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Gloria González Ardila no era guerrillera

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Autor

CNMH

Fotografía

www.elmundo.es

Publicado

27 Ago 2015


Gloria González Ardila no era guerrillera

El pasado 20 de agosto en el municipio de San Antero, Córdoba, se realizó el acto de dignificación en memoria de Gloria González Ardila, víctima letal en una operación militar adelantada por el Ejército Nacional en el barrio San Javier de Medellín, el 7 de mayo de 2012.


En la ceremonia se reconoció que la muerte de la señora Gloria fue un hecho que nunca debió ocurrir. Ese día, a las seis de la mañana, tropas del Ejercito Nacional entraron en compañía de cuatro encapuchados, a la casa de Elkin Arbey Ortiz y Josué Rodríguez, quienes habían sido señalados por tener presuntos vínculos con la guerrilla. La muerte de Gloria ocurrió después de que una bala atravesó la casa de madera cuando los uniformados entraran a la casa vecina y dispararon.  Ese día no solo resultó afectada ella, sino su hija de 11 meses a quien amamantaba el día de los hechos, quien se dice, alcanzó a ingerir sangre de la madre.

Los hechos descritos generaron un profundo impacto, afectando su grupo familiar, no sólo por el sufrimiento de su muerte, sino por la estigmatización que tuvo que padecer al ser señalada como militante de la guerrilla. Lo anterior, no solo acabó con la vida de la señora Gloria, sino que fue el causante de sufrimientos venideros para su familia, como la quema de su vivienda, el desplazamiento y la ruptura de su núcleo familiar. 

El dictamen forense determinó que el proyectil que acabó con la vida de la mujer de 32 años, pertenecía a uno de los fusiles que usaban los militares de la IV Brigada que desarrollaron el operativo. En uno de los expedientes del caso se establece que los hombres del Éjercito se extralimitaron en el uso de la fuerza y las armas, por lo que fue investigado el capitán Julián Cadena, quien estuvo al mando de la operación.

La ceremonia de dignificación fue presidida por la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, dando cumplimiento a una de las medidas de satisfacción como parte a un proceso de reparación integral prevista dentro del Acuerdo de Solución Amistosa entre el Estado y la familia de la víctima.  Un acto de perdón público en el cual se reconoció que la señora González fue una mujer pujante, quien con su amor logró ser el eje central de su familia.  Según las palabras que se ofrecieron en la ceremonia, la señora Gloria dejó como legado en su familia valores de respeto, unidad familiar y sensibilidad frente a la injusticia, por lo que siempre será recordada como un ejemplo de vida, una mujer valiente e independiente, que siempre luchó por el bienestar de sus hijos.

El objetivo del evento era precisamente revindicar el buen nombre de la víctima, a quien se le marcó de haber pertenecido a grupos guerrilleros. El Estado busca con este tipo de actos rendir homenaje a las víctimas y dejar sentado que en pro del respeto y garantía de los Derechos Humanos trabaja cada día para que situaciones como estas no se repitan.

 


Conflicto Armado, Guerrilla, Mujer, Testimonios

Nuevo informe del CNMH: Quintín Lame

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

06 Sep 2015


Nuevo informe del CNMH: Quintín Lame

Más de cien comunidades indígenas habitan diversas zonas de Colombia. Muchas de ellas aún conservan sus propias lenguas, sus prácticas y cosmologías tradicionales. Se trata en general de una población que se asienta generalmente en zonas de frontera agrícola, que muchas veces coincide con las regiones más impactadas por la guerra. Pese a la dispersión hay asentamientos poblacionales muy densos, como es el caso del norte del Cauca en donde habita cerca del 20% de la población indígena colombiana. Por siglos esta región ha sido uno de los principales focos de resistencia indígena y, durante las últimas cinco décadas, escenario de la mayor movilización social contemporánea y uno de los principales ejes del conflicto armado. Por fuerza de las circunstancias las comunidades indígenas del Cauca terminaron siendo unas de las principales protagonistas de la guerra en Colombia. 


El 5 de enero de 1985 una columna de ochenta combatientes descendió de un campamento ubicado en las montañas del municipio de Buenos Aires, en el norte del departamento del Cauca, y se dirigió hacia la población de Santander de Quilichao, que tomarían por asalto en horas de la tarde. Las armas y los uniformes que portaban hicieron que muchos pobladores los confundieran con alguno de los grupos insurgentes establecidos desde años atrás en esta región. Los rasgos indígenas de sus miembros, los sombreros de fieltro y la insignia que llevaban en sus uniformes con la sigla CQL (Comando Quintín Lame) indicaban, sin embargo, que se trataba de una nueva organización armada. Al término de la toma, luego de tres horas de combates, quedaron al lado de los muros agujereados del cuartel de la Policía unas borrosas cuartillas que llevaban por encabezamiento “COMANDO QUINTÍN LAME. POR LA DEFENSA DE LOS DERECHOS INDÍGENAS”, en las cuales se anunciaba el surgimiento de un nuevo grupo insurgente. 

Introducción

 

Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín Lame, narra la historia de los indígenas que decidieron recurrir a las armas para combatir contra sus tres principales victimarios: el Estado, los terratenientes y las guerrillas. No obstante, esta decisión los llevó no solo a luchar una “guerra propia” (la de defender el territorio y las tradiciones de las comunidades indígenas), sino que se vieron involucrados también en una “guerra ajena” (la de los grupos al margen de la ley y el Estado). 

A pesar de la aparición de diversos grupos armados en el transcurso de más de cinco décadas de guerra interna, el caso del Quintín Lame es particularmente singular, pues no solo evidencia las tensiones y relaciones entre los movimientos sociales y los actores armados, sino que iba completamente en contravía de las acciones que estaba adelantando el Estado para lograr un acuerdo político con los grupos insurgentes. 


Este informe de investigación que presentan el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) realiza una rigurosa reconstrucción histórica de lo que fue ese movimiento armado en Colombia: sus luchas, su historia, sus ideales, su trayectoria, su desmovilización y su reconocimiento como una fuerza política, entre otros. Con esta publicación, el Centro Nacional de Memoria Histórica avanza en una línea de producción bibliográfica que es a la vez investigación histórica, trabajo de memoria y análisis sociológico. Este texto, resultado de acuerdos con otros centros de investigación, hace parte también de un esfuerzo en curso para entender las lógicas del conflicto armado en Colombia y su impacto sobre la población civil, convencidos de que una mejor comprensión de la guerra y sus efectos constituye un aporte para la consolidación de la paz.

Prólogo por Gonzalo Sánchez Gómez 

La compleja perspectiva que se perfilaba para el Cauca, hace apenas algunos años, oscilaba entre la profundización de la guerra y el fortalecimiento de la movilización de las comunidades indígenas. Cuando todo parecía inclinar la balanza hacia un inevitable y cruento desenlace militar, que tendría como epicentro el Cauca y todo el sur-occidente colombiano, se abrió la esperanza de avanzar en una solución negociada de la guerra. Esta situación, en la que nos encontramos hoy, sitúa este trabajo en el centro de un debate político de enorme importancia: el de la posibilidad de encontrar en las transformaciones de la cultura política una salida a la guerra.

Presentación por Ricardo Peñaranda

 

El evento de lanzamiento del informe Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín Lame, se llevará a cabo en:  Bogotá: 8 de septiembre a las 5:00 p.m. en el Auditorio Rogelio Salmona, Centro Cultural Gabriel García Márquez (Calle 11 No. 5 – 60). 

Por favor confirme su asistencia haciendo click aquí
A los asistentes se les entregará el libro en el lanzamiento.
 


Guerrilla, Informe Nacional de Pueblos Indígenas, Publicaciones CNMH

Quintín Lame: la primera guerrilla indígena de Latinoamérica

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

Elespectador.com

Publicado

08 Sep 2015


Quintín Lame: la primera guerrilla indígena de Latinoamérica

  • El informe ‘Guerra propia, guerra ajena – Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos – El Movimiento Armado Quintín Lame’ es la más completa historia de un movimiento armado indígena único en América Latina.
  • En menos de una década, entre los años ochenta y 1991, un pequeño grupo de indígenas Paez (Nasa) pasó de pelear una ‘guerra propia’ como autodefensa y parte del vasto movimiento de recuperación de tierras en el Norte del Cauca a intentar sin éxito integrarse con otras organizaciones guerrilleras en la Coordinadora Simón Bolívar y actuar lejos de su territorio, en una ‘guerra ajena’, para finalmente disolverse entre sus propias comunidades, en el que es el proceso de reinserción más exitoso que ha habido en Colombia.
  • En una investigación que le ha tomado cerca de 20 años, múltiples entrevistas con los protagonistas, las comunidades y sus autoridades y una exhaustiva búsqueda documental, Ricardo Peñaranda traza el recorrido del Movimiento Quintín Lame: desde que funcionaba como autodefensa indígena, mucho antes de darse a conocer, el 5 de enero de 1985, con una toma a Santander de Quilichao, conjunta con el tristemente célebre grupo Ricardo Franco, disidente de las FARC , hasta su desmovilización en 1991.

  • El informe va mucho más allá de la reconstrucción de la historia de este grupo pionero de los movimientos indígenas armados en América Latina.
    • En una región en la que han intentado establecerse todas las guerrillas colombianas, es un análisis de las complejas relaciones entre los grupos insurgentes y las organizaciones indígenas  que muestra cómo, en los últimos 20 años, unos y otros se han movido en trayectorias cada vez más opuestas. Esto está en la base, no solo de la decisión de disolución final del Quintín, sino, entre otros, de la histórica desconfianza entre los indígenas del Cauca y las FARC.

    • Una perspectiva comparada con otras experiencias de movimientos indígenas armados de América Latina le da un valor singular al informe. Los casos de Guatemala, Perú, Nicaragua y México son objeto de un capítulo especial y a lo largo del texto se trazan paralelos y diferencias entre estas experiencias y la del Quintín que aportan sustancialmente al “rico y candente debate de las relaciones entre movimientos sociales y organizaciones armadas”, como señala Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica en la introducción.

  • El caso del Quintín es único en varios sentidos:
    • Se trató de un intento de recuperar el monopolio de la violencia frente a otros grupos que intentaron usurparla, que no se había dado en América Latina hasta la aparición, en 1994, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en México, con cuya filosofía de “mandar obedeciendo” se trazan interesantes paralelos.
    • El grupo armado fue parte de un vasto movimiento social de recuperación de la identidad negada por siglos a los indígenas del Cauca, que han protagonizado, asumiendo riesgos enormes, la más exitosa movilización civil contra la guerra que se ha visto en Colombia.
    • Mientras la norma en casi todas las guerras es que estas terminan con el tejido social de las comunidades destruido, como ocurrió en Perú, Guatemala y Nicaragua, en el caso del Quintín y del Norte del Cauca ocurrió lo contrario, con el movimiento social reconstituyéndose y absorbiendo al grupo armado en su propio proceso organizativo.
    • Los nexos orgánicos entre el Quintín y el mundo indígena del Norte del Cauca; el poderoso proceso de recuperación de una identidad que les fue negada a los Paez y otras etnias de la región durante siglos y las inusitadas posibilidades de ampliar su espacio político que la movilización y la coyuntura de la Asamblea Constituyente de 1991 abrieron al movimiento indígena explican por qué el proceso de reintegración del Quintín Lame a la sociedad es el más exitoso en Colombia.

Itinerario de un grupo con pocos paralelos

Con alrededor de 250.000 miembros, las comunidades indígenas del nororiente del Cauca son el segundo núcleo poblacional indígena más grande del país, después de La Guajira.

Están distribuidos en varios grupos étnicos: Paez (65%), Yanaconas (15%), Guambianos (13%), Coconucos (5%) y Emberas e Ingas (2%).

Cuadro de indicadores vitales de Colombia, del Departamento 
del Cauca y Cauca indígena (1972 – 1978). 

 

Fuente: “Plan cuatrienal de desarrollo de las comunidades indígenas del nororiente del Departamenro del Cauca”. Unidad de desarrollo social, DNP, febreo de 1980

 

 

El territorio del nororiente del Cauca es el de mayor presencia guerrillera en Colombia: todos los grupos armados han intentado establecerse allí. Desde la ‘Quintinada’, la lucha que dirigió Manuel Quintín Lame a comienzos del siglo XX contra el pago del terraje que cobraban en días de trabajo los hacendados a los indígenas y el despojo de la tierra, hasta la vasta oleada de recuperaciones de tierra desde los años setenta, la región ha vivido un permanente conflicto entre los hacendados y el movimiento indígena que, a mediados de los años ochenta, en el momento del surgimiento del Comando Quintín Lame, como se llamó inicialmente, se encontraba en su punto más crítico.

Tiene pocos parelelos la violencia que sufrieron los indígenas a manos de toda clase de grupos y del Estado: ‘pájaros’ al servicio de los hacendados, el EPL, el M-19, las FARC, la Fuerza Pública y sus desalojos violentos de fincas ocupadas… Hasta la Iglesia Católica, propietaria de varias haciendas que sufrieron ‘recuperaciones’, intervino. El informe recuerda al obispo de Belalcázar, monseñor Enrique Vallejo, acusado por los indígenas de patrocinar escuadrones de ‘pájaros’ y acciones como la masacre del Resguardo de San José, en 1956. El impacto de la expasión de los ingenios azucareros sobre la tenencia de la tierra, llevó al desplazamiento de miles de propietarios, aparceros y arrendatarios indígenas.

Tiene pocos parelelos, también, la lucha que desarrollaron los indígenas del Cauca. En 1971 surge el CRIC, con la participación de agentes externos, no indios, que jugaron un papel importante en la expresión política del movimiento indígena. El CRIC lideró la lucha por la recuperación de la tierra, los derechos y la autonomía indígena y el restablecimiento de cabildos y resguardos. Esa lucha continúa hasta hoy, pero su mayor impulso fue entre 1981 y 1990: en esos años se recuperó casi el 60% de las 74.000 hectáreas que según el Incora pasaron a manos indígenas entre 1970 y 1996. Ese periodo coincide con el de la actividad del Quintín.

El saldo ha sido la reconstrucción de la identidad de los pueblos indígenas y la configuración de un proceso organizativo que permitió a las comunidades no solo recuperar casi la totalidad de la tierra de los resguardos perdidos sino ganar un enorme protagonismo y espacio político en Colombia. Es en el marco de este proceso como se estudia el papel jugado por un movimiento armado como el Quintín Lame.

Desde los años setenta surgen autodefensas, como respuesta a la violencia ejercida por las bandas de ‘pájaros’ de los hacendados. A partir de 1982 las autodefensas organizan un grupo móvil de 30 o 40 hombres, con presencia armada en las comunidades y un programa de apoyo a las recuperaciones de tierra, la ampliación de los resguardos y la defensa de las autoridades indígenas y de una organización autónoma.

El Quintín tuvo siempre relaciones complejas con otros grupos armados, cuyo apoyo, entrenamiento y redes de logística necesitaba, a la vez que rechazaba sus intentos de control sobre las comunidades. Desde el inicio hubo fuertes enfrentamientos con las FARC, que ignoraban a las autoridades indígenas y, a la vez que extorsionaban a los hacendados, protegían sus haciendas de las ‘recuperaciones’ indígenas de tierra, dando a sus protagonistas trato de delincuentes comunes, con masacres y homicidios que cobraron más de un centenar de víctimas. Con el PC-ML, maoísta, creador del EPL; con el Ricardo Franco y con el M-19 se hicieron entrenamientos y alianzas. Incluso con el ELN se llegó a hacer un entrenamiento en los Llanos.

El violento desalojo de la ocupación de tierras en el predio López Adentro y el asesinato del único cura indígena, el padre Álvaro Ulcué Chocué, en 1984, precipitaron la conformación del Comando Quintín Lame. En pleno cese al fuego entre las FARC y el M-19 y el gobierno de Belisario Betancur, en noviembre del 84, los quintines se tomaron el Ingenio Castilla e incendiaron su maquinaria, en una acción atribuida por los medios al M-19. Con la toma a Santander de Quilichao, en conjunto con el Frente Ricardo Franco, en enero siguiente, hicieron su primera aparición pública y dejaron el que puede considerarse su programa fundacional.

A partir de entonces el grupo adelanta abiertamente la lucha en defensa de las recuperaciones de tierra, la ampliación de los resguardos, la defensa de las autoridades indígenas y el derecho a la organización autónoma.

Mapa Zonas de operación de Quintín Lame 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                      Fuente: elaboración propia con base                                                                                           en archivos de la Fundación Sol y Tierra

 

El informe hace un detallado análisis de su estructura, de su dirección, dividida entre una Dirección Política y un Estado Mayor, y de su funcionamiento e implantación. A un núcleo armado de unos 60 hombres se sumaban grupos de apoyo en las comunidades. Al igual que en el surgimiento del CRIC jugaron un papel clave ‘agentes externos’, no indígenas, entre los líderes del Quintín Lame había personajes que no eran indígenas. Entre ellos, Luis Ángel Monroy, su primer comandante, afro, de Candelaria, Valle, que fue asesinado en 1985, y Pablo Tatay, de la Dirección Política, que nació en Budapest y estudió en la Nacional en Medellín y en Francia.

Una reglamentación flexible, castigos disciplinarios menos rígidos que en las organizaciones guerrilleras, la facilidad de entrar y salir del grupo, el hecho de que este fuera casi como una extensión de la familia, la capacitación política y la recuperación de la lengua y las tradiciones indígenas atrajeron a muchos jóvenes.

El empleo de la violencia para proteger a las comunidades contribuyó a bloquear la violencia terrateniente, contuvo la expansión de la guerrilla en las comunidades y evitó que esta usurpara las banderas del movimiento indígena. Sin embargo, el Quintín no logró evitar que la guerra llegara a las comunidades y se desvió de sus objetivos originales.

Hacia 1986, el ingreso del Quintín al Batallón América del M-19 y luego a la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar marcó un punto de quiebre: de la ‘guerra propia’ se empezó a pasar a la ‘guerra ajena’, en zonas como el Valle, lejos del territorio y los ideales indígenas. Ese alejamiento de los objetivos originales produjo una crisis y ya en 1987 el grupo presentaba muestras de desgaste.

Incapaz de responder a nuevos desafíos como la llegada de los paramilitares y para controlar la delincuencia común, que azotaba las comunidades, el Quintín enfrentó serios reparos de las organizaciones indígenas. Hubo conflictos con la comunidad guambiana y su organización, la AISO y, desde 1988, las comunidades, preocupadas por los riesgos de la generalización del conflicto armado exigían la salida de todos los actores armados del territorio, incluido el Quintín, como lo consignó la conocida Declaración de Vitoncó.

Por eso, cuando los 157 integrantes del Movimiento Quintín Lame se desmovilizaron en el campamento del resguardo de Pueblo Nuevo, el 31 de mayo de 1991, buena parte de ellos ya se había devuelto a sus casas y hubo que llamarlos especialmente para la ocasión. Como lo dijo Pablo Tatay, el grupo vio en la oferta de desmovilización “una manera elegante de desmontarse de algo que no estaba produciendo mayores frutos”. La participación de uno de sus delegados (sin voto) en la Asamblea Constituyente de 1991, ofreció un espacio político y una visibilidad nacional excepcionales, tanto al grupo como al conjunto del movimiento indígena.

La fuerza del movimiento y los estrechos lazos del Quintín con las comunidades hicieron que esta desmovilización fuera particularmente exitosa. Como dice el autor del informe, los “combatientes acceden a dejar las armas, a fin de no interferir en el proceso de consolidación del poder comunitario que se encontraba en marcha y pasan ellos mismos a transformarse en líderes locales y a ser parte de una nueva etapa de la lucha indígena, que privilegia la movilización política a la protesta armada”.

Esa fue la trayectoria del único grupo armado de claro carácter étnico que ha habido en el conflicto colombiano. Como la resume Ricardo Peñaranda: “El Quintín Lame nace como un desprendimiento  de la organización comunitaria; se desarrolla gracias al apoyo de las comunidades; y se disuelve finalmente, integrándose de nuevo a su base social”.

 

 



Guerrilla, Indígena, Latinoamérica

Ocho años de la explosión de una chiva bomba en Toribío

Noticia

Autor

Daniel Sarmiento

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

09 Jul 2019


Ocho años de la explosión de una chiva bomba en Toribío

El 9 de julio de 2011, las Farc hicieron estallar una chiva bomba frente a la estación de Policía de Toribío, Cauca, el municipio con más incursiones guerrilleras en el país.


En Toribío estaban acostumbrados a los estruendos, pero ninguno como el de la mañana del 9 de julio de 2011. Era sábado, día de mercado, y la gente recorría las calles alrededor de la plaza. Los niños jugaban y los adultos cargaban alimentos de un lado a otro cuando, a las 10:30, sonó la primera ráfaga de disparos. Después otra y otra más. Y luego ese ruido que nadie pudo adivinar hasta minutos después: el de una chiva bomba que las Farc hicieron estallar junto a la estación de la Policía.

La guerra ha sido inclemente en el norte del Cauca y ese día es uno de los que peor recuerdan sus habitantes, casi todos indígenas: murieron 3 personas —el cerrajero, el carnicero y un gallero—, 103 quedaron heridas y 460 casas fueron destruidas, según el reporte que dio días después el exalcalde Carlos Banguero. Aunque los ataques, hostigamientos y tomas guerrilleras eran frecuentes, la chiva bomba les sembró una profunda desconfianza: entre otras razones, ese mismo carro los transportaba diariamente por las montañas del departamento.

Varias fuentes coinciden en que Toribío es el municipio que más ataques y hostigamientos guerrilleros ha sufrido en el país. Nuestro informe Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013) dice que hubo 32 incursiones en ese periodo. La Policía dice que fueron 72 hostigamientos y un asalto entre 2003 y 2016. La Personería dice que fueron 208 hostigamientos entre 2008 y 2015. Y organizaciones civiles, como Proyecto Nasa, dicen que entre 1983 y 2009 fueron más de 600 hostigamientos.

Te invitamos a conocer más acerca del informe “Tomas y ataques guerrilleros

Más allá de las precisiones conceptuales entre ataques, tomas y hostigamientos, que desarrollamos en el primer capítulo de nuestro informe, las cifras muestran que el Cauca fue uno de los departamentos con mayor presencia guerrillera. En esa investigación explicamos que las incursiones de las Farc, que fue el grupo que más usó esta forma de violencia en el país, tenían dos objetivos principales en esa región: mantener despejado de fuerza pública el corredor entre el norte del Cauca y el Valle, Tolima, y Huila, y profundizar su influencia en territorios indígenas para incluirlos en su agenda política.

Una de las 460 casas destruidas por la chiva bomba. – Fotografía: Daniel Sarmiento/CNMH

A pesar de la magnitud de esa violencia, los indígenas caucanos se han caracterizado por su fortaleza para mantener su autoridad sobre el territorio y promover sus formas de vida. En el informe “Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y memoria en el Cauca indígena”, que publicamos en 2012, decimos que aunque esa región “se convirtió en un teatro regional de guerra estable, las comunidades reforzaron sus estrategias de resistencia y desplegaron importantes iniciativas”.

Te invitamos a conocer más acerca del informe “Nuestra vida ha sido nuestra lucha

Algunos ejemplos son las “Audiencias por la vida, por la paz y contra la guerra” lideradas por la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), con las que exigieron la desmilitarización completa del territorio, o la presencia de la Guardia Indígena de los Nasa, ganadora del Premio Nacional de Paz en 2004, que busca proteger su cultura ancestral y el ejercicio de la justicia propia.

En 2013, con el desescalamiento de la guerra que produjeron los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc, los indígenas quisieron cambiarle la cara a Toribío, que por muchos años estuvo lleno de grafitis alusivos a las guerrillas. Ese año fue la primera Minga Muralista del Pueblo Nasa, que repitieron en 2017, y entre las dos pintaron decenas de murales para exaltar sus tradiciones y oponerse a la guerra. Uno de los más famosos dice “Menos bazuca y más yuca”.

Te invitamos a conocer más acerca del micrositio de la “Minga Muralista

Ocho años después, el recuerdo de la chiva bomba sigue vivo y en el pueblo aún se notan los impactos de esa explosión, pero sus habitantes quieren dejar atrás el estigma de la guerra. Desde hace años repiten una y otra vez que “Toribío no es como lo pintan sino como nosotros lo pintamos”.

 


Cauca, Farc, Guerrilla, Nasa, Toribío

Lanzamiento digital del informe Voces que construyen. Memorias de empresarios

Noticia

Autor

Juan Sebastián Sanabria

Fotografía

Juan Sebastián Sanabria

Publicado

19 Ago 2019


Lanzamiento digital del informe Voces que construyen. Memorias de empresarios

En un libro de crónicas y una serie de podcasts, que hoy el Centro Nacional de Memoria Histórica presenta a la opinión pública, se narran las memorias de tres industriales víctimas de secuestro, sus resiliencias y aportes a la reconciliación en Colombia.


El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), con apoyo de la Cámara de Comercio de Bogotá y la Embajada de Suiza en Colombia, presenta la publicación Voces que construyen. Memorias de empresarios.

Se trata de un libro de crónicas y una serie de podcasts, en las que se narran las vivencias de tres empresarios que sufrieron el secuestro, pero que se sobrepusieron a esas situaciones y continuaron aportando al país desde sus diferentes campos de la economía.

Las historias, escritas por los periodistas Leo Felipe Campos, Deysa Rayo y María Alexandra Cabrera, plantean interrogantes y respuestas sobre ¿qué huellas dejó la experiencia del secuestro en estas tres personas? ¿De dónde sacaron ellos la fuerza para seguir viviendo? ¿Cómo resistieron las humillaciones? ¿Cómo rehicieron sus vidas? ¿Quiénes son ellos hoy en día?

En Colombia, desde 1958 a 2018, han sido secuestradas 37.165 personas, según cifras de nuestro Observatorio de Memoria y Conflicto: un 72% a manos de las guerrillas y un 10% a manos de paramilitares.

Aunque en muchos casos no se sabe la ocupación que tenían las víctimas, los comerciantes, empleados, funcionarios públicos y ganaderos fueron los más afectados. Muchos de ellos eran empresarios, a quienes les pusieron precio de cambio.

Los invitamos a leer, escuchar y comentar las historias.

Aquí están las crónicas.

Y aquí están los podcasts.

Voces que construyen hace parte de nuestros esfuerzos por entender las dimensiones individuales y colectivas del secuestro. En Una sociedad secuestrada (2013) mostramos cómo ese crimen se convirtió en una cruel fuente de financiación para las guerrillas y produjo un sentimiento de vulnerabilidad en todo el país. En El caso de la Asamblea del Valle. Tragedia y reconciliación (2018) reconstruimos las historias de los once diputados secuestrados y asesinados por las Farc. Y en Recuerdos de selva (2019) nos adentramos en las memorias de policías y militares que perdieron la libertad durante el conflicto.

En el futuro, como anunció el director del CNMH, Darío Acevedo, seguiremos investigando sobre otros casos emblemáticos de secuestro, entre ellos los de la iglesia La María y el Kilómetro 18, en Cali, y los de las familias Vélez White y Turbay Cote.

 


Crónicas, Empresarios, Guerrilla, Podcast, Secuestro

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