El exilio también se hereda: segundas y terceras generaciones reflexionan sobre memoria, identidad y resistencia en los diálogos MHERI

 

Bogotá, D. C., julio de 2026. El exilio no termina cuando una persona cruza una frontera. Sus efectos permanecen en las familias, atraviesan generaciones y se reflejan en los silencios, los afectos, el idioma, las tradiciones y las formas de construir identidad lejos del país de origen. Bajo esta premisa, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) realizó el segundo diálogo MHERI 2026, «Más allá de las fronteras: memorias que atraviesan generaciones», un espacio de encuentro para reflexionar sobre las experiencias de las segundas y terceras generaciones del exilio colombiano.

El diálogo fue moderado por Andrés Buitrago, director y guionista colombiano, coautor del libro Semillas regadas, quien condujo la conversación a partir de la proyección del documental Reescribiendo el exilio. A través de cuatro bloques temáticos dedicados a la memoria heredada, la identidad y la relación entre memoria y justicia, Buitrago orientó el intercambio entre los panelistas, propiciando un espacio de escucha y reflexión sobre las múltiples formas en que el exilio continúa marcando la vida de hijos, hijas y descendientes de personas que debieron abandonar el país a causa del conflicto armado.

La primera pregunta del diálogo fue: ¿qué entendemos por segundas y terceras generaciones del exilio y por qué es importante nombrarlas? Al respecto, desde Maracaibo (Venezuela), Mary Paz Domínguez Beleño, integrante del Foro Internacional de Víctimas, explicó que estas generaciones corresponden a los hijos e hijas de quienes vivieron hechos victimizantes y que, aunque muchas veces no experimentaron directamente la violencia, heredan los silencios, los miedos y las emociones de sus familias. «Las segundas generaciones vienen siendo los hijos e hijas de las personas que vivieron el hecho victimizante [...] y son estas las que heredan indirectamente los silencios, las emociones y los miedos que vivieron los padres», afirmó.

La reflexión fue complementada por Nicolás Quimbayo, hijo de exmilitantes del M19 y exiliado en Francia desde los 11 años, quien cuestionó la expresión «segunda generación» en los siguientes términos: «Difiero de que solo lo heredé; también lo viví. Al decir que usted es segunda generación me niega una vivencia», expresó, al considerar que quienes vivieron el exilio siendo niños también fueron víctimas directas del desarraigo y la persecución.

El diálogo continuó con una nueva pregunta: ¿de qué manera la memoria del conflicto se transmite entre generaciones y qué tanto de esa experiencia se hereda para ser transmitida a las terceras generaciones? La respuesta estuvo a cargo de Inés Barragán Pérez, pedagoga infantil residente en Viena (Austria), quien compartió su experiencia como sobreviviente y desplazada internacional del conflicto armado colombiano. «Yo no me considero la segunda generación porque yo viví en carne propia lo que mi madre vivió en Colombia», señaló. Para Inés, la memoria permanece viva en la cotidianidad: en la música, el idioma, la comida, las conversaciones familiares y las formas de crianza, elementos les que permiten a las nuevas generaciones comprender por qué sus familias tuvieron que abandonar el país.

Otro de los ejes del encuentro estuvo dedicado al papel del deporte y el arte como escenarios de memoria y reconstrucción del tejido social. A partir de la pregunta sobre el aporte del deporte en estos procesos, John Henry Rincón, profesional en Ciencias del Deporte y residente en Viena, explicó que esta práctica se ha convertido en una herramienta de reconciliación, integración y resiliencia para niños, niñas y jóvenes migrantes y refugiados. Como ejemplo presentó La Liga de los Parques, una iniciativa nacida con apenas diez balones de fútbol en parques públicos y que posteriormente fue acogida por gobiernos locales y organizaciones sociales por su impacto comunitario.

Como cierre del diálogo, Ivonne Téllez, relatora de la jornada, con el apoyo de estudiantes de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, presentó las cinco ideas fuerza construidas colectivamente: el exilio también se hereda; la identidad del exilio es dinámica, plural y relacional; la memoria se transmite en la vida cotidiana; las segundas y terceras generaciones transforman el legado del exilio; y la memoria compartida es una condición indispensable para el reconocimiento y la no repetición.

Con este segundo diálogo MHERI, el Centro Nacional de Memoria Histórica reafirma su compromiso con la construcción de espacios de escucha y reflexión que permitan comprender el exilio como una experiencia colectiva e intergeneracional, reconociendo que las memorias de quienes debieron abandonar Colombia continúan vivas y aportan a la construcción de verdad, reconocimiento y garantías de no repetición.

 

Volver arriba