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UNESCO premia la resistencia de Trujillo

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CNMH

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CNMH

Publicado

10 Feb 2015


UNESCO premia la resistencia de Trujillo

En el día de hoy, 10 de febrero de 2014, Saadia Sánchez Vegas, representante para Colombia de la Unesco, entregará a Gonzalo Sánchez, director del CNMH, el certificado de inscripción del libro ‘Tiberio vive hoy: testimonios de la vida de un mártir’ al Registro de Memoria del Mundo de la Unesco. El evento se realizará hoy a las 4:00 p.m. en la sede 1 del Centro Nacional de Memoria Histórica (Carrera 6 N° 35-29 Barrio La Merced) y contará con la presencia de representantes de la Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo. 

Este reconocimiento pone esta publicación al lado de importantes documentos como el diario de Ana Frank y reconoce la importancia de esta publicación como símbolo de la memoria colectiva de la humanidad. 

“’Tiberio vive hoy: testimonios de la vida de un mártir’, representa un documento de extraordinario valor histórico y documental que recoge las memorias de sufrimiento de familiares de las víctimas de Trujillo”, dice el Programa Memoria del Mundo.

El libro fue postulado para este reconocimiento por el Archivo de los DDHH del CNMH. La publicación fue construida manualmente por los habitantes del municipio de Trujillo, Valle del Cauca-Colombia, víctimas de lo que se conoció como la ‘Masacre de Trujillo’. Esta consistió en una serie de desapariciones forzadas, torturas, detenciones arbitrarias y homicidios que fueron perpetrados por una alianza temporal entre narcotraficantes, paramilitares y agentes del Estado entre 1986 y 1994. 

La víctima más emblemática de esta masacre fue el sacerdote y activista por los Derechos Humanos Tiberio Fernández Mafla, quien fue desaparecido el 17 de abril de 1990 y cuyo cuerpo fue encontrado, mutilado, días después en el río Cauca. 

El reconocimiento llega en momentos en que la Asociación de Familiares de Víctimas de Trujillo (Afavit) atraviesa una difícil situación de seguridad, pues varios de sus integrantes han tenido que solicitar esquemas de seguridad por parte del Estado debido a las constantes amenazas de las que son objeto.

 


Masacre, Resistencia, Trujillo, Unesco

25 años de la desaparición del héroe de Trujillo

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Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

21 Abr 2015


25 años de la desaparición del héroe de Trujillo

Se conmemora el cruel asesinato del padre Tiberio Fernández Mafla, líder de la comunidad de Trujillo, Valle del Cauca. Un día infame que debería grabarse en la memoria de todos los colombianos.


El día del horror ocurrió el 17 de abril de hace 25 años. Ese día el padre Tiberio fue retenido junto a su sobrina Ana Isabel Giraldo y dos acompañantes más (José Norbey Galeano y Óscar Pulido Rozo), mientras venían de un entierro Tiberio fue llevado a la hacienda Villa Paola, propiedad del narcotraficante Henry Loaiza ‘el Alacrán’, y allí fue obligado a ver cómo violaban, le cercenaban los senos y asesinaban a su sobrina.

Después lo torturarían a él. Su cuerpo fue castrado, decapitado, mutilado y arrojado al río Cauca. El campesino que recogió sus restos también fue asesinado. Su crimen se convertiría en el clímax de lo que se llamó La masacre de Trujillo, que cobró más de 300 vidas entre 1988 y 1994.

El exceso y la sevicia que acompañó su muerte tenía como objetivo “humillar, hacer sufrir, prolongar la agonía o intimidar a los sobrevivientes, o a los posibles disidentes”,  según el informe ‘Trujillo, una tragedia que no cesa’, realizado por el anterior Grupo de Memoria Histórica (hoy Centro Nacional de Memoria Histórica).

En este informe también se relata que el asesinato impactó “no solamente el sentimiento religioso local sino nacional, como se evidenció, de una parte, en la concurrencia de sesenta sacerdotes provenientes de todo el país en las honras fúnebres, presididas por dos obispos de la región, y de otra, en la sanción canónica de excomunión a los asesinos, denominados como ‘verdugos del calvario’ en la homilía”.

Sin embargo, lejos de la intensión de sus asesinos, la muerte de este sacerdote no significó el olvido de su legado, sino que lo convirtió en mártir y una figura icónica sobre la que se ha cimentado la resistencia de las víctimas de Trujillo.

El ícono   

La imagen de Tiberio está presente en varios espacios de Trujillo. Desde 2003, sus restos reposan en el Parque Monumento que las víctimas construyeron con parte de la indemnización que recibieron del Estado colombiano por orden de  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Allí cuenta con un oratorio (ver foto), que es una especie de museo en donde se recogen algunos objetos que le pertenecieron y múltiples expresiones artísticas que ha inspirado su figura. Una de ellas es el cuadro ‘Cristo de Tiberio’, que muestra en una cruz el cuerpo mutilado y decapitado del religioso (ver foto), pintado por John Mario Molina, integrante de uno de los grupos juveniles que fundó Fernández y quien tuvo que exiliarse por amenazas.

Pero más allá del Parque Monumento, la presencia de Tiberio se extiende por otros lugares del municipio, como en el parque principal,  donde una calle lleva su nombre, y en varias cafeterías y panaderías donde se le recuerda con fotos y mensajes.

Todo el amor que este pueblo le profesa quedó materializado en el libro ‘Tiberio vive hoy,  testimonios de la vida de un mártir’ que fue escrito a mano por quienes lo conocieron y que el pasado mes de febrero fue reconocido como ‘Memoria del mundo’ por la Unesco.

Sin embargo, este no es el único texto que ha inspirado la vida de Tiberio. También se han publicado múltiples poemas, como el que le escribió su sobrino, el sacerdote Gerardo Fernández:


“Quisieron los violentos desaparecer un cuerpo

hacerle correr la suerte nefasta de otros cuerpos.

Quisieron que su piel, hecha para la caricia y para ser acariciada, no volviera a sentir…

¡No pudieron! Hoy sigue acariciando a través del viento impetuoso.

Y de la suave brisa, miles de metros de piel de aquellos que amó y por quienes se entregó.

Quisieron erradicar su intimidad

El lugar de donde brota la simiente.

¡No pudieron! Hoy sigue íntimo en quienes le amamos

Y su capacidad de engendrar reino de Dios, justicia, verdad, organización comunitaria, no fue cercenada.

¡Tiberio estás vivo! ¡Estás resucitado! ”


Así se construyó el héroe

Pero  más allá de la violencia que rodeó la muerte de este sacerdote, fue su vida la que inspiró a tantos artistas, religiosos, activistas y víctimas. En el libro ‘Tiberio vive hoy’ se puede conocer su biografía, llena de retos y de anécdotas que dejan ver un poco la personalidad de este sacerdote, nacido en 1943 en la vereda La Vigorosa, del municipio de Río Frío.

Y es que Tiberio era travieso y perezoso en su infancia, como lo relata Jesús Antonio Fernández, uno de sus sobrinos: 

“Recuerdo cuando mi papito Sinforoso lo mandaba a cortar caña, entonces Tiberio se le escondía en la cocina de mi mamá, entonces mi mamá le daba libros para que leyera y lo escondía en la cocina para que mi papá no lo encontrara”.

Jesús Antonio también lo recuerda con una vocación sacerdotal temprana pero que solo pudo concretar a los 34 años, debido a la pobreza de su familia:

“Él cogía la cartilla de La historia sagrada, se subía en un zapote y predicaba a sus hermanos y a los trabajadores. En medio de esa predicación, los hermanos lo bajaban del árbol a punta de pepas de zapote”.

En el libro también se relata sus comienzos en el Seminario de Palmira, y cómo tuvo que retirarse y volver a las labores de la finca familiar. Su formación en el cooperativismo, su trabajo como profesor del Instituto Campesino y su regreso ­–tras lograr el patrocinio necesario­– a los estudios sacerdotales. Se ordenó en La Ceja, Antioquia, estudió sociología y teología en la Universidad Javeriana de Bogotá y cooperativismo en Israel.

Como párroco de Trujillo, Tiberio empezó en 1985. Llegó con la idea de enseñarle a los trujillenses a dejar de depender de los grandes terratenientes, fundó un mercado los sábados para que los campesinos dejaran de ser estafados por los intermediarios. Su objetivo era transformar la economía del pueblo y por ello ayudó a montar 24 cooperativas que prestaban todo tipo de servicios a la comunidad.

Pero su trabajo coincidió con una alianza contrainsurgente entre narcotraficantes, paramilitares y miembros de la Fuerza Pública que operó en la región y que no vio con buenos ojos al sacerdote, que no solo invitaba a la gente a que se organizara económicamente, sino que los incitaba a reclamar sus derechos. Así lo recuerda Doris Osorio en el libro:

“No le gustaban las injusticias, él no quería pobres, quería que todos fuéramos iguales por eso trabajaba duro con todos los grupos que tenía organizados (…) En 1988 – 1989 se organizó una marcha campesina, en la que los campesinos reclamaban que las carreteras estuvieran en buen estado, las escuelas y mucho más. Esta marcha fue el principio de todo lo más monstruoso (…) Cuando empezaron a desaparecer la gente, él empezó a buscar ayuda y apoyo en las autoridades y todo era inútil”.

Esta dura historia, digna y de resistencia, se recordará el próximo 13 de junio en la peregrinación que la Asociación de familiares de víctimas de Trujillo, Afavit, va a hacer para seguir honrando a este sacerdote, quien 25 años después de su muerte, está más vivo que nunca.

 

 

Publicado en Noticias CNMH



Desaparición Forzada, Masacre, Trujillo

Todo listo para la peregrinación a Trujillo

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

13 Jun 2015


Todo listo para la peregrinación a Trujillo

Con una conmemoración de los 25 años del comienzo de la masacre de Trujillo, y la celebración de los 20 años de la Asociación de familiares de víctimas (Afavit), este sábado los trujillenses realizarán su peregrinación anual.


Como cada año, se espera la llegada de cientos de peregrinos de todos los lugares del país, que expresarán su solidaridad con esta población del norte de Valle del Cauca, donde tuvo lugar lo que se conoció como la masacre de Trujillo. Esta consistió en una serie de desapariciones forzadas, torturas, detenciones arbitrarias y homicidios que fueron perpetrados por una alianza temporal entre narcotraficantes, paramilitares y agentes del Estado, y que dejó casi 400 víctimas.

Este año, el evento empezará con una procesión llamada ‘Recorriendo el Camino de Memoria y Resistencia’ que estará dirigida por la artista Yorlady Ruiz y el Grupo infantil Jimmy García Peña. Luego se llevará a cabo una eucaristía donde se recordará a los mártires de esta masacre y donde las matriarcas y patriarcas de Afavit realizarán un altar artístico.

En las horas de la tarde se hará un reconocimiento a los fundadores e impulsores de Afavit, organización que ha sido reconocida en múltiples ocasiones nacional e internacionalmente. En 2013 recibieron el Premio Nacional a la defensa de los Derechos Humanos y en 2011 fueron reconocidos en la misma materia por el Ayuntamiento de Siero (España). Así mismo, lograron que el libro ‘Tiberio vive hoy. Testimonios de la vida de un mártir’, escrito a mano por los trujillenses, ingresara en el registro de Memoria del Mundo de la Unesco.

El evento también será la oportunidad para que la Dirección de los Derechos Humanos del Centro Nacional de Memoria Histórica haga la entrega oficial del archivo de Afavit, el cual fue intervenido entre 2014 y 2015 y del que ya hay una copia disponible para consulta.

La peregrinación terminará con múltiples manifestaciones artísticas, entre ellas la Exposición “Que piedra” del artista Rodrigo Grajales.

 


Masacre, Peregrinación, Trujillo, Víctimas

Los veinte años de resistencia de Afavit

Noticia

Autor

Viviana Pineda.

Fotografía

María Paula Durán para el CNMH.

Publicado

08 Jul 2015


Los veinte años de resistencia de Afavit

Empezaron de la mano del padre Javier Giraldo, con reuniones y en medio de una masacre que no ha parado, sin embargo, hoy Afavit es la suma de muchos esfuerzos, de muchas voluntades que se unieron en un grito de ‘nunca más’.  


Veinte años después de que Afavit obtuviera su personería jurídica como la Asociación de familiares de víctimas de los hechos violentos de Trujillo [Ver informe de investigación: Trujillo, una tragedia que no cesa], Valle del Cauca, no hay una versión unificada de cómo comenzaron. Según unos, iniciaron en una reunión en el municipio de Buga, tratando de encontrar un espacio lejos de los violentos que rondaban al pueblo. Acorde con otros, empezaron en el salón parroquial a la vista de los victimarios, que para ese momento no habían sido identificados y se camuflaban en la vida cotidiana de la población. Otras versiones dicen que comenzaron en reuniones clandestinas en diferentes casas para no ser identificados.

Sin embargo, todas las versiones empiezan con un nombre: el del padre Javier Giraldo. En 1990, el sacerdote jesuita lideraba la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, en ese entonces una naciente entidad defensora de los derechos humanos conformada por creyentes de diferentes confesiones religiosas cristianas.   

Giraldo llegó a esta población del Norte del Valle del Cauca luego de enterarse del macabro asesinato de quien fuera por cinco años el párroco de Trujillo, Tiberio Fernández Mafla. “Yo lo había conocido, vivimos en el mismo sitio cuando estudiábamos teología en Bogotá, también lo conocía del Instituto Mayor Campesino o Universidad Campesina, dónde era un destacado líder. Yo estuve en su ordenación, que fue en Tuluá”, recuerda Giraldo.

Sin muchas pistas de dónde encontrar información, el sacerdote llegó a pocos días del crimen a la iglesia del pueblo, donde halló a Doris Osorio, la secretaria del padre Tiberio y quien se convertiría en su aliada incondicional. Era ella quien recibía a los trujillenses que llegaban a pedir ayuda cuando se les desaparecía un familiar, era ella quien sabía de los cuerpos mutilados que habían empezado a aparecer y que el padre Diego Villegas (auxiliar de Tiberio) recogía Cauca abajo con la Defensa Civil, era ella la que conocía de la cacería de brujas en contra de los líderes que habían organizado una marcha desde las veredas para exigir que les arreglaran las carreteras.

Doris conocía a las víctimas de la masacre de Trujillo. Hospedó al padre Giraldo en su casa y lo ayudó a contactar, uno a uno, a los familiares para que dieran sus testimonios y se pudiera denunciar formalmente todo lo que estaba pasando. “Los padres Tiberio y Diego ya habían recogido alguna información, yo junté todo y lo llevé a la Procuraduría y a la Dirección Nacional de instrucción criminal (en ese entonces no existía la Fiscalía). Sin embargo, los culpables fueron absueltos rápidamente.”, afirma el padre Giraldo.

Todo esto, lo hacía bajo unos riesgos enormes, “Una vez por media hora no me cogieron los paramilitares. Esa noche balearon a un muchacho que me había ayudado a contactar a las familias”, recuerda 25 años después.

El nacimiento de Afavit

Pero pese al inminente peligro, las gestiones del padre Giraldo permitieron que las víctimas se conocieran entre ellas y tomaran consciencia de la necesidad de trabajar juntas. “El padre empezó a venir con Asfaddes (Asociación de familiares de detenidos desaparecidos) y a hablarnos de la importancia de que nos organizáramos y así lo hicimos, especialmente cuando salió el concepto de la Comisión Interamericana, para lo que necesitábamos ser una sola fuerza para dialogar con el Estado”, recuerda Esmeralda Marín, quién fue una de la primeras presidentas de Afavit y quien perdió al padre de sus hijos en la masacre.

Y es que después del fracaso en la justicia nacional, el padre Giraldo junto al Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (en cabeza del abogado Eduardo Carreño) llevó el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde se logró una solución amistosa con el Estado Colombiano en 1995 (en ese año Afavit se formalizó con una personería jurídica).

“Para que el Colectivo de abogados pudiera representar a las víctimas se necesitan unos poderes. Yo los hacía a escondidas en la casa cural. Allá nos daban las dos y tres de la mañana, mientras mi hija se quedaba dormida en una banca de la iglesia esperándome”, recuerda Doris Osorio.

El acuerdo con el Estado colombiano contempló varias medidas de reparación a las víctimas, muchas de las cuáles no se cumplieron por actos de corrupción estatal que todavía hoy están bajo investigación. Entre estas se ordenó la construcción de un monumento, y entre las primeras decisiones que tomó Afavit, fue que éste, más que un monumento fuera un parque.

Entre todos buscaron el terreno más propicio para la estructura, hasta que una señal les mostró cuál debería ser el sitio elegido. “Nos encontramos con este par de guamos que crecían abrazados y los vimos como un símbolo del abrazo fraterno que necesitaba Trujillo”, recordó el padre Giraldo en la peregrinación del pasado 13 de junio. Estos dos árboles que se abrazan serían incorporados en el logo de Afavit.

Hoy el Parque monumento de Trujillo, diseñado por el arquitecto Santiago Camargo, es un referente de memoria para el país, y cada espacio ha sido dotado de significado a lo largo de los años.

Allí se reúne el grupo infantil Jimmy García Peña (llamado así en honor a un niño de 18 meses decapitado junto a su familia) en el salón ‘Hermanos Mayorga’, que tiene ese nombre para recordar a los siete hermanos de una misma familia que fueron asesinados. El parque alberga la exposición ‘Madres del silencio’ del artista Juan David Galves, así como el registro del performance ‘Magdalenas por el Cauca’ de Rodrigo Grajales. La artista Adriana Lalinde esculpió los osarios de las víctimas de la masacre y el kurdo Hoshyar Rashee construyó el ‘Muro de la sombra del amor’. El parque también cuenta con el jardín de Alba Mery Chilito, quien fuera una de las matriarcas de Afavit y que fue asesinada en 2013 en extrañas circunstancias.

Los acompañantes

Pero con la creación de Afavit empezaron las amenazas y no han parado desde entonces, como lo cuenta Esmeralda Marín. “Yo quedé como presidenta luego de que la persona que tenía el cargo tuviera que salir del país por amenazas. A mí también me intimidaban y me tuvieron que poner escolta. Me ofrecieron irme exiliada pero yo no quise dejar a mi familia”, dice.

En ese contexto llegaron Carlos Ulloa, Stela, su esposa y su hijo Jerónimo, alrededor del año 1996, bajo la figura de ‘acompañantes’, enviados por la comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Andaban en un Jeep destartalado modelo 54 visitando a las víctimas por todo el municipio, les dictaban clases de Tai chi y de meditación, hacían talleres de mimos, de pintura y teatro.

“Lo que pasó aquí fue muy un golpe muy duro. Se cortaron muchas puntas en el tejido social. Mataron al que jugaba mejor fútbol, al serenatero, al sombrerero, al que recogía la leche… despuntaron a toda la sociedad por todo lado”, recuerda Ulloa, y agrega, “cuando llegamos la gente no podía decir ni siquiera que eran familiares de víctimas. Vinimos a prestar este instrumento para que nos lo llenaran de lágrimas y mocos”, dice mientras se señala el hombro.

Sin embargo, solo pudieron estar allí menos de dos años porque también fueron amenazados. Fueron reemplazados por otras personas que también llegaron a poner su granito de arena como la hermana Maritze Trigos y Teresita Cano, que hasta hoy han estado acompañando el proceso de Afavit. Ellas y las nuevas directivas de la organización han continuado con el trabajo de memoria y resistencia que emprendió el padre Giraldo hace 25 años.

La cadena de esfuerzos y voluntades en esta tarea no se detiene y el futuro de esta organización pareciera estar en manos del grupo de niños y jóvenes que han empezado a vincularse al proceso y que deberán sumarse a ese grupo de sacerdotes, abogados, arquitectos, artistas, religiosas, amas de casa, campesinas y secretarias que arriesgaron su vida para que la verdad de Trujillo saliera a flote, y para que Afavit hoy sea un ejemplo nacional e internacionalmente. 

 

Publicado en Noticias CNMH



Resistencia, Trujillo, Víctimas

Las voces de los mayores de Trujillo perduran en los niños

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CNMH

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CNMH

Publicado

14 Sep 2015


Las voces de los mayores de Trujillo perduran en los niños

“Después de la pérdida de mis seis hijos casi me enloquezco pensando el porqué de la injusta violencia que ha manchado nuestro pueblo con la sangre inocente de nuestros hijos. Solo le pido a Dios que me de fuerza y fortaleza”.

Este es un fragmento que Mayerli Mayorga escribió sobre Ana María Vargas, su abuela, una mujer a la que el conflicto armado le arrebató seis hijos. Su testimonio hace parte de la iniciativa de memoria que se trabaja en Trujillo, en la cual los niños y niñas de este municipio ubicado 116 kilómetros al norte de Cali, narran las historias y memorias del conflicto armado de los adultos mayores, especialmente de sus mujeres.

“Mostrando esos rostros, en estos libros queremos que las nuevas generaciones cuenten las historias de las matriarcas de Trujillo, historias de mujeres que han vivido este largo conflicto y han perdido esposos, hijos, hermanos y tantos otros familiares. Nosotros somos un legado vivo y debemos contar todo lo que sabemos” expresa María Ludivia Vanegas, vicepresidenta de la junta directiva de la Asociación de Familiares Victimas de Trujillo (AFAVIT), a quien la violencia le ha quitado 24 parientes.

El proyecto inició hace ocho años —mucho antes de que hubiera una Ley de Víctimas— con 25 niños y niñas del grupo de trabajo Jimmy García Peña, quienes empezaron a construir los perfiles de algunas mujeres mayores. Les tomaban fotografías y conversaban con ellas, y así inició la construcción de perfiles. Una colección que hoy cuenta con 17 libros que narran el dolor y la resistencia de Trujillo.

“Seis almas mártires de la violencia” fue uno de los primeros libros escrito por Mayerli Mayorga a los 10 años. En él se cuentan las historias y recuerdos de su abuela, Ana María Vargas, una mujer de 78 años a quien le han desaparecido o asesinado a seis de sus 16 hijos. “Los niños saben los sufrimientos de uno, a veces hasta lo comparten pues muchos también han visto morir a sus familiares. Hablar con ellos nos ayudan a la reconciliación, a somatizar el dolor cuando podemos contarlo. Además, también podemos transmitir nuestra experiencia y sabiduría a los niños, niñas y jóvenes de Trujillo” cuenta Trinidad Páez, miembro de AFAVIT que hace 25 años perdió a su hijo, Gilberto Rojas.

Dibujar pirograbados, modelar esculturas y pintar murales son otros oficios que los mayores les enseñan a los niños y niñas de Trujillo, para que lo vivido por esta población del Valle del Cauca nunca se olvide.

Los libros escritos por niños para narrar las memorias de las matriarcas de Trujillo fue una de las experiencias presentadas en el encuentro Voces de Mayores, realizado en Cali durante el 21 y 22 de agosto, en dónde más de 40 adultos mayores, líderes de organizaciones sociales y de víctimas del Valle del Cauca, Nariño, Putumayo, Cauca y Chocó, se reunieron e intercambiaron experiencias para crear memoria en sus comunidades y demostrar que sus voces son testimonios valiosos para reconstruir la historia del conflicto armado colombiano.

Este proceso es acompañado por el Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, y apoyado por la Unidad de Víctimas, USAID y OIM.

 


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