que hoy conforman la Fundación Madres de los Falsos Positivos de Suacha y Bogotá (Mafapo). La mayoría de ellas eran mujeres cabeza de hogar que vivían en barrios apartados y en zonas rurales, dedicadas a cuidar y sacar adelante a sus familias. Pero la necesidad de verdad y justicia, tras las ejecuciones extrajudiciales de 19 jóvenes, ocurridas entre enero y agosto del año 2008, las llevó a unirse.

Los “falsos positivos” no solo sacaron a la luz pública una práctica perversa y sistemática del Ejército Nacional que hacía pasar a civiles por guerrilleros caídos en combate para luego reclamar incentivos. También le enseñó al país que, en muchas ocasiones, detrás de cada víctima hay una madre, una hermana, un familiar, dispuesto a hacer hasta lo imposible por conocer la verdad y dejar en limpio el nombre de su ser querido.

El pasado 16 de octubre las mujeres de Mafapo recorrieron 640 kilómetros en bus, desde Soacha (Cundinamarca) hasta Ocaña (Norte de Santander), para conmemorar las vidas de los jóvenes que fueron encontrados sin vida en cementerios y fosas comunes de ese municipio. Pero, sobre todo, para dar la cara y nuevamente volver a hablar de lo sucedido.

  •  

     

     

     

     

     

     

     

    Varias de las madres de Mafapo visitaron el cementerio central de Ocaña, donde hicieron una oración por sus hijos desaparecidos y asesinados por miembros del Ejército. Allí, como acto simbólico, adoptaron a algunos cuerpos sin identificar (NN). – Fotografía: Laura Cerón/CNMH

  •  

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    La Pantera Rosa de Beatriz Méndez, madre de Weimar Armando Castro Méndez

  •  

     

     

     

     

     

     

     

    El tatuaje de Doris Tejada, madre de Óscar Alexander Morales Tejada

  •  

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    La camiseta de fútbol de Clara Rincón, madre de Edward Benjamín Rincón Méndez

  •  

     

     

     

     

     

     

     

     

    El tatuaje de Blanca Monroy madre de Julián Oviedo Monroy

  •  

     

     

     

     

     

     

     

     

    El cofre de Ana Páez, madre de Eduardo Garzón Páez

La lucha de las mujeres de Mafapo se ha construido desde la pérdida y la ausencia. En septiembre del 2008, muchas de ellas empezaron a reunirse en la plaza central de Soacha impulsadas por Fernando Escobar, en ese entonces personero de ese municipio y una de las primeras personas que denunció la existencia de los “falsos positivos”. Él las animó a unirse y les aconsejó buscar abogados dada la complejidad de los casos. Para ese momento varias de ellas, después de una búsqueda exhaustiva, habían sido notificadas de que sus hijos y familiares estaban registrados como guerrilleros abatidos en lugares del país que ni ellas ni ellos conocían.

“¿Cómo podían volverse guerrilleros y enfrentarse en un combate contra el Ejército en tan pocas horas? ¿Cómo era posible que hubieran llegado a esas zonas tan lejanas? ¿Quién se los había llevado del barrio para dejarlos frente a un pelotón de fusilamiento, que los condenó y los ejecutó sin razón? ¿Por qué él, si nada tenía que ver con esa guerra? ¿Quién había dado la orden de matarlo y para qué?”, se preguntan ellas en el último informe entregado a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) el pasado mes de septiembre.

Son 10 años en los que han tenido que enfrentarse a un sistema judicial que dilata las investigaciones de sus casos. Ellas dicen que la gran mayoría de las audiencias han sido canceladas, con excusas que vienen de los mismos abogados de los militares: que no hay internet, que en la salas hace frío, que los sindicados están enfermos o que hay problemas logísticos. Por eso, ahora proponen que las investigaciones no sean individuales sino que sea un proceso conjunto.

El pasado 17 de octubre, el general retirado Mario Montoya firmó un acta de sometimiento voluntario a la JEP, por su presunta vinculación con los “falsos positivos”. Sin embargo, como reportó el periódico El Espectador, a pesar de tener un informe judicial en el que se reportan anomalías en 2.429 casos de asesinatos de civiles para inflar las cifras de la guerra, Montoya negó su participación en estos hechos. Esa reacción, llevó a varias de las víctimas a retirarse de la audiencia, tras afirmar que no tenían garantías de participación. “No respetaron a las víctimas. El general tiene que aceptar esa verdad, que eso lo hizo él”, afirmó Ana Páez, integrante de Mafapo.

Mientras tanto, las mujeres de Mafapo llevan diez años cargando con la estigmatización hacia sus hijos y sus familias. Ellas son madres de “guerrilleros”, les repiten, y con ese argumento les han negado, por ejemplo, firmar contratos de arrendamiento. Desde el día en que alzaron la voz para denunciar la muerte de sus hijos, han tenido que soportar amenazas a través panfletos y seguimientos.

El camino transitado las ha llevado a formar una segunda familia, que ha sabido mantenerse junta en los momentos de dolor, resistir ante las adversidades y las ha convertido en grandes lideresas. Juntas han hecho plantones y actos públicos en los que se han encadenado, han tejido durante años la memoria de sus hijos en telares; han trabajado de la mano de artistas y estudiantes, para darle otros significados al dolor y a la búsqueda de verdad; han hecho murales, obras de teatro, exposiciones artísticas, fotografías y documentales. También han trabajado junto a las Abuelas de la Plaza de Mayo de Argentina, quienes a su vez se han solidarizado con su causa, que es la de miles de personas en el continente.

Para las mujeres de Mafapo volver a Ocaña, en el décimo aniversario del asesinato de sus seres queridos, tenía un valor especial. Hacer el recorrido que varios de sus hijos y hermanos hicieron, siguiendo falsas promesas de trabajo, fue doloroso pero les permitió reafirmar que, a pesar de los obstáculos, siguen vivas y unidas por la verdad.

Durante la conmemoración se tomaron la plaza central de Ocaña. Allí, en compañía del gobierno local, instituciones educativas, organizaciones sociales, activistas, artistas y estudiantes, las madres ofrecieron sus testimonios y exigencias frente a cada uno de sus casos. Las acompañaron artistas con música y palabras de fortaleza. A ellas se unieron otros hombres y mujeres que también fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales en el Meta, en La Guajira y en Norte de Santander, pues según una investigación del coronel retirado Omar Rojas, titulada “Ejecuciones extrajudiciales en Colombia 2002-2010: obediencia ciega en campos de batalla ficticios”, publicada por la Universidad Santo Tomás, en todo el país se habrían presentado unos 10 mil casos de “falsos positivos”.

En medio de un grupo de gente que las escuchaba en silencio en la plaza central de Ocaña, varias de las madres hicieron una obra de teatro en la que buscaban, una vez más, a cada uno de sus hijos. “¿Diego? ¿Eduardo? ¿Julián? ¿Dónde estás? ¿Alguno de ustedes ha visto a mi muchacho?”, gritaban mientras deambulaban entre los espectadores.

Algunas de ellas cargaron hasta Ocaña objetos de sus seres queridos, que les dieron valor y fortaleza durante estos años. Hablamos con ellas para conocer las historias que hay detrás de esos objetos:

La Pantera Rosa de Beatriz Méndez, madre de Weimar Armando Castro Méndez

“A mi hijo le encantaba la Pantera Rosa. Como yo hacía peluches hice uno de la Pantera Rosa y a mi hijo le gustó tanto que se lo regalé. Él decía que era su hija, así que ahora es como mi nieta. Cuando él ya no estaba me puse a ver sus recuerdos y me encontré con su hija. Yo la cuidé, la lavé, le cambiaba sus ojitos. Los últimos se cristalizaron y se rompieron. Cuando yo lo fui a sepultar, él no tenía sus ojitos. Después de las 72 horas le quitaron sus órganos, pero nosotros en 72 horas no tuvimos el derecho de poner el denuncio. Así que la dejé así en protesta de que Medicina Legal le quitó los órganos sin derecho. Pero acá están estampados sus ojos y se los pongo al peluche”.

El tatuaje de Doris Tejada, madre de Óscar Alexander Morales Tejada

“Mientras viajabamos traía unas sensaciones pensando en cómo sería cuando se llevaron a Oscar. A él se lo llevaron a El Copey, Cesar, y allá está enterrado. Para mí, haberme tatuado su rostro es muy significativo porque sigo esperando encontrarlo. Estoy en esa búsqueda desde hace siete años. El dolor del tatuaje sacó el dolor que estaba más profundo. Terminamos después de cinco horas y, desde entonces, le hablo, lo acaricio, me baño con él. Le digo que siempre lo llevo en el corazón, que lo vamos a lograr”.

La camiseta de fútbol de Clara Rincón, madre de Edward Benjamín Rincón Méndez

“Esta blusa que traigo es de mi hijo. Desde que empezó a estudiar le gustaba ser arquero, hacía escorpiones como Higuita y se quedó así desde el colegio y en la universidad. Él era mi amigo, mi cómplice, mi confidente. Me lo arrebataron y queremos que conozcan que eran unos niños sanos, humildes, de buenos hogares. Yo lo que pido es justicia, verdad y no repetición”.

El tatuaje de Blanca Monroy madre de Julián Oviedo Monroy

“Él llegó de Bogotá, aquí, a este parque, a las 9 de la noche. Lo recogió el señor Alexander Carretero. Lo acusaron de venir a sembrar minas quiebrapatas. Hoy Julián está cumpliendo 29 años de haber venido a este mundo. A las 7 de la noche nació, sin saber que a los 19 años, a la misma hora, saldría de su casa a encontrarse con la muerte. Son 10 años de dolor, 10 años donde nunca, nunca, vamos a olvidar a nuestros hijos. Mi hijo no era un guerrillero. Este tatuaje es por el signo libra. Mi hijo lo llevaba más grande en el brazo, era su signo del zodiaco. Cuando me convencieron decidí hacerme el mismo con la palabra ‘Justicia’”.

El cofre de Ana Páez, madre de Eduardo Garzón Páez

“Este cofre es una conmemoración. Acá están sus guantes de la moto, la foto de su apartamento como lo tenía en navidad y es un recuerdo como si hoy me hubieran entregado sus cenizas. Lo hice en cuatro meses para hacer de cuenta que hoy me llevo a mi hijo de acá. Para recordarlo y limpiar su nombre. Venir significa recuerdos, amor, lucha. Yo quiero limpiar el nombre de mi hijo, él no era guerrillero. Ya le faltaba poco para graduarse de abogado. Dejó tres hijos. Venir es un sacrificio para que mis nietos vean que su abuelita luchó por su hijo, que su papá no era guerrillero. Él era servicial, era buen hijo. Él era el que me llevaba a todo lado y mire ahora a dónde me trae a pasear”.

Publicado en Noticias CNMH



Conmemoraciones, Falsos Positivos, JEP, Madres de Soacha, MAFAPO, Ocaña, Víctimas

Familiares de los diputados del Valle del Cauca entregan informe de memoria a la JEP

Noticia

Autor

JEP

Fotografía

JEP

Publicado

26 Oct 2018


Familiares de los diputados del Valle del Cauca entregan informe de memoria a la JEP

Los seres queridos de los representantes, secuestrados en el 2002 y asesinados cinco años después por las FARC, realizaron el acto simbólico este viernes 26 de octubre en una audiencia de la Jurisdicción Especial para la Paz. Esta investigación será presentada a la opinión pública el 10 de noviembre en Cali y el 23 del mismo mes en Bogotá.


El libro “El caso de la asamblea del valle: tragedia y reconciliación”, es el primer ejercicio de memoria histórica que realizan los familiares de los diputados del Valle secuestrados el 11 de abril del 2002 por la guerrilla de las FARC. Este viernes 26 de octubre, en medio de una audiencia pública sobre secuestro político citada por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), los familiares de las víctimas le entregaron a los magistrados este informe realizado de la mano de investigadores del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

Este libro es una reconstrucción íntima de las vidas de los once diputados asesinados en cautiverio en el 2007 (Alberto Quintero, Carlos Alberto Barragán, Carlos Alberto Charry, Edison Pérez, Francisco Javier Giraldo, Héctor Fabio Arizmendi, Jairo Javier Hoyos, Juan Carlos Narváez, Nacianceno Orozco, Ramiro Echeverry y Rufino Varela), del único sobreviviente de este hecho (Sigifredo López), y de las otras tres personas que murieron el día del secuestro: el conductor Walter Hayder López López y el camarógrafo Héctor Hernando Sandoval Muñoz, de RCN, quienes estaban cubriendo lo sucedido; y el subintendente Carlos Alberto Cendales.

Aquí compartimos el prefacio del libro, escrito por el director del CNMH, Gonzalo Sánchez, y los invitamos al lanzamiento oficial que se realizará los días 10 y 23 de noviembre en Cali y Bogotá, respectivamente:

“El caso de los 12 diputados del Valle, secuestrados por las FARC con ardides, mientras sesionaban en la sede de la Asamblea Departamental, el 11 de abril de 2002, es un símbolo trágico de la crueldad y del envilecimiento de nuestro conflicto armado. La paz firmada con esta guerrilla, y la institucionalidad creada para que los procesos de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición relacionados con sus acciones arrojen resultados, ayudarán sin duda a esclarecer lo que falta por saber sobre este hecho atroz, así como a juzgar a los responsables. Será el camino hacia la no repetición y la reconciliación por las que apuestan los propios familiares de las víctimas que dejaron aquí su testimonio.

El informe contribuye al esclarecimiento sobre la manera como fue planeado y ejecutado el secuestro con varios meses de anticipación, sin que las autoridades hubieran tomado en serio los fundados temores sobre su inminencia; señala los comandos responsables a cargo de la operación y el modo de accionar de la guerrilla alrededor del secuestro; también ofrece una testificación directa de la marcha forzada por los Farallones de Cali primero y luego la larga travesía a la que fueron sometidos los diputados por la selva, las montañas, los pantanos y los páramos de la región del suroccidente del país; del largo cautiverio padecido; de las enfermedades, el hambre y las múltiples penurias; de las condiciones inhumanas de cualquier secuestro, que obliga a la víctima a poner su vida entre paréntesis y a luchar por conservarla recurriendo a una fuerza física y emocional que no sabía que era capaz de gestionar.

Este informe arroja luz sobre algunas de las zonas oscuras que quedan alrededor de la modalidad de secuestro político; del secuestro en general como práctica degradante de la guerra; hace que nos planteemos las preguntas que quedan pendientes por resolver. Pero, sobre todo, consideramos que este informe logra el propósito fundamental para el que fue elaborado: dignificar a todas las víctimas directas e indirectas de este hecho atroz: al subintendente Cendales quien custodiaba el edificio, asesinado a sangre fría por los secuestradores en medio de la operación guerrillera; al conductor y al camarógrafo de RCN quienes murieron mientras, en ejercicio de su profesión, cubrían la noticia de la fuga de los guerrilleros, en medio de un operativo militar desenfrenado y sin contemplaciones; a los 11 diputados secuestrados, mantenidos en cautiverio durante cinco años e inesperadamente asesinados en un protocolo inhumano de respuesta al fuego que sus captores consideraron erróneamente enemigo; y al único diputado que sobrevivió y fue liberado después de siete años de cautiverio.

Pero también al hijo que va al cementerio a hablar con su padre; a la hija a la cual la guerra le arrebató su infancia; a la madre que esperaba una anunciada liberación del hijo, “pero siempre pasaba algo”; la soledad deliberada del hijo frente a las primeras pruebas de sobrevivencia, con una mezcla de alegría y de tormento interior: “Entonces yo me fui para mi casa y las vi solo. Empezaron a salir uno a uno los diputados. Mi papá creo que salió en la mitad: parecía un cadáver. Cuando lo vi empecé a llorar”. También se registra el momento de las añoranzas: “En música le gustaban los temas Viejo Farol y Lejos de Ti, que eran tangos, y de muy niño, Amor Divino, de Leo Dan”.

Se evoca aquí el difícil reto del encuentro con los jefes guerrilleros en la iglesia de San Francisco, en Cali, después de la firma de los acuerdos: “con nuestras lágrimas de 14 años recogidas en nuestras manos, pedimos a Dios que, a sus asesinos, los comandantes de las FARC, cada que laven su cuerpo recuerden las lágrimas nuestras para que esas lágrimas les sirvan de fuerza al levantarse cada mañana y cumplir su decisión de construir paz”.

Se evidencian los esfuerzos de los propios secuestrados por tranquilizar a los suyos a través de las pruebas de supervivencia: “Todos sus mensajes estaban cargados de amor y sabiduría, llegó hasta dedicarle una canción a mi mamá”. Y en la misma dirección, el padre que motiva a sus hijos: “siempre nos decía era que termináramos la escuela, que nos enfocáramos, que estudiáramos, o sea, él quería que nosotros siguiéramos adelante”.

En suma, por estas páginas circulan escenas de indignación, de afecto, de espera y también de perdón.

De manera previa, el CNMH publicó dos informes sobre el secuestro: Una verdad secuestrada, que elabora una base de datos sobre el secuestro, sus víctimas y la distribución de responsabilidades entre los actores armados ilegales; y Una sociedad secuestrada, que es un informe temático sobre este crimen de lesa humanidad, que es prohibido por el Derecho Internacional Humanitario.

El secuestro, hay que decirlo con claridad, somete a sus víctimas a múltiples formas de violencia continuada, que no solo dura el tiempo del cautiverio, sino que tiene secuelas posteriores a la liberación. Es un crimen atroz, que afecta no solo a los secuestrados sino a todo su núcleo familiar, psicológica y económicamente, razón por la cual los familiares y amigos de las víctimas sienten que también su vida es puesta en cautiverio, entre paréntesis, forzados a permanecer atentos a las pruebas de supervivencia, a enviar mensajes de apoyo que no saben si logran llegar hasta ellos, o incluso a quedar en medio de la presión del Estado y la de los secuestradores.

En ese sentido, el CNMH considera que además de los secuestrados, son muchos los miles de víctimas de este flagelo en nuestro país, con distintos grados de afectación, que van desde la enfermedad, el trauma, e incluso la muerte. Pero, como si esto fuera poco, es un delito que, en nuestro país, ha tenido un desenlace fatal en un alto porcentaje de casos (de las 37.094 víctimas de secuestro entre 1958 y 2018, 1.147 han muerto o han sido asesinados durante su cautiverio, según reporta el Observatorio de Memoria y Conflicto del CNMH).

Desde otro ángulo el tema de los liderazgos políticos impactados por el conflicto armado, a través de asesinatos, secuestros y confinamientos, ha sido abordado en nuestro informe Hacer la guerra y matar la política en donde se explora la reflexión no solo de la sustitución de las armas por la política, sino del ejercicio de la vida política misma y en últimas de la democracia como víctimas de la guerra.

Como sello característico, este informe se elaboró con la activa participación de los familiares y amigos o copartidarios cercanos de las víctimas. Ellos dejaron aquí su testimonio, sin mediaciones es su propia voz la que narra quién era cada uno, como padre, esposo, hijo, compañero de vida o amigo, como militante de un partido político y como funcionario, el proyecto de vida, el lazo afectivo o el hogar que quedó trunco.

En este informe consignamos el testimonio del dolor de cada familiar afectado, pero sobre todo su manera de sobreponerse al impacto de los hechos, su resiliencia y resistencia constantes, su lucha por elevar su caso a asunto de Gobierno y de sociedad a fin de lograr un acuerdo humanitario que mantuviera viva la esperanza de su liberación, los sueños imposibles de fuga, las movilizaciones ciudadanas, el cara a cara con los perpetradores, y por último, como ya se dijo, su invitación sufrida y generosa a la reconciliación para frenar la tentación a las venganzas sin fin. Todo ello sin eludir el reclamo interpelante de uno de los secuestrados: “A veces pienso que no sé quiénes son más infames, si los que nos secuestran o los que nos olvidan”. Si el secuestro pretendió separarlos, aislarlos de nosotros, que la memoria nos vuelva acercar a ellos, ese es nuestro compromiso.

No solo estigmatizamos a las víctimas anónimas, a los civiles de las regiones apartadas del país. Cuando la violencia se cierne sobre alguien, se levanta el dedo acusador: “por algo sería”. Por eso, en el CNMH no hemos cejado en nuestro empeño de luchar contra la estigmatización prejuiciosa de una buena parte de la sociedad, cuando no indiferente y ajena al dolor de los otros.

Por ello, dignificar a cada una de las víctimas de este secuestro masivo, así como a sus familiares, sigue siendo una tarea pendiente. Confiamos en que este informe ayude a llenar algunos de los tantos vacíos que dejó el secuestro de los diputados de la Asamblea Departamental del Valle, aunque en estricto sentido no haya manera de llenar el abismo de soledad e injusticia abierto entre un padre y la hija de dos años que fueron separados para siempre, de un abuelo que no vio nacer a sus nietos, de un compañero que seguirá siendo extrañado, o de la madre o el padre que murieron sin volver a abrazar a los hijos perdidos por la deshumanización de la guerra.

Que estas páginas sean el inicio del reconocimiento estatal y social de una deuda de memoria pendiente con las víctimas fatales de estos hechos y con sus familiares que siguen cargando su dolor y su reclamo de justicia y pleno esclarecimiento.

A ustedes familiares de los diputados, les ofrecemos nuestra solidaridad y un gracias infinito por habernos convertido en depositarios de su palabra. Confiamos en que este libro sea una expresión material de nuestra gratitud, pero también de nuestro deber de dar audiencia y espacio a sus voces”.

Publicado en Noticias CNMH



Diputados del Valle, JEP, Valle del Cauca

Recordarlo todo: 30 años de la masacre de Segovia

Noticia

Autor

Laura Cerón

Fotografía

Laura CerónLaura Cerón

Publicado

16 Nov 2018


Recordarlo todo: 30 años de la masacre de Segovia

Los habitantes de este pueblo antioqueño conmemoraron a las 46 víctimas de la masacre perpetrada por los paramilitares hace tres décadas. Este acto sirvió para recordar al pueblo que alguna vez fue remanso de oro y paz.


A cada persona que entró al auditorio del Museo Casa de la Memoria de Medellín le entregaron un clavel blanco. Las paredes las decoraron con las fotografías de las personas que ya no están porque los desaparecieron o los mataron. En el escenario, un pequeño altar con mantel blanco rodeado de más flores y, sobre el mantel, un listado con los nombres de los 46 hombres y mujeres que asesinaron hace tres décadas en las calles de Segovia, al norte de Antioquia: Pablo, Shirley, Libardo, Jorge, Rosa, Luz, Jesús, Roberto… El listado completo lo leyeron al final del acto.

Se trató de la conmemoración en Medellín de los 30 años de la masacre de Segovia, el pasado 11 de noviembre. Llegaron un poco más de 100 personas para recordar lo que pasó pero, especialmente, para encontrarse. La mayoría pertenece a ASOVISNA (asociación que reúne buena parte de los sobrevivientes y familiares), viven en la capital antioqueña desde hace años y hablan sobre su pueblo como si se tratara del paraíso perdido. Recordaron los familiares muertos, sí, pero a leguas se notaba que la conmemoración también les servía como pretexto para preguntar por familiares, amigos o el hijo “de tal” que se atrevió a regresar al nordeste a trabajar en minería a pesar de continuar como “zona roja” en términos de violencia.

Hubo lágrimas. Hacer la conmemoración de la primera gran masacre de la historia del conflicto armado en Colombia cometida en un casco urbano, también es recordar el miedo y el dolor que ha acompañado a los sobrevivientes durante años. Para algunos, esos sentimientos están acompañados por un deje de frustración política, pues gran parte de las víctimas pertenecían a las disidencias políticas del momento, en especial, simpatizantes y militantes de la Unión Patriótica (UP). Hace siete años elCentro Nacional de Memoria Histórica lanzó el informe “Silenciar la Democracia”, en alusión a la gran mordaza impuesta ese 11 de noviembre y a las 200 personas asesinadas selectivamente entre 1982 y 1997 en esta región. Sin contar con las otras 14 masacres que ocurrieron en la zona y que dejaron 147 víctimas fatales. No todas eran de la UP, también hubo del Partido Conservador, del Liberal, de las juntas cívicas y de las juntas sindicales.

La masacre de Segovia del 88 es la más conocida por la opinión pública por lo que implicó en términos de terror y sevicia, y porque casi cada familia del pueblo tiene una historia que contar sobre ella. Pero algunos de los asistentes al acto conmemorativo en Medellín hablaron más de lo ocurrido a mediados de los noventa, cuando un comando paramilitar perpetró un alto número de asesinatos colectivos. Fue ahí -recuerdan- cuando colapsaron las relaciones comunitarias, y el miedo a pensar y hablar de una manera diferente se apoderó de la gente. Fueron asesinados líderes campesinos, autoridades locales, exalcaldes, exconcejales, profesores y miembros de la Fuerza Pública. A veces, dichas muertes eran precedidas de secuestro o desapariciones forzadas. Aún no se sabe el paradero de algunos de ellos. Aunque los actores y la forma de la guerra han cambiado después de 1998, esta se ha perpetuado hasta hoy, a tal punto que varios de los asistentes también hicieron memoria de familiares asesinados hace tan sólo cinco o seis meses.

  • “Como ciudadanos debemos trabajar por la verdad y la justicia. Si no lo hacemos, nos convertimos en cómplices de nuestra historia”, afirmó el cura durante la misa de conmemoración.

  • La esperanza que existe entre los segovianos es que exista una nueva generación que reivindique la dignidad y la vida.

 

El fin de semana del 11 y 12 de noviembre, también se realizaron conmemoraciones en Segovia, lideradas por otras dos organizaciones de víctimas: la Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño Cahucopana (Cahucopana), y la Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos Reiniciar; quienes estuvieron acompañados por organizaciones campesinas de la región, organismos internacionales y la Alcaldía del municipio.

Además de un acto solemne en la plaza central, hubo un recorrido por las calles y lugares donde hace treinta años fueron asesinadas las 46 personas (desde el barrio La Madre hasta la plaza central). La marcha fue acompañada por familiares de víctimas, miembros de las organizaciones civiles, funcionarios locales, dos bandas marciales y estudiantes de colegio, quienes se unieron –durante las dos horas que duró el recorrido- para hacer memoria colectiva de un hecho que no debió ocurrir.

Carlos Morales, líder de Cahucopana, hizo énfasis, especialmente, en las exigencias de justicia y las garantías de no repetición. “Para hablar de justicia, hay que empezar por conocer toda la verdad”, dijo en la plaza. Según las investigaciones judiciales, la violencia política del nordeste estuvo protagonizada por redes criminales articuladas por miembros activos de la Fuerza Pública que operaban en la región, unidos a civiles y grupos paramilitares. Por la masacre de Segovia de 1988 hay condenas contra paramilitares, militares y un político.

Pero no es suficiente. Por eso, representantes de la Comisión de la Verdad y de la Justicia Espacial para la Paz (JEP) fueron invitados a Segovia para que acompañaran la conmemoración. Allí se sentaron en la plaza central a escuchar a las víctimas que quisieron compartir su testimonio. “El genocidio contra la UP es un caso que está en la JEP, cuyo reto es poder contar a la sociedad y a las víctimas qué fue lo que pasó y poder establecer los máximos responsables”, dijo Reinere de los Ángeles Jaramillo, magistrada del Tribunal de paz de la JEP.

A dicha frase tal vez habría que agregarle la necesidad porque Segovia vuelva a ser un lugar digno para vivir en paz, y donde pensar diferente no se convierta jamás en un pretexto para que llegue la muerte.

Listado personas asesinadas el 11 de noviembre de 1988

Pablo Emilio Gómez Chaverra
31 años, minero, simpatizante de la UP, esposo de María del Carmen Idárraga

Shirley Cataño Patiño
11 años, estudiante

María del Carmen Idárraga de Gómez
33 años, ama de casa, simpatizante de la UP

Jorge Luis Puerta Londoño
41 años, secretario del Juzgado de Instrucción Criminal de Segovia

Carlos Enrique Restrepo Pérez
77 años, minero pensionado de la Frontino Gold Mines, simpatizante del Partido Liberal, padre de Carlos
Enrique y Gildardo Antonio Restrepo

Libardo Antonio Cataño Atehortua
Minero

Carlos Enrique Restrepo Cadavid
26 años, carnicero, simpatizante del Partido Liberal

Luz Evidelia Orozco Saldarriaga
20 años, mesera

Gildardo Antonio Restrepo Cadavid
35 años, minero, simpatizante del Partido Liberal

Rosa Angélica Masso Arango
20 años, mesera

Luis Eduardo Sierra
41 años, mecánico, transportador, militante de la UP, cuñado de Jesús García

Jesús Antonio Benítez
34 años, minero

Jesús Antonio García Quintero
41 años, minero

Pablo Emilio Idárraga Osorio
31 años, minero

Luis Eduardo Hincapié
40 años, cotero, simpatizante de la UP

Roberto Antonio Marín Osorio
34 años, empleado de la Frontino Gold Mines, simpatizante de la UP

Fabio de Jesús Sierra Gómez
38 años, albañil

Luis Adalberto Lozano Ruíz
45 años, tendero

Diana María Vélez Barrientos
21 años, ama de casa

Guillermo Darío Osorio Escudero
52 años, minero pensionado de la Frontino Gold Mines, arrendador de caballos, simpatizante de la UP

Olga Lucía Agudelo de Barrientos
42 años, ama de casa

María Soledad Patiño
Ama de casa

Luis Ángel de Jesús Moreno San Martín
16 años, minero

Juan de Dios Palacio Múnera
Minero

Henry Albeiro Castrillón
21 años, cotero, tío de Francisco William Gómez

Jesús María David
Minero

Francisco William Gómez Monsalve
10 años, estudiante

NN masculino
31 años, indigente

Jesús Eduardo Hernández Sierra
Minero

NN masculino
30 años, indigente

María Dolly Bustamante
23 años, ama de casa

Robinson de Jesús Mejía Arenas
31 años, albañil, vendedor de rifas

José Danilo Amariles Ceballos
26 años, minero

Julio Martin Flórez Ortiz
26 años, minero

Jairo Alfonso Gil
Minero

Regina del Socorro Muñoz de Mestre
34 años, empleada de la Frontino Gold Mines

Jairo de Jesús Rodríguez Pardo
46 años, conductor empleado del Municipio de Segovia

José Abelardo Osorio Betancur
46 años, minero

Jesús Emilio Calle Guerra
39 años, despachador de vehículos de servicio público, simpatizante de la UP

Oscar de Jesús Agudelo López
49 años, minero

Guillermo de Jesús Areiza Arcila
32 años, minero

Jesús Orlando Vásquez Zapata
26 años, minero

Fabio Arnoldo Jaramillo Fernández
52 años, minero

Jesús Avalo
28 años, transportador

Jesús Aníbal Gómez García
41 años, minero

Erika Milena Marulanda
15 años, estudiante

Publicado en Noticias CNMH



Agenda, Antioquia, CEV, Conmemoraciones, Conmemorativa, JEP, Segovia, Verdad, Víctimas

 

Copyright 2019 / Centro Nacional de Memoria Histórica / Condiciones y Términos de Uso Ventanilla única de radicación y atención al público: Carrera 7 # 27 - 18 Pisos 20 al 24

Código Postal: 110421  Horario de radicación de Notificaciones judiciales: 8:00a.m. a 12:30 y de 1:30 a 5:00 p.m. (días hábiles) notificaciones@cnmh.gov.co 

Horario de ventanilla de radicación: lunes a viernes de 8:00 a.m. a 12:30 p.m. y de 1:30 p.m. a 5:00 p.m. (días hábiles) radicacion@cnmh.gov.co

Horario de atención al público: lunes a viernes de 8:00 a.m. a 1:00 p.m. y de 2:00 p.m. a 5:00 p.m (días hábiles) / PBX: (571) 796 5060

Política de tratamiento de la información y datos personales.

 

Ir al contenido