Noticia

Autor

María Paula Durán

Fotografía

María Paula Durán

Publicado

28 Oct 2016

Carta urgente a los cristianos de Colombia

"Si un cristiano no cree,  no practica y no celebra el perdón,  no le queda nada más para creer, practicar o celebrar. Sin perdón no hay cristianismo"

Leonel Narváez Gómez, sacerdote católico, sociólogo. 


Una reflexión promovida por el Centro Nacional de Memoria Histórica

Para lograr la paz, Sur África se inspiró en la cultura del Ubuntu (en ti está parte de mi yo), Ruanda en el concepto de Gaçaça (o justicia restaurativa de los ancianos),  e Irlanda en la espiritualidad del Viernes Santo. En esta coyuntura difícil  de nuestra patria donde paradójicamente la búsqueda de la paz nos ha dividido, ¿cuál es la inspiración transformadora que pueda mover masivamente a todos los cristianos-as de Colombia? En este país, 94% de la población está afiliada a organizaciones inspiradas en la Fe Cristiana y a todos, de una u otra forma – por religión o por cultura- nos inspira el Evangelio de Jesús.

Desde ya, debo dejar constancia que conjuntamente con la propuesta que hago aquí abajo, deben ir implementadas tareas para que los empobrecidos de Colombia tengan acceso a la salud, la educación, la tierra, la vivienda al igual que a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición de esta horrible noche de la violencia.

Todos los intérpretes están de acuerdo en afirmar que la pasión central de Jesús consistió en empoderar a las personas que venían a Él, con la inspiración poderosa del Reino de Dios, es decir, el Reino de la Misericordia. De hecho, cuando Jesús se hizo bautizar de Juan, la primera definición que dio de Jesús fue: ese es el Cordero que quita los pecados del mundo.  

Pablo resume toda la acción de Jesús afirmando que murió para el perdón de los pecados… Y de hecho, como tarea principal le dejó a sus discípulos el mandato de perdonar 70 veces 7, de perdonar lo imperdonable y… ser como Él: cordero que quita los pecados del mundo. Este es el corazón de su buena noticia. El resto poco importa. De ahí en adelante el perdón ha sido, es y será siempre, la marca de calidad de los discípulo de Jesús. Es ésta, sin lugar a dudas, la inspiración que más debe alumbrar la mente y los corazones de los colombianos en esta pascua dolorosa de la guerra a la paz.

La palabra perdón tiene dos significados profundos. El primero: don. Quien entiende el significado de ser don ha entendido el insondable sentido de la existencia humana. Ser don es el ejercicio cotidiano de la bondad, de la generosidad,  delcuidar, de la magnanimidad de corazón, es en pocas palabras, la actitud heroica que nos invita a seguir en la superación de los conflictos, Jesús,  El Crucificado. 

Este salto evolucionario es el reto más desafiante en la historia de Colombia. No darlo es quedar atrapados en el eterno retorno de la venganza, en donde no vence el don, sino la urgencia de  acumular poder.

El segundo significado lo define el adverbio de movimiento per: significa moverse hacia otra posición distinta de la rabia, del rencor, y del deseo de eliminar al otro. Es este el ejercicio evolucionario de elevarse a las cimas de la compasión y de la misericordia, virtudes que caracterizan a las personas felices y exitosas.

Para los cristianos, la pregunta no es si debemos alinearnos por el SI o el por el NO con los Acuerdos con las FARC. La gran pregunta  que nos define como cristianos, es si en esta coyuntura sabremos  vivir nuestra vocación al perdón y a la compasión sin medida y sin reservas, como lo hizo ese maestro y guía llamado Jesús.

Urge reiterarlo: perdonar no es olvidar, es recordar con otros ojos; perdonar es comprender que la justicia repara a la víctima y restaura al ofensor; perdonar no es abrazarse con el ofensor y menos, negar el dolor que se siente; perdonar es la re-significación heroica que se hace de la ofensa para superar la víctima en que esta nos convierte, y así, transformarnos en victoriosos.  El perdón no cambia nuestro pasado pero si nuestro futuro; el perdón llena de serenidad y de salud.

El perdón es un ejercicio exquisito de democracia y de reconocimiento de la dignidad del ofensor, allí donde absurdamente se negó la dignidad de la víctima: contra la irracionalidad de la violencia es necesario ofrecer la irracionalidad del perdón. El perdón es la acción política más innovadora para reconstruir el contrato social roto por la violencia; es superar la sutil y perversa influencia de los empresarios de odios, que mediante economías de rabia-odio y, aviesas estrategias de producción, distribución y consumo de la venganza, han sabido —por siglos— esclavizar el corazón y la mente de los colombianos.

Reconozco los valiosos esfuerzos por la paz que se realizan en Colombia desde las organizaciones basadas en la Fe. Sin embargo: ¿Por qué somos tan silenciosos, a la hora de anunciar sin ambages la buena noticia del perdón y denunciar todo lo que lo destruye: la rabia, el rencor, los deseos de retaliación? ¿Por qué somos vergonzantes del perdón y faltos de fe en la fuerza poderosa que conlleva?

Es el perdón, la inspiración vertebral del Evangelio de Jesús y de la fe de los cristianos, la expresión de la más refinada cultura política y ciudadana que deberá iluminar el nuevo acuerdo de paz que se avizora para el país. Perdón cultivado en el cuidado de la misericordia y la compasión, que nos permitirá gozar de paz estable. Seremos reconocidos en la historia como la nación que ejemplarizó, para el mundo, una propuesta heroica y civilizatoria de paz afianzada en el perdón.

Sin el perdón un cristiano NO es cristiano. Queda solo sal que no sala y luz que no alumbra. 

¿Por qué esta reflexión?

1. El acompañamiento espiritual que han brindado distintas comunidades de fe a las víctimas ha sido fundamental en la reconstrucción de un sentido de vida luego de ser sometidos a vejámenes, sufrimientos y humillaciones. Las comunidades de fe han brindado solidaridad y comprensión  a víctimas que se sienten desconocidas y desamparadas. La fe es un lugar de encuentro para restablecer el vínculo de amistad necesario para sentirnos parte de una comunidad. 

2. Muchas de esas comunidades de fe tienen visiones profundamente respetuosas de las tradiciones culturales de sus feligreses. Más que someterlos a formatos universales, acogen y reconocen la belleza espiritual que reside en largas tradiciones de conexión con un mundo trascendental. 

3. Sus visiones de acompañamiento se inspiran en nociones de comprensión, empatía, reconocimiento de la dignidad humana de cada uno de los feligreses. 

4. El CNMH, reconociendo ese papel, quiso abrir un espacio para que distintos líderes de esas comunidades de fe pudieran explicar cómo viven su espiritualidad y cómo entienden la paz y la reconciliación. Su voz es una comprometida con todas las víctimas del conflicto y con una mirada que acoge la vida en su enorme diversidad y pluralidad.  

Carta a los cristianos de Colombia del padre Leonel Narváez Gómez, IMC

Es filósofo, teólogo de la Universidad de San Buenaventura en Bogotá y Sociólogo con posgrados en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, y Universidad de Harvard en Estados Unidos. Es sacerdote religioso de los Misioneros de la Consolata, comunidad fundada en Turín, Italia.

Actualmente, es el presidente de la Fundación para la Reconciliación, de la cual es el fundador. Ha extendido exitosamente las Escuelas de Perdón y Reconciliación -ES.PE.RE.- en la ciudad de Bogotá y luego en varias ciudades de 15 países de las Américas y Europa, en donde viene promoviendo el Perdón como un derecho humano y como virtud política. 


Publicado en Noticias CNMH

Volver arriba