En la mañana de este viernes 24 de julio, y tras afrontar diversas complicaciones de salud, falleció a los 39 años Diana Alejandra Ibáñez Ahumada. Nacida en Facatativá, Diana no solo fue una servidora pública ejemplar, sino una de las lideresas institucionales que con mayor sensibilidad y entrega entendió que la reparación a las víctimas del conflicto armado colombiano no podía tener fronteras.
La vocación de Diana nació muy temprano. Desde su juventud en el municipio cundinamarqués, su camino estuvo marcado por el trabajo comunitario, tejiendo proyectos con juventudes desde la Diócesis de Facatativá. Esa convicción de servicio la llevó a formarse como administradora de empresas y a especializarse en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos para el Desarrollo, combinando el rigor técnico con una inquebrantable sensibilidad humana.
Durante más de 10 años de labor en la Unidad para las Víctimas, Diana se desempeñó en la Dirección de Reparación, coordinó el Grupo de Atención a Víctimas en el Exterior (GAVE) y el Grupo de Cooperación Internacional y Alianzas Estratégicas. En cada uno de estos roles dejó en claro que el conocimiento cobraba valor únicamente cuando se ponía al servicio de los demás
Su trabajo al frente de la atención a la diáspora colombiana aportó al desarrollo de estrategias como «Cimientos», orientada al fortalecimiento organizativo y a la reparación simbólica en el exterior y la iniciativa «Koi», enfocada en potenciar el liderazgo de jóvenes víctimas en distintos países. Para Diana, la distancia física nunca fue un obstáculo para la reconstrucción de la confianza.
«Queremos que las víctimas se sientan cerca de la entidad y que sientan que, con nuestro apoyo, pueden volver a acercarse al país y encontrar lo que alguna vez el conflicto se llevó. Creo que esa es la clave para seguir construyendo confianza», solía recordar al referirse a la urgencia de visibilizar garantías de no repetición y medidas de satisfacción que muchas veces permanecen invisibles en la burocracia.
Quienes trabajaron a su lado la recuerdan como una mujer sabia, inteligente, generosa y profundamente humilde. Su paciencia para enseñar y su palabra oportuna le valieron el cariño y el respeto unánime de colegas y organizaciones sociales.
El Centro Nacional de Memoria Histórica lamenta profundamente el fallecimiento de Diana Alejandra Ibáñez Ahumada y honra su memoria. Su legado seguirá vivo en cada colombiano que, desde cualquier rincón del mundo, encuentre en la memoria un motivo para volver a tejer su historia con el país.







