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Jose Fernando Loaiza

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El fuego de la tulpa aviva el espíritu en las comunidades del pueblo Nasa. Alrededor del fogón se comparte y se escuchan los consejos de los mayores. Foto: Juan Camilo Delgado (Cortesía Cabildo Indígena de la Cuenca del Río Guabas)

Publicado

30 de abril 2021

Indígenas de Ginebra recuerdan su promesa de resistir

El cabildo indígena del Río Guabas fue reconocido en 2018 como sujeto colectivo de reparación. El Centro Nacional de Memoria Histórica acompaña a esta comunidad que sufrió el asesinato de su gobernador en 2005.

¿Hasta cuándo?/ ¡Hasta siempre! La promesa en una sola voz de los guardias alrededor del fuego, de resistir de frente, ante cualquier amenaza contra su pueblo, hombres y mujeres hijos de la naturaleza y sus espíritus —de la tierra, del río, de la luna y el sol—, solo con un bastón de madera con cintas de colores que representa la autoridad. ¡Guardia! (guardia)/ ¡Fuerza! (fuerza)/ Por mi raza/ por mi tierra.

A Francisco Antonio Cuchillo Baltazar, el gobernador del cabildo indígena de la Cuenca del Río Guabas, lo asesinaron con disparos de fusil mientras esperaba un bus, en la carretera, a la salida de su finca, en la vereda Las Juntas, del corregimiento Costa Rica, de Ginebra, Valle del Cauca, el 11 de octubre de 2005. Cuenta Virgelina Pérez, la mujer que lo esperaba en su casa, en el pueblo, que traía leche, quesos y huevos para su familia. “Lo mataron cargando lo de la finca. Todo quedó ahí tirado con él donde lo dejaron”, recuerda.

El gobernador, que también era representante de los indígenas del Valle del Cauca ante la Autoridad Indígena de Colombia, tenía 57 años. Por el crimen fue responsabilizado alias “el Paisa” o William, comandante de la Columna Móvil Alonso Cortés de las Farc. Un mes antes de su muerte, el 5 de septiembre, habían asesinado a su hermano, Jorge Eduardo Cuchillo Baltazar. Hombres desconocidos preguntaron por él en el taller donde trabajaba, en Ginebra, y se lo llevaron a desvarar un carro, pero no regresó. Lo encontraron tres días después, muerto a tiros, a las afueras del pueblo.

La guardia indígena tiene la autoridad para la defensa del territorio. Es un colectivo de la comunidad que hace resistencia pacífica ante cualquier amenaza violenta. Foto: Juan Camilo Delgado (Cortesía Cabildo Indígena de la Cuenca del Río Guabas)

 

Día de la Memoria y la Solidaridad

Una llovizna menuda cubre a Ginebra la mañana del 9 de abril de 2021. En el coliseo municipal se conmemora el Día de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado. En el municipio se han reportado pocos casos de covid-19, pero los cuidados para que no se propague la enfermedad obligan a que no sea un evento de multitudes. En el municipio hay alrededor de 680 víctimas del conflicto armado, según el último proceso de caracterización, en 2020. María Doris Camacho, personera municipal, explica que la mayor parte de las personas incluidas en el Registro Único de Víctimas vienen de municipios como Buenaventura y Tumaco donde han sufrido desplazamiento forzado. El cabildo indígena de la Cuenca del Río Guabas fue reconocido en 2018 como sujeto colectivo de reparación.

El Centro Nacional de Memoria Histórica acompaña a la comunidad del Cabildo de la Cuenca del Río Guabas desde marzo de 2020, a través de la Estrategia de Acciones en el Territorio. Carolina Arias, enlace de la estrategia en el Pacífico Sur, explica que la misión de la entidad es la asistencia técnica mediante un plan de trabajo en tres fases: la primera, de formación teórica al Municipio, la Mesa Municipal y organizaciones de víctimas, sobre conceptos de memoria histórica; la segunda, de diseño de una acción de memoria histórica, y la tercera, de materialización.  

“La Mesa Municipal de Víctimas quería hacer una colcha en la que se reconociera a algunas personas que han sido víctimas del conflicto, que están desaparecidas. Y el Municipio quería hacer una conmemoración del 9 de abril, que incluyera una semana cultural en la que se mostraran las expresiones indígenas, afrodescendientes y de la Mesa de Víctimas, pero no fue posible en 2020”, explica. 

Marta Lucía Patiño es la coordinadora de la Mesa Municipal de Víctimas. Por amenazas, tuvo que abandonar su casa, la huerta y los animales en la vereda Las Hermosas, en la zona montañosa de Ginebra. Huyó con su familia y vivió dando vueltas por Buga y en Cali, hasta que decidió regresar por dificultades económicas. “No es lo mismo estar en su tierra, tener sus animales, sus cebollas y su mata de plátano a tener que comprar todo y además, pagar un arriendo, servicios públicos… y el trabajo es bastante complicado”, explica. La Mesa de Víctimas la conforman 19 personas, entre ellas hay afrodescendientes e indígenas. “Necesitamos mejores oportunidades laborales, de estudio gratuitas, salud. No tener oportunidades ni calidad de vida es también una forma de revictimización”, anota.

 

Fuego, memoria, resistencia y legado

En la tulpa —el fogón— arde la fuerza del espíritu. El fuego se mantiene encendido entre tres piedras que entre los indígenas del pueblo Nasa simbolizan la familia —el padre, la madre y el hijo— y alrededor se comparten la sabiduría de los mayores, experiencias, valores como el respeto a la naturaleza y los alimentos. Julieth Cuchillo, consejera para la Educación de los Pueblos Indígenas del Valle del Cauca, hija del gobernador asesinado, toma el biche —bebida destilada del jugo de caña verde— y lo ofrece a los espíritus, antes de hablar a la comunidad reunida. La familia conserva el legado de Francisco Antonio. Después de su asesinato, su esposa Virgelina fue elegida como máxima autoridad del cabildo. Hoy, esa responsabilidad la tiene su nieto, Juan Esteban Martínez Cuchillo.

“Como pueblos indígenas, somos víctimas milenarias —dice la consejera—. Nos ha tocado vivir bastantes situaciones duras del conflicto que se vive a nivel nacional. Hoy también tenemos que vivir la cruda realidad del conflicto armado, los señalamientos, la estigmatización, las violencias, las persecuciones”.  En su discurso, pide la unión de su comunidad por la defensa de su cultura y de su territorio. “Si no nos unimos, todos vamos a desaparecer”, advierte.

Agradece la oportunidad para tejer la palabra y hacer memoria en aquella reunión de la que participan, además de su comunidad del cabildo, el consejo comunitario Somos Afro, la Mesa de Víctimas, la Personería, la Alcaldía y autoridades indígenas de orden nacional. “Tenemos que recordar el doloroso asesinato de nuestra autoridad mayor Francisco Antonio Cuchillo, que venía de nuestro territorio y fue asesinado por decir la verdad”, dice.

El senador Feliciano Valencia Medina, líder de la comunidad nasa y miembro del Movimiento Alternativo Indígena y Social, considera que “hay que fortalecer los consejos comunitarios para que la memoria en el país sea un instrumento para acabar con la impunidad en el país”. Menciona el Auto 004 de la Corte Constitucional, en 2009, que obliga al Estado colombiano a crear un programa nacional de garantías y a establecer planes de salvaguarda. “Lamentablemente, esa sentencia no se ha cumplido”, señala.  Y agrega: “en 2013 y 2014, los pueblos indígenas y afrocolombianos construimos el capítulo étnico, que fue incorporado en los Acuerdos de Paz. Eso nos obliga para construir rutas, planes y programas para salvaguardad la integridad física, cultural y territorial”.

 “Solo pedimos paz espiritual en nuestros territorios, poder salir como lo hacíamos antes, caminar nuestros territorios, poder ir a las lagunas, sentarnos con nuestros mayores”, dice Julieth Cuchillo. Alrededor del fuego, la guardia indígena baila en una danza ritual. Su himno es una promesa que hacen a su pueblo cada vez, con los bastones en alto y que cumplen con su vida si es necesario.

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