El 10 de septiembre de 2000 fue asesinado en Montería, Córdoba, el profesor Hugo Iguarán Cotes, docente, sindicalista y exdirectivo de la Universidad de Córdoba. Su asesinato ocurrió en un contexto de violencia paramilitar contra integrantes de la comunidad universitaria y de disputa por el control de esta institución pública.
Iguarán Cotes había desarrollado buena parte de su vida académica y profesional en la Universidad de Córdoba. Fue docente, representante estudiantil, decano de la Facultad de Ciencias Agrícolas, vicerrector y miembro del Consejo Superior. Como integrante de la Asociación de Profesores Universitarios (ASPU) denunció hechos de corrupción y defendió los derechos de estudiantes y trabajadores.
En el 2000, Iguarán aspiraba a la rectoría de la universidad y, en medio de esta campaña, recibió una serie de amenazas contra su vida. Es así como el 11 de mayo de dicho año sobrevivió a un atentado en el que recibió doce impactos de bala; a pesar de ello, continuó con su candidatura.
Tras la elección de Víctor Hugo Hernández como rector, Iguarán aceptó acompañarlo como vicerrector académico. El 10 de septiembre salió de su casa para reunirse con él en su vivienda, ubicada en el barrio Villa del Río de Montería, donde un grupo de hombres armados irrumpió y le disparó.
El crimen fue reconocido y documentado como parte de la violencia ejercida por las estructuras paramilitares contra la Universidad de Córdoba. Salvatore Mancuso, entonces comandante del grupo terrorista Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en Córdoba, reconoció ante Justicia y Paz haber ordenado el homicidio y señaló a Iguarán de tener vínculos con la guerrilla. La familia del profesor ha rechazado estos señalamientos y ha reivindicado su trayectoria como académico y sindicalista.
Por el asesinato de Iguarán fueron condenados Víctor Alfonso Rojas Valencia, alias Jawi, y Víctor Hugo Hernández. La sentencia estableció la responsabilidad de los condenados en el homicidio y vinculó el crimen con la actuación de las estructuras paramilitares que buscaban ejercer control sobre la Universidad de Córdoba.
Ahora bien, la historia de Hugo Iguarán también es la de una comunidad universitaria que fue víctima de amenazas, asesinatos, desplazamientos y otras formas de violencia. Recordar su vida y su asesinato contribuye a comprender cómo el conflicto armado y el paramilitarismo afectaron los espacios educativos y silenciaron voces que defendían la autonomía universitaria, los derechos de trabajadores y estudiantes, y la construcción de una universidad pública para la región.
A más de dos décadas de su asesinato, preservar la memoria de Hugo Iguarán Cotes implica reconocer su trayectoria, dignificar a su familia y mantener presente la historia de quienes fueron víctimas de la violencia en la Universidad de Córdoba.







