El Bajo Cauca y la herida abierta del jaūriperabu,
el asesinato de Wilmer Benítez no es un hecho aislado

12 de marzo de 2026. El hallazgo del cuerpo de Wilmer Benítez en el río Nechí no solo suma una cifra más a la trágica estadística de 29 líderes asesinados en 2026; representa la reactivación de un daño profundo al tejido social de Antioquia. Como hemos documentado en nuestras investigaciones, la violencia en este departamento no es un fenómeno coyuntural, sino una estrategia sistemática de control territorial que fragmenta la vida cotidiana.

El asesinato de un líder deportivo y comunal como Wilmer instala en Nechí lo que desde el CNMH hemos denominado como jaūriperabu ‘la enfermedad del susto’; este concepto, desarrollado en nuestras investigaciones sobre los impactos espirituales de la guerra, explica que el daño trasciende la pérdida física: el miedo se inocula en los cuerpos y en las relaciones colectivas, paralizando los procesos de resistencia civil que líderes como Benítez encabezaban desde su junta de acción comunal.

Tal como se expuso en el informe Medellín: memorias de una guerra urbana, la normalización de la muerte como método de resolución de conflictos es una herencia que aún hoy golpea a Antioquia. El caso de Wilmer, atado y arrojado al río, es un espejo de esas dinámicas de terror que buscan silenciar la voz de las comunidades y despojar de sentido a la labor social.

Reiteramos que la protección de la población civil es un principio irrenunciable. Invitamos a la sociedad colombiana a no naturalizar el exterminio de nuestros líderes, el silencio y la indiferencia son los principales aliados de la repetición. 

¡El liderazgo social es un derecho, no una condena! Nuestra solidaridad total con la familia de Wilmer y el pueblo de Nechí.

¡POR LA VIDA Y LA MEMORIA: NO MÁS LÍDERES ASESINADOS!

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