El 11 de marzo de 2000, en la vereda Las Brisas, municipio de San Juan de Nepomuceno (Bolívar), 12 campesinos fueron asesinados en una incursión paramilitar en el marco del conflicto armado colombiano. En 2026 se cumplen 26 años de este hecho que marcó profundamente a la comunidad de los Montes de María y dejó una herida imborrable en sus familias.
De acuerdo con los procesos de esclarecimiento judicial y de memoria histórica, la acción fue perpetrada por integrantes del Bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), bajo el mando de Rodrigo Mercado Pelufo, alias Cadena. Los hombres armados llegaron en horas de la madrugada buscando un supuesto campamento guerrillero.
Tras no encontrar evidencia, acusaron, sin pruebas, a 12 habitantes de la vereda de pertenecer a un grupo insurgente y posteriormente los asesinaron.
Años después, los propios responsables reconocieron que las víctimas no pertenecían a ninguna organización armada: eran campesinos y pobladores que vivían en medio del abandono estatal y el fuego cruzado del conflicto. Recordar sus nombres y sus historias es un acto de reconocimiento y dignificación que trasciende el tiempo.
La comunidad de Las Brisas ha desarrollado procesos colectivos de reconstrucción de memoria para honrar a sus víctimas y resignificar el territorio. A través de prácticas artísticas, culturales y pedagógicas, los pobladores de esta vereda han transformado el dolor en una memoria activa que reafirma su identidad campesina y su derecho a la verdad.
En medio de este camino, el libro «Del ñame espino al calabazo: objetos que despiertan memorias», publicado por el Centro Nacional de Memoria Histórica, recoge experiencias y relatos que fortalecen estos procesos comunitarios. A 26 años de la masacre, mantener viva la memoria de Las Brisas es también un compromiso con la no repetición y con la construcción de paz en los Montes de María.