Etiqueta: Desaparecidos

Los sin olvido

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Autor

CNMH

Fotografía

Andrés Rincón

Publicado

07 Nov 2014


Los sin olvido

El 6 de noviembre de 1985 el sonido de las armas era la banda sonora de las calles del centro de Bogotá. Metralla y bombazos era lo único que se escuchaba y veía en la Plaza de Bolívar. 29 años después, el ambiente cambió. Hoy son consignas, súplicas, reclamos de justicia y de verdad: “Dónde están nuestros desaparecidos del palacio de justicia”.

“¿Qué me robaron? la figura paterna, un hermano, un ser maravilloso” eso lo dice Miriam Suspez, cuando recuerda a su hermano David, uno de los once desaparecidos que trabajaba como chef de la cafetería del Palacio. Pero los Suspez, los Rodríguez, los Esguerra, los Beltrán Hernández, los Beltrán Fuentes, los Portoles, los Franco, los Anzola, lo Lizarazo, los Guarín y los Oviedo, crearon una sola familia para nunca olvidar.

Esta vez, un grupo de universitarios los acompañaron en sus consignas con un perfomance que mostraba, a través de fotografías tamaño real, cómo algunos militares se llevaban a sus once familiares. Fueron 3 horas en las que trataron de demostrar que frente a los hechos del Palacio no hay olvido, frente al dolor no hay resignación y frente a la injusticia no hay silencio.

Rosalbina, madre de Luz Mary Portela León –una de las desaparecidas-, cuenta cómo en algunas noches de insomnio ve la figura de su hija regresando a casa y diciendo: “Nos liberaron”. Pero es un sueño… o una pesadilla porque es mentira. Una ficción. Lo único cierto para Rosalbina es ese encuentro anual con “su familia” en la Plaza de Bolívar. Aún tiene la esperanza de encontrar verdad y justicia.

Visita el especial de Desaparición forzada del CNMH

 


Bogotá, Desaparecidos, Olvido, Palacio de Justicia

Llenar el vacío

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

19 Nov 2014


Llenar el vacío

Luego de dos meses y medio de acompañamiento a los familiares de víctimas de desaparición forzada y de sensibilizar sobre esta problemática en más de 40 ciudades y cabeceras municipales, el CICR cierra la campaña “Desaparecidos: El Derecho a Saber”.


Las lágrimas de una madre, los testimonios del padre y los hermanos de la persona desaparecida, los buenos recuerdos, sus objetos cotidianos, sus rostros; la impotencia de los familiares, el dolor, la incertidumbre, la esperanza… Todos estos elementos se conjugan y hacen parte de la búsqueda y el resultado de la campaña.

Las investigaciones y las entrevistas realizadas durante la campaña han revelado datos impactantes que deben prender una alarma para afrontar el problema y tomar medidas. En Colombia, a diciembre de 2013 había 96.921 personas registradas como desaparecidas, 67.000 de las cuales aún no se tenía ninguna información. A agosto de 2014 los casos se habían incrementado 70.812 de un total de 99.000, según cifras del Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres (Sirdec), citadas por el CICR.

Es como si en Colombia desaparecieran 27 personas cada día o una persona cada hora.

Las desproporcionadas dimensiones que alcanza este delito de lesa humanidad en Colombia preocupan a las instituciones y a las organizaciones pro derechos humanos. Por esta razón, el Centro Nacional de Memoria Histórica ha publicado este año cuatro informes respecto al tema de la desaparición forzada y ha puesto especial atención en estudiar y visibilizar sus consecuencias. NORMAS Y DIMENSIONES DE LA DESAPARICIÓN FORZADA EN COLOMBIA, donde se realiza un minucioso recuento de los instrumentos internacionales en materia de desaparición forzada y los intentos colombianos por tipificar este crimen y revela la dificultad de consolidar una cifra real sobre este debido a su fragmentación y ocultamiento; HUELLAS Y ROSTROS DE LA DESAPARICIÓN FORZADA (1970 – 2010), que llama la atención de las autoridades y de la sociedad a propósito del alto grado de impunidad frente a este crimen; ENTRE LA INCERTIDUMBRE Y EL DOLOR: IMPACTOS PSICOSOCIALES DE LA DESAPARICIÓN FORZADA, que se propone reflejar los impactos psicosociales y supone exponer la dimensión del dolor y sufrimientos de quienes han tenido que padecer este flagelo; y BALANCE DE LA ACCIÓN DEL ESTADO COLOMBIANO FRENTE A LA DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONAS, donde se cuestiona la eficacia del Estado Colombiano para combatir, prevenir y sancionar a los responsables de un crimen contra la humanidad.

Nathalie Antolin, asesora del departamento de protección del CICR y experta en el tema de las consecuencias de la desaparición forzada en Colombia, comenta que con la campaña “se buscaba conocer de primera mano los impactos de la desaparición de personas, pero además, establecer cuáles son las necesidades que genera la ausencia de esas personas en las familias: por ejemplo muchas veces la persona desaparecida era quien sostenía económicamente a su familia, que ahora debe vivir bajo precarias condiciones”. Se entrevistaron a más de 200 personas, entre familiares y trabajadores de instituciones, a quienes se les preguntó directamente como era vivir esa situación o como era acompañar a personas que la padecen.

El siguiente paso, dice Antolin, es darle una respuesta cabal a esas necesidades de acceso a la verdad y a saber qué sucedió con sus seres queridos, a través, por ejemplo, de la elaboración de un material completo que se le enviará a los familiares de desaparecidos donde se les explique claramente cuáles son sus derechos y se les guíe cómo deben proceder para acceder efectivamente a ellos. “Acompañarles, orientarles y mantener un diálogo a la vez con las instituciones buscando fortalecer la coordinación institucional y con las víctimas es primordial”, asegura Antolin.

La ausencia en la presencia

“Cuando se llevaron a mi hijo, secuestraron mi vida”, estas son las palabras de una madre cuyo hijo fue desaparecido hace nueve años y que han marcado a Benjamin Betsalel, un artista estadounidense que reside en Colombia y que ha venido trabajando con las familias de desaparecidos y conociendo sus testimonios y vivencias en el marco de esta campaña. Betsalel es el autor de la exposición con la que cierra la campaña luego de estos dos meses llenando el vacío.

“La exposición consiste en una serie de retratos, objetos y escritos que crean un puente entre las experiencias de  los familiares de personas desaparecidas y el espectador”. El artista afirma que compartir con estas familias ha sido un gran aprendizaje y se siente profundamente agradecido por su apertura y confianza hacia él.

Ruby Rocío Paz, familiar de una de las víctimas, resalta el apoyo que han recibido: “hemos aprendido cómo debemos afrontar las cosas y nos hemos dado cuenta que no estamos solas, que hay más personas en la misma situación”.

La desaparición forzada, catalogada como delito de lesa humanidad, afecta no solo a la víctima sino profundamente también a quienes lo rodean.

“Uno siempre está pensando en las personas que le hacen falta. Hace 8 años y cuatro meses que no sabemos nada de nuestro hijo que lo desapareció el frente 48 de las FARC. Las entidades no se han preocupado por nosotros a pesar de que mi hijo trabajaba con entidades del gobierno” denuncia Jairo Miranda. 

Los retratos son el resultado de un proceso activo de diálogo y tiempo con las víctimas: “En estos meses hemos recuperado la confianza”, finaliza el artista.

 


Arte, Desaparecidos, Memoria, Olvido, Vacia

Cuerpo 36

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

27 May 2015


Cuerpo 36

De este cuerpo se sabe que es un hombre entre los 20 y los 25 años. Se sabe esto y la manera en que fue torturado. Del 36 se desconoce su familia, si lo siguen buscando desde que desapareció o si hay una madre o una hija que en este momento lo llora.

En el marco de la Semana Internacional del Detenido y el Desaparecido, el recomendado de CINE + MEMORIA es un hijo de la casa: Cuerpo 36, un documental realizado por el equipo de audiovisuales del Centro Nacional de Memoria Histórica, el cual narra la búsqueda de un cuerpo que hace 13 años fue exhumado de Puerto Torres, Caquetá.

Allí, en aquella inspección del municipio de Belén de los Andaquíes, en el 2002 una comisión de la Fiscalía exhumó 36 cuerpos de personas que estaban desaparecidas y posteriormente fueron asesinadas en las ‘escuelas de la muerte’ de los paramilitares. El último de estos cuerpos tuvo una historia distinta a los demás, ya que 13 años después se encuentra perdido entre muchos restos del cementerio de Florencia, Caquetá

Pero a este cuerpo hay alguien que lo busca. Helka Quevedo, la antropóloga forense que lo exhumó en el 2002, agota todas las opciones posibles para recuperarlo y poder devolverle la tranquilidad a los familiares de esta persona.

El próximo jueves 28 de mayo a las 5:00 p.m., en el lanzamiento del informe ‘Textos corporales de la crueldad’ que se llevará a cabo en el auditorio del Centro Cultural Gabriel García Márquez, se estrenará el documental Cuerpo 36. Los invitamos a conocer esta historia que refleja la difícil realidad del país a nivel de desaparición forzada, donde existen miles de cuerpos de personas desaparecidas que aún no se han identificado y que sus familias todavía buscan.

 


Cine+Memoria, Desaparecidos

Total de desaparecidos en Colombia podría llenar un estadio

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Autor

CNMH

Fotografía

Álvaro Cardona.

Publicado

29 Ago 2015


Total de desaparecidos en Colombia podría llenar un estadio

La capacidad de asistencia del estadio Metropolitano de Barranquilla para las eliminatorias de la selección Colombia es de 49.612. Este es un espacio deportivo que siempre se encuentra colmado de hinchas cuando juega la tricolor, no hay que negarlo. Sin embargo, y hay que decirlo, este mismo escenario podría llenarse con el total de víctimas de la desaparición forzada en el país; son más de 45 mil personas reportadas como desaparecidas forzadamente según la Fiscalía. Haga el ejercicio, imagine la magnitud de esta desgracia


Las comparaciones son muy odiosas pero es la mejor manera de entender la dimensión de este impacto del conflicto armado. Un estadio lleno con el total de personas que están desparecidas, “45 mil almas”, podría vociferar en un solo coro un gol de Colombia. Aclaramos, claro está, que respetamos el dolor de todas las víctimas del conflicto armado y nos solidarizamos con su dolor, lucha y resistencia. Hacemos este ejercicio para evocar en la mente de los indiferentes la importancia de este tema.

El próximo 30 y 31 de agostos miles de madres, padres, hermanos, hermanas, esposos e hijos, saldrán a las calles, en el día Internacional del Detenido Desaparecido, para exigir la búsqueda de sus seres queridos, y no son sólo de ellos, de nuestros desaparecidos. Porque esas 45 mil personas que no han vuelto a sus hogares, al igual que los 49.612 que llenan el estadio Metropolitano de Barranquilla, también son colombianos.

Volvamos a las comparaciones. Continuemos con el fútbol. En Colombia el promedio de asistencia a los estadios es de 20 mil hinchas por partido en el torneo local profesional, digamos, un Millonarios versus Huila en el estadio Nemesio Camacho El Campin de Bogotá, o Atlético Nacional versus Tolima en el Atanasio Girardot de Medellín. Según Isabel Ortigosa del Colectivo Orlando Fals Borda, “en el país hay registrados 20.443 casos de personas inhumadas como no identificadas en cementerios municipales, de acuerdo con información suministrada a la Fiscalía General de la Nación por 861 alcaldías locales”. Es decir, más de 20 mil N.N.

A ese dato del Colectivo Orlando Fals Borda súmele los cementerios clandestinos de los diferentes grupos armados del conflicto armado de Colombia. Entonces usted debe agregar lugares como la Escombrera en Medellín, las casas de pique en Buenaventura, las escuelas de la muerte en Caquetá, el cementerio clandestino de la Macarena, Meta, los hornos crematorios del Norte de Santander, y los que puedan llegar a revelarse con una eventual Comisión de la Verdad.

En sólo CINCO -con negrilla y mayúsculas- cementerios del Meta donde trabaja el Colectivo Orlando Fals Borda se registran 2.292 cuerpos de personas no identificadas. De esos, se han exhumado alrededor de mil y se ha logrado identificar más de 800, según la Fiscalía General de la Nación. De esos cuerpos “se han logrado entregar 77 a sus familiares en casi cinco años. A este ritmo, harían falta 144 años para entregar el resto de los cuerpos inhumados en estos cinco cementerios”, expone Isabel Ortigosa. Entonces, ¿Cuántos años faltan para entregar las 45 mil personas que hacen falta? 

A esto hay que sumarle la falta de garantías de las víctimas en las regiones para buscar sus familiares. Súmele la falta de recursos para contratar personal que realice la búsqueda y sobre todo “hace mucha falta de voluntad política”, dice Janeth Bautista, directora de la Fundación Nidya Érika Bautista.   

Para el asesor de la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Guillermo Fernández Maldonado, la desaparición forzada es un tema obligatorio para el Estado, “no estamos hablando de algo que sucedió en el pasado, es algo que sigue sucediendo y tiene un espectro mucho más amplio. Es algo sobre lo que siempre debe estar pendiente en cuanto a prevención, investigación y sanción”, explica. 

Entonces, ahora que empiezan las eliminatorias de la selección Colombia, recuerde que ese estadio podría estar desocupado, ya que es casi el mismo número de los desaparecidos a causa del conflicto armado. Pero sobre todo recuerde este 30 y 31 de agosto cuando vea a una madre con la fotografía en el pecho de su hijo o esposo, que ese desaparecido también es suyo, es un colombiano más. 

 


Colombia, Desaparecidos, Víctimas

Guido, el testimonio de los desaparecidos en Argentina

Noticia

Autor

Harold García. Periodista del CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

07 Sep 2015


Guido, el testimonio de los desaparecidos en Argentina

En 1977, Laura Estela Carlotto fue desaparecida por la dictadura militar de Jorge Videla. Su madre, Estela de Carlotto, la buscó por todo el país y, tras escuchar distintos relatos, estableció que Laura tuvo un hijo en cautiverio, que fue raptado y víctima de un cambio de identidad. Como las demás madres de los desaparecidos, fue tildada de loca y, aun así, insistió en la búsqueda de su nieto hasta encontrarlo, el 5 de agosto de 2014.

Guido fue el nombre que le puso su madre desaparecida y fue el mismo que recuperó al adquirir su verdadera identidad, hace un año. Ignacio Guido Montoya Carlotto es el nieto 114 recuperado y cuenta que aún faltan por hallar a 400 solo en ese país: hijos de personas que fueron desaparecidas por la dictadura.

El viernes pasado hablamos con él,  el nieto de la presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo de Argentina, que se ha convertido en todo un símbolo para las víctimas de la desaparición.

Ya hace un año recuperó su verdadera identidad, ¿cómo es esa historia?

Crecí en un pueblo de La Pampa argentina y viví sin saber que era adoptado, sin saber que era un hijo de desaparecidos de la dictadura militar argentina. Mi abuela Estela de Carlotto me buscó durante 36 años, hasta que el 5 de agosto de 2014 nos reencontramos. A partir de ahí empecé un cambio de identidad, al menos en los papeles. Ya no me llamo Ignacio Hurban, sino  Ignacio Montoya Carlotto.

¿Habló con sus padres adoptivos sobre esa decisión de cambiar de nombre?

Por supuesto. No es una decisión, en Argentina es un trámite legal porque el apellido es de dominio público, entonces hablé con ellos y no hubo problema. Tenemos la mejor de las relaciones.

¿Al enterarse que era adoptado se le pasó por la cabeza que era hijo de una desaparecida?

El 2 de junio de 2014, el día de mis cumpleaños, me enteré de que soy adoptado y, al saberlo, fantaseamos con mi esposa con eso. El proceso de búsqueda duró poco. Hice el contacto con abuelas y luego con ADI. La Asociación del Derecho a la Identidad es una institución que lleva adelante las investigaciones y que ordena las extracciones de sangre para que se cotejen con el Banco Nacional de Datos Genéticos, fue creada por las abuelas y es donde constan las muestras genéticas de todos los familiares de desaparecidos. Al poco tiempo me llamaron para darme la noticia.

¿Cómo fue el primer acercamiento con su abuela?

Al otro día de enterarme nos encontramos. El 6 de agosto de 2014 fue el abrazo.

¿Por qué contar su historia en Colombia?

Nosotros cerramos de alguna manera un conflicto, que no es igual al de ustedes, pero que tiene características similares en cuanto a que trasladó muchísimo dolor a la gente. Me parece que contarlo está bien pues ayudamos a que no se sientan solos y estoy convencido de que podemos intercambiar experiencias. Es una manera de entender que a todos nos pasa lo mismo.

Ya está haciendo memoria, ya tiene la verdad y la justicia, ¿qué sigue en su vida?

Claro que la recuperación de mi nombre es un acto de justicia, uno de los más grandes, las responsabilidades fueron saldadas y estamos afirmados en esta nueva identidad. Fui criado por mis padres adoptivos, que no sabían absolutamente nada de este proceso; les guardo mucho respeto y cariño porque ellos hicieron de mi lo que yo soy hoy: para bien o para mal tengo la entereza para dar la cara y poder contarlo. Ahora, yo no soy un activista político, soy músico y toco el piano y planeo seguir haciendo eso.

¿Cuántos faltan?

Faltan alrededor de 400, que es una cifra enorme. El lunes pasado tuvimos la dicha de encontrar la niña 117. Faltan, pero el trabajo es incansable y no hay manera de detenernos.

Usted es hincha de River Plate, ¿ha preguntado si a su papá le gustaba el fútbol y era hincha de algún equipo?

Sí, obviamente, mi papá era hincha de River, de ahí viene. Y debe venir porque en todos los casos de todos los nietos que se han encontrado siempre los nietos son hinchas del club del que eran hinchas los padres. Es algo que se lleva en la sangre (risas).

¿Por qué dice que el reencuentro con su abuela lo celebró el pueblo argentino como un Mundial?

Porque no estamos acostumbrados en líneas generales a las historias con final feliz, y esta parecía ser una utopía de una abuela que nunca iba encontrar su nieto. Y de hecho, que lo haya encontrado una abuela tan querida por toda la Argentina se convirtió en una explosión de alegría. Fue una refutación de esa supuesta verdad.

Ya que la tiene al frente, ¿qué imagen tiene de ella?

Tuve que desarmar la imagen de Estela Carlotto presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo y hacer la de la abuela. Es mi abuela, con la diferencia que nos conocimos ya de grandes”.

¿Ha pensado en que su música se vuelva un himno para los desaparecidos?

Una de las canciones que escribí en el 2009 que se llama “Para la memoria”, es una canción que escribí hace mucho tiempo y se ha transformado en un estandarte. No soy un músico que hace música militante, hago música con las cosas que me pasan y entre las cosas que me pasan cuento todo esto.

Texto publicado también en el sitio web de PACIFISTA

 


Argentina, Desaparecidos, Guido, Testimonios

Encuentro de víctimas de desaparición forzada del Valle

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Autor

CNMH

Fotografía

Álvaro Cardona

Publicado

24 May 2016


Encuentro de víctimas de desaparición forzada del Valle

 

El próximo 27 de mayo cientos de madres, padres, hermanos, hermanas, esposos e hijos, saldrán a la Plaza San Francisco, de la ciudad de Cali, en la semana internacional del Detenido Desaparecido, para exigir la búsqueda de sus seres queridos, y no son sólo de ellos, de nuestros desaparecidos. Según cifras de la base de datos del SIRDEC (Sistema de Información Red de Desaparecidos y cadáveres), en Valle del Cauca se reportan 9.055 personas como desaparecidos y en Santiago de Cali 6.450 personas.  

La desaparición forzada no sabe de edad, género o momento. Es un delito que se sigue registrando a pesar de estar más visibilizado. Las desapariciones tienen un profundo impacto psicosocial tanto en las víctimas directas como en sus familiares, quienes se enfrentan a la incertidumbre sobre el paradero y la situación de sus seres queridos. Por eso el MOVICE, la Corporación para el Desarrollo Regional, Fundación Guagua y el CNMH se unen en esta fecha para conmemorar la vida y memoria de las víctimas de desaparición forzada en Valle del Cauca.  

AGENDA:

27 de Mayo:

ACTO PÚBLICO: Exhibición de galerías de memoria en homenaje a las Víctimas de Desaparición Forzada. Acto simbólico “Las y Los Desaparecidos Forzados están presentes”. 

Fecha: 27 de Mayo de 2016

Lugar: Plaza San Francisco, Cali.

Hora: 9:00 a.m.

Mayor información

Harold García

harold.garcia@centrodememoriahistorica.gov.co

3205470189

 


Desaparecidos, Desaparición Forzada, Encuentro de victimas, Valle del Cauca

Acompañemos a los familiares de los desaparecidos

Noticia

Autor

Harold García

Fotografía

Harold García

Publicado

25 Ago 2016


Acompañemos a los familiares de los desaparecidos

Por la conmemoración anual del Día Internacional del Detenido Desaparecido, que se celebra este 30 de agosto a nivel mundial, varios serán los actos simbólicos que acompañaran esta ceremonia de memoria en Colombia.


El 30 de agosto fue declarado Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada desde 1982. Como parte de la conmemoración de esta fecha en el país, donde las cifras son aún muy diversas sobre este flagelo, varias asociaciones de víctimas, miles de madres, padres, hermanos, hermanas, esposos e hijos, saldrán a las calles, para recordar que la búsqueda de sus seres queridos no ha terminado.  

El acuerdo de paz entre el Gobierno Nacional y las Farc, logró el pasado 17 de octubre de 2015 un valioso acuerdo para buscar, identificar y entregar de manera digna los restos de los desaparecidos por el conflicto armado. Y es que según el Registro Único de Victima (RUV), en Colombia hay 45.854 personas desaparecidas en el marco del conflicto, casi la totalidad de un estadio de fútbol. (Lea también: http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/noticias/noticias-cmh/total-de-desaparecidos-en-colombia-podria-llenar-un-estadio)

La memoria como una aliada para la paz ha insistido, y lo seguirá haciendo, en que las víctimas no son una cifra y detrás de cada número hay una historia, alguien que le hace falta a su familia y al país. Por eso desde la Agenda Conmemorativa del CNMH se apoyaran las distintas actividades que se realizaran a nivel nacional, como celebración de la vida.

Una, de estas actividades, es la planteada en “Cuerpos gramaticales” creada por Agroarte y donde varias personas tomaron la iniciativa de sembrarse en la tierra, con una planta, durante cuatro horas en el predio donde se construirá el Museo Nacional de la Memoria. Todo esto, como dicen sus organizadores, “en una catarsis colectiva frente a las huellas de una guerra histórica, tratando de propiciar el diálogo entre los dolores personales y los colectivos, donde además confluirán procesos organizativos de defensa de la memoria de las y los desaparecidos de Colombia”.

Organizaciones sociales y artísticas de Bogotá y de distintas regiones del país también estarán presentes. Al finalizar la tarde, un concierto cerrará este espacio con Música Andina, Hip Hop Agrario y Payambó – Fusión Latina. La tierra y las plantas restantes de esta jornada serán sembradas en tres localidades de Bogotá en los días posteriores, en memoria de los desaparecidos.

De igual manera, también en Bogotá, se realizará la inauguración de la exposición fotográfica “Souvenir”, del Movice (Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado) con apoyo del artista plástico Sair García. Esta obra es un “homenaje que reconoce la lucha de los familiares por lograr justicia en los casos de desaparición forzada a que fueron sometidos sus seres queridos”.

Con estos actos el país debe recordar sus desaparecidos, un homenaje para aquellos que no se olvidan, pero sobre todo con aquellos que persisten en resistir y no dejar de luchar por encontrar los desaparecidos que ha dejado la guerra.

Agenda nacional:

Bogotá

29 de agosto
Foro: 6:00 p.m. El teatro testimonial, la desaparición forzada y la representación con víctimas del conflicto armado. Calle 12 No 2-65.  

30 de agosto
Cuerpos gramaticales: 9 a.m. Predio donde se construirá el Museo Nacional de la Memoria. Intersección entre la Av. Calle 26 con Av. Las Américas (Frente a la plaza del Consejo de Bogotá)

Inauguración obra “Souvenir”: 12 p.m. Salón Arbut del Hotel Boutique City Center. Carrera 39 #25-26 de Bogotá.

Teatro: 7:00 p.m. “Anunciando la ausencia”. Calle 12 No 2-65.

Villavicencio

Conmemoración: 8:30 a.m. “Sitio de conciencia y memoria”. Cementerio Central de Villavicencio.

Descargar documentos:

  1. Comunicado conjunto #62, La Habana, 17 de octubre de 2015. Desaparición forzada.
  2. Recomendaciones y propuestas. Mesa de trabajo sobre desaparición forzada.
 


Desaparecidos, Familiares

La abogada de los desaparecidos

Noticia

Autor

Harold García

Fotografía

Iván Sierra

Publicado

30 Ago 2016


La abogada de los desaparecidos

Este 30 de agosto se conmemora el Día Internacional de las Victimas de Desaparición Forzada, y el CNMH conversó con Andrea Torres, sobrina de Nydia Erika Bautista desaparecida por la Fuerza Pública.


Allá está Andrea Torres Bautista, sentada sobre un sofá largo, a su espalda están las fotos de una decena de personas desaparecidas a causa del conflicto armado. Sonríe, su rostro demuestra la fuerza de una mujer que no quiere desfallecer ante ninguna adversidad. Su mirada fija y profunda, que alumbra gracias a sus ojos grandes de color verde, representa la esperanza de las víctimas de esta guerra —que pronto llegará a su fin—, de seguir adelante en la lucha que emprendieron.

Andrea, siendo una niña, vivió en carne propia la desaparición forzada. El 30 de agosto de 1987, celebraban en familia y amigos la primera comunión de ella y su primo Erick. Su tía Nydia Erika Bautista, de 35 años en esa época, salió a dejar uno de los invitados de la reunión al autobús, cuando varios hombres vestidos de civil, que se movilizaban en una camioneta Jeep Suzuki gris, la abordaron y entre gritos, forcejeos e insultos la obligaron a subir dentro del vehículo. Fue lo último que se supo. Fue el último recuerdo. “Me acuerdo mucho de su imagen porque estaba hermosa, estaba feliz. Cada detalle del peinado, de los aretes, del vestido lo discutió conmigo. Era una mujer muy alegre aunque con un carácter muy fuerte”, carácter que heredó Andrea, según dice su familia.

Desde ese día Andrea, a pesar de ser una niña, emprendió junto con su familia una travesía por descubrir qué sucedió. Salieron por las calles con una fotografía de su tía preguntando a la gente si reconocían ese rostro, esa vida, esa esperanza de tenerla de nuevo junto a ellos. Y es que lo último que pierde el familiar de un desaparecido es la esperanza; siempre cuenta con el anhelo de reencontrar con vida a su ser querido. La incertidumbre es el pan de cada día, cada noche en vela imaginando su paradero, su destino, su regreso. Las huellas dejadas desde el último instante se convierten en la ilusión de vida para jamás cansarse de esperar; esa blusa, ese crucifijo, la cicatriz, el lunar, esos zapatos viejos que usaba como nuevos.

El caso de Nydia Erika Bautista quedó archivado durante tres años hasta 1990 cuando el sargento Bernardo Alfonso Garzón Garzón dio a la Procuraduría General información sobre los autores y la localización de varios hombres y mujeres desaparecidos por la XIII Brigada del Ejército en Bogotá. Aquí comienza una batalla jurídica para llevar a los responsables de la desaparición, muerte, tortura y violación de Nydia Erika a la cárcel. Pero también es el inicio de una persecución directa contra la familia Bautista. Es cuando Andrea cambia los parques, donde todo niño debe jugar libre, por los del exilio, por los del miedo, por las amenazas y las persecuciones. 

Los hostigamientos y amenazas los obligan a abandonar el país. Mientras los asesinos de su tía, como dice Andrea, eran condecorados con medallas al mérito en Colombia, ella y su familia dignificaban el nombre de Nydia Erika y los desaparecidos desde casas lejanas, desde las barreras de otro continente. “El Estado busca limpiar su imagen de violador de derechos humanos, mediante la erradicación de evidencias; así como eludir su responsabilidad, las cuales descarga en un supuesto tercero en contienda, con lo cual pretende minimizar los costos políticos que presenta un crimen de lesa humanidad, que cada día muestra niveles crecientes en nuestro país”, dice el informe del CNMH Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia.

—   Decidí volver a Colombia y estudiar Derecho al ver tanta impunidad, dice.  

Se especializó en Derecho Penal para ejercer el litigio en favor de las víctimas de desaparición forzada. “Evidencié que la justicia en Colombia maneja una impunidad muy sofisticada, hay que tocar todas las puertas existentes para lograr un ápice de verdad”, reflexiona.

Insistió en volver, no le gustaba el exilio, lo rechazaba. A pesar de que su familia no estaba de acuerdo, ella regresa. Durante los tres primeros años de la carrera su familia continúa exiliada. La Fundación Nydia Erika Bautista había sido creada en Alemania por un premio en derechos humanos que recibió Janeth, la mamá de Andrea. Y es ahí cuando en el país empiezan a recibir a muchas personas que venían buscando asesoría sobre sus casos. Entonces Janeth se da cuenta que hace falta una mirada desde lo jurídico, y aunque Andrea es estudiante, deciden vincularla para hacer un acompañamiento a todas estas familias.

“El acompañamiento empieza desde llevarlos a la Fiscalía, ir a poner la denuncia para que se la reciban, para que no haya la excusa de que tiene que haber pasado 72 horas, ayudándolos a activar el mecanismo de búsqueda; haciendo todas las cosas generales que en principio para una familia son tan difíciles de realizar en medio de haber perdido un ser querido. Eso fue a partir de 2006”, explica Andrea.  

El primer caso que recibió Andrea fue del Casanare que renombran como “La Combinada”, en donde desaparecieron a cinco agricultores que sembraban arroz en la zona. Ese es el inicio de su carrera como abogada: empieza ir a los juzgados, a buscar pruebas, pero sobre todo comienza a buscar la verdad y a los desaparecidos. En esa experiencia de vivir el litigio de la desaparición forzada se da cuenta lo que implica este tema, que no es lo mismo que apelar en otra cosa. Que muchos de los casos tienen que ver con el Estado, con la Fuerza Pública.

“Me doy cuenta que la impunidad es muy sofisticada, porque que veo en los códigos y pretendo aplicar para los casos de las víctimas en la práctica no se aplica, entonces me tengo que poner a desarrollar unas herramientas para lograr llamar la atención de las autoridades”. Diseñó todo un litigio estratégico sobre desaparición forzada. Según Andrea, en Colombia este crimen es tan sofisticada la impunidad que “las victimas desaparecen, los familiares hacen la denuncia y las denuncias también desaparecen”, lo que lleva a que la investigación también desaparezca.

Ante eso Andrea, a través de la Fundación, empezó por darles el lugar prioritario a los familiares. Decidieron que debían insistir con la historia que los familiares habían construido, que la práctica de la desaparición forzada no es aislada de la guerra, que ha sido sistemática y generalizada. En ese camino de persistencia y de resistencia, de ser tan tercos, siempre han obtenido algo, por mínimo que sea, y eso le ha generado en ocasiones momentos satisfactorios, pero también consecuencias que se han materializado en amenazas y persecuciones.

Actualmente investiga 170 casos de desaparición forzada, donde los victimarios son agentes del Estado o grupos paramilitares en su mayoría. “La guerrilla también ha cometido desapariciones forzadas, pero en los caso que yo he litigado ningún responsable es de la guerrilla”, explica.

De los 170 casos, 22 son de mujeres. “La desaparición forzada en ellas es diferente, y eso quedó demostrado en el caso de mi tía: son torturadas, muy enfocadas en el hecho de ser mujeres, les cortan el pelo, les cambian la ropa, todo en contra de la intimidad, de su ser, las violentan sexualmente”, dice Andrea, que por un momento pierde la sonrisa que la ha acompañado durante toda la tarde.

Hay un ejemplo que muestra de manera directa el actuar de los grupos armados en la desaparición forzada a través de la mujeres. La Fundación Nidia Erika Bautista está llevando el caso de las hermanas Galágarra, en Putumayo; con ellas hay una prueba, contundente, de que fueron desnudadas violentamente. En ese caso Andrea le insistió a la Fiscalía sobre ese detalle para investigar el tipo de violencia que sufrieron. Al avanzar en la investigación, descubrieron que el grupo desmovilizado tenía un pacto de silencio frente a lo que hicieron contra las mujeres. “Empecé a estudiar las necropsias y a partir de los reportes forenses evidencié que todas tenían cortes en su ropa interior, y que esos cortes no obedecían al propio descuartizamiento sino a una tensión que sufrieron antes, que habían ejercido sobre esas prendas, entonces a partir de allí, en el caso Galarraga, se logra tipificar la desnudes forzada”, afirma Andrea.

La Fundación Nidia Erika Bautista lanzó este 2016 el informe “Discriminación e impunidad: Desaparición forzada de mujeres en Colombia”, un estudio de 1985 a 2005 sobre este crimen contra las mujeres. “El objetivo de la investigación se centró en visibilizar las desapariciones forzadas de niñas y mujeres bajo el conflicto armado y la violencia sociopolítica en el país a través de 39 casos, en los que se han identificado, en la medida en que la información lo permitió, los rasgos de género y de violencia contra la mujer y los impactos diferenciales que las desapariciones forzadas han dejado en las vidas, los cuerpos y los derechos de las víctimas y de quienes las buscan, en un contexto de profunda indolencia, impunidad y discriminación histórica expresada en los casos de las mujeres que se llevaron, y en el trato a los derechos de las que se quedaron luchando por la verdad, la justicia y por el regreso de sus seres queridas”, relata Andrea.

La sonrisa de Andrea vuelve a envolver toda la sala para decir que ella “es la abogada de los desaparecidos para revindicar la lucha de su familia. Y porque siempre habrá alguien que hable por ellos”.

 

Publicado en Noticias CNMH



Desaparecidos, Víctimas

Un homenaje a los desaparecidos de Caquetá

Noticia

Autor

Isabel Valdés

Fotografía

Isabel Valdés

Publicado

15 Dic 2016


Un homenaje a los desaparecidos de Caquetá

En un acto de reparación simbólica, el CNMH le rindió homenaje en Bogotá a los más de 3.364 desaparecidos forzosamente que ha dejado el conflicto armado en Caquetá.


El Centro Nacional de Memoria (CNMH) suma reivindicaciones al dolor de las familias víctimas del conflicto armado. El pasado 25 de noviembre a las 10:00 a.m. y en un acto oficial liderado por el CNMH, se hizo la siembra de 14 árboles en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación del distrito, en un homenaje de sanación y reconstrucción.

La siembra corresponde a las 14 personas que en 2001 en Albania, Caquetá,  murieron de manera violenta en agosto y septiembre, a manos de miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). “Los cuerpos de las víctimas fueron recuperados en octubre de 2001 de 14 fosas clandestinas en el kilómetro cuatro de la vía que conduce de Albania a Curillo, Caquetá. Los cuerpos de estos colombianos estuvieron perdidos y abandonados en el cementerio central de Florencia, Caquetá. En marzo de 2015 se recuperaron de nuevo y en septiembre de 2016, 13 de ellos, fueron entregados a sus familias. Queremos acompañar a las familias de estas personas a sembrar un árbol en su memoria, como símbolo de vida y esperanza”, dijo con la voz entrecortada Helka Quevedo. (Vea también Textos corporales de la crueldad)

Se sembraron árboles en memoria de: Edilma Pérez Pineda, Rubiel Díaz Pérez, Uriel Ramírez Pérez, Clemente Ramírez Pérez, Libardo Rivera Vargas, José Miller Rivera Gómez, Tito Martínez, Rodolfo Tróchez Alvarado, José Gerardo Guaspa Basanti, Jorge Enrique Ortíz Álvarez, Jairo Pastrana, Alfredo Cometa Cadena, Abelardo Anturí Cuellar 13 de los 14 cuerpos que ya fueron encontrados y entregados a sus familiares. “Hay que nombrar y renombrarlos porque siempre van a estar con nosotros”, expresó uno de los familiares en el acto simbólico. Aún queda un cuerpo por encontrar. (Vea también Cuerpo 36)

El árbol número 14 fue sembrado en nombre de los 3.364 desaparecidos forzosamente que ha dejado el conflicto armado en Caquetá. “Este es un reencuentro con todos nuestros desaparecidos”, dijo Noel Palacios, sobreviviente de Bojayá que acompañó con sus cantos la siembra de la siembra en Bogotá.

 

Sembrando árboles de vida

“La música corre por las venas de la familia Ramírez Pérez”, afirma Yolanda, mientras se acomoda las gafas de sol que ocultan sus ojos ligeramente irritados de tanto llorar. Su familia tenía un grupo musical que iba pueblo por pueblo, alegrando con notas musicales y cantos de esperanza el sur del Caquetá. Tras la muerte de su padre, sus hermanos mayores, Arelys y Reinel tomaron las riendas del negocio familiar para sostener a su madre y a sus cuatro hermanos menores, incluyendo a Yolanda, pero en Agosto de 2001, la guerra los encontró y sin clemencia alguna se llevó la mitad de la familia.

Cantando y tocando junto a su grupo musical, Arelys y su hermano Reinel, de 27 años, viajaban por los pueblos del Caquetá. Clemente de 15 años, y Uriel de 18, los hombres más jóvenes de la familia, siempre acompañaban las giras. Un día, en medio de una de sus presentaciones, miembros del bloque Andaquí de las AUC se llevaron a Clemente, por sospecha de ser guerrillero. “Fue muy duro, él era mi hermano más cercano por lo que teníamos casi la misma edad, era mi compinche de la infancia”, explica con voz quebradiza Yolanda.

La familia no se recuperaba de esta pérdida, cuando ocho días después, despareció también Uriel. En su pueblo, en vez de encontrarse con la solidaridad de sus vecinos, fueron señalados y humillados. “Había muchas habladurías entre la gente del pueblo, pero nosotros éramos músicos, ¿Cómo podían pensar eso?”, se pregunta aún hoy Yolanda. Reinel, ante esta situación, partió en la búsqueda de sus dos hermanos, pero también desapareció.

“Tuvimos que huir. Pasamos penas, pasamos hambre, pero nunca perdimos la esperanza de encontrarlos vivos”, cuenta Yolanda, quien entonces tenía 16 años cuando sucedieron las desapariciones de sus hermanos. Pasaron 15 años para que se descubriera finalmente el paradero de dos de los hermanos. Los cuerpos de Clemente y Uriel fueron entregados, pero el de Reinel sigue aún desaparecido.

“La guerra no se ha terminado”, dice con amargura Yolanda. Su carrera de cantante continuó, a pesar de todo, y las giras por los pueblos también. “Desafortunadamente o afortunadamente, la música es lo que me da para vivir”, explica, “aunque ha pasado tanto tiempo, viajo con temor de que a mí me hagan lo mismo, que me desaparezcan, que me acusen de ser guerrillera, cuando realmente uno no lo es”.

Sabina, madre de Clemente, Uriel y Reinel, sembró el pasado 25 de Noviembre, en compañía de sus tres hijas, incluyendo Yolanda y Arelys, tres árboles en su memoria. “Es dejar una huella, como un árbol de vida, sembrar una esperanza de que la guerra termine y en el futuro podamos estar tranquilos”, dice Yolanda, “por medio de estos árboles, sembramos muchas cosas grandes y buenas, y nos da como familiares de los desaparecidos tranquilidad. Al fin sabemos dónde están, están acá”.

La siembra demostró cómo a través del dolor, se ha conformado una gran familia de sobrevivientes en Caquetá. Bogotá vio como la muerte trajo vida y aire a Bogotá, “Estos árboles le estarán dando aire a la ciudad, los recordaremos siempre”, dijo Helka, quien concluyó que “acá también queda sembrado un vínculo eterno que nació en 2001”.

Publicado en Noticias CNMH


desaparecidos


Desaparecidos

Mis desaparecidos, nuestros desaparecidos

Noticia

Autor

Laura Cerón

Fotografía

Laura Cerón

Publicado

02 Jun 2017


Mis desaparecidos, nuestros desaparecidos

El pasado 26 de mayo se dio inicio a la Semana de la Desaparición Forzada en Bogotá. En el acto conmemorativo se encontraban víctimas de Barrancabermeja, Antioquia, Caldas, Meta y Bogotá que siguen luchando sin descanso hasta encontrar a sus familiares.


Uno por uno los asistentes que están sentados en las escaleras del Centro de Memoria Paz y Reconciliación esperan escuchar el nombre de su familiar desaparecido. La idea causa más consuelo que alegría. Al frente y en círculo, van apareciendo en pequeños cubos de cristal los rostros de hijos, hijas, hermanos, hermanas, padres, abuelos, tíos, tías y sobrinos de los que nunca más volvieron a saber. 

Luz Marina López al escuchar el nombre de sus dos hijos baja por las escaleras mientras un joven rubio, su hijo menor, la toma de la mano y cuida sus pasos. Al llegar toma una figura en cada mano y las mira con detenimiento. La luz traslucida que pasa por la mitad dibuja el rostro de Diego Fernando y Ana María Ochoa, dos mellizos de 20 años que cayeron en una redada paramilitar mientras estaban en un bazar que se celebraba en un barrio de Barrancabermeja.  Corría el año 98 y desde entonces ella y su familia no han podido dar con el paradero de sus restos, aunque ya conozcan quiénes cometieron el crimen gracias a versiones libres de Justicia y Paz.

Luz Marina no dice nada pero su rostro carga con el dolor de todos estos años de ausencia. Al acercarme me dice que mire lo lindos que quedaron, que ella ya no quiere llorar más porque en sueños ambos le cuentan que están bien y le dicen que merece descansar.  Como ella, cada núcleo familiar baja, recibe a su ser querido y hace catarsis de la manera que puede. Algunos asistentes gritan “que nos los devuelvan vivos porque vivos se los llevaron”.

Son 154 figuras en total las que hacen parte de una obra artística llamada Souvenir que el artista Sair García hizo en homenaje a las familias y a las víctimas. “Como ustedes comparto la gran tristeza de tener un familiar desaparecido. Este es un elemento para que puedan interactuar con ellos desde el corazón”, les cuenta a los asistentes.

La entrega hace parte de la conmemoración de la Semana de la Desaparición Forzada. Una fecha que desde hace varios años han instaurado las mismas víctimas para que se visibilice uno de los crímenes que más impacto causa en la vida de los familiares, pues como relata el informe “Hasta encontrarlos” del CNMH, se enfrentan a la incertidumbre de saber su paradero y a la revictimización por parte de un sistema judicial que en muy pocos casos opera de forma efectiva. De los 60.630 desaparecidos de Colombia, tan solo 8.162 tienen algún tipo de información respecto a ese hecho.

Horas más tarde, una gran cantidad de personas sale del Centro de Memoria Paz y Reconciliación con un objetivo: recordarle a la ciudad sus desaparecidos. Con un clavel blanco y un sol abrasador caminan por la calle 26 hacia el occidente hasta la Universidad Nacional. Todos van a un ritmo lento, paciente, mientras cantan arengas y mencionan los nombres de sus familiares sin descanso.

La gente alrededor apenas mira las pancartas con las fotos y sigue su camino, otro diferente. Lo que muchos no saben es que entre el gentío hay varios grupos de familiares de víctimas de desaparición forzada que llevan más de 35 años exigiendo el paradero de sus seres queridos. Tal es el caso del Colectivo 82, formado después de que un grupo de 12 estudiantes de la Universidad Nacional y la Universidad Distrital fueran desaparecidos.

Una vez instalados en la Plaza del Che de la Universidad Nacional, el grupo Arlequín ofreció a las familias una obra de teatro. La representación era un homenaje a todos aquellos que no han bajado la guardia buscando a los suyos. En medio de la tarde, las familias disfrutaron de un ambiente de música y poesía.

Los padres de Jhon Ricardo Ubate Monroy, desaparecido hace 22 años reconocen que es muy difícil que el proceso avance más, “lo único que pedimos es que nos digan dónde están sus restos”, afirman. Para muchos el consuelo está en haber encontrado fortaleza en el otro que también ha sentido su dolor y lo comparte, así continuar buscándolos en los ríos, los bosques, las montañas.

Este año la conmemoración  se realizó en el marco de la acción conjunta que realiza el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), el Programa de Alianzas para la Reconciliación, de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y ACDI/VOCA

Publicado en Noticias CNMH


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