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Los refugiados también son colombianos

Noticia

Autor

Camilo Lozano.

Fotografía

Paola Córdoba para el CNMH

Publicado

22 Jun 2015


Los refugiados también son colombianos

El 20 de junio se conmemoró el Día mundial del refugiado, personas que para muchos son invisibles y que exigen ser parte de la toma de decisiones de sus países, colombianos que esperan volver al país, su ciudad, a su hogar.

Todo empieza con las amenazas contra la vida, luego la resignación de no poder seguir adelante, los sentimientos de impotencia y tristeza surgen al saber que tu  país de origen no puede hacer valer tus derechos y que solo quedan dos caminos por recorrer. Esperar que la muerte aparezca, que se cumplan las amenazas que han hecho desaparecer la tranquilidad de tu vida y la de tu familia, o dejar atrás todo y desplazarse a otro territorio, otra ciudad, la mayoría de las veces, desconocida donde las costumbres, tradiciones, comidas y el trato con las personas es diferente. Es la difícil decisión de convertirse en un refugiado antes que un muerto, es la opción que millones de personas en todo el mundo han tenido que tomar por diferentes razones, ideológicas, políticas, sexuales, religiosas, por defender una causa o no querer formar parte de ningún bando.

Los refugiados son una realidad alarmante que demuestra la debilidad de muchos estados para defender la vida de sus ciudadanos. De acuerdo a Acnur (Agencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en el 2014 la cifra de refugiados en el mundo llegó a 59,5 millones, lo que demuestra que a diario muchas personas tienen que abandonar su territorio, dejar atrás su vida y enfrentarse en otros países a la revictimización, explotación laboral, redes de trata y tráfico de personas.

En el caso colombiano, la cifra corresponde a más de 400 mil personas refugiadas, lo que sería equivalente a la población total de Pereira.  En nuestra historia, intelectuales, escritores, políticos, artistas, cantantes, periodistas, profesores, estudiantes, líderes de diferentes comunidades, y principalmente las personas del común, son los que han tenido que buscar refugio a causa del conflicto armado.

De acuerdo con Randolf Laverde, coordinador regional de Incidencia del Servicio Jesuita a Refugiados Latinoamérica y El Caribe, las mayores dificultades que deben afrontar los refugiados y sus familiares son “el acceso a la documentación, la celeridad en el proceso de la solicitud, la garantía de los derechos fundamentales, el acceso a la educación y a la salud”, tanto para el solicitante principal como para su familia. De igual forma asegura que existe un problema estructural donde “las instituciones que se han creado en el tema de migración forzada no están cumpliendo sus funciones, los funcionarios no están capacitados en el tema y esto genera que sus servicios o acciones revictimicen a las personas, porque no tienen claro el procedimiento ni cómo ayudarles donde se debe resaltar que debe primar el principio humanitario y la garantía de los derechos humanos como tal”.

Las consecuencias de este tipo de desplazamiento han afectado en todos los aspectos al país expulsor, puesto que son muchos los tejidos y las relaciones sociales que se fracturan en los territorios. Las personas en situación de refugio y desplazamiento deben dejar atrás a su familia, exponiéndolas a múltiples factores de victimización, aparte de lidiar con la distancia y la soledad.

Tal como le sucedió a un refugiado proveniente de Norte de Santander, quien tuvo que salir de su territorio dejando atrás a sus hijos y esposa. Él fue alertado que iba a ser asesinado por proporcionar, supuestamente, información al Ejército Nacional, dado que visitaba constantemente una base de la marina. Lo que no sabía este grupo armado es que él visitaba la base militar para comunicarse con su esposa e hijo quienes se encontraban recibiendo en Bogotá un tratamiento médico. Días después de ser alertado este hombre tuvo que tomar la decisión de irse. Dada la cercanía se refugió en Venezuela, territorio en el que actualmente vive con su familia. Esta es tan solo una parte de la historia de muchos refugiados, algunos no han visto a sus padres, hermanos y amigos durante muchos años y mucho menos han cumplido el sueño de volver a su tierra patria, tal como lo dijo Imelda Daza, exconcejal de la UP y quien vive en Suecia desde hace más de 20 años. En ella está intacto el anhelo de volver a Colombia, pero asegura que día a día se convence más que es solo una utopía, debido a que el Estado aún no puede garantizar sus derechos y mucho menos la no repetición de los factores que la hicieron dejar al país.

Es importante recordar las razones por las cuales las personas decidieron refugiarse, no para señalarlos, sino para construir una memoria histórica en donde todas la voces sean partícipes, en donde todas las víctimas construyan la verdad y contribuyan a sanar las heridas de un país con más de 50 años de violencia. Es la oportunidad de dignificar a todos los refugiados, exiliados o asilados que salieron casi en silencio para evitar ser asesinados, y al mismo tiempo a quienes no pudieron o quisieron pero perdieron su vida por la violencia.

Y aunque los refugiados deberían ser una prioridad para el Estado y la sociedad, la realidad es otra dado que es un fenómeno casi invisible porque las migraciones forzadas hacia otros países no se hacen de manera masiva, además muchos refugiados prefieren estar en el anonimato y algunos simplemente se van del país sin hacer el procedimiento adecuado por el miedo de ser encontrados.

El pasado 20 de junio, en la conmemoración del Día Mundial del Refugiado, El Centro Nacional de Memoria Histórica, se unió a la Acnur y al Servicio Jesuita a Refugiados para solidarizarse con estas víctimas y sus familias. Es el momento de visibilizar la realidad de cientos de refugiados y apoyarlos como los compatriotas que son; que por lo tanto merecen una reparación integral, un espacio para dar a conocer sus historias y no olvidar que el desplazamiento es una realidad que aún hoy aqueja a nuestro país.

 


colombianos, Exilio, víctimas de exilio

¿Dónde están los archivos de derechos humanos de los colombianos?

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

25 Ago 2015


¿Dónde están los archivos de derechos humanos de los colombianos?

El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) acaba de lanzar el Registro Especial de Archivos de Derechos Humanos (READH), una iniciativa con la que busca saber dónde están estos archivos en qué condiciones y a qué peligros se enfrentan.


Desde el  archivo del familiar de un líder social desaparecido, pasando por  el de un medio de comunicación que ha registrado la guerra, o el de una ONG que busca cooperar en la paz del país. Todos estos archivos, junto a los que se encuentran bajo la responsabilidad del Estado, son fundamentales para reconstruir la memoria histórica del conflicto armado en Colombia, y por eso el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) quiere saber dónde están, en qué condiciones se encuentran y a qué peligros se enfrentan, para promover su protección.

Para esto, la Dirección de Archivo de los Derechos Humanos del CNMH empezó en el 2015 a implementar el Registro Especial de archivos de Derechos Humanos, READH. Esta labor se realizará inicialmente  en 7 departamentos: Antioquia, Santander, Tolima, Magdalena, Córdoba, Nariño, Sucre y en Bogotá. En cada uno de estos lugares, un grupo multidisciplinario se encuentra visitando a líderes, víctimas del conflicto armado, organizaciones sociales y diferentes tipos de entidades, cuyo archivo testimonie graves violaciones a los derechos humanos, infracciones al Derecho Internacional Humanitario, y  demás hechos relativos al conflicto armado colombiano de interés para la memoria histórica.

Esta tarea fue encargada al CNMH en el Decreto reglamentario 4800 de 2011 [Consulta la legislación del READH], pero no es nada fácil, si se tiene en cuenta el amplio espectro de archivos que podrían hacer parte de este Registro. Este debe incluir, por ejemplo, archivos que puedan ayudar a satisfacer las demandas de justicia y reparación de las víctimas, a reconstruir un fragmento de vida o la dignidad de una persona que ha sido sujeto de estigmatización y violencia, o a identificar los modus operadi de los victimarios.

 
“Se trata de un ejercicio pionero en el país y clave en este momento de negociaciones de paz, cuando los archivos son mucho más vulnerables, ya que los responsables de los crímenes cometidos durante el conflicto armado podrían intentar destruirlos o esconderlos. Sabemos que hay muchas personas y organizaciones que han venido documentando por años la guerra en Colombia  y necesitamos saber dónde están, no necesariamente para que nos donen una copia de su información, sino para cooperar en la protección de sus archivos”,
 
Margot Guerrero
 
    Margot Guerrero
    Directora del Archivo de los Derechos Humanos del CNMH
 

Acorde con Ernesto Jaimes, asesor del Archivo de los Derechos Humanos del CNMH, “este Registro permitirá, a las organizaciones o personas que se vinculen, hacer parte de una plataforma pública especializada en el tema de archivo, en donde podrán consultar información útil acerca de los archivos registrados y generar redes de información que les permitan tener más insumos para seguir desarrollando su trabajo. Así mismo, aunque hacer parte del Registro no significa que la información custodiada tenga que se ser compartida con el CNMH, sí es la puerta de entrada para participar de los procesos pedagógicos y de fortalecimiento que desarrollamos”.

Las personas o entidades que quieran hacer parte de este registro o deseen tener más información pueden consultar la página web www.centrodememoriahistorica.gov.co, escribir  al correo: readh@centrodememoriahistorica.gov.co, o llamar al teléfono 7965060 ext. 165.

* Consulta las preguntas frecuentes sobre el READH.

 
 


Archivos DDHH, colombianos

Un Nobel de Paz por la memoria

Un Nobel de Paz por la memoria

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

22 Feb 2016


Un Nobel de Paz por la memoria

Cuatro de las cinco víctimas postuladas al premio Nobel de Paz junto al presidente Juan Manuel Santos y el líder de las Farc, alias ‘Timochenko’, le contaron al CNMH la importancia para ellas de ser nominadas a este galardón.


La nominación la realizó el parlamentario noruego, Heikki Holmas, y sorprende por la diversidad de representantes que la componen: empezando por el presidente Juan Manuel Santos y alias ‘Timochenko’, jefe máximo de las Farc. De igual manera fueron postulados José Antequera, hijo del líder asesinado de la UP, José Antequera; Luz Marina Bernal del Colectivo Madres de Soacha que lucha en contra de las ejecuciones extrajudiciales; Jineth Bedoya, periodista víctima de violencia sexual por parte de las AUC; Leyner Palacios, líder de Bojayá, y Constanza Turbay, única sobreviviente de la familia Turbay, exterminada por las Farc, quienes eran líderes y políticos en Caquetá. El CNMH insistió hablar con Constanza Turbay pero no pudo contactarla.

“Hacer la paz es de valientes”: Palacios

Cuando tenía 26 años, en 2002, Leyner Palacios sobrevivió a uno de los hechos más fatídicos en la historia del conflicto armado en Colombia: la masacre de Bojayá. Este hecho puso al Chocó en la esfera pública, y Leyner Palacios empezó a ser reconocido como uno de los más importantes defensores de derechos humanos en Colombia. Sin embargo, la violencia y las injusticias que aquejaban la región no empezaron el 2 de mayo de ese año. Por eso, la lucha de Leyner va más allá de la reivindicación de las víctimas de la masacre. Su pugna gira en torno a todas las personas que se han visto afectadas por la violencia en el Medio Atrato, no solo por causa del accionar de los actores armados, también debido al abandono y la constante negligencia del Estado.

Frente a la postulación al Premio Nobel indicó: “Un reconocimiento al trabajo de construcción de paz que ha venido haciendo mucha gente en el país; gente que nunca ha tomado el camino de la guerra sino que ha buscado siempre resistir de forma pacífica”. Respecto al hecho de que estén juntos víctimas y victimarios en este grupo postulado al Nobel, Leyner Palacios se muestra receptivo. Dice que a pesar de que han sido generadores de violencia ahora “han tenido la valentía se sentarse a hablar  como enemigos, para hacer las cosas diferentes” y cree que es un esfuerzo que se debe reconocer y que es válido.

Denunciar el paramilitarismo: Antequera

José Antequera Guzmán tenía cinco años cuando su papá, José Antequera, fue asesinado el 3 de marzo de 1989 en el aeropuerto el Dorado de Bogotá. A José Antequera lo mataron por denunciar el paramilitarismo que reinaba a finales de los años 80. Para ese entonces, Antequera padre desplegaba una gran carrera política y prometía un enorme futuro como dirigente de la Unión Patriótica, UP. A partir del momento de la muerte de su padre, José Antequera hijo se ha dedicado a trabajar por la memoria histórica y por el esclarecimiento de los procesos de exterminio y despojo en Colombia.

En cuanto a la expectativa que le genera esta postulación opinó: “Esto nos sirve a nosotros para elevar nuestra voz, no solo frente al tema de los derechos de las víctimas, sino frente a muchos otros temas con los cuales estamos involucrados, con la paz en primer lugar y también con una perspectiva de pos acuerdo que tenga justicia social, una perspectiva de acuerdo verdaderamente democrática. La principal expectativa es que esto sea para que nuestra voz adquiera mayor peso, para que podamos influir e incidir mucho más en este país frente a muchos de los retos que tenemos. Creo que eso es un poco lo que ha venido pasando y para mí es ya una gran ganancia que la gente a partir de reconocer, a partir de valorar esa nominación, nos escuche más atentamente y valore lo que venimos haciendo”.

“Las víctimas somos aportantes para este proceso de paz”: Bernal

Ella no buscaba figurar en los medios de comunicación, foros sobre víctimas o recorrer el mundo contando su historia; ella era una madre, como muchas, pero un día su hijo fue desaparecido y fue presentado como guerrillero muerto en combate. Luz Marina Bernal es líder del Colectivo Madres de Soacha, madre de Fair Leonardo Porras de 26 años, desaparecido y asesinado en Ocaña, Norte de Santander, por integrantes de Ejército. Es una de las más representativas figuras nacionales para hablar sobre ejecuciones extrajudiciales y el caso de su hijo fue declarado crimen de lesa humanidad.

Con la humildad y sencillez que la caracterizan, dice que le “agradece al señor que los postuló —Heikki Holmas— porque “realmente para todos los que fuimos elegidos es un momento coyuntural, un momento importante, y digo coyuntural sencillamente porque se está trabajando un proceso de paz que realmente el país lo necesita, ya que estamos en conflicto hace más de 50 años y hemos aportado nosotros las víctimas una cuota muy alta para que ese proceso se dé ahora, ya que han existido otros procesos, pero han sido fallidos y esperamos que este proceso se lleve a un feliz término”.

La lucha y dignidad de Jineth Bedoya

El 25 de mayo de 2000, la periodista Jineth Bedoya se dirigía a la cárcel Modelo de Bogotá para una entrevista con el exjefe paramilitar, Mario Jaimes Mejía, alias el ‘Panadero’. Sin embargo, cuando intentaba ingresar al penal fue abordada por varios hombres que la drogaron y la agredieron física y sexualmente. Ese día inició su incansable trabajo por los derechos y la dignidad de las mujeres víctimas de la  violencia sexual.

“El 25 de mayo, hace 15 años, me robaron la vida —recuerda la actual Subeditora del periódico El Tiempo— sin embargo cuando me inscribí a la lista del Registro Único de Víctimas y empezó el proceso de reparación, inicié una lucha para que en esa misma fecha se reconociera y dignificara a miles de mujeres que como yo, fueron víctimas de violencia sexual en Colombia, y así entre todas recuperar lo que nos robaron”. Un sueño que se materializó en 2014 cuando el presidente Juan Manuel Santos, mediante el decreto 1480 de 2014, ordenó que cada 25 de mayo se conmemorara el Día Nacional por la Dignidad de las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual.

La ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz será el 10 de diciembre (fecha en que murió Alfred Nobel) en Oslo Noruega.

 


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