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El mochuelo vuela hacia Bogotá

El Mochuelo vuela hasta Bogotá: así es su parada en el Museo Nacional

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CNMH

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La estructura de la exposición tiene forma de rollo cinematográfico, una especie de espiral sobre la que se van descubriendo las temáticas y dispositivos museográficos. Foto: Cortesía Museo Nacional de Colombia.

Publicado

21 agosto 2023


El Mochuelo vuela hasta Bogotá: así es su parada en el Museo Nacional

La exposición del Museo Itinerante de la Memoria y la Identidad de los Montes de María llega a la capital del país en el marco de los 200 años de la primera institución museal de Colombia.

 

Como el mochuelo que es, algo tenía que volar. Son 800 nombres los que planean sobre la estructura con forma de espiral; 800 nombres de personas asesinadas, junto al lugar donde ocurrió el asesinato y la edad que tenían por entonces, escritos sobre una lluvia de papeles blancos. «Aquí hay 800, porque no nos daba el espíritu para poner más. El follaje no nos gusta mucho», dice Soraya Bayuelo, una de las lideresas más reconocidas de los Montes de María, y lo remata con una sonrisa.

 

  • El mochuelo vuela hacia Bogotá - Galeria.

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Fuerte y claro, Bayuelo habla en un recorrido nocturno guiado en el Museo Nacional. El Mochuelo —el Museo Itinerante de la Memoria y la Identidad de los Montes de María— llegó hasta la institución museal más antigua del país. Allí anidará durante varios meses, para que colombianos y extranjeros conozcan de cerca la historia de esta región del país que es montaña, río y mar; que no solo vivió la guerra, sino también tiempos de alegría. Que históricamente ha amenizado sus días con música, y que vio nacer a virtuosos de la composición como Adolfo Pacheco.

La historia de este nuevo vuelo está relacionada con el Colectivo de Comunicaciones de los Montes de María, que nació, a su vez, de la Casa de la Cultura. «Queríamos cambiar el mundo. Creíamos que la cultura, el arte y la comunicación podían cambiar situaciones como la guerra», dice Bayuelo. Y lo hicieron. Les enseñaron a los niños y a las niñas, para que no fueran a la guerra, cómo se hace una película, una animación. Pusieron a hablar al mochuelo, el pájaro de su tierra, a un ojo de agua y a una morrocoya: los tres personajes narran la historia de los Montes de María antes del conflicto armado.

 

 

El Mochuelo es una plataforma de comunicación soportada fundamentalmente en lo audiovisual, en la fotografía, en el tejido y en el canto. «Cuando nos mandaron al silencio, dijimos: “¿Qué hacemos?”». Pues actuaron. En el año 2000, cuando estallaron cuatro bombas en los Montes de María y la violencia fue aún más lejos, la comunidad empezó a irse a dormir a las cinco de la tarde. En esa época, cuando los habitantes confundían el sonido de los mangos y otras frutas que caían sobre los techos de zinc con el de las balas, tomaron una decisión trascendental: hacer un acto de resistencia.

Así, abrieron un mantel en una casa del pueblo y proyectaron Estación central de Brasil, —película que había estado en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI)— y que les entregó Yolanda Pupo de Mogollón, quien fue presidenta de la junta directiva del evento cinematográfico. «No dijimos nada por los canales, pero el voz a voz… nos vieron poniendo video beam y un picó. Queríamos que no viniera tanta gente y vinieron como 300 personas muertas del susto, por supuesto», recuerda Bayuelo.

La guerra amenaza, pero no siempre paraliza. Hay voluntades que no controla, menos a gente que sabe de pájaros, de volar. Los montemarianos descubrieron, escondidos, que el cine «era importante para la movilización social, para decirles a los violentos que la noche era nuestra, que el espacio público era nuestro». En el 2003, el Colectivo de Comunicaciones de los Montes de María ganó el Premio Nacional de Paz. «Nos dio tremendo susto, porque ahora sí iban a saber qué estábamos haciendo», suelta Soraya, y de nuevo se ríe.

 

Son 800 nombres sobre papel blanco los que ‘vuelan’ sobre El Mochuelo, y que identifican a algunos de los asesinados y desaparecidos de los Montes de María. Foto: Cortesía Museo Nacional de Colombia.

El pájaro alza el vuelo

Durante años, los habitantes de los Montes de María acumularon material que la misma comunidad creaba. Bayuelo recuerda: «¿Qué hacemos? Bueno, esto tiene que ponerse en algún lado». Debían ser quince galerías, una por cada municipio de los Montes de María. Entonces debía ser algo liviano, que volara… como un pájaro. «¡El Mochuelo!». El mochuelo, aquel pájaro al que le compuso Adolfo Pacheco, de pico’e maíz y ojos negros brillantinos:

Esclavo negro, cantá,

Entoná tu melodía,

Canta con seguridad

Como anteriormente hacías

Cuando tenías libertad

En los Montes de María.

De esta estrofa nació el guion museológico de El vuelo de El Mochuelo. De los Montes de María a Bogotá, como se denomina la exposición temporal que aloja el Museo Nacional. «Por ahí va esta historia, este va a ser el guion de esta película. Es como si fuera un carrete de cine», dice Bayuelo. Al subir la mirada, la estructura revela ese espiral que ahora cobra sentido. En círculos concéntricos comienzan a aparecer dispositivos museográficos, como un telar que soporta tres líneas de tiempo paralelas: una que muestra lo que pasaba en Colombia durante esos años, otra los hitos regionales y otra los locales.

 

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También se atraviesa por el dolor de las mujeres, cuyos cuerpos fueron vulnerados. Según Bayuelo, «más de 1.700 mujeres se atrevieron a documentar el caso e hicieron el primer informe que entregó el Caribe colombiano sobre violencia de género a la Comisión de la Verdad, en Cartagena». 

En El Mochuelo se transita por el recuerdo de la masacre de Las Brisas, equívoca y popularmente llamada «de Mampuján»: «la masacre fue en Las Brisas y el desplazamiento en Mampuján», aclara la lideresa social. En ese corredor estratégico que conecta San Juan Nepomuceno con Mampuján, en el año 2000, los paramilitares torturaron y asesinaron a doce campesinos. Los dibujos en carboncillo del artista Rafael Posso, quien recogió y transportó los cuerpos a su pueblo, en su burro, recuerdan lo sucedido.


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Bojayá, CNMH, Memoria, Pontificia Universidad Javeriana

Lamentamos el fallecimiento del dirigente campesino José Froylan Rivera

Autor

CNMH

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Dirigente campesino José Froylan Rivera

Publicado

18 agosto 2023


Lamentamos el fallecimiento del dirigente campesino José Froylan Rivera

 

  • Abrazamos con compromiso el legado de lucha de este líder del Caribe y exaltamos el valor del archivo documental que le entregó en vida al Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

 

El pasado 15 de agosto, en San Pedro (Sucre), falleció José Froylan Rivera Mesa, uno de los más destacados dirigentes campesinos del Caribe colombiano y cofundador de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC). Durante más de sesenta años, participó en movimientos y organizaciones sociales y sindicales campesinas. Por su constante trabajo por el campesinado colombiano, fue objeto de amenazas contra su vida y en 1987 se vio obligado a exiliarse en Suecia.

Entre 2014 y 2016, Rivera Mesa le entregó una detallada documentación de su historia de vida y de sus luchas campesinas a la Dirección de Archivo de los Derechos Humanos del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). El fondo documental José Rivera Mesa está compuesto por material fotográfico, publicaciones, materiales audiovisuales y documentos de representación legal de múltiples asociaciones y juntas de acción comunal. Se trata de una valiosísima recopilación personal de documentos relacionados con su participación en la ANUC y de valiosos materiales que dan cuenta del desplazamiento forzado y la movilización social y sindical campesina por la tierra en Sucre y los Montes de María entre 1971 y 2010.

En este archivo se encuentran documentos como la «Plataforma ideológica», bandera de lucha del campesinado; las conclusiones del Tercer Congreso de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia; la cartilla sobre la participación de las mujeres en la lucha campesina; la revista Combate, «por la organización revolucionaria del pueblo»; y el «Manual para cursillos campesinos». Así mismo, contiene cuentos sobre la historia de lugares del departamento de Bolívar y sus procesos organizativos; la historia del pueblito los Andes, del municipio de Nueva Granada (Magdalena) y el archivo fotográfico de los congresos nacionales de la ANUC en Sincelejo, Cartagena y Magangué, junto con la colección fotográfica de May Richard, entre otros documentos.

José Froylan, además de ser cofundador de los primeros sindicatos tabacaleros de Colombia,  participó activamente en un proceso de investigación apoyado por el CNMH en el que las comunidades campesinas de su región hicieron memoria del daño causado por la guerra. Con el equipo de investigación campesina y del CNMH, contribuyó con profundas reflexiones sobre el daño del conflicto armado al «sujeto colectivo campesino» y propuso elementos claves para la reparación colectiva del campesinado y su reconocimiento como sujeto de derechos. A partir de este proceso de investigación se escribió el libro Campesinos de tierra y agua, que condensa las memorias de una parte del campesinado del Atlántico, y se realizó el documental Voces del agua y de la tierra.

 

De José Froylan hay mucho que decir y aprender. Su legado vivirá en los miles de campesinos y campesinas que siguen luchando por sus derechos. En este momento, basta decir que murió un gran luchador. Nuestras condolencias a su familia en Colombia y en Suecia. Rivera Mesa no será olvidado.


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Bojayá, CNMH, Memoria, Pontificia Universidad Javeriana

La nueva senda del CNMH: ¿por qué el territorio habla y el centro escucha?

Autor

CNMH

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Rosa Mosquera durante su intervención en la charla «Todas las memorias todas».

Publicado

16 agosto 2023


La nueva senda del CNMH: ¿por qué el territorio habla y el centro escucha?

María Gaitán, directora del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), dictó la charla magistral «Todas las memorias todas» durante el cierre del «Coloquio Internacional de Archivos: entramados y transformaciones polifónicas de la memoria en Colombia». «[…] Les presento a Rosa», dijo cuando le cedió la palabra a su invitada de esa mañana en uno de los auditorios de la Universidad Javeriana, en Bogotá.

«Soy del municipio de Bojayá, hago parte de un grupo de artesanas que se llama Guayacán. Nuestro trabajo empezó en el 97, cuando por primera vez sentimos la guerra de cerca: llegaron los paramilitares a nuestro territorio. En ese momento nos organizamos para bordar, para entretenernos, para apoyarnos, para sanarnos, y para emprender esa tarea que ya tenemos desde hace 27 años, en esta lucha del hilo y la aguja, del canto y del verso», dijo Rosa Mosquera, quien añadió: «El teatro, la cocina… Todo eso nos ha servido a nosotras para mantenernos en pie y no desfallecer, pero además de esto hemos elaborado muchos telones que desafortunadamente, la seño decía, estamos sin descentralizar».

De acuerdo con Rosa, desafortunadamente su trabajo se conoce muchas veces primero por fuera de Colombia, como suele ocurrir con otras producciones del país. «Parecen [los bordados] un rompecabezas. Nosotras siempre bordamos para que no se entienda mucho, para que nos pregunten mucho y aprender más».

 

Del 12-15 de septiembre habrá una gran conferencia nacional por el estallido social de 2021. Conoce más.

 

La «seño» es María Gaitán, que durante la conferencia magistral «Todas las memorias todas», en el cierre del «Coloquio Internacional de Archivos: entramados y transformaciones polifónicas de la memoria en Colombia», habló del viraje que está teniendo la entidad que dirige en este Gobierno del Cambio. Rosa es la nueva realidad.

 

Algunos organizadores y participantes del «Coloquio Internacional de Archivos: entramados y transformaciones polifónicas de la memoria en Colombia».

«Cuando nosotros decimos “Todas las memorias todas” es porque nuestro interés absoluto es que el territorio hable y el centro escuche. A pesar de las leyes que dicen que somos descentralizados, eso no es cierto, eso se quedó en papel y cartulina. Lo que no diga Bogotá, lo que no muestre Bogotá, no existe. Por eso, cuando decimos que el territorio sana, el territorio habla, actúa, compone, teje… el centro no lo está escuchando. Y esa es la apuesta principal del CNMH en este viraje del Gobierno del Cambio», dijo Gaitán.

La directora sostiene entre sus manos varias piezas hechas por las mujeres de Artesanías Guayacán mientras Rosa explica: «Acá hemos querido reconstruir el 2 de mayo [día de la masacre de Bojayá], las víctimas que cayeron en la iglesia. El 2 de mayo yo estaba allí. Tengo lesiones en mi cuerpo; en el alma ya no, porque el bordado me ha ayudado a sanar». Sus bordados muestran el recorrido de las víctimas que cayeron ese día. Los muestra en la fosa común, que queda en el río Bojayá, y agrega: «Allí estuvieron durante cinco años. Y es allí donde empieza la preocupación de la comunidad, porque no somos números, somos personas».

En Bojayá tardaron en llegar la paz, el duelo y el Estado. Los habitantes debían cantar sus lamentos y hacer sus rezos para despedir a sus muertos. Luego de hacer ollas comunitarias, de entender qué era lo que la comunidad reclamaba, comenzaron una nueva búsqueda de los cuerpos perdidos en la masacre. También emprendieron un nuevo camino para redescubrirse colectivamente. Ahora, sus sueños son más concretos: «Queremos un lugar donde podamos prender una vela porque es nuestra costumbre, hacer un rosario, hablar con nuestros muertos, porque eso nos lo dejaron los ancestros», dice Rosa. Bojayá quiere su lugar de memoria; de allí los telares de Rosa, de todas las mujeres de Guayacán.

María Gaitán lo sabe: «El relato de Rosa es lo que venimos escuchando en el CNMH a lo largo y ancho del país; por eso me parece importante que Rosa acompañe este cierre. La sanación que cuenta Rosa es una sanación que está viviendo el país desde mucho antes de la Ley 1448, que le dio lugar, en el 2011, a la existencia del CNMH. Lo importante de la 1448 es que le entregó al Estado el deber y la obligación de hacer memoria histórica y aportar al esclarecimiento de la verdad. Porque esta sanación de Bojayá existe en Sonsón, en los Llanos, en Mampuján. La apuesta de la paz que se está perfilando en el Gobierno del Cambio debe pasar por una transformación no solo cultural, sino del corazón».

 

Una nueva ruta para recorrer el camino olvidado

Con «Todas las memorias todas», el CNMH propone desplegarse a lo largo del territorio. Gaitán fue enfática al respecto: «No nos estamos descentralizando, porque no es llevar la misma institución de Bogotá a los territorios, sino construir memoria histórica desde el territorio para que el CNMH escuche». A través de nueve enlaces territoriales, en los departamentos elegidos en esta primera fase, se tiene la posibilidad de «escuchar a muchas Rosas».

 

María Gaitán explica el viraje que ha tomado el CNMH durante el Gobierno del Cambio.

Otra de las tareas que se ha propuesto la nueva administración del CNMH es intentar responder la pregunta «¿Quién dio la orden?». Para esto, la entidad ha propuesto, tras conversar con el presidente Petro, cambiar la fecha de 1958 que han designado «quienes han monopolizado la memoria histórica» como inicio del conflicto armado colombiano, según señala la directora. «Uno no puede explicar lo sucedido en Colombia el 9 de abril de 1948 si no se va a los años anteriores. Juan de la Cruz Varela, Rafael Rangel (en Barrancabermeja) y Tirofijo decidieron irse al monte a proteger sus vidas, y surgieron las guerrillas y eso es el origen de lo que llamamos el conflicto, pero hay que entender toda la gestación», concluyó Gaitán.

De allí que actualmente el CNMH adelante una investigación sobre los orígenes del conflicto, que se remonta a un tiempo anterior al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán; el obetivo es intentar explicar las motivaciones que detonaron la violencia bipartidista, antecedente de lo que se ha denominado «conflicto armado».

Por otro lado, también hay un empeño del CNMH en aclarar la diferencia entre «violencias estructurales» y «conflicto armado». «Confundimos mucho la violencia estructural con el conflicto, y eso hay que tenerlo muy claro. Rosa tiene dos dolores: las violencias estructurales, ancestrales, y el conflicto, y a las dos hay que tratarlas muy distinto, porque uno hay que sanarlo y el otro transformarlo. Ese dolor de haber sido espectadora de la muerte de sus familiares es muy fuerte, pero no hace parte de las violencias estructurales que no hay que sanar, sino transformar», precisó Gaitán.

Quizás el rol más importante de este nuevo CNMH se resume en un único verbo: escuchar. «El territorio necesita hablar, y hablar, y hablar, y que siga hablando, y que el centro escuche. El territorio habla, teje, canta, llora, sana. El centro escucha todas las memorias todas», concretó la directora.

Rosa, de Bojayá, lo contó a su modo, cantando, a modo de cierre de la charla magistral: «Es la vida dura senda para andar sin amor. Solo se llega a buen puerto si se va de dos en dos».


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Bojayá, CNMH, Memoria, Pontificia Universidad Javeriana

Bojaya

La masacre de Bojayá, un compromiso contra el olvido

Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

1 de mayo 2021


La masacre de Bojayá, un compromiso contra el olvido

  • En conmemoración del Día de las Víctimas de Bojayá, el Centro Nacional de Memoria Histórica presenta un tablero con las cifras que ha logrado establecer alrededor del conflicto armado en esa región, especialmente sacudida durante la masacre del 2 de mayo de 2002.
  • El Sistema de Medios Públicos RTVC y varios canales regionales emitirán el documental ‘Renacientes’, producto audiovisual realizado con la comunidad de Bojayá a partir del encuentro de varias generaciones para pintar el recuerdo de su pueblo y sus anhelos. 

La reparación frente al dolor que han sufrido las comunidades asentadas a orillas del Atrato busca, entre otras cosas, evitar el olvido. Para lograrlo, este domingo 2 de mayo, cuando se cumplen 19 años de la masacre de Bojayá, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) presenta un tablero conmemorativo con las cifras que se han podido establecer alrededor de esta acción bélica, inscrita en una violencia que no se ha detenido ante el reclamo de los pueblos del río por vivir en paz. 

Ese mismo domingo, la comunidad de Bojayá se reunirá para rendir homenaje a las víctimas en el mausoleo. En el antiguo Bellavista, la conmemoración incluye una eucaristía, una presentación de teatro, el informe de la Comisión de la Verdad del Pacífico y la socialización de la Ley 2087 de 2021. 

Desde el CNMH, la antesala será el sábado 1 de mayo, con la emisión del programa radial País con Memoria, que en esta ocasión girará en torno a la importancia de reconstruir memoria histórica como herramienta de esclarecimiento y sanación para la comunidad de Bojayá. Lo podrán sintonizar en la señal de RCN Radio, a partir de las 11:30 am.

Así mismo, en cumplimiento de la Ley 2087 de 2021, que institucionaliza el Día de las Víctimas de Bojayá, el CNMH presentará el documental Renacientes en la comunidad el sábado 1 de mayo. Este producto audiovisual, que se construyó a partir del encuentro de varias generaciones para pintar el recuerdo de su pueblo y sus anhelos en un mural en el nuevo Bellavista, se emitirá a través del Sistema de Medios Públicos RTVC y de varios canales regionales, y también se podrá ver en las redes sociales del Centro. 

 

Las mayores víctimas fueron niños, niñas y adolescentes 

El Observatorio de Memoria y Conflicto, en conjunto con el Enfoque Diferencial de Niños, Niñas y Adolescentes del CNMH, registra la muerte de 81 personas por el lanzamiento de un cilindro bomba que destruyó la iglesia de San Pablo Apóstol, en Bellavista, cabecera de Bojayá el 2 de mayo de 2002. Entre las víctimas mortales identificadas plenamente, 47 fueron niños, niñas y adolescentes.

Las cuentas son difíciles: Domingo Chalá pasó tres jornadas recogiendo con una pala y una carretilla restos humanos entre los escombros de la iglesia. Amigos y conocidos quedaron en pedazos, dispersos. Además de niños, niñas y adolescentes, también varias mujeres en embarazo, cuyos hijos e hijas son parte del duelo de las familias a pesar de no haber alcanzado a nacer. 

Ni siquiera Domingo, el sepulturero de Bojayá, sabe cuántas personas murieron en medio de los enfrentamientos entre guerrilleros del Frente José María Córdoba de las Farc y el comando paramilitar del Bloque Élmer Cárdenas, aunque fue él quien tuvo que meter los restos de los lugareños en bolsas, y sepultarlos sin rituales ni protocolo.

Fueron 18 días en los que las comunidades de Bojayá y Vigía del Fuerte vivieron en medio del fuego cruzado. La sevicia con la que se perpetró el hecho ha dificultado los esfuerzos de la comunidad y de las instituciones por precisar la cifra exacta de heridos, desaparecidos y víctimas totales. Entre el 20 de abril y el 7 de mayo, los sobrevivientes vieron canoas cargadas de cadáveres navegando por el Atrato. En ese período, el OMC registra 94 víctimas de 3 acciones bélicas (incluida la del 2 de mayo), 3 casos de asesinatos selectivos, 5 casos de desaparición forzada y 2 de violencia sexual. 

Referidos a todo el conflicto armado, desde 1958, los registros del OMC dan cuenta de 275 víctimas en 167 hechos de violencia perpetrados en Bojayá. Este hallazgo, uno de los que se desprende de la publicación del tablero conmemorativo del CNMH, puede consultarse en este link.

Las mujeres del Bojayá bordaron un telón con 119 nombres que conservan como memoria. La ceremonia colectiva ‘Bojayá honra a los sagrados espíritus’, que se celebró el 18 de noviembre de 2019, incluyó 101 cofres: algunos representaban a víctimas desaparecidas o que no fue posible identificar. Casi dos décadas después de la masacre, las cifras no alcanzan a dar dimensión del daño causado a la comunidad. Sin embargo, los esfuerzos de investigación aportan a la memoria y al esclarecimiento, a la reflexión y al pedido colectivo de que no se repita un hecho de violencia de proporciones incuantificables.

 

Acompañar en el dolor

El acompañamiento para la reparación simbólica en Bojayá inició en 2009, cuando el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (que pasó a ser parte del CNMH con la Ley 1448 de 2011 —Ley de Víctimas—), produjo el informe Bojayá, la guerra sin límites, referente de los daños que el conflicto ha provocado a las comunidades afro e indígenas del Medio Atrato.

El Enfoque Diferencial Étnico del CNMH ha promovido el fortalecimiento del grupo de cantadoras del Consejo Comunitario de Pogue, proceso que derivó en la producción, publicación y divulgación de la cartilla Pogue: un pueblo, una familia, un río y el documental Las musas de Pogue, en alianzas con la Corporación Pasolini de Medellín, la Universidad de Columbia y la Organización Internacional para las Migraciones. El trabajo con la comunidad ha servido además para comprender la trascendencia de los procesos mortuorios y la mala muerte que representa la masacre para la comunidad.

El Centro acompañó desde 2017 las diligencias de identificación de las víctimas, a cargo de la Fiscalía General de la Nación y el Instituto de Medicina Legal, que fueron parte de los acuerdos de paz de La Habana, escenario en el que la guerrilla de las Farc reconoció su responsabilidad en los hechos. Mediante encuentros familiares, el Enfoque Étnico, el Comité por los Derechos de las Víctimas y la comunidad, elaboraron 40 álbumes familiares que fueron entregados en el acto de despedida ‘Bojayá honra a los sagrados espíritus’, y que se convirtieron en instrumento de duelo y un tesoro íntimo y privado que contiene el recuerdo de los familiares muertos.

A partir de solicitudes de la comunidad, en 2019 se realizó un mural en homenaje a los niños y niñas fallecidos en la masacre, que se conserva en el Parque de la Memoria, en el nuevo Bellavista. En esa misma oportunidad se reconstruyó otro mural de memoria que había sido elaborado en 2004, en la escuela de la antigua cabecera. Ambos murales fueron realizados en un intercambio de saberes del que participaron niños y niñas, gestores locales, alabadoras y sabedoras de Bellavista y el corregimiento de Pogue.

Actualmente, el Centro Nacional de Memoria Histórica adelanta la elaboración de un micrositio, en compañía de la comunidad, que reúne las historias de personajes icónicos del pueblo, su derecho a tener una muerte digna y la importancia de ciertos símbolos y elementos del ritual mortuorio, esenciales en el imaginario religioso y colectivo de ese territorio.


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Un alabao por la pandemia desde Bojayá

Un alabao por la pandemia desde Bojayá

“Construcción de memoria: posibilidades para la reparación”

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CNMH

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CNMH

Publicado

30 junio 2020


Un alabao por la pandemia desde Bojayá

  • En el departamento de Chocó se han confirmado 45 muertes como consecuencia del covid-19 y hay otros 13 fallecimientos en estudio. La enfermedad se propaga con velocidad creciente.
  • Las mujeres del grupo de alabaos de Pogue, Bojayá, lanzaron una canción para dar a conocer al país la situación que atraviesa el Chocó durante la pandemia del covid-19.

 

Con un alabao que titularon Por la pandemia las cantadoras de Pogue, corregimiento de Bojayá, quieren llamar la atención del país entero sobre la situación que enfrenta el departamento de Chocó ante la crisis de salud pública y social que representa el covid 19.

La comunidad de Bojayá ha resistido por años la disputa de grupos armados por el control territorial en la región del Medio Atrato. El Centro Nacional de Memoria Histórica ha acompañado, dentro del proceso de reparación integral, las reiteradas peticiones de sus organizaciones para que les permitan una vida pacífica y digna, conservando su identidad cultural y tradiciones.

Pueden escuchar aquí la canción Por la pandemia.

Según estadísticas del Ministerio de Salud y Protección Social, con corte al 30 de junio de 2020, han sido 1554 los casos confirmados de personas con covid-19 en Chocó, mientras que hay 934 más a la espera de resultados. Los registros dan cuenta de 45 personas muertas como consecuencia de la enfermedad y hay 13 fallecimientos más en estudio. Para la fecha del informe había 56 pacientes hospitalizados y 29 en unidades de cuidados intensivos.

El seguimiento al número de contagios muestra un crecimiento acelerado en la propagación de la enfermedad. Tan solo entre el 25 y el 30 de junio se confirmaron 303 casos positivos y 11 fallecimientos en el departamento.

Los reportes evidencian la presencia del nuevo coronavirus en 20 de los 30 municipios chocoanos. En la capital, Quibdó, se han confirmado 1297 casos, mientras que en Bojayá la cifra es de 7 resultados positivos.

Chocó no cuenta con un hospital de tercer nivel a pesar de que su construcción fue uno de los compromisos derivados del paro cívico de 2017. Y las carencias del sistema de salud se suman a las dificultades de acceso físico y de comunicación para muchas comunidades y las duras condiciones por la parálisis de diversos sectores económicos provocan preocupación entre los habitantes.

El obispo de Quibdó, Juan Carlos Barreto, ha denunciado ante medios de comunicación nacionales el incremento en la presencia de grupos armados, lo que pone en riesgo a las comunidades en zona rural, como pasó en 2002 durante los meses previos a la masacre de Bojayá, hechos que constituyen memoria histórica y que requieren garantías de no repetición.

 

Pie de foto: El alabao es un canto tradicional en los pueblos afro del Pacífico colombiano para despedir a los difuntos. Las cantadoras de Pogue emplean su música para llamar la atención sobre lo que ocurre en su comunidad y en Chocó.


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CNMH seguirá fortaleciendo el vínculo con la comunidad de Bojayá

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CNMH

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CNMH

Publicado

2 mayo 2020


CNMH seguirá fortaleciendo el vínculo con la comunidad de Bojayá

  • En rueda de prensa realizada esta mañana, los directores del CNMH y la UARIV y un representante de víctimas de Bojayá trataron la actualidad del proceso de reparación integral de la comunidad.
  • Durante la conmemoración de la masacre cometida hace 18 años, el CNMH presentó el documental Renacientes, producto del que participaron habitantes y gestores locales junto con el equipo de Enfoque Étnico de la entidad.

El compromiso del Centro Nacional de Memoria Histórica con la comunidad de Bojayá no se acaba. Durante la conmemoración de los 18 años de la masacre cometida por la guerrilla de las Farc en su territorio, el director de la entidad, Darío Acevedo Carmona, anunció la creación de un espacio virtual para fortalecer la presencia de las víctimas en el proceso de reparación. Además, se refirió al vínculo del Equipo de Enfoque Étnico de la entidad con la población, que ha generado acciones de acompañamiento, memoria y preservación de sus tradiciones.

“Estamos trabajando en la creación de un sitio web que les permitirá a las organizaciones, en especial al Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, fortalecerse y mantener viva la memoria”, anunció el profesor Acevedo, acompañado por el director de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, Ramón Rodríguez Andrade, y José de la Cruz Valencia, integrante del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, en una rueda de prensa que se transmitió este 2 de mayo por la plataforma Facebook Live.

No obstante, el director del CNMH reconoció que la presión por parte de grupos armados ilegales sigue siendo una preocupación para los habitantes de Bojayá. “En estos momentos hay presiones del denominado clan del Golfo y del Eln. La comunidad está solicitando negociaciones. Conozco la buena voluntad del Gobierno Nacional de hacer acercamientos, pero sobre la base de ciertas condiciones”, advirtió.

El CNMH presentó este sábado el documental Renacientes, producción audiovisual en la que participaron gestores locales y habitantes de Bojayá durante el proceso de reparación simbólica, que cuenta el encuentro de varias generaciones como ejercicio de memoria, resistencia y construcción de paz en su territorio.

La directora del Equipo de Enfoque Étnico del CNMH, Tania Helena Gómez, destacó el acompañamiento de la entidad, desde 2017, en las diligencias de identificación e individualización de las víctimas de la masacre, a cargo de la Fiscalía General de la Nación y el Instituto de Medicina Legal, que fueron parte de los acuerdos de La Habana, luego de que la guerrilla de las Farc reconociera su responsabilidad en los hechos. El CNMH aportó para consolidar la metodología de encuentros familiares a través de un grupo de memoria local, junto al Comité por los Derechos de las Víctimas, gestores de memoria y el equipo local de Comunicaciones, para la elaboración de 40 álbumes que reconstruyen la vida de las personas fallecidas para sus familias y que fueron entregados en noviembre de 2019 durante la ceremonia de despedida colectiva Bojayá honra a los sagrados espíritus.

Así mismo, respondiendo a las solicitudes de la comunidad y a los compromisos asumidos durante el proceso de acompañamiento, se realizó un mural en homenaje a los niños y niñas fallecidos en la masacre y se reconstruyó otro mural de memoria muy significativo para la población, elaborado en 2004 en la escuela del antiguo Bellavista. Ambas obras fueron realizadas en un intercambio de saberes del que participaron niños y niñas, gestores locales, alabadoras y sabedoras de Bellavista y el corregimiento de Pogue.

“Este año es una conmemoración muy especial, porque después de 18 años es la primera vez que podemos dirigirnos particularmente a personas plenamente identificadas, dirigir una oración específica a la persona que estamos orando”, resaltó José de la Cruz Valencia. En su condición de integrante del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, agregó que para la comunidad “el proceso de exhumación, identificación y entrega de los restos tuvo un éxito de un 90 por ciento, porque hoy Bojayá sigue esperando por algunos de sus familiares que están en condición de desaparecidos”.

El director de la UARIV, Ramón Rodríguez, explicó que el Plan de Reparación de la comunidad de Bojayá contiene 35 acciones que han sido concertadas con la comunidad.

“La Unidad para las Víctimas ha invertido más de 1000 millones de pesos entre el proceso de ruta y de implementación del Plan Integral de Reparación Colectiva del sujeto Comunidad Afro de Bellavista y este año seguiremos con estos procesos, con el pago de la atención humanitaria y de la indemnización individual, proyectamos el pago de 874 indemnizaciones, manteniendo los criterios de priorización establecidos”, aseguró.

Se refirió también al compromiso de la entidad con las medidas atención y prevención de emergencias. En los próximos días llevarán ayuda humanitaria a la comunidad embera del río Chicué, en Bojayá, que sufrió desplazamiento por los enfrentamientos entre grupos armados ilegales. “El 11 de este mes estaremos acompañando a estas familias afectadas de siete comunidades del resguardo del río Chicué, unas 156 familias, aproximadamente 730 personas que se desplazaron”, anunció.


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Tras 18 años de la masacre de Bojayá, nuestro compromiso no acaba

Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

1 mayo 2020


Tras 18 años de la masacre de Bojayá, nuestro compromiso no acaba

  • El Centro Nacional de Memoria Histórica acompañará este sábado 2 de mayo los actos programados por la comunidad de Bojayá en conmemoración de la masacre ocurrida hace 18 años en la iglesia de Bellavista.
  • Líderes de víctimas de la comunidad y del CNMH participarán del conversatorio y presentación del documental “Renacientes”, elaborado durante el proceso de reparación simbólica.

El Centro Nacional de Memoria Histórica —CNMH— reafirma su compromiso con el fortalecimiento del espíritu resiliente de la comunidad de Bojayá mediante el recuerdo del daño provocado por el conflicto armado. Cuando se cumplen 18 años de la masacre cometida por la guerrilla de las Farc, que acabó la vida de por lo menos un centenar de sus habitantes, el pueblo persiste en el renacer de la vida y los reclamos de paz, dignidad y no repetición.

Este sábado 2 de mayo, tendremos el conversatorio Acompañando el renacer de Bojayá, que se realizará a las 2:00 p.m. a través del Facebook del CNMH. El proceso de reparación simbólica, la afectación de la violencia, la resiliencia y la vida en la región del Medio Atrato son temas para este diálogo en el que participarán líderes de la comunidad y nuestro equipo de Enfoque Diferencial Étnico. En este espacio virtual se presentará el documental Renacientes, una producción audiovisual que recoge imágenes y testimonios del proceso de reparación en que se han vinculado la entidad y los habitantes de Bojayá, y narra el encuentro de varias generaciones para hacer memoria, resistir y construir paz defendiendo el territorio.

A las 9:00 a.m., a través nuestra cuenta de Facebook, habrá una rueda de prensa que ofrecerán el director de la Unidad de Víctimas, Ramón Rodríguez; el director del CNMH, Darío Acevedo, y un representante del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá sobre las acciones del Gobierno Nacional para garantizar la reparación integral de la comunidad.

Igualmente, acompañaremos los actos conmemorativos programados por la comunidad. En medio de la emergencia sanitaria por el covid-19, Bojayá llevará al mausoleo de las víctimas una oración, sus tradicionales alabaos y una ofrenda. También se celebrará una eucaristía desde el antiguo Bellavista. El CNMH se enlazará con la transmisión en vivo de estos momentos de la conmemoración, que el Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá compartirá a través de la cuenta de Facebook de la emisora local Bojayá Estéreo, a las 8:00 a.m. y 10:00 a.m.

Colombia no puede olvidar el 2 de mayo de 2002: a las 10:15 a.m., guerrilleros de las Farc dispararon un cilindro bomba contra la iglesia San Pablo Apóstol, en el antiguo Bellavista, cabecera de Bojayá, donde se refugiaban alrededor de 300 personas por los enfrentamientos que libraban desde el 20 de abril el Frente José María Córdova de la guerrilla y el comando paramilitar del Bloque Élmer Cárdenas. La presión de la guerrilla por deshacerse de los cadáveres antes de la llegada de medios de comunicación y autoridades y la violencia continuada en el territorio no permitieron la despedida y el duelo de acuerdo a sus tradiciones religiosas.

“Si se piensa en la magnitud de los eventos en términos de muertos, heridos y desplazados, frente al tamaño de la población, se puede decir que los daños ocasionados por la masacre fueron catastróficos. Toda familia quedó de alguna manera en duelo, todas las familias tuvieron que participar en la búsqueda y el conteo de sus víctimas”, señala el informe Bojayá. La guerra sin límites, publicado en 2010 por el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.

El CNMH acompañó desde 2017 las diligencias de identificación e individualización de las víctimas, a cargo de la Fiscalía General de la Nación y el Instituto de Medicina Legal, que fueron parte de los acuerdos de La Habana, luego de que la guerrilla de las Farc reconociera su responsabilidad en la masacre. Nuestro equipo de Enfoque Étnico aportó para consolidar la metodología de encuentros familiares a través de un grupo de memoria local, junto al Comité por los Derechos de las Víctimas, gestores de memoria y el equipo local de Comunicaciones.

El trabajo permitió reconstruir con relatos los roles de vida y el árbol de cada familia, buscando dignificar y hacer homenaje a las víctimas. Se elaboraron 40 álbumes familiares que fueron entregados en el acto de despedida espiritual e inhumación Bojayá honra a los sagrados espíritus, que se cumplió el 17 de noviembre de 2019, y se convirtieron en un modo para sanar el dolor y un tesoro íntimo y privado que representa el recuerdo de sus familiares muertos en la masacre.

Así mismo, respondiendo a las solicitudes de la comunidad y a los compromisos asumidos durante el proceso de acompañamiento, se realizó un mural en homenaje a los niños y niñas fallecidos en la masacre y se reconstruyó otro mural de memoria muy significativo para la población, elaborado en 2004 en la escuela del antiguo Bellavista. Ambos murales fueron realizados en un intercambio de saberes del que participaron niños y niñas, gestores locales, alabadoras y sabedoras de Bellavista y el corregimiento de Pogue.

El acompañamiento para la reparación simbólica en Bojayá inició en 2009, cuando el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (que pasó a ser parte del CNMH con la Ley 1448 de 2011 —ley de víctimas—), produjo el informe Bojayá. La guerra sin límites, que precisó la magnitud de los daños que el conflicto ha provocado a las comunidades afro e indígenas del Medio Atrato.

El Enfoque Diferencial Étnico del CNMH ha promovido el fortalecimiento del grupo de cantadoras del Consejo Comunitario de Pogue, proceso que derivó en la producción, publicación y divulgación de la cartilla Pogue: un pueblo, una familia, un río, del cancionero El oficio de cantar memoria y el documental Las musas de Pogue, en alianzas con la Corporación Pasolini de Medellín, la Universidad de Columbia y la Organización Internacional para las Migraciones. El trabajo con la comunidad ha servido además para comprender el significado de los procesos mortuorios, afectados por la violencia y la mala muerte que representa para ellos el crimen del 2 de mayo de 2002.


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Bojayá pide verdad, justicia y reparación

Bojayá pide verdad, justicia y reparación

Autor

CNMH

Fotografía

Comité de los Derechos de las Víctimas de Bojayá

Publicado

09 Dic 2015


Bojayá pide verdad, justicia y reparación

Un día después de que delegaciones del Gobierno y las Farc visitarán Bojayá en el acto de reconocimiento de responsabilidad por la masacre del 2 de mayo de 2002, miembros del Comité de los Derechos de las Víctimas de Bojayá se manifestaron en una rueda de prensa en Bogotá frente a este acto y dieron a conocer sus exigencias para lograr verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición de estos trágicos hechos.


“Sabemos que estas palabras, como lo hemos manifestado en varias ocasiones, no reparan lo irreparable, no devuelve a ninguna de las personas que perecieron y tampoco borra el sufrimiento causado, sufrimiento que se refleja en el rostro de todas y todos ustedes, por eso ojalá algún día seamos perdonados. Venimos impulsados por el compromiso con la verdad reconociendo el daño causado”. Estas fueron las palabras de Félix Antonio Muñoz Lascarro alias ‘Pastor Alape’ ante cerca de 700 representantes de las comunidades afrocolombianas e indígenas que participaron en este acto en Bellavista Viejo, lugar donde hace 13 años estalló una de las cuatro pipetas lanzadas por las Farc en medio de los combates que sostenía con grupos paramilitares de las AUC y en el que murieron al menos 79 personas y más de 100 quedaron heridas.

Por su parte Sergio Jaramillo, Alto Comisionado para la Paz, en este mismo escenario manifestó: “Hay que construir la paz y para construir la paz tenemos que enfrentar ese pasado que hemos vivido. El asunto ahora no es simplemente conocer los hechos, sino reconocer lo ocurrido. Esa es la esencia del cambio, reconocer y asumir la responsabilidad de lo ocurrido, no solo en Bojayá sino en todos los hechos del conflicto (…) entendemos además que hay otras responsabilidades aquí en juego y que se deben hacer  otros reconocimientos por parte de los paramilitares y también por parte del estado que tenemos que venir aquí a explicar por qué esta comunidad se encontraba en ese grado de desprotección”.

Después de este acto, que no tuvo presencia de medios de comunicación, pues querían dedicarlo de manera solemne a las víctimas, en rueda de prensa Delmiro, Leyner y Delis Palacios- representantes del Comité de Víctimas de Bojayá- catalogaron el encuentro como un avance hacia la verdad y la reconciliación, sin embargo pidieron nuevamente que se apliquen el conjunto de medidas de reparación del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica “Bojayá: la guerra sin límites”; exigencias que fueron manifestadas desde 2010 y que según los representantes, aún no reciben respuestas concretas ni eficaces.

Entre éstas se destacan la identificación de los restos de las víctimas que fallecieron entre el 21 de abril y el 2 de mayo de 2002 -días de combates previos a la masacre- y la construcción de un panteón propio para su sepultura. Lugar que igualmente será una expresión de construcción de memoria.

También pidieron la atención médica y rehabilitación para los 110 lesionados sobrevivientes de la masacre. “Esas heridas sin sanar nos recuerdan todos los días lo que vivimos el 2 de mayo” expresó Leyner Palacios.

En clave de memoria pidieron establecer en Bellavista Viejo, donde aún permanece la capilla y las casas misioneras, un centro regional de memoria de las víctimas, para que se convierta en un escenario de reflexión, formación y divulgación de los hechos que contribuya a la construcción de una paz firme y duradera.

Además, exigieron que el reconocimiento de responsabilidades no se quede sólo en este acto público, pues debe ser acompañado de un acto de contrición por todas las vidas, sueños y esperanzas que no se han podido construir por causa del conflicto armado.

Lea aquí el comunicado completo

En el punto de justicia, Leyner Palacios manifestó “en materia de justicia Colombia tiene una institucionalidad que se encarga de ello, sin embargo, cuando en nuestro país se habla de justicia solo se piensa en la cárcel, los pueblos indígenas y afrocolombianos podemos aportar otro tipo de justicia que apunte más a la resocialización y la reconciliación”. 

Finalmente, el Comité de los Derechos de las Víctimas de Bojayá solicitó al Gobierno crear una comisión, presidida por el Ministerio del Interior y que cuente con el acompañamiento de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, para cumplir estas exigencias y que hechos como los del 2 de mayo nunca vuelvan a suceder.

 


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Yo estuve en… El acto de reconocimiento de las Farc ante víctimas de Bojayá

Yo estuve en… El acto de reconocimiento de las Farc ante víctimas de Bojayá

Autor

Gonzalo Sánchez

Fotografía

elespectador.com

Publicado

28 Dic 2015


Yo estuve en… El acto de reconocimiento de las Farc ante víctimas de Bojayá

Gonzalo Sánchez fue uno de los pocos invitados a la ceremonia en la que el jefe guerrillero “Pastor Alape” se disculpó con los habitantes del pueblo chocoano por el cilindro bomba que acabó con la vida de 79 personas, en mayo de 2002.


Texto publicado en elespectador.com

El acuerdo sobre víctimas del Gobierno y las Farc, revelado el 15 de diciembre en La Habana, Cuba, deja ver no sólo que la paz está más cerca, sino también que las víctimas han logrado con su reclamo tener un lugar central dentro del proceso de paz en Colombia, y sobre todo que las negociaciones mismas han transformado a los protagonistas de la mesa.

Pero dicho consenso en torno al tema de las víctimas tiene su antesala en Bojayá, Chocó. En el antiguo pueblo de Bellavista, a orillas del río Atrato.

En Bellavista viejo, el 6 de diciembre, domingo, a un costado de la iglesia, bajo el sol y en sillas plásticas blancas, se ubicaron más de 600 víctimas de frente a una delegación de las Farc. Esperaban escuchar el reconocimiento de un crimen que los marcó para siempre, entre miradas fijas, con lágrimas algunos y en medio de la solemnidad, todos, observaban a la insurgencia dar la cara. Las víctimas habían ido a La Habana, ahora La Habana venía a las víctimas.

Las víctimas fueron llegando en lanchas a Bellavista, que hoy está prácticamente deshabitado, luego de que en 2002 las Farc lanzaran dos pipetas de gas en contra de los paramilitares que utilizaron a la población como escudo. Las pipetas, un arma prohibida y de difícil dirección, cayeron dentro de la iglesia, en la cual murieron aproximadamente 79 personas civiles y 100 más resultaron heridas. Los familiares de las personas muertas y los heridos fueron recuperándose poco a poco, con el transcurrir de los años.

Bojayá puso al descubierto todas las perversiones de la guerra. Mostró hasta dónde la confrontación invocada en defensa de las comunidades terminaba haciéndoles daño, destruyéndolas, provocándoles muerte, dolor, crueldad y desesperanza. Y precisamente todo el impacto de la guerra cayó sobre los más débiles: niños y ancianos. Con Bojayá, la guerra en Colombia se quedó sin argumentos.

Al mismo tiempo, Bojayá nos señaló que la masacre es una expresión de la violencia, pero no la única, y la violencia no se circunscribe sólo a una fecha, a un lugar o a unas víctimas. La responsabilidad por la masacre es distinta a la responsabilidad más general por la violencia en la región.

Desde el 18 de diciembre de 2014, luego de la primera visita de las víctimas de Bojayá a La Habana, ellas comenzaron un proceso y un trabajo de día a día basado en el reclamo de sus derechos, en la consulta a las comunidades de la región y en la posibilidad del perdón. De esta forma, desde Bojayá, nos ofrecieron a todos en Colombia una profunda lección de pedagogía social que potenció su significado en el contexto de las negociaciones.

La ceremonia del 6 de diciembre, con una obra de teatro juvenil y la voz de las víctimas, solemne y austera, enfrentó a la insurgencia a sus propias víctimas, y a las delegaciones de la comunidad afectada hasta hoy por la guerra, les permitió reclamar en su territorio explícitamente: nunca más aquí. La escena, en síntesis, permitió ver frente a frente el disminuido poder de un guerrero y el poder moral de una víctima.

Bojayá es un hito en la construcción de paz. Las víctimas lograron una aceptación de responsabilidad por parte de los perpetradores y en su propio pueblo, en el lugar del oprobio, las víctimas prepararon el escenario largamente. Con sentido de proceso, no de coyuntura. Con sentido de reconciliación, no de retaliación.

El modo como se estructuró y formalizó el encuentro del 6 de diciembre envió un mensaje profundo para los próximos actos de reconocimiento de responsabilidades que la territorialización de la convivencia seguirá demandando.

La comunidad de Bojayá les enseñó al país y a este proceso de paz que las tareas son de larga duración, en su gestación y en su continuidad. Que en actos de esta naturaleza no sólo la insurgencia (en este caso), o quien sea en otros, debe responder a las exigencias de las víctimas, sino que la reparación y la reconciliación sólo son posibles si hay respuesta efectiva a dichas exigencias, y no instrumentalización de sus expectativas.

Las víctimas de Bojayá nos mostraron lo que significa construir tejido de garantías para las comunidades y proyectaron tareas y exigencias concretas al Estado, a la insurgencia y a la sociedad.

Las víctimas nos están enseñando, y nos dicen hoy, después de Bojayá y del acuerdo de La Habana: la reconciliación es un acto que debe comprometer a todos para que la paz sea un proceso sin retorno.

Director del Centro Nacional de Memoria Histórica

 


Bojayá, Farc, Paz, Víctimas

Bojayá planea su memoria

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

Cesar Romero para el CNMH

Publicado

27 Jul 2015


Bojayá planea su memoria

Al momento de construir una casa se hace indispensable seguir tres procesos: la planeación, ejecución y acabados. Por lo general, el éxito o fracaso de un espacio, sin importar su función, depende de cuanto tiempo se invierte en la planeación del proyecto.

En esta etapa se escoge el lugar en donde se construirá, se buscan referentes que ayuden a delimitar un estilo arquitectónico, se realiza todo lo concerniente a la planimetría y por último se hacen los presupuestos en donde se estima cuánto tiempo y dinero se invertirá para lograr finiquitar la obra.

Algunos representantes de la comunidad del Medio Atrato, se reunieron en Bogotá con el equipo de enfoque étnico del Centro Nacional de Memoria Histórica durante cuatro días para realizar el balance y reflexión de la conmemoración de la masacre de Bojayá de este año y la proyección de la misma para el 2016. Además, se trabajó sobre la intención de construir un espacio en donde se dignifiquen las memorias de las víctimas mortales y de los sobrevivientes de la masacre que tuvo lugar el 2 de mayo del 2002. Para esta construcción la comunidad decidió planear muy detalladamente cada aspecto de la iniciativa, por esta razón decidieron emprender una serie de visitas a lugares de memoria del país, buscando nociones, estilos y formas de narrar la memoria.

En Bogotá arrancaron con la visita al Museo Nacional de Colombia, a su sala Memoria y nación, en donde fueron recibidos por una guía que explicó cada pieza y su función en la construcción de la realidad nacional. Una de las piezas que más llamó la atención de los presentes fue un tejido en donde se narra la masacre de Mampuján. La idea fue tan bien recibida que Rosa Palomeque garantizó que se llevaría a cabo ya que “en Bojayá tejemos los nombres pero no la historia. Es una idea que vamos a trabajar”.

Posteriormente, el grupo se dirigió al Cementerio Central de Bogotá, en donde fueron recibidos por María José Pizarro, coordinadora de la estrategia de participación de víctimas del CNMH, quien dio un recorrido mostrando las tumbas de varias personalidades nacionales y explicando el proceso que tuvo que llevar a cabo para la reconstrucción de la tumba de su padre. En este espacio José Valencia, quien hace parte de Bojayá Stereo, resaltó la importancia de pensarse los materiales en los cuales se piensa construir el sitio de memoria, con el fin de garantizar que el tiempo no desmejore el proyecto.

Finalmente el recorrido terminó en el Eje de la Memoria de Bogotá, específicamente en el graffiti de Jaime Garzón, en donde se discutió la importancia de pensar la intervención del espacio y la participación de los jóvenes. Por ahora el proyecto de un lugar de la memoria en Bojayá se encuentra en etapa de planeación, y con el fin de estructurar de la mejor manera el proyecto los representantes de esta comunidad realizarán una serie de visitas a otras iniciativas de memoria en todo el país para nutrirse de ideas y lograr consolidar un espacio que no deje a Bojayá en el olvido sino que la reivindique y muestre todos sus procesos de resistencia a través del tiempo.

 


Bojayá, Masacre, Memoria Histórica

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