En Bogotá, lejos del calor del sur del Tolima, la memoria del pueblo pijao persiste junto a quienes llegaron forzados por la violencia en busca de paz. El desplazamiento forzado no solo implicó dejar atrás la tierra, el río y los cultivos, sino también aprender a habitar una ciudad que tiene otras formas de vivir, de vestir y de relacionarse. Sin embargo, en medio de estas transformaciones, la comunidad ha mantenido algo fundamental: su identidad.

En este contexto, se presenta el libro Fortaleciendo nuestros saberes ancestrales: Cabildo Indígena Pijao Ciprid Calarcá, una obra que recoge y dignifica relatos, prácticas y conocimientos que hoy permiten a la comunidad mantenerse unida en la ciudad. Más que un compendio, es el resultado de un proceso de acompañamiento y escucha, donde la memoria se construye de manera colectiva y se proyecta hacia las nuevas generaciones.
Actualmente, más de 490 familias reconstruyen su vida en Bogotá sin desprenderse de sus raíces. A través de la palabra, la organización comunitaria y prácticas como la preparación de alimentos tradicionales, la música y la danza, mantienen vivos los vínculos con su territorio de origen.
Las danzas, en las que participan niños, niñas, jóvenes y adultos, trascienden lo cultural: son actos de agradecimiento a la tierra, al agua, al viento y a la vida misma. Son también una forma de enseñanza, un lenguaje a través del cual la memoria se baila, se cocina y se comparte.
En esa medida, el libro se consolida como una herramienta política, pedagógica y organizativa. Hace visible una historia atravesada por el despojo, pero también por la resistencia; cuestiona los imaginarios que reducen la identidad indígena a una imagen fija y reafirma que, incluso en contextos urbanos, los pueblos indígenas continúan siendo portadores de saberes vivos.
A pesar de las barreras para el reconocimiento pleno de sus derechos, la comunidad sigue organizándose, tejiendo redes de apoyo y afirmando su lugar en la ciudad. Su presencia en distintas localidades de Bogotá da cuenta de una memoria que no se fragmenta, sino que se transforma para permanecer.
Recordar estas historias es reconocer que el desplazamiento no significa olvido. En cada gesto de continuidad se sostiene la dignidad de quienes han resistido. Que este libro sea también un llamado a escuchar, reconocer y actuar, para que la memoria no se repita como violencia, sino como conciencia colectiva que haga posible la no repetición.