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Palestina Huila conmemoracion desaparecidos

Palestina: el rincón huilense que demuestra que el cambio es posible

Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones

Autor

CNMH

Foto

Galería de la memoria de las víctimas del municipio de Palestina, en el sur del Huila. Foto: Camila Galindo para el CNMH.

Publicado

11 septiembre 2023


Palestina: el rincón huilense que demuestra que el cambio es posible

En el marco de la conmemoración de los 40 años de la desaparición de Tulio Chimonja, su familia, que lidera la Asociación de Comunidades Construyendo Paz en Colombia (Conpazcol), invitó a organizaciones, iglesias, víctimas y firmantes de paz a una jornada de memoria.

 

A Tulio Enrique Chimonja se lo llevaron de la finca El Recuerdo el 3 de septiembre de 1983. Era una noche de luna llena en la que Fanny Coy, su esposa, pudo ver con claridad los rostros de quienes sacaron a su marido de su cama, en la vereda San Isidro del municipio de Palestina (Huila), donde lo único que suele sonar en la penumbra son los grillos, las ramas de los árboles que se mecen en las noches y la corriente del agua de los riachuelos que descansan en los patios de las casas.

Fanny lo cuenta con una dignidad apabullante, como si contara una historia cualquiera, sentada en una silla, en esa misma finca donde vio por última vez a su esposo, y en una noche de septiembre donde suenan también las chicharras y el ladrido de los perros taciturnos. Narra todo en detalle: cómo le avisó a su suegra, al líder social de la época —«¡Esos hijueputas lo mataron!», le dijo— y cómo una semana después, luego de ver pasar por el pueblo una y otra vez a esos que se llevaron a Tulio, les preguntó qué habían hecho con él. Así constató que su marido estaba muerto, pero nunca le devolvieron su cuerpo.

Palestina Huila conmemoracion desaparecidosFanny Coy, campesina y lideresa del municipio de Palestina (Huila), durante el evento de conmemoración de la desaparición forzada de su esposo hace 40 años. Foto: Camila Galindo para el CNMH.

«Y bueno, qué bueno tenerlos aquí esta noche», dice Fanny y se devuelve a la cocina a seguir preparando el arroz, la yuca y el cerdo que les dará a sus casi 65 invitados, a los que nunca les falta el tinto que ella prepara con el café que siembra en su finca.

 
 
 
 
 
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Sus invitados están allí porque la Asociación de Comunidades Construyendo Paz en Colombia (Conpazcol), liderada por su hijo Enrique Chimonja y su nuera María Eugenia Mosquera, organizó el
«Encuentro territorial interétnico: la memoria en la búsqueda, restauración y tejido de paz integral», justo el fin de semana de conmemoración de los 40 años de la desaparición de Tulio.

Aunque aún duele —Enrique se quiebra al recordarlo—, Fanny ha decidido celebrar la vida. Ella, la lideresa Fanny Coy, es sobreviviente del genocidio político de la Unión Patriótica (UP) y sembradora de paz territorial en la zona de biodiversidad La Esperanza. En esa parcela que cuida a veinte minutos de su finca, cruzando cosechas, tiene su alma, porque su vida es el campo.

Durante el recrudecimiento del conflicto en Palestina —en 1985 hubo una masacre en la que asesinaron a José Jaime Loaiza, de la UP, y a cuatro personas más que se encontraban con él en su finca, entre ellos Martín Humberto Coy, hermano de Fanny—, ella se movió algunos metros: entre veredas, hacia el casco urbano, pero nunca abandonó Palestina. Lo suyo es el campo y ahí reside su resistencia. «¡Si yo lo que sé hacer es sembrar! ¿Cómo me iba a ir?», dice.

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Foto de Tulio Enrique Chimonja, desaparecido el 3 de septiembre de 1983. Foto: Camila Galindo para el CNMH.

En Palestina hay una bicicleta vintage que rueda por el municipio y tiene un letrero: «Tulio Enrique Chimonja. Sep 3/83. Desaparecido». La usa Enrique, el mayor de los hermanos Chimonja, y la usan sus sobrinas, que pedalean, como una vez lo hizo Tulio, por ese pueblo metido en el macizo colombiano, tierra de indígenas andaquíes y laboyos donde, según cuenta la historia, el conquistador Pedro de Añasco le robó el hijo a la cacica Gaitana.

«Estos territorios, de alguna manera, así como son para la agricultura, son fértiles para la lucha social», dice Enrique Chimonja. La lucha de su familia es pedalear con el nombre de su patriarca a cuestas, es escribirlo una y otra vez en pancartas con las que adornan su hogar, nombrarlo para no olvidarlo. Es sembrar.

Conoce también los procesos de resistencia de Bolívar.

«Cada vez que alguien se suma a la siembra, hay más esperanza de que algo vamos a cosechar», dice Enrique, quien ha invitado a los 65 huéspedes a sembrar en la zona de biodiversidad La Esperanza, en la vereda Montañita. Desde la comunidad de paz de San José de Apartadó, desde Buenaventura, desde el Putumayo y Caquetá, desde Neiva, desde el Cauca… de todas partes vienen los invitados, líderes y lideresas de sus territorios, quienes comparten su trabajo en los procesos de búsqueda de desaparecidos y en la construcción de paz. Algunos toman guayacanes, otras cogen cedros, otros robles rosados y negros, ocobos, y los siembran en la parcela que antes fue escondite de actores armados, según cuenta Fanny.


«¿Alguien tiene una tijera o un machete? Tengo que cortar esta raíz, porque está muy larga y, si no, la mata no crece», dice el Tigre con su cara de saberlo todo sobre el campo. Es uno de los
firmantes de paz del Bloque Sur que ha acompañado este proceso de la zona de biodiversidad. Junto a casi una decena de sus compañeros, le ha apostado a este acompañamiento en un acto de reparación a las víctimas. De las filas de las FARC-EP, que tanto azotaron al municipio, salieron quienes ahora siembran junto a ellas árboles y nuevas posibilidades.

«Yo vine por primera vez en 2019, porque una compañera no podía venir. Vine, pero no me imaginaba lo que era», cuenta la Cacica (o Nidia Arcila), la única mujer firmante que acompaña este proceso. Llegó desde Neiva, como otras veces lo hizo acompañada por su compañero sentimental, también reincorporado, que fue asesinado el 4 de julio de 2022. Ella no deja de sentir miedo, pese a ser la Cacica: «Yo volví hoy, pero puede que no vuelva», dice con la voz entrecortada, exigiendo garantías al Estado y pidiéndoles a los colombianos que le permitan no vivir estigmatizada, señalada.

Como la Cacica que es, llegó y participó de la olla comunitaria, llevó las achiras que hace para vender como parte de su proyecto productivo, sembró árboles y les habló a todos del compromiso de los firmantes de paz que genuinamente acompañan a las víctimas.

Palestina Huila conmemoracion desaparecidosConpazcol entregó al CNMH un informe de esclarecimiento sobre los hechos ocurridos en el conflicto armado en Palestina. Foto: Camila Galindo para el CNMH.

Luego de una celebración intereclesial que unió a la Iglesia luterana de Colombia y los saberes del líder de un resguardo indígena del pueblo nasa que llamó a la lectura de la Biblia y a la armonización de la jornada con rituales indígenas, Conpazcol entregó al Centro de Memoria Histórica el informe La verdad desde nuestras aves, los guácharos: memoria al vuelo en un territorio biodiverso. Ahí estuvo la Cacica, representante de los firmantes, para dar el espaldarazo a los Chimonja, esa familia que ha sabido perdonar y que los acoge como huéspedes.

«Esto ha sido parte de un sueño que ahora… me da mucho gusto saber que hay muchos procesos organizativos, que hay muchas víctimas, que hay instituciones, que hay un gobierno que por primera vez se hace presente en 40 años, y la convicción de que sí es posible hacer el cambio, y que el cambio además está en los territorios»: a Enrique Chimonja se le quiebra la voz al decir esto. Tiene razones. Ha metido en su casa a 65 personas venidas de diferentes partes del país, entre víctimas y firmantes de paz, líderes de la Iglesia cristiana y autoridades indígenas, para compartir cama y comida, para sembrar cedros y robles, para bailar juntos.

Al paso del acto protocolario de entrega del informe, de la siembra masiva, le sigue el canto. Cantan guabinas y boleros, el sanjuanero huilense, y comienza el baile. Al verlos, mientras el sancocho se cocina, es imposible imaginar los caminos recorridos por todos, sus dolores y culpas, y especialmente la forma en la que se conocieron y acabaron ahí, reunidos, a ritmo de guitarras y aplausos. Tiene razón Enrique: es posible hacer el cambio y hacerlo desde los territorios, esos que conoció el país porque coparon los titulares en las épocas más violentas. Ahora es tiempo de bailar, porque el dolor ha dado tregua y se ha cambiado el rumbo de la historia. Porque, como gritó Fanny, anfitriona excepcional: «¡Estamos vivos!».


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Palestina: un museo sin fronteras

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

página web del Museo de Palestina. www.palmuseum.org

Publicado

24 Nov 2014


Palestina: un museo sin fronteras

A menudo, una de las miles de consecuencias que deja un conflicto armado en un lugar es la ocupación y división del territorio. Así, las personas que se ven envueltas en medio del conflicto muchas veces no pueden ir a ciertos lugares o cruzar determinadas áreas debido a que están en manos de los grupos armados, han sido cerradas o simplemente son muy peligrosas para estar en ellas.

La ocupación, división del territorio y la segregación de la población a causa del conflicto, son precisamente los retos que tienen que superar los palestinos para construir un Museo de la Memoria Palestina.

En las colinas del pueblo ocupado de Birzeit, en Cisjordania cerca de la ciudad de Ramallah, el Museo Palestino trabaja en una creativa y transformadora solución a estos problemas para la construcción de un museo.

Procurando un enfoque innovador en el diseño del espacio y de la exhibición, este proyecto busca romper con las tradiciones en las prácticas museísticas y, además, de ofrecer una colección de arte y cultura palestina, crear un espacio que invite a la conversación, a la discusión de ideas para el futuro y al trabajo colaborativo.

¿Pero cómo construir un museo de la memoria que todos los palestinos puedan visitar, si un gran porcentaje ha sido aislado y no tiene acceso libre al territorio?

El propósito de construir un Museo de la Memoria Palestina nació en 1997 mientras algunos miembros de Welfare Association, una organización sin ánimo de lucro que trabaja en proyectos humanitarios en Palestina, estaban planeando la conmemoración del Nakba, el quincuagésimo aniversario del desplazamiento de más de 750.000 palestinos antes y luego del establecimiento de Israel hasta ese momento. El proyecto se detuvo debido al surgimiento de la segunda intifada en septiembre del año 2000, pero revivió a mediados de 2005 cuando un nuevo equipo revisó el concepto del proyecto.

Teniendo en cuenta la situación actual del territorio palestino, surgió la idea de construir “un museo desde la perspectiva de las fronteras”, yendo más allá de la conmemoración del Nakba, aun cuando eso ha marcado el mayor punto de inflexión en la historia de Palestina y su gente. Sin embargo, sí se pretende tomar esa historia y esa memoria como un medio para reflexionar sobre lo que está pasando hoy en día y como una forma de pensar ideas, conceptos y propuestas para el futuro, explica Jack Persekian, director y curador del museo en una entrevista con Electronic Intifada.

Un museo adaptado a la problemática y el contexto, pensado para reunir

La idea es que este espacio este ubicado principalmente en Birzeit, pero al mismo tiempo construir una red de trabajo con socios y museos satélites en el exterior de manera que pueda extenderse más allá de las fronteras de Palestina, bajo el restrictivo control israelí y, así, pensar en el museo más que como una locación y un edificio, como una institución múltiple que pueda servir a los palestinos donde quiera que se encuentren, teniendo en cuenta que más de la mitad vive fuera de Palestina y pensando especialmente en aquellos que no podrán acceder a este espacio debido a la restricción del Estado Judío (como los que viven en Líbano, Gaza y Jordania).

En este sentido el trabajo y el reto que enfrentan los palestinos no dista mucho del que enfrenta la sociedad colombiana y del proyecto que lidera el Centro Nacional de Memoria Histórica. El objetivo es justamente construir un Museo Nacional de la Memoria abierto, incluyente, que relate nuestra historia relacionada con el conflicto pero que al mismo tiempo interpele a la sociedad, la una en torno al reconocimiento de las causas y consecuencias del conflicto e invite a superarlo y a mirar hacia el futuro para no repetirlo. Además, coincide en que aunque la sede principal se encuentre ubicada en la capital, el museo cuente con la participación de todas las regiones y se sume a las iniciativas de memoria que ya existen en otras partes del territorio nacional, tal como el Museo Casa de la Memoria en Medellín, el Salón del Nunca Más en Granada, Antioquia, el Parque Monumento a las Víctmas de Trujillo, Valle, la Casa de la Memoria en Tumaco, Nariño y cientos de otras iniciativas contra el olvido.

Además, como en Colombia, en Palestina la red de museos satélites tiene como objetivo “unir” de cierta manera a las comunidades palestinas que han sido separadas unas de otras y aisladas del mundo exterior por la política israelí de cierres y puestos de control y permitir a los palestinos en general tener acceso a la historia cultural, política y social del pueblo palestino y a su memoria histórica relacionada con el conflicto armado.

Fuente
 http://electronicintifada.net/

Página web del Museo Palestino 
http://www.palmuseum.org/exhibitions-news/exhibitions

 


Fronteras, Museo, Palestina

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