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“EPL: 25 años construyendo paz”

Noticia“EPL: 25 años construyendo paz”

Autor

CNMH

Fotografía

JFundación Cultura Democrática (Fucude)

Publicado

29 Feb 2016


“EPL: 25 años construyendo paz”

  • Encuentro de ex integrantes del EPL: 1 de marzo en Medellín, Parque de Naciones Unidas, a las 9 a.m. 
  • El Ministro para el Posconflicto Rafael Pardo ha confirmado su participación en el evento. 

Un cuarto de siglo cumple el legado de construcción de paz del Ejército Popular de Liberación (EPL). El Centro Nacional de Memoria Histórica prepara informe sobre el grupo insurgente que protagonizó la desmovilización con más combatientes en la historia reciente del país.

La firma del acuerdo de paz, hace 25 años, entre el gobierno de César Gaviria y el Ejército Popular de Liberación (EPL), hoy brinda un legado al país de experiencias exitosas de construcción de paz, participación en política y reintegración a la vida civil de excombatientes en numerosos departamentos del país.

El primero de marzo de 1991 se produjo la firma del acuerdo de paz entre el EPL y el Gobierno, y de las ceremonias de desmovilización, desarme y reintegración en zonas de concentración en Bolívar con convergencia de frentes de La Guajira, Magdalena y Atlántico, en Córdoba, en la región de Urabá, en el occidente de Antioquia, en Risaralda con convergencias de Tolima, Huila y Putumayo y en Norte de Santander con convergencia de Cesar, Santander, Boyacá y Cundinamarca.

Aquel día 2.200 personas concentradas en zonas de campamentos protagonizaron el proceso de desmovilización y dejación de armas ante la veeduría de la Internacional Socialista y la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. A los integrantes de los frentes del EPL los acompañaron en el pacto de paz los más de 6.400 dirigentes y militantes políticos clandestinos de este proyecto insurgente que simultáneamente pasaron a la vida legal. 

En consecuencia, dos integrantes del EPL –Jaime Fajardo y Darío Mejía-, un dirigente del Frente Popular –Germán Toro- y un dirigente de la Juventud Revolucionaria y destacado líder de la Séptima Papeleta –Fabio Villa- ingresaron en calidad de constituyentes, los dos primeros en virtud del acuerdo de paz y los dos segundos elegidos por votación en el contexto de la Alianza Democrática que se conformó al momento. Ellos expresaron la voz tanto del paso de la insurgencia a la legalidad como de la convergencia con el influjo político y social que rodeaba al EPL.

La expedición de la Constitución Política de 1991 constituyó una importante reforma política e institucional democrática conseguida por parte de la Asamblea Nacional Constituyente que sesionó ese mismo año, la cual había sido propuesta por el EPL desde 1984 en las mesas de negociaciones de paz. La Constitución Política de 1991 en la cual confluyeron como actores políticos a través de constituyentes el M19, el EPL, el PRT y el MQL, constituye el principal logro de los procesos de paz de los años noventa. Por supuesto, esta contribución desde los procesos de paz se conjugó con una serie de factores y de actores importantes que la hicieron posible.

El proceso de negociación se produjo entre mayo de 1990 y marzo de 1991.Se trata de una de las experiencias exitosas de la solución política del conflicto bélico y del tránsito a la vida política, social, ciudadana e institucional de un importante sector de población amnistiada y que cursó de manera favorable la propia experiencia del programa de reinserción y reintegración a la vida civil, con acompañamiento de programas oficiales y con presencia y protagonismo en distintas regiones. 

En la actualidad el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), dentro de sus trabajos en aras del esclarecimiento del conflicto y la problemática humanitaria registrada en los últimas décadas, presta atención y entrega trabajos relativos a los actores armados, sus trayectorias y la consecuencia de sus actuaciones. Esta labor ahora toma relevancia en el contexto actual de conversaciones de paz entre el Gobierno y las Farc y en exploración entre el Gobierno y el ELN. Los exintegrantes del EPL como los constituyentes Jaime Fajardo y Darío Mejía, Álvaro Villarraga que integró la Comisión Especial Legislativa elegida por la Constituyente, el exsenador Aníbal Palacio y otros líderes, invitan al encuentro de conmemoración de este acuerdo de paz, bajo el lema: “EPL: 25 años construyendo paz”.

El encuentro se realizará el primero de marzo en Medellín, en el Parque de Naciones Unidas, entre las 9 y las 12 de la mañana, frente al Monumento a la Paz construido con el metal fundido de las armas de esta guerrilla y dedicado a las víctimas y al derecho a la vida. En representación del Gobierno Nacional el ministro del posconflicto Rafael Pardo, a la vez participante en esta negociación de paz, confirmó su participación.

Los organizadores del encuentro en coordinación con colectivos de personas amnistiadas del EPL, expresan respaldo al proceso de negociación de paz entre el Gobierno con las Farc y al que se prepara con el ELN, y se comprometen con el apoyo ciudadano a su favor en el mecanismo de refrendación que se convenga. “Las personas que hace 25 años acordaron con el Gobierno el cese de hostilidades y la dejación de armas, han mantenido su compromiso con la construcción de paz y reconciliación en el campo político, la academia, en diversas expresiones de las alternativas democráticas, en el movimiento social y sindical, así como en el de las solicitudes de las víctimas del conflicto en materia de justicia y la restitución de tierras. También aportando en la construcción de gobernabilidad local y regional, en el respeto por los derechos humanos, bajo el compromiso de aportar al esclarecimiento de lo sucedido en el contexto del conflicto y a los ejercicios de memoria histórica orientados a la reparación de las víctimas y de la sociedad.

 


Acuerdos de Paz, ELP

En 2016, para la paz, la educación

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

29 Feb 2016


En 2016, para la paz, la educación

Humberto de la Calle, jefe de la delegación de paz del Gobierno, contaba en alguna ocasión que había quedado impresionado cuando, al pedir a algunos niños en el Chocó que dibujaran a Colombia, los resultados fueron macabros: sangre, guerra, destrucción. Tras más de cinco décadas de conflicto armado, la guerra, la violencia y las armas hacen parte del imaginario de nuestra sociedad. Lo normal para nosotros, incluso para los más pequeños, no es la paz.


Por eso, cuando parece inminente que va a llegar el fin de uno de los conflictos más largos en la historia del mundo, es necesario “aprender la paz y desaprender la guerra”.

El Centro Nacional  de Memoria Histórica (CNMH), junto con otras 22 instituciones, se ha sumado a lo que será el año de la educación para la paz.  El programa de pedagogía de la Presidencia de la República impulsó, para tal fin, la iniciativa “La paz es una nota” que vincula a todas las instituciones interesadas en la educación para promover, en diferentes espacios, la idea de enseñar y aprender la paz.

Los eventos cercanos:

Jornada Nacional: La paz es una nota

El pasado 25 de febrero se realizó en Santander, Córdoba, Cauca, Antioquia, Nariño, Chocó, Boyacá y Cundinamarca la primera jornada nacional  de “La paz es una nota”. La idea era que instituciones educativas y organizaciones promovieran entre sus estudiantes actividades sobre el aprendizaje de una cultura de paz. (Los invitamos a consultar en las redes sociales el minuto a minuto de la campaña con el #LaPazEsUnaNota)

Conferencia internacional: Cómo construir la paz en los territorios

La oficina del Alto Comisionado para la Paz, con el apoyo de la Revista Semana, El Heraldo y Vanguardia liberal, realizó el 29 de febrero, en el Hotel Tequendama de Bogotá, esta conferencia con la participación de panelistas internacionales, figuras de la política pública nacional y líderes regionales, tanto del sector oficial como de organizaciones de víctimas.

Actividades del Centro Nacional de Memoria Histórica

Por su parte, este año, el Centro Nacional de Memoria Histórica hará el lanzamiento en Bogotá (en la Feria Internacional del Libro) de la “Caja de herramientas: Un viaje por la memoria histórica. Aprender la paz y desaprender la guerra”, un instrumento pedagógico creado y consolidado entre el CNMH y el Ministerio de Educación Nacional, apoyada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Cátedra de paz

Dentro del proyecto de la Cátedra de Paz, de la Universidad Javeriana, se inició el ciclo de charlas el pasado viernes 26 de febrero, donde el CNMH seguirá aportando en la construcción y consolidación de este espacio a través de tres investigadores que hablarán sobre: Dimensiones y modalidades de violencia, Orígenes y dinámicas del conflicto armado y Daños e impactos del conflicto, que se llevarán a cabo en el mes de abril.

En 2015 la Cátedra de paz empezó hacer parte del equipo de pedagogía del CNMH. Se trabajó de nuevo con la Universidad San Buenaventura, con el Rosario, la Javeriana y la Cooperativa de Cali, enfocados en la idea de ser un espacio de debate y de profundización en las herramientas metodológicas que se utilizaron para la realización del informe ¡Basta ya! Memorias de guerra y dignidad

Para este año la idea es que cambie el enfoque hacia la realización de cátedras de memorias y paz, y que no sea solamente el ¡Basta ya! [Descargar informe ¡Basta ya!] como debate central. Este proyecto está bajo la coordinación de María Emma Wills, asesora de la Dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica, y se espera poder realizarlo el segundo semestre de 2016. Con este nuevo enfoque de la cátedra se busca llegar a más universidades y públicos diversos, pensando también en un acompañamiento variado y abierto a los temas de paz, teniendo en cuenta la coyuntura y el momento que atraviesa el país: la eventual firma del fin del conflicto armado con las Farc. 

 


Acuerdos de Paz, alianza, Educación, Paz, postconflicto

Un año de trabajo por la memoria y las víctimas

En la paz no hay diferencias: Kerry

Autor

CNMH

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

21 Feb 2020


Un año de trabajo por la memoria y las víctimas

El director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Darío Acevedo, hizo un balance de su gestión, que publicamos hoy en el primer año de su administración.
En esta entrevista, el historiador se refiere al compromiso para trabajar con todas las víctimas, la democratización de la investigación y la construcción del Museo de Memoria.

 

La continuidad de las investigaciones e iniciativas de memoria con pluralidad de víctimas, la apertura de una convocatoria pública con el Ministerio de Ciencia, Innovación Tecnología para proyectos de investigación sobre el conflicto armado y la construcción del Museo de Memoria de Colombia concentran hoy el trabajo del Centro Nacional de Memoria Histórica.

El profesor Darío Acevedo Carmona, que hoy cumple un año al frente de la entidad, se refirió a las principales líneas de su gestión y las  cargas que ha tenido que enfrentar desde su llegada al CNMH, que a su juicio, han desviado el foco de la opinión pública del trabajo con las víctimas del conflicto.

 

¿Considera que su llegada al Centro marcó una ruptura con lo que se hacía antes en la entidad?

“Nosotros no estamos acabando o destruyendo el legado que nos dejó el director anterior. Obviamente tenemos el derecho y las funciones para hacer algunas modificaciones, para dar algunos énfasis, de todas maneras este es un proyecto que continúa y que tiene que ver con todas las víctimas del conflicto armado colombiano, no tenemos prohibiciones de ningún sentido por parte de las altas esferas del gobierno”.

¿Qué tan duro ha sido, en este primer año, de trabajar en el Centro Nacional de Memoria Histórica?

“Ha sido muy duro, porque independientemente de lo que uno pueda haber conocido del Centro Nacional de Memoria Histórica antes de llegar a la dirección, cuestiones muy generales como  recoger las memorias del conflicto armado, procesarlas, hacer publicaciones, investigaciones, pensar en el Museo… Al entrar a la institución, que tiene 71 empleados de planta y más de 350 contratistas, que hacen trabajo de campo, trabajo de investigación, trabajos técnicos, uno se encuentra con una entidad muy compleja, con una serie de términos, de secciones, de programas y proyectos. Y coger el hilo lleva su tiempo”.

Pero, podría decirse que eso es natural…

“Eso es natural en cualquier entidad. Pero hubo una cosa adicional y fue la resistencia con la que me encontré para llegar al CNMH como director, una campaña muy fuerte, sistemática, agresiva por parte de sectores de la intelectualidad, sectores políticos, de algunos dirigentes de organizaciones de víctimas e incluso por líderes de opinión quienes me tildaron de ser un negacionista. No me dieron la oportunidad de poder sustentar lo que yo pienso de este país. Yo soy historiador de la política y me he especializado en la historia política contemporánea de Colombia, creo conocerla bien, pero nunca he podido tener un escenario académico donde pueda dar cuenta de lo que pienso.

De manera que sí ha sido una experiencia difícil, con mucha incomprensión, con tergiversaciones, y me ha tocado hacer una labor muy fuerte con los medios, con otras entidades que también trabajan con víctimas, con las propias víctimas, con embajadores e instancias del gobierno para aclarar mi filosofía de trabajo”.

¿Ha encontrado dificultades solo desde afuera o también adentro de la entidad?

“Yo he tenido experiencias de trabajar con personas que se enfocan en lo profesional o técnico que les corresponde. En la Universidad Nacional, que ocupé varios cargos directivos, nunca me ocupé de lo que pensaba la gente políticamente, de la religión que profesaran, de sus tendencias sexuales o de cualquier otra naturaleza. De manera que cuando llegué al CNMH hablé con todos los funcionarios de planta y los contratistas, les expliqué que nadie iba a ser convocado, interrogado o condicionado por sus tendencias políticas, ideológicas o filosóficas; que yo me iba a centrar en la misionalidad del Centro, que está determinada por la Ley 1448 y por el Decreto Presidencial 4803, y que esperaba de todos una respuesta profesional y técnica frente a los desafíos trazados. Y en ese trayecto fui conociendo gente muy interesante, muy consagrados, comprometidos, muy leales con la misión del Centro y con ellos fui creando un clima de confianza donde tenían toda la libertad para trabajar. La mayor condición que yo ponía, he puesto y seguiré poniendo es que tratemos de no politizar los trabajos que hacemos”.

¿Qué encontró a su llegada entre los funcionarios y contratistas?

“Hay personas que realmente me han impactado mucho por su trabajo con niños y niñas, con víctimas que viven en condiciones paupérrimas, en zonas muy alejadas. Nuestros jóvenes profesionales son capaces de ir a zonas del Chocó, del Pacífico, del Putumayo o de Arauca, a las selvas del Vaupés, a zonas de conflicto. Y eso me parece maravilloso. Es decir que nuestros funcionarios y contratistas en su gran mayoría son personas dispuestas a hacer trabajos muy difíciles”.

¿Usted en realidad desconoce que en Colombia hay un conflicto armado?

“Esa es una discusión con la que se me trató de enfrentar a raíz de una entrevista que di —incluso fue antes de posesionarme— al periódico El Colombiano, donde yo no sostuve que el conflicto armado no existía, sino que sostuve que no se podía asumir como un dogma esa caracterización de la situación de violencia política en Colombia, que era un tema controversial”.

¿Entonces cree que ha habido un conflicto armado?

“La caracterización de lo que hemos vivido en Colombia fue resuelta de alguna manera por la Ley 1448, que es la Ley de Víctimas, en el sentido de que lo que ha sucedido tuvo que ver con un conflicto armado, es decir con el enfrentamiento militar entre fuerzas del Estado y fuerzas  insurrectas o fuerzas organizadas que obedecían a un mando, con un plan y que tenían ambiciones o aspiraciones políticas.

En el tiempo que yo llevo he pronunciado decenas de discursos, he ido a talleres con las comunidades, he visitado lugares como la región de los Montes de María, Bojayá, Cali, Florencia, Medellín y Bogotá, he estado en diversos eventos con víctimas y en todas partes yo siempre he hablado del conflicto armado”. 

¿Pero cómo se entiende entonces que lo tilden de ser negacionista?

“Yo lo que entiendo es que ha habido una campaña muy grande en mi contra, que me pretenden enlodar por esa vía de la idea del negacionismo, que no es aplicable a Colombia”.

¿Por qué no es válido hablar de negacionismo en Colombia?

“El negacionismo es un concepto que se ha aplicado al holocausto Nazzi, que hay un consenso muy grande de que se trató de un crimen de la dictadura Nazi contra todos los judíos, que llevó al exterminio de casi seis millones de personas. Ese consenso es tan grande que incluso quienes lo niegan pueden pagar con cárcel esa negación.

En Colombia tenemos todavía elementos de discusión sobre el origen, sobre las motivaciones, las causas, las consecuencias y los entronques que ha tenido este conflicto armado. Empezando porque son muchos los actores, no ha sido una confrontación simple entre un grupo y el Estado sino que ha habido muchos grupos irregulares: de derecha, de izquierda, de extrema derecha, de extrema izquierda y fuerzas institucionales. Está también el elemento del narcotráfico y todo eso rompe los esquemas con los que se ha llegado a categorizar conflictos en otras partes del mundo.

De manera que mi respuesta es así de simple, esa discusión la doy por superada, yo no estoy peleando en el campo de la concepción. Me he enfocado en los trabajos que tienen que ver con la recuperación de la memoria, iniciativas de memoria, investigaciones sobre la memoria, recopilación de contribuciones a la verdad por parte de paramilitares desmovilizados, también en lo que tiene que ver con el Museo, la construcción del Museo de Memoria de Colombia, el cuidado de los archivos que nos han sido depositados. Dentro de la institución no estamos discutiendo eso, simplemente lo damos por sentado”.

¿Cómo se imagina usted el Museo de Memoria de Colombia?

“Al llegar al CNMH me encontré que ya el diseño arquitectónico estaba listo, que fue otorgado en el marco de un premio de un concurso internacional, ese diseño se ha respetado. Se  ha realizado hasta hace pocos meses el diseño museográfico, que es donde se organizan los espacios interiores. Ya lanzamos los pliegos licitatorios para escoger la firma constructora, que puede ser nacional o internacional. Es un edificio complejo, muy impactante.

Ahora bien, me imagino que sea capaz de dar cuenta del carácter nacional del conflicto, que cubra diferentes regiones, diferentes tipos de víctimas, porque hay víctimas de paramilitares, hay víctimas de guerrillas, víctimas de agentes del Estado, hay víctimas de grupos narcotraficantes, etcétera. A todos hay que tenerlos presentes.

Debe ser un museo con mucha información factual —acontecimental que llamamos los historiadores—. Que sea un museo en el cual se invite a la reflexión, que tenga una función pedagógica y que les muestre a los colombianos lo pernicioso de todo tipo de violencia utilizada para fines políticos. Colombia ha sufrido mucho, tiene más de 8 millones de víctimas del conflicto armado, por lo tanto hay que brindar elementos desde el museo para que este tipo de situaciones no se vuelvan a repetir.

El museo debe hablar de asesinatos, magnicidios que ocurrieron en el marco del conflicto armado, del secuestro, de las minas quiebrapatas o antipersonal que dejaron miles y miles de amputados en las filas de las fuerzas militares y de policía y de miles de campesinos también y que están prohibidas por el DIH. Yo imagino que ahí va a haber fotos, documentos, cartas de las víctimas, dibujos de los niños, vamos a tener también muestras de artistas nacionales e internacionales que van a ser convocados para que donen sus obras relacionadas con el sufrimiento de la gente y con el proceso de resiliencia o fortificación y superación del dolor”.

¿Cuál ha sido el episodio del conflicto armado que más lo ha impactado?

“Muchos. Algunos cometidos por el narcotráfico, que desafió al Estado en la época de Pablo Escobar, como por ejemplo la voladura del edificio del DAS o las bombas que colocaron en La Macarena, en Medellín, donde murieron algunos conocidos míos. Pero también la voladura del Club El Nogal —a mí me impactó mucho eso por tratarse de un sitio de civiles—.

Me impactó mucho la masacre de Machuca, por supuesto. Yo pensé que con la masacre de Machuca, quienes la cometieron, que fueron del ELN que llevaba muchos años volando el oleoducto, iban a aprender la lección de no volver a volar el oleocucto, no solamente por el daño a las aguas, a las tierras, a los cuerpos, sino también porque podían causar tragedias de esta dimensión, con más de 80 muertos y decenas de heridos. Me impactaron mucho las masacres en diversos lugares del país y también asesinatos, por ejemplo de algunos dirigentes políticos de la Unión Patriótica, en Medellín, a finales de los años 80”.

Profesor Acevedo, muchas veces se le ha escuchado hablar de “los mal llamados paramilitares”, ¿por qué dice que son mal llamados?, ¿cómo los llamaría usted?

“No es un problema con carga ideológica sino etimológica, en el sentido que paramilitares aquí en Colombia y en cualquier país del mundo son cuerpos civiles, como por ejemplo la Defensa Civil. Realmente la distinción era esa, que hay grupos de civiles que colaboran en las labores de la fuerza pública, pero que no están armados. También se les ha llamado autodefensas, pues así fueron inspirados al principio, y además bandoleros o bandidos, en fin. No lo he dicho para provocar polémica. El término que se acuñó aquí, el más usado —y yo lo acabo de usar en una de las respuestas— es el de grupos paramilitares”.

¿Usted ordenó detener las investigaciones que venía publicando el CNMH?

“Yo encontré la producción vasta que dejó Gonzalo Sánchez en el CNMH, una producción que llevó más de 10 años, porque ellos empezaron en el 2008 y produjeron cerca de 110 libros, si no es más, y me dejaron unos 20 o 25 en cola, que estamos concluyendo bajo los parámetros de ellos, sin que yo intervenga en los contenidos ni nada. Yo creo que hay que tener en cuenta esa producción como una contribución al conocimiento sobre los problemas de violencia política en nuestro país en el último medio siglo y que ha tratado de cumplir el mandato misional. Yo no he entrado en disputas de tipo ideológico o de contenido con esta producción”.

¿Pero no se están haciendo nuevas investigaciones bajo sus parámetros?

“No he tenido tiempo y creo que no voy a tener tiempo de tener una producción propia. Pero además hay un elemento importante y es que el CNMH no tiene un músculo para responder a todos los desafíos que hay en el campo académico del conocimiento sobre el problema del conflicto armado colombiano. No es suficiente el “¡Basta ya!”, una publicación en la que intervinieron intelectuales destacados de este país, pero que la hizo un grupo muy reducido de personas. En el país hay más de 1290 grupos de investigación en el área de las ciencias sociales y humanas. Muchos de esos grupos trabajan temas de ciencia política, violencia social, conflicto armado, narcotráfico y conflicto. A partir de esa situación yo busqué la firma de un convenio con Minciencias, que va a permitir la realización de 15 proyectos, todos relacionados con el conflicto armado colombiano —y  quienes me acusan de negarlo, ahí tienen una demostración de que yo siempre lo he reconocido desde que me posesioné—.

Esas investigaciones se van a adjudicar a través de una convocatoria como las ha hecho Colciencias tradicionalmente con sus técnicas, con sus jurados. Nosotros no vamos a intervenir de ninguna manera, simplemente vamos a observar la parte administrativa y la entrega de resultados. Hemos aportado 5.600 millones de pesos para hacer esas 15 investigaciones.

Es una especie de ampliación del radio de convocatoria de las publicaciones del CNMH. Yo siempre he dicho que el tema de la memoria y el conflicto armado, el estudio del mismo, es un problema nacional de la mayor importancia. Y si es un problema nacional, ¿por qué no lo hacemos nacional en lo que tiene que ver con el estudio y el análisis?”

Otra de las funciones del CNMH es la realización de iniciativas de memoria. ¿Cuáles hay en su proyecto en la entidad?

“En el CNMH tradicionalmente se han realizado por año 25 iniciativas de memoria. En este año, dadas las circunstancias de nuestra llegada, que fue traumática, que tuvimos dificultades para arrancar, nos propusimos la realización de 18 iniciativas de memoria. Voy a mencionar algunas: Aquí, en Bogotá, estamos trabajando con la experiencia de los falsos positivos, que también son llamadas ejecuciones extrajudiciales, en donde una serie de jóvenes fueron arrancados de su hábitat por agentes de la fuerza pública. Y también estamos haciendo una investigación sobre unas 40 mujeres jóvenes que salieron de las filas de las Farc, que fueron reclutadas a muy temprana edad —ahí ya se estaba cometiendo un delito— y que fueron abusadas sexualmente.

Además estamos trabajando en Cali con los secuestrados de la iglesia La María, más de 100 personas secuestradas por el ELN, que estaban asistiendo a una misa, que fueron llevados forzosamente a las montañas de Cali y estuvieron secuestrados hasta seis meses.

En el Huila estamos recogiendo las memorias de dos casos: uno en el municipio de Algeciras, donde fueron explotados en un carro de la Policía nueve patrulleritos que habían hecho un desfile de recepción de una etapa de la Vuelta a Colombia. Y otro caso en el municipio de Rivera, donde se cometió el asesinato de nueve concejales de esa población, una masacre parecida a la que ocurrió con los diputados del Valle del Cauca, también a manos de las Farc.

En Antioquia estamos tratando de llegar a las viudas de dirigentes de la UP que fueron asesinados. Algunos de esos me tocó conocerlos entre los años 86 y 90, cuando fue asesinado el médico Héctor Abad Gómez, defensor de derechos humanos, con Leonardo Betancur, cuando asistían al velorio de un dirigente sindical, de la Asociación de Institutores de Antioquia, Luis Felipe Vélez. Ese día de agosto del año 87 mataron a tres dirigentes de derechos humanos y sindicales.

Vamos a hacer la investigación sobre el caso de Machuca, la masacre de La Chinita… y podría mencionar otras tantas: estamos terminando una investigación sobre las masacres cometidas por paramilitares, por agentes o algunas unidades de las fuerzas militares, de la Armada y también por parte de las Farc en la región de los Montes de María”.

El Museo de Memoria de Colombia tiene una primera exposición que es Voces para Trasformar a Colombia, ¿esa exposición se mantiene en el 2020?

“Sí, nosotros la vamos a mantener. Por supuesto, estamos haciendo algunas modificaciones, lo cual es lógico porque la construcción del Museo se hace en dos facetas: social y física. Esas dos fases constituyen un proceso en el tiempo. Para ver el museo en funcionamiento nos faltan dos años, en esos dos años hay mucho por hacer, estamos en el proceso de evaluación de lo que nos dejó la administración anterior. Hay cosas rescatables, hay cosas muy pertinentes.

Ya se han hecho varias exposiciones de Voces para Transformar a Colombia. Las primeras fueron en 2018, en la Feria del Libro de Bogotá y en la Feria del Libro de Medellín. Dos exposiciones grandes, experimentales que tuvieron mucha acogida y muchas visitas. En 2019 se hicieron tres muestras de Voces que Transforman a Colombia: una en Villavicencio, otra en Cali y una pequeña en Cúcuta. Para 2020 ya me comprometí con un equipo de curaduría de nuestra dirección de museo para realizar al menos tres exposiciones en la Costa Atlántica”.

 
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Acuerdos de Paz, internacional, inversiones, postconflicto

En la paz no hay diferencias: Kerry

En la paz no hay diferencias: Kerry

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

27 Mar 2016


En la paz no hay diferencia: Kerry

 

Redoblar esfuerzos para llegar a un acuerdo final de paz, inversiones para el posconflicto y el reiterado apoyo internacional al proceso, fueron algunos de los temas desarrollados entre el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry y la delegación de negociadores del Gobierno y las Farc en La Habana (Cuba), en un hecho sin precedentes en la historia reciente de las relaciones del grupo insurgente con Estados Unidos. Ambos encuentro se dieron por separado. En el encuentro con las Farc, participó el máximo comandante de esta guerrilla, “Timochenko”.

En el marco de la visita oficial de Barack Obama a Cuba, se desarrolló el pasado 21 de marzo la reunión en la que se presentaron en un principio diferencias, según relata el jefe negociador de las Farc, “Iván Márquez”, a lo que Kerry les respondió que “tratándose de la paz no hay diferencias”.

Frenar la violencia paramilitar que amenaza la estabilidad del posconflicto, seguridad para las personas que se desmovilicen y la puesta en marcha de un acuerdo sobre el problema de las drogas ilícitas, firmado en la mesa de negociación el 16 de mayo de 2014, fueron de los temas tratados entre John Kerry y las Farc.

Para el Gobierno y la guerrilla, el encuentro con Kerry es alentador en el sentido de que contribuiría acelerar la firma del acuerdo de paz, proceso que se negocia desde hace tres años. Este encuentro, que fue solicitado por el presidente Juan Manuel Santos, permitió la discusión de temas claves para el fin del conflicto, punto central de las negociaciones actuales en la mesa de La Habana y que incluye aspectos como el cese bilateral del fuego bajo supervisión del Consejo de Seguridad de la ONU, un calendario de desarme y garantías de seguridad para los excombatientes.

Previo a la reunión con las Farc, Kerry se reunió con los delegados del Gobierno en La Habana. El jefe negociador, Humberto de la Calle, describió el encuentro como “muy productivo” y aseguró

que el funcionario estadounidense reiteró el compromiso de su nación con ayudas para la seguridad de los futuros desmovilizados, con apoyo para sostener las operaciones de verificación del Consejo de Seguridad de la ONU e inversiones para la etapa del posconflicto. A esto se suma el anuncio de Kerry en relación con el trabajo de desminado que se hará en el territorio nacional en alianza con Noruega.

Durante la reunión con el secretario de Estado de EE.UU, los delegados de las Farc le regalaron el libro “Resistencia de un pueblo en armas”, el cual fue firmado por todos sus miembros con una dedicatoria: “este texto recoge un tramo de la historia escrita por el fundador de las Farc, Manuel Marulanda Vélez, organización insurgente que hoy se alista para el tránsito a movimiento político legal”.

 
Publicado en Noticias CNMH

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Espaldarazo de la Corte Penal al acuerdo de paz

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Ayda Martínez

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Ayda Martínez

Publicado

02 Sep 2016


Espaldarazo de la Corte Penal al acuerdo de paz

A través de una carta oficial de la Fiscal Fatou Bensouda, la Corte Penal Internacional (CPI), órgano internacional de justicia, ratificó su respaldo al “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”, cuya negociación fue concluida el pasado 24 de agosto.


“Comparto la esperanza de que este acuerdo de paz será la base para la construcción de una paz duradera en Colombia. El pueblo de Colombia no merece nada menos”, expresó Bensouda en la misiva hecha pública este jueves.

La Fiscal destacó el anuncio del equipo negociador de paz del Gobierno y de los delegados de las Farc como un paso crucial hacia el fin del conflicto y una “oportunidad única para la paz” que es el inicio del largo proceso que exigirá importantes esfuerzos para su implementación.

En relación con los derechos de las víctimas, recordó que sus exigencias de justicia deben ser atendidas con medidas que aseguren el cumplimiento de este derecho y mostró confianza en la Jurisdicción Especial para la Paz que centra sus esfuerzos en judicializar a los máximos responsables de los graves crímenes contra los derechos humanos, y el DIH, cometidos en el marco del conflicto armado. Además agregó que esta “rendición de cuentas debe volverse una realidad para asegurar que el pueblo de Colombia aproveche plenamente los beneficios de la paz”.

Finalmente, reiteró el apoyo de la CPI a los esfuerzos de búsqueda por la paz del país, bajo parámetros del Estatuto de Roma con independencia, imparcialidad y objetividad.

Este es el comunicado completo emitido por la CPI:

Declaración de la Fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, sobre la conclusión de las negociaciones de paz entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo.

El anuncio del 24 de agosto de 2016 sobre la conclusión de las negociaciones de paz entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (“FARC-EP”) es sin lugar a dudas un logro histórico para Colombia y para el pueblo colombiano, cuyas vidas se han visto profundamente afectadas por el conflicto armado de 52 años. Saludo el anuncio del acuerdo final de paz como un paso crucial hacia el fin del prolongado conflicto durante el cual numerosas atrocidades fueron presuntamente cometidas por todas las partes. Esta oportunidad única para la paz marca el comienzo de un proceso a largo plazo que requerirá un esfuerzo decidido en el curso de su implementación. Comparto la esperanza de que este acuerdo de paz será la base para la construcción de una paz duradera en Colombia. El pueblo de Colombia no merece nada menos.

La importancia fundamental de una auténtica rendición de cuentas –que por definición incluye sanciones efectivas– en la consolidación de una paz sostenible no puede ser suficientemente enfatizada. Como Estado Parte del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, Colombia ha reconocido que los crímenes más graves constituyen una amenaza a la paz, la seguridad y al bienestar general del mundo. Así mismo, ha afirmado su determinación para poner fin a la impunidad de los autores de esos crímenes, contribuyendo así a la prevención de los mismos. Noto con satisfacción que el texto final del acuerdo de paz excluye amnistías e indultos para crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra bajo el Estatuto de Roma.

El acuerdo de paz reconoce el lugar central de las víctimas en el proceso y sus legítimas aspiraciones de justicia. Estas aspiraciones deben ser atendidas plenamente, a través de medidas que aseguren que los responsables de sus sufrimientos sean genuinamente puestos a disposición de la justicia. Se espera que la Jurisdicción Especial para la Paz que se establecerá en Colombia lleve a cabo esta función y que se centre en los máximos responsables de los crímenes más graves cometidos durante el conflicto armado. Esta promesa de rendición de cuentas debe volverse una realidad para asegurar que el pueblo de Colombia aproveche plenamente los beneficios de la paz.

Desde el inicio de las negociaciones he apoyado en todo momento los esfuerzos de Colombia para poner fin al conflicto armado de varias décadas de conformidad con sus obligaciones bajo el Estatuto de Roma, y continuaré haciéndolo de la misma manera durante la fase de implementación. 

Los fines de una paz sostenible están intrínsecamente ligados a la realización de la justicia y a que ésta sea vea realizada. Ante la apertura de un nuevo capítulo en la historia de Colombia en su búsqueda por la paz, mi oficina continuará apoyando sus esfuerzos de conformidad con su mandato bajo el Estatuto de Roma con independencia, imparcialidad y objetividad.

 


Acuerdos de Paz, Corte penal

CNMH se une a rechazo de la JEP por intromisión de la Fiscalía

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El Espectador

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El Espectador

Publicado

06 Oct 2018


CNMH se une a rechazo de la JEP por intromisión de la Fiscalía

Nos sumamos al llamado de la presidenta de la  Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Patricia Linares, para que se respete la autonomía e independencia de esta institución. Replicamos aquí su pronunciamiento al respecto.


La presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz, Patricia Linares, rechaza tajante y rotundamente la indebida intromisión de la Fiscalía General de la Nación a su autonomía e independencia judicial:

En el día de hoy la Jurisdicción Especial para la Paz fue notificada por la Fiscalía General de la Nación, a través de un agente de la policía judicial, sobre la orden impartida para practicar una inspección judicial al caso 001 que se adelanta en esta jurisdicción. Igualmente, se notificó a la presidenta de la Sala que lleva el caso que debería responder a una entrevista para que informara sobre el trámite adelantado. Infortunadamente, la inspección judicial se llevó a cabo el día de hoy (4 de octubre) y la Fiscalía obtuvo la copia digital del expediente, en razón de la forma intempestiva como se llevó a cabo la diligencia en la Secretaría Judicial de la JEP.

Esta actuación es abiertamente violatoria de la reserva judicial que cubre las investigaciones que adelantan los jueces de la Jurisdicción Especial para la Paz. Igualmente, es claramente intimidatoria en relación con la independencia judicial que preserva el actuar de los jueces a cargo del caso. En razón de ello solicito expresamente a la Procuraduría General de la Nación, tomar nota de la situación y adelantar las gestiones que considere pertinentes.

No está de más recordar a la opinión pública que el caso 001 que adelanta la Jurisdicción Especial para la Paz trata de los secuestros de las FAR-EP ocurridos durante la confrontación armada en Colombia, y se adelanta con base, precisamente, en los informes enviados por la propia Fiscalía General de la Nación.

La Jurisdicción Especial para la Paz es una institución judicial de rango constitucional con autonomía e independencia judicial encargada de investigar y decidir los casos de las graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al derecho internacional humanitario ocurridas durante el conflicto armado; y como tal, debe ser respetada y acatada por todos los colombianos, pero especialmente por sus autoridades.

Publicado en Noticias CNMH



Acuerdos de Paz, Fiscalía, JEP, Jurisdicción Especial para la Paz, Patricia Linares

“Necesitamos que se proteja el acuerdo de paz”: líderes de Bojayá

Noticia

Autor

Harold García

Fotografía

Harold García

Publicado

23 Oct 2018


“Necesitamos que se proteja el acuerdo de paz”: líderes de Bojayá

Tres representantes de este municipio chocoano viajaron hasta Bogotá para realizar un plantón en la Plaza de Bolívar, en rechazo al recrudecimiento de la violencia en su región y al incumplimiento del Estado con las víctimas. Además, pidieron que no se desechen las negociaciones con la guerrilla del ELN.


Andamos pa´ arriba y pa´ abajo en busca de felicidad
Pa´ ver si este presidente nos da el proceso de paz
Con qué, con qué, con qué, con qué corazón lo haré
Cantamos los alabados en el proceso de paz
Pa´ ver si este presidente nos quiere colaborar
Señores grupos armados, nosotros queremos paz,
por allá de nuestra región no nos vayan a sacar

Fragmento de los Alabaos compuestos y cantados por las cantaoras Luz Marina Cañola y Celestina Palacios Palacios

“Nuestras comunidades siguen viviendo situaciones de violencia, confinamiento, asesinatos, restricción a la movilidad, violaciones, y una serie de cosas que no estamos prestos a aceptar después de haber luchado por un acuerdo de paz”, dijo Leyner Palacios, líder de Bojayá (Chocó), el pasado 2 de octubre desde la Plaza de Bolívar de Bogotá. Detrás de él, la estatua de El Libertador y bajo sus pies, sobre una manta blanca, rodeado de velas de colores y una decena de flores, se encontraba el Cristo mutilado de Bojayá, uno de los símbolos trágicos de las barbaries de la guerra en Colombia.

Cristo que el 2 de mayo del 2002 resistió a la masacre de 79 personas que estaban dentro de la iglesia de Bellavista (Bojayá), cuando estalló un cilindro bomba lanzado por las FARC; y que acompañó al Papa Francisco en una eucaristía celebrada en Villavicencio el 8 de septiembre del 2016, a la que asistieron más de cinco mil personas, la mayoría de ellas víctimas de la guerra. “El Cristo de Bojayá no tiene piernas, pero camina con nosotros… hemos venido aquí en busca de varias cosas. La primera tiene que ver con que se reconozcan los derechos de las víctimas de Bojayá y se posibiliten garantías de no repetición”, señaló Leyner Palacios.

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Leyner Palacios, líder de Bojayá, en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Fotografía: Harold García/CNMH

Bojayá, al ser testigo directo de uno de los episodios más crudos de la guerra; se convirtió en un caso emblemático de lucha y resistencia. Durante los diálogos de paz entre el Gobierno y la antigua guerrilla de las FARC, se realizaron diferentes encuentros buscando acuerdos hacia el trámite de la reparación a los habitantes de esta región.

A finales del 2014 varios de los jefes negociadores de esa guerrilla se reunieron en La Habana con representantes de las víctimas de Bojayá, donde, según Jorge Torres Victoria, alias ‘Pablo Catatumbo’, inició la solicitud de perdón por el daño causado. Un año después, el 6 de diciembre del 2015, dentro del acto de reconocimiento de responsabilidad de las FARC por la masacre de Bojayá el exjefe guerrillero José Lisandro Lascarro -conocido con el alias de ‘Pastor Alape’- viajó hasta Bellavista y ante la comunidad en pleno solicitó el perdón por la explosión del cilindro bomba que cambió para siempre el destino de esta población y de la región.

Bellavista y su Cristo, fueron también testigos de las promesas de un Nobel de Paz y las posteriores firma del acuerdo de paz en el 2016; e igualmente del primer Plan Integral de Reparación Colectiva para la población, firmado a comienzos de este 2018. Pero este mismo año, ha sufrido cómo la situación de violencia en el pacífico se agudizó. Los grupos disidentes de la guerrilla de las FARC, el ELN y las bandas criminales, volvieron a dejar a la comunidad en medio del fuego cruzado por el control del territorio; y el regreso de las amenazas y los asesinatos selectivos.  

Por ello, Leyner, quien viajó a Bogotá junto a las cantaoras Luz Marina Cañola y Celestina Palacios, tenía claro que su misión más importante era contarle al país lo que está pasando en su territorio. “No podemos permitir que se pierda todo lo que hemos avanzado”, dijo, y luego denunció que su región se encuentra en un “abandono permanente”. 

 

Luz Marina Cañola y Celestina Palacios, Cantaoras. Fotografía: Harold García/CNMH  

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Tal abandono se manifiesta en hechos como los de mayo pasado, cuando la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) señaló que en Bojayá existía “un riesgo de desplazamiento masivo, en caso de continuar las acciones armadas”, lo cual se sumaba a un “aumento en la presencia de los actores armados no estatales, en lo corrido del 2018”. Según este documento, 2.030 personas de esa región tenían restricciones en la movilidad por los combates y las amenazas recurrentes.

“Vemos la necesidad de que el país transite por una vía negociada del conflicto armado. La invitación la hacemos claramente para que se le dé continuidad a los acuerdos con el ELN y también que se le dé continuidad al sometimiento de las bandas criminales o de paramilitares que hay en los territorios y que están afectando la tranquilidad de las comunidades”, dijo Leyner, con la voz de un líder que sigue creyendo y luchando por la paz.

Leyner Palacios indica que los Planes de Desarrollo Territorial son una oportunidad para reclamarle y exigirle al Estado que cumpla sus deberes en salud, educación, vivienda, carreteras. Según el Plan de Desarrollo 2016-2019 del municipio de Bojayá; aunque el desplazamiento forzado constituye la principal violación a los derechos humanos, se reconoce que existen otras situaciones que vulneran los derechos de los pobladores como la deficiente prestación del servicio de salud, la falta de acceso a un salario mínimo y la inseguridad alimentaria.

Finalmente, Leyner reitera dos puntos claves en su reclamación: la atención psicosocial para los pobladores y la exhumación de los cuerpos de todas las personas que murieron el 2 de mayo del 2002 en curso por Medicina Legal y Fiscalía General de la Nación.

En Bojayá el dolor no ha sido impedimento para seguir adelante. Con la fuerza, hoy su comunidad hace un urgente llamado para que la historia de dolor de su pueblo no se repita. “Necesitamos que se implemente todo el sistema de Verdad Justicia y Reparación. Sabemos que son programas que aún hoy están desfinanciados… Necesitamos que se proteja el acuerdo de paz… Ya avanzamos y no queremos retroceder”, puntualiza Leyner Palacios; acompañado de la voz de las cantaoras y de toda una comunidad que a pesar del conflicto latente, le sigue cantando a la paz

Hace 500 años
Sufrimos este gran terror
Pedimos a los violentos
Que no más repetición
Santa María danos la paz
Santa María danos la paz

Estribillo extremo a extremo
Nosotras queremos paz
Y por estas alabanzas
Es que hemos venido acá

Fragmento del Alabao por la paz, 26 de septiembre de 2016.

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Publicado en Noticias CNMH



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