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Chocó también es territorio indígena

Chocó también es territorio indígena

La comunidad de San Andrés de Pisimbalá eligió varios lugares marcados por la guerra para resignificarlos con una exposición de memoria. Foto: Felipe Alarcón, CNMH.

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CNMH

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Aunque históricamente se ha asociado este departamento con la presencia de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, este territorio también es habitado por indígenas de diferentes pueblos nativos que han resistido desde hace siglos.

Publicado

12 agosto 2023


Chocó también es territorio indígena

Aunque históricamente se ha asociado este departamento con la presencia de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, este territorio también es habitado por indígenas de diferentes pueblos nativos que han resistido desde hace siglos.

Cuando pensamos en Chocó, pensamos en lo afro, una asociación implícita en nuestro país. Pensar en el Chocó es pensar en río y mar, en el Atrato y en el Pacífico, en chirimías y percusión. También en el olvido estatal y en la asociación de pobreza estructural y falta de justicia social. Estas ideas se han arraigado históricamente debido a los imaginarios que se han fortalecido respecto a ese territorio y a quienes lo habitan. «Desde la época colonial fueron mineros y se creó un imaginario de que por las condiciones selváticas de esa zona solo podían vivir los negros», explica Julie Criales, investigadora de la Estrategia de Reparaciones del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).

Conoce también las memorias y las luchas de los pueblos indígenas de Colombia.

Con estas ideas preconcebidas se ha fortalecido un supuesto que, aunque no es errado, se queda corto. Porque el Chocó es más que territorio afro: es suelo indígena desde la América prehispánica. Los indígenas han estado allí desde siempre, desde mucho antes de la Conquista, cuando eran pueblos nómadas. Sin embargo, en el momento en que el Chocó empezó a ser colonizado por campesinos de Antioquia y Córdoba, principalmente, los nativos no pudieron recorrer el territorio libremente y empezaron a asentarse donde ahora están los resguardos.

Hoy, los resguardos de los pueblos nativos suelen colindar con los consejos comunitarios, la autoridad étnica encargada de administrar los territorios colectivos de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Según el Censo Nacional de Población y Vivienda del 2018, en Chocó hay 68.415 indígenas, el 15 % de la población del departamento. Durante siglos, la población ha resistido a un territorio que parece agreste y solo dominado por comunidades negras porque lo escuchan, lo entienden y lo respetan. La profunda conexión de los pueblos nativos con la naturaleza, que abarca sus cosmogonías y la forma de comprender y habitar el mundo, les ha hecho conservar sus tradiciones, sus jornadas de caza y pesca. Aunque el sedentarismo se convirtió casi que en la única manera de permanecer en el territorio, las comunidades se han acercado a prácticas sostenibles para estar allí.

La Unidad de Restitución de Tierras, en cumplimiento del Decreto 4633 de 2011, comenzó el acompañamiento de los procesos colectivos para lograr la restitución jurídica y material de los resguardos, que ancestralmente han habitado dichas comunidades. Los resguardos son, precisamente, una categoría de reconocimiento de titularidad de la tierra de manera colectiva para los pueblos indígenas.

Dichos procesos se priorizaron debido a que los resguardos y sus habitantes fueron víctimas del despojo y el abandono de sus territorios durante el conflicto armado. Por siglos, los pueblos indígenas han sufrido diversas violencias: desplazamientos colectivos, asesinatos selectivos y confinamientos, que fueron parte de los repertorios de violencia utilizados por los actores armados —guerrillas, paramilitares e incluso el Ejército— para ejercer control sobre las comunidades. Así, los procesos de restitución, además de contar con el componente de la tierra, de la tenencia colectiva por derecho, buscan garantizar la reparación simbólica, de la que se encarga el CNMH.

 

Conoce más sobre los pueblos indígenas Inga y Kamëntša en este libro, “HACER MEMORIA PARA RECUPERAR EL SER KAMËNTŠÁ: RASPACHINES VÍCTIMAS Y LECCIONES DE LA MADRE TIERRA PARA PERVIVIR“.

 

A la Estrategia de Reparaciones del CNMH comenzaron a llegar, desde el año 2016, las órdenes de reconstrucción de la memoria de los pueblos étnicos como parte de las sentencias de restitución de derechos territoriales, las cuales se dan en reconocimiento de las afectaciones sufridas por las comunidades en el marco del conflicto. En Chocó, el Centro ha trabajado principalmente con los emberá katío, aunque también ha acompañado procesos a favor de los pueblos emberá dobidá, wounaan y gunadule. A continuación, se presentan algunos de esos procesos.

Resguardo Bochoromá Bochoromacito del pueblo emberá katío

El resguardo Bochoromá Bochoromacito del pueblo emberá katío se ubica en el municipio de Tadó, en la subregión del Alto San Juan. Allí, los ancestros y ancestras vivieron libres en el territorio y distantes de cada familia hasta que el conflicto armado llegó y modificó su asentamiento disperso por un asentamiento comunitario, y sus prácticas de caza, pesca y tejido por amenazas, señalamientos y confinamiento.

 

 

El documenta Chochoma Ijua. Tierra del Bochoromá narra la historia de los emberá katíos, las afectaciones causadas por el conflicto armado y la conformación de la guardia indígena como proceso de resistencia que ha permitido proteger al pueblo y su territorio. Este documental es el resultado del acompañamiento realizado por la Estrategia de Reparaciones del CNMH para la reconstrucción de su memoria como pueblo, en el marco del cumplimiento de la orden 24 de la sentencia de restitución de derechos territoriales número 20 de 2020.

Resguardo Santa Marta de Curiche del pueblo wounaan

En el resguardo Santa Marta de Curiche, la alimentación de la población sufrió cambios a partir del desplazamiento forzado, el confinamiento y el contacto con población con costumbres occidentales. La cacería, las preparaciones y las recetas de la comunidad se han transformado, haciendo que los y las mayores se preocupen por dejar un registro histórico de cómo se alimentaban antes de la llegada del conflicto armado.

 

 

Una serie de cuatro cortos documentales acompaña, como producto complementario, el libro Rescatando la historia del Pueblo Wounaan del resguardo Santa Marta de Curiche (Nem ĩgkhaa phiriu awaag maach wounaan resguardo Santa Marta Curiche pien den).

 

Los cortos documentales y el libro son el resultado del proceso de acompañamiento del CNMH al pueblo wounaan del Resguardo Santa Marta de Curiche, en Juradó (Chocó), para la reconstrucción  de su memoria como pueblo, en el marco del cumplimiento de la orden número 25 de la sentencia de restitución de derechos territoriales número 38 de 2018, proferida por el Juzgado Primero Civil del Circuito Especializado en Restitución de Tierras de Quibdó.

Resguardo Arquía del pueblo gunadule

El saila es la máxima autoridad del pueblo gunadule. Representa el corazón del pueblo que enseña, a través del canto tradicional, la historia de los ancestros, su cosmogonía, y orienta las decisiones de su comunidad. Pero ¿cómo sobrevive un pueblo binacional, justo en la frontera con Panamá, luego de la masacre de sus sailas a manos de paramilitares? ¿Cómo volver a conectar un camino que durante dieciocho años se dejó de transitar tras esta incursión armada?

 

 

Güegui, latidos del pueblo Gunadule es un documental que narra la resistencia del resguardo Arquía, en Unguía (Chocó), y de las comunidades de Paya y Púcuro, en Panamá, para volver a recorrer la trocha que ancestralmente los conectó y sus esfuerzos para unir al pueblo gunadule por medio del canto tradicional.

El audiovisual se realizó en el marco del cumplimiento de la sentencia de restitución de derechos territoriales número 17 del 19 de abril de 2018, proferida por el Juzgado Primero Civil del Circuito Especializado en Restitución de Tierras de Quibdó. El documental hará parte de la muestra del Festival Internacional de Cinema de Turismo  ART&TUR, el próximo mes de octubre, en Portugal.

Resguardo Mondó Mondocito del pueblo emberá katío

En la subregión del Alto San Juan, a orillas del río Mondó, la comunidad emberá katío del resguardo Mondó Mondocito vio cómo su territorio, rodeado de montañas y selvas, se convirtió en una zona de disputa entre actores armados ilegales y el Ejército. Sus caminos de trocha fueron escenario de combates que atemorizaron a toda la comunidad, a tal punto que ocasionaron el desplazamiento masivo de sus habitantes el 1.o de diciembre del 2012.

 

 

El documental Ijua Tae Nae: Nuestra Madre Tierra narra, desde las memorias del pueblo emberá katío, el ingreso del conflicto armado a su territorio, el retorno al resguardo en el 2013 y su lucha por defender sus derechos como comunidad indígena, principalmente a través de la enseñanza de sus tradiciones a las nuevas generaciones y de la creación de la guardia indígena. «Nosotros no tenemos armas, nosotros defendemos políticamente nuestro territorio usando la palabra», dice Euclides Witoto, jefe de la guardia indígena del resguardo.

Este documental fue realizado en el marco del cumplimiento de la orden número 11 de la sentencia de restitución de derechos territoriales número 52 del 29 de noviembre de 2017.

Resguardo Cuti del pueblo emberá katío

A finales de los noventa, María Albertina Domicó, María Guasarupa, Fanny Guasarupa, Dionisia Domicó y Aurora Domicó, pertenecientes a la etnia emberá katío, decidieron permanecer con sus hijas e hijos pequeños en el resguardo Cuti, municipio de Unguía (Chocó), tras el desplazamiento masivo de su comunidad como consecuencia del combate, al interior del mismo, entre el Frente 57 de las FARC-EP y el Bloque Élmer Cárdenas de las AUC en 1998.

A través de las labores cotidianas del cuidado de su familia y del aprendizaje de actividades que tradicionalmente ejercían los hombres, los emberá katío consolidaron un gobierno propio liderado por esas mujeres que resistieron en el resguardo, protegiéndolo y protegiéndose —a veces sin lograrlo— de población colona y de agresiones por parte de los actores del conflicto armado.

 

Un libro y el corto documental Cuti: fuimos desplazados son el resultado de los ejercicios de reconstrucción de memoria histórica entre líderes y lideresas del resguardo Cuti y el CNMH, ejercicios que pretenden generar mecanismos de memoria para que las nuevas generaciones emberá katío y el país conozcan su historia.

El CNMH también acompañó la sentencia de restitución de derechos territoriales número 22 del 10 de diciembre de 2018 que favorecía al resguardo Tanela de la etnia emberá katío, ubicado en el municipio de Unguía. Junto a la comunidad, se adelantó la realización del documental Tanela: historia y saberes de un resguardo Emberá Katío. También, desde la Estrategia de Reparaciones, se trabaja junto al resguardo Dogibi, del territorio ancestral Eyákera, de la etnia emberá dobidá, en el marco de la sentencia de restitución de derechos territoriales número 10 del 5 de abril de 2016, del municipio de Unguía (Chocó). Pronto se espera adelantar el lanzamiento del libro fotográfico y de la exposición Resguardo Dogibi, memorias de la comunidad del Río Alegre.

 

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  • BOCHOROMÁ BOCHOROMANCITO - SEP 2021 - CÉSAR ROMERO - BAJA-33-min

  • BOCHOROMÁ BOCHOROMANCITO - JUNIO 2021 - CÉSAR ROMERO - BAJA-30-min

  • BOCHOROMÁ BOCHOROMANCITO - JUNIO 2021 - CÉSAR ROMERO - BAJA-8-min

  • 1. RESGUARDO ARQUÍA - AGOSTO 2021 - CÉSAR ROMERO - BAJA-47-min

  • 4. FOTOS ARQUÍA - NOVIEMBRE 2019- CÉSAR ROMERO - EN ALTA-25-min

 

El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) ha trabajado, especialmente desde el 2016, con pueblos como el emberá katío, emberá dobidá, gunadule y wounaan, en el departamento de Chocó.

Fotos: César Romero para el CNMH.


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Pueblos indígenas, víctimas de violencias de larga duración

Los diálogos por la pedagogía de la memoria inician con la comuna 13 de Medellín

Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

14 agosto 2020


Pueblos indígenas, víctimas de violencias de larga duración

  • El Centro Nacional de Memoria Histórica contextualiza la situación de violencia contra los pueblos indígenas a propósito de la conmemoración del Día Internacional de los pueblos indígenas.
  • El asesinato selectivo ha sido el principal hecho victimizante contra estas comunidades, con un total de 2300 víctimas entre 1958 y 2019. La afectación del conflicto incluye a 736 líderes y autoridades indígenas.

El pasado 9 de agosto se conmemoró el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, fecha instaurada por la Asamblea General de las Naciones Unidas durante el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo (1995 – 2004) para alzar la voz por la preservación de las culturas indígenas del mundo y reconocer la afectación de sus comunidades por fenómenos como la pobreza, la exclusión, el despojo de tierras, la vulneración de sus derechos y la pérdida de sus tradiciones culturales.

Es por esto que el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del CNMH nos entrega las siguientes cifras que nos permiten analizar las formas de violencia contra los pueblos indígenas en el marco del conflicto armado. 

Según los registros del OMC, entre 1958 y 2019 los pueblos indígenas han sido violentados con un total de 5011 víctimas durante el conflicto. El asesinato selectivo es el principal hecho victimizante, con un total de 2300 víctimas durante el periodo registrado. 

El que hace pocas décadas se hayan acuñado conceptos como ‘desplazamiento forzado’, ‘confinamiento’, ‘masacre’, ‘conflicto armado’, no significa que los hechos a que ellos se refieren no se vengan repitiendo de manera interrumpida en nuestras comunidades desde que llegaron los españoles. El conflicto armado no ha reemplazado esas otras violencias históricas, antes bien se ha superpuesto a ellas y las ha reforzado”. Plan de salvaguarda Pueblo Indígena Betoy (2013) pág. 15. Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) pág 113.

La vulneración a la integridad política y organizativa de los pueblos indígenas durante el conflicto armado es uno de los daños más graves evidenciados. Entre las víctimas hay 736 líderes y autoridades indígenas (dirigentes, líderes comunitarios, militantes políticos, autoridades tradicionales, defensores de derechos humanos y concejales).

Asesinar un payé, un jaibana o un the wala, secar una laguna o ubicar en sitios sagrados batallones o campamentos militares desequilibra y desarmoniza el corazón de los pueblos”. Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) pág. 114.

 

Violencia, paz y perpetradores

Durante el conflicto armado reciente (1958-2019) la violencia contra los pueblos indígenas en Colombia se intensificó entre 2000 y 2012. El mayor número de víctimas indígenas se registró en el año 2002 con 314 víctimas, año de la ruptura de los Diálogos de paz en El Caguán e inicio de la política de Seguridad Democrática, momento de auge de la guerra que impactó fuertemente en los territorios, lugares de la confrontación armada.

A partir de 2012 —año en que iniciaron las negociaciones de paz en La Habana— se marca un decrecimiento notable de los hechos de violencia contra la población indígena hasta llegar en 2019 a 16 víctimas. 

La década de los dos mil trajo consigo cambios en el panorama político nacional, a partir de la abierta decisión del gobierno de Andrés Pastrana de abandonar las negociaciones con las FARC en 2002, lo que redundó en la exacerbación de la violencia paramilitar” Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) pág. 343.

Los pueblos indígenas han sufrido las acciones violentas de parte de grupos guerrilleros, paramilitares, grupos posdesmovilización, grupos armados no identificados, desconocidos y agentes del Estado. La autonomía territorial de las comunidades indígenas ha sido uno de los factores determinantes en la victimización. Proyectos económicos en territorios sujetos a consulta previa, negocios extractivos legales e ilegales y el narcotráfico han motivado la disputa por el control territorial.

Nosotros venimos sufriendo de una violencia terrible por parte del blanco en su rol de colono, de evangelizador, de terrateniente, de empresario o de actor armado, desde hace mucho tiempo antes de que aparecieran las guerrillas y los paramilitares contemporáneos. Esta historia encarna racismo, sed de riqueza, apropiación de territorios ancestrales, incomprensión a los indígenas, imposición de un modelo de desarrollo donde incomodamos”. Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) pág. 113.

 

El territorio como víctima

Los pueblos indígenas más afectados por el conflicto armado son los habitantes de las regiones Pacífico y Caribe, territorios de expansión de la violencia, de disputa por el control territorial entre grupos paramilitares, guerrillas y fuerzas del Estado en su tarea de ejercer el monopolio de la violencia en el territorio nacional, regiones donde se han desplegado de manera importante los negocios ilícitos del narcotráfico y la explotación minero-energética.

En la comprensión del mundo capitalista la naturaleza es un objeto de producción de riqueza y la expulsión de los pueblos y comunidades que habitan esos lugares se vuelve una acción necesaria para consolidar proyectos económicos y políticos determinados. La existencia indígena se entiende como un obstáculo para la consolidación de esos proyectos o el mal llamado “desarrollo”, no solo por su presencia física en determinados lugares, sino fundamentalmente por la diferente comprensión que tienen de la relación que se establece con el entorno”. Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) pág. 135. 

Los pueblos indígenas de la región Pacífico del país se sitúan como los mayormente afectados, en los departamentos de Cauca, Nariño, Chocó, con un total de 1922 víctimas. La cual también está ligada con el departamento del Putumayo como corredor del conflicto y del narcotráfico hacia el andén Pacífico, región importante de siembra de coca, explotación minera, rutas del narcotráfico y salida de droga hacia su comercialización internacional. 

Los departamentos de La Guajira, Cesar, Córdoba y Antioquia, también protagonizan la mayor cantidad de víctimas de pueblos indígenas (1.427), región de corredor del narcotráfico, explotación minero-energética, petrolera y control paramilitar hacia el caribe colombiano. Ver: Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) Pp. 335.

La violencia contra lo indígena se conecta con la existencia de intereses abiertamente opuestos a la conservación de los órdenes cosmogónicos propios en los territorios”. Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) pág. 115.

La violencia de la guerra y el conflicto armado interrumpen, alteran y administran de forma obligada la vida, no solo la de los pueblos indígenas. (…) Existe una relación vital entre el territorio y los seres que lo habitan, que no está determinada por una superioridad natural de los seres humanos sobre los seres espirituales, sino que tanto los unos como los otros hacen parte de un tejido compartido, en Nasa Yuwe, umnisa, una Red Vital”. Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) pág. 108.

 

 

Los registros del Observatorio Memoria y Conflicto, evidencian que los pueblos indígenas mayormente afectados por el conflicto armado son los habitantes de las regiones del Pacífico  (Paez/Nasa, Embera katío, Embera Chamí, Embera, Awá) y Caribe colombiano (Kankuamo, Wayu, Zenú).

 

Mujeres indígenas víctimas

Según las cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto del CNMH, 795 mujeres indígenas han sido victimizadas en medio del conflicto armado. Desde la colonia hasta nuestros días sobrevive una noción de lo femenino como elemento apropiable por parte de los hombres alzados en armas. 

La violencia del conflicto armado contra la mujer afecta el espíritu de la mujer y altera el ordenamiento ancestral. Configura una violación del todo, del origen y del orden de la vida y no puede comprenderse independientemente de las otras expresiones de la violencia”. Tiempos de vida y muerte. Informe Nacional de Pueblos Indígenas, ONIC – CNMH (2019) Pág.115.

 


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Un museo, la casa de todos

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

© Juan Carlos Vargas.

Publicado

06 Ago 2015


Un museo, la casa de todos

El pasado 30 de julio, con un evento que incluyó danza, talleres prácticos, objetos tradicionales, exposición de fotografías, audios y videos, el Museo Comunitario Jomau De, Casa de Todos, del pueblo Emberá Katío del Alto Sinú, abrió sus puertas en Tierralta, Córdoba; un espacio de memoria histórica para la dignificación y el fortalecimiento cultural.


Ese día en Tierralta, el sentir de la comunidad Emberá Katío del Alto Sinú podía percibirse recorriendo dentro de todos los asistentes. Ya sea porque en el aire se respiraba complicidad entre el recuerdo del pasado, la reivindicación del presente y la esperanza del futuro, o porque en la piel habitaba la estela de la jagua con la que se pintan símbolos tradicionales, testigo del valor y la resistencia de la identidad de un pueblo. El sentimiento no era para menos, ese día se materializaba un trabajo comunitario de muchos años.

Fortalecimiento cultural, reflexión y denuncia social

Al igual que otros pueblos indígenas de Colombia, la comunidad Emberá Katío ha estado en peligro de ser exterminada física y culturalmente por el impacto del conflicto armado en su territorio y por los procesos globalizantes que atropellan su cosmovisión; fenómenos que en la mayoría de los casos  tienen como sustrato la riqueza del territorio o su ubicación estratégica. El Resguardo Emberá Katío del Alto Sinú está ubicado a 25 kilómetros de la Hidroelectrica de Urrá y hace parte del territorio conocido como nudo de Paramillo, donde se da vida al río Sinú. Además, esta zona es reconocida como la tercera cuenca hidrográfica del país y es considerada una de las más ricas del mundo en fertilidad, diversidad de ecosistemas y variedad de especies de fauna y flora.

Desde finales de los 90, miembros de esta comunidad indígena fueron desplazados de sus resguardos hacia el casco urbano de Tierralta, Cordoba. Desde ese momento hasta la actualidad, los Emberá Katío han emprendido diversos procesos para preservar su identidad, tradiciones y saberes ancestrales, ante las consecuencias del conflicto armado o la  influencia transgresora de otras culturas.

Dentro de esas actividades se concertó para el 2014 el Museo Comunitario Jomau De, uno de los proyectos ganadores de la línea de Prácticas Museológicas en la II Convocatoria Nacional de Propuestas Artísticas y Culturales de Memoria, organizada por la Dirección Museo Nacional de la Memoria del Centro Nacional de Memoria Histórica. ¨Este proceso es resultado de cinco años atrás, ya que fuimos identificando las diferentes características del pueblo, como juegos tradicionales, alimentación, su forma de resguardo, seleccionamos de manera acordada con el equipo de trabajo y las autoridades indígenas los elementos más importantes para el plan del museo y luego nos presentamos a la convocatoria del CNMH¨, diceJames Jarupia, coordinador del proyecto Museo Comunitario Pueblo Emberá Katío del Alto Sinú – Jomau De.  [Ver entrevista completa…]

La propuesta museológica planteada por la Asociación de Cabildos Mayores Emberá Katío del Alto Sinú, responsables del proyecto, pretende ser un espacio que aporte al proceso de fortalecimiento cultural, a la reflexión y denuncia social sobre la violación de los DDHH, pero sobre todo, a la dignificación de sus derechos a partir de la recuperación de sus  tradiciones y saberes ancestrales.

Andrea Maldonado, representante del CNMH, durante el acto inaugural reconoció la importancia de este tipo de iniciativas gestionadas desde la población indígena. ¨Este es un proyecto construido desde diferentes voces, trabajamos de la mano con la comunidad desde qué es un museo, hasta, cómo se hace la museografía, fue un aprendizaje en ambas direcciones, el nombre del museo da fe de ello, ya que la palabra museo no existe en la lengua materna Emberá¨, dice Maldonado, quien en su intervención también recalcó el propósito del CNMH de servir como apoyo técnico y de plataforma para fortalecer, visibilizar, difundir y poner en circulación estos tipo de iniciativas de memoria histórica por todo el país.

Recorriendo el Jomau De

El Museo Comunitario Jomau De, está dividido en estaciones que invitan al visitante a reflexionar sobre el legado indígena del pueblo Emberá Katío del Alto Sinú, en contraste con los cambios culturales instalados en su comunidad después del desplazamiento. En cada uno de estos espacios los visitantes encuentran información escrita, audiovisual, fotografías y objetos tradicionales de la cultura.

Es así como la estación Territorio permite visualizar las diferencias de concepción espacial entre occidente (puntos cardinales) y la comunidad (encause del río Sinú – cosmogonía). Alimentación que evidencia las transformaciones y ausencias de prácticas como la caza, la recolección y la pesca. Vivienda, representada a través del tambo -espacio tradicional de convivencia-, y las implicaciones de cohabitar un ambiente urbano (movilidad, relaciones con el agua y el ecosistema). Medicina tradicional, en donde figuran parte de sus rituales ancestrales, como el uso de plantas para el tratamiento y la cura de enfermedades. La vestimenta, como proceso, primero fabricado a partir del árbol de caucho y luego como intervención de la tela occidental a partir del dibujo inspirado en la riqueza de la naturaleza. Y finalmente Proyección a futuro, que corresponde a un espacio de reconocimiento para las nuevas generaciones de los Emberá Katío de su identidad.

Complementario a esto, el museo también cuenta con  talleres prácticos de elaboración de artesanías en chaquira, visitas guiadas y jornadas de narración de relatos tradicionales con la presencia de un mayor de la comunidad Emberá y un traductor.

Una casa itinerante  

En la actualidad el porvenir del pueblo Emberá Katío del Alto Sinú, que habita las zonas rurales, se encuentra entrelazado entre su disposición de asimilar las prácticas occidentales, la dignidad de su cultura y la búsqueda por prevalecer desde su identidad. Estas apuestas autónomas son reconocidas según James Jarupia tanto en el museo, en su elección de los mensajes y los soportes tecnológicos para transmitir los contenidos, como en los procesos de formación académica de su población -de 60 a 70 Emberá Katíos ya son bachilleres y optan por ingresar a la educación superior-.

Otro ejemplo de esta coyuntura, según la comunidad, es el trabajo con el CNMH. Las autoridades tradicionales, que por razones históricas son cautelosas con las instituciones, en este caso, lo han asimilado como un avance en la articulación entre diversos saberes, es una forma de dar soporte e visibilizar a todo el país sobre la riqueza de las etnias indígenas.

Para el segundo semestre de 2015 Jomau De afrontará su etapa como museo itinerante  gracias al apoyo del CNMH. Esta iniciativa museológica de memoria histórica [ver en oropéndola] también hace parte de la construcción social del Museo Nacional de la Memoria, ¨Este es el inicio de un gran proceso, empezamos por mostrarnos a las nuevas generaciones de los Emberá Katío, ahora, participar en el MNM, es vernos reflejados y reconocidos con y por otros en un lugar de memoria nacional, es promover de forma positiva la idea de que si se puede vivir de forma articulada con otra cultura, es hacer paz, es generar convivencia a partir del reconocimiento de los derechos del otro, ese es el ideal, por eso se trabaja día a día¨, diceJames Jarupia, coordinador del proyecto Museo Comunitario Pueblo Emberá Katío del Alto Sinú – Jomau De

El Museo funciona gracias al apoyo del programa de Concertación Cultural del Ministerio de Cultura. Está abierto al público de manera permanente en el municipio de Tierralta, Córdoba, los días, Viernes de 8: 00 a 6: 00 pm y Sábados en la mañana.
 


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