Noticia

Autor

Juliana Patiño Periodista del CNMHa

Fotografía

CNMH

Publicado

03 Sep 2015

20 años después de la masacre de El Aracatazo

20 personas fueron asesinadas por los paramilitares en la cantina El Aracatazo de Chigorodó, Antioquia, durante una celebración popular hace 20 años. Sus dolientes no solo han permanecido excluidos a la reparación colectiva, sino que varios han sido revictimizados. El pasado 22 de agosto se llevó a cabo un evento conmemorativo que evidenció el dolor latente de las víctimas y el único apoyo real que reciben: el que se ofrecen entre ellas mismas.


El llanto y el temblor de las manos no le permitieron escribir el mensaje en el globo inflado de helio.  Me pasó el marcador y me pidió que escribiera por ella: “Hijo querido, usted siempre fue tan bueno conmigo, siempre juicioso, siempre obediente. Quiero que sepa que no he podido olvidarlo. Que Dios tenga misericordia y le perdone lo malo que haya hecho. Yo no tengo ni una queja suya. Atentamente: su mamá, María Rosalba López”. Luego sujetó el lazo blanco que ataba el globo y se unió al grupo que había escrito otros 19 mensajes para cada una de las víctimas mortales de la masacre de El Aracatazo. A la cuenta de tres todos soltamos los globos al cielo con deseos impresos por el descanso de sus almas. Nos quedamos observando en silencio cómo se elevaban hacia el arcoíris que se proyectaba alrededor del sol.

María Rosalba López parió catorce hijos, la guerra le ha quitado seis. Hace apenas un mes y medio entraron hombres encapuchados a su casa y se le llevaron a otro. El día de los globos, María Rosalba estaba allí en el Parque Educativo de Chigorodó, Antioquia, para conmemorar a Jorge González López, el hijo que le mataron los paramilitares en la masacre de El Aracatazo, hace 20 años.

Jorge y otras 19 personas fueron asesinadas con tiros de gracia la noche del 12 de agosto de 1995 en la cantina El Aracatazo, del barrio El Bosque en Chigorodó, por los paramilitares Dalson López Simanca y José Luis Conrado Pérez, por orden de Ever Veloza García, alias ”HH”, exjefe del Bloque Bananero. A su vez, “HH” aseguró que estaba cumpliendo órdenes de Carlos Castaño.

Para conmemorar los 20 años de este episodio, la Mesa Municipal de Víctimas de Chigorodó preparó un evento con el apoyo del  Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, USAID y OIM. Fue una jornada de reflexión, de alivio simbólico y de mensajes de solidaridad para los dolientes. Hubo pendones y telares con los nombres y fotografías de las 20 víctimas mortales de la masacre, velas y flores con las que los asistentes elaboraron un mandala que representaba el apoyo y la energía que se dan entre las víctimas. Los asistentes expresaran su mensaje de solidaridad, y se preparó la construcción de un jardín de la memoria en el mismo parque que albergó el evento, donde cada víctima de la masacre tendrá una planta que aluda a su memoria.

María Aydé Cortés, representante de la Mesa y de la Asociación de Víctimas de Chigorodó (ASOVICHI) fue el artífice de todo el evento; trabaja con persistencia y mucha paciencia en temas de memoria y reparación simbólica para que las víctimas de su municipio elaboren los duelos necesarios y se fortalezcan como sujetos civiles y políticos, que reclamen y demanden la verdad y la reparación que merecen.

La mayoría de los dolientes directos de la masacre también estuvieron ausentes. Ángela Salazar, amiga de María Aydé e integrante de la Iniciativa de Mujeres por la Paz, comentó que las madres y dolientes de los asesinados en el Aracatazo nunca han recibido atención psicosocial, mucho menos reparación colectiva y que no han trascendido su dolor, al punto de no tener la fortaleza para presentarse en eventos públicos como esta conmemoración. María Rosalba apoyó esta opinión. Ella nunca ha recibido atención de ningún tipo y reconoce que asistir a las conmemoraciones públicas la hace sentirse menos sola pero también le despierta muchos recuerdos dolorosos.

El Centro Nacional de Memoria Histórica, USAID y OIM insiste en que los actos conmemorativos son escenarios para el reencuentro entre miembros de comunidades que han sufrido rupturas, pero también son momentos idóneos para que las víctimas reiteren sus reclamos y demandas al Estado y los representantes de las instituciones se encuentren de frente con los sujetos a quienes deben reparar.

Según las víctimas ningún funcionario de la Alcaldía Municipal de Chigorodó ni de la regional Urabá de la Unidad de Víctimas asistió a los actos del día de los globos, pero decenas de víctimas de otros hechos violentos de municipios vecinos rodearon, abrazaron y ofrecieron todo su apoyo a María Rosalba y a las otras tres mujeres, familiares de los jóvenes asesinados en El Aracatazo. Al final de la jornada, deshicieron el mandala y llenaron de margaritas y claveles rosados y amarillos las manos temblorosas de las cuatro mujeres.

El Aracatazo fue solo el comienzo de una serie de masacres de grandes dimensiones en Urabá.

El 29 de agosto​ de ese mismo año miembros del frente quinto de las Farc asesinaron a 16 personas buscando tomar represalias contra exintegrantes del Epl; esta fue la masacre de Los Kunas, porque así se llamaba la finca  donde ocurrió, en el corregimiento de Zungo, en Carepa.

Después, el 14 de septiembre en el municipio de Turbo, siete simpatizantes de la Unión Patriótica fueron asesinadas por las Accu. Y, seis días después, las Farc volvieron a arremeter en contra de desmovilizados del Epl en Apartadó. En dos meses, más de 60 personas murieron en Urabá, convirtiendo a la región en uno de las más violentas del país en 1995.

 
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