Autor: CNMH

El Cristo de Bojayá, sobreviviente de la masacre del 2 de mayo, presidirá Eucaristía del Papa

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Autor

Maria Paula Durán

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Maria Paula Durán

Publicado

04 Sep 2017


El Cristo de Bojayá, sobreviviente de la masacre del 2 de mayo, presidirá Eucaristía del Papa

La visita del Papa Francisco a Colombia tendrá un espacio especial de encuentro entre él y un grupo de víctimas de diferentes hechos violentos en Colombia. Entre esas víctimas estarán 16 representantes de Bojayá que llevarán el Cristo Mutilado, símbolo del dolor y resistencia de esta comunidad, una de las más emblemáticas no solo del conflicto sino de la reconciliación y la construcción de paz. Las víctimas y el Cristo acompañarán al Papa en su Eucaristía en la ciudad de Villavicencio el 8 de septiembre.

El 2 de mayo de 2002, cuando las balas de paramilitares y guerrilleros no daban tregua, y con la fuerte lluvia del pacífico habiendo inundado todo el pueblo, los bojayaceños encontraron en la parroquia de San Pablo Apóstol el mejor refugio para la guerra. Y sin embargo, la peor de las tragedias ocurrió justamente allí, en la Iglesia del pueblo, cuando una pipeta cayó en el tejado dejando 79 muertos, decenas de heridos, cientos de desplazados y secuelas que aún no se pueden contar.

Y es que la Iglesia, la Diócesis de Quibdó, representó siempre para los bojayaceños un refugio no solo para la guerra, sino en general para las diferentes problemáticas derivadas del abandono estatal en esta región. Las apuestas culturales, educativas, de salud, por medio de brigadas, estuvieron en manos de misioneros y párrocos que recorrieron, hombro a hombro y de río en río, los territorios del pacífico.

Cuando la guerra se agravó en la región, los religiosos también fueron parte de las víctimas de la violencia. En Bellavista, por ejemplo, uno de los párrocos más queridos por sus habitantes, Jorge Luis Mazo, fue asesinado en 1999 cuando una lancha en la que se movilizaban integrantes de las AUC, según confesó Carlos Castaño, embistió la panga en la que viajaba el religioso.

La Diócesis de Quibdó fue la que logró documentar cientos de hechos victimizantes que ocurrían mientras los guerrilleros y los paramilitares buscaban dominar los territorios del Chocó,  específicamente del Medio Atrato,  para el tráfico de armas y drogas. De hecho, con base en esta documentación, la Diócesis construyó en Quibdó una capilla, muy cerca de la Catedral, llamada la Capilla de las Víctimas, en donde reposan las fotografías en memoria de muchísimas personas afectadas injustamente por la guerra. Entre ellas, por supuesto, están las víctimas de la masacre de Bojayá, uno de los hechos más representativos de la guerra en todo el país.  

En Bellavista, además de los párrocos, por décadas han sido las Hermanas Agustinas Misioneras las que han abanderado esta labor humanitaria. Auria, una de ellas, que ha vivido en Bojayá más de 20 años, recuerda cómo desde el puerto veía bajar muertos por el Atrato, cómo llegaban noticias de muertes en diferentes pueblos a lo largo del río, y cómo eran ellas, antes que ninguna otra autoridad, las que se embarcaban para hablar con la gente, apoyar y dar consuelo a viudas y huérfanos en estas tierras.

Por todas estas razones, el Cristo que también sobrevivió a la masacre, fue seleccionado por la Conferencia Episcopal para presidir la Eucaristía que el Papa Francisco dará en Villavicencio con miles de víctimas del conflicto de diferentes lugares de Colombia. Porque no solo en Chocó la Iglesia tuvo un papel protagónico en la guerra, sino que en muchos lugares de Colombia los representantes de esta institución han sido un apoyo fundamental para las víctimas. Además, para muchos de ellos y ellas, la fe ha sido una de las herramientas más valiosas que les han ayudado a sobrellevar tantos dolores.

Este lunes, la misma comunidad trasladó El Cristo hasta Quibdó, y estará en la Capilla de las Víctimas. Luego se hará una peregrinación hasta la Catedral San Francisco de Asís, con cientos de feligreses. En la noche de este 4 de septiembre se realizará una vigilia en la Catedral, después de una eucaristía.

El 5 de septiembre, las 16 integrantes de la comunidad viajarán hacia Bogotá, para salir luego hacia Villavicencio.

“El jueves 7 de septiembre a las 11:30 a.m. se realizará un rito de acogida al Cristo en la Catedral de la capital de Meta. Luego se trasladará al parque de las Malocas, escenario donde el Papa Francisco hará la jornada de oración de acompañamiento por la reconciliación en Colombia.  Allí el Cristo de Bojayá será colocado en una cruz que presidirá la ceremonia de reconciliación nacional. Allí el Papa escuchara cuatro testimonios de personas víctimas de la violencia.  Este acto será el viernes 8 de septiembre a las 3:30 pm”, dice el comunicado de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal.

El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) acompaña a las víctimas y este proceso, y estará presente durante la jornada en Villavicencio.

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Masacre


Masacre

Vuelve la Memoria en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

05 Sep 2017


Vuelve la Memoria en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín

Conmemorar acciones por la vida


La segunda ciudad más grande de Colombia será también centro de la Memoria Histórica durante la 11ª versión de su Fiesta del Libro y la Cultura. Lanzamientos de nuevos informes, conversatorios, proyección de documentales, talleres y otras actividades serán convocados por el Centro Nacional de Memoria Histórica, y el Museo Casa de la Memoria, dentro de la programación. 

Medellín, donde en promedio 6 de cada 100 personas han sido víctimas directas de la guerra y de las violencias asociadas, tendrá la oportunidad de conocer desde diferentes relatos la complejidad del conflicto, recordar a sus víctimas y reconocer a las organizaciones sociales por su resistencia y dignidad. 

La Memoria en la Fiesta del Libro iniciará el 10 de septiembre, con el lanzamiento de Ojalá nos alcance la vida. Historias de vida de personas mayores víctimas del conflicto armado. Una investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica y la Corporación Asuntos Mayores, COASUMA. 

El lanzamiento del informe Medellín: memorias de una guerra urbana,será otro de los eventos protagonistas de la agenda. Dos años atrás se lanzó este proyecto en la misma Fiesta del Libro y la Cultura de esta ciudad y ahora, resultado de un esfuerzo conjunto del Centro Nacional de Memoria Histórica, Ministerio del Interior, Corporación Región, Alcaldía de Medellín, Universidad EAFIT y Universidad de Antioquia, se presentará el trabajo que describe cuál fue el repertorio de violencias desplegado por los actores partícipes de esta confrontación armada, los factores que posibilitaron su emergencia y persistencia en la vida urbana, los impactos generados a la población y la manera como esta respondió para enfrentar y sobreponerse a los estragos de estas violencias

Como este, otros informes que destacan la resiliencia, lucha y perseverancia de las víctimas del conflicto armado en Colombia serán presentados. 

Además de los eventos programados, la memoria estará presente a través de la exposición permanente “Conmemorar acciones por la vida”. Esta será un recorrido por 8 actos conmemorativos que buscan inspirar a quienes los visiten y evocar la no repetición en el stand de la Memoria en la Fiesta del libro, del 10 al 17 de septiembre. 

Vea la programación completa aquí.

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Medellín, Memoria

El día de los derechos humanos también es para los sectores LGBTI

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Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

06 Sep 2017


El día de los derechos humanos también es para los sectores LGBTI

  • El acto busca rendirle un homenaje a las víctimas de los sectores sociales LGBTI en el marco del conflicto armado, que por diferentes causas han sufrido de forma diferencial la guerra en Colombia. 
  • Se llevará a cabo un acto simbólico, en donde lideresas y líderes de distintas organizaciones de víctimas fortalecerán el trabajo alrededor de los derechos de las víctimas. 

 

El 9 de septiembre se conmemora en Colombia el Día Nacional de los Derechos Humanos, en honor a San Pedro Claver, quien murió en esa fecha durante el año 1654. Él fue el primer jesuita considerado defensor de los derechos humanos en el país, y debido a ello el Congreso de la República expidió la Ley 95 de 1985, mediante la cual se declara esta fecha como día nacional de los derechos humanos. 

Sin embargo, no todos los sectores sociales han tenido un goce efectivo de sus derechos. La población LGBTI ha sido históricamente violentada y hoy en día sus derechos son desconocidos por varios actores sociales. Desde hace algunos años y con el surgimiento del movimiento social LGBTI ese panorama ha ido cambiando y se ha conquistado el reconocimiento de sus derechos. Las diferentes organizaciones LGBTI han ido ganando espacios, logrando sensibilizar personas e instituciones, todo ello con miras a lograr respeto e inclusión. 

Por esta razón, el próximo 9 de septiembre el colectivo Ágora rendirá tributo a los derechos humanos de los sectores sociales LGBTI. Con este acto conmemorativo, las víctimas buscan que tanto la sociedad civil, como el Estado reconozcan las violencias que las que son blanco y que haga todo lo necesario para que dichas vulneraciones no sigan sucediendo. 

Agenda:

9:00 a.m. Visita al Jardín de la Memoria en Chimayoy y entrega de arreglos florales 
11:00 a.m. Conversatorio 
11:15 a.m. Dinámica de integración 
2:00 p.m. Creación del lienzo de la memoria 

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Derechos Humanos, LGBTI

Lanzamiento del especial digital Catatumbo “Memorias de vida y dignidad”

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

06 Sep 2017


Lanzamiento del especial digital Catatumbo “Memorias de vida y dignidad”

CÚCUTA
Fecha: 6 de septiembre de 2017
Hora: 6:00 p.m.
Lugar: Biblioteca Julio Pérez Ferro

Asiste y participa al lanzamiento del especial digital Catatumbo: memorias de vida y dignidad, en la Fiesta del Libro de Cúcuta, que es el primer producto de este proyecto de investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica. A través de un recorrido fotográfico, sonoro y en video, podrás conocer las historias de vida y resistencia de esta región del país, que se han tenido, también, en medio del conflicto armado. 

Le invitamos a ingresar al micrositio aquí.

Desde 2016, por iniciativa de la Pastoral de Víctimas – Diócesis de Tibú y la Asociación de Autoridades Tradicionales del Pueblo Barí, Ñatubaiyibarí, el Centro Nacional de Memoria Histórica adelanta el proyecto de investigación Catatumbo: memorias de vida y dignidad, el cual busca reconstruir la memoria histórica sobre el conflicto armado en la región del Catatumbo, visibilizar las voces de las víctimas para contribuir a la dignificación de las y los catatumberos y su derecho a la verdad y a la no repetición, y hacer públicas sus propuestas en pro de la paz en el territorio. Este proyecto cuenta con el apoyo del Programa de Apoyo a la Construcción de la Paz en Colombia (ProPaz) de la GIZ y de la Mapp-OEA. 

El informe de investigación, su resumen ilustrado y una serie de piezas acompañantes se lanzarán el próximo año. 

Para conocer la entrevista con el padre Víctor Hugo Peña, sacerdote delegado de la Pastoral de Víctimas de la Diócesis de Tibú, sobre la importancia de este proyecto para el Catatumbo ingrese 

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Lanzamiento, Memorias

¡No volvamos a repetir lo que nos dolió tanto!

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Autor

Daniela Franco y Diana Cucalón

Fotografía

Daniela Franco

Publicado

06 Sep 2017


¡No volvamos a repetir lo que nos dolió tanto!

Si hay alguien en la región del Catatumbo que ha vivido de cerca el horror y la injusticia de la guerra, pero también ha sido testigo de la capacidad de las víctimas de recomponerse de dolorosos episodios, es el padre Víctor Hugo Peña, encargado de la Pastoral de Víctimas de Tibú.

El padre Víctor Hugo ha estado trabajando hombro a hombro con las comunidades para apoyar sus propios procesos y derribar los fuertes estigmas hacia los habitantes del Catatumbo a causa de la guerra. A propósito del lanzamiento del especial digital Catatumbo, memorias de vida y dignidad, el CNMH habló con el sacerdote, quien ha participado activamente en el proceso de memoria histórica en esta región.

¿Cómo y cuándo diría usted que llegó la violencia al Catatumbo?

“El 29 de mayo de 1999. Ese fue el día exacto que los paramilitares llegaron. Ellos ya tenían todo un proceso de inteligencia, de infiltrarse en las juntas de acción comunal, con los raspachines, aún en la misma guerrilla.

Mucha gente de nosotros, gente de pastoral fue asesinada; de la pastoral de salud, pastoral celebrativa y agentes de pastoral social. Gente que estaba motivando procesos de no abandonar el territorio, de quedarse, de hacer resistencia en el buen sentido, pero llegó el momento en que la arremetida paramilitar no tuvo fronteras. El que se reuniera, el que hablara, el que tuviera un espacio de organización era mal visto”.

¿Por qué es importante de hablar sobre todo lo que sucedió?

“Yo había salido de Tibú hacia 2002 y regresé en 2006. Cuando volví, comencé a estructurar la pastoral social en un espacio diferente porque el bloque Catatumbo se había desmovilizado en 2004, pero en ese momento ya iba a ser un proceso que tenía que cargar con un estigma fuerte de una arremetida paramilitar, con víctimas, muertos, desaparecidos, viudas, niños y niños con unos problemas mentales de conflicto. Es tanto que aún hoy tenemos muchos problemas de esos en el Catatumbo, niños de ese entonces que hoy día tienen 17 y 18 años, que son jóvenes que fueron violentados en su espacio emocional, en su espacio físico y desde entonces estamos viendo secuelas. Entonces aparece la intencionalidad de hacer el Basta Ya Catatumbo y sobre el proceso nos dimos cuenta que debíamos darle otra connotación y lo llamamos Catatumbo: memorias de vida y dignidad porque no podemos quedarnos solamente en el dolor. Hay que hacerle duelo al dolor pero también tenemos que plantear la esperanza y la experiencia de que esto lo vivimos con una alta cuota de resiliencia, que vamos a salir adelante.”.

¿Qué espera que pase después de este proceso de memoria regional?

“La diócesis de Tibú ampara casi 680 veredas y este es un proyecto que nos tiene que ayudar a construir. Nos preguntamos ¿por qué nos sucedió esto a nosotros?, ¿por qué le sucedió a nuestra gente?, ¿por qué le pasó esto a esta región del Catatumbo? ¿Será por lo que dice la gente que fue un castigo? No. Aquí hay unas acciones, aquí hubo unas tendencias perversas, hubo unos caminares que nos han contado quiénes fueron los que los pensaron, los que hicieron la estrategia para que entraran todos estos desmanes violentos para sacar gente, para utilizarnos y para hacer un planteamiento de cosas que están sucediendo hoy día; por ejemplo los monocultivos, que llegan a este territorio con los megaproyectos. Todo eso necesitamos conocerlo.

Por otro lado, también hay que contarles a los niños que no vivieron esas épocas que las personas que sí lo hicieron hoy día tienen una cuota de esperanza, y que ellos, como la nueva generación del Catatumbo, se tienen que unir a un proyecto de esperanza para una tierra que necesita paz; una tierra que necesita desarrollo, que necesita visionar algo más que confrontarnos, un lugar donde se necesita adelantar procesos de reconciliación”.

¿Por qué esta nación necesita conocer las memorias del Catatumbo?

“Yo considero que todo país cuando sufre el flagelo de la violencia necesita rescatar sus memorias, porque en la memoria no sólo se rescatan los hechos que engendraron dolor sino cuáles fueron los momentos fallidos en que se llegó a ser cómplice de cosas, y eso nos está sucediendo todavía en el Catatumbo. Sabemos que la coca produce el narcotráfico, el narcotráfico es la gasolina del conflicto, nosotros sabemos eso, pero seguimos empecinados en no romper con esa cultura que es violenta y la única manera de hacerlo es saber los acontecimientos porque permite que uno se entere de lo inhumana que es la guerra.

A mí, por ejemplo, me tocó personalmente recoger un cadáver en pedazos. Una mano, un pie. Eso para uno es doloroso y uno no lo puede justificar así esa persona se hubiese equivocado en la vida.

Iba con el conductor, en el carro parroquial, lo bajaron y lo mataron al frente mío y yo me pregunto, ¿es que los hechos daban para matar a una persona?, sin sentarlo, compartir con él y decirle: “Usted se equivocó hermano, usted tuvo un error pero recompóngalo, vuelva a vivir, mire que los seres humanos nos equivocamos”.

Conocer todos esos hechos en la historia nos tiene que servir de algo, a las futuras generaciones les tiene que servir. Soy un crédulo de la vida, cuando uno ha sufrido mucho uno entiende y le da razón al perdón, porque perdonar no es fácil pero cuando uno se llena de humanismo muy profundo, no hay error en el ser humano que no pueda ser perdonado.

Cuando le planteamos este proyecto Obispo él me pregunta ¿usted se le mide? Y le dije, “yo estoy convencido de esto”, y más cuando uno ha visto muchas cosas de este conflicto que no tienen ninguna razón. No hay razón para que hayamos pasado por las que nosotros pasamos.
Todos estos acontecimientos que nosotros estamos poniendo por escrito nos tienen que llevar a eso, a decirle a la futura generación, incluso de todo el país: ¡No volvamos a repetir lo que nos dolió tanto!”.

¿Qué le diría a la gente que está en contra del proceso de paz o de la salida de la violencia a través del diálogo?

“Tal vez cuando uno no ha vivido el dolor de la gente, cuando uno no ha sufrido el dolor de una persona, no es capaz de ver que nada justifica esta guerra.

Yo tengo varios cuadros humanos en mi memoria. Una vez matan a un señor campesino, pobre y a su señora esposa; ella estaba embarazada. Cuando me bajo del carro, acababan de asesinarlos y el niño todavía saltaba en su vientre. Yo lo único que hice fue….

[Al Padre Víctor Hugo se le quiebra la voz en medio de su relato. Se le salen las lágrimas, y recuerda esa escena como si aquellos campesinos estuvieran enfrente de él.]

…Esto es duro, -dice-

“Yo me bajo y le digo al obispo, ‘Monseñor al menos ya he vivido 28 años, pero este niño que ni siquiera nació y ya fue asesinado’. Él me dijo, ‘sí Víctor Hugo, eso duele y mucho, pero tenemos que seguir luchando para que eso no se vuelva a repetir’.

Una persona que no ha vivido ese dolor y que sólo se coloca en el plano de decir “este es malo y este es bueno”, necesita entender que aquí todos hemos tenido errores: la fuerza pública, los paras, la guerrilla, la sociedad civil, todos hemos tenido errores, pero eso no nos da razones para matar a otro, cada día me convenzo de eso. Ellos, los que están en contra de salir de la violencia de una manera negociada, deberían conocer, más que ningún otro colombiano, este proceso de memoria Catatumbo, memorias de vida y dignidad”.

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Volver a repetir


Volver a repetir

Ojalá Nos Alcance la Vida

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

08 Sep 2017


Ojalá Nos Alcance la Vida

“La mañana no terminaba de clarear y las sombras todavía cubrían los potreros y al grupo de ordeñadores que, sentados sobre sus butacas rústicas, exprimían a las vacas bien maneadas. De pronto empezaron a moverse por la falda unas sombras sigilosas que en silencio se acercaban cada vez más al grupo de ordeñadores”. Así, con una profunda sensación de desasosiego, inicia una de las historias de “Ojalá Nos Alcance la Vida”, un libro con quince  historias de vida de personas mayores víctimas del conflicto armado colombiano.

Según cifras de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, para el cierre del año 2015 había más de 700.000 personas mayores de 60 años víctimas del conflicto armado. De estas personas mayores, cerca del 70% han sido víctimas de desplazamiento forzado. Las precarias condiciones de vida en las que viven estas personas mayores víctimas de la violencia aumentan por políticas gubernamentales que no se ajustan a sus necesidades particulares o por la invisibilidad y/o exclusión de este grupo de edad de las mismas.

Como tantos campesinos colombianos, los protagonistas de estas historias se vieron forzados a abandonar sus hogares, cuando en muchos casos el cultivo de sus tierras era su principal medio de sustento. A la pérdida de sus tierras hay que sumarle la de sus hijos o nietos vinculados a confrontaciones armadas en las que, en muchos casos, no quisieron tomar partido. Hombres y mujeres como Maria Doris Tejada, la única de las Madres de Soacha que no ha recibido el cuerpo de su hijo, afrontan los retos particulares de la vejez, el olvido y la impunidad aún con la esperanza de obtener justicia ante la suerte de sus seres queridos.

La elaboración de estas historias comenzó en el año 2015 con el acompañamiento de la Corporación Asuntos Mayores -COASUMA-. En la etapa inicial de este proceso, se tuvo la ayuda de HelpAge International. Con base en este trabajo, y como parte de una segunda fase de esta Iniciativa, se desarrolló una serie radial durante 2017, con recursos del Gobierno de Canadá administrados a través de la Organización Internacional para las Migraciones -OIM-.

A través de los relatos recopilados en “Ojalá nos alcance la vida” las personas mayores víctimas del conflicto nos invitan a reconstruir el tejido social en sus comunidades de origen y a establecer diálogos intergeneracionales indispensables para los procesos de construcción de paz.

El evento de lanzamiento del libro y las radio historias: “Ojalá Nos Alcance la Vida” se realizará el domingo 10 de septiembre en el salón Humboldt del Jardín Botánico de Medellín, a las 2:00 p.m. Entrada libre.

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Vida


Vida

Lanzamiento de informe Medellín: memorias de una guerra urbana

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

11 Sep 2017


Lanzamiento de informe Medellín: memorias de una guerra urbana

El lanzamiento será en Medellín, en el Centro Cultural Moravia, el 14 de septiembre a las 6 p.m. 

Según el Observatorio del Centro Nacional de Memoria Histórica y la Unidad para Atención y la Reparación Integral de Victimas (UARIV), en Medellín entre 1980 y 2014 se calcula: 

  • Víctimas del conflicto armado: 132.529.
  • Desplazamiento forzado: 106.916 víctimas.
  • Asesinato selectivo: 19.832 víctimas.
  • Desaparición forzada: 2.784 víctimas.
  • Masacres: 221 masacres (1.175 víctimas).
  • Acciones bélicas: 784 víctimas.
  • Secuestro: 484.
  • Violencia sexual: 336.
  • Reclutamiento forzado: 136.
  • Atentado terrorista: 80.
  • Daño a bienes civiles: 12.

• Esto quiere decir que en una ciudad con 2.184.000 habitantes, cerca de 6 de cada 100 personas han sido víctimas directas del conflicto armado y de las violencias asociadas. 

• Según los datos recopilados por el Observatorio del Centro Nacional de Memoria Histórica, en Medellín no se reconoce al autor en la mayoría de los casos de victimización (49 %). En el 51 % restante los autores reconocidos son, en su orden: grupo paramilitar (25 %), guerrilla (15 %), grupo posdesmovilización (15 %), y agentes del Estado (1 %). 

• En la ciudad se dio una confluencia de acciones individuales, de organizaciones sociales y respuestas institucionales que permitió encontrar salidas a momentos de crisis. Fue también central la participación de agencias de cooperación internacional. El informe nombra varias de ellas, entre las que se cuentan doña Fabiola Lalinde y su operación Sirirí, el colectivo Los Amigos de José Mejía, Barrio Comparsa, Convivamos, Corporación Cultural Nuestra Gente, Corporación Casa Mía, Corporación para el Desarrollo Picacho con Futuro, el Festival Internacional de Poesía, la Marcha de los Claveles Rojos, la Mesa de Trabajo por la Vida, el Comité de Defensa de los Derechos Humanos de Antioquia, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, la Consejería Presidencial para Medellín y su Área Metropolitana, entre otras. Lo cierto es que todas estas acciones, desde diversos sectores, demandaron la defensa de la vida y la necesidad de poner fin a la violencia que vivía Medellín. 

• La realización de este informe pretende aportar a ejercicios territoriales que contribuyan a la construcción de paz territorial y a la implementación de medidas de garantías de no repetición de los hechos violentos. Además procura fortalecer las capacidades de las entidades territoriales para la implementación de la política pública de atención y reparación a las víctimas. 

Medellín es la segunda ciudad más grande de Colombia y fue reconocida, al menos hasta mediados de la primera década de este siglo, como una de las ciudades más violentas del país y del mundo. Las cerca de 6.800 personas asesinadas en 1991 fueron la punta del iceberg de esta situación. Medellín se convirtió, hacia mediados de los años ochenta, en una ciudad agónica, marcada por la puja entre la vida y la muerte. Los homicidios, las bombas en lugares públicos, el aniquilamiento de líderes de izquierda y defensores de derechos humanos, el secuestro, las masacres de galladas de jóvenes, los ataques terroristas y con explosivos, el miedo y la zozobra colectiva consolidaron esta imagen. 

“Medellín: memorias de una guerra urbana” es resultado de un esfuerzo conjunto del Centro Nacional de Memoria Histórica, Ministerio del Interior, Corporación Región, Alcaldía de Medellín, Universidad EAFIT y Universidad de Antioquia. La investigación centra su mirada en el conflicto armado y las violencias asociadas ocurridas en la ciudad de Medellín entre 1980 y 2014. Describe cuál fue el repertorio de violencias desplegado por los actores partícipes de esta confrontación armada, los factores que posibilitaron su emergencia y persistencia en la vida urbana, los impactos generados a la población y la manera como esta respondió para enfrentar y sobreponerse a los estragos de estas violencias. 

En Medellín han estado, durante las tres décadas a las que hace referencia este informe, los grupos armados que han tenido expresión a nivel nacional (guerrillas y paramilitares), así como expresiones locales (milicias) y consecuencias variadas del narcotráfico. A esta confluencia se suma la respuesta, con frecuencia laxa, permisiva e improvisada, de las instituciones públicas llamadas a garantizar el orden público y la seguridad de los ciudadanos. Incluso se ha denunciado la participación de algunos sectores de la fuerza pública en acciones ilegales. Esto da lugar a una suerte de “desorden” en el que la violencia se convierte en un recurso fácil no solo para los actores ligados al conflicto armado, sino para una buena parte de la población. Sin embargo este informe hace un llamado a las instituciones del Estado para que estas situaciones no vuelvan a ocurrir y para que fortalezcan sus acciones con el fin de generar espacios de paz y reconciliación en la ciudad. 

Durante estos años, la ciudad pasó de ser un escenario de retaguardia para los actores armados, importante ante todo para el aprovisionamiento de recursos (militares, económicos y de base social), a convertirse durante la segunda parte de los años noventa en un espacio geoestratégico para la movilidad y despliegue de la disputa, así como para el control de recursos, territorios y base social. Lo que se ha llamado urbanización de la guerra da cuenta de este cambio, pero es el resultado de decisiones y estrategias fraguadas en el período anterior.

Sin embargo, y a pesar de la hondura de los daños causados y de lo irreparable de muchos de los impactos, la violencia generó (y sigue generando) múltiples movimientos y respuestas que quieren enfrentar, detener, sobreponerse o transformar los impactos negativos. Una buena parte de estas respuestas han provenido de organizaciones sociales, de instituciones locales y de personas que han desplegado un importante repertorio de acciones que explican, en últimas, por qué la ciudad no sucumbió a pesar de la crisis. Esto le ha permitido a Medellín ganar otra distinción: la de ser una ciudad que ha logrado resistir, se ha sobrepuesto y transformado a pesar de las violencias o, tal vez, debido a ellas. 

Este informe aporta a la construcción de la memoria colectiva del país a partir del reconocimiento de las voces de las víctimas en una ciudad que resulta emblemática por la lógica, dinámicas, relaciones e impactos del conflicto en un contexto urbano. 

Con la publicación de este informe se busca generar conciencia en múltiples actores sobre la necesidad avanzar hacia el fin de la guerra desde el reconocimiento de los hechos violentos y la forma en que se transforma una situación de conflicto en un escenario de construcción de resistencia y de paz para la ciudad. Esta investigación, entonces, se convierte en un instrumento que cuenta la historia de la guerra en la ciudad para que los hechos allí mencionados no vuelvan a ocurrir.

Medellín
Lugar: Centro de Desarrollo Cultural Moravia 
(Calle 82 a N° 52 – 25). – Medellín 
Fecha: 14 de septiembre de 2017.
Hora: 6:00 pm.

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Medellín, Memorias

Diálogos sobre artes plásticas y memoria en la Fiesta del Libro

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CNMH

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CNMH

Publicado

12 Sep 2017


Diálogos sobre artes plásticas y memoria en la Fiesta del Libro

Durante la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín se presentará el segundo Primer Plano de este año: esta vez hablaremos sobre la relación entre artes plásticas y memoria.


Nuestro segundo encuentro, esta vez en Medellín, durante la Fiesta del Libro y la Cultura, será sobre Artes Plásticas.

Primer Plano: Artes Plásticas busca abrir la discusión sobre cuál es el sentido práctico, simbólico y psicológico de esta práctica artística, a través de interlocutores que aporten desde áreas interdisciplinares y diferenciales.

Queremos indagar sobre lo material y su relación con el cuerpo, el territorio, lo físico y con las cicatrices que traza el conflicto en la geografía del cuerpo humano. Nos preguntamos cuál es la potencia de plasmar la memoria a través de las artes plásticas, cuál es el impacto o de las instalaciones o productos derivados de este proceso artístico, cómo transita esta práctica entre la indignación y la dignidad.

Nuestros invitados

Natalia Botero es fotógrafa de Medellín. Busca narrar a partir de imágenes las historias de las víctimas del conflicto en Colombia. En su trabajo no prevalece su mirada sino un intento por dialogar con el otro, acercarse al relato de los que han sufrido dolor y han resistido.

Lucas Rendón es artista visual, gestor cultural y docente. Su trabajo gira alrededor de lo personal y lo íntimo, que para él guarda estrecha relación con el territorio. Cuestiona constantemente los materiales que utiliza en su obra porque, dice, “denotan y connotan el trabajo”.

Víctor Muñoz es artista plástico con estudios en guión cinematográfico e historia del cine. Ha conformado colectivos artísticos en Medellín, donde también ha sido docente y ha participado en laboratorios de arte para la Alcaldía. En este momento trabaja como profesional en artes del Museo Casa de la Memoria.

Primer Plano es un espacio de diálogo creado por el Museo Nacional de la Memoria del CNMH que busca profundizar la relación del arte con la memoria histórica en el contexto de conflicto armado en Colombia y el proceso de construcción de paz que vive el país.

Desde 2017, en cada Primer Plano hemos reunido a representantes destacados en distintos campos del arte para que expongan y debatan sus planteamientos sobre los retos que hoy les plantea el contexto colombiano a los procesos de creación. En 2016 hablamos de cine, música, literatura y artes escénicas.

Este 2017, en julio, arrancamos con teatro. En el teatro de la Facultad de Artes Escénicas de la ASAB, en Bogotá, estuvieron conversando Fabio Rubiano, Erik Leyton y Lucero Carmona, quien presentó un monólogo teatral sobre su hijo desaparecido y ejecutado extrajudicialmente. Además, los espectadores pudieron ver una lectura dramática de la obra El Ausente, de Felipe Botero. Este año, el conductor de Primer Plano es Sandro Romero Rey, autor, director, escritor y dramaturgo caleño.

Fecha: domingo 17 de septiembre
Hora: 2:30 p.m.
Lugar: Jardín botánico de Medellín (Calle 73N #51D – 14). Stand CNMH.

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Memoria


Memoria

Pueblo Bello no olvida sus víctimas

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Autor

Laura Cerón

Fotografía

Laura Cerón

Publicado

12 Sep 2017


Pueblo Bello no olvida sus víctimas

Hace 27 años la guerra tocó los campos de Pueblo Bello, un pequeño corregimiento de Turbo, ubicado en el Urabá Antioqueño. La primera masacre ocurrió en enero de 1990. Hasta allá llegaron ‘los Tangueros’, paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia y tomaron a la fuerza a 43 personas, entre hombres y niños, para vengar el robo de 43 cabezas de ganado por parte de la guerrilla. Las otras dos masacres ocurrieron entre 1995 y 1996 dejando el pueblo sumido en el terror y abandonado por el miedo.


Los campesinos conocen muy bien su historia. Pueblo Bello está ubicado entre el Nudo del Paramillo y la cordillera que conecta con Necoclí. Dada la cercanía con el atlántico,  prontamente el territorio se convirtió en una zona de disputa por el control territorial por la ruta de tránsito de las economías ilegales y el narcotráfico en la zona.

Tras el desplazamiento que dejó únicamente a tres familias ubicadas en el corregimiento, como lo cuentan varios habitantes, en el año 1999 varias familias decidieron volver. Muchos anhelaban la vida que les quitó el conflicto armado: vivían en casas hechas de bahareque, iban y venían en burro o mula y cuidaban las parcelas en las que cultivaban sus propios alimentos.

 

El caso de Pueblo Bello se ha enfrentado a múltiples desafíos. En mayo de 1997, la Comisión Colombiana de Juristas, la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (ASFADDES), y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), denunciaron los hechos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Hasta el 2006 la CIDH declaró que el Estado Colombiano violó los derechos a la vida, a la integridad personal y a la libertad personal de las 43 personas desaparecidas. En la sentencia, la Corte ordenó reparar a los familiares de las víctimas. Sin embargo hasta la fecha los avances han sido mínimos.

Los reclamos por parte de la comunidad frente al abandono llevaron a que en el  2012 fueran reconocidos como sujeto de reparación colectiva por parte de la Unidad de Víctimas. Las obras más significativas han sido la construcción de Remanso de Paz, un centro que cuenta con varios espacios para que los habitantes recuperen la vida en comunidad y la Placa Polideportiva, un lugar deportivo que revitalizó espacios para el esparcimiento de la comunidad.

“Pueblo Bello es un corregimiento que dejó de tener alcantarillado y carreteras para tener un sitio donde hacer memoria y recordar a sus víctimas. Nos soñamos un espacio en el que cupieran las víctimas de todas las épocas, dialogaran y se dieran cuenta que era un espacio para todos”, afirmó Ramón García, líder juvenil, a un grupo de  estudiantes, campesinos y campesinas que venían de varias veredas, entre ellas Sinaí, El Caucho, Mono macho, La Ilusión, La Unión, La Esperanza, Galilea, a la conmemoración el pasado 30 de agosto del asesinato de las 43 personas.

La cita se dio en el espacio Remanso de Paz donde la comunidad se reunió para conmemorar la vida y la esperanza que hoy crece en el territorio. “Los invito a que hoy conmemoremos y empecemos a exigir que nuestros familiares aparezcan. Es desde hoy que podemos alzar nuestra voz y seguir luchando. Es hora de empezar a vivir unidos de paz” dijo Ramón.

La vida en Pueblo Bello ha cambiado, aseguran sus pobladores. De 15 alumnos que llegó a tener el colegio hoy no alcanzan las aulas para los casi 1.000 alumnos que tienen. “Mucha gente viene a buscar oportunidades.El sábado de gloria, en semana santa, pudimos reunir a más de 400 personas que hacía años no venían por acá. Fue un trabajo de nosotros mismos y queríamos que volvieran para que se reunieran porque por acá tienen que volver”, explica Ramón.  

Sin embargo, reconocer lo bueno también les ha permitido reflexionar sobre lo sucedido.  En el Salón de la Memoria hay una pared completa con retazos llenos de dibujos y frases hechas a mano. Son más de 500 los telares que cada familia ha construido como forma de catarsis ante el dolor de la pérdida. El salón con las horas de la tarde se tiñe de rojo, recordando la sangre derramada durante la época.

Después se realizó un recorrido histórico por el mural y las calles principales hasta dar al espacio polideportivo del corregimiento. Allá varios líderes ofrecieron unas palabras y el grupo juvenil de teatro Talento y Futuro ofrecieron una obra de teatro. La fortaleza que Pueblo Bello está construyendo será  la base para un futuro en paz.

“Como víctimas nunca se olvida el pasado pero es bueno recordar lo que pasó, eso nos llena de fortaleza para seguir luchando por nuestra vida y así pasar la página de la violencia. Todos sufrimos un hecho victimizante donde unidos le demostramos al Estado que aquí estamos las víctimas exigiendo justicia y esclarecimiento de los hechos” William Barrera, líder de la comunidad de Pueblo Bello. 

Publicado en Noticias CNMH


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Tumaco rendirá homenaje a la hermana Yolanda Cerón

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Publicado

15 Sep 2017


Tumaco rendirá homenaje a la hermana Yolanda Cerón

La hermana Yolanda Cerón acompañó, a través de su trabajo en la Pastoral Social de Tumaco, a las comunidades negras de Nariño. Gran parte de su vida la dedicó a la lucha por la titulación de tierras de los pueblos afro e indígena de la región. Con su esfuerzo logró que más de 96.000 hectáreas pertenecieran a más de 9.000 afrodescendientes. 

A partir de las denuncias que realizó en distintos medios, especialmente por el programa ‘La caja de Pandora’ de la cadena radial Mira Caracol, combatió radicalmente la llegada de los grupos al margen de la ley, como el Bloque Libertadores del Sur de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), a mediados de los 90 y la disputa por el territorio y el narcotráfico que estos trajeron a la población. También denunció las relaciones que mantuvieron estos grupos con la fuerza pública y el Estado. 
Durante esa época la intimidación a la población y de sus líderes fue una constante. Yolanda fue asesinada el 19 de septiembre de 2001 frente a la Iglesia la Merced, ubicada en el Parque Nariño de la ciudad de Tumaco. Su muerte ocurrió a plena luz del día y cerca de las instalaciones de la Estación de Policía. 

El legado que dejó en las comunidades afro de Nariño ha hecho que se rememore su vida. Gracias a su contribución, se obtuvo el respeto y el acceso a todos los derechos de las comunidades. 

Por este motivo se llevará a cabo la Conmemoración por la Hermana Yolanda Cerón el próximo 19 de septiembre en la Plaza Nariño a las 4:00 p.m. El acto contará con presentaciones musicales y se rendirá un homenaje a través del Monumento de la Memoria de Líderes. 

Agenda:
Hora: 3:30 p.m. 
Actividad: Ambientación. 

Hora: 4:00 p.m. 
Actividad: Intervención por Monseñor Orlando Olave- Obispo de la Diócesis de Tumaco.

Hora: 4:20 p.m. 
Actividades: Acto de conmemoración del XVI aniversario del asesinato de Yolanda Cerón // Inauguración del Monumento de la Memoria de Líderes

Hora: 4:50 p.m. 
Actividad: Intervenciones

Hora: 5:30 p.m. 
Actividad: Ritual de Cabo de Año

Publicado en Noticias CNMH



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