¿Por qué se debe buscar el origen del conflicto armado colombiano antes de 1958?

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Publicado

04 mayo 2023

¿Por qué se debe buscar el origen del conflicto armado colombiano antes de 1958?

Lejos de lo que algunas investigaciones han propuesto, la génesis del conflicto armado tiene un inicio difuso que trasciende las realidades locales. El CNMH prepara un informe que evidencia la complejidad que representa hallar fechas precisas y que busca aportar nuevas narrativas a las memorias de la guerra.

“Nos han hecho creer que el conflicto armado es un tema de colombianos. Pero, ¿qué significaba Colombia para Estados Unidos en los años 45, 46, 47?”. Héctor Arenas, investigador experto en el conflicto armado colombiano, hace la anterior afirmación, transformada en pregunta, para introducir el tema que convocó al público del Pabellón México en el último día de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo). Un cuestionamiento cuyo debate excedió los 45 minutos para los que fue programada la charla «Las raíces del conflicto armado; las raíces de las violencias», actividad organizada por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

 Rodrigo Torrejano, investigador del CNMH y moderador del espacio, señaló en su introducción que para el desarrollo de la charla el tiempo constituía un factor muy importante, pues “Hay una fecha a partir del ¡Basta ya!, la investigación del CNMH, que plantea que el análisis del conflicto armado empieza en 1958, al igual que el tomo No matarás, del Informe Final de la Comisión de la Verdad”. Sin embargo —matizó—, también se plantea que desde 1920 hasta 1958 se venían viviendo procesos sociales y políticos que fueron abonando el terreno para la gestación del conflicto tal y como lo conocemos hoy.

“Esta conversación se va a situar antes del 58: desde el 9 de abril de 1948, con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán; luego, el contexto de una persecución sobre el movimiento popular politizado, y luego conoceremos de primera mano la investigación sobre la Guerra de Villarrica, que marcó el surgimiento de la insurgencia”, anunció Torrejano al inicio de su intervención.

 

La Guerra Fría

La formulación de Arenas: “Nos han hecho creer que el conflicto armado es un tema de colombianos. Pero, ¿qué significaba Colombia para Estados Unidos en los años 45, 46, 47?” se resuelve de la siguiente manera: Colombia representaba para la potencia norteamericana un conjunto de intereses: era el paso geoestratégico hacia Panamá, el petróleo se consideraba un recurso militar estratégico (y Colombia poseía petróleo), y Gaitán había logrado derrotar políticamente a la élite bipartidista que imperaba desde el primer tiempo de la república. En resumen, sentenció Arenas: “Colombia era la puerta de entrada a América Latina; el movimiento gaitanista, al igual que el peronista en Argentina, era una alternativa. Gaitán no era comunista, pero sí un liberal de izquierda: una figura temible para el Gobierno de Estados Unidos”. En otras palabras: Colombia también vivía el coletazo de la Guerra Fría.

 

El dominio norteamericano en la región de Centro y Suramérica explican una gama de conflictos bastante compleja. Como sintetiza Álvaro Villarraga, director para la  Construcción de la Memoria Histórica del CNMH: “En los 60, toda nuestra América mestiza, diversa, eran dictaduras, eran guerras civiles, eran guerras de agresión norteamericanas, o eran movimientos progresistas emergentes, sobre todo en el Caribe. Y eso desencadenó pujas muy fuertes. Hay movimientos reivindicativos que se dan en medio de circunstancias en donde la mano dura militar estimula las dictaduras”.

 

La Guerra de Villarrica

En consonancia con lo expresado por el profesor Villarraga, Stephen Ferry, fotógrafo de no ficción, explicó que el 58 no debe ser la fecha para entender el inicio del conflicto armado colombiano, si se entiende este como parte de la encrucijada entre el comunismo y el capitalismo que trajo la Guerra Fría. Según Ferry, “la guerra de Villarrica —que nosotros, como Ojo Rojo-Fábrica Visual, investigamos para la Comisión de la Verdad— marca una diferencia por la misma censura, por la falta de información. La historiografía tiende a ubicar a Villarrica como parte de la Violencia bipartidista, pero es la Guerra Fría”.

La masacre de Villarrica, en la que “fueron bombardeados nuestros campesinos con 50 bombas de napalm”, como recuerda la periodista Constanza Vieira, evidencia el recrudecimiento de la violencia en 1954, año en el que se perpetró la matanza de un grupo de estudiantes, entre el 8 y el 9 de junio, y en el que se determinó la “ilegalización del Partido Comunista en septiembre”.

Ferry concluyó este pasaje de la charla con un rápido recuento de lo acontecido: “la tesis es que después del asesinato de Gaitán surge una violencia bipartidista que desemboca en el ascenso al poder de Rojas Pinilla. Este promete la paz, el pueblo le copia, la gran mayoría de las guerrillas se entregan y hay un año de paz en el 53. La guerrilla, bajo orientación  del Partido Comunista, decide guardar sus armas”, pero ocurre la matanza de los estudiantes y lo desestabiliza todo. “La guerra de Villarrica empieza en noviembre del 54. La gente que combatió en Villarrica fue la que fundó las FARC un año después”.

 

Las guerrillas

Este hecho, según Villarraga, hizo estallar la segunda guerra civil de Colombia —la primera fue la de liberales contra conservadores—, se trató de la que emprendieron las FARC contra la reforma agraria, en el norte de Antioquia y el sur de Córdoba.

Posteriormente, los integrantes del M-19, para demostrar que las guerrillas eran más que un movimiento agrario, exigen respuestas ante lo que consideran un fraude electoral: “Crean entonces una  guerrilla urbana que habla del conflicto agrario pero responde al Frente Nacional. Es la utopía del cambio revolucionario por la vía armada”, comenta Villarraga. Así, Colombia se convierte, por un lado, en el primer país del continente donde aparecen guerrillas comunistas y luego liberales, y, por otro, en el último en cerrar esas confrontaciones armadas, de las que aún hay que seguir hablando, para aportar nuevas narrativas a una historia y unas memorias que, lejos de estar cerradas, evidencian la complejidad de un conflicto al que resulta muy difícil hallarle un inicio claro o fechar inequívocamente.

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