Bogotá, D. C., 1 de mayo de 2026. En el Oriente antioqueño, una región profundamente marcada por el conflicto armado, distintas organizaciones sociales, culturales y de víctimas han venido explorando nuevas maneras de comprender y transmitir sus experiencias en medio de la guerra. Ese camino, una apuesta impulsada por el Centro Nacional de Memoria Histórica, propone abrir otras posibilidades: llevar la verdad histórica a lenguajes que permitan no solo recordar, sino también dialogar, cuestionar y transformar.
Cosechas de memoria y verdad surge de una pregunta compartida: ¿cómo acercar contenidos complejos del esclarecimiento a públicos más amplios, especialmente a jóvenes, sin perder profundidad ni rigor? La respuesta se buscó en el trabajo conjunto con organizaciones de seis municipios del Oriente antioqueño, cuyos procesos, conocimientos y saberes fueron fundamentales para dar forma a una experiencia única de apropiación social de la verdad histórica.
Es así como, durante varios meses, liderazgos comunitarios, colectivos culturales y organizaciones de víctimas participaron en espacios de conversación, creación y experimentación, donde no solo se discutieron contenidos, sino también modos: cómo narrar, desde dónde hacerlo y con qué herramientas. Este proceso permitió construir una propuesta que dialoga con las realidades del territorio, evitando imponer lecturas externas y reconociendo que la apropiación social de la verdad histórica implica múltiples voces y lenguajes. Adicionalmente, se tuvieron en cuenta otros recursos como la ilustración, la fotografía y la construcción de narrativas visuales.
De allí nació Cosechas de memoria y verdad, un juego colaborativo de mesa que propone una experiencia distinta de aproximación a la verdad; se trata de una invitación a interactuar, a tomar decisiones y a recorrer un relato que combina elementos de la realidad con recursos ficcionales. El juego cuenta con un tablero, piezas, ilustraciones y materiales que facilitan distintos niveles de lectura: desde una aproximación más intuitiva, hasta contenidos más profundos para quienes deseen explorar con mayor detenimiento.
De igual manera, su diseño incorpora estrategias propias de lenguajes contemporáneos, incluyendo elementos narrativos cercanos a los videojuegos y universos visuales que apelan a la curiosidad. Ahora bien, el juego se basa en el informe número 6 de la Dirección de Acuerdos de la Verdad, centrado en el clan paramilitar Isaza, su accionar, y las formas como la comunidad vivió el dolor, lo afrontó y lo resistió.
Al respecto, uno de los aspectos que más llamó la atención durante el proceso de creación fue la manera en que ciertos discursos lograron justificar la violencia y consolidar la presencia de este grupo armado en el territorio. En esa medida, aquellos relatos que apelaban a la defensa, al orden o incluso a gestos aparentemente benéficos fueron configurando narrativas que, con el tiempo, se instalaron en la vida cotidiana de los habitantes de los municipios del Oriente antioqueño.
Sin embargo, estas versiones contrastan con los impactos reales que experimentaron las comunidades: la desaparición de personas, la fragmentación del tejido social y las múltiples formas de violencia evidencian las consecuencias de esos discursos. Fue precisamente ese contraste el que se convirtió en uno de los ejes del juego: permitir que quienes participan identifiquen esos discursos justificatorios, los cuestionen, reconozcan lo que había detrás de ellos y los transformen.
En medio de ese contexto, el arte y la cultura se erigieron como espacios de resistencia; por lo tanto, el juego retoma una idea central: para transformar los discursos, es necesario sembrar nuevas semillas. Esta metáfora se traduce en una dinámica colaborativa, donde quienes participan no solo avanzan en el juego, sino que se enfrentan al reto de construir discursos distintos que, con la misma fuerza con la que alguna vez se legitimó la violencia, apuntan ahora hacia la paz, la memoria y la verdad.
A través de este tipo de apuestas, la apropiación social de la verdad histórica se aleja de formatos rígidos y se acerca a escenarios donde puede ser discutida y resignificada. En ese tránsito, la dignidad de las víctimas, la búsqueda de la verdad y la apuesta por la no repetición se mantienen como horizontes fundamentales. Al mismo tiempo, se reafirma la necesidad de seguir creando formas para contar, escuchar y transformar las historias que han marcado a los territorios.