El territorio habló, Colombia escuchó: rendición de cuentas 2022-2026

Ago 12, 2026

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La memoria como compromiso público y legado democrático.

El pasado 6 de agosto de 2026, en el Centro Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) realizó su rendición pública de cuentas bajo una premisa que resume el sentido de estos cuatro años de trabajo: «El territorio habla, el centro escucha».

Sin embargo, lo ocurrido durante esta jornada fue mucho más que la presentación de un balance institucional, puesto que, más que una rendición de cuentas, se trató del cierre de una propuesta de relato al país; un relato construido desde los territorios, desde las víctimas, desde las comunidades étnicas, desde los archivos, desde las organizaciones sociales y desde quienes durante décadas han defendido el derecho a recordar en medio de la violencia. Un relato que buscó demostrar que la memoria histórica no es únicamente una herramienta para comprender el pasado, sino una condición indispensable para fortalecer la democracia, reconocer las dignidades vulneradas y construir horizontes compartidos de paz para el futuro.

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Durante cuatro años, el CNMH asumió el desafío de recuperar la confianza de los territorios y de las víctimas en una institución que tiene como misión preservar las memorias del conflicto armado colombiano. En esa medida, el encuentro del pasado 6 de agosto permitió presentar los resultados de ese proceso y, al mismo tiempo, reflexionar sobre el significado de la memoria como política pública y como patrimonio de toda la sociedad.

La jornada reunió a representantes de organizaciones de víctimas, líderes y lideresas sociales, investigadores, académicos, cooperantes internacionales, funcionarios públicos y ciudadanos, quienes acompañaron este balance construido desde la convicción de que la memoria debe ser una práctica colectiva, plural y democrática.

Al respecto, cabe destacar que los resultados presentados evidenciaron una recuperación de la presencia territorial de la entidad, ya que, durante el cuatrienio, el CNMH logró consolidar su presencia en 30 de los 32 departamentos del país, acompañó procesos en 356 municipios y fortaleció el trabajo con organizaciones de víctimas tanto en Colombia como en el exterior. Es así como la consolidación de siete equipos regionales, lazos sociales y enlaces territoriales permitió acercar la institución a comunidades históricamente afectadas por el conflicto armado.

Ahora bien, esta presencia territorial se tradujo en la implementación de una metodología concertada que permitió el desarrollo de centenares de acciones vinculadas a los Planes Territoriales de Memoria, así como la realización de caravanas por la memoria en regiones emblemáticas como el Oriente antioqueño, Montes de María, Canal del Dique, Caquetá, Eje Cafetero y Cundinamarca. Más que actividades institucionales, estos espacios representaron encuentros de escucha, reconocimiento y construcción conjunta entre las comunidades y el Estado.

Adicionalmente, otro de los aspectos centrales del balance estuvo relacionado con la recuperación de la agenda investigativa del CNMH. En esta vía, durante estos cuatro años se adelantaron investigaciones en distintas líneas orientadas a comprender las conflictividades regionales, las dinámicas de los actores armados, la justicia, la impunidad y los sectores victimizados. Paralelamente, se fortalecieron nuevas líneas de investigación dedicadas a los orígenes y causas del conflicto armado, la memoria histórica ambiental y el análisis de terceros actores vinculados a la guerra.

La rendición de cuentas también permitió destacar los avances en el acompañamiento a iniciativas de memoria y procesos de reparación simbólica. A través del trabajo articulado con comunidades, organizaciones sociales y sujetos colectivos, el CNMH acompañó 150 iniciativas de memoria histórica y más de un centenar de medidas de reparación simbólica, reafirmando el papel de las víctimas como protagonistas de la reconstrucción de la memoria nacional.

Por su parte, la Dirección de Acuerdos de la Verdad presentó los avances de una agenda que permitió consolidar investigaciones sobre las estructuras paramilitares y profundizar el conocimiento sobre sus dinámicas regionales e impactos en las comunidades. De igual forma, se resaltó el acompañamiento técnico brindado a distintos escenarios de diálogo y negociación relacionados con la política de Paz Total, aportando metodologías y herramientas para la construcción de verdad y memoria en contextos de transición.

Otro de los ejes destacados fue la apropiación social de la verdad histórica, metodología por medio de la cual la memoria cobra sentido cuando regresa a las comunidades y se convierte en herramienta para el diálogo, la educación y la transformación cultural. Por ello, durante el cuatrienio, se impulsaron proyectos de investigación-creación, publicaciones didácticas, dispositivos pedagógicos, contenidos sonoros y herramientas colaborativas orientadas a acercar los hallazgos de la memoria histórica a diversos públicos.

En ese mismo horizonte se desarrollaron importantes estrategias pedagógicas y procesos de formación orientados a fortalecer una cultura democrática de la memoria. Es así como diplomados, alianzas pedagógicas, diálogos improbables y la construcción de la Cátedra de Memoria y Paz reflejan una apuesta institucional por incorporar la memoria histórica en los procesos educativos y comunitarios del país.

Asimismo, tuvieron gran relevancia los procesos desarrollados con sujetos de especial protección constitucional y con comunidades étnicas, ya que la memoria de Colombia está compuesta por múltiples voces y experiencias que no pueden ser reducidas a una narrativa única. Desde esta comprensión, el CNMH acompañó más de un centenar de procesos de reconstrucción de memoria desde enfoques diferenciales y promovió espacios de encuentro como el Fogón del Ubuntu, concebido como un lugar simbólico donde la palabra circula, la memoria se activa y la comunidad se reconoce a través de la escucha y el diálogo intergeneracional.

Uno de los momentos más significativos de la jornada estuvo dedicado al trabajo de la Dirección de Archivo de los Derechos Humanos. Allí se destacó el fortalecimiento de los procesos de acceso, conservación, digitalización y consulta de archivos, así como la puesta al servicio de millones de imágenes documentales y miles de testimonios que constituyen un patrimonio fundamental para la comprensión del conflicto armado colombiano.

De igual manera, la memoria también se construye a partir de la evidencia. Por ello, el fortalecimiento del Observatorio de Memoria y Conflicto ocupó un lugar importante en la presentación de resultados. En esta línea, la ampliación de las bases documentales, la creación de nuevas líneas de investigación y la consolidación de herramientas para el análisis de repertorios de violencia y dinámicas territoriales representan aportes fundamentales para la investigación histórica y la formulación de políticas públicas.

Durante la rendición de cuentas también se destacó la recuperación de la confianza internacional en la entidad. Más de ochenta aliados y cooperantes acompañaron proyectos orientados al fortalecimiento institucional y a la implementación de iniciativas de memoria en los territorios, permitiendo gestionar recursos que contribuyeron a ampliar el alcance de las acciones del Centro.

No obstante, uno de los hitos más relevantes del periodo fue la reactivación del Museo de la Memoria de Colombia. La actualización de su plan conceptual, la aprobación del guion museológico y los avances en la consolidación de algunas colecciones representan un paso decisivo para convertir este espacio en un referente nacional para la reflexión sobre el pasado y la construcción de una cultura de paz.

La entidad también avanzó en la identificación, caracterización y visibilización de lugares de memoria en distintas regiones del país, fortaleciendo una red de espacios donde las comunidades han decidido preservar sus experiencias de resistencia, duelo, organización y dignificación.

A medida que avanzaba la tarde en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, se hacía evidente que las cifras presentadas eran apenas una expresión de algo más profundo. Detrás de cada indicador aparecían comunidades que se negaron al olvido, organizaciones que defendieron la verdad en contextos adversos, archivos rescatados del deterioro, relatos recuperados después de décadas de silencio y procesos colectivos que encontraron en la memoria una forma de resistencia democrática.

Por eso, la rendición pública de cuentas del 6 de agosto no puede entenderse únicamente como un acto administrativo, sino como la presentación de una experiencia institucional que reivindicó el valor de la escucha, la participación y la construcción colectiva de la memoria. Fue también la reafirmación de una convicción: que la verdad y la memoria no pertenecen a los Gobiernos ni a las instituciones, sino a la sociedad que las construye y las protege.

Más que una rendición de cuentas, fue el cierre de una propuesta de relato al país. Un relato que buscó devolverle centralidad a las víctimas, reconocer la diversidad de memorias que habitan Colombia y demostrar que la memoria histórica sigue siendo una herramienta indispensable para comprender lo que nos ocurrió, fortalecer la democracia y evitar que la violencia vuelva a repetirse.

Porque cuidar la memoria es proteger la democracia, defender la verdad es apostar por la vida y escuchar a los territorios sigue siendo la condición fundamental para construir un futuro compartido.

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