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¡Bellavista sigue viva!

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Nury Jatsu Martínez Novoa

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Nury Jatsu Martínez Novoa

Publicado

17 Jul 2017


¡Bellavista sigue viva!

Los pasados 7 y 8 de julio, la comunidad de Bellavista, corregimiento del municipio de Algarrabo en Magdalena,  en compañía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), trabajó en la recuperación de su memoria histórica, y con ello hacer honor a los luchadores y luchadoras del corregimiento.

El sol brillaba incesantemente, mientras todas las personas asistentes al evento se aprestaban para hacer parte de este acto de reparación simbólica. Después de contar muchas historias  de  dolor y desolación, un pedazo de alegría y color les recordaría que siguen caminando colectivamente, y que el legado de los y las que ya no están los acompaña fielmente.

Entre sonrisas, pinturas y anécdotas el día pasaba y un muro se iba transformando en una postal para la historia como un recuerdo de la tenacidad y  de la resiliencia de una población que aún trabaja por un futuro digno que les permita permanecer en su territorio.

“Este mural representa la ejecución de una de las medidas del Plan Integral de Reparación Colectiva del Sujeto de Reparación Colectivo Bellavista. Para la realización de la obra, la comunidad del corregimiento de Bellavista contó con el apoyo institucional del Centro Nacional de Memoria Histórica, la Alcaldía de Algarrobo y la Unidad de Reparación a las Víctimas del Magdalena”, dijo  Nury Jatsu Martínez Novoa, investigadora del CNMH.

La representación artística fraguada pretende convertirse en un grito al infinito que comunique a los visitantes que, a pesar de las difíciles e injustas situaciones que han tenido que sortear en esta comunidad, por ello: ¡Bellavista sigue VIVA!

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Memoria Historica


Memoria Histórica

“En los zapatos de los Embera Chamí”: una iniciativa contra la discriminación

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Rubiela Castelblanco

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Rubiela Castelblanco

Publicado

16 Nov 2018


“En los zapatos de los Embera Chamí”: una iniciativa contra la discriminación

Con este proyecto de memoria histórica, la profesora Rubiela Castelblanco logró que sus alumnos Embera Chamí del Instituto Puerto Pinzón, de Puerto Boyacá, tejieran relaciones de confianza con sus compañeros, y les enseñara el valor de la diversidad.


Si hubiera que darle nuevas definiciones a la palabra voluntad, quizás una de ellas sería Rubiela Castelblanco. Esta mujer, nacida en Boyacá y licenciada en ciencias sociales de la educación de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, está poniendo su granito de arena en la construcción de paz en el municipio de Puerto Boyacá, a través de la memoria histórica. Su finalidad: contribuir, como lo dice su proyecto de aula, a que “nos pongamos en los zapatos del otro”, en los zapatos de los niños, niñas y adolescentes de la comunidad Embera Chamí que habitan el corregimiento de Puerto Pinzón, en Puerto Boyacá (Boyacá).

Luego de un largo proceso con la Secretaría de Educación de Puerto Boyacá, Rubiela fue seleccionada hace cinco años para ser el reemplazo de un colega que dictaba clases en la Institución Educativa Puerto Pinzón. Una vez empezó a tener contacto con sus alumnos, la profesora se dio cuenta de la situación de discriminación por la que pasaban los estudiantes Embera Chamí, quienes diariamente tienen que recorrer un camino de dos horas para llegar al centro educativo.

En esos encuentros iniciales surgió “En los zapatos del otro”, un proyecto de aula que busca que los estudiantes de esta comunidad indígena puedan salvaguardar sus memorias y que sus compañeros (a quienes los Embera llaman, con cariño, “los blancos”), comprendan el valor de la diversidad y aprendan a respetar la diferencia.

Su iniciativa tomó fuerza cuando empezó a trabajar con algunas de las publicaciones compiladas en la “Caja de Herramientas: Un viaje por la memoria histórica: aprender la paz y desaprender la guerra”, un conjunto de metodologías y de secuencias pedagógicas creada por el Área de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica, que tienen como objetivo abrir discusiones sobre la memoria histórica del conflicto armado colombiano en el ámbito escolar.

Uno de los libros clave para el proyecto de la profesora Rubiela fue “Portete: el camino hacia la paz, el reconocimiento de nuestra diversidad”. Con él, ha hecho un proceso de reconstrucción de memorias plurales, complejas, y a veces contenciosas, que ha contribuido a que sus estudiantes reconozcan la riqueza étnica que hay en nuestro país y los factores que ponen en riesgo la supervivencia material y cultural de los pueblos étnicos.

Las memorias de los alumnos Embera de la profesora Rubiela dan cuenta de las formas de exclusión y violencias que, durante más de 60 años del conflicto armado, padecieron de manera más aguda los pueblos indígenas. “Muchos de ellos o sus familias han vivido el desplazamiento y la violencia en departamentos como Risaralda y Chocó. Es duro escuchar esas voces de desarraigo de la tierra, de las afectaciones por la minería; de familias separadas porque los padres decidieron enviar a sus hijos a otras partes, para que no sean reclutados o no tenga que sembrar coca”, asegura Rubiela.

Con “Ponte en mis zapatos” la profesora Rubiela quiere fortalecer la empatía en sus estudiantes, para que puedan establecer lazos de confianza con ella y sus compañeros, y se sientan libres de compartir sus costumbres, vivencias, arraigos, las marcas que les ha dejado el conflicto y las formas que han encontrado para resistirlo. En palabras de Rubiela, este proyecto de aula lleva implícito el mensaje de que “todos somos diferentes, pero, al fin y al cabo, hermanos”.

Actualmente en la institución educativa hay 15 niños Embera: once en primaria, tres en grado sexto y Dagoberto, el único estudiante Embera de grado noveno. “Todos lo respetan. De cariño le decimos ‘el líder’ y es nuestro intérprete. Me parece valioso que él nos dicte clases a nosotros en su lengua”, sostiene Rubiela.

“Esos niños que antes se sentían excluidos, tienen muchos conocimientos y aportes para convertirse en agentes de paz”, afirma la profesora Rubiela Castelblanco, sobre sus alumnos Embera.

 

En el ánimo de seguir retroalimentando su iniciativa, la profesora Rubiela Castelblanco asistió a “Memorias que transforman: encuentro nacional de redes y experiencias educativas para la construcción de paz”, un evento que reunió en Bogotá a más de 350 estudiantes y profesores de colegios y universidades de 21 departamentos, para compartir iniciativas sobre construcción de paz y memoria, utilizando estrategias pedagógicas e investigativas.

Fue en ese espacio -que duró tres días-, que Rubiela me compartió un llamado que otros participantes también sugirieron: es necesario que los ejercicios de memoria histórica y construcción de paz, impulsados en las escuelas, estén acompañados por estrategias de cuidado emocional. La docente recuerda que en una oportunidad decidió hacer una mesa redonda con sus estudiantes de grado noveno. En ella, cada uno de los alumnos debía sugerir a quién querían perdonar en sus vidas: desde su círculo familiar, pasando por ellos mismos y por personas a las que no les conocen el rostro, pero que les causaron daño a ellos o a sus familias. Allí, la profe Rubiela entendió la necesidad de utilizar mecanismos para que no se abran nuevas heridas.

La profesora Rubiela ha hecho constantes viajes al resguardo indígena Embera para familiarizarse con las costumbres Chamí y con sus principios, como la armonía con la naturaleza. Así, ha recogido más herramientas para facilitar la interacción con sus alumnos que, antes de este proceso, se sentían discriminados por sus compañeros. Hoy el escenario es otro. Los indígenas están ganando espacios de liderazgo, con actividades como enseñarles a otros estudiantes a fabricar manillas y collares. En últimas, lo que esta docente espera, es contribuir a que jóvenes como Dagoberto y los demás Embera puedan convertirse en la nueva generación de dirigentes de su comunidad.

 

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Caja de Herramientas, Desplazamiento, Educación, Embera Chamí, Memoria Histórica, Pedagogía, Portete, Puerto Boyacá

A manera de despedida

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Daniel Sarmiento

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Daniel Sarmiento

Publicado

07 Dic 2018


A manera de despedida

“Decidimos vincularnos a las aspiraciones de transformación de este país, y nos sentimos afortunados de haberlo podido hacer desde este lugar, en estos tiempos, y rodeados de personas extraordinarias”: Gonzalo Sánchez Gómez, a su retiro del CNMH después de diez años de trabajo.


No me gustan las despedidas porque se las suele asociar a cierres definitivos de trayectorias. Y este no es nuestro caso. Hemos hecho un largo viaje, que duró más de 10 años con muchos de ustedes. La de ahora es apenas una pausa necesaria en el camino. Eso que en las tierras de colonización paisa se llamaba la Fonda. Un lugar de descanso para renovar energías y seguir adelante. Y es que la jornada es todavía larga, no solo para los que seguirán por parajes ya conocidos, sino también para los que simplemente tomaremos una trocha desconocida. Quiero pensar entonces este momento como una apertura de múltiples senderos, que se insinúan a partir de las metas que hemos construido y proyectado juntos.

Los lazos construidos en esta travesía resultan hoy muy sólidos porque no solo nos han involucrado a nosotros, sino porque en este andar nos hemos involucrado vitalmente con muchos otros en la variada geografía social y del conflicto en Colombia. En muchos sentidos, a lo largo de estos años dejamos de pertenecernos a nosotros mismos porque el alma se nos quedó suspendida en el lugar de una masacre, en el encuentro de una esquina, en la confesión de una mujer que fue violada, en el abrazo con una madre que perdió a su hijo en la guerra y en las muchas celebraciones de la vida.

Dejamos de pertenecernos también porque lo que iniciamos o fortalecimos de evento en evento, de ruta en ruta, se convirtió en un proceso que seguirá adelante, con o sin nosotros, y este es, créanme, uno de los logros mayores que hemos conseguido.

Tres expresiones de una misma metáfora significativa son asociadas a este fluir de las cosas y de los procesos. Los griegos pensaron la vida como un río esquivo cuyas aguas no eran las mismas en las distintas ocasiones en que las frecuentáramos: “no nos bañamos dos veces en el mismo río”, dijo Heráclito, en los albores de la filosofía griega. La guerra fue pensada también por los hombres de armas de nuestro país en el siglo XIX como un río cuyo caudal de llegada era muy distinto al arroyo de partida; así mismo se transformaron las guerras y se transformó la violencia desde los años 40 del siglo XX hasta hoy. Pero está más directamente asociada a nuestra labor la metáfora del río de la memoria, título que se escogió para nombrar el recorrido de la guerra civil salvadoreña hasta los Acuerdos de Paz de 1992.

Este es ya un dato mayor de las posguerras mundiales: en los últimos cien años el cauce de la memoria en el mundo y en nuestro país se ha acrecentado, sus ramificaciones impactan nuevos territorios. La memoria tiene ya esa potencia que la hace inatajable: se instaló para quedarse en la sociedad, en las instituciones, y sobre todo en el proyecto de las víctimas de nuestros desastres bélicos.

La vida río, la guerra río, la memoria río nos han interpelado de maneras diferentes pero convergentes, porque nuestras trayectorias están hechas de azares que escapan a nuestro control; pero también de decisiones estratégicas. Decidimos vincularnos a las aspiraciones de transformación de este país, y nos sentimos afortunados de haberlo podido hacer desde este lugar, en estos tiempos, y rodeados de personas extraordinarias, todos ustedes, que nos han acompañado en los más diversos frentes de acción y responsabilidad.

De seguro nos encontraremos en la próxima fonda del camino. Por lo pronto hasta luego e infinitas gracias a todos y a todas por habernos honrado con su compañía. Seguiremos luchando aquí o allá para que la memoria sea una aliada de la paz y no un instrumento del odio.

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ExDirector CNMH, Filósofo, Gonzalo Sánchez, Memoria Histórica

Nuestras publicaciones ya están en más de 600 bibliotecas del país

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CNMH

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CNMH

Publicado

15 Feb 2019


Nuestras publicaciones ya están en más de 600 bibliotecas del país

En el 2017 el Centro Nacional de Memoria Histórica creó la estrategia Bibliotecas con Memoria para ampliar el acceso a sus publicaciones. Nuestros informes y productos están en 16 departamentos.


Hoy, cerca de 600 bibliotecas públicas, privadas, escolares y universitarias de 16 departamentos del país, cuentan con una colección de libros sobre la memoria histórica del conflicto armado colombiano. Este es el resultado de la estrategia Bibliotecas con Memoria, que creamos en el 2017 con el objetivo de aumentar el acceso a nuestras publicaciones, especialmente en los territorios más alejados y afectados por la guerra.

“Se trata de una estrategia de divulgación y difusión para que la memoria histórica del conflicto armado se convierta en un bien público y de acceso para todo el país”, explicó el coordinador de Bibliotecas con Memoria, Jadín Samit Vergara. Esta estrategia es, además, un mecanismo de reparación simbólica para las víctimas y la sociedad en general.

Las regiones con más bibliotecas dotadas con colecciones de libros, videos, series radiales y herramientas multimedia del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) son Nariño, con 65 bibliotecas públicas municipales; Bogotá y Cundinamarca, con 33 bibliotecas y centros de documentación; Atlántico con 27; Valle del Cauca con 20; La Guajira con 14 y Cartagena con 16 bibliotecas universitarias.

Dos de los grandes logros de esta estrategia en el 2018 fueron llevar la colección completa del CNMH a la sede Bogotá de la Universidad Nacional, y la inclusión de nuestro material en los catálogos de las 18 sedes de la Universidad Cooperativa de Colombia en todo el país. Este año tenemos el reto de actualizar las colecciones de las instituciones de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y de la Red Cultural del Banco de la República. Además, se realizarán eventos de entrega de libros a bibliotecas de La Guajira, Arauca, Caquetá, el Eje Cafetero, Antioquia, Córdoba y Chocó.

“Los municipios y regiones más apartadas del país somos quienes más hemos sufrido el conflicto armado y por eso es importante que nuestros estudiantes, padres de familia y docentes accedan a la memoria histórica”, dijo la profesora Martha Andrade, de la Institución Educativa Policarpa Salavarrieta de Samaniego (Nariño). Además, señaló que “desde que recibimos la colección de libros del CNMH hemos iniciado una serie de talleres, jornadas académicas y trabajos audiovisuales, hechos por nuestros estudiantes con teléfonos, para que toda la comunidad entienda que la violencia y la guerra no pueden volver a repetirse”.

Todas las publicaciones y contenidos sonoros y audiovisuales del CNMH están disponibles, para su libre descarga, en la web www.centrodememoriahistorica.gov.co/informes

Para más información:

Jadín Samit Vergara, coordinador de la estrategia Bibliotecas con Memoria
Teléfono: (+57) 317 647 0810
Email: bibliomemorias@centrodememoriahistorica.gov.co

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Bibliotecas, Colombia, Libros, Memoria, Memoria Histórica, Paz, Reconciliación

La memoria histórica se metió a las aulas universitarias

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Publicado

27 Mar 2019


La memoria histórica se metió a las aulas universitarias

El sector académico está jugando cada vez un papel más importante en la reconstrucción del conflicto armado colombiano: no solo está recogiendo y ayudando a producir los relatos de la guerra en diferentes formatos, sino que está haciendo un análisis y una reflexión profunda sobre lo que significan esas memorias.


¿Cómo logró la memoria histórica y la construcción de paz posicionarse en los planes de estudio de las principales universidades de Colombia? ¿Para qué integrar a la academia a este campo, que durante décadas le ha permitido al país reconstruir lo que sucedió durante la guerra?

Patricia Nieto, directora del proyecto Hacemos Memoria y docente del diploma virtual en Memoria Histórica, de la Universidad de Antioquia, dice que la academia está jugando varios roles: por un lado, está estudiando los relatos de las comunidades “para tratar de interpretar sus alcances y sentidos” y, por el otro, se convirtió en “un dinamizador de la producción de esos relatos”. Hoy, las universidades son una pieza fundamental en el ejercicio de memoria histórica, que las comunidades llevan más de 50 años liderando, y por eso existe una gran oferta de grupos de investigación, cátedras, iniciativas universitarias, posgrados y diplomados con este enfoque.

María Andrea Rocha, líder del equipo de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), dice que la hermandad que existe hoy entre la academia y la memoria histórica es fundamental por dos motivos. Uno, porque las metodologías rigurosas de la academia “permiten enriquecer los procesos de reconstrucción de memoria, y tejer puentes con la comunidad de víctimas y sus saberes” y dos, porque permite “abrir espacios de interlocución y debate que robustecen la democracia, especialmente desde la territorialidad”.

Ese es, precisamente, el enfoque de la maestría en Conflicto y Paz la Universidad de Medellín, que desde hace tres años forma a académicos de la capital antioqueña y de Quibdó, con el objetivo de sentar bases para la transformación del país desde los territorios.

De hecho, el enfoque territorial es uno de los elementos comunes de este tipo de iniciativas. Gilma Turizo, Coordinadora de la Cátedra de Paz de la Universidad del Atlántico, asegura que la academia ha facilitado un diálogo regional que está permitiendo “reconstruir el tejido social y cultural”. Y gracias a eso, la universidad es hoy una participante activa “en la transformación de aquellos factores que han debilitado la convivencia en los territorios”.

En el caso de la Universidad del Atlántico, la memoria histórica está en el centro de la institución: ha sido una herramienta esencial para reconstruir su propia historia dentro de la guerra.  Esta universidad fue declarada sujeto de reparación colectiva en marzo de 2016, debido a los múltiples ataques de los que fue víctima su comunidad, en medio del conflicto armado.  El Centro de Memoria de la Universidad tiene registrados, desde 1999, un total de 71 hechos victimizantes; de estos, 24 han sido asesinatos de docentes, estudiantes y trabajadores.

“La memoria histórica nos permite reconstruir ese capítulo doloroso, en el que el departamento y Barranquilla se vieron oprimidos por los paramilitares. Nuestra universidad sufrió una de las peores atrocidades producto del conflicto en la región Caribe, y es por ello hemos venido haciendo grandes esfuerzos para que todo su andamiaje institucional esté en función de declararla libre del conflicto armado”, dice Gilma Turizo.

Las iniciativas de memoria surgen, en palabras de Patricia Nieto, porque hay una necesidad “genuina de contar lo que pasó” y de hacer un llamado público “de justicia y de verdad”. Son un ejercicio en busca de un “reconocimiento de esos hechos atroces”, para luego comenzar un proceso de “reparación moral y simbólica”. En este campo, la academia está jugando un rol esencial no solo acompañando a las comunidades a producir sus relatos en múltiples formatos, con el objetivo de crear un acervo cultural del pasado, sino generando análisis y reflexiones sobre esas memorias.

***

Aquí compilamos algunos estudios de paz, conflicto y memoria que existen en el país. Si conoce otros, pueden escribirnos a nuestras redes sociales (@CentroMemoriaH en TwitterFacebook e Instagram):

  • Diploma virtual en Memoria Histórica, en la Universidad de Antioquia.
  • Especialización en Justicia, Víctimas y Construcción de Paz, en la Universidad Nacional, Bogotá.
  • Especialización en Acción sin Daño y Construcción de Paz, en la Universidad Nacional, Bogotá.
  • Especialización en Cultura de Paz y Derecho Internacional Humanitario, en la Universidad Javeriana, Cali.
  • Especialización en Educación para la Paz y Convivencia, de la Universidad Libre, Bogotá.
  • Especialización en Conflictos Armados y Paz, de la Universidad de los Andes, Bogotá.
  • Maestría en Paz, Desarrollo y Ciudadanía, de la Universidad Santo Tomás, Bogotá.
  • Maestría en Paz y Resolución de Conflictos, de la Universidad Javeriana, Bogotá.
  • Maestría en Educación para la Paz, de la Universidad Distrital, Bogotá.
  • Maestría en Construcción de Paz, de la Universidad los Andes, Bogotá.
  • Maestría en Negociación y Manejo de Conflictos, de la Universidad del Norte, Barranquilla.
  • Maestría en Conflicto Social y Construcción de Paz, de la Universidad de Cartagena.
  • Maestría en Conflicto y Paz, de la Universidad de Medellín.
  • Maestría en Paz, Desarrollo y Resolución de Conflictos, de la Universidad de Pamplona.
  • Maestría en Derechos Humanos y Cultura de Paz, en la Universidad Javeriana, Cali.
  • Maestría en Justicia Social y Construcción de Paz, en la Universidad de Caldas.
  • Maestría en Educación y Cultura de Paz, en la Universidad Surcolombiana de Neiva.
  • Maestría en Justicia Transicional, Derechos Humanos y Conflicto, en la Universidad Externado, Bogotá.
  • Maestría en Derechos Humanos, Gestión de la Transición y Posconflicto, en la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) de Bogotá.

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Colombia, Estudios, Investigaciones, Memoria, Memoria Histórica, Paz, Regiones, Universidades

Se inauguró en Cali ¡Suenan por ti!

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Publicado

12 Abr 2019


Se inauguró en Cali ¡Suenan por ti!

El pasado 11 de abril, en la Asamblea Departamental de Cali, se lanzó la exposición de memoria histórica ¡Suenan por ti!, sobre el secuestro, por parte de la guerrilla de las FARC, de 12 diputados de la Asamblea del Valle del Cauca, y el posterior asesinato de 11 de ellos (el único sobreviviente fue Sigifredo López). En esta muestra también se recuerdan las memorias del subintendente Carlos Alberto Cendales, el conductor Walter López, y el camarógrafo de la cadena RCN Héctor Sandoval, quienes fallecieron en el operativo del secuestro, en 2002.


Esta exposición, que será exhibida durante todo 2019 en la sede de la Asamblea Departamental en Cali, es el último de tres productos comunicativos, que también incluyen el libro El caso de la Asamblea del Valle: tragedia y reconciliación y la serie documental Somos más que 11. Con ellos, el Centro Nacional de Memoria Histórica busca visibilizar la compleja historia del secuestro de los diputados del Valle en 2002, así como lo que significaron para los secuestrados, sus familias y el país entero cinco años de cautiverio.

En la muestra también se narra el desenlace de este hecho: el desconcertante asesinato de los diputados en 2007, que no es del todo un final, sino la oportunidad para encontrar un camino de reconciliación. 

Les invitamos a conocer más a fondo esta historia en el especial digital El caso de la Asamblea del Valle. A través de perfiles escritos, crónicas audiovisuales y un informe detallado, podrán recorrer los hechos más relevantes del caso de la Asamblea del Valle: el minuto a minuto del secuestro, la lucha incansable de los familiares por un acuerdo humanitario, las masivas movilizaciones ciudadanas, la noticia del asesinato, el duelo y el cara a cara con los victimarios.

Esta es la voz de las familias que vivieron el drama del secuestro durante cinco años y que nunca dejaron de buscar la libertad para sus seres queridos.

Los invitamos a conocer el micrositio “El caso de la asamblea del Valle“.

 

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Asamblea Departamental de Cali, Asesinato, Diputados del Valle, Farc, Memoria Histórica, Secuestro

Diputados de la Asamblea del Valle asesinados son mártires de la democracia

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Óscar Hemberth

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Óscar Hemberth

Publicado

17 Abr 2019


Diputados de la Asamblea del Valle asesinados son mártires de la democracia

  • Como parte del homenaje a los 11 funcionarios, un policía y dos empleados de un medio de comunicación asesinados por las Farc en un operativo de secuestro, hace 17 años, Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, se refirió a las reflexiones que quedan de este crimen.
  • “Suenan por ti”, la exposición en tributo a los diputados, el subintendente de la Policía Carlos Alberto Cendales, el conductor Walter López, y el camarógrafo de la cadena RCN Héctor Sandoval, sigue abierta al público en la sede de la Asamblea Departamental, en Cali.

“No era la primera vez que las Farc procedían de esa forma. Años atrás habían asesinado al exministro de Defensa Gilberto Echeverri y al Gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, secuestrados con engaños en el marco de una marcha de paz por el suroccidente antioqueño”, expuso el historiador Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), durante la instalación, este jueves en la Asamblea del Valle, de la exposición “Suenan por ti”, homenaje a los diputados asesinados por esa entonces guerrilla, en 2002.

Ante un recinto colmado de familiares de víctimas y corporados, además de Maurice Armitage, alcalde de Santiago de Cali y monseñor Darío de Jesús Monsalve, obispo de la Arquidiócesis de esa ciudad, entre otros, Acevedo hizo una profunda reflexión sobre crímenes como estos, condenados por el Derecho Internacional Humanitario (DIH) en el marco de conflictos armados no internacionales.

El evento también tuvo la presentación del libro “El caso de la Asamblea del Valle: tragedia y reconciliación” y la serie documental “Somos más que 11”, en los que el CNMH visibiliza la compleja historia del secuestro de los diputados del Valle en 2002 por parte de las Farc, así como lo que significaron para los secuestrados, sus familias y el país cinco años de cautiverio.

Estos productos, destacó el director Acevedo, fueron posibles gracias al esfuerzo y profesionalismo de Gloria Inés Restrepo Castañeda, en la coordinación e investigación; William Mancera Sánchez y Diego Luis Arias Torres, del equipo de investigadores; y Mauricio Cañón Pérez, asistente de investigación, así como Alanis Bello, Teófilo Vásquez, Javier Darío Restrepo y Silvia Monroy, en acompañamiento académico.

Tatiana Rodríguez Maldonado y Angélica Rodríguez Gutiérrez, del grupo de Iniciativas de Memoria Histórica del CNMH fueron fundamentales, entre otras acciones, en la logística del evento de conmemoración y lanzamiento de la exposición, en el Valle del Cauca.

No escatimar en dosis de justicia

Según expresó el director del CNMH en su discurso, el DIH es un código de obligatorio cumplimiento para los contendientes en conflictos armados, bien sea en el contexto de una guerra civil de baja intensidad o una amenaza terrorista. “Consagra, entre otros puntos, la prohibición de atacar a la población civil y de asesinar a personas fuera de combate”.

“La violencia con pretexto o justificación política no debería tener lugar en un país democrático, y en este punto es donde deberíamos poner suma atención, porque los colombianos, mal que bien, y a pesar de la precariedad de nuestra democracia, la preferimos a la opción de una dictadura (…)”, relató.

Acevedo recalcó que los colombianos no merecimos nunca tanto daño, tantas tragedias, tanto dolor, tanto sufrimiento, tantos millones de viudas, huérfanos y de hogares destruidos. “Los colombianos terminamos siendo víctimas de paramilitares y guerrilleros que se solazaron con la tragedia”.

“(…) No hay ni puede haber o pretextarse una causa que justifique tales hechos atroces. Ni siquiera puede ser válido ni reconocido como argumento exculpador lo sostenido por estos grupos al margen de la ley en el sentido de que ellos tienen su propio código y no tienen por qué atenerse a este cuerpo normativo, ya que son insurrectos”.

Los colombianos somos generosos para el perdón

En el marco del homenaje a los corporados asesinados, el Concejo de Cali dio el nombre de “Calle de los 11 Diputados”, a la calle novena con carrera octava, una transitada e importante vía céntrica de esa ciudad.

“Hay algo en estos hechos luctuosos que hoy rememoramos, por iniciativa del CNMH y de las víctimas de tan horrenda tragedia, que no debe pasar desapercibido para las generaciones presentes y futuras: los mansalveros ataques sufridos por líderes elegidos popularmente en las regiones, los departamentos y la nación, les dan el carácter de crímenes de lesa democracia”, concretó Acevedo.

El director del CNMH añadió que el que “nuestra democracia adolezca de graves vicios y vacíos no puede ser aducido por nadie que considere que asesinar sus expresiones más básicas y elementales tiene un sentido político, mucho menos militar”.

“Si llegásemos a aceptar ese punto de vista estaríamos entregándoles la razón a los criminales (…) Estaríamos, los colombianos y las víctimas directas, diciéndole a la sociedad, a nuestros hijos y descendientes y al mundo entero que estos diputados, hombres de bien, padres y madres de familia que cumplían unas funciones cívicas y de bien común y progreso de sus regiones, no representaban a su comunidad y no eran demócratas”, subrayó.

Acevedo, a su vez, acotó que el Estado colombiano no debe ser equiparado con quienes mataron, mutilaron, torturaron y secuestraron a civiles, “pues no es lo mismo tener las manos untadas de sangre inocente y las conciencias, quizá atormentadas, que no haber podido cubrir a tiempo todos los llamados y requerimientos que se les hicieron para proteger a sectores amenazados”.

No obstante, el director del CNMH resaltó que “la sociedad colombiana es generosa para el perdón y para aceptar la reconciliación con quienes la han herido”, y reiteró su plena convicción en la idea de que exigir una dosis de justicia no es un acto de venganza, “a lo que se apunta es a que ella se aplique en el marco de la justicia transicional, porque es así como la sociedad se puede dar por resarcida”.

“(…) Para lograr una paz verdadera urge que, con el fin de blindar el acuerdo de 2016 y los que se vayan a pactar en el futuro, se permita implementar las reformas orientadas a establecer, como en ocasiones anteriores, una dosis de justicia y de penalidad sobre los delitos atroces violatorios del DIH y de los Derechos Humanos”, concluyó Acevedo.

Lea el discurso completo, haciendo click aquí.

 

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El caso de la asamblea del Valle, Memoria Histórica, Somos más que 11, Suenan por ti

La voz de los niños se debe escuchar

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Publicado

27 Abr 2019


La voz de los niños se debe escuchar

Hace tres años los colegios Francisco I de la localidad Barrios Unidos y el Colegio Alemania Unificada –IED- de la localidad San Cristóbal, iniciaron un proceso de memoria con 25 niños, niñas y adolescentes por cada institución educativa. De este surgió la herramienta metodológica Monumento Sonoro por la Memoria: Tu voz es mi voz, la escucho, la siento y la cuento.


La herramienta está basada en la obra musical “La historia de los Colibríes y las Langostas”, compuesta por nueve canciones, las cuales narran las experiencias de niños, niñas y adolescentes en contextos de conflicto armado, así como sus sueños y esperanzas de vivir en un país en paz.

Hoy, día en el que en Colombia se celebra el Día de los Niños, queremos compartirles qué ha surgido de esos espacios de interacción que han tenido los niños y niñas, a través de la historia del proceso del Colegio Francisco I.

  • La herramienta incluye una serie de piezas musicales que relacionan temáticas cotidianas de niños, niñas y adolescentes que habitan territorios afectados por la violencia. El territorio, la identidad, los miedos y los sueños; son algunas de ellas.

  • La presentación mostró las experiencias que los alumnos vivieron alrededor de cada una de las canciones del Monumento Sonoro y la manera en la que ellos sueñan un país diferente. El país necesita comprometerse con la paz y ellos lo están haciendo a través del Monumento Sonoro”.

COLEGIO FRANCISCO I

Jorge Mario López llegó hace tres años al colegio Francisco I S.S. (IED) de Bogotá. La misión inicial encomendada: “echar a andar” la cátedra de paz y en general todo el proyecto de ciudadanía y convivencia de la institución.

Desde allí, en la localidad de Barrios Unidos, el profesor encontró la necesidad de descubrir una herramienta con la que sus alumnos pudiesen no solo comprender las afectaciones que ha dejado el conflicto armado colombiano, sino también la importancia de participar en la construcción de paz.

En ese ejercicio de búsqueda, el profesor Jorge Mario conoció el Monumento Sonoro por la Memoria: Tu voz es mi voz, la escucho, la siento y la cuento, herramienta metodológica que creó en 2017 el enfoque diferencial de niños, niñas y adolescentes del Centro Nacional de Memoria Histórica, y que invita a contribuir a la realización de procesos de memoria histórica teniendo en cuenta a esta población. “La herramienta es vital. Durante los años que llevaba como profesor no había podido conocer una iniciativa de construcción de memoria histórica que partiera de las experiencias de los niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado”, asegura López.

Ingresar a una de las clases de ciudadanía y convivencia del profesor Jorge Mario es evidenciar las ganas y el esfuerzo detenido por presentarles a sus alumnos diferentes realidades. Según él, la manera en que estas son presentadas resulta clave para garantizar la empatía de sus estudiantes hacia las historias condensadas en la herramienta. A través de vídeos y otras estrategias, los alumnos conocieron y se conectaron más sentimentalmente con fenómenos como el hostigamiento, reclutamiento forzoso y el desplazamiento.

Así pues, desde el 2017, estudiantes de grados terceros, cuartos, quintos, sextos, séptimo y octavo se acercaron a un lenguaje artístico que involucra la música y la narrativa a modo de fábula para narrar experiencias en contextos de guerra.

“Básicamente intento ser lo más fiel posible a la herramienta, preparo las actividades, pienso mucho en mis chicos cuando la van a hacer y digo aquí hay que hacerlo de esta manera porque por ejemplo tenemos chicos con discapacidades cognitivas y motrices. A veces matizo un poco las actividades y en otros momentos preparo material que, aunque no está en la herramienta, sé que en ellos va a funcionar, en particular porque el Monumento Sonoro lo implementó con niños desde los 10 años hasta de 17”.

Durante el desarrollo del instrumento, tanto profesor como alumnos conocieron historias que antes no habían salido a flote en el aula; historias de niños, niñas y adolescentes que junto a sus familias también habían sido desplazadas y con historias de violencia detrás.

Quizás, esas realidades que ahora son aprehendidas como cercanas, son las que han facilitado que los alumnos no solo quieran conocer las historias de las víctimas del conflicto armado colombiano, sino que ahora quieren crear actitudes de paz.

 

“Los cambios no se han hecho esperar; ellos han asimilado que conociendo ya las barbaries que se han vivido en el país, es imperdonable que ellos mismos repitan actitudes violentas. Además, ahora son más sensibles hacia el otro”, asegura López.

Producto de estas transformaciones positivas y de todo el trabajo desarrollado, este proceso, bajo la guía del profesor Jorge Mario López y el acompañamiento técnico del enfoque diferencial de niños, niñas y adolescentes del CNMH, ganó el xx, concurso con el que el Distrito buscaba exaltar a los máximas procesos de construcción de paz y reconciliación en la capital.

El premio se convirtió además en una excelente oportunidad para materializar la intención de los alumnos por concebirse como actores que participan activamente de la transformación del país. Fue así como surgió la idea de realizar una acción de memoria -artística-, en la que se dignifique y se le invitara a niños, niñas y adolescentes (víctimas del conflicto armado), a “seguir adelante”.

El pasado 8 de noviembre, 534 alumnos del colegio Francisco I S.S., actuaron, danzaron e interpretaron canciones como la versión orquestal e inédita de la canción “José Colibrí”. La acción de memoria se llamó “Cantar para Soñar” e hizo parte de la programación oficial de la XI Semana por la Memoria del Centro Nacional de Memoria Histórica. Además, al evento pudieron asistir representantes de las víctimas de Jambaló, Cauca.

En esta institución, la cual recibe todos los niveles de inclusión, los alumnos han disminuido significativamente las expresiones de violencia y la apatía que anteriormente tenían hacia valores como el perdón. Para el profesor, ha sido por el conocimiento que han tenido los chicos de ciertos casos, -y en los cuales se evidencia que la confrontación armada no ha sido la solución para resolver las diferencias entre las personas-, que ellas y ellos han empezado a asumir que sus problemas personales no pueden ser confrontados con la violencia. “A mí me satisface cómo los chicos han tenido actitudes de reconciliación muy grandes”, concluye López.

 

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36 relatos para hacer memoria de policías de explosivos que dieron sus vidas por las de los demás

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Víctor Álvarez

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Víctor Álvarez

Publicado

01 May 2019


36 relatos para hacer memoria de policías de explosivos que dieron sus vidas por las de los demás

  • Un Segundo para la Eternidad es el libro de relatos con el que se busca reconstruir las memorias de policías técnicos de explosivos que murieron en ejercicio de su labor.
  • La publicación fue presentada en la Feria del Libro de Bogotá que se realiza en Corferias.

Ante la amenaza de una bomba corremos, nos resguardamos. Ellos, los policías técnicos en explosivos hacen lo contrario. Van hacia el artefacto y proceden a desactivarlo, una operación con un margen de error mínimo.

A esta labor invisible y heroica por la que millones de personas han salvado sus vidas, a los protagonistas que murieron en el ejercicio de ella, se les rinde homenaje en el libro “Un segundo para la eternidad”.

La publicación, presentada en la Feria del Libro de Bogotá el pasado 29 de abril, como una iniciativa del Área de Historia, Memoria Histórica y Víctimas de la Policía Nacional, contiene 36 relatos de agentes que se sacrificaron buscando garantizar la tranquilidad de comunidades.

Son historias cortas en las que se muestra el enfoque humano, las cualidades y el entorno familiar de los agentes, así como el momento en el que se produjo la acción que acabó con sus vidas.

El evento de lanzamiento de Un Segundo para la Eternidad contó con masiva asistencia de familiares de víctimas, policías y comunidad en general.

El mayor de la Policía, Efrén Muñoz, quien trabaja en Memoria Histórica y Víctimas de la Unidad Nacional para la Edificación de la Paz, creada en el año 2016, comenta que estas iniciativas hacen parte del aporte a la verdad, justicia, reparación y no repetición de hechos de violencia ocurridos en el marco del conflicto, que esa institución quiere hacer

“Hacer memoria, de una manera u otra, los hace (a las familias de las víctimas) hacer vivir de cerca a esas personas. Cuando usted honra las víctimas, las familias sienten que su ser querido hizo un gran sacrificio por este país y no fue en vano. Y al verlo dignificado es satisfactorio para ellos”, afirma el oficial.

Para el mayor Muñoz, la construcción de memoria no solo es importante por ese deber legal de memoria del Estado en la ley de víctimas, sino que va más allá, “es el compromiso moral con los más de 53.000 policías, hombres y mujeres víctimas en el conflicto armado de Colombia”.

En su propósito de abrir el espectro en la recuperación de la memoria de otras víctimas del conflicto armado, el Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, viene apoyando iniciativas como las de la Policía Nacional.

“Estamos exaltando y reconociendo la memoria de estos hombres que ofrendaron la vida por mejorar este país, asegurar la convivencia pacífica. En la publicación tenemos el relato de las 36 familias que se sumaron al proyecto, prólogo de Guillermo Prieto La Rotta, “Pirry”, palabras de nuestra jefe de unidad, Alba Patricia Lancheros, y del teniente coronel Fernando Pantoja, jefe de Área de Memoria Histórica y Víctimas de la Policía Nacional”, destaca el mayor Muñoz.

“Un Segundo para la Eternidad” es distribuido gratuitamente, aunque, dice el mayor Muñoz, solo tuvieron un tiraje de 500 ejemplares, 180 que se distribuyeron en la Feria del Libro y otros tantos que van a familiares de las víctimas que protagonizan los relatos y a bibliotecas.

Sin embargo, en el sitio web: memoriahistoricapolicial.com se podrá descargar, en próximos días en versión digital, también gratuitamente, al igual que otras publicaciones sobre memoria histórica de la Policía.

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Jóvenes que se interesen por la memoria histórica, el legado de Cristian

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Publicado

15 May 2019


Jóvenes que se interesen por la memoria histórica, el legado de Cristian

Este estudiante de bachillerato  lideró la creación de la red de estudiantes por la memoria histórica en Bogotá y trabajó de la mano del CNMH en diferentes procesos. Falleció, recientemente, a los 19 años de edad.


El rol de los jóvenes en la construcción de ciudadanías conocedores de la historia y los hechos sucedidos durante el conflicto armado colombiano, es un campo de trabajo del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH).  Cristian Fabián Espinosa Barrera, se esmeró, los últimos años de su vida, para que esto fuera así.

Este joven, estudiante del colegio La Giralda, de Bogotá, impulsó la creación de una red de estudiantes por la memoria histórica en la ciudad y  lideró varios procesos para que se incluyeran los análisis sobre el tema en las clases de Ciencias Sociales, ética, artes y educación física. Murió el pasado 2 de mayo en la capital colombiana, tras luchas durante varios años con una enfermedad.

Todo comenzó cuando desde el área de Pedagogía del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) se creó la Red Nacional de Maestras y Maestros por la Memoria y la Paz, un espacio que permitió el encuentro entre docentes de diferentes territorios del país, que habían decidido trabajar la memoria histórica en sus aulas, a partir de la Caja de Herramientas: un viaje por la memoria histórica: aprender la paz y desaprender la guerra.

Según María Andrea Rocha, líder del Equipo de Pedagogía del CNMH, la red se concibió como un escenario de intercambio y difusión de prácticas e innovaciones, que profesores de distintas escuelas, han venido impulsado en torno a la enseñanza de la memoria histórica y la construcción de paz.   

La profesora Carolina Cortés, quien actualmente hace parte de la red de docentes y acompañó a los estudiantes en sus iniciativas, siendo muy cercana a Cristian, recuerda que “él se me acercó y me pregunto por qué si existía una red de docentes no había una de estudiantes. Así que lo comuniqué directamente con el CNMH y ahí comenzaron varios años de trabajo constante liderados por él”.

En un primer momento, el Colegio La Giralda, ubicado en el barrio Las Cruces, hizo un trabajo piloto con la Caja de herramientas donde se estudió y analizó el caso de El Salado, Bolívar, a partir de los textos producidos por el CNMH, como un ejercicio transversal a las clases de ciencias sociales, ética, filosofía y artes.

Los inicios de la red

Ya lo decía el mismo Cristian en uno de sus escritos: “trabajar la memoria histórica en el aula de clase fue realmente significativo para mí y mis compañeros ya que se pudo abordar un hecho histórico de manera diferente a como lo habíamos visto anteriormente. Pude entender la realidad del país; fue una experiencia nueva que me motivó a indagar sobre diferentes hechos relevantes de Colombia en el marco del conflicto armado y me hizo pensar en tener un rol más activo dentro de mi comunidad”.

Y de ahí nació la idea de la red de estudiantes. Alejandra Romero, quien en 2017 se desempeñaba como parte del equipo de Pedagogía recuerda que “Cristian era un líder natural. Fue él quien reunió a estudiantes de colegios tanto públicos como privados de Bogotá y les propuso realizar actividades conjuntas sobre memoria histórica que les permitieran reconocer tanto sus realidades como la del país”.

Explica Alicia, madre de Cristian, que “la memoria histórica se convirtió en un pilar central de su vida, incluso, cuando su enfermedad se hizo más fuerte, él sacaba energías para ir al y trabajar con estudiantes de décimo y once grados para que pudieran entender lo que les había sucedido a las víctimas”.

“Para mí fue una experiencia nueva el poder trabajar con la Caja de Herramientas. Nos permitió conocer temáticas a fondo, más allá del aula de clases. Nos encarretamos con el cuento y eso es valiosísimo. En el colegio se hizo algo que nunca se había visto: se transversalizaron contenidos porque no solo trabajábamos en sociales sino también en artes, músicas y danzas, y eso permitió que más pelaos se empaparan del tema”, reseñaba Cristian en una de las conferencias en que participó.

“Si hay un aspecto que podemos resaltar de Cristian es su empatía: tenía una capacidad innata para entender y conectar con los otros, y por eso todos los estudiantes de este y de varios colegios decidimos seguirlo en la formación de grupos de estudio sobre memoria histórica que nos ayudaran a ponernos en el papel del otro, tanto víctimas como perpetradores, para entender la realidad del país y poder emprender acciones que nos permitieran a los jóvenes recordar lo que nos había pasado durante el conflicto”, dice Neyder Núñez Rodríguez, uno de sus compañeros de clases y amigo.

Los logros

Durante los años en que Cristian lideró la red de estudiantes se lograron hitos como la presentación de los resultados de los trabajos de los estudiantes en la Feria del Libro de Bogotá, intercambios de experiencias con jóvenes de The New York Times y periodistas de Pacifista, e incluso conferencias en diferentes encuentros nacionales.

“Para él todo era un reto y asumía cada tarea con amor y entusiasmo. De hecho, si tuviera que definirlo con una sola palabra sería resiliencia, porque siempre pensó que sí es posible emprender acciones de transformación social más allá de los contextos en los que se vive”, afirma Alejandra Romero.

“Siempre trataba de verle el lado bueno a las cosas y meterle humor como una forma de decirnos que había mucho por lo que luchar. Pese a su enfermedad él nunca desfalleció y eso es algo muy valiente en alguien que apenas tenía 19 años”, describe la profesora Carolina Cortés.

Según Neyder, “el aporte más significativo de Cristian a este proyecto fue demostrarnos que los estudiantes podemos ser agentes transformadores de la realidad, eso era lo que él nos mostraba con sus acciones”.

“En ese sentido, invitamos a todos los docentes del país a que sigan trabajando para que la reflexión crítica y empática sobre nuestro pasado reciente siga inspirando a jóvenes como Cristian a transformar este país. Sabemos que Colombia está llena de estudiantes con sueños parecidos a los que él tuvo, con preguntas sobre nuestra historia reciente y con múltiples aportes por hacer cuando, desde metodologías innovadoras, logran conectarse y preguntarse por cuál es su lugar y cuál puede ser su aporte”, concluyó María Andrea Rocha, quien lidera el Equipo de Pedagogía del CNMH.

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