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Colectivo La Chinita

Comunidad de La Chinita hace memoria y clama por la paz

Exilio: la memoria, un regreso a casa.

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CNMH

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CNMH

Publicado

23 julio 2020


Comunidad de La Chinita hace memoria y clama por la paz

  • El próximo domingo 26 de julio se lanzará: “En La Chinita cantamos por la memoria y la paz”.
  • En esta iniciativa de memoria, familiares y amigos de algunas de las 35 víctimas de la masacre de La Chinita, así como sobrevivientes del hecho, perpetrado por integrantes del V Frente de las Farc-ep en esa comunidad de Apartadó, Urabá antioqueño, en 1994, rescatan a través de la música de su región los momentos festivos de la comunidad, que fueron frustrados por la acción violenta.
  • El lanzamiento incluirá el estreno de un videoclip y una canción con la que quieren dignificar el nombre de sus seres queridos y hacer un llamado a la paz; el bullerengue sentao “En La Chinita cantamos por la memoria y la paz”.

Luego de 26 años, la comunidad de La Chinita podrá concluir la celebración que guerrilleros del V Frente de las Farc interrumpieron cuando entraron al poblado, en el municipio de Apartadó, Urabá antioqueño, para asesinar a 35 personas y dejar otras 17 heridas. La fiesta continuará, y así quedó registrado en una Iniciativa de Memoria de la que hace parte una canción y un videoclip realizado en un trabajo conjunto entre funcionarios y contratistas del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y el Colectivo La Chinita.

Este producto de memoria, que será presentado a la opinión pública en el Facebook del CNMH este domingo 26 de julio desde las 2:00 p.m., en un conversatorio que tendrá como protagonistas a sobrevivientes de la masacre, así como amigos y familiares de las víctimas, empezó a ser construido en 2019, con la interacción del Colectivo La Chinita, en el barrio Obrero y la Estrategia de Apoyo a Iniciativas de Memoria Histórica del CNMH, para fortalecer sus ejercicios de memoria y explorar los lenguajes con los que se querían representar y narrar sus recuerdos y su proceso de recuperación.

Durante las actividades, las integrantes del Colectivo se pusieron de acuerdo en volver al pasado y representarlo en una canción, el bullerengue sentao, “En La Chinita cantamos por la memoria y la paz” acompañado de un videoclip y un librillo en el que la letra y la música hacen referencia a los hechos dolorosos, pero también, a la esperanza y la solidaridad.

“La canción fue pensada por nosotros, la letra es nuestra. Para mí, la importancia de estas iniciativas de memoria es que uno ve el avance que va teniendo como persona, como colectivo. Esa memoria es recordar, vemos el avance que hemos tenido. Recordar el pasado mirando siempre el futuro”, cuenta Silvia Berrocal, integrante del Colectivo La Chinita.

Valga destacar que el video fue rodado en La Calle de la Esperanza, espacio que ha sido resignificado y que hoy día es sinónimo de resiliencia y construcción de paz para la comunidad.

Les invitamos a una jornada en la que nos acompañarán Silvia Irene Berrocal García, Claribel Cuello Banda y Luz Marina Mosquera Arroyo, integrantes del Colectivo La Chinita, y el grupo de bullerengue Alma Negra, quienes nos contarán cómo surgió el Colectivo y la iniciativa de memoria y nos interpretarán algunas canciones del folclor colombiano, especialmente de la región de Urabá.

La transmisión podrá verse a través de Facebook live en el perfil del Centro Nacional de Memoria Histórica el domingo 26 de julio a las 2:00 p.m,Podrán seguir toda la campaña de lanzamiento por medio de los hashtags #TerritoriosyMemorias y #LaChinita ¡Les esperamos!

Antecedentes históricos de violencia

Urabá ha sido uno de los escenarios del conflicto armado interno que ha azotado a Colombia en las últimas seis décadas. La agroindustria bananera, la ganadería y su ubicación estratégica cercanas al mar Caribe y bañadas por las aguas del río Atrato, son las razones que explican la presencia de diversos grupos armados y sus enfrentamientos por el control de este territorio. Según la publicación del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) Una nación desplazada: informe nacional del desplazamiento forzado en Colombia, entre 1989 y 1996, se registró en Urabá la más alta tasa de población desplazada con 167.178 personas: “los municipios que registraron mayores niveles de expulsión fueron Turbo (38.136), Necoclí (17.787), Tierralta (9.998), Apartadó (9.890) y Arboletes (9.761)”.

A partir de 1994 la violencia en el territorio asumió un carácter más aterrador. Datos del informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad afirman que en menos de cinco años se presentaron 52 masacres, entre estas la de La Chinita, la madrugada del 23 de enero de 1994, donde murieron 35 personas, entre los cuales se encontraban tres menores de edad, mientras departían en un evento masivo y festivo organizado por la comunidad. Esto provocó desplazamientos forzados y homicidios selectivos en toda la región.

Durante varios años la justicia no pudo determinar el autor intelectual y material de la masacre, pero poco a poco se estableció que miembros del V frente de las Farc fueron los directos responsables del ataque a la población civil que se encontraba en dicho poblado.

Solo en el año 2016, durante la firma del Acuerdo de Paz, algunos integrantes de la cúpula de las Farc hicieron presencia en el Barrio Obrero-La Chinita para pedir perdón por este hecho a los familiares y sobrevivientes de la masacre. Esto animó al Colectivo La Chinita en el propósito de recuperar y divulgar las memorias sobre su proceso comunitario, sus familias, la construcción de paz territorial y el diálogo intergeneracional con los niños, niñas y adolescentes de sus comunidades.

En el contexto de confrontaciones bélicas, negociaciones de paz y reconciliación, el CNMH, desde sus diferentes estrategias y equipos, ha acompañado diferentes acciones e iniciativas de memoria de los grupos y organizaciones de víctimas, de los cuales resaltamos a Urabá como un territorio de memorias. Desde el 2014 la Estrategia de Apoyo a Iniciativas de Memoria Histórica ha identificado, registrado y acompañado diferentes procesos  en once comunidades usando lenguajes expresivos que van desde prácticas artísticas y culturales hasta procesos pedagógicos de memoria.


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Tras 18 años de la masacre de Bojayá, nuestro compromiso no acaba

Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

1 mayo 2020


Tras 18 años de la masacre de Bojayá, nuestro compromiso no acaba

  • El Centro Nacional de Memoria Histórica acompañará este sábado 2 de mayo los actos programados por la comunidad de Bojayá en conmemoración de la masacre ocurrida hace 18 años en la iglesia de Bellavista.
  • Líderes de víctimas de la comunidad y del CNMH participarán del conversatorio y presentación del documental “Renacientes”, elaborado durante el proceso de reparación simbólica.

El Centro Nacional de Memoria Histórica —CNMH— reafirma su compromiso con el fortalecimiento del espíritu resiliente de la comunidad de Bojayá mediante el recuerdo del daño provocado por el conflicto armado. Cuando se cumplen 18 años de la masacre cometida por la guerrilla de las Farc, que acabó la vida de por lo menos un centenar de sus habitantes, el pueblo persiste en el renacer de la vida y los reclamos de paz, dignidad y no repetición.

Este sábado 2 de mayo, tendremos el conversatorio Acompañando el renacer de Bojayá, que se realizará a las 2:00 p.m. a través del Facebook del CNMH. El proceso de reparación simbólica, la afectación de la violencia, la resiliencia y la vida en la región del Medio Atrato son temas para este diálogo en el que participarán líderes de la comunidad y nuestro equipo de Enfoque Diferencial Étnico. En este espacio virtual se presentará el documental Renacientes, una producción audiovisual que recoge imágenes y testimonios del proceso de reparación en que se han vinculado la entidad y los habitantes de Bojayá, y narra el encuentro de varias generaciones para hacer memoria, resistir y construir paz defendiendo el territorio.

A las 9:00 a.m., a través nuestra cuenta de Facebook, habrá una rueda de prensa que ofrecerán el director de la Unidad de Víctimas, Ramón Rodríguez; el director del CNMH, Darío Acevedo, y un representante del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá sobre las acciones del Gobierno Nacional para garantizar la reparación integral de la comunidad.

Igualmente, acompañaremos los actos conmemorativos programados por la comunidad. En medio de la emergencia sanitaria por el covid-19, Bojayá llevará al mausoleo de las víctimas una oración, sus tradicionales alabaos y una ofrenda. También se celebrará una eucaristía desde el antiguo Bellavista. El CNMH se enlazará con la transmisión en vivo de estos momentos de la conmemoración, que el Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá compartirá a través de la cuenta de Facebook de la emisora local Bojayá Estéreo, a las 8:00 a.m. y 10:00 a.m.

Colombia no puede olvidar el 2 de mayo de 2002: a las 10:15 a.m., guerrilleros de las Farc dispararon un cilindro bomba contra la iglesia San Pablo Apóstol, en el antiguo Bellavista, cabecera de Bojayá, donde se refugiaban alrededor de 300 personas por los enfrentamientos que libraban desde el 20 de abril el Frente José María Córdova de la guerrilla y el comando paramilitar del Bloque Élmer Cárdenas. La presión de la guerrilla por deshacerse de los cadáveres antes de la llegada de medios de comunicación y autoridades y la violencia continuada en el territorio no permitieron la despedida y el duelo de acuerdo a sus tradiciones religiosas.

“Si se piensa en la magnitud de los eventos en términos de muertos, heridos y desplazados, frente al tamaño de la población, se puede decir que los daños ocasionados por la masacre fueron catastróficos. Toda familia quedó de alguna manera en duelo, todas las familias tuvieron que participar en la búsqueda y el conteo de sus víctimas”, señala el informe Bojayá. La guerra sin límites, publicado en 2010 por el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.

El CNMH acompañó desde 2017 las diligencias de identificación e individualización de las víctimas, a cargo de la Fiscalía General de la Nación y el Instituto de Medicina Legal, que fueron parte de los acuerdos de La Habana, luego de que la guerrilla de las Farc reconociera su responsabilidad en la masacre. Nuestro equipo de Enfoque Étnico aportó para consolidar la metodología de encuentros familiares a través de un grupo de memoria local, junto al Comité por los Derechos de las Víctimas, gestores de memoria y el equipo local de Comunicaciones.

El trabajo permitió reconstruir con relatos los roles de vida y el árbol de cada familia, buscando dignificar y hacer homenaje a las víctimas. Se elaboraron 40 álbumes familiares que fueron entregados en el acto de despedida espiritual e inhumación Bojayá honra a los sagrados espíritus, que se cumplió el 17 de noviembre de 2019, y se convirtieron en un modo para sanar el dolor y un tesoro íntimo y privado que representa el recuerdo de sus familiares muertos en la masacre.

Así mismo, respondiendo a las solicitudes de la comunidad y a los compromisos asumidos durante el proceso de acompañamiento, se realizó un mural en homenaje a los niños y niñas fallecidos en la masacre y se reconstruyó otro mural de memoria muy significativo para la población, elaborado en 2004 en la escuela del antiguo Bellavista. Ambos murales fueron realizados en un intercambio de saberes del que participaron niños y niñas, gestores locales, alabadoras y sabedoras de Bellavista y el corregimiento de Pogue.

El acompañamiento para la reparación simbólica en Bojayá inició en 2009, cuando el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (que pasó a ser parte del CNMH con la Ley 1448 de 2011 —ley de víctimas—), produjo el informe Bojayá. La guerra sin límites, que precisó la magnitud de los daños que el conflicto ha provocado a las comunidades afro e indígenas del Medio Atrato.

El Enfoque Diferencial Étnico del CNMH ha promovido el fortalecimiento del grupo de cantadoras del Consejo Comunitario de Pogue, proceso que derivó en la producción, publicación y divulgación de la cartilla Pogue: un pueblo, una familia, un río, del cancionero El oficio de cantar memoria y el documental Las musas de Pogue, en alianzas con la Corporación Pasolini de Medellín, la Universidad de Columbia y la Organización Internacional para las Migraciones. El trabajo con la comunidad ha servido además para comprender el significado de los procesos mortuorios, afectados por la violencia y la mala muerte que representa para ellos el crimen del 2 de mayo de 2002.


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Bojayá, Conversatorio, Director CNMH, Masacre, Unidad de Víctimas, Víctimas

“Voces de Mayores”

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

Harold García

Publicado

25 Oct 2014


“Voces de Mayores”

La línea del tiempo que recorre las memorias de los adultos mayores de 60 años en Colombia, se ve transitada por relatos de violencias como la masacre de las bananeras, la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, el exterminio de la Unión Patriótica, las tomas guerrilleras, el nacimiento del paramilitarismo, y muchas más. Se han hecho viejos en la guerra.


Ellos son los mejores portavoces para recoger, a través de sus experiencias los aprendizajes y reflexiones que han logrado sobre temas como la reparación, la reconciliación, la paz y el posconflicto.

Es así como nace “Voces de Mayores”, un espacio de participación y reconstrucción de memoria histórica con líderes y lideresas de distintos sectores, movimientos sociales, comunidades y procesos de víctimas de la tercera edad liderado por el CNMH. El pasado 21 de octubre se realizó el primero de tres encuentros que continuarán el 4 y 18 de noviembre.  

Entre los asistentes invitados en esta primera sesión se destacan Fabiola Lalinde, líder contra la desaparición forzada; María Tila Uribe, educadora y defensora de los derechos de las personas mayores; Rodrigo Callejas, periodista amenazado por diferentes grupos al margen de la ley; entre otros, quienes hablaron sobre cómo la violencia de más de medio siglo ha afectado sus vidas.

“Tenemos la vivencia histórica de un país en conflicto, algunos dicen tener el conocimiento de hace más de 60 años, de vivirlo en carne propia, de conocer a fondo la historia de cada una de las regiones, de masacres, de lucha, de sufrimiento, de una violencia que por décadas ha sufrido este país”, aseguró Rodrigo Callejas. 

Para la Fundación Saldarriaga Concha en su informe “Las personas mayores en la construcción de paz” manifiesta que “…éstas –las personas mayores- pueden tener un rol central en los procesos de construcción de paz y retorno. Su experiencia y conocimiento pueden ser decisivos en el proceso de identificación de las necesidades y la toma de decisiones para la formulación de los planes de contingencia y el fortalecimiento de los grupos más vulnerables”, y es que actualmente existen 649.103 personas mayores de 60 años víctimas del conflicto armado, quienes representan el 9% de las víctimas, según la Red Nacional de Información (RNI).

“Reconocemos que se quedan varias personas adultas por fuera, pero invitamos líderes y lideresas para que hablen no solo por sus trayectorias personales sino también por sus comunidades y organizaciones”, declara Nayibe Sánchez coordinadora del  Enfoque diferencial de discapacidad y personas mayores del Centro Nacional de Memoria Histórica, al referirse a los asistentes del evento.

Al final de estos encuentros saldrá un documento que se espera pueda ser útil a las nuevas generaciones y en los procesos para la superación del conflicto.

Próximas sesiones:

4 de noviembre en el CNMH en Bogotá

18 de noviembre en el CNMH en Bogotá

 


Adulto Mayor, Bananeras, Masacre, Voces

En inminente peligro de exterminio se encuentran las familias desplazadas de la masacre de Tortugaña, Telembí.

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Comunicado de las Autoridades Indígenas – Zona Telembí

Fotografía

Resguardo Indígena Tortugaña – Telemb/span>

Publicado

23 Dic 2014


En inminente peligro de exterminio se encuentran las familias desplazadas de la masacre de Tortugaña, Telembí.

Durante este año hemos venido denunciando en diferentes espacios la persecución que vienen sufriendo nuestros hermanos y hermanas Awá que se encuentran en situación de desplazamiento debido a la masacre ocurrida en febrero del año 2009, estas familias se encuentran dispersas en diferentes municipios de Nariño y Putumayo, su condición de vulnerabilidad no ha mejorado con el pasar de los años.

Alertamos a la comunidad Nacional e Internacional, sobre los preocupantes hechos de los cuales vienen siendo víctimas las familias Awá asentadas en el predio “los Telembies” corregimiento de Buenavista Municipio de Barbacoas:

El pasado 21 de diciembre siendo las 12 del medio día dos jóvenes Awá uno de 17 años y otro de 15 años de edad (reservamos la identidad de nuestros hermanos por la delicada situación que se viene viviendo en el territorio) quienes se encontraban recogiendo leña a orillas de la quebrada amarilla ubicada en el camino que conduce al centro educativo “Los Telembies”, fueron interceptados por dos hombres armados los cuales se encontraban vestidos de civil y portaban radio de comunicaciones; sin mediar palabras y desconociendo las razones por las cuales se encontraban ahí, intimidaron de manera violenta a nuestros dos hermanos; uno de ellos fue atado de las manos y conducido a un árbol cercano donde lo amarraron, solicitándole información sobre las familias Awá que se encuentran viviendo en nuestro Predio; al otro Joven Awá se lo llevaron contra su voluntad a un lugar cercano donde le dijeron que tenían una lista de personas del resguardo Tortugaña Telembí que andaban buscando.

Debido este hecho se informó a efectivos del ejército nacional que se encuentran ubicados en la base militar del corregimiento de Buenavista, quienes respondieron que ellos no podían atender a nuestro llamado debido a que no era de su competencia.

Sumado a lo anterior el día 18 de diciembre cuando se estaba concluyendo la II asamblea de la zona Telembí en el Centro Educativo “Los Telembies”, dos hombres desconocidos que portaban armas cortas y radios de comunicación, ingresaron al lugar del evento, la guardia indígena se percató de la presencia de estos hombres y les preguntaron que andaban buscando, ellos respondieron que se habían perdido del camino, lo que nos parece extraño es que estas personas hayan llegado a un predio que se encuentra cerca de la población de Buenavista donde todas las personas sabían que se encontraban en una asamblea dentro de un predio Indígena.

El corregimiento de Buenavista se ha convertido en un lugar estratégico para los intereses de los grupos armados legales e ilegales, quienes sienten incomoda nuestra presencia, lo que ha significado continuas amenazas, estancando deferentes procesos que vienen desarrollando los resguardos indígenas Awá pertenecientes a la Zona Telembí, además restringiendo la libre movilidad y generando control territorial sobre nuestro katsa Su (territorio).

Cabe recordar que estos hechos no son aislados como lo sucedido en el mes de mayo con el asesinato de nuestro hermano Cristian Delgado, lo que genero posteriormente el desplazamiento de 11 familias que hasta el momento se encuentran hacinadas en la casa cultural Lisandro Nastacuas.

Advertimos el peligro inminente que se encuentran nuestras familias víctimas del conflicto armado, vivimos en plena zozobra y miedo por las acciones que puedan ocurrir a manos de estos grupos armados, instamos al gobierno nacional, departamental y municipal, que asuman su responsabilidad constitucional la cual debe permitir salvaguardar nuestra integridad física, psicológica y espiritual que como pueblo indígena Awá tenemos derecho.

 


Desplazados, Exterminio Social, Familiares, Masacre, Tortugaña Telembí

UNESCO premia la resistencia de Trujillo

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CNMH

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CNMH

Publicado

10 Feb 2015


UNESCO premia la resistencia de Trujillo

En el día de hoy, 10 de febrero de 2014, Saadia Sánchez Vegas, representante para Colombia de la Unesco, entregará a Gonzalo Sánchez, director del CNMH, el certificado de inscripción del libro ‘Tiberio vive hoy: testimonios de la vida de un mártir’ al Registro de Memoria del Mundo de la Unesco. El evento se realizará hoy a las 4:00 p.m. en la sede 1 del Centro Nacional de Memoria Histórica (Carrera 6 N° 35-29 Barrio La Merced) y contará con la presencia de representantes de la Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo. 

Este reconocimiento pone esta publicación al lado de importantes documentos como el diario de Ana Frank y reconoce la importancia de esta publicación como símbolo de la memoria colectiva de la humanidad. 

“’Tiberio vive hoy: testimonios de la vida de un mártir’, representa un documento de extraordinario valor histórico y documental que recoge las memorias de sufrimiento de familiares de las víctimas de Trujillo”, dice el Programa Memoria del Mundo.

El libro fue postulado para este reconocimiento por el Archivo de los DDHH del CNMH. La publicación fue construida manualmente por los habitantes del municipio de Trujillo, Valle del Cauca-Colombia, víctimas de lo que se conoció como la ‘Masacre de Trujillo’. Esta consistió en una serie de desapariciones forzadas, torturas, detenciones arbitrarias y homicidios que fueron perpetrados por una alianza temporal entre narcotraficantes, paramilitares y agentes del Estado entre 1986 y 1994. 

La víctima más emblemática de esta masacre fue el sacerdote y activista por los Derechos Humanos Tiberio Fernández Mafla, quien fue desaparecido el 17 de abril de 1990 y cuyo cuerpo fue encontrado, mutilado, días después en el río Cauca. 

El reconocimiento llega en momentos en que la Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo (Afavit) atraviesa una difícil situación de seguridad, pues varios de sus integrantes han tenido que solicitar esquemas de seguridad por parte del Estado debido a las constantes amenazas de las que son objeto.

 


Masacre, Resistencia, Trujillo, Unesco

Una masacre selectiva en Ungía

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Autor

CNMH

Fotografía

www.unguia-choco.gov.co/

Publicado

28 Feb 2015


Una masacre selectiva en Ungía

EL 27 DE FEBRERO DE 1990 FUERON ASESINADOS 6 MIEMBROS DE LA UNIÓN PATRIÓTICA EN EL MUNICIPIO DE UNGUÍA, CHOCÓ.


Para los habitantes de Unguía, también conocido como “La puerta del Darién” por ubicarse en el Urabá chocoano, ya era casi usual oír sobre las masacres que los hermanos Castaño (Fidel, Vicente y Carlos) estaban cometiendo contra miembros de la Unión Patriótica en la zona. Un mes antes, los mismos paramilitares habían desaparecido a ocho campesinos en el pueblo y un día antes la alcaldesa de Apartadó, Diana Estela Cardona, había sido asesinada. Además, muchos líderes de la UP habían sido víctimas de toda clase de atentados. El aire que respiraba la comunidad olía a miedo.

Para entonces, la Alcaldía del municipio era ocupada por el conservador Mario Ferley Medina, quien resultó electo en el marco de una coalición entre la Unión Patriótica y el Partido Conservador. Aunque el balance de su candidatura fue bueno, la UP, liderada en la región por Mauricio Ramírez González, decidió presentar a las próximas elecciones una candidatura propia del partido y postuló a Arnoldo López Cano para el periodo 1990 – 1992.

“(…) antes del 88 no había elección popular de alcaldes. Los alcaldes eran nombrados desde las gobernaciones y las gobernaciones eran nombradas por el presidente, por lo que las relaciones de clientela generaban un poder político local particular. En el momento en que se va por la descentralización y por la elección popular de alcaldes, se presentó un problema porque empezó a haber una competencia por los votos. Ya el resultado no dependía de qué tan lubricada estaba la clientela interna del partido. Y si a eso se le suma que en ese momento entró la UP, los intereses político  electorales se dispararon de tal manera que sucedió a escala nacional una ola de violencia en la que se incluyó el genocidio contra la UP”, cuenta Vladimir Melo, miembro del equipo de investigación del proyecto sobre el genocidio de la UP que adelanta el CNMH en convenio con la Corporación Reiniciar.

Para los miembros de la UP de Unguía las cosas no serían diferentes. El 27 de febrero de 1990, a pocos días de las próximas elecciones, Mauricio Ramírez se encontraba reunido con otros 5 miembros del partido en el parque principal del municipio. Sin previo aviso, un grupo de paramilitares irrumpió en el lugar y, bajo las órdenes de Fidel Castaño, los asesinaron con armas de largo alcance. El hecho ocurrió a pocos metros de la estación de policía, pero ninguno de los perpetradores fue perseguido o capturado.

A pesar de lo ocurrido, la Unión Patriótica participó en las elecciones y perdió por pocos votos ante la candidata del Partido Liberal, Luz Londoño. La mayoría de los electores que estaban a favor de la UP no salieron a votar por temor a represalias.

“Todas las masacres del 88 contra la Unión Patriótica, incluida la de Unguía, están totalmente relacionadas con la dinámica electoral. Con esta masacre lo que se evita es que la UP consiga la alcaldía”, afirma Vladimir.

Hoy, 25 años después, recordamos a las víctimas de esta masacre: Mauricio Ramírez González, Camilo Arturo Botero Rodríguez, Nohora Ruiz Flórez, Francisco Atencio, Álvaro Prada y Omar Ruiz.  

Pero los hechos violentos en la región estaban lejos de terminar allí. El Tapón del Darién se convirtió en territorio de disputa entre guerrillas y paramilitares, y su presencia desembocó en otras masacres en Unguía y Riosucio. Debido a ello, la zona empezó a ser afectada por una crisis humanitaria de graves proporciones (desplazamientos, masacres, homicidios…).

Según datos que ha logrado reunir el proyecto sobre la UP que adelanta el CNMH en convenio con la Corporación Reiniciar, se cometieron 19 masacres en el Urabá entre los años 1987 y 1997.

Los habitantes del Urabá han tenido que aprender a sobrevivir en medio de un conflicto que ha insistido en instalarse en sus vidas cotidianas.

El aire que antes olía a miedo, sabe hoy a cotidianidad y desasosiego.

 


Asesinato, Chocó, Masacre, Ungia, unión patriótica

Hace 15 años no murió El Salado

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Autor

CNMH

Fotografía

Javier Sule

Publicado

05 Mar 2015


Hace 15 años no murió El Salado

El 18 de febrero los saladeros conmemoraron 15 años de una masacre paramilitar que el pueblo jamás olvidará.


Es la mañana del 16 de febrero de 2000 y un grupo de paramilitares, comandados por alias “Amaury”,  instala un retén en la vía que conduce del Carmen de Bolívar a El Salado. Un vehículo que se acerca a poca velocidad es detenido por los hombres armados para interrogar a los tripulantes. Los hacen bajar, dando inicio a su carnaval de sangre y muerte.  

“¡Ella es guerrillera!”,  acusa alias “Nicolás”, el segundo al mando del grupo antiguerrillero “¡Mátenla!”, sentencia.

A empujones e insultos apartan hacia el borde de la carretera a Edith Cárdenas Ponce y allí arremeten contra ella a puñaladas. Luego asesinan a Carlos Eduardo Díaz Ortega, otro de los pasajeros. Quedan dos personas con vida, temblando y llenas de angustia.  Las dejan escapar y corren sin mirar atrás hasta el Carmen de Bolívar donde cuentan lo que está sucediendo.

Todo estos detalles pudieron reconstruirse gracias a la investigación del Grupo de Memoria Histórica, antecesor del Centro de Memoria Histórica “El Salado. Esa guerra no era nuestra”, publicada en 2009.

El grupo de la muerte continúa su recorrido. Se encuentra con un carro que sale de una trocha: “¿Son ustedes guerrilleros?”, preguntan. “Sí”, responden los dos hombres que venían en el automóvil, confundiendo a los paramilitares con guerrilleros. Los rodean de inmediato para asesinarlos.

Simultáneamente, en esa madrugada del 16 de febrero, en el corregimiento de Canutalito, del municipio de Ovejas, otro grupo paramilitar comandado por “El Tigre” instala otro retén donde detienen a Domingo Ezequiel Salcedo, que se transporta en un burro. Lo empiezan a interrogar cuando de repente uno de los “enmascarados” –exguerrilleros que ahora hacen parte de los paramilitares– lo reconoce como colaborador de las Farc, entonces lo obligan a cooperar con ellos a cambio de su vida. Llegan al casco urbano y reúnen a la población en la plaza principal. Llevan hasta allí a cinco hombres que habían sido detenidos minutos antes. –Venimos a hacer una limpieza de la guerrilla –anuncia el escuadrón de la muerte a todos los pobladores. Tres de los cinco hombres son degollados.

Conforme transcurre la incursión de los paramilitares hacia El Salado, desde Córdoba, otro grupo, comandado por “Cinco Siete”, ingresa por la vía a Zambrano, llevándose a su paso nuevas víctimas. Durante el primer día de la ruta de la muerte paramilitar las carreteras, poblados y veredas contaron 24 víctimas: 18 en el municipio de Ovejas, tres en El Carmen de Bolívar y tres en Córdoba, la mayoría degollados o apuñalados.

A la mañana siguiente, el grupo del paramilitar “Amaury” reinicia su recorrido hacia El Salado, pero es atacado durante una hora con cilindros de gas por parte de los guerrilleros del frente 37 de las Farc. Continúan avanzando y detienen a dos hombres que vienen en burro. Los interrogan y de inmediato son señalados por un guía como guerrilleros. Uno de ellos intenta atacar a los paramilitares, pero es asesinado; el otro, “Yiancarlo”, es capturado.

Mapa por Julio Cortés – CNMH.

18 de febrero: la masacre

Los paramilitares al mando de “Amaury” y “El Tigre” entran a El Salado, mientras los de “Cinco Siete” crean un cerco en los cerros. Empiezan a recorrer el pueblo pateando las puertas de las viviendas y obligan a los pobladores a salir y dirigirse hacia el parque principal. Acompañan su accionar criminal con insultos y gritos en los que acusan a los habitantes de ser guerrilleros.

“Bueno –dijeron los paramilitares– ahora vamos a hacer un sorteo. Aquí están todos los hombres: contemos del 1 al 30; primero del 1 al 10, y al que le toque el 10, no se va a salvar”.

Así empezó la ruleta de la muerte, con ese número que ninguno quería decir, pero que muchos tuvieron que pronunciar. Ese día asesinaron brutalmente a 28 saladeros: 17 fueron masacrados en la cancha, seis en las casas y cinco en los montes.

Sólo hasta ese 18 de febrero, dos días después de iniciada la incursión paramilitar, el comando de la Primera Brigada de Infantería de Marina ordenó el despliegue de tres unidades en la zona, los Bafim Nº 5, 31 y 33.

15 años después

Hace 15 años la cantidad de sangre que cubría el parque de El Salado hacía suponer que era el fin de esta comunidad anclada en los Montes de María. Con los asesinatos, el pueblo entero huyó, pero, pasados los años, empezaron a volver y, ahora, la mayoría ha retomado su vida allí, aunque no ha encontrado con una realidad fácil. “Se están presentando muchas necesidades y estamos buscando la oportunidad de transformarlas”, afirma la líder de la comunidad Neyda Narváez.

El Salado ha vivido los últimos años un proceso de cambio muy profundo que impactó fuertemente la manera como se vive el presente. Una masiva intervención externa del sector privado y público en solidaridad con las víctimas, trajo consigo un fuerte impacto en términos materiales, dotando los saladeros de infraestructura pública como un centro médico, una ambulancia, una casa de la cultura llamada Casa del Pueblo, un colegio y una instalación deportiva. Pero la vida no es fácil y construir una economía sostenible sigue siendo todo un desafío.      

El Salado no ha olvidado lo que sucedió hace 15 años. Por eso el pasado 18 de febrero el pueblo conmemoró los 15 años de la masacre con globos blancos, una caminata que reunió a cerca de 200 personas y una chocolatada nocturna en la que recordaron a sus seres queridos.

 
 


El Salado, Masacre, Memoria, Violencia

25 años de la desaparición del héroe de Trujillo

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

21 Abr 2015


25 años de la desaparición del héroe de Trujillo

Se conmemora el cruel asesinato del padre Tiberio Fernández Mafla, líder de la comunidad de Trujillo, Valle del Cauca. Un día infame que debería grabarse en la memoria de todos los colombianos.


El día del horror ocurrió el 17 de abril de hace 25 años. Ese día el padre Tiberio fue retenido junto a su sobrina Ana Isabel Giraldo y dos acompañantes más (José Norbey Galeano y Óscar Pulido Rozo), mientras venían de un entierro Tiberio fue llevado a la hacienda Villa Paola, propiedad del narcotraficante Henry Loaiza ‘el Alacrán’, y allí fue obligado a ver cómo violaban, le cercenaban los senos y asesinaban a su sobrina.

Después lo torturarían a él. Su cuerpo fue castrado, decapitado, mutilado y arrojado al río Cauca. El campesino que recogió sus restos también fue asesinado. Su crimen se convertiría en el clímax de lo que se llamó La masacre de Trujillo, que cobró más de 300 vidas entre 1988 y 1994.

El exceso y la sevicia que acompañó su muerte tenía como objetivo “humillar, hacer sufrir, prolongar la agonía o intimidar a los sobrevivientes, o a los posibles disidentes”,  según el informe ‘Trujillo, una tragedia que no cesa’, realizado por el anterior Grupo de Memoria Histórica (hoy Centro Nacional de Memoria Histórica).

En este informe también se relata que el asesinato impactó “no solamente el sentimiento religioso local sino nacional, como se evidenció, de una parte, en la concurrencia de sesenta sacerdotes provenientes de todo el país en las honras fúnebres, presididas por dos obispos de la región, y de otra, en la sanción canónica de excomunión a los asesinos, denominados como ‘verdugos del calvario’ en la homilía”.

Sin embargo, lejos de la intensión de sus asesinos, la muerte de este sacerdote no significó el olvido de su legado, sino que lo convirtió en mártir y una figura icónica sobre la que se ha cimentado la resistencia de las víctimas de Trujillo.

El ícono   

La imagen de Tiberio está presente en varios espacios de Trujillo. Desde 2003, sus restos reposan en el Parque Monumento que las víctimas construyeron con parte de la indemnización que recibieron del Estado colombiano por orden de  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Allí cuenta con un oratorio (ver foto), que es una especie de museo en donde se recogen algunos objetos que le pertenecieron y múltiples expresiones artísticas que ha inspirado su figura. Una de ellas es el cuadro ‘Cristo de Tiberio’, que muestra en una cruz el cuerpo mutilado y decapitado del religioso (ver foto), pintado por John Mario Molina, integrante de uno de los grupos juveniles que fundó Fernández y quien tuvo que exiliarse por amenazas.

Pero más allá del Parque Monumento, la presencia de Tiberio se extiende por otros lugares del municipio, como en el parque principal,  donde una calle lleva su nombre, y en varias cafeterías y panaderías donde se le recuerda con fotos y mensajes.

Todo el amor que este pueblo le profesa quedó materializado en el libro ‘Tiberio vive hoy,  testimonios de la vida de un mártir’ que fue escrito a mano por quienes lo conocieron y que el pasado mes de febrero fue reconocido como ‘Memoria del mundo’ por la Unesco.

Sin embargo, este no es el único texto que ha inspirado la vida de Tiberio. También se han publicado múltiples poemas, como el que le escribió su sobrino, el sacerdote Gerardo Fernández:


“Quisieron los violentos desaparecer un cuerpo

hacerle correr la suerte nefasta de otros cuerpos.

Quisieron que su piel, hecha para la caricia y para ser acariciada, no volviera a sentir…

¡No pudieron! Hoy sigue acariciando a través del viento impetuoso.

Y de la suave brisa, miles de metros de piel de aquellos que amó y por quienes se entregó.

Quisieron erradicar su intimidad

El lugar de donde brota la simiente.

¡No pudieron! Hoy sigue íntimo en quienes le amamos

Y su capacidad de engendrar reino de Dios, justicia, verdad, organización comunitaria, no fue cercenada.

¡Tiberio estás vivo! ¡Estás resucitado! ”


Así se construyó el héroe

Pero  más allá de la violencia que rodeó la muerte de este sacerdote, fue su vida la que inspiró a tantos artistas, religiosos, activistas y víctimas. En el libro ‘Tiberio vive hoy’ se puede conocer su biografía, llena de retos y de anécdotas que dejan ver un poco la personalidad de este sacerdote, nacido en 1943 en la vereda La Vigorosa, del municipio de Río Frío.

Y es que Tiberio era travieso y perezoso en su infancia, como lo relata Jesús Antonio Fernández, uno de sus sobrinos: 

“Recuerdo cuando mi papito Sinforoso lo mandaba a cortar caña, entonces Tiberio se le escondía en la cocina de mi mamá, entonces mi mamá le daba libros para que leyera y lo escondía en la cocina para que mi papá no lo encontrara”.

Jesús Antonio también lo recuerda con una vocación sacerdotal temprana pero que solo pudo concretar a los 34 años, debido a la pobreza de su familia:

“Él cogía la cartilla de La historia sagrada, se subía en un zapote y predicaba a sus hermanos y a los trabajadores. En medio de esa predicación, los hermanos lo bajaban del árbol a punta de pepas de zapote”.

En el libro también se relata sus comienzos en el Seminario de Palmira, y cómo tuvo que retirarse y volver a las labores de la finca familiar. Su formación en el cooperativismo, su trabajo como profesor del Instituto Campesino y su regreso ­–tras lograr el patrocinio necesario­– a los estudios sacerdotales. Se ordenó en La Ceja, Antioquia, estudió sociología y teología en la Universidad Javeriana de Bogotá y cooperativismo en Israel.

Como párroco de Trujillo, Tiberio empezó en 1985. Llegó con la idea de enseñarle a los trujillenses a dejar de depender de los grandes terratenientes, fundó un mercado los sábados para que los campesinos dejaran de ser estafados por los intermediarios. Su objetivo era transformar la economía del pueblo y por ello ayudó a montar 24 cooperativas que prestaban todo tipo de servicios a la comunidad.

Pero su trabajo coincidió con una alianza contrainsurgente entre narcotraficantes, paramilitares y miembros de la Fuerza Pública que operó en la región y que no vio con buenos ojos al sacerdote, que no solo invitaba a la gente a que se organizara económicamente, sino que los incitaba a reclamar sus derechos. Así lo recuerda Doris Osorio en el libro:

“No le gustaban las injusticias, él no quería pobres, quería que todos fuéramos iguales por eso trabajaba duro con todos los grupos que tenía organizados (…) En 1988 – 1989 se organizó una marcha campesina, en la que los campesinos reclamaban que las carreteras estuvieran en buen estado, las escuelas y mucho más. Esta marcha fue el principio de todo lo más monstruoso (…) Cuando empezaron a desaparecer la gente, él empezó a buscar ayuda y apoyo en las autoridades y todo era inútil”.

Esta dura historia, digna y de resistencia, se recordará el próximo 13 de junio en la peregrinación que la Asociación de familiares de víctimas de Trujillo, Afavit, va a hacer para seguir honrando a este sacerdote, quien 25 años después de su muerte, está más vivo que nunca.

 

 

Publicado en Noticias CNMH



Desaparición Forzada, Masacre, Trujillo

El legado de los ausentes en El Salado

El legado de los ausentes en El Salado

Autor

CNMH

Fotografía

Natalia Rey

Publicado

08 Ene 2016


El legado de los ausentes en El Salado

El libro “El legado de los ausentes. Líderes y personas importantes en la historia de El Salado” [Descargar libro], es la más completa descripción biográfica sobre cinco perfiles de dirigentes emblemáticos de esta comunidad de los Montes de María. Una reconstrucción de sus vidas realizada por el Centro Nacional de Memoria Histórica a través de los relatos de sus familiares, amigos y conocidos.


Es 14 de octubre de 2015. La música que suena con intensidad desde un quiosco en la entrada principal de El Salado, Bolívar, se mete en los oídos de todos los asistentes al lanzamiento de un libro sobre perfiles biográficos de líderes y personas importantes en la historia de esta comunidad. Los adultos, jóvenes y niños bajo la brisa de la noche, esperan atentos frente a un muro blanco en el que proyectan fotografías de aquellas personas que dieron su vida para servir a otros, que buscaron el bienestar colectivo y levantaron la voz contra la injusticia.

En los rostros hay más alegrías que tristezas. Hace 15 años, del 16 al 21 de febrero de 2000, la música fue testigo de una de las masacres más aterradoras en la historia del conflicto armado colombiano. A ritmo de gaitas y tamboras, más de 450 paramilitares apoyados por helicópteros asesinaron a 16 campesinos, muy cerca de donde es el lanzamiento del libro, acusados de ser guerrilleros. Durante más de cuatro días a su paso por veredas y carreteras, este escuadrón de la guerra dejó 60 personas muertas. Todo esto ocurrió hace 15 años, los mismos que cumplía en este día una niña, y por los que los parlantes a todo volumen retumban en el quiosco; el pueblo estaba de fiesta.  

Actualmente, la vida en El Salado ha alcanzado un nivel aceptable de calma. A pesar de que son muchas las necesidades básicas insatisfechas, el fantasma de la guerra permanece oculto. Primero el canto relata lo vivido por los familiares que se desplazaron, pero que están presentes en este pequeño homenaje: 

“…recordé gratos momentos vividos en El Salado, este pueblito de mi alma donde pasé mi niñez, se conserva todavía la casa donde me crie. En mis sueños te recuerdo como eras anteriormente, cálido y acogedor como el paraíso de Adán y Eva, de sanas costumbres y ese calor de tu gente”, cantó Edilma Cohen, sobrina de Pedro Eloy Cohen, uno de los líderes ausentes a los que se les rindió el homenaje.

Luego el sonido de una fiesta de quince anunciaba que de ese pueblo callado, oculto y desolado no queda nada. Y es que es una fecha emblemática también porque se entregó puerta a puerta un libro que hace parte de una medida de satisfacción del plan de reparación colectiva de la comunidad. “El legado de los ausentes”, corresponde a la historia de cinco líderes, cuatro hombres y una mujer, (Pedro Eloy Cohen, Agustín Redondo, Gustavo Redondo Suárez, Álvaro Pérez Ponce y María Cabrera) junto con una historia de un actor colectivo que son los Tabacaleros.

Ausentes de cuerpo porque cuando se recuerda a quien ya no está, la memoria lo hace existir. La memoria nos permite conocer a quien no vamos a tener la posibilidad de estrecharle la mano. Así ocurrió, por ejemplo, en el lanzamiento de este libro en El Salado. Las palabras, cantos y poemas nos presentaron los mayores personajes de este lugar. Estos líderes, como son reconocidos por la comunidad, fueron el médico del pueblo, el luchador por un acueducto, de una biblioteca, de un puesto de salud, la cancha de fútbol, un parque, las murallas del cementerio o la enfermera. 

Álvaro Pérez Ponce fue asesinado en la masacre del 23 de marzo de 1997 a manos de los paramilitares; Gustavo Redondo falleció el 30 de abril de 1990, luego de varios años de retiro de la vida pública a causa de los achaques por su avanzada edad y los rigores de un implacable cáncer de garganta. A María Cabrera las balas de la guerrilla silenciaron su lucha el 7 de agosto de 2003. Pedro Eloy Cohen fue el segundo en caer, el 13 de julio de 1990, un sicario se acercó a su farmacia, solicitó un medicamento y cuando él se volteó para alcanzárselo le disparó a quemarropa. Agustín Redondo, a pesar de que murió de muerte natural a sus 79 años el 25 de agosto de 2010, el tiempo no le alcanzó para atestiguar cómo su legado había inspirado la reconstrucción de El Salado. Ninguno de ellos murió en la masacre del año 2000.  

Con su trabajo, estos cinco personajes han hecho que después de tantos embates de la violencia en esta región, encontremos un lugar tranquilo, dominado por la alegría de su gente, con niños que corren de lado a lado esquivando los problemas que el Estado no ha solucionado. Basta con recorrer este pueblo para ver lo que hicieron estas personas por él: “cambiaron la forma de pensar de la comunidad, de ver el mundo, le enseñaron a los campesinos que son sujetos de derechos”, explica Andrés Suarez, asistente de la Dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica y relator del libro.

Lágrimas por la memoria

El hecho de reconstruir paso a paso la vida de familiares que ya no están, tiene su gota de sufrimiento, y en ocasiones han sido bastantes para poner ese sufrimiento al servicio de otros, para conocer estas historias. Por ejemplo, Elvia Badel, esposa de Álvaro Pérez Ponce, relata en un escrito, “El día en que mi vida cambió”, detalle a detalle de cómo se dio la incursión paramilitar del 23 de marzo de 1997, donde murió su compañero. “En 2008, de la Fiscalía llega un oficio donde le dicen a mi hijo que debe asistir a Sincelejo, que el postulado Salvatore Mancuso va a hablar sobre la masacre del 23 de marzo de 1997 y allí confiesa que es el autor material del homicidio de Álvaro Pérez Ponce. Lo asesinó porque presuntamente era un guerrillero, pero no mostró la evidencia, un video o una foto, algo que dijera que sí era guerrillero. Pregunto yo: ¿Será que un guerrillero está con su familia en su casa y vestía ese día pantalón gris con camisa de rayas manga larga, un sombrero de color marrón y unas pantuflas, será que así visten los guerrilleros?, no usan fusil…” 

Hace décadas que el dolor que cubre a El Salado hace suponer su fin, una comunidad de los Montes de María que huyó por la masacre y tantos homicidios, pero, pasados los años, empezó a volver aunque ha encontrado una realidad difícil.

El Salado ha vivido los últimos años un proceso de cambio muy profundo que impactó fuertemente la manera como se vive el presente. Una masiva intervención externa del sector privado y público en solidaridad con las víctimas, trajo consigo un fuerte impacto en términos materiales, dotando los saladeros de infraestructura pública como un centro médico, una ambulancia, una casa de la cultura llamada Casa del Pueblo, un colegio y una instalación deportiva, que es el fruto del “Legado de los ausentes”. Pero la vida no es fácil y construir una economía sostenible sigue siendo todo un desafío.      

El Salado no ha olvidado lo que sucedió hace 15 y 18 años. Por eso el pasado 14 de octubre el pueblo conmemoró la vida que sigue germinado a pesar de la muerte.  

 


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Segovia también recuerda la masacre de 1996

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

El Colombiano, Medellín, 25 de abril de 1996

Publicado

29 Abr 2015


Segovia también recuerda la masacre de 1996

Segovia, un pequeño pueblo minero, se levanta entre las montañas del Nordeste de Antioquia. En el parque central hay un monumento que rinde homenaje a las víctimas de la masacre del 11 de noviembre de 1988. Sin embargo, su tamaño no parece hacerle justicia a la magnitud de los hechos violentos que ha padecido su población.


La comisión del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, llegó el viernes 24 de abril después de cuatro horas de viaje por tierra desde Medellín. El objetivo: asistir y participar en la primera conmemoración de la masacre ocurrida el 22 de abril de 1996.

Los hechos: la masacre de La Paz y El Tigrito, Segovia, 22 de abril de 1996

Con advertencias anónimas de un asesinato masivo, el pueblo de Segovia ya se preparaba para lo peor. Grafitis intimidantes, llamadas amenazadoras, extraños caminando por las calles encapuchados, boletines con advertencias que llegaban debajo de las puertas infundieron terror en la población.
Finalmente, el 22 de abril, a las 2:25 pm, aterrizó en el aeropuerto de Otu una avioneta comercial. Entre sus pasajeros se encontraban seis hombres que llegaban hacer parte del grupo victimario.

El capitán Rodrigo Antonio Cañas Forero, del Ejército Nacional, los esperaba en la pista para recibirlos. Tras mantener unas charlas en la base militar de Otu y en el estadero del aeropuerto, estos seis hombres se reunieron con otros dos que habían llegado, por tierra desde Medellín, en un carro de la empresa Frontino Gold Mines (FGM).

Montados en un campero y después de varios inconvenientes, los ocho hombres llegaron a las 7:40 p.m. al salón de billares Villa Flay ubicado en el barrio La Paz (casco urbano de Segovia). Encapuchados y armados con granadas, pistolas automáticas y revólveres, estos sicarios obligaron a las personas que se encontraban dentro del establecimiento a tenderse en el piso. Acto seguido, los ejecutaron. Solo algunas pocas personas lograron salvarse, pues aprovecharon los cortos momentos en que los victimarios se quedaban sin municiones. Cuando un hombre que se encontraba allí devolvió el fuego, los sicarios abandonaron el lugar.

Pero el terror no acabó. A las 8:00 p.m. el campero se estacionó frente al salón de billares El Paraíso, en el barrio José Antonio Galán (o El Tigrito); los hombres armados descendieron del vehículo para repetir el ataque.  Finalmente, estos ocho asesinos emprendieron la huida por la vía hacia Puerto Berrio dejando una estela de muerte a su paso.

La conmemoración

A las 10 de la mañana del 25 de abril de 2015, víctimas del conflicto armado en Segovia y sus alrededores empezaron a llegar a la Casa de la Cultura del pueblo. Allí, abogados provenientes de Medellín y de Bogotá, invitados por la Asociación de Víctimas y Sobrevivientes del Nordeste Antioqueño, atendieron individualmente a cada una de las familias para escucharlos, resolver sus inquietudes y brindarles una asesoría jurídica de acuerdo con cada caso.

A las 2:30 p.m. se dio inicio formal a la primera conmemoración de la masacre de 1996, 19 años después de los hechos. Luis Fernando Álvarez, director de la Asociación de Víctimas y Sobrevivientes del Nordeste Antioqueño, recordó a los asistentes que allí no solo los convocaba la masacre del 96, sino todas las ocurridas en el pueblo y todas las otras formas de violencia que han llenado de luto y de dolor a Segovia. Además, recalcó que las muertes no fueron aisladas, fueron premeditadas y con ellas se buscó silenciar los proyectos de vida de muchas comunidades y a la oposición política. “Queremos que estos hechos no se vuelvan a repetir en el futuro y podamos vivir sin escuchar el fuego de las metralletas y de los fusiles; que todas las comunidades levanten la memoria en honor de todas las personas que fueron asesinadas”, afirmó.

Cuando Luis Fernando Álvarez finalizó su intervención, la canción “No se puede sepultar la luz” empezó a sonar en el fondo del auditorio. En la pared central, frente a todos los asistentes, los nombres de las víctimas fatales y lesionadas de la masacre de 1996 empezaron a aparecer, uno por uno. Luego, empezaron a pasar lentamente antiguas noticias de prensa sobre los hechos publicados en los periódicos y revistas más importantes del país. El silencio se apoderó del salón.

Al finalizar la canción, Daniel Cabezas, religioso jesuita, se tomó el estrado para recordarles a los asistentes la importancia de seguir creyendo en Dios porque siempre está caminando al lado de cada una de las personas. Pidió recordar a las personas que murieron para decir “No Más” y seguir con la convicción de construir un país mejor.
Acto seguido, el grupo de hip hop, The raza, se subió al escenario. Inspirados en las historias de sus padres y en lo que vivieron desde pequeños, estos chicos nacidos en Segovia aprendieron a plasmar sus angustias, dolores y palabras de protesta en canciones. Además de cantar dos de sus composiciones, invitaron a los asistentes a recordar a las personas que ya no están, pero que nunca se olvidarán.“Memorias de un pueblo” retumbó en el lugar como un homenaje a las víctimas.

Posteriormente Ronald Villamil, investigador del CNMH y relator del informe “Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982 – 1997”, subió al escenario para presentar la segunda edición de esta importante investigación. Además de agradecer a las personas que hicieron posible la realización de este texto, Villamil enfatizó en las deudas que tiene el Estado con esta comunidad. Asimismo, explicó las novedades que incluye esta segunda edición del informe, entre las que se cuenta la condena al político liberal César Pérez García como determinador y coautor de la masacre de 1988.

Luego, algunas víctimas presentes reclamaron justicia, verdad y reparación, y exigieron que estos hechos no se vuelvan a repetir.

A la salida del evento, todos los asistentes recibieron un ejemplar del texto “Silenciar la democracia”.

 


Conmemoración, Masacre, Segovia

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