En Bucaramanga, Santander, se realizó el pasado 11 de agosto el seminario y lanzamiento de la edición especial número 27 de la Revista IUSTITIA, «Discusiones sobre el deber de memoria y negación del pasado», un espacio que reunió academia, instituciones y sociedad civil para reflexionar sobre la memoria histórica, el negacionismo y su papel en la construcción de paz en Colombia.
La Universidad Santo Tomás, sede Bucaramanga, fue escenario de este encuentro académico en el que se presentó la edición especial de la Revista IUSTITIA, una publicación que reúne reflexiones desde diferentes perspectivas sobre el deber de memoria y las formas de documentarla, investigarla y construirla. Esta edición incorpora aproximaciones desde el derecho, los archivos y el enfoque de género, ampliando las preguntas y metodologías alrededor de la memoria histórica.
De manera específica, la edición reúne siete artículos que abordan el deber de memoria desde distintas aproximaciones: reflexiones sobre la jurisprudencia constitucional y la prohibición del negacionismo, el derecho y deber de memoria como una exigencia vinculada al derecho a la verdad, los retos del Estado colombiano para hacer memoria y la transmisión intergeneracional de las memorias. También incorpora análisis sobre la violencia sexual en el conflicto armado y sobre la relación entre seguridad humana, cuidado y memoria.
Para Arnovy Fajardo, panelista y uno de los autores de la revista, la publicación contribuye a mostrar la amplitud de las discusiones que atraviesan la memoria. «La aparición de este número de la Revista IUSTITIA es muy importante, esencialmente porque existen unas discusiones sobre la memoria, sobre el olvido y sobre cómo documentar la memoria, cómo trabajarla y cómo construirla», señaló.
El papel del Estado como promotor de la apropiación social de la memoria histórica
La reflexión de Fajardo dialoga con uno de los interrogantes centrales de la publicación: ¿qué ocurre cuando el Estado asume la responsabilidad de hacer memoria? Al respecto, su artículo aborda los retos institucionales que implica reconocer diferentes relatos sobre hechos de violencia y violaciones a los derechos humanos, así como la necesidad de comprender al Estado también como interlocutor frente a las víctimas y la sociedad.
Adicionalmente, el encuentro también permitió poner en diálogo estas discusiones con las nuevas generaciones. En esa línea, Carlos Eljure, contratista de la Asesoría de Pedagogía y Enfoques Diferenciales del Centro Nacional de Memoria Histórica, destacó la importancia de generar espacios académicos que promuevan discursos críticos y empatía frente a la historia del conflicto armado y al papel de la memoria en las nuevas generaciones. «Este tipo de espacios promueven en la masa estudiantil discursos críticos, generan sentimientos de empatía […] en todo lo relacionado con el conflicto armado en Colombia y con el papel de la memoria en estas nuevas generaciones», afirmó.
Esta preocupación también atraviesa uno de los artículos de la edición, dedicado a la transmisión intergeneracional de la memoria colectiva. Es así como la publicación plantea una pregunta que trasciende el ámbito académico: ¿cómo transmitir las memorias del pasado para que continúen siendo significativas para quienes no vivieron directamente los hechos y puedan contribuir a la comprensión de las violencias y a la construcción de nuevos relatos?
Una cátedra de la memoria
La conversación también puso sobre la mesa una preocupación: el lugar que ocupa la memoria histórica en la formación académica. En ese sentido, Nelson Álvarez Cabrera, consejero de paz de Santander, planteó la necesidad de fortalecer la enseñanza de la memoria, la paz y el conflicto armado en las instituciones educativas. «Si hubiera una cátedra de lo que es memoria, de lo que es nuestra historia, totalmente sería maravilloso para la sociedad», expresó. Para Álvarez, acercar estas discusiones a las nuevas generaciones permitiría fortalecer su capacidad crítica para comprender las causas de las violencias que han atravesado al país.
Ahora bien, esta reflexión dialoga con la apuesta pedagógica del Centro Nacional de Memoria Histórica, que promueve espacios de encuentro entre generaciones y sectores sociales para comprender las dinámicas del conflicto armado, escuchar las memorias de sus víctimas y pensar, desde el presente, futuros posibles. A propósito, su trabajo con instituciones educativas y universidades busca fortalecer el pensamiento crítico y la comprensión empática del pasado, reconociendo la pluralidad de voces y memorias.
En síntesis, el seminario evidenció que hablar de memoria en la academia no significa únicamente mirar hacia el pasado, sino también implica preguntarse qué se transmite, qué se recuerda y qué se silencia, y cómo las nuevas generaciones pueden acercarse críticamente a las violencias que han marcado la historia de Colombia. Espacios como este permiten entonces que la memoria trascienda las publicaciones y los escenarios académicos para convertirse en conversación, conocimiento y herramienta para comprender el presente y fortalecer las garantías de no repetición. La memoria, en este sentido, también es una apuesta por aprender de lo ocurrido y construir futuros posibles.
Descarga la revista acá: https://revistas.ustabuca.edu.co/index.php/IUSTITIA/issue/view/229







