Tejer la memoria: territorios, rutas y nuevos comienzos

 

¿Cómo se dibuja un territorio cuando ya no se habita? ¿Cómo se representa un camino marcado por el desplazamiento, la migración o la búsqueda de un lugar seguro para comenzar de nuevo? Durante varios meses, un grupo de mujeres encontró respuestas a estas preguntas a través de los hilos, los colores y el tejido, convirtiendo el arte en una forma de narrar la memoria.

Ese proceso tuvo uno de sus momentos más significativos en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, donde el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), en alianza con la Fundación Nuevo Porvenir, reunió a más de cincuenta asistentes para compartir los avances de un ejercicio colectivo de creación, diálogo y reconstrucción de memoria llevado a cabo durante los últimos meses.

Las participantes llegaron desde trayectorias profundamente diversas. Entre ellas, había mujeres víctimas del conflicto armado, mujeres migrantes, integrantes de la comunidad LGBTIQ+ y mujeres que han atravesado distintas experiencias de exclusión y vulnerabilidad social. En esa línea, sus historias eran distintas, pero compartían una experiencia común: la necesidad de reconstruir vínculos, resignificar sus recorridos y encontrar nuevas maneras de contar aquello que habían vivido.

Más que un taller de creación artística, el proceso se convirtió en un espacio de escucha, encuentro y construcción colectiva de memoria. A través de lecturas en voz alta, conversaciones, ejercicios de reflexión y creación conjunta, las participantes fueron recuperando recuerdos, identificando los lugares que marcaron sus vidas y reconociendo los caminos que las condujeron hasta el presente. Fue entonces cuando los hilos comenzaron a unir esas historias.

Durante varias sesiones, cada mujer construyó un telar en el que plasmó los territorios que habitan su memoria. Algunos evocan los lugares donde crecieron, mientras que otros recuerdan los espacios que debieron abandonar por causa del conflicto armado, las violencias o la migración. También aparecen los nuevos territorios que hoy representan oportunidades para reconstruir proyectos de vida.

Los telares revelan rutas que atraviesan montañas, ríos, ciudades y fronteras. Son mapas íntimos donde conviven recuerdos, ausencias, pérdidas, afectos y esperanzas. En conjunto, conforman una cartografía diversa de las múltiples colombias que se encuentran en un mismo espacio: la Colombia rural y la urbana; la que expulsa y la que acoge; la que conserva la memoria del pasado y la que imagina nuevos futuros.

Es así como cada pieza expresa una forma particular de entender el territorio. Algunas narran los motivos que llevaron a abandonar un lugar, otras representan a las personas que permanecen en la memoria y algunas reflejan los vínculos construidos en los sitios donde hoy se habita. Más que ilustrar un recorrido geográfico, los telares muestran las transformaciones que cada experiencia dejó en quienes la atravesaron.

La creación artística estuvo acompañada por una tallerista que orientó el proceso desde la experimentación con el dibujo, la pintura y el tejido, lo que permitió que cada participante encontrara su propia manera de expresar aquello que deseaba compartir. En esa medida, para muchas de ellas, volver a tomar un lápiz, un pincel o una aguja significó recuperar una posibilidad de creación que durante mucho tiempo había permanecido distante..

La jornada realizada en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación hizo parte de este proceso. El encuentro comenzó con una presentación artística preparada por las participantes y continuó con el recorrido por los telares, donde varias de las mujeres compartieron el significado de sus obras. Otras eligieron dejar que fueran las imágenes, los símbolos y los colores los que hablaran por ellas. Sin embargo, ambas formas de narrar hicieron parte del mismo ejercicio de memoria, respetando los tiempos y las decisiones de cada participante.

Posteriormente, se llevó a cabo un conversatorio con representantes de distintas instituciones y organizaciones que acompañan procesos con población víctima, migrante y en condición de vulnerabilidad. El espacio permitió reflexionar sobre la importancia de construir respuestas articuladas que reconozcan la memoria como un elemento fundamental para fortalecer la dignidad, el reconocimiento y los proyectos de vida.

Aunque esta jornada marcó la culminación de una etapa del proceso desarrollado entre el CNMH y la Fundación Nuevo Porvenir, para las participantes representa también el inicio de nuevos caminos, ya que varias continuarán sus procesos de acompañamiento institucional, llevando consigo las herramientas, los vínculos y las experiencias construidas a lo largo de estos meses.

Las obras presentadas fueron elaboradas por María Ángel Pernía, Alexandra Cascabita, Heidi Rodríguez, Lili Sánchez, Sofía Galindo, Gia Ocampo, Andrea Romero, Emy Viaña, Mausulen Mosquera y Diana Paola Moreno, junto a otras mujeres que hicieron parte de este ejercicio colectivo de memoria.

Cada puntada guarda una historia. Cada color recuerda un territorio. Cada telar conserva el rastro de un camino recorrido.

Juntas, estas obras muestran que la memoria no permanece inmóvil en el pasado, sino que se transforma, se comparte y se sigue tejiendo. En cada hilo aparece una ruta; en cada territorio, una historia; y en cada nuevo comienzo, la posibilidad de construir una memoria que reconoce el dolor, pero también la dignidad, la resistencia y la capacidad de volver a imaginar el futuro.

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