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Niños y niñas del Pueblo Nasa son ‘Comuneritos resistiendo a la violencia’

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CNMH

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La memoria y el trabajo de los mayores Fabio José Dagua Conda y Edwin Dagua Ipía, asesinados en el marco del conflicto armado, sigue viva en los sueños y apuestas de niños y niñas.

Publicado

27 de agosto 2021


Niños y niñas del Pueblo Nasa son ‘Comuneritos resistiendo a la violencia’

  • Niños y niñas del resguardo Huellas, en Caloto, acompañados por el Centro Nacional de Memoria Histórica, construyeron y pintaron mensajes de paz en la iniciativa Comuneritos resistiendo desde la historia y en la memoria para la defensa de la vida y el territorio.
  • Como producto de esta Iniciativa de Memoria Histórica, niños y niñas consignaron sus reflexiones en dos murales, uno dedicado a la memoria de dos líderes indígenas asesinados en el conflicto armado, y otro que representa a una niña y una autoridad nasa.

Niños y niñas del Resguardo indígena Huellas, en zona rural de Caloto, norte del Cauca, pusieron sus sueños en la Iniciativa de Memoria Histórica Comuneritos resistiendo desde la historia y en la memoria para la defensa de la vida y el territorio. Ellos y ellas reflexionaron sobre su territorio  y sus anhelos para decir que sueñan con un acueducto que les permita tener agua potable, una escuela de dos pisos y baños; con una paz verde, con animales y plantas, que no haya más guerrilla que se lleve a los niños; que ellos no se pierdan ni maten a las personas de su comunidad.

El Enfoque de niños, niñas y adolescentes del Centro Nacional de Memoria Histórica se reunió este mes de agosto con el grupo de niños y niñas participantes de esta iniciativa y líderes de su comunidad para reconocer lo aprendido en este proceso que busca aportar a la revitalización de la cultura del pueblo Nasa a través de las nuevas generaciones, así como aportar a la prevención del reclutamiento por parte de grupos armados.

Foto: Los niños y las niñas nasa sueñan que haya paz en sus territorios.

 

Como parte de esta iniciativa se pintaron dos murales. El primero de ellos dedicado a reivindicar la memoria de Fabio José Dagua Conda y Edwin Dagua Ipía, dos líderes comunitarios asesinados en el marco del conflicto armado, y el segundo representa el relevo generacional del pueblo Nasa, a través de las imágenes de una niña de esta comunidad y una de sus autoridades.

Por su parte, los niños y niñas participantes de estos diálogos de memoria histórica construyeron con sus voces mensajes que aportan a la apuesta de paz del pueblo Nasa. A través de pinturas sobre tela y dibujos expresaron su visión sobre el conflicto armado en su territorio. Ellos y ellas, en la región del Norte del Cauca, han sido afectados por masacres, homicidios, asesinatos, la siembra de minas antipersonal, secuestros, abuso sexual, reclutamiento ilícito, entre otros crímenes relacionados con el conflicto armado.


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Piedritas a la Ventana: la memoria de los niños y niñas de Córdoba

Simposio Observatorios

Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

01 de agosto de 2021


Piedritas a la Ventana: la memoria de los niños y niñas de Córdoba

  • La Fundación desarrolla sus actividades en Villa Jiménez, barrio de la periferia de Montería al que han llegado personas desplazadas por el conflicto armado.
  • El Equipo de Apoyo a Iniciativas de Memoria Histórica del CNMH acompaña la iniciativa “Una vida de porro con sabor a mujer”, un documental en el que niños, niñas y adolescentes contribuirán a resaltar las raíces culturales de su región.
  • Para María Camila Meza, en la Fundación “todo se basa en el relacionamiento humano y en la intención de transformar vidas”.

Cuando Paola, María Camila, Joel, Iván y Miluska “devuelven la película”, lo que aflora es la certeza de que la sensibilidad e interdisciplinariedad les ha llevado lejos. Piedritas a la Ventana lo demuestra. Desde allí, 30 niños, niñas y adolescentes del barrio Villa Jiménez de Montería, Córdoba, exploran el lenguaje audiovisual, reconocen sus emociones y plasman sus formas de ver el mundo.

Lo que nació de ese grupo de amigos, que se juntó hace seis años para ver qué podían hacer desde el trabajo social y a partir de sus experiencias previas en expresiones del arte, es algo disruptivo. 

Y es que no son muchas las plataformas –y menos por fuera del ámbito escolar-, que estimulen el pensamiento crítico y que posibiliten que niños de 6 y 7 años, o jóvenes entre los 13 y los 18, puedan hacerse a cargo de la preproducción, producción y posproducción de un cortometraje o un documental, por ejemplo.

Llegar a ese estadio implicó un primer acercamiento de los niños, niñas y adolescentes con los lenguajes propios de lo audiovisual. “Algo valioso fue cómo los chicos reconocieron todas las fases que tiene una pieza audiovisual gracias a ejercicios basados en la observación de la realidad mezclada con el juego, la lúdica ¡Que los chicos exploraran sus sentidos les permitió aprender”, asegura Iván Leonardo Martínez, integrante de la Fundación.

Fue así como en 2019, estos niños, niñas y jóvenes, le mostraron al mundo José y el mango, un cortometraje de ficción que terminó participando en festivales de países como Rusia, que ganó dos premios nacionales de cine comunitario, y que pudo ser proyectado y socializado dentro del barrio Villa Jiménez para con ello demostrar que este tipo de procesos valen la pena.

Por estos días, Piedritas a la Ventana pone en marcha una iniciativa de memoria. Una vida de porro con sabor a mujer será un documental en torno a la cultura caribeña, al personaje mítico de María Varilla. Además, con este se plasmará cómo las raíces culturales son fundamentales para los procesos de construcción de nuevas formas de vida que privilegian el sentido comunitario.

Para Camila Mojica, integrante del Equipo de Iniciativas de Memoria Histórica del CNMH que ha venido acompañando a la Fundación durante la iniciativa, “es clave reflexionar frente a la infancia y generar proyectos en torno a las memorias de los niños, niñas y adolescentes, pues son ellos los llamados a ser protagonistas de procesos para la no-repetición”. 

Y es que, durante estos años, ha sido “el trabajo de campo” el que les ha mostrado a los fundadores de Piedritas a la Ventana –un combo de psicólogos, fotógrafos, comunicadores y artistas-, que el trabajo interdisciplinar es fundamental, pues con él se consigue una mirada integral. “Gracias a esa condición es que conocemos mejor cuáles son esas realidades que tienen que vivir en lo cotidiano los niños y niñas, y que comprendemos muchas pautas de comportamientos que ellos habían naturalizado por las diferentes violencias que han experimentado. Acá tenemos una conciencia de trabajo en equipo en el que todos somos importantes”, resalta Paola Forero, directora de la Fundación.

 

Una vida con sabor a porro y a mujer

“La iniciativa surge del interés de hacer un proyecto audiovisual que muestre algo muy de nosotros, algo que nos identifique como mujeres cordobesas y allí surgió María Varilla, una mujer reconocida por su baile y el folclor y por ser líder social que luchaba por las mujeres de la época. Los muchachos están buscando en el barrio esas mujeres que hoy en día tienen algo de María Varilla”, mencionó María Camila Meza, una de las líderes de la Fundación.

En ese proceso de descubrir aquellas mujeres que han sido transformadoras de realidades en su territorio, los chicos y chicas de Villa Jiménez han venido aprendiendo cómo hacer investigación para lograr juntos un documental audiovisual que nos permitirá conocer estas historias de la fuerza transformadora y creadora de las mujeres.

Pero los niños no son los únicos que han estado en constante aprendizaje gracias a la iniciativa. Esta semana, el maestro argentino Alejandro Malowicki, experto en creación audiovisual infantil, dictó un taller a los miembros de la Fundación y del Equipo de Iniciativas de Memoria Histórica del CNMH. Esto, como preámbulo de las grabaciones para el documental, las cuales comenzarán el próximo mes de agosto y contarán con el apoyo de los niños, niñas y jóvenes que hacen parte de este proceso de construcción de memoria histórica. 

Piedritas a la Ventana no se detiene.  Desde allí seguirán propiciando acompañamiento psicosocial, creando más desde el diálogo que desde la experticia, y reconociendo en la experimentación sensible la llave para llegar a lugares insospechados. 


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Córdoba, Iván Leonardo Martínez, Niños y Niñas, Piedritas, ventana

Trabajando por la inclusión de los niños, niñas y adolescentes en la memoria histórica del país

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CNMH

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CNMH

Publicado

16 Dic 2014


Trabajando por la inclusión de los niños, niñas y adolescentes en la memoria histórica del país

En el contexto de la conmemoración de los 25 años de la firma de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, Roberto De Bernardi, Representante en Colombia del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia -UNICEF- visitó el CNMH para conversar sobre los desafíos y retos en materia de memoria histórica y los niños, niñas y adolescentes.

“Sabemos que se ha avanzado en la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, sin embargo, aún falta mucho por hacer en materia de desigualdad. Es incomprensible que en un mismo país vivan niños con todas las posibilidades, como en el norte de Bogotá por ejemplo, y otros con tantas carencias como los niños que crecen en barrios marginales de Chocó, solo por nombrar uno de los casos que tanto se repiten en el país”, respondió Roberto De Bernardi al preguntarle acerca del principal reto que hay en Colombia para la realización de los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Durante su visita, De Bernardi se reunió con el Director del CNMH, Gonzalo Sánchez, para hablar sobre las líneas de trabajo del enfoque diferencial de niños, niñas y adolescentes del CNMH. Además, conversaron sobre los resultados de las acciones realizadas entre ambas entidades durante el segundo semestre de 2014. En particular, abordaron los retos y las posibilidades para la participación efectiva de los niños, niñas y adolescentes en los procesos de memoria histórica y en diferentes mecanismos de búsqueda de la verdad, en el marco de la justicia transicional.

Desde el CNMH agradecemos al señor Roberto De Bernardi y a toda la delegación de UNICEF en Colombia por su trabajo por los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Esperamos fortalecer la alianza con UNICEF durante 2015, que se ha visto reforzada con la firma de un Memorando de Entendimiento suscrito entre ambas instituciones el pasado mes de octubre, y así sumar esfuerzos para visibilizar y reconocer las voces de los niños, niñas y adolescentes que cuentan en la construcción de la memoria histórica del país.

 


Adolescentes, Inclusión, Memoria Histórica, Niños y Niñas, País

“Si la memoria no me falla”

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Autor

CNMH

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Álvaro Cardona para el CNMH

Publicado

12 Feb 2015


“Si la memoria no me falla”

La toma

Eran las seis de la tarde de un viernes cualquiera del año 2000 en uno de los miles de pueblos que tiene Colombia y María Londoño*, con los bolsillos llenos de dulces, corría desesperadamente por el monte esperando sobrevivir. Ya no había opción para mirar atrás…

Cualquiera que tenga la firme intención de robar un banco, llevaría sus bolsillos llenos de monedas y billetes, ella iba cargada de dulces. Dulces que tomó de un puesto callejero de alimentos que un vendedor abandonó al ver a más de 50 uniformados de la guerrilla. Con 13 años de edad y ocho meses de ellos en el grupo armado, María participaba ese día por primera vez en una toma guerrillera. El Frente de la guerrilla al que pertenecía había decidido robar un banco, sin embargo, fueron atacados por el Ejército impidiendo el inesperado atraco. A María solo que quedó una alternativa: correr.

“Si no fuera por ese momento crucial de mi vida, yo creo que nunca me hubiese podido salir de la guerrilla”, recuerda María, quien hoy tiene 27 años, estudia Derecho y sueña con defender los derechos de los niños vinculados indiscriminadamente a la guerra.


Para el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, de 1999 a 2014 se han registrado 5964 casos de niños y niñas desvinculados de algún grupo armado, de los cuales el 28,47% han sido niñas.  


“Si me preguntas ¿qué pasó?, te voy a decir que no sé”, dice María. Después del maratónico escape despertó debajo de un árbol de café, pero todo era silencio, se encontraba sola y sin saber a dónde ir. Recordó una técnica que le enseñaron en la guerrilla en este tipo de circunstancias y empezó a hacer sonidos con la boca para ver si había algún compañero a su alrededor. Así logró encontrarse con otro miembro del Frente, otra niña de quince años, y juntas caminaron hasta que cayó el sol. Pasaron la noche en medio de las montañas cerca de un río que no se atrevieron a cruzar, ya sin el sol era difícil descifrar con qué se podrían encontrar. 

A la mañana siguiente, un cólico intenso despertó a María, lo único que había recibido su estómago en dos días había sido un manojo de dulces acompañados del agrio sabor de la adrenalina producida al escapar del enfrentamiento con el Ejército. Pero debían continuar. La luz del día les indicó el camino y lograron encontrar una finca a la cual ingresaron para robar ropa de civil y cambiarse. Era una paradoja, venían de asaltar un banco pero sólo contaban con un puñado de dulces y mil quinientos pesos que la joven acompañante de María había logrado tomar en el centro financiero.

“Aún me considero una niña” dice, a pesar de que le robaron su niñez a los 12 años. Sufría constantemente el abuso sexual y psicológico por parte de su padrastro. Debía ser la “madre” de sus seis hermanos y soportar la indiferencia que a diario su mamá imponía ante ella. Sin acceso a educación, cada mañana veía más lejana la posibilidad de lograr cambios en su vida. En su cabeza también rondaban las palabras que le gritaba su mamá cada vez que la agredía: “Si a los 16 no consigues marido te me largas, yo no te voy a mantener”, recuerda.

La única autoridad que conoció en esa época fue la guerrilla. El grupo pasaba constantemente cerca al “cambuche” de cartón, tejas y barro donde vivía. Sin esperarlo, generó un vínculo con ellos y prefirió caminar entre armas que soportar más abusos dentro de su familia. Se unió a ellos.

A pesar de su corta edad, María sabía cocinar, cortar madera, caminar largas horas y defenderse sola. “Yo quería ser una guerrera”, dice, ya nadie más iba a volver a sobrepasarse con ella. Era la menor dentro de este grupo armado, pero allí todos eran iguales, y cada quien luchaba por sobrevivir.

Para José Luis Campo, Coordinador y representante legal de BENPOSTA, una institución que trabaja en diferentes zonas del país con los niños, niñas y jóvenes que afrontan situaciones de riesgo con ocasión del conflicto armado, uno de los principales factores de riesgo que existen para los menores de edad en Colombia con respecto a la vinculación de grupos armados, es “el abandono estatal”. Por su parte, Linda Lorena Sánchez, investigadora del Centro Nacional de Memoria Histórica considera que “actualmente es un reto establecer los motivos por los cuales los niños y niñas siguen siendo vinculados al conflicto armado, ya que hay casos registrados de niños escolarizados y con acceso a oferta institucional que son utilizados en la guerra, en la que ellos expresan su deseo de vincularse a un grupo armado, no necesariamente en los territorios más vulnerables o con menos oferta institucional son los niños que se van a la guerra”.    

Luego de escapar del combate con el Ejército, María pasó por varios pueblos y logró llegar hasta donde su padre, un campesino conservador y trabajador que sorprendentemente después de abandonarla, optó por ayudarla, y ella entonces decidió contarle su experiencia. Todo parecía haber mejorado, pero días después su padre salió unos minutos de la casa, argumentando que iba a conseguir unas cosas para irse de viaje con ella a Cartagena. Cuando regresó, no venía solo, estaba con el Ejército, y la obligó a entregarse. Un golpe más de la vida.

“De la tragedia a la esperanza: el otro proceso de mi vida”  

Ya en el batallón fue llevada a Medicina Legal y aquí empieza una serie de exámenes e interrogatorios para determinar si en realidad era una menor de edad. María no volvería a frecuentar el monte y ahora debería vivir en Bogotá, en casas juveniles y hogares de paso. Sus quince años los cumple en un centro correccional de menores, luego, con la ayuda de su tutora llega a BENPOSTA, donde, según ella, pasa los mejores años de su vida.

Ha pasado más de una década y ahora María es una estudiante destacada en su universidad. Vive sola y en su mente sigue presente trabajar sin descanso por la defensa de los derechos de los niños, “todo el tema del posconflicto –dice- es algo que voy a empezar a trabajar, todos esos procesos de desvinculación que yo viví, lo que hacen es traumatizarlo a uno, y hay muchas fallas”.

Hoy, día en el que se conmemora a nivel mundial el aniversario de la firma del protocolo de la Convención sobre los Derechos del Niño que prohíbe el uso de niños, niñas y adolescentes en los conflictos armados -conocido también como “El Día de las Manos Rojas”- desde el CNMH consideramos importante unir esfuerzos para prevenir el reclutamiento ilícito, vinculación y utilización de niños, niñas y adolescentes a los grupos armados. Una tarea que de nuestra parte va avanzando con una investigación, cuyo objetivo es contribuir al esclarecimiento histórico de las diferentes modalidades, particularidades y continuidades a nivel nacional de las prácticas de reclutamiento ilícito, utilización y vinculación menores de edad a grupos armados.

*Nombre cambiado por razones de seguridad.

Escuche entrevista con *María Londoño:



ICBF, Memoria, Niños y Niñas, Víctimas

Los colores de la montaña

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

11 Mar 2015


Los colores de la montaña

Un gran debate se generó esta semana en la sala de redacción de Cine+Memoria: “Los colores de la montaña” o “Las tortugas también vuelan”. No es para menos, el tema que movió la agenda nacional por estos días en Colombia estuvo enmarcado por el anuncio desde La Habana, por parte la guerrilla de las Farc y el gobierno, para empezar el proceso de desactivación y erradicación de las minas antipersonas instaladas por este grupo armado. Una tarea que llevara varias décadas y que según el informe “¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad” a 2012 había dejado 10.189 víctimas, de las cuales 2.119 murieron.  

La coyuntura amerita ver una película sobre el tema. Pero, ¿Qué película refleja mejor este crimen?, ¿Debemos mostrar una realidad nacional o internacional? Las dos son relatos construidos desde la voz y visión de los niños en medio del conflicto armado. Las dos tocan el tema de las minas antipersona. Una desde una óptica un poco cruel y cruda, mientras la otra lo hace desde un lado más romántico.

Al final decidimos irnos con “Los colores de la montaña” –esto no implica que no vayamos hablar sobre “Las tortugas también vuelan” en algún momento dentro de nuestra sección-, una producción nacional escrita y dirigida por Carlos Arbeláez, que según importantes críticos consultados por la revista SEMANA ocupa la posición número 16 entre las 50 mejores películas del cine colombiano.

-¿Qué dice ahí?-, pregunta Poca Luz, un niño rubio de 9 años con problemas de visión.

-Ahí dice: “Ponte el uniforme, queremos más fútbol y menos clases”-, responde su amigo Manuel, al cambiar el sentido de una frase escrita con aerosol y forma de sentencia en el muro de su colegio que dice: “guerrillero ponte el camuflado o muere de civil”.

Un dialogo entre dos niños que resume el amor por el fútbol y la inocencia ante la guerra. Como si darle patadas a una pelota fuera el único propósito primordial de sus vidas. Esta historia se centra en la pasión y ganas de Manuel, un niño de nueve años por ser arquero de futbol, sueño que lo lleva a meterse en un campo minado con tal de recuperar su balón que cayó allí mientras jugaba con los amigos del pueblo. `+

Publicado en Cine + memoria



Cine+Memoria, Farc, Habana, Niños y Niñas

“Mientras los grupos nos azotan, los niños bailan”

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

María Paula Durán

Publicado

09 Abr 2015


“Mientras los grupos nos azotan, los niños bailan”

Magüi Payán es un municipio internado al sur del Pacífico, en el departamento de Nariño. Allí a pesar de las difíciles circunstancias planteadas por el conflicto armado, la extrema pobreza y un nivel de desplazamiento que hoy tiene a dos mil personas provenientes de la zona rural en el casco urbano, sus habitantes siempre tienen una sonrisa para ofrecer.

Esa actitud de los habitantes de esta región siempre ha sido el motivo que inspira a Juan Angulo, un artista que ha participado activamente en las actividades del Centro Nacional de Memoria Histórica en la región y que hoy estuvo en primera fila como parte de los invitados especiales al lanzamiento oficial del Museo Nacional de la Memoria.

Él llegó con un regalo especial para Juan Manuel Santos, “el gesto del currulao”, un cuadro de formato medio, que a través de la técnica de espátula y óleos de colores cálidos, muestra a una bailarina tradicional de la región del Pacífico, en medio de un escenario donde se difuminan los hechos de violencia que los azotan.

“En estas pinturas están todos los golpes que han recibido nuestros mayores, reflejados en nuestros niños y en nuestra gente, que a pesar de tantas dificultades y aislamiento, están sonriendo siempre. Mientras los grupos nos azotan, los niños bailan”, aseguró que este tipo de expresiones podrán ser conocidas por todos los colombianos, pues el Museo Nacional de la Memoria tendrá un espacio para darlas a conocer.

El “Gesto del currulao” busca mostrar las formas de resistencias pacíficas de los habitantes de la región, sin olvidar que la alegría de sus habitantes oculta el hambre, las dificultades y la falta de oportunidades para los campesinos, agregó Juan, quien aspira a que su obra entre a formar parte de la colección de obras de artistas colombianos que se exhiben en las paredes del Palacio de Nariño.

“Quiero que a través de mi obra, los colombianos vean la belleza natural de mi región, pero también los hechos de la violencia. Quiero que todos puedan ir algún día a estas tierras, a pesar de que se demoren tres días para llegar. Estoy seguro que la persona que lo conozca, no querrá salir de allá” 

 


Arte, Grupos Armados, Magüi Payán, Niños y Niñas, Pacífico

Cuando la guerra tocó a los niños de La Pica

Noticia

Autor

Maria de los Ángeles Reyes

Fotografía

Luz Mary Hincapié

Publicado

18 Ago 2015




Cuando la guerra tocó a los niños de La Pica

“Desde que no haya justicia, cada 15 de agosto vamos a seguir diciendo que no se nos ha olvidado que murieron seis niños y nos hirieron gravemente a cuatro”, dice Argemira Carmona, madre de dos de las víctimas de la masacre de Pueblorrico.


Las autoridades de Pueblorrico y de la Gobernación de Antioquia, acompañadas por el Centro Nacional de Memoria Histórica, realizaron actividades conmemorativas el pasado sábado en el pasaje que llevará al parque educativo “Guardianes del Cielo” para rendir homenaje a las víctimas de la masacre del 15 de agosto del 2000; seis niños muertos tras un ataque del Batallón de Infantería no. 32 Pedro Justo Berrío, de la IV Brigada del Ejército.

Ese día, 41 niños de la escuela rural de la vereda La Pica estaban en una caminata ecológica, en una finca cercana, cuando el grupo fue atacado. Tras escucharse disparos y detonaciones de granadas, uno de los adultos que acompañaba la caminata empezó a gritar advirtiendo a los atacantes que se encontraban con niños. Sin embargo, según testigos, el ataque duró aproximadamente cuarenta minutos.

La ambulancia que prestó atención médica a los menores llegó una hora después porque, según los integrantes del Batallón, el radio para llamar un helicóptero no estaba funcionando. Los niños que fallecieron ese día fueron Paola Arboleda de 8 años, Alejandro Arboleda de 10 años, Marcela Sánchez, de 6 años, Harold Tabares, de 7 años, David Ramírez, de 10 años, y Gustavo Isaza Carmona de 9 años. En medio de los ataques cuatro niños más quedaron heridos. Ellos fueron Cesar Arboleda, de 10 años, Oswaldo Muñoz, de 7 años, Cristian Isaza, de 5 años y Andrea Sánchez de 15 años.

Estado del proceso

Argemira Carmona es la mamá de Gustavo Isaza, quién murió en la masacre, y de Cristian Isaza, herido ese mismo día. Ella afirma que después de 15 años las familias siguen esperando una condena en contra de los uniformados involucrados en el caso, por la “irresponsabilidad con la que actuaron ese día”, dice.

Según la Corporación Humanidad Vigente, que tenía a su cargo la representación de las víctimas en una demanda que presentaron contra el Estado, los militares implicados afirmaron que habían confundido a los niños con miembros de la guerrilla del Eln, que en ese tiempo tenía presencia en el Suroeste antioqueño. Por estas declaraciones el caso fue asumido por el Fuero Penal militar como un “error militar”.

Al cumplirse los cinco años de esta tragedia, los familiares de las víctimas fueron indemnizados por el Ministerio de Defensa con la suma de mil sesenta millones de pesos, repartidos entre las familias de los diez niños.  Ese mismo año, en 2005, según la Corporación, “se emitió una resolución de acusación contra un sargento segundo y 10 soldados por homicidio culposo y lesiones personales culposas, mientras que cesó el procedimiento contra un capitán primero, un capitán segundo y 15 soldados regulares”.

Desde 2005 hasta 2008, Argemira Carmona dice que no recibió más información del caso salvo que los abogados habían sido amenazados. Los papás de las víctimas se organizaron y le enviaron una carta al Presidente de la República, quién “amablemente nos respondió que el caso estaba en la Fiscalía 19 especializada de Bogotá, pero nada más. Y de ahí a hoy no sabemos nada”.

La conmemoración

A pesar del sin sabor que les ha dejado las decisiones judiciales alrededor del caso,  las familias dicen que se han sentido respaldadas por las formas de reparación simbólica que han recibido a lo largo de estos años. Este año, con motivo de la conmemoración de la masacre, se hizo una actividad de tres días con “Parques Educativos de Antioquia”, con una eucaristía y que concluirá este 15 de agosto con el evento conmemorativo.

El pasado jueves se realizó una siembra de árboles de la memoria en la vereda La Pica y un taller de elaboración de atrapasueños. El viernes también se llevaron a cabo foros y conferencias con expertos en derechos humanos y reconciliación, y además, se proyectó el documental “Cuando voy a la escuela” que habla de la realidad de seis niños que estudian en las zonas rurales de Antioquia. El sábado pasado finalmente se llevó a cabo el evento conmemorativo a cargo de la Personería del municipio.

La importancia de esta clase de eventos, para Sandra Echavarría, es que constituyen un espacio para que las familias se unan y encuentren esperanza en medio del dolor que les genera recordar. Además,  afirma que “es una forma de acompañar a la comunidad e invitarla a la reconciliación para la no repetición de hechos tan dolorosos”.

“Lo que más nos gustaría tras estos 15 años es que no se olvide lo que nos pasó, que se sepa y que no quede en la impunidad”, aseguró Argemira Carmona.

 

Antioquia, Guerra, La Pica, Niños y Niñas

Museos Escolares comparte su experiencia con las Américas

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Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

02 Sep 2015


Museos Escolares comparte su experiencia con las Américas

Desde de hoy y hasta el próximo 4 de septiembre se desarrollará en Buenos Aires, Argentina, “El Museo Reimaginado”,encuentro internacional al que asisten Museos Escolares de la Memoria y el Museo Nacional de la Memoria para compartir sus experiencias y aprender de otros procesos en América.


Este evento, organizado por Fundación TyPA y la American Alliance of Museums, realizado por primera vez en América Latina, reúne alrededor de 400 profesionales de museos de todo el continente y será una plataforma para poner en escena las mejores metodologías, ideas innovadoras, enfoques creativos, y respuestas exitosas a problemas comunes en el campo de los museos.

Martha Nubia Bello, directora Técnica de la Dirección de Museo del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, hará una ponencia en este encuentro en la mesa de diálogo titulada “La atrocidad y los museos: las representaciones de la violencia y la memoria”, que contará con la participación de Florencia Battiti (curadora del Parque de la Memoria en Argentina), Roberto Fuentes (coordinador del Parque por la Paz Villa Grimaldi en Chile), Alice Greenwald (directora del Museo y Memorial del Septiembre 11 en Nueva York) y Denise Ledgard (Directora del proyecto Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social -LUM- en Perú).

Dentro de la presentación de mejores experiencias en prácticas museológicas se encuentra Museos Escolares de la Memoria (MEMO) [Conocer el proyecto de MEMO] , proyecto premiado por el CNMH  a través de la II Convocatoria Nacional de Propuestas Artísticas y Culturales de Memoria 2014.

MEMO es un proceso expositivo construido con estudiantes de dos instituciones de Bogotá: el colegio Los Nogales y La Giralda, a quienes se les propuso investigar e identificar en su entorno objetos de memoria de las víctimas del conflicto con el propósito de reconocerlas y reconstruir sus historias de vida a través de ellos.

La selección del proyecto por parte de los organizadores llega después del lanzamiento de su exposición “Relatos de Memoria, Reconstrucción de un futuro para la paz” y su itinerancia en la Feria del Libro de Bogotá en 2015.

Según el equipo del proyecto la selección obedece a la interacción que la propuesta genera con el público que la visita, a su diseño dinámico y al uso que hace de nuevas tecnologías (como dispositivos electrónicos y pantallas táctiles).

MEMO le brinda la oportunidad al visitante de verse inmerso en la tesis del proyecto: “Todos somos víctimas y Todos podemos hacer memoria”. Así el proyecto habilita dos entornos creativos y de participación: una estación para escribir nuestra propia historia y una estación para enviarle mensajes a las víctimas cuya historia está expuesta en la muestra.

Arturo Charria, coordinador de MEMO, cree que la participación del proyecto en El Museo Reimaginado se destaca por múltiples razones, siendo la principal, el haberse concebido en el corazón de un aula de clase:

¨El trabajo realizado entre estudiantes del Colegio Los Nogales y La Giralda. Dos colegios con grandes diferencias socioeconómicas, que lograron juntarse en la construcción de un proyecto común. El proyecto plantea por un lado, cómo abordar temas relacionados con la memoria, el conflicto y la paz en el aula de clase; por otro lado, nos preocupamos por reflexionar cómo estos aprendizajes son significativos para los estudiantes (que les generen pensamiento crítico) y, por último, como aquello que se produjo en el aula de clase puede ser un contenido que va más allá de una nota o resultado académico, sino que es un aporte para la memoria y la paz del país.

Durante el evento, MEMO también participará en “En Escena”, espacio diseñado por los organizadores para mostrar experiencias innovadoras en el campo del museo; donde el proyecto se destaca por su aporte en la generación de conocimiento alternativo sobre cómo desde el colegio se pueden construir contenidos, no sólo consumirlos.

Adicionalmente su participación incluye la socialización de la nueva fase del proyecto: la presentación de una interfaz más incluyente a través de la narración y transcripción en Braille de algunas de las historias.

 


Latinoamérica, Museo, Niños y Niñas

Niños en el frente de batalla

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

04 Sep 2015


Niños en el frente de batalla

“Yo soy la razón de la destrucción del futuro de mis hijos”, dice uno de los líderes de las fuerzas opositoras al gobierno de Bashar al-Assad en la ciudad de Aleppo, al noroeste de Siria.


“Niños en el frente de batalla”, dirigido por Marcel Mettelsiefen, es un documental que muestra una de las guerras más crudas del mundo actual, la de Siria, a través de los ojos de los niños que tienen que vivir en medio de ella. La película gira alrededor de dos historias: una familia en pleno frente de batalla y un niño que lidera, con sus canciones, las manifestaciones pacíficas que se hacen contra el régimen en el centro de la ciudad.

La familia decidió quedarse en Aleppo acompañando la lucha del papá, uno de los máximos líderes opositores. Sus cuatro hijos, tres niñas y un niño, reparten su tiempo en clases improvisadas de lectura que dicta la hermana mayor de 11 años; inspecciones ocasionales a casas abandonadas; y, además, en la construcción de municiones para la guerra. No hay tiempo para jugar, aunque para ellos, como para cualquier niño, la vida no deja de ser un juego.

El otro protagonista tiene 13 años y Mettelsiefen lo describe como el Justin Bieber sirio. “Un día él dijo que le dolía la cabeza y no iba a cantar. Se canceló la manifestación”, dijo el director. Por ser una figura pública vivía amenazado por las fuerzas oficiales, y por extremistas islámicos que se aprovecharon de la situación en Siria para imponer sus reglas. Varias veces se salvó de morir en medio de bombardeos en los lugares públicos donde se presentaba.

Los cinco protagonistas de “Niños en el frente de batalla”, a pesar de su corta edad, tienen una postura política muy fuerte. La guerra los ha obligado a vivir en la ironía de compartir su inocencia mientras se convierten en adultos para sobrevivir. Ellos, que ven la muerte de frente, saben que no están viviendo una vida normal, pero que es el precio que tienen que pagar por el amor a su pueblo. Sin embargo, cuenta el director, después de haber grabado el documental la situación en Siria se complicó y tuvieron que salir exiliados. No ganaron la guerra; perdieron su infancia.

En Colombia los niños también han tenido mucho que contar en décadas de conflicto armado. Algunas propuestas cinematográficas tratan directamente este tema, como: “Los colores de la montaña” de Carlos César Arbeláez y el documental animado “Pequeñas voces” de Jairo Carrillo y Óscar Andrade. “Niños en el frente de batalla” se estará presentando el domingo 13 de septiembre en el estand de la Memoria de la Fiesta del libro y la cultura de Medellín, gracias al festival Ambulante. (Ver programación)

 

 

Publicado en Cine + memoria



Cine+Memoria, Guerra, Niños y Niñas

Las voces de los mayores de Trujillo perduran en los niños

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Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

14 Sep 2015


Las voces de los mayores de Trujillo perduran en los niños

“Después de la pérdida de mis seis hijos casi me enloquezco pensando el porqué de la injusta violencia que ha manchado nuestro pueblo con la sangre inocente de nuestros hijos. Solo le pido a Dios que me de fuerza y fortaleza”.

Este es un fragmento que Mayerli Mayorga escribió sobre Ana María Vargas, su abuela, una mujer a la que el conflicto armado le arrebató seis hijos. Su testimonio hace parte de la iniciativa de memoria que se trabaja en Trujillo, en la cual los niños y niñas de este municipio ubicado 116 kilómetros al norte de Cali, narran las historias y memorias del conflicto armado de los adultos mayores, especialmente de sus mujeres.

“Mostrando esos rostros, en estos libros queremos que las nuevas generaciones cuenten las historias de las matriarcas de Trujillo, historias de mujeres que han vivido este largo conflicto y han perdido esposos, hijos, hermanos y tantos otros familiares. Nosotros somos un legado vivo y debemos contar todo lo que sabemos” expresa María Ludivia Vanegas, vicepresidenta de la junta directiva de la Asociación de Familiares Victimas de Trujillo (AFAVIT), a quien la violencia le ha quitado 24 parientes.

El proyecto inició hace ocho años —mucho antes de que hubiera una Ley de Víctimas— con 25 niños y niñas del grupo de trabajo Jimmy García Peña, quienes empezaron a construir los perfiles de algunas mujeres mayores. Les tomaban fotografías y conversaban con ellas, y así inició la construcción de perfiles. Una colección que hoy cuenta con 17 libros que narran el dolor y la resistencia de Trujillo.

“Seis almas mártires de la violencia” fue uno de los primeros libros escrito por Mayerli Mayorga a los 10 años. En él se cuentan las historias y recuerdos de su abuela, Ana María Vargas, una mujer de 78 años a quien le han desaparecido o asesinado a seis de sus 16 hijos. “Los niños saben los sufrimientos de uno, a veces hasta lo comparten pues muchos también han visto morir a sus familiares. Hablar con ellos nos ayudan a la reconciliación, a somatizar el dolor cuando podemos contarlo. Además, también podemos transmitir nuestra experiencia y sabiduría a los niños, niñas y jóvenes de Trujillo” cuenta Trinidad Páez, miembro de AFAVIT que hace 25 años perdió a su hijo, Gilberto Rojas.

Dibujar pirograbados, modelar esculturas y pintar murales son otros oficios que los mayores les enseñan a los niños y niñas de Trujillo, para que lo vivido por esta población del Valle del Cauca nunca se olvide.

Los libros escritos por niños para narrar las memorias de las matriarcas de Trujillo fue una de las experiencias presentadas en el encuentro Voces de Mayores, realizado en Cali durante el 21 y 22 de agosto, en dónde más de 40 adultos mayores, líderes de organizaciones sociales y de víctimas del Valle del Cauca, Nariño, Putumayo, Cauca y Chocó, se reunieron e intercambiaron experiencias para crear memoria en sus comunidades y demostrar que sus voces son testimonios valiosos para reconstruir la historia del conflicto armado colombiano.

Este proceso es acompañado por el Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, y apoyado por la Unidad de Víctimas, USAID y OIM.

 


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