Etiqueta: DDHH

Lideresas a favor de la igualdad

Noticia

Autor

Laura Cerón

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

18 May 2018


Lideresas a favor de la igualdad

En Colombia hay cerca de 2.150 personas víctimas de los sectores LGBT reconocidas en el Registro Único de Víctimas. Cada una de ellas ha sufrido una o múltiples victimizaciones en el marco del conflicto armado colombiano: violencia sexual, desplazamiento forzado, amenazas y homicidios.


A pesar de que el país ha avanzado en la garantía de sus derechos, lo cierto es que son muchas las violencias que viven a causa de la discriminación estructural y la estigmatización. Para 2016, la Defensoría del Pueblo atendió 298 casos en regiones como La Guajira, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Córdoba, Urabá, Antioquia, Caldas, entre otros. Por ello, muchos líderes y lideresas desde sus municipios se han organizado y han convertido sus identidades en formas de resistencia desde la cotidianidad.

Este 17 de mayo se conmemoró el Día Internacional contra la Homofobia, Lesbofobia, Bifobia y Transfobia.  Hablamos con dos lideresas que desde Chaparral (Tolima) y Florencia (Caquetá) que luchan diariamente contra la discriminación.

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    Daniela Villareal, Asociación LGBTIChaparral, en Tolima

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    Zunga la perra roja, Asociación de personas transgénero en Caquetá (Asotranca) 

Daniela empezó su liderazgo en Chaparral una vez se identificó como mujer trans, primero con su familia y luego ante la gente de su municipio. Para ella su identidad siempre fue su bandera y lo demostró desde los inicios del reinado trans del río Tuluní, que nació como un paseo al río en el año 2000 y luego se convirtió en una plataforma de visibilización de todas las personas de los sectores LGBT principalmente mujeres trans y hombres gays. A nivel de trabajo con las víctimas han desarrollado acciones desde 2015 con la Asociación Chaparral Diversa.

“Trabajamos en un proyecto que consolida y documenta los casos de desaparición y asesinatos y así poco a poco hemos logrado tener participación social. Sin embargo, me amenazaron como a muchas otras con el respaldo de la gente y de la policía y tuve que volver a salir en 2016. Las otras chicas que se quedaron sí participaban en foros. Ahora nos están capacitando para brindar programas de asistencia en espacios públicos en los que se sensibiliza a la sociedad. Mostrarse como trans en Colombia es súper difícil. La gente lo ridiculiza a uno y siente que uno no debería existir. En Chaparral pasa igual, nos mostramos como trans en un pueblo de insurgencias, de grupos al margen de la ley y nos ganamos nuestros espacios en el pueblo. Todo viene desde la educación en el respeto entre todos, sin importar nuestra identidad sexual, nuestra raza, nuestro género. Ya lo estamos logrando, En los programas de educación, en los planes de políticas públicas de infancia y adolescencia dejamos plasmadas las capacitaciones en orientación y aceptación de identidades diversas”.

Zunga empezó a hacer activismo siendo estudiante de Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad de la Amazonía, en Florencia, desde la Mesa Amplia Nacional Estudiantil.  Hace parte de Asotranca y en su trabajo como activista ayuda a mostar y denunciar las violencias que afectan a las personas transgénero en Caquetá. Dentro de los proyectos que desarrollan hacen caracterizaciones para exponer las violencias contra las personas de los sectores LGBTI en el marco del conflicto armado.

“Cuando empecé a ver que la discriminación me tocaba no solo por ser trans, sino también por ser de estrato uno, y venir de un departamento por el cual han circulado muchas violencias y muchos actores armados fue que sentí motivación por el liderazgo y tener agencia me ha obligado a salir de esos círculo de exclusión. A nosotras nos están amenazando por diversas causas, pero el ser LGBTI marca mucho esas violencias. Trabajar desde la memoria nos reivindica porque es una aliada que nos permite recordar y ver lo importante que es interseccionalizar nuestras luchas con las comunidades afro, las indígenas y cerrar esos ciclos de violencia. Es necesario hacer ejercicios cotidianos de respeto desde lo institucional, desde lo local. Podemos ayudar a una persona LGBTI a superar las barreras de exclusión reconociendo su identidad de género. Muchas veces nos niegan la identidad y el llamarnos mujer trans u hombre trans y es un paso importantísimo para cerrar brechas. No reproduzcamos discursos machistas, misóginos y transfóbicos. Es una deuda de la paz hablarnos desde el reconocimiento, desde el respeto y la celebración de la diversidad para poder acercarnos como hermanos”.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el 80 % de las mujeres trans de Latinoamérica mueren antes de cumplir 35 años. La mayoría mueren asesinadas. Es así como la muerte se convierte en una de las prácticas más usadas para eliminar a las personas de los sectores LGBT. Acabar con la discriminación no es fácil. El trabajo de Daniela y Zunga en contextos donde las violencias se acentúan a causa del conflicto armado, nos muestra que las garantías de paz y de no repetición están relacionadas a la eliminación de las violencias estructurales: que cesen las agresiones en las casas, en el colegio, en el barrio. Así mismo, en el reconocimiento de derechos también exigen tener las mismas oportunidades de acceso a la educación, al trabajo y a la salud.

Los sectores LGBT han sufrido de manera directa los embates del conflicto armado, y esperan, al igual que todos los colombianos, que en la paz esta situación sea diferente. Con su fortaleza se ha convertido en gestores políticos asumiendo la reclamación de sus derechos y sus comunidades.  (Puede leer Aniquilar la diferencia)

 

Publicado en Noticias CNMH

 


LGBTI, DDHH


DDHH, LGBTI

Cine para entender y defender nuestros derechos

Noticia

Autor

Jairo G. Sarmiento Sotelo

Fotografía

CNHM

Publicado

14 Ago 2018


Cine para entender y defender nuestros derechos

Estos son nuestros recomendados en la quinta versión del Festival Internacional de Cine por los DDHH de Bogotá. Entre ellos, “Voces Incómodas”, la historia de resistencia de la población LGBT de Chaparral, Tolima, violentada por todos los grupos armados.


Hace cinco años un grupo de cineastas decidió abrir un espacio para promover y exponer las luchas por los derechos humanos en Bogotá. Así nació el Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos, el fruto de una incansable búsqueda por darle ventana a otro tipo de historias y de reflexiones, que estaban quedando relegadas en los circuitos comerciales.

Hasta el 16 de agosto el Festival estará en seis ciudades (Bogotá, Soacha, Medellín, Cartagena, Barranquilla y Pereira) y cinco municipios con 60 películas, 30 invitados nacionales e internacionales, conciertos, talleres de formación, actividades culturales. La entrada a todas las actividades es gratuita.

Según Diana Arias, directora del festival, explica que en esta quinta versión el festival le está rindiendo un homenaje a los líderes sociales, a quienes han perdido sus vidas por defender sus territorios y sus causas, los mismos que los inspiraron para fundar el festival.  Puede consultar la programación aquí.

Estos son nuestros recomendados:

Martes 14 de agosto

Mujeres del caos venezolano

Dirección: Margarita Cadenas
Largometraje documental internacional – 93 minutos – Venezuela

Este largometraje retrata la situación en Venezuela a través de las historias de cinco mujeres, sus miedos, sus penurias y su odisea diaria. El documental se ha presentado en Praga, Ginebra, Londres, La Haya, Frankfurt y  Copenhagen.

Hora y lugar: 7:00 pm en Uniandinos (Calle 92 # 16-11) de Bogotá. Después de la función habrá un conversatorio entre la Directora y Daniel Lineros, Director del IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia y posteriormente habrá un cóctel.

Miércoles 15 de agosto

El síndrome del vinagre

Dirección: David Aguilar Iñigo · Pello Gutiérrez Peñalba
Largometraje documental internacional – 60 minutos · España

Este largometraje muestra la lucha de las mujeres de las comunidades indígenas de Guatemala, quienes buscan los restos de las aproximadamente 200.000 personas que desaparecieron y fueron ejecutadas durante la guerra civil, al mismo tiempo que buscan a los responsables del genocidio.

Hora y lugar: 6:00 pm en el Auditorio Fundadores de UNITEC (Calle 73 #20A-52) de Bogotá.

 

Jueves 16 agosto

Dr Diaz

Dirección: Benoit Desjardins
Cortometraje internacional – 27 minutos – Canadá

Este cortometraje es la historia de el Dr. Díaz, un médico que fue expulsado de Colombia por su participación en la defensa de los derechos humanos y ambientales. Ahora vive en Canadá y trabaja en el Hospital General. Sin embargo, su lucha persiste en la distancia.

Hora y lugar: 1:00 pm en la Cinemateca Distrital de Bogotá.

 

Recomendado especial

Voces Incómodas

Dirección: Asociación Chaparral LGBT Diversa
Cortometraje documental nacional – 19 minutos – Colombia

Este largometraje le da la voz a la población LGBT de Chaparral, Tolima, que fue víctima de una violencia direccionada y sostenida, por parte de todos los grupos armados. Este  proceso ha sido acompañado y documentado por el Centro Nacional de Memoria Histórica.

La proyección irá acompañada de un conversatorio titulado ““La comunidad LGBT como sujeto de reparación colectiva”, donde participarán: Alejandra Vera, mujer trans miembro de la Asociación Chaparral LGBT Diversa; Alanis Bello, investigadora del CNMH; Camila Esguerra Muelle, investigadora posdoctoral cider de la Universidad de Los Andes. Modera Natalia Herrera Durán, editora de Colombia 2020.

Hora y lugar: 6:00 pm en Uniandinos (Calle 92 # 16-11) de Bogotá.

 


Cine, DDHH, LGBTI, Venezuela

Ser trans e indígena en Colombia: la historia de Andrea Meza

Noticia

Autor

Juan Pablo Esterilla Puentes

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

13 Sep 2018


Ser trans e indígena en Colombia: la historia de Andrea Meza

Fue víctima del paramilitarismo, se exilió en Europa y ahora es una líder reconocida de la comunidad LGBTI.


Una mujer transgenerista pide una y otra vez la palabra en una reunión en la Gobernación de Cundinamarca.

-Andrea usted ya habló cuando estuvo el presidente en Girardot.
-Correcto doctor Rey, cuando estuvo el presidente en Girardot. Yo estoy en Bogotá y usted no me puede impedir a mí el derecho a la participación y a la expresión, le exijo respeto doctor Rey. Desde el año 2016 le estoy pidiendo una cita por escrito con la población y no me la ha dado, estoy grabando y necesito saber si me la va a dar o no para poder tomar acciones.

(El gobernador saca su agenda)

-4 de septiembre a las 10:00 a.m.
-Mi Dios me lo bendiga, me lo proteja.

Andrea Alexandra Meza no para de trabajar. Desde que nació hace 61 años en el seno de una familia wayuu en la ranchería Puturumana I de la Albania, Guajira, la vida le ha dado tantas vueltas como ella se las ha dado a la vida. Ella, -persona mayor, indígena y transgenerista-, es una de las víctimas del conflicto armado interno que ha encontrado en el ejercicio del liderazgo y las resistencias, el sentido de su existencia.

“Nunca me imaginé que la guerra me iba tratar tan fuerte, fue duro porque tenía mis arraigos en el Guamo, Tolima. Casi me matan y perdí todo. Salí estilo delincuente a las dos de la mañana y mi pareja no sé dónde quedó”, asegura Meza con voz quebrantada. Ese 29 de agosto, los cuatro sujetos armados que llegaron en dos motos de alto cilindraje a su peluquería, le reventaron la boca, le partieron el tabique y le dieron un calibrazo en la cabeza con una pistola 9 milímetros, fueron los responsables de inscribir en Andrea, una de las tantas formas de violencia y exclusión a las que se enfrentan la población LGBTI.

Tal y como lo sugiere uno de los testimonios que se recogió para la elaboración del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), “Aniquilar la Diferencia”, publicado en 2015, la guerra “impidió” que la población LGBTI amara. Según el Registro Único de Víctimas y con fecha de corte del 31 de julio de 2015, se identifican 1.795 personas con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas, que han sufrido alguna manifestación de violencia por parte de actores armados. A ellas, se les ha quitado desde la posibilidad de amar a quien desean, hasta se les ha obligado a esconderse para evitar la violencia por el hecho de ser quienes son, por ejemplo.

Andrea llegó a Bogotá y buscó refugio en el barrio Diana Turbay de la localidad Rafael Uribe. Sin embargo, al cabo de tres meses, -tiempo en el que además ya había logrado encontrar un trabajo en una peluquería-, el Bloque Tolima la ubicó nuevamente y no dejó espacio para dudas.

– “¿Usted qué hace aquí? se tiene que ir, pasamos en dos horas y si está ya sabe”. Hoy, desde la tranquilidad que le da el no sentirse perseguida por grupos armados ilegales, Andrea encuentra parecida esa frase que le dijeron, con otras que personas LGBTI recibieron durante los años noventa e inicios de los 2000, época en la que el conflicto se exacerbó en todo el país y afectó de manera diferencial a su comunidad.

“Para ellos, los de la costa, fue duro. Lo hemos hablado y hubo muchas violaciones a personas de la comunidad en los Montes de María, por ejemplo. A las lesbianas las abusaban para que supieran qué es ser mujer y a los gais los hacían desfilar desnudos por las calles. Algunas fueron empaladas en Sucre y Córdoba. Las admiro porque fue un gran acto de resistencia mantenerse en el territorio estando los actores armados ahí mismo y diciéndoles – ¡ah maricón! ¿no te valió? ¡Te voy a matar!”. Detrás de esas violencias que pretendían “enseñar” con el abuso lo que es “ser mujer” está la heteronormatividad, es decir, “la imposición tácita pero inequívoca de normas que regulan la identidad de género y la orientación sexual de las personas, construyendo un “otro” o una “otra”.

Pero ¿cuál fue el acto de resistencia de Andrea ante esa nueva amenaza? Comprometerse a pagarle treinta millones a una amiga que le prestó quince, empacar maleta, cruzar el charco hasta París, y en últimas afrontar que era nuevamente desplazada. “No fue fácil la salida del país, implicaba aceptar que ya no tendría nada. Llegué a Europa a ejercer la prostitución, cosa que no es dulce. Pararse uno en la calle a menos 5 o menos 10 grados con un abrigo hacia atrás para poder vender, ser humillada por lasnmismas personas LGBTI que para poder dormir en el piso con unos cojines me cobraban 500 euros, y cuidarme de gente que me quería robar lo que me hacía, o de clientes de todo tipo: agresivos, borrachos, ladrones, era muy duro”, sostiene.

Según cifras del Registro Único de Víctimas, el desplazamiento forzado es el hecho victimizante de mayor ocurrencia contra la población LGBTI (1.606 afectaciones), seguido por las amenazas (362 victimizaciones declaradas).


Luego de casi una década, Andrea regresó al país. Lo hizo justo cuando en sus palabras, “el boom de tratamiento a las víctimas” empezaba a emerger. Así pues, al cabo de un tiempo se dirigió a la ya instaurada Unidad de Víctimas para relatar las violencias que sufrió. En Colombia, el Formato Único de Declaración para la Solicitud de Inscripción en el Registro Único de Víctimas, solo incluyó hasta el año 2012, categorías de registro que permiten hacerle un seguimiento a las víctimas de los sectores sociales LGBTI. Bases de datos anteriores a este año como el Sistema de Información de Población Desplazada no incluían la variable de orientación sexual e identidad de género.

El destino inicial de Andrea para rehacer su vida sería nuevamente el Guamo, pero las condiciones de seguridad allí y en otros municipios del Tolima como Saldaña, no eran las más seguras. A las trans literalmente les “estaban robando lo que no se habían comido” con las extorsiones que les realizaban reductos del paramilitarismo. La Unidad reconocería en 2013 a Andrea Alexandra Meza como víctima y a partir de ese mismo año ella decidió radicarse en Girardot, Cundinamarca.

Sin embargo, rehacer su vida siendo transgenerista y ahora siendo persona mayor, no ha sido fácil. Tal y como se narra en el reciente Informe “Ojalá Nos Alcance la Vida” del Centro de Memoria Histórica con apoyo de la organización HelpAge International y liderado por la Corporación Asuntos Mayores (COASUMA), la exclusión y la discriminación, así como los prejuicios y estereotipos vinculados con la vejez y el envejecimiento, ubican a las personas mayores en condiciones de vulnerabilidad y desigualdad social. “Yo como víctima, como población LGBTI, como indígena y como persona mayor no he visto la primera ayuda del Estado colombiano para mí, he presentado proyectos y no pasa nada”.

Andrea, la de porte indiscutible y energía inagotable, considera que las personas víctimas deben recibir más que conmemoraciones y mercados. Y es que precisamente ha sido, por ejemplo, desde la veeduría a esas iniciativas del Estado, -entregar mercados y conmemorar a las víctimas en actos cívicos-, que Andrea ha “levantado ampolla” con sus cuestionamientos; los cuales a la postre la han convertido en blanco de nuevas discriminaciones.

“Yo me levanté, pedí la palabra y dije: -doctor Villalba, yo quiero pedirle el favor que no se vaya a repetir lo que se ha venido repitiendo en años anteriores en cuanto a las ayudas. Los frijoles, la cebada, la avena y los atunes tienen gorgojos, quiero que se tomen los correctivos porque entre 2013 y 2015 se nos intoxicaron las víctimas-”. Como la Secretaria de Educación había sido la Secretaria de Gobierno durante los años de las conmemoraciones que critiqué, ella se paró y la cogió contra mí. –“Lo que está diciendo el señor Andrea no es cierto, el señor Andrea quería enlodarnos la fiesta, no tenemos la culpa que el señor Andrea no le gusten los payasos-”.

Ante el ataque de la Secretaria, Andrea no encontró respaldo alguno entre las personas que habían asistido a ese comité de justicia transicional del 2016 en Girardot, nadie se indignó por la ridiculización de la que fue objeto. Andrea no calló y actuó. “Doctora Sandra le exijo respeto porque yo salí hace muchos años del closet, tengo mucha autoestima, me quiero mucho y valgo mucho. Yo no entiendo usted porque me dice señor si estoy maquillada y no tengo barba ni bigote. Mañana mismo la denuncio ante la Fiscalía”. Y así sucedió.

A PRUEBA DE TODO, DESDE SIEMPRE

Barranquilla, Colombia, 1975.

-Ropa al piso.
– ¿Jueputa y ahora?

Andrea se quitó el camibuso, se bajó el pantalón y los interiores. Tan pronto se agachó, los demás de las filas empezaron a murmurar y ella corrió a taparse los senos. La señora miró el papel y la miró.

-Parese en la punta de los pies, (le hace presión con un dedo en ambos testículos y escribe apto).
-Doctora yo soy homosexual.
-Eso es piedrilla, en el Hospital Militar lo operan y queda un “monazo”.

A pesar de que inicialmente Andrea fue engañada, pues un militar -al que le había dado su confianza-, le mintió diciéndole que fuera al Batallón con un par de papeles para “sacarle la libreta”, hacer no solo el curso de suboficial sino completar ocho años al interior de la institución, fue algo que se convirtió en motivo de orgullo para ella. “La población LGBTI está preparada para todos los riesgos, no se le arruga a nada, si le toca tirar machete lo hace. Dependiendo la adversidad nos desenvolvemos, somos como el camaleón, ningún obstáculo nos queda grande. Yo tenía las fotos de mi paso por la Fuerza Pública y las tenía colgadas con orgullo en mi salón en el Guamo; esa soy yo les decía a mis clientes”.

De aquella formación castrense Andrea también recuerda, y se le dibuja una sonrisa en la cara, la estricta disciplina con la que ejercía sus funciones entre semana, pero también la libertad que tenían los fines de semana. “Yo tenía mi apartamento afuera. El viernes me entraba al edificio, me arreglaba, maquillaba, me ponía mis vestidos y pelucas, y rumbeaba diagonal al batallón con oficiales y suboficiales. Todo el mundo me conocía como Alexandra, yo me armaba el cuerpo con espuma y medias, ellos no me reconocían”, agrega.

Dentro de sus luchas de activismo, y por la generación y preservación de la memoria de personas LGBTI víctimas, se ha encontrado con violencias en su contra de quienes nunca pensó. “El respeto nos lo hemos ganado las transgeneristas con sangre, con golpes, nosotras mismas nos hemos hecho respetar por la sociedad. Las luchas de la población LGBTI las inician son siempre las mujeres transgeneristas reclamando sus derechos. Esto no nos lo reconoce la propia comunidad; los gais no quieren ver transgeneristas, las lesbianas tampoco, pero a nosotros nos ha tocado abrir los espacios y no en vano casi siempre se escucha -matan a mujer trans, matan a mujer trans, matan a mujer trans”.

Siempre que Andrea necesita volver a coger impulso sencillamente vuelve a la raíz, a los días de infancia en la Guajira en los que “vivía en un territorio prácticamente nómada”, sin cerca alguna y con una comunidad que siempre respetaba las decisiones de todos, la suya de ser mujer también. La Andrea de los 61 abriles a sus espaldas es en últimas la misma que recibió a los 15 el espaldarazo de su pueblo para “seguir volando”, la que se fue a vivir primero con una familia Arijuna a Maicao y la que terminó viviendo luego en ciudades y países tan distantes como Aruba, Francia, Popayán y Valledupar.

Andrea regresó a Colombia para seguir cuestionando, más cuando siente que todavía hay tanto por hacer por la población, su población LGBTI. “Yo solo quiero que nos valoren a todos como seres humanos que somos, que no nos discriminen ni nos menosprecien por el enfoque diferencial al que pertenecemos. En cuanto a los gobiernos que se nos dé la oportunidad también de superarnos como se les da a todos los heterosexuales. Que tengamos la oportunidad de poder estudiar, de poder ser profesionales. Somos gente buena y tenemos mucho talento”, concluye.

* Este artículo hace parte de Divergentes, un proyecto sobre movilización y organizaciones sociales del portal ¡PACIFISTA! 
Copyright: http://www.pacifista.co/ser-trans-e-indigena-en-colombia-la-historia-de-andrea-meza/

Publicado en Noticias CNMH



Bloque Calima, Conflicto, DDHH, Desplazamiento, LGBTI, Reparaciones Colectivas, Transgénero, Víctimas

“Me siento satisfecho, me siento realizado”: Jesús María Pérez

Noticia

Autor

Juan Camilo Gallego Castro

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

25 Oct 2018


“Me siento satisfecho, me siento realizado”: Jesús María Pérez

Este líder histórico del campesinado, guardián de la memoria de los Montes de María y defensor de una distribución equitativa de la tierra, murió el 23 de octubre en su casa de la vereda Palmitos, Sucre, a los 84 años.


“En la finca El Palmito… de la Unión de Francisco Antonio con María Luisa Ortega Medina, de la que también hubo cuatro hijos, nació Jesús María. El 30 de agosto de 1934”. Estos son algunos de los “aspectos biográficos” que el líder histórico de los Montes de María, Jesús María Pérez, dejó consignados en uno de sus manuscritos que hoy reposan en el Archivo Virtual de los Derechos Humanos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). Allá en Los Palmitos, Sucre, el lugar donde nació, también murió José María el pasado 23 de octubre. Estaba al lado de su esposa Soledad Acosta y rodeado de su familia.

En otro de los manuscritos, titulado “Vida, desarrollo y actividad de un militante político”, escribió en tercera persona que “ese niño desde sus primeros años de vida mostró ser muy vivaz, con una inteligencia muy despierta no pudo ir nunca a la escuela, debido a que para esa época no existían escuelas rurales en la zona”.

Lo invitamos a visitar: “La historia de Jesús” en #JuevesDePodcast

A los 21 años conoció a su esposa Soledad Acosta. Ella tenía 16. Juntos, protagonizaron las grandes luchas campesinas en los Montes de María: una región del Caribe colombiano que se extiende por los departamentos de Bolívar y Sucre, y que es centro de un profundo conflicto de tierras por cuenta del accionar de terratenientes y de grupos paramilitares y guerrilleros.

Jesús María Pérez fue uno de los fundadores de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC). Desde allí, luchó incansablemente por una reforma agraria que les diera a los campesinos más derechos sobre el territorio. Y eso, lo llevó a ser perseguido y amenazado. Incluso, estuvo tres veces en la cárcel señalado de “insurgente”, pero ninguno de esos procesos judiciales prosperó.

En la escuela de la vereda Palmito, que construyeron muchos años después, Jesús María fue homenajeado por su comunidad el pasado 22 de septiembre. Fue su último evento público. Más de cien personas lo recibieron con un aplauso. Soledad Acosta le había escuchado decir días antes que quería saber quiénes eran sus amigos y quiénes no, que quería saber con quién contaba. Al llegar a la escuela no había más que personas dispuestas a escucharlo y a reconocerle su liderazgo. Fue el abrazo de su gente.

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“Pido disculpas por mi estado de salud”, dijo al empezar. Sus palabras fueron un acto de resistencia, dijo luego Gonzalo Sánchez, director del CNMH.

“Desde que me metí a la escritura me enamoré de los fundamentos de la historia y la geografía”, continuó Jesús María. Su voz era suave, lenta. Su hija Sara Pérez se sentó a su derecha y le sostuvo el micrófono; Soledad, su esposa, le sobaba la espalda y le daba aliento para hablar.

“Este es un acto que queda para la historia de las nuevas generaciones y de las juventudes, porque las ideas nunca se mueren. Nunca fui a la escuela, pero aprendí más de las calles de los pueblos que de las escuelas (…). No quiero extenderme porque no estoy en condiciones de salud. Pero me siento satisfecho, realizado al lado de este auditorio. Están reunidos porque tienen fe en la persona que las ha representado. Gracias por escucharme, por todo. Ojalá pueda seguir”.

En aquel evento, Jesús María y Gonzalo Sánchez firmaron un documento en el que constaba que el líder le estaba entregando al Museo de Memoria Histórica de Colombia su archivo físico, conformado por sus manuscritos, libretas de notas y su producción intelectual. Una cuidadosa selección de 399 documentos en 2.093 folios.

“Los grandes momentos reclaman palabras”, dijo poco antes de morir, poco antes del evento en el que supo que contaba con su gente, que le reconocía la lucha de los campesinos del país.

Publicado en Noticias CNMH



DDHH, Jesús María Pérez, Los Palmitos, Montes de María, Sucre

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