Etiqueta: Reparación

1500 historias y un solo deseo

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

31 Oct 2014


1500 historias y un solo deseo

El pasado lunes 27 de octubre, 1500 víctimas del conflicto armado se reunieron en el centro de convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada para hablar sobre reconciliación con verdad, justicia y reparación en el foro “Colombia abraza a las víctimas de las Farc”. 


Hombres sin una pierna, mujeres agotadas por los largos viajes, viejos con pancartas que anunciaban reclamos en el olvido, camisetas blancas con la frase: “víctimas de las Farc”; niños, jóvenes, indígenas, afrocolombianos, campesinos; fueron mil quinientas víctimas de la guerrilla que querían aprovechar el foro en Bogotá “Colombia abraza a las víctimas de las Farc” para ser escuchadas. 

En cualquier rincón, una historia: “Caí en una mina antipersonal”, “en un combate me dejaron casi muerto”, “mi hijo fue desaparecido”, “nos desplazaron y quitaron las tierras”, “me salve de milagro”, “mi hija fue secuestrada desde los cuatro años, hace ya 15 años”, “mataron a mi padre y hermanos”. Duelos individuales y colectivos, rencores insuperables y mujeres con deseo de perdonar. En cualquier rincón, una catarsis.

Hubo un descontento generalizado con algunos puntos que hoy se debaten en los diálogos de La Habana entre el gobierno y la guerrilla de las Farc: “Estamos de acuerdo con la paz, no con este proceso”, gritó alguien desde una silla. “Hay que defender el proceso de paz, hay que echarle vitaminas”, dijo, por otro lado, la senadora, Sofía Gaviria, quien fue una de las organizadoras del foro.

En un ejercicio metodológico realizado en mesas de trabajo, las víctimas se agruparon y expusieron sus opiniones sobre lo que se debe incluir en la mesa de negociación en La Habana. “Que no se estigmatice entre los guerreristas y los pacifistas, aquí todos somos víctimas” resaltó, también, la senadora Gaviria. La Unidad de Víctimas registra 6´941.505 personas afectadas directamente por el conflicto armado en Colombia, pero no existe un estimado unificado sobre cuántas han sido    “victimizadas” por las Farc, por los paramilitares o por el Estado.

El foro representó una pequeña muestra -de 1500 testimonios- de las contracciones, los deseos, y las historias que están por todo el país y que dan cuenta no solo del nivel de polarización entre las víctimas sino de la necesidad de abrir más espacios donde puedan escucharse los unos a los otros con respeto. Desde el CNMH seguiremos acompañando este tipo de iniciativas y esperamos que muy pronto podamos pasar la página de tantas historias de guerra.

 


Foro, Historia, Reparación, víctimas paz y la reconciliación

Perspectiva de género en los procesos de verdad, memoria y reparación

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

César Romero

Publicado

17 Mar 2015


Perspectiva de género en los procesos de verdad, memoria y reparación

ONU Mujeres y el Centro Nacional de Memoria Histórica avanzan en su compromiso por integrar la perspectiva de género en los procesos de verdad, memoria y reparación.


Para dar continuidad al acuerdo de colaboración suscrito en 2012, la Representante de ONU Mujeres en Colombia, Belén Sanz y el Director General del Centro Nacional de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez Gómez, sostuvieron un Memorándum de Entendimiento para trabajar coordinadamente en las áreas de interés mutuo hasta 2018.

Con la formalización de esta alianza, ONU Mujeres se compromete a brindar asistencia técnica y financiera para el fortalecimiento de las capacidades del Centro Nacional de Memoria Histórica en la implementación de estrategias para incorporar las voces y los derechos de las mujeres víctimas del conflicto y excombatientes en los procesos de verdad y la recuperación de la memoria histórica, la reparación integral y garantías de no repetición.

Uno de los resultados que se esperan de este acuerdo de colaboración para el 2015 es la integración de la perspectiva de género en la construcción del Museo Nacional de la Memoria, tarea encomendada al Centro Nacional de Memoria Histórica de acuerdo con la Ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas y Restitución de Tierras).

En esta alianza, durante 2015, ONU Mujeres apoyará la elaboración del informe nacional de violencia sexual que adelantará el Centro Nacional de Memoria Histórica según lo ordenado por la Ley 1719 de 2014, con énfasis en Magdalena Medio, Meta y Buenaventura y paralelamente se diseñará una metodología de atención psicosocial para mujeres víctimas de violencia sexual en los procesos de recuperación de la memoria histórica.

Para este primer año, otra prioridad será el acompañamiento a las acciones de memoria histórica de organizaciones de mujeres sujetos de reparación colectiva. Para tal efecto se apoyará la sistematización de experiencias de vida de mujeres integrantes de la Organización Femenina Popular del Magdalena Medio, teniendo en cuenta la dimensión individual y colectiva, documentando la violencia y los efectos desproporcionados del conflicto armado en las mujeres víctimas.

Esta alianza entre la entidad de las Naciones Unidas para el empoderamiento de las mujeres y el Centro Nacional de Memoria Histórica permitirá fortalecer procesos de reconstrucción de la memoria histórica de mujeres víctimas del conflicto armado, en coordinación con organizaciones de la sociedad civil o con otras entidades del Estado. 

 


Enfoque género, Memoria, Reparación, Verdad

La memoria y la verdad necesarias para la reparación a las víctimas

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

19 Mar 2015


La memoria y la verdad necesarias para la reparación a las víctimas

CNMH participó en la Cátedra Europa con la ponencia “Memoria en contextos de justicia transicional”

La memoria es un recurso transformador de la sociedad, que tiene la aspiración de resignificar algunos hechos violentos y entender la verdad como una forma de reparación a las víctimas del conflicto.

Así lo consideró el coordinador regional de Atlántico de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica, Rodrigo Triana, durante su intervención en la XVIII Cátedra Europa de la Universidad del Norte con la ponencia “memoria en contextos de justicia transicional”.

Triana destacó que los procesos no judiciales de construcción de la verdad deben ser entendidos como una necesidad urgente para la reparación integral a las víctimas.

En las instalaciones de la Universidad del Norte, el coordinador de la sede regional Atlántico de la DAV aseguró que este proceso, gracias a la construcción del mecanismo no judicial de contribución a la verdad, irá más allá de los relatos de las personas desmovilizadas que firmaron los Acuerdos de la Verdad con un proceso de aportes voluntarios que harán énfasis en algunas zonas del país con más alto nivel de victimización.

“Debemos preguntarnos cómo vamos a realizar los informes, quiénes son las personas que deben participar en las contribuciones voluntarias porque no podemos quedarnos solo con la información de quienes han pertenecido a los grupos paramilitares”.

La Cátedra Europa se desarrollará hasta el próximo sábado 21 de marzo y cuenta con la participación de 252 conferencistas internacionales y nacionales de 19 países, que este año destacaron los temas de paz, reconciliación y reparación a las víctimas del conflicto.

 


Memoria, Reparación, Verdad, Víctimas

Bojayá pide verdad, justicia y reparación

Bojayá pide verdad, justicia y reparación

Autor

CNMH

Fotografía

Comité de los Derechos de las Víctimas de Bojayá

Publicado

09 Dic 2015


Bojayá pide verdad, justicia y reparación

Un día después de que delegaciones del Gobierno y las Farc visitarán Bojayá en el acto de reconocimiento de responsabilidad por la masacre del 2 de mayo de 2002, miembros del Comité de los Derechos de las Víctimas de Bojayá se manifestaron en una rueda de prensa en Bogotá frente a este acto y dieron a conocer sus exigencias para lograr verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición de estos trágicos hechos.


“Sabemos que estas palabras, como lo hemos manifestado en varias ocasiones, no reparan lo irreparable, no devuelve a ninguna de las personas que perecieron y tampoco borra el sufrimiento causado, sufrimiento que se refleja en el rostro de todas y todos ustedes, por eso ojalá algún día seamos perdonados. Venimos impulsados por el compromiso con la verdad reconociendo el daño causado”. Estas fueron las palabras de Félix Antonio Muñoz Lascarro alias ‘Pastor Alape’ ante cerca de 700 representantes de las comunidades afrocolombianas e indígenas que participaron en este acto en Bellavista Viejo, lugar donde hace 13 años estalló una de las cuatro pipetas lanzadas por las Farc en medio de los combates que sostenía con grupos paramilitares de las AUC y en el que murieron al menos 79 personas y más de 100 quedaron heridas.

Por su parte Sergio Jaramillo, Alto Comisionado para la Paz, en este mismo escenario manifestó: “Hay que construir la paz y para construir la paz tenemos que enfrentar ese pasado que hemos vivido. El asunto ahora no es simplemente conocer los hechos, sino reconocer lo ocurrido. Esa es la esencia del cambio, reconocer y asumir la responsabilidad de lo ocurrido, no solo en Bojayá sino en todos los hechos del conflicto (…) entendemos además que hay otras responsabilidades aquí en juego y que se deben hacer  otros reconocimientos por parte de los paramilitares y también por parte del estado que tenemos que venir aquí a explicar por qué esta comunidad se encontraba en ese grado de desprotección”.

Después de este acto, que no tuvo presencia de medios de comunicación, pues querían dedicarlo de manera solemne a las víctimas, en rueda de prensa Delmiro, Leyner y Delis Palacios- representantes del Comité de Víctimas de Bojayá- catalogaron el encuentro como un avance hacia la verdad y la reconciliación, sin embargo pidieron nuevamente que se apliquen el conjunto de medidas de reparación del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica “Bojayá: la guerra sin límites”; exigencias que fueron manifestadas desde 2010 y que según los representantes, aún no reciben respuestas concretas ni eficaces.

Entre éstas se destacan la identificación de los restos de las víctimas que fallecieron entre el 21 de abril y el 2 de mayo de 2002 -días de combates previos a la masacre- y la construcción de un panteón propio para su sepultura. Lugar que igualmente será una expresión de construcción de memoria.

También pidieron la atención médica y rehabilitación para los 110 lesionados sobrevivientes de la masacre. “Esas heridas sin sanar nos recuerdan todos los días lo que vivimos el 2 de mayo” expresó Leyner Palacios.

En clave de memoria pidieron establecer en Bellavista Viejo, donde aún permanece la capilla y las casas misioneras, un centro regional de memoria de las víctimas, para que se convierta en un escenario de reflexión, formación y divulgación de los hechos que contribuya a la construcción de una paz firme y duradera.

Además, exigieron que el reconocimiento de responsabilidades no se quede sólo en este acto público, pues debe ser acompañado de un acto de contrición por todas las vidas, sueños y esperanzas que no se han podido construir por causa del conflicto armado.

Lea aquí el comunicado completo

En el punto de justicia, Leyner Palacios manifestó “en materia de justicia Colombia tiene una institucionalidad que se encarga de ello, sin embargo, cuando en nuestro país se habla de justicia solo se piensa en la cárcel, los pueblos indígenas y afrocolombianos podemos aportar otro tipo de justicia que apunte más a la resocialización y la reconciliación”. 

Finalmente, el Comité de los Derechos de las Víctimas de Bojayá solicitó al Gobierno crear una comisión, presidida por el Ministerio del Interior y que cuente con el acompañamiento de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, para cumplir estas exigencias y que hechos como los del 2 de mayo nunca vuelvan a suceder.

 


Bojayá, Comisionados, Derechos Humanos, justicia, Reparación, Víctimas

16 años de la masacre de Santa Cecilia

16 años de la masacre de Santa Cecilia

Autor

CNMH

Fotografía

Mauricio Builes para el CNMH

Publicado

29 Ene 2016


16 años de la masacre de Santa Cecilia

Hace 16 años en Santa Cecilia en el corregimiento de Astrea, norte del Cesar, un grupo de paramilitares conformado por más de 100 hombres armados asesinó a 12 campesinos de la región.


Este 28 de enero se llevó a cabo actividades conmemorativas en el corregimiento como medida de reparación simbólica. Teniendo en cuenta que los hechos ocurridos ese fatídico 28 de enero de 2000, trascendieron a toda la comunidad, la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV), desde 2013 inició el proceso de reparación con esta comunidad, donde se establecieron, entre otras, medidas de reparación como: reconocimiento público de lo ocurrido y actividades conmemorativas.

Otra historia no contada

Antonio Fermín relata la historia de una masacre inesperada, como muchas de las que han arrasado los pueblos colombianos. “Esa noche yo me quedé en Santa Cecilia, en la madrugaba los perros ladraban mucho, me levanté a las cinco de la mañana, iba saliendo y los paramilitares me dijeron que el pueblo estaba rodeado y que debía ir con los demás, caminé y llegué donde estaban todos amarrados. Nos pusieron en posición de requisa”, dice.

Los paramilitares, comandados por John Jairo Esquivel, alias “el Tigre”, se apoderaron de la única casa de dos pisos en la zona y montaron su cuartel de la muerte, junto a un retén militar, en toda la entrada del pueblo. Con lista en mano, pidiendo la cedula de los pobladores, iban seleccionando sus víctimas, las apartaban y amarraban: “a mí se me acercó alias ‘el Llorón’ y me dijo que conmigo no era el problema, que era con los que estaban amarrados”, relata Fermín.

Osmani Ortega, esposa de Dalwis Salcedo e hija de Rosa Elvira Rojas, —ambos asesinados en la masacre—, guarda en su memoria lo que sufrió durante esas largas horas de drama: “llegaban a las casas de los que estaban en la lista dando patadas, a todos los que estábamos amarrados nos sentaron en el piso, y a las cinco de la mañana éramos ocho allí. A mí me soltaron diciendo que estaba limpia. Y ‘el Tigre’ nos dijo que hiciéramos fiesta, que hiciéramos sancocho, que cuando ellos venían —refiriéndose a la guerrilla— hacíamos fiesta.”

Los paramilitares amarraron a 11 personas durante más de 12 horas, —desde las dos de la madrugada—a las tres de la tarde recibieron la orden de acabar con sus vidas. “Al primero que mataron fue al hijo de Ulises —Ulises Coronado Marín—, yo corrí cuando me dijeron ‘huye o te tiro yo’”, recuerda Antonio Fermín.

Según los testimonios de algunos habitantes de Santa Cecilia, a las personas asesinadas les dispararon en la cabeza y a Luz Aida Marín un perro le arrancó los senos. El pueblo quedó en silencio y desde ese día el grupo paramilitar se estableció en el corregimiento provocando el desplazamientos del 90% de sus habitantes, más de 350 familias. 

Al retornar les quemaron las casas

María Rojas se desplazó para Valledupar. Los primeros años en esta ciudad se atemorizaba al escuchar un perro ladrar, en una ocasión “llegaron a dar una serenata y mi hermana y yo vimos fue hombres armados”, explica María Rojas. Los traumas de la guerra la perseguían, llegando a confundir el sonido de unas trompetas con armas.

Con el tiempo, los labriegos decidieron regresar a las tierras, convencidos de una normalización del orden público, pero las cosas no han estado tan tranquilas como pensaron. El 30 de diciembre de 2013 un grupo de hombres no identificado ingresó al corregimiento y violentamente quemó siete casas. Varios líderes tuvieron que desplazarse.

16 años después de la masacre, compartimos “Santa Cecilia: Afectación, Daño y Resistencia” y “La memoria sin voz”, dos vídeos realizados por el Centro de Memoria del Conflicto de Valledupar y la comunidad para visibilizar esta tragedia.

Publicado en Noticias CNMH



Masacre, Paramilitares, Reparación, Reparación simbólica, San ta cecilia

Reparación colectiva a Mesa Diversa de Comuna 8 de Medellín

Reparación colectiva a Mesa Diversa de Comuna 8 de Medellín

Autor

Laura Angélica Cerón
Periodista del CNMH

Fotografía

Mesa Diversa de Comuna 8

Publicado

19 Feb 2016


Reparación colectiva a Mesa Diversa de Comuna 8 de Medellín

La Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas incluyó en el Registro Único de Víctimas a este colectivo el pasado 25 de enero. Este sería el primer caso en Colombia en el que una comunidad LGBTI es reconocida ante el Estado como víctima del conflicto armado.


En el documento, la Unidad de Víctimas recopiló las declaraciones hechas por líderes de la Mesa ante la Defensoría del pueblo en Medellín y reconoció la violación de derechos que sufrieron tanto los integrantes del grupo como la organización desde 2010. El derecho a la seguridad, al ambiente sano, a la libre asociación y a la autonomía organizativa fueron unos de ellos. Tras la resolución dada por la Unidad fueron notificados los miembros de la mesa y la Defensoría del pueblo Regional Antioquia. 

La Mesa Diversa LGTBI se consolidó en el 2009 y después de realizar diferentes actividades, empezaron las amenazas y hostigamientos por parte de grupos armados ilegales hacia sus integrantes. “Mientras planeábamos el Carnaval por la diversidad nos dijeron que si lo llegábamos a realizar nos iban a tirar una bomba, que iban a volar plumas y sangre”, afirmó Andrés Gutiérrez, líder de la Mesa. La persecución hizo que dos de sus líderes, entre ellos Andrés, se desplazaran de la Comuna.

El colectivo, que ha venido trabajando desde 2007, se ha centrado en varios objetivos. Por un lado, buscan la apropiación de lugares en los que la comunidad no ha podido visibilizarse. Por el otro, han creado espacios de participación y formación en el que distintos integrantes han aprendido sobre asuntos de género e identidad. “Ellos han mantenido una fuerte articulación con distintos espacios de derechos humanos, empoderamiento barrial y con grupos juveniles de diferentes Comunas, que se han encargado de resignificar territorios olvidados por el conflicto armado” explicó Pablo Bedoya, investigador de enfoque de género del Centro Nacional de Memoria Histórica. 

Tras el desplazamiento los líderes y lideresas de la Mesa Diversa decidieron retomar las actividades que estaban realizando y optaron por acudir ante la Unidad de Víctimas. “Tuvimos un periodo de tres meses en el que buscamos información necesaria para evidenciar la existencia de la mesa, cuáles fueron los hechos victimizantes y evidenciar que lo que nos había pasado respondía a unos hechos sistemáticos realizados por una organización criminal paramilitar asentada y que realmente respondían a un patrón, a una serie de acciones”, comentó Jhon Restrepo, líder de la Mesa Diversa.  Tras recopilar las pruebas necesarias  presentaron su declaración el 2 de octubre de 2015.

Ahora, queda por realizar el plan de reparación: “Queremos que las acciones no se limiten exclusivamente a lo simbólico sino a acciones contundentes. Esperamos recuperar ese ideal colectivo de poder transformar las situaciones adversas, hay zonas a las que no podemos entrar y a las que es imposible visibilizar a la población. Nuestro principal objetivo es recuperar esa fuerza, ese empoderamiento político, que para la población LGBTI hayan medidas de prevención y protección en estos territorios”, afirmó Jhon.

La Mesa Diversa fue uno de los grupos que participaron en el informe final Aniquilar la diferencia: Lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas en el marco del conflicto armado colombiano [Descargar informe] publicado en el 10 de diciembre del 2015 por el Centro Nacional de Memoria Histórica. 

Resolución de la Unidad de Víctimas

 


Conflicto Armado, LGBTI, Medellín, Reparación

Puerto Torres renace en sus recuerdos

Puerto Torres renace en sus recuerdos

Autor

César Romero Aroca, periodista de CNMH

Fotografía

César Romero para el CNMH

Publicado

17 Mar 2016


Puerto Torres renace en sus recuerdos

Luego de ser confinados por paramilitares, entre 2001 y 2002, y vivir la estigmatización de su territorio, la comunidad de Puerto Torres, inspección de Belén de los Andaquíes en Caquetá, experimenta un nuevo aire. Esta es la historia de dos personajes que, después de muchos años, han vuelto a visitar estas tierras y participar del acto de reconocimiento como sujetos de reparación colectiva.


El pasado 4 de marzo de 2016 la población de Puerto Torres celebró, por decirlo así, que la Unidad de Víctimas reconoció a esta comunidad y a La Mono como sujetos de reparación colectiva. Los pocos habitantes que se quedaron en la región luego del dominio paramilitar, sufrido por la presencia del Bloque Sur Andaquíes, se encontraron en la escuela del pueblo y allí escucharon a las diferentes instituciones del Estado de que todo lo que padecieron sí pasó, que no debe volver a repetirse y tanto dolor debe repararse.

El silencio con el que las personas esperaban en el recinto, se vio interrumpido por el inicio del evento, que trajo consigo un ambiente de agradecimientos y solicitudes. Primero, palabras de reconocimiento para los dirigentes políticos que aportaron para el almuerzo, luego para quien puso los papas, y también hubo palabras de gratitud por el escenario. Todo fue cambiando hasta la intervención de los pobladores, quienes después de 15 años de lo que vivieron en su territorio, por fin sentaron su voz. Los niños de la escuela compartieron sus preocupaciones por la falta de sillas, mesas, balones y computadores; los habitantes se apropiaron por un tiempo, que pudo ser más largo, de la palabra, esa misma que les había quitado la guerra. “Aquí el gobierno no ha existido desde hace mucho tiempo. La carretera no está pavimentada, tenemos un puente caído desde hace mucho y nuestros proyectos productivos no se incentivan”.

Y es que esa mezcla de sentimientos, reclamos y gratitudes, tiene una explicación. Antes, a estas tierras no venían los políticos en campaña. Ninguna institución del Estado llegaba al territorio y, además, allí recaía una estigmatización porque los paramilitares se habían apoderado del pueblo, una cuadra con 40 casas. Hasta se apropiaron de la iglesia, la casa cural y la escuela, para cometer actos de tortura,  “capacitar”, si se puede llamar así, a sus hombres sobre cómo asesinar, descuartizar y enterrar a sus víctimas de la manera más rápida y sin dejar, aparentemente, rastro. La mayoría de los asesinados fueron campesinos acusados de ser guerrilleros.

En la época de la presencia paramilitar en Puerto Torres varios pobladores se vieron forzados a dejar sus casas, potreros y cultivos. Aquí, hasta el cura se había ido. En el 2001, cuando el padre Fredy Galindo era seminarista, fue enviado por el padre de Belén de los Andaquíes a Puerto Torres. “Yo ni sabía que esta gente estaba ahí, y cogen y me envían en el mixto” —un carro que funciona como medio de transporte entre municipios y veredas—, recuerda Fredy. En ese carro llegó a La Mono donde se encontró el primer anillo de seguridad, y luego a la última loma que se empina en la carretera y desde donde se divisa todo Puerto Torres. Allí, en un mirador de los paramilitares, le preguntaron quién era y qué venía a hacer; la defensa a su miedo, que ocultaba con una serenidad teatral, fue mostrar el carnet de seminarista. De inmediato lo dejaron pasar.

Al bajar a la zona urbana, incrédulo al desborde del horror que allí se vivía, se fue a la casa cural a dejar sus cosas. “¡Virgen santísima!”, exclamó al ver solo sangre, rasguños y una cama sin colchón; huellas de las torturas.

Al decidir que allí no se quedaría, buscó a dos mujeres del lugar para que lo acompañaran donde el comandante, en la tienda del casco urbano. Al rato, llegó en camioneta. “Comandante, me enviaron como seminarista y vengo a pedir permiso para poder celebrar la Semana Santa”, se presentó el padre Fredy con la seriedad que lo caracteriza. “Vea, haga lo que tenga que hacer, vino a una misión y tiene que cumplirla, pero no queremos ver a nadie después de las 6:00 p.m., usted haga lo suyo, pero sin movimientos raros”.

Nadie transitaba a esa hora por orden de los paramilitares, era un pueblito a oscuras, casi fantasma. Luego de esa charla corta, como quien pide permiso a un padre autoritario, el comandante le ofreció a Fredy un pan, un pedazo de salchichón y una gaseosa. “Comí delante de él. Al terminar, él sacó un fajo de billetes y pagó”. Ese mismo pan, el que el padre Fredy había acabado de comer, era uno de los que hizo con la comunidad para recolectar recursos para la celebración de la Semana Santa. ¿Quiénes compraban los panes? Los mismos paramilitares. Se sentaban, se quitaban las botas y comían mientras contaban sus historias de combate entre chistes.

Los pocos habitantes que quedaban en el pueblo se dirigían a la iglesia. Los paramilitares antes de ingresar al recinto religioso se quitaban la gorra pero no el fusil. Un año después, en 2002, el padre Fredy volvería hablar con el comandante, vender pan, dar la misa y bendecir a todos los que asistían a la ceremonia.

El padre Fredy, luego de esos años, no volvió a Puerto Torres hasta  2015, para marchar por la paz. También regresó el pasado 4 de marzo, un viernes, donde las personas, olvidadas de este pueblo al sur de Colombia, tuvieron la oportunidad de ser escuchadas de nuevo. “Hoy Puerto Torres renace de las cenizas, y créannos, el pueblo está totalmente dispuesto a la construcción de una paz”, comentó en su intervención la única profesora de la escuela del lugar. 

Antes de 2015, cuando se lanzó el informe “Textos corporales de la crueldad. Memoria histórica y antropología forense”, del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), Puerto Torres era otro pueblo olvidado de Colombia. Y es que gracias a este informe —narra las infamias que ocurrieron en el poblado, la exhumación de 36 cuerpos por un equipo forense del CTI en 2002, los relatos de la angustiosa espera de los familiares de estas víctimas—  elaborado por Helka Quevedo, el CNMH puso el tema en agenda y ayudó como puente para que otras instituciones miraran a Puerto Torres después de muchos años. 

 

Textos corporales de la crueldad

Gracias al informe y la insistencia de su investigadora, en 2015 se realizaron actos simbólicos por los 36 cuerpos exhumados en 2001 y por la comunidad que resistió en aquella época. Además se llevó a cabo una marcha por la paz que recorrió la carretera destapada y polvorienta que va desde La Mono a Puerto Torres, medios de comunicación nacionales se interesaron por hacer crónicas y reportajes. Todo conllevó a que la Unidad de Víctimas reconociera a Puerto Torres, La Mono, y las veredas que componen la región de El Plan, como sujetos de reparación colectiva; se brindará apoyo en la implementación de medidas de atención humanitaria, prevención, asistencia psicosocial y reparación integral.

El pasado 4 de marzo Silvio Torres, en el evento, se paró y tomó la palabra. Sus inquietudes, muy válidas, se basaban en qué forma serían reparadas las personas que se desplazaron a partir de la presencia paramilitar. Él, junto a sus esposa e hijos, se fueron en 2002 a causa del miedo, la confinación y las amenazas de la guerrilla. Por ser de Puerto Torres y no irse, las Farc lo tildaron de colaborador de los paramiltares. Él solo estaba en el medio.

Silvio tiene un arraigo especial con Puerto Torres. “Me mata la nostalgia porque los años más bonitos fueron acá, el río, la solidaridad, mis amigos y mi familia, mucha familia”, recuerda Silvio. Y es que en este pueblito los Torres eran mayoría, su padre había llegado desde Pitalito, Huila, luego de La Violencia, cuando el territorio era baldío. “Eran claros de selva, solo habían dos familias y mi padre marcó 640 hectáreas”. Luego de eso, Pablo Torres, el padre de Silvio, hizo la casa cerca al río y una pequeña capilla a la que le puso una virgen que trajo desde Quito. Cuando se pobló este rincón se convirtió en centro de peregrinación; llegaban por el río a la misa de un padre capuchino.

Luego se abrió una tienda que se surtía en Belén de los Andaquíes; los domingos se hacían mercados con alimentos que se descargaban en bote en las orillas del terreno de los Torres. Al pasar los años más personas llegaron, se instaló una inspección de policía y se le dio el nombre de Puerto Tarso, por la recomendación de un religioso que copió el título de un lugar europeo. Pero al ver que la familia Torres se había multiplicado con 11 hijos de don Pablo y otros Torres que habían llegado, se llegó al acuerdo de darle por nombre Puerto Torres.

A estos paisajes Silvio solo ha regresado tres veces, incluyendo esta. Su padre murió en 2008 y aunque siente un gran arraigo por su terruño, no ha decidido volver. “Es difícil la vía, muchos se han ido, aún quedan familiares, pero no es lo que era antes. Tal vez de pronto con todo esto vuelva a ser ese pueblo tranquilo y fraterno que mi papá dejo.

Fredy y Silvio después de pasar muchos años han vuelto. Fredy por parte de la Pastoral Social como representante y Silvio porque ama este territorio que tiene su apellido. Los dos esperan, con dudas y esperanzas, que el acto que se llevó a cabo  —con El Comité Territorial de Justicia Transicional, la Mapp OEA, el Museo Caquetá, el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Unidad de Víctimas— no se quede solo en conversaciones vacías, y que la reparación sea una realidad en Puerto Torres.