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El legado de los ausentes en El Salado

El legado de los ausentes en El Salado

Autor

CNMH

Fotografía

Natalia Rey

Publicado

08 Ene 2016


El legado de los ausentes en El Salado

El libro “El legado de los ausentes. Líderes y personas importantes en la historia de El Salado” [Descargar libro], es la más completa descripción biográfica sobre cinco perfiles de dirigentes emblemáticos de esta comunidad de los Montes de María. Una reconstrucción de sus vidas realizada por el Centro Nacional de Memoria Histórica a través de los relatos de sus familiares, amigos y conocidos.


Es 14 de octubre de 2015. La música que suena con intensidad desde un quiosco en la entrada principal de El Salado, Bolívar, se mete en los oídos de todos los asistentes al lanzamiento de un libro sobre perfiles biográficos de líderes y personas importantes en la historia de esta comunidad. Los adultos, jóvenes y niños bajo la brisa de la noche, esperan atentos frente a un muro blanco en el que proyectan fotografías de aquellas personas que dieron su vida para servir a otros, que buscaron el bienestar colectivo y levantaron la voz contra la injusticia.

En los rostros hay más alegrías que tristezas. Hace 15 años, del 16 al 21 de febrero de 2000, la música fue testigo de una de las masacres más aterradoras en la historia del conflicto armado colombiano. A ritmo de gaitas y tamboras, más de 450 paramilitares apoyados por helicópteros asesinaron a 16 campesinos, muy cerca de donde es el lanzamiento del libro, acusados de ser guerrilleros. Durante más de cuatro días a su paso por veredas y carreteras, este escuadrón de la guerra dejó 60 personas muertas. Todo esto ocurrió hace 15 años, los mismos que cumplía en este día una niña, y por los que los parlantes a todo volumen retumban en el quiosco; el pueblo estaba de fiesta.  

Actualmente, la vida en El Salado ha alcanzado un nivel aceptable de calma. A pesar de que son muchas las necesidades básicas insatisfechas, el fantasma de la guerra permanece oculto. Primero el canto relata lo vivido por los familiares que se desplazaron, pero que están presentes en este pequeño homenaje: 

“…recordé gratos momentos vividos en El Salado, este pueblito de mi alma donde pasé mi niñez, se conserva todavía la casa donde me crie. En mis sueños te recuerdo como eras anteriormente, cálido y acogedor como el paraíso de Adán y Eva, de sanas costumbres y ese calor de tu gente”, cantó Edilma Cohen, sobrina de Pedro Eloy Cohen, uno de los líderes ausentes a los que se les rindió el homenaje.

Luego el sonido de una fiesta de quince anunciaba que de ese pueblo callado, oculto y desolado no queda nada. Y es que es una fecha emblemática también porque se entregó puerta a puerta un libro que hace parte de una medida de satisfacción del plan de reparación colectiva de la comunidad. “El legado de los ausentes”, corresponde a la historia de cinco líderes, cuatro hombres y una mujer, (Pedro Eloy Cohen, Agustín Redondo, Gustavo Redondo Suárez, Álvaro Pérez Ponce y María Cabrera) junto con una historia de un actor colectivo que son los Tabacaleros.

Ausentes de cuerpo porque cuando se recuerda a quien ya no está, la memoria lo hace existir. La memoria nos permite conocer a quien no vamos a tener la posibilidad de estrecharle la mano. Así ocurrió, por ejemplo, en el lanzamiento de este libro en El Salado. Las palabras, cantos y poemas nos presentaron los mayores personajes de este lugar. Estos líderes, como son reconocidos por la comunidad, fueron el médico del pueblo, el luchador por un acueducto, de una biblioteca, de un puesto de salud, la cancha de fútbol, un parque, las murallas del cementerio o la enfermera. 

Álvaro Pérez Ponce fue asesinado en la masacre del 23 de marzo de 1997 a manos de los paramilitares; Gustavo Redondo falleció el 30 de abril de 1990, luego de varios años de retiro de la vida pública a causa de los achaques por su avanzada edad y los rigores de un implacable cáncer de garganta. A María Cabrera las balas de la guerrilla silenciaron su lucha el 7 de agosto de 2003. Pedro Eloy Cohen fue el segundo en caer, el 13 de julio de 1990, un sicario se acercó a su farmacia, solicitó un medicamento y cuando él se volteó para alcanzárselo le disparó a quemarropa. Agustín Redondo, a pesar de que murió de muerte natural a sus 79 años el 25 de agosto de 2010, el tiempo no le alcanzó para atestiguar cómo su legado había inspirado la reconstrucción de El Salado. Ninguno de ellos murió en la masacre del año 2000.  

Con su trabajo, estos cinco personajes han hecho que después de tantos embates de la violencia en esta región, encontremos un lugar tranquilo, dominado por la alegría de su gente, con niños que corren de lado a lado esquivando los problemas que el Estado no ha solucionado. Basta con recorrer este pueblo para ver lo que hicieron estas personas por él: “cambiaron la forma de pensar de la comunidad, de ver el mundo, le enseñaron a los campesinos que son sujetos de derechos”, explica Andrés Suarez, asistente de la Dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica y relator del libro.

Lágrimas por la memoria

El hecho de reconstruir paso a paso la vida de familiares que ya no están, tiene su gota de sufrimiento, y en ocasiones han sido bastantes para poner ese sufrimiento al servicio de otros, para conocer estas historias. Por ejemplo, Elvia Badel, esposa de Álvaro Pérez Ponce, relata en un escrito, “El día en que mi vida cambió”, detalle a detalle de cómo se dio la incursión paramilitar del 23 de marzo de 1997, donde murió su compañero. “En 2008, de la Fiscalía llega un oficio donde le dicen a mi hijo que debe asistir a Sincelejo, que el postulado Salvatore Mancuso va a hablar sobre la masacre del 23 de marzo de 1997 y allí confiesa que es el autor material del homicidio de Álvaro Pérez Ponce. Lo asesinó porque presuntamente era un guerrillero, pero no mostró la evidencia, un video o una foto, algo que dijera que sí era guerrillero. Pregunto yo: ¿Será que un guerrillero está con su familia en su casa y vestía ese día pantalón gris con camisa de rayas manga larga, un sombrero de color marrón y unas pantuflas, será que así visten los guerrilleros?, no usan fusil…” 

Hace décadas que el dolor que cubre a El Salado hace suponer su fin, una comunidad de los Montes de María que huyó por la masacre y tantos homicidios, pero, pasados los años, empezó a volver aunque ha encontrado una realidad difícil.

El Salado ha vivido los últimos años un proceso de cambio muy profundo que impactó fuertemente la manera como se vive el presente. Una masiva intervención externa del sector privado y público en solidaridad con las víctimas, trajo consigo un fuerte impacto en términos materiales, dotando los saladeros de infraestructura pública como un centro médico, una ambulancia, una casa de la cultura llamada Casa del Pueblo, un colegio y una instalación deportiva, que es el fruto del “Legado de los ausentes”. Pero la vida no es fácil y construir una economía sostenible sigue siendo todo un desafío.      

El Salado no ha olvidado lo que sucedió hace 15 y 18 años. Por eso el pasado 14 de octubre el pueblo conmemoró la vida que sigue germinado a pesar de la muerte.  

 


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El ejercicio de narrar una masacre invisible

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

18 Sep 2018


El ejercicio de narrar una masacre invisible

  • Este miércoles 19 de septiembre acompañamos a Dejusticia en la presentación del libro “Los Guáimaros y El Tapón: la masacre invisible”, que narra la vida de 15 campesinos asesinados en el 2002 en Montes de María en condiciones aún no resueltas.
  • Este libro propone rutas jurídicas para la búsqueda de verdad, justicia y reparación, y es un valiosos ejercicio de memoria histórica que el CNMH celebra.

La masacre de Los Guáimaros y el Tapón (San Juan Nepomuceno, Bolívar) no se nombró durante años. No existió. Incluso hoy, sigue sin conocerse los autores de este hecho. Los días 30 y 31 de agosto del 2002, 15 campesinos fueron asesinados en las fincas El Tapón y Los Guáimaros. Esta masacre provocó el desplazamiento de familias enteras de los corregimientos vecinos de Corralito y San José del Peñón, y se convirtió en la tercera más numerosa de esta región, conocida como los Montes de María.

Hace dos años, los familiares de las 15 víctimas empezaron a llamar la atención de su comunidad y del país con conversatorios, eucaristías conmemorativas y monumentos. Y este año, pudieron hacer realidad el sueño de llevar la vida de sus familiares a un libro, que construyeron con apoyo de la ONG de derechos humanos Dejusticia, y que será presentado en Bogotá este miércoles 19 de septiembre. El Centro Nacional de Memoria Histórica acompañará este ejercicio de memoria y verdad.

La idea de reconstruir las historias de sus muertos, a través de la mirada de padres, hermanos e hijos, fue su manera de hacer memoria para evitar que un hecho así se repita. “Que se sepa que fueron ejemplo y que no se fueron de esta vida porque quisieron, sino porque otros se la arrebataron”, dicen. Este libro también es un peldaño hacia la búsqueda de verdad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Cronología de la masacre de Los Guáimaros y El Tapón, ocurrida los días 30 y 31 de agosto del 2002 en San Juan Nepomuceno, Bolívar.

“Los Guáimaros y El Tapón: La masacre invisible”, como los familiares decidieron titular esta obra, significó horas de entrevistas a profundidad y se valió del género perfil para plasmar las historias. El libro se construyó con la participación activa de los miembros de la Asociación de Luchadores por la Verdad de Los Guáimaros, conformada por los seres queridos de quienes fueron asesinados y que son coautores.

“El resultado fue una serie de relatos llenos de cotidianidad, de nostalgia y de humanidad, que nos reafirmaron que cualquier persona, que cualquier vida, es un universo digno de ser contado”, explican en la introducción los autores por Dejusticia: Irina Junieles, Carolina Gutiérrez y Alejandro Jiménez.

A los perfiles, el recurso más potente de este libro, se suman otros dos capítulos. En el  que abre la obra, Junieles, investigadora de Dejusticia, hace una cronología de lo sucedido ese 30 y 31 de agosto de 2002. Por último, Jiménez, también investigador, presenta un análisis jurídico de las rutas que podría tomar el caso en la justicia ordinaria y en la justicia transicional para garantizar posibles escenarios de justicia, verdad, reparación y no repetición.

La presentación del libro será el miércoles 19 de agosto a las 5:30 pm en las oficinas de Dejusticia (Carrera 24 #34-61, Bogotá).
Entrada libre hasta completar aforo.

Publicado en Noticias CNMH



Los Guáimaros, Masacre, Memoria, Montes de María, San Juan Nepomuceno

“Me siento satisfecho, me siento realizado”: Jesús María Pérez

Noticia

Autor

Juan Camilo Gallego Castro

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

25 Oct 2018


“Me siento satisfecho, me siento realizado”: Jesús María Pérez

Este líder histórico del campesinado, guardián de la memoria de los Montes de María y defensor de una distribución equitativa de la tierra, murió el 23 de octubre en su casa de la vereda Palmitos, Sucre, a los 84 años.


“En la finca El Palmito… de la Unión de Francisco Antonio con María Luisa Ortega Medina, de la que también hubo cuatro hijos, nació Jesús María. El 30 de agosto de 1934”. Estos son algunos de los “aspectos biográficos” que el líder histórico de los Montes de María, Jesús María Pérez, dejó consignados en uno de sus manuscritos que hoy reposan en el Archivo Virtual de los Derechos Humanos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). Allá en Los Palmitos, Sucre, el lugar donde nació, también murió José María el pasado 23 de octubre. Estaba al lado de su esposa Soledad Acosta y rodeado de su familia.

En otro de los manuscritos, titulado “Vida, desarrollo y actividad de un militante político”, escribió en tercera persona que “ese niño desde sus primeros años de vida mostró ser muy vivaz, con una inteligencia muy despierta no pudo ir nunca a la escuela, debido a que para esa época no existían escuelas rurales en la zona”.

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A los 21 años conoció a su esposa Soledad Acosta. Ella tenía 16. Juntos, protagonizaron las grandes luchas campesinas en los Montes de María: una región del Caribe colombiano que se extiende por los departamentos de Bolívar y Sucre, y que es centro de un profundo conflicto de tierras por cuenta del accionar de terratenientes y de grupos paramilitares y guerrilleros.

Jesús María Pérez fue uno de los fundadores de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC). Desde allí, luchó incansablemente por una reforma agraria que les diera a los campesinos más derechos sobre el territorio. Y eso, lo llevó a ser perseguido y amenazado. Incluso, estuvo tres veces en la cárcel señalado de “insurgente”, pero ninguno de esos procesos judiciales prosperó.

En la escuela de la vereda Palmito, que construyeron muchos años después, Jesús María fue homenajeado por su comunidad el pasado 22 de septiembre. Fue su último evento público. Más de cien personas lo recibieron con un aplauso. Soledad Acosta le había escuchado decir días antes que quería saber quiénes eran sus amigos y quiénes no, que quería saber con quién contaba. Al llegar a la escuela no había más que personas dispuestas a escucharlo y a reconocerle su liderazgo. Fue el abrazo de su gente.

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“Pido disculpas por mi estado de salud”, dijo al empezar. Sus palabras fueron un acto de resistencia, dijo luego Gonzalo Sánchez, director del CNMH.

“Desde que me metí a la escritura me enamoré de los fundamentos de la historia y la geografía”, continuó Jesús María. Su voz era suave, lenta. Su hija Sara Pérez se sentó a su derecha y le sostuvo el micrófono; Soledad, su esposa, le sobaba la espalda y le daba aliento para hablar.

“Este es un acto que queda para la historia de las nuevas generaciones y de las juventudes, porque las ideas nunca se mueren. Nunca fui a la escuela, pero aprendí más de las calles de los pueblos que de las escuelas (…). No quiero extenderme porque no estoy en condiciones de salud. Pero me siento satisfecho, realizado al lado de este auditorio. Están reunidos porque tienen fe en la persona que las ha representado. Gracias por escucharme, por todo. Ojalá pueda seguir”.

En aquel evento, Jesús María y Gonzalo Sánchez firmaron un documento en el que constaba que el líder le estaba entregando al Museo de Memoria Histórica de Colombia su archivo físico, conformado por sus manuscritos, libretas de notas y su producción intelectual. Una cuidadosa selección de 399 documentos en 2.093 folios.

“Los grandes momentos reclaman palabras”, dijo poco antes de morir, poco antes del evento en el que supo que contaba con su gente, que le reconocía la lucha de los campesinos del país.

Publicado en Noticias CNMH



DDHH, Jesús María Pérez, Los Palmitos, Montes de María, Sucre

El Mochuelo: el museo de la memoria que viajará por los Montes de María

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Autor

Archivo CCMMaL21

Fotografía

Archivo CCMMaL21

Publicado

04 Mar 2019


El Mochuelo: el museo de la memoria que viajará por los Montes de María

  • Este museo itinerante, que recoge historias, recorridos, testimonios y voces de 16 municipios de Sucre y Bolívar, estuvo en construcción durante once años. El próximo 15 de marzo comienza su recorrido en El Carmen de Bolívar (Bolívar).
  • Su objetivo es recorrer todas las comunidades y fortalecer la convivencia, la organización y la unión en esta región, que sufrió las violencias de todos los grupos armados.
  • Según el Observatorio de Memoria y Conflicto del CNMH, entre 1985 y 2017 se registraron allí 3.197 asesinatos selectivos, 117 masacres y 1.385 personas desaparecidas.

Desde hace once años los habitantes de los Montes de María emprendieron una gran misión: reconstruir con su propia voz las historias de lucha y resistencia que los han marcado por más de medio siglo, reconocer las afectaciones que el conflicto armado les causó, y visibilizar esos relatos en un espacio que les garantice sus derechos a la reparación, a la verdad y a la no repetición. Los próximos 14, 15 y 16 de marzo ese sueño se verá materializado, con la inauguración de El Mochuelo – Museo Itinerante de los Montes de María, en El Carmen de Bolívar (Bolívar).

Todo empezó con una pregunta, que surgió luego de intensas olas de violencia provocadas por grupos armados de todos los bandos: ¿Para qué recordar? Según cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), en los 16 municipios de Sucre y Bolívar que conforman esta región del Caribe colombiano conocida como Montes de María, entre 1985 y 2017 se registraron: 3.197 asesinatos selectivos, 117 masacres, 1.385 personas desaparecidas y 657 víctimas de violencia sexual (la mayoría de ellas mujeres). Todos estos hechos no solo sumaron miles de víctimas, sino que desintegraron a una población que durante años había luchado por el acceso a la tierra: un derecho esencial en la vida montemariana.

¿Para qué recordar? Con esta pregunta en mente, el Colectivo de Comunicaciones de los Montes de María Línea 21 (CCMMLa21) tocó las puertas de ONGs, cooperantes internacionales e instituciones académicas. Y en el 2008 creó pequeños grupos en los territorios, llamados Colectivos de Narradores y Narradoras de la Memoria, que empezaron a circular la palabra como derecho fundamental, “después de haber sido sometidos al silencio por parte de los actores armados en medio del conflicto”, aseguran ellos.

Los Narradores y Narradoras de la Memoria, unidos en un abrazo durante un campamento Juvenil.

A través de videos, fotografías y testimonios, los narradores y narradoras rescataron no solo los relatos de dolor de los montemarianos, sino también las historias de grandes líderes y lideresas que dedicaron la vida a luchar por sus comunidades; retrataron los paisajes rurales de la región, que se crean desde el río Magdalena hasta el mar Caribe; revivieron las tradiciones culturales que, entre juglares y gaitas, han marcado la identidad montemariana; y recogieron el anhelo conjunto por ser comunidades de paz.

El Mochuelo fue bautizado así “por un pájaro de fino cantar” muy popular en la región, y por la canción del cantautor sanjacintero Adolfo Pacheco Anillo, que lleva el mismo nombre. Como un pájaro, este museo emprenderá el vuelo de la memoria en los Montes de María. Su espacio físico está concebido como una casa tradicional de la región. En él, las mecedoras de madera, las fotografías históricas y documentos de las luchas campesinas, las canciones montemarianas, el patio de juegos y el “árbol de la vida” -que recoge los nombres de 700 víctimas del conflicto armado en esta región-, invitan a hacer de la memoria un camino para el encuentro, la superación del miedo y la construcción colectiva de paz.

Este 15 de marzo esta muestra itinerante emprende un viaje que comienza en El Carmen de Bolívar. Unos 70 delegados de los 16 municipios, junto a académicos y visitantes, participarán durante tres días en actividades culturales, charlas y talleres de capacitación, para luego recibir a El Mochuelo en sus propias comunidades.

Este museo fue construido gracias al apoyo que diferentes aliados internacionales brindaron para su gestión, planeación y desarrollo, junto a las 16 comunidades de los Montes de Marías. El apoyo de la Embajada de Francia en Colombia fue vital. Durante la inauguración, el embajador Gautier Mignon acompañará a la iniciativa de jóvenes Mochuelos Cantores y Cantoras en esta apertura.

Descargue aquí la agenda del evento.

Para mayor información

Laura Angélica Cerón Hernández
Periodista Centro Nacional de Memoria Histórica
laura.ceron@centrodememoriahistorica.gov.co

 

Publicado en Noticias CNMH



Carmen de Bolívar, El Mochuelo, Montes de María, Museos de Memoria

Pichilín: una comunidad contra la estigmatización

Noticia

Autor

Juan Sebastián Sanabria

Fotografía

Juan Sebastián Sanabria

Publicado

19 Nov 2019


Pichilín: una comunidad contra la estigmatización

  • Este mes se lanzó “No señor, guerrilleros no. ¡Somos campesinos y campesinas de Pichilín!, un compilado de cuentos e ilustraciones que narran lo que la comunidad del corregimiento de Pichilín (Morroa, Sucre) vivió durante casi cincuenta años.
  • La construcción del texto se hizo a través de distintos talleres, entrevistas y encuentros con personas de la comunidad.
  • El esfuerzo colectivo de campesinos por recuperar tierras, la incursión de actores armados, las muestras de solidaridad entre sus habitantes y los esfuerzos por volver a ser ejemplo de fortaleza organizativa hacen parte de los relatos.

Quienes visiten Pichilín hoy, hace 10 años o hace 50, se encontrarán con una comunidad “carta cabal”, a prueba de todo.

Y es que, desde sus inicios, sus pobladores, hombres y mujeres campesinos, han acumulado experiencias que los han marcado. Para demostrarlo, basta devolverse al inicio de Pichilín como corregimiento, proceso que, por demás, es tema central del primer capítulo de esta publicación del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Para aquel entonces -finales de los sesentas e inicios de los setentas-, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) hizo una movilización nacional que exhortó a los campesinos a recuperar más de mil haciendas y latifundios que estaban sin trabajar. Esta se hizo por todo el país, y en Sucre no fue la excepción. Allí lograron conformarse juntas directivas departamentales respetadas por sus campesinos.

Luego de que otras fincas ganaderas fueran recuperadas, el 12 de octubre de 1971 llegó el turno para la finca Pichilín.

“Bueno, el día de la recuperación de Pichilín, el 12 de febrero de 1971, fecha que nunca olvidaré, nos encontramos temprano como habíamos acordado. Íbamos Donaldo Salgado, Luis Enrique Salgado, Elías Vitola, Bonifacio Salgado, al que le decimos ‘Bone’, Tomás Vitola, Miguel Pérez Vitola y otro poco de campesinos. Éramos un grupo grande y nos repartimos por toda la finca” (fragmento extraído de “La recuperación de nuestras tierras es lo más valioso que hemos hecho en toda nuestra historia”).

Según se señala en el texto, la Policía y Los Pájaros (escuadrones de seguridad que trabajaban para terratenientes), intentaron detener a los campesinos, pero sus esfuerzos fueron infructuosos, pues rápidamente estos empezaron a construir sus ranchos. Fue así como se recuperó a Pichilín, tierra que solo sería titulada 17 años después, el 4 de octubre de 1988.

Sin embargo, Pichilín, al igual que muchos otros territorios en Colombia, ha visto a los ojos a la violencia. La antigua guerrilla de las Farc, grupos paramilitares y agentes del Estado colombiano cometieron hechos violentos contra la población.

Esas dinámicas, también se esbozan en este libro, una publicación que recogió las voces y memorias de sus pobladores mediante un lenguaje literario. Con ello, se buscó seguir estimulando el interés por parte de la población más joven del corregimiento y posibilitar la continuidad generacional de los procesos comunitarios de la región de Los Montes de María.

Así pues, diferentes narraciones del segundo capítulo, “Cuando el conflicto nos golpeó”, confrontan al lector con los impactos que dejaron en Pichilín: el ingreso de las Farc en los inicios de los noventas, la masacre de los paramilitares en diciembre del noventa y seis, los posteriores procesos de desplazamiento y retorno, los años de confrontación entre la Armada y la guerrilla, los asesinatos selectivos y las permanentes sospechas de pertenecer a uno u otro bando.

Con ellos, también llegó un alto nivel de estigmatización hacia su comunidad. Algunos habitantes de pueblos vecinos, de los grupos armados y hasta en el interior del propio corregimiento la ejercieron y produjeron desde ‘la ruptura de los lazos comunitarios, pasando por la desintegración familiar y terminando en una profunda sensación de incertidumbre y desconfianza” (fragmento de “Cuando el conflicto nos golpeó”).

No obstante, en las líneas de este capítulo, también aparece una cotidianidad plasmada de resistencias por quedarse, de acciones para mantener familias unidas y de estrategias para sobrevivir y evadir a los actores armados.

Finalmente, en el tercer y último capítulo del libro, “Ahora la lucha es por las organizaciones”, se asiste al relato del proceso de reconstrucción de esta población entre el año 2004 y el año 2018. El retorno de las Juntas de Acción comunal y los comités, la aparición de organizaciones, la configuración de una Asociación de Víctimas y el liderazgo que están ejerciendo las mujeres son contados con detalle.

“Ahora, con la convicción más fuerte de que pelear por sus intereses y derechos, dar su opinión y visibilizar su inconformidad frente a lo que no les parece justo, no debe ser motivo de estigmatización ni de criminalización”.

Los invitamos entonces a que conozcan una historia de campesinos, de voces que han vivido, resisten y luchan.

* Con este libro se dio cumplimiento por parte del Centro Nacional de Memoria Histórica a la primera sentencia emitida por parte del Consejo de Estado el 9 de julio de 2014 con respecto a la comunidad de Pichilín, a la sentencia de Restitución de Tierras del 3 de junio de 2016 y al PIRC (Plan Integral de Reparación Colectiva) de abril de 2014.

 


ANUC, Campesinos, Conflicto Armado, Desplazamiento, Farc, Montes de María, Paramilitarismo, Pichillín, Sucre

Juglares de la Memoria de los Montes de María

Noticia

Autor

Juan Sebastián Sanabria

Fotografía

Juan Sebastián Sanabria

Publicado

05 Dic 2019


Juglares de la Memoria de los Montes de María

Este es un trabajo que visibiliza el apego de las personas montemarianas a su territorio, la diversidad de sus voces, sus tradiciones culturales y las aleccionadoras vivencias a modo de canto que acompañan este ejercicio de construcción de memoria histórica y de paz en la región.


Este jueves, 5 y 6 de diciembre, en San Onofre, Sucre, se presenta el documental Juglares de la Memoria de los Montes de María, en el III Festival de la Reconciliación de los Montes de María, el cual tiene como objetivo general consolidarse como un espacio que por medio del arte, las tradiciones, la cultura y el diálogo, busca propiciar la reconciliación entre los diversos actores del territorio, las comunidades, las instituciones, y las organizaciones de los quince municipios de Montes de María, en aras de fortalecer los procesos de sanación colectiva y reparación del tejido social de la región. Y cuyo lema para esta tercera edición es: “Reconciliación, buen vivir y defensa del agua”

 “Caramba qué, hasta las estrellas se están desplazando” . Esta metáfora la dice Julio Cárdenas en Juglares de la Memoria, al explicar que vio pasar una estrella fugaz, y lo primero que pensó fue en el destierro que estaban viviendo a causa de la violencia. Una analogía que refleja, de manera poética, el sentir de los montemarianos y montemarianas, en medio del conflicto armado.

Contar el conflicto a través del canto, para narrar el pasado en el presente, es uno de los tantos recursos narrativos que se muestran en el documental,realizado desde 2018 por el equipo de investigación ¡Basta Ya! Montes de María (BYMM) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y el Espacio Regional de Construcción de Paz de los Montes de María (ERCPMM). Una pieza audiovisual, dividida en dos capítulos, que nos invita a dialogar sobre la cultura montemariana desde el arte, un arte que cuestiona la guerra.

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Así, desde la diversidad de sus cantos, mezclando sonidos y composiciones que nos hacen vibrar el cuerpo y el espíritu; se ven expresiones sonoras que llevan al espectador a explorar, por medio de canciones, los caminos que facilitan la construcción de paz y la reconciliación.

“Sangre inocente, corre, muerte en veredas, mi pobre patria sola se acaba, no se oye el canto de los turpiales, solo se escucha un coro de balas” . Es la composición de Rafael Posso, líder comunitario de Las Brisas (San Juan Nepomuceno, Bolívar), realizador, también, de Buscando Huellas, una serie de 14 pinturas a lápiz que plasman la historia de desplazamiento forzado y la masacre del 10 de marzo de 2000 en Las Brisas:

Al paso con la crudeza de este canto, Rafael Posso nos comparte confesiones que normalmente sólo surgen en espacios de diálogo y confianza, precisamente como los que auspicia el ERCPMM con el festival, señalando“Antes se le cantaba al amor, a la esperanza. Pero nunca, jamás, pensé que se le podía cantar a la violencia”.

Así, Juglares de la Memoria muestra los rostros y voces de los hombres y mujeres de los Montes de María, las afectaciones por la violencia, su resiliencia, su búsqueda constante por dar a conocer sus reclamos, y las organizaciones y colectivos que forjaron para construir memoria histórica viva desde el territorio. El apego a sus tradiciones, que se ven afectadas, como todo, por la desdicha que genera el conflicto armado.  

“Ya nos tocó bajar la guardia, dejar de asistir a muchos festivales porque acá se hablaba de zona roja, entonces eso nos cohibió de hacer trabajo de campo, porque esta música tiene eso que uno la consigue no tanto en la biblioteca, en la emisoras, sino allá donde está el juglar, meterse en la montaña, y allá están los actores armados. Entonces eso nos cohibía de hacer procesos de investigación”, explica Rafael Gil en el documental.  

En este contexto, de igual manera, se crearon canciones para exigir la visibilidad de los derechos individuales y colectivos. Es el caso de Dina Cruz Peña de Ovejas, Sucre, que canta: “Escúcheme bien comadre los derechos que tiene usted. Derechos nos son regalos, le pertenecen a usted, si no luchamos por ellos no los podemos tener. Las campanas dicen dan, mujeres decimos den. Preferimos las campanas porque dan sin que les den”.

Si bien en Juglares de la Memoria vemos las voces de los sobrevivientes del conflicto armado en el territorio, lo que verdaderamente presenciamos, gracias al arte y la cultura, es la diversidad de las expresiones artísticas que son muy propias de la región. Por ejemplo la décima, que tiene una manera de contar muy autóctona y poética, que los campesinos y campesinas han usado para interpretar la historia desde su vida cotidiana, desde sus quehaceres diarios. En los jornales, o conversando en una hamaca sanjacintera mientras se balancean con la brisa que golpea las montañas de los Montes de María.

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¡Basta Ya! Montes de María y Cancionero

El documental hace parte de la investigación ¡Basta Ya! Montes de María (BYMM), un proyecto de memoria histórica que busca atender las demandas de las organizaciones de víctimas en la región, para la construcción de una memoria histórica viva, dando cuenta de los acumulados construidos por los procesos de memoria local en relación con los contextos y lógicas de violencia, las formas de victimización individual y colectiva, los impactos poblacionales y territoriales de la guerra, así como las respuestas y resistencias que han generado los pobladores de la región; todo en perspectiva diferencial. Las memorias expresadas a través de la música pretenden aportar a la identidad regional montemariana, a la construcción de paz territorial y al desarrollo rural regional.

De este proyecto también hace parte un cancionero que es la recopilación de todas las canciones que aparecen en los dos capítulos del documental Juglares de la Memoria, como un esfuerzo adicional que busca compartirles la enorme fuerza narrativa de estas expresiones que lastimosamente no pudieron incluirse en su toda extensión, que nos cuenta no sólo sus experiencias en el conflicto armado de los Montes de María, también la diversidad de ser montemariana y montemariano, de sus añoranzas de paz.

Vea acá los dos capítulos del documental Juglares de la Memoria:


Descargue el cancionero en PDF“.


Agradecimientos especiales:

El CNMH agradece al personal del Colegio Santa Clara del municipio de San Onofre, Sucre por habernos facilitado muy generosamente sus instalaciones y  equipos para proyectar el lanzamiento del documental. Así mismo, a las personas del municipio por su cálido recibimiento y a las gestiones internas que se realizaron desde el mismo ERCPMM para que esto ocurriera.

 


Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, Festival, Montes de María, Sucre

 

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