Tres veces desplazada: otro caso de exilio en Colombia.
Imelda Daza es una exconcejal de la Unión Patriótica exiliada en Suecia. A pesar de ser desplazada forzadamente de Valledupar continuó recibiendo amanazas de muerte. Lleva 25 años viviendo fuera, un poco más de un tercio de su vida.
Imelda salió para Bogotá embarazada y con dos niños pequeños, pensando que allí podría llevar una vida normal al ser una ciudad tan grande. Trabajó como docente un tiempo y luego las amenazas volvieron esta vez con un ultimátum: “Vamos por usted, vieja tal por cual, todas las groserías posibles”, dice Imelda.
Luego de un segundo desplazamiento, esta vez en Perú, logró, a través de una amiga, asilarse en Suecia. “La soledad es lo más difícil de manejar e imposible de aceptar para mí. Yo venía de un frenesí político, de una vida agitada para llegar aquí a una quietud y una tranquilidad... Además a mí me seguía importando y doliendo el país. Un día ya no pude soportarlo más y decidí regresar a Colombia: Pa’ que me mate aquí la depresión, que me maten allá de un tiro, lo mismo da".
“Yo estaba aquí (en Suecia) y me llegaban las noticas: ayer mataron a Raúl, antier mataron a Juan, después aquel otro.”
Regresó a Colombia y empezó a trabajar en la Universidad de Córdoba. “Una vez me contactaron para que hablara con Simón Trinidad, que había sido compañero mío antes de asumir la lucha armada, cosa que me dolió mucho pero tuve que respetar, para que liberara unos secuestrados. Yo dije que no tenía contacto con él y como me negué empezaron de nuevo las amenazas. A mí me tocaba irme un día en bus, un día en buseta, otro día en carro. Empezaron otra vez a asesinar a un profesor aquí, otro allá… Y dijimos: no hay más remedio, nos vamos a Suecia. Llevaba ya tres desplazamientos y fui revictimizada. En 1999 nos devolvimos: ese regreso lo sentí como mi derrota final”.
A menudo los exiliados son víctimas de prejuicios y exclusiones: Yo en Valledupar soy blanca, nunca sufrí eso en Colombia y me vine a dar cuenta que era negra aquí. Yo no tenía trabajo y lo que me podían ofrecer aquí era cuidar ancianos y no quería pero era la única posibilidad de trabajo. Yo sabía que de ahí seguía el trapero, pero yo no había estudiado economía cinco años para eso. Creen que por venir de Colombia ‘República Bananera’ entonces uno es ignorante. Son situaciones absurdas y ese tipos de prejuicios hay que soportarlos incluso 25 años después”.