Desde la Biblioteca Especializada del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se acompañaron durante esta semana diferentes solicitudes en el marco del Plan Territorial de Memoria (PTM) de Atlántico, con una agenda de actividades orientada a fortalecer las acciones de lectura, escritura y oralidad (LEO) como herramientas para acercar la memoria histórica a las comunidades y promover su apropiación desde las bibliotecas y espacios comunitarios.
La jornada inició en la Biblioteca Pública Departamental Meira Delmar y continuó con diferentes encuentros que permitieron reconocer el papel de las bibliotecas como espacios de escucha, diálogo y construcción colectiva. Para Miriam Peña, conocida como Miri, estudiante de Filosofía y bibliotecaria de la Biblioteca Popular Miguel Espinosa Rangel, estos espacios permiten reivindicar la memoria y reconocer las experiencias de quienes ya no están y de quienes continúan atravesando situaciones difíciles. «La actividad fue un poco fuera de lo común cuando uno va a una capacitación de bibliotecas; parece más escuchar al otro y sentir y ser solidario con las personas que llegan a estos espacios a buscar refugio», señaló.
Al respecto, a partir de la solicitud de acompañamiento LEO de la Biblioteca Popular Miguel Espinosa Rangel, el viernes pasado se desarrolló una acción colectiva alrededor de la memoria y su representación en el espacio público, que tuvo como resultado la creación de un mural. La iniciativa permitió que niñas, niños y jóvenes expresaran sus propias miradas sobre aquello que recuerdan y sobre las formas de compartir esas memorias en sus comunidades.
Para Gabriel Portavie, coordinador de aprendizaje de bibliotecas públicas, adscrito a la Secretaría de Cultura y Turismo de Barranquilla, el acompañamiento del CNMH brindó herramientas a bibliotecarios y promotores de lectura para contribuir a la conservación de la memoria histórica de las comunidades. «Nos están dando a las redes de bibliotecas, bibliotecarios, promotores de lectura, las herramientas necesarias para hacer conservación de la memoria histórica de las comunidades, sobre todo de aquellas que han sufrido algunos eventos de violencia», afirmó.
Durante el sábado, las acciones se extendieron a la Biblioteca Villa de San Pablo, gracias a la solicitud de la Fundación Cultural La Sombra del Matarratón, donde se realizó un cineforo y actividades de LEO con niñas y niños. Posteriormente, en articulación con la Asociación Sembrando Semillas, más de 80 niñas y niños participaron en espacios de lectura, conversación y reflexión sobre la memoria histórica, abordando también cómo el conflicto armado afecta y transforma los territorios y el medio ambiente.
Estas experiencias reafirman el papel de las bibliotecas y los espacios comunitarios como escenarios para preservar y dinamizar las memorias de los territorios. «Es importante que nosotros, desde las bibliotecas, empecemos la construcción de archivos de memoria porque son los elementos que nos permiten no volver a equivocarnos y que las futuras generaciones conozcan sobre su verdadera historia. Esto se revierte en patrimonio y en identidad», destacó Portavie. De esta manera, las solicitudes hechas en el marco de los Planes Territoriales de Memoria se convierten en oportunidades para fortalecer las capacidades de mediación de lectura y promover el uso social de las narrativas de memoria histórica desde las comunidades.







