Etiqueta: Memoria

Quinchía: luces de la memoria y caravana por la vida

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

01 Dic 2014


Quinchía: luces de la memoria y caravana por la vida

El municipio de Quinchía tendrá un evento de memoria en el contexto de la semana de los Derechos Humanos en el departamento de Risaralda. Se trata de “Luces de la memoria”, un alumbrado que se celebrará en la plaza principal la noche del 6 de diciembre. Este acto se realiza en el marco del proyecto “Filosofía y Memoria”, el cual adelanta la Facultad de Educación de la Universidad Tecnológica de Pereira con el acompañamiento y financiamiento del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Entre 2002 y 2004 el Frente “Cacique Pipintá”  de la organización contrainsurgente  “Bloque Central Bolívar” entró al municipio de Quinchía, Risaralda, y perpetró varias masacres, hechos que causaron el pánico y el desplazamiento de la población.

Cientos de luces se encenderán para evocar la memoria de todas aquellas personas asesinadas, desaparecidas y desplazadas durante los primeros años del siglo XXI, época en la que se vivió una de las etapas más complejas y duras de la violencia en el este departamento. A través de la luz, los habitantes de Quinchía piden que no se apague el recuerdo de quienes ya no están y que no se repitan esas historias que azotaron a una población injustamente señalada.

Asimismo,  una  “chiva de la memoria”, en la que viajarán todas aquellas personas solidarias con el proyecto “Quinchía: una memoria de resistencia oculta entre montañas”, recorrerá distintas veredas. En cada una de las veredas visitadas, la comunidad pondrá una placa conmemorativa y sembrará árboles como expresión simbólica de esas vidas que no se olvidan. Al final de la caravana habrá una celebración religiosa y un acto musical, a través de los cuales se quiere expresar un reconocimiento al valor, al significado de un municipio que hoy es escenario de restitución, reparación y memoria, pero que diez años atrás padeció una experiencia que las nuevas generaciones no deben olvidar, pero tampoco repetir.

 


Memoria, Quinchía, Vida

Las memorias del exilio vuelven a encontrarse

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

13 Dic 2014


Las memorias del exilio vuelven a encontrarse

El 13 de diciembre se realiza el II Foro Internacional de Víctimas en el Exilio, una iniciativa para acercar a los colombianos que han tenido que abandonar el país en contra de su voluntad, para narrar sus historias, memorias y escuchar sus propuestas hacia la búsqueda de la verdad, la reparación integral y el retorno digno.

Han pasado cerca de noventa días desde el primer del Foro Internacional de Víctimas, un encuentro en el que participaron más de 600 colombianos y colombianas en 19 ciudades alrededor del mundo. Tres meses de intenso trabajo para preparar el segundo foro que se realizará dentro de poco. “Recordar, narrar y comprender los hechos que han contribuido con el crecimiento de la diáspora colombiana es una señal que nos dice que los más de 5 millones de conciudadanos que nos encontramos por fuera del país ejercemos una participación activa, no solo en el marco del actual proceso de paz como sucedió con el primer foro, sino también en la búsqueda de la reconciliación nacional” cuenta desde Barcelona Pamela Lozano Ibáñez, coordinadora del II Foro.

España, Holanda, Alemania, Argentina, Bélgica, Suecia, Noruega, Austria, México y Ecuador son los países que hasta el momento están confirmados para participar en este foro, en el que además del encuentro virtual se realizarán talleres colectivos con personas que han retornado al país, como un ejercicio de reconstrucción de los relatos sobre el exilio, sus vivencias en un nuevo país y las circunstancias del retorno. “Este segundo foro no es solo para visibilizar a las víctimas que están por fuera del país, sino para consolidar procesos que permitan en el mediano o largo plazo una construcción de la memoria de las víctimas en el exterior y genere reacciones frente a los retos del Estado en materia de reparación a estas víctimas” dice Andrei Gómez, investigador asociado de la Universidad de Oxford y consultor de la Dirección General del CNMH.

Vea aquí la transmisión del II Foro internacional de Víctimas.

Publicado en Noticias CNMH



CNMH, Exilio, Memoria

Reconstruir las memorias del exilio, una tarea urgente

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Autor

CNMH

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CNMH

Publicado

15 Dic 2014


Reconstruir las memorias del exilio, una tarea urgente

El pasado 13 de diciembre se realizó el II Foro Internacional de Víctimas, un encuentro en el que se reunieron virtualmente centenares de colombianos en varias ciudades alrededor del mundo para narra sus memorias en el exilio y discutir las garantías necesarias para el retorno.

En total fueron trece ciudades las que se unieron a la segunda edición de este foro que sirvió como punto de encuentro de colombianos exiliados por motivos políticos, económicos o sociales, para manifestar sus solicitudes y exigencias para el retorno. Garantías de no repetición de los hechos por los que tuvieron que salir del país, así como más apoyo y acompañamiento real por parte del gobierno fueron algunas de las peticiones que más se repitieron durante el encuentro.

La segunda edición del foro contó con la participación de representantes del CNMH, la Unidad de Víctimas y ACNUR, así como personas que retornaron recientemente al país. “Estos foros tienen sentido porque nos enlazan y nos permiten visibilizar las experiencias de los exiliados. Por parte del CNMH nos comprometemos a ayudarlos con la construcción del relato y la cartografía del exilio, la identificación de los daños y los caminos o rutas para la reparación” expresó durante su intervención Gonzalo Sánchez, director del CNMH.

Crear un programa de investigación sobre el exilio de colombianos – pensado a largo plazo y acompañado por el CNMH – y discutir las propuestas de la representación de los exiliados en el Museo Nacional de la Memoria fueron algunos de los temas que se propusieron para tratar en un tercer foro.

Terminado el panel central, llegaron las intervenciones de los colombianos reunidos en Barcelona, Berlín, Buenos Aires, Nueva York y otras ciudades del mundo, entre las cuales se destacó la de Helena Urán Bidegain, hija del Magistrado Auxiliar del Consejo de Estado de Colombia, Carlos Horacio Urán, una de las víctimas de la toma y retoma del Palacio de Justicia. “Hace poco vivimos una sentencia histórica, un paso gigante en el camino hacia la verdad. Es un grito de dignidad que una Corte Internacional reconozca lo que nosotros venimos diciendo y exigiendo desde hace tantos años y el Estado colombiano ha negado. Por eso hoy quiero invitarlos a nunca olvidar” refiriéndose a la sentencia emitida el 10 de diciembre por la Corte Interamericana de los Derechos Humanos.

Al finalizar el Hangout Central en Bogotá, algunas de las personas retornadas al país se reunieron y narraron sus experiencias y vivencias. Relatos que se volverán insumos para enriquecer la ruta de la reparación y el retorno de los millones de colombianos que hoy están por fuera del país en contra de su voluntad.

Publicado en Noticias CNMH



Exilio, Memoria, reconstrucción

El CNMH se iluminó con Infrarrojo

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

16 Dic 2014


El CNMH se iluminó con Infrarrojo

Con fotografías que narran historias de denuncia, resistencia y memoria,  el pasado viernes 12 de diciembre se realizó la premiación de la convocatoria Infrarrojo, historias de luz que no se ven en Bogotá. Personas provenientes de diferentes partes del país recibieron el reconocimiento público y observaron cómo sus imágenes cubrían la fachada del Centro Nacional de Memoria Histórica.

“La convocatoria es muy importante para el CNMN en varias dimensiones: al apuntarle como material de insumo para el CNMH, especialmente como parte de las compilaciones de los primeros materiales del futuro Museo Nacional de la Memoria. Pero, también, como un proceso que reconoce en el oficio del fotógrafo la labor del guardián de la memoria… Estos nuevos-viejos relatos serán el corazón del Museo Nacional de la Memoria, y serán observados, leídos, discutidos, transformados y resignificados, como toda memoria, por parte de las siguientes generaciones”, aseguró Vladimir Melo, investigador del CNMH y jurado de la Infrarrojo.

Así mismo, los ganadores agradecieron el trabajo que realizó el CNMH con la convocatoria e invitaron a continuar haciendo este tipo de acciones que exaltan el trabajo de memoria que se hace en el país, como lo aseguró Luis Eduardo Morales, uno de los ganadores en la línea de álbumes familiares de Infrarrojo.

Después de la premiación, a las 6 pm las fotografías de los ganadores se proyectaron en la casa del CNMH (Carrera 6 Nº 35 – 29, Bogotá) donde  los ganadores conocieron el trabajo de sus colegas, además de apreciar sus imágenes en gran formato.

Infrarrojo recibió más de 1200 las fotografías en las líneas Fotógrafos experimentados, fotógrafos aficionados, medios comunitarios y  álbumes familiares. En cada una de ellas se plasmaba diferentes maneras de vivir el conflicto armado. Al final,  25 trabajos fueron reconocidos pero en todas las imágenes se logró evidenciar cómo la fotografía juega un papel importante en la memoria del país.

 

 


Bogotá, CNMH, Fotografía, Memoria, Memoria Histórica

“La única guerra donde la memoria es optimista”

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

21 Dic 2014


“La única guerra donde la memoria es optimista”

El periódico El País de España acaba de presentar un especial web titulado “Testigos del olvido” cuyo segundo capítulo está dedicado a Colombia, “La identidad del dolor”.

El escritor español Manuel Rivas y el fotógrafo, Juan Carlos Tomasi, recorrieron algunas de las zonas más conflictivas de nuestro territorio para evidenciar de primera mano algunos de los testimonios incluidos en el informe ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad.

Queremos recomendar este especial no solo por su poder testimonial sino porque, en ocasiones, es necesario dar un repaso a nuestra tragedia (a nuestra memoria) a través de la mirada extranjera para convencernos de lo que nos pasa y de lo que somos.

VEA AQUÍ EL ESPECIAL “TESTIGOS DEL OLVIDO”

 


Comunicado, Guerra, Memoria, Periódico

Quinchía en su cita con la memoria

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Autor

Felipe Chica Jiménez

Fotografía

César Romero

Publicado

21 Ene 2015


Quinchía en su cita con la memoria

“El país aún no sabe lo que pasó en Quinchía”, dijo el investigador Luis Colorado del Centro Nacional de Memoria Histórica -CNMH- en la socialización del proyecto “Quinchía: una memoria de resistencia oculta entre montañas”, el cual adelanta el Grupo de Investigación en Filosofía y Memoria de la Universidad Tecnológica de Pereira.

El proyecto ha sido financiado por el CNMH con el propósito de reconstruir la memoria con las víctimas de los hechos de violencia ocurridos entre el 2002-2004 y que “tiñeron de sangre los cafetales” de la veredas como Miraflores, Naranjal, el Retiro, Buenavista, Opiramá, según comenta Alberto Berón Director del grupo de investigación.

El periodo 2002-2004 enmarca la incursión del Frente Héroes y Mártires de Guática y Frente Cacique Pipintá en este municipio. Ambos grupos pertenecen al Bloque Central Bolívar  -BCB- de las Autodefensas Unidas de Colombia, en su momento al mando de Carlos Mario Jiménez – alias “Macaco’ -, a quien se le atribuyen la gran mayoría de las violaciones de derechos humanos en este municipio del norte de Risaralda.

Una historia de las masacres

El 11 de mayo del 2002 sería el comienzo de un raudo periodo de masacres  atribuidas al BCB. En la mañana de ese día, los paramilitares arribaron a las veredas del Higo, Buena Vistas, Naranjal y San Juan en camiones turbo. Se presentaron en algunas  viviendas con lista en mano y asesinaron a seis personas entre campesinos e indígenas. Meses después, entre el 22 y 25 de octubre de 2002, ‘los paras’ sembrarían nuevamente el terror por los caminos veredales del Naranjal, Ensenillal, San Juan y San José con la muerte de siete campesinos y dos indígenas Embera Chamí, cuya muerte ocasionó el desplazamiento de varias familias de esta comunidad.

Pero no sería ese el año más crítico de violencia paramilitar en la zona. Con la llegada del Frente Cacique Pipintá en el 2003, Quinchía sería escenario de una de las oleadas de asesinatos selectivos más dura en la historia del departamento de Risaralda. Solo entre enero y abril más de 15 homicidios fueron perpetuados contra líderes sociales. Uno de los más recordados fue el de la líder sindical y docente Soraya Patricia Días.

“Soraya caminaba caída la tarde del 13 de marzo cuando fue interceptada por hombres uniformados y con brazaletes de las AUC. La esperaron en un punto y le hicieron un par de preguntas; después la mataron”, cuenta un testigo cuya identidad pide que sea reservada.  Mientras  Soraya estaba en el suelo aún con vida, los hombres de las AUC la golpearon. Por los hechos fueron condenados Henry de Jesús Tabares Vélez – alias ‘Hugo’ – y John Jairo Agudelo Castrillón – alias ‘Pablo’-.

Pero la tragedia humanitaria en Quinchía aún no pisaba sus límites. La mañana del 29 de septiembre llegó con la captura masiva de al menos 120 personas.  Desde el alcalde electo hasta el carnicero del pueblo fueron sindicados de ser colaboradores del Ejército Popular de Liberación -EPL- a cargo de Berlaín de Jesús Chiquito Becerra, alias ‘Leyton’, quien para la fecha ya había sido responsable de un sin número de secuestros y  homicidios. La captura masiva se conoció como ‘Operación Libertad’ y fue un hecho atípico al punto que 22 meses después los capturados fueron dejados en libertad por falta de pruebas.

El hecho que se presentó en algunos medios como un  desacierto de la justicia colombiana  acentuó, según líderes sociales, la estigmatización sobre el pueblo y el doloroso paso del paramilitarismo por sus tierras ya que, a pesar de las alertas emitidas por la comunidad  sobre la presencia de las AUC en el municipio, en julio del 2004 el control territorial por parte de este grupo mostraría  una vez más su grado de consolidación. Según testigos del momento,  los hombres, ‘los paras’, ingresaron desde el 1 de julio y acamparon hasta el 11 del mismo mes amenazando a la comunidad con lista en mano. En ese lapso, seis personas fueron masacradas, lo cual dejó una nueva estela de horror entre la vereda la Cumbre y el Cedral; más de mil personas se desplazaron según un documento del Centro de Investigación Académica –Cinep-.

Por los hechos solo ha sido postulado ante los tribunales de Justicia y PazJohn Fredy Vega Reyes – alias ‘Marlon’ o ‘Tiburón’ – del Frente Héroes y Mártires de Guática.

Los móviles de la guerra

Sobre la cima del cerro Gobia se ve completo el casco urbano de Quinchía rodeado de una inmensa topografía ondulada. A un lado del cerro, se divisa la vía alterna que comunica el Norte del Valle con Risaralda, Caldas, Antioquia y Chocó. Según el sociólogo Jorge Iván, la historia de violencia en este municipio no permite ignorar el hecho de que la ubicación estratégica de éste ha sido determinante para los intereses territoriales de actores como el Frente Oscar William Calvo del EPL y Aurelio Rodríguez de las FARC, los cuales operaron allí hasta finales de los 90`s y principios del 2000, y posteriormente el BCB.

Sin embargo, para algunos mineros tradicionales el oro ha sido uno de los móviles más importantes de la violencia. Desde los tiempos de ‘Don Olmedo’, oriundo de Quinchía y fundador del grupo paramilitar conocido como ‘Los Magníficos’, muchos de los crímenes cometidos en décadas anteriores fueron motivados por el interés de apropiarse de tierras con minas de oro según testimonios implícitos en la investigación ‘Balas por encargo’ del periodista Juan Miguel Álvarez. La idea no es nada descabellada si se tiene en cuenta que Edgar Aricapa, Juan Romero y Líber Ladino, víctimas del BCB en la masacre del 2004, fueron a su turno presidentes de la Asociación de Mineros de Miraflores, según un ex socio de esta colectividad.

Por su lado, el grupo de investigadores de la Universidad Tecnológica de  Pereira plantea que los móviles de la guerra en el periodo 2002-2004  son complejos y se deben leer en la luz de un momento político.

Alcances del proyecto

De la mano de  unas 30 víctimas directas, en el marco del proyecto “Quinchía: una memoria de resistencia oculta entre montañas”, se han realizado alrededor de 15 talleres en los que se ha reconstruido el duro pasado y se habla de otros crímenes y detalles que se podrán conocerse con el informe final, así como la propia voz de quienes los padecieron y que hoy, gracias a la iniciativa, hacen frente al olvido y al miedo a recordar.

 “(…) en los talleres aprendimos que recordar nos hace fuertes y que la memoria es como una cajita donde guardamos lo más preciado, las piezas de lo que es nuestro presente”, dice una de las víctimas en la socialización de avances del proyecto y cuya identidad se reserva por motivos de seguridad.

 “(…)  Cuando mis hijos me preguntaban por el abuelo yo no sabía cómo hablarles”, dice un joven con voz quebrada y ojos aguados  “(…) Mirar el tiempo atrás es muy difícil, olvidar las esquirlas que nos ha dejado el miedo por esos caminos y montañas a mi hijos y a mí misma. (…) estos talleres nos han enseñado a mirar esto que ha pasado sin miedo (…) a acercarnos y unirnos entre nosotros.”

Los testimonios de las víctimas dejan ver un grado de gratitud frente al  proyecto  insinuando un enfoque de trabajo que va más allá de la reconstrucción fría de los hechos. “Reivindicar a las víctimas como sujetos políticos”, en palabras de uno de sus investigadores.  

Asimismo, el Centro Nacional de Memoria Histórica no solo puso la plata que permitió llegar hasta las veredas, sino también un conjunto de elementos metodológicos claves para responder a la pregunta de ¿qué pasó en Quinchía? La ‘línea del tiempo’ en la que se desarrolla la cronología del conflicto, con hechos claves como la ‘Operación Liberta’, es uno de ellos.

También están ‘Los mapas de lugares’ que sitúan en el espacio físico los referentes de la memoria y que para Quinchía son La Ceiba, Aguas Claras, el Río Opiramá y otros lugares en las veredas de La Cumbre, Miraflores, Buenavista, Juantapao y El Retiro. Allí el pasado 6 de diciembre se realizó la ‘Caravana por la vida’ en la que se recordaron las víctimas de la guerra y se sembraron árboles en su nombre.

Finalmente,  además de reivindicar la autoridad moral de las víctimas, el informe promete suscitar el debate en torno a la idea de que el departamento de Risaralda no ha puesto su cuota en la historia del conflicto colombiano porque “los dirigentes políticos han vendido la idea de que esto aquí siempre ha sido un remanso de paz”, dice Berón. Curiosamente, todo remanso se caracteriza por ser  profundo y de corrientes traicioneras.  

 


Historia, Memoria, Quinchía

Comunicar en medio del conflicto, memoria de Eduardo Estrada

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

© Semillero de Memoria – Universidad Tecnológica de Bolívar

Publicado

04 Feb 2015


Comunicar en medio del conflicto, memoria de Eduardo Estrada

Ese día en San Pablo, sur del Bolívar, todo era fiesta, víspera de las ferias de la Virgen del Carmen. El pueblo estaba repleto de gente. Había un concierto, bailes y desorden en cada esquina. Eduardo Estrada había amanecido contento. Pasó el día acompañado de música, bailando un poco entre sus labores y disfrutando alguna que otra cerveza bajo el abrasador calor del corazón del Magdalena Medio. 

Era 16 de julio de 2001 y, al caer la noche, las balas indiferentes del conflicto armado que azotaban la región lo golpearon fuertemente por la espalda. Asesinaron la voz del pueblo, mataron al líder y periodista quien, para entonces, estaba empeñado en informar y divulgar el rechazo de la comunidad a la dominación que los actores armados ilegales habían impuesto desde finales de la década de 1990.

El próximo viernes 6 de febrero, el Grupo Regional de Memoria Histórica (GRMH) de la Universidad Tecnológica del Bolívar, dará a conocer el informe “Comunicar en medio del conflicto” y el documental “El silencio de un pueblo”  basados en el caso del líder cívico y comunicador asesinado, Eduardo Estrada Gutiérrez. A través de la reconstrucción de la vida de Eduardo, el informe busca descubrir cómo el silenciamiento de los medios de comunicación locales hace parte de los mecanismos utilizados por los actores armados. Los productos son el resultado de un trabajo de reconstrucción de memoria histórica con la familia, la Parroquia Jesuita San Pablo Apóstol, el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio en San Pablo y personas allegadas a Eduardo Estrada.

El CNMH acompañará el lanzamiento a las 10:00 am en la Universidad Tecnológica del Bolívar presentando el resultado de la investigación y el proceso audiovisual realizado por Mauricio Villacob.

El CNMH y la Universidad Tecnológica de Bolívar iniciaron la investigación en 2012, con apoyo de USIP (United States Institute of Peace) y la Universidad de Los Andes, en el marco de un proyecto cuyo objetivo era apoyar el surgimiento y consolidación de (GRMH) conformados por profesores y estudiantes universitarios en las zonas de Magdalena, Bolívar y Santander.

Para María Emma Wills Obregón, asesora de la dirección del CNMH y coordinadora del proyecto, “este proceso propició el surgimiento de una alianza y un tejido de solidaridades entre víctimas, organizaciones de víctimas y la universidad”.

 


Asesinato, Conflicto, Conmemora, Memoria

“Si la memoria no me falla”

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

Álvaro Cardona para el CNMH

Publicado

12 Feb 2015


“Si la memoria no me falla”

La toma

Eran las seis de la tarde de un viernes cualquiera del año 2000 en uno de los miles de pueblos que tiene Colombia y María Londoño*, con los bolsillos llenos de dulces, corría desesperadamente por el monte esperando sobrevivir. Ya no había opción para mirar atrás…

Cualquiera que tenga la firme intención de robar un banco, llevaría sus bolsillos llenos de monedas y billetes, ella iba cargada de dulces. Dulces que tomó de un puesto callejero de alimentos que un vendedor abandonó al ver a más de 50 uniformados de la guerrilla. Con 13 años de edad y ocho meses de ellos en el grupo armado, María participaba ese día por primera vez en una toma guerrillera. El Frente de la guerrilla al que pertenecía había decidido robar un banco, sin embargo, fueron atacados por el Ejército impidiendo el inesperado atraco. A María solo que quedó una alternativa: correr.

“Si no fuera por ese momento crucial de mi vida, yo creo que nunca me hubiese podido salir de la guerrilla”, recuerda María, quien hoy tiene 27 años, estudia Derecho y sueña con defender los derechos de los niños vinculados indiscriminadamente a la guerra.


Para el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, de 1999 a 2014 se han registrado 5964 casos de niños y niñas desvinculados de algún grupo armado, de los cuales el 28,47% han sido niñas.  


“Si me preguntas ¿qué pasó?, te voy a decir que no sé”, dice María. Después del maratónico escape despertó debajo de un árbol de café, pero todo era silencio, se encontraba sola y sin saber a dónde ir. Recordó una técnica que le enseñaron en la guerrilla en este tipo de circunstancias y empezó a hacer sonidos con la boca para ver si había algún compañero a su alrededor. Así logró encontrarse con otro miembro del Frente, otra niña de quince años, y juntas caminaron hasta que cayó el sol. Pasaron la noche en medio de las montañas cerca de un río que no se atrevieron a cruzar, ya sin el sol era difícil descifrar con qué se podrían encontrar. 

A la mañana siguiente, un cólico intenso despertó a María, lo único que había recibido su estómago en dos días había sido un manojo de dulces acompañados del agrio sabor de la adrenalina producida al escapar del enfrentamiento con el Ejército. Pero debían continuar. La luz del día les indicó el camino y lograron encontrar una finca a la cual ingresaron para robar ropa de civil y cambiarse. Era una paradoja, venían de asaltar un banco pero sólo contaban con un puñado de dulces y mil quinientos pesos que la joven acompañante de María había logrado tomar en el centro financiero.

“Aún me considero una niña” dice, a pesar de que le robaron su niñez a los 12 años. Sufría constantemente el abuso sexual y psicológico por parte de su padrastro. Debía ser la “madre” de sus seis hermanos y soportar la indiferencia que a diario su mamá imponía ante ella. Sin acceso a educación, cada mañana veía más lejana la posibilidad de lograr cambios en su vida. En su cabeza también rondaban las palabras que le gritaba su mamá cada vez que la agredía: “Si a los 16 no consigues marido te me largas, yo no te voy a mantener”, recuerda.

La única autoridad que conoció en esa época fue la guerrilla. El grupo pasaba constantemente cerca al “cambuche” de cartón, tejas y barro donde vivía. Sin esperarlo, generó un vínculo con ellos y prefirió caminar entre armas que soportar más abusos dentro de su familia. Se unió a ellos.

A pesar de su corta edad, María sabía cocinar, cortar madera, caminar largas horas y defenderse sola. “Yo quería ser una guerrera”, dice, ya nadie más iba a volver a sobrepasarse con ella. Era la menor dentro de este grupo armado, pero allí todos eran iguales, y cada quien luchaba por sobrevivir.

Para José Luis Campo, Coordinador y representante legal de BENPOSTA, una institución que trabaja en diferentes zonas del país con los niños, niñas y jóvenes que afrontan situaciones de riesgo con ocasión del conflicto armado, uno de los principales factores de riesgo que existen para los menores de edad en Colombia con respecto a la vinculación de grupos armados, es “el abandono estatal”. Por su parte, Linda Lorena Sánchez, investigadora del Centro Nacional de Memoria Histórica considera que “actualmente es un reto establecer los motivos por los cuales los niños y niñas siguen siendo vinculados al conflicto armado, ya que hay casos registrados de niños escolarizados y con acceso a oferta institucional que son utilizados en la guerra, en la que ellos expresan su deseo de vincularse a un grupo armado, no necesariamente en los territorios más vulnerables o con menos oferta institucional son los niños que se van a la guerra”.    

Luego de escapar del combate con el Ejército, María pasó por varios pueblos y logró llegar hasta donde su padre, un campesino conservador y trabajador que sorprendentemente después de abandonarla, optó por ayudarla, y ella entonces decidió contarle su experiencia. Todo parecía haber mejorado, pero días después su padre salió unos minutos de la casa, argumentando que iba a conseguir unas cosas para irse de viaje con ella a Cartagena. Cuando regresó, no venía solo, estaba con el Ejército, y la obligó a entregarse. Un golpe más de la vida.

“De la tragedia a la esperanza: el otro proceso de mi vida”  

Ya en el batallón fue llevada a Medicina Legal y aquí empieza una serie de exámenes e interrogatorios para determinar si en realidad era una menor de edad. María no volvería a frecuentar el monte y ahora debería vivir en Bogotá, en casas juveniles y hogares de paso. Sus quince años los cumple en un centro correccional de menores, luego, con la ayuda de su tutora llega a BENPOSTA, donde, según ella, pasa los mejores años de su vida.

Ha pasado más de una década y ahora María es una estudiante destacada en su universidad. Vive sola y en su mente sigue presente trabajar sin descanso por la defensa de los derechos de los niños, “todo el tema del posconflicto –dice- es algo que voy a empezar a trabajar, todos esos procesos de desvinculación que yo viví, lo que hacen es traumatizarlo a uno, y hay muchas fallas”.

Hoy, día en el que se conmemora a nivel mundial el aniversario de la firma del protocolo de la Convención sobre los Derechos del Niño que prohíbe el uso de niños, niñas y adolescentes en los conflictos armados -conocido también como “El Día de las Manos Rojas”- desde el CNMH consideramos importante unir esfuerzos para prevenir el reclutamiento ilícito, vinculación y utilización de niños, niñas y adolescentes a los grupos armados. Una tarea que de nuestra parte va avanzando con una investigación, cuyo objetivo es contribuir al esclarecimiento histórico de las diferentes modalidades, particularidades y continuidades a nivel nacional de las prácticas de reclutamiento ilícito, utilización y vinculación menores de edad a grupos armados.

*Nombre cambiado por razones de seguridad.

Escuche entrevista con *María Londoño:



ICBF, Memoria, Niños y Niñas, Víctimas

El reto de hacer memoria en la web

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

03 Mar 2015


El reto de hacer memoria en la web

¿Cómo producen contenidos digitales en lugares como Bojayá y La India (Santander) sin tener Internet? ¿A cuáles retos se enfrenta el nacimiento de un colectivo de comunicaciones en Tumaco? Estas son apenas dos de las preguntas que se discutirán en el II Encuentro de Gestores Virtuales de Memoria,que se realizará del 4 al 6 de marzo en el marco del Proyecto Alfabetización Digital del CNMH.

En este evento, 30 representantes de 12 iniciativas de Memoria, de diferentes partes del país, se reunirán en Bogotá para trabajar en la conformación de una Comunidad Virtual y compartir la experiencia de un poco más de dos años del trabajo de hacer memoria histórica y cultural en la web. Esta red de trabajo inicialmente estará conformada por colectivos de varias regiones como Chocó, Nariño, Magdalena, Antioquia, Santander, Valle del Cauca y Magdalena.

En este evento, los asistentes también tomarán un taller de producción audiovisual que resultará en la creación de 6 cortos que tendrán como protagonistas a los propios participantes y a los lugares y organizaciones que trabajan la Memoria en Bogotá. Esto tendrán que hacerlo sin tener equipos de producción avanzados, usando dispositivos móviles como celulares y tabletas.

El  proyecto Alfabetización Digital del CNMH busca contribuir al fortalecimiento de capacidades comunicativas a iniciativas locales de memoria en perspectiva de reconocimiento y de dignificación de los derechos de las víctimas. Este se desarrolla gracias al apoyo técnico de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a través del Programa de Fortalecimiento Institucional para las Víctimas.

 


Memoria, Reto, Santander, Web

Hace 15 años no murió El Salado

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

Javier Sule

Publicado

05 Mar 2015


Hace 15 años no murió El Salado

El 18 de febrero los saladeros conmemoraron 15 años de una masacre paramilitar que el pueblo jamás olvidará.


Es la mañana del 16 de febrero de 2000 y un grupo de paramilitares, comandados por alias “Amaury”,  instala un retén en la vía que conduce del Carmen de Bolívar a El Salado. Un vehículo que se acerca a poca velocidad es detenido por los hombres armados para interrogar a los tripulantes. Los hacen bajar, dando inicio a su carnaval de sangre y muerte.  

“¡Ella es guerrillera!”,  acusa alias “Nicolás”, el segundo al mando del grupo antiguerrillero “¡Mátenla!”, sentencia.

A empujones e insultos apartan hacia el borde de la carretera a Edith Cárdenas Ponce y allí arremeten contra ella a puñaladas. Luego asesinan a Carlos Eduardo Díaz Ortega, otro de los pasajeros. Quedan dos personas con vida, temblando y llenas de angustia.  Las dejan escapar y corren sin mirar atrás hasta el Carmen de Bolívar donde cuentan lo que está sucediendo.

Todo estos detalles pudieron reconstruirse gracias a la investigación del Grupo de Memoria Histórica, antecesor del Centro de Memoria Histórica “El Salado. Esa guerra no era nuestra”, publicada en 2009.

El grupo de la muerte continúa su recorrido. Se encuentra con un carro que sale de una trocha: “¿Son ustedes guerrilleros?”, preguntan. “Sí”, responden los dos hombres que venían en el automóvil, confundiendo a los paramilitares con guerrilleros. Los rodean de inmediato para asesinarlos.

Simultáneamente, en esa madrugada del 16 de febrero, en el corregimiento de Canutalito, del municipio de Ovejas, otro grupo paramilitar comandado por “El Tigre” instala otro retén donde detienen a Domingo Ezequiel Salcedo, que se transporta en un burro. Lo empiezan a interrogar cuando de repente uno de los “enmascarados” –exguerrilleros que ahora hacen parte de los paramilitares– lo reconoce como colaborador de las Farc, entonces lo obligan a cooperar con ellos a cambio de su vida. Llegan al casco urbano y reúnen a la población en la plaza principal. Llevan hasta allí a cinco hombres que habían sido detenidos minutos antes. –Venimos a hacer una limpieza de la guerrilla –anuncia el escuadrón de la muerte a todos los pobladores. Tres de los cinco hombres son degollados.

Conforme transcurre la incursión de los paramilitares hacia El Salado, desde Córdoba, otro grupo, comandado por “Cinco Siete”, ingresa por la vía a Zambrano, llevándose a su paso nuevas víctimas. Durante el primer día de la ruta de la muerte paramilitar las carreteras, poblados y veredas contaron 24 víctimas: 18 en el municipio de Ovejas, tres en El Carmen de Bolívar y tres en Córdoba, la mayoría degollados o apuñalados.

A la mañana siguiente, el grupo del paramilitar “Amaury” reinicia su recorrido hacia El Salado, pero es atacado durante una hora con cilindros de gas por parte de los guerrilleros del frente 37 de las Farc. Continúan avanzando y detienen a dos hombres que vienen en burro. Los interrogan y de inmediato son señalados por un guía como guerrilleros. Uno de ellos intenta atacar a los paramilitares, pero es asesinado; el otro, “Yiancarlo”, es capturado.

Mapa por Julio Cortés – CNMH.

18 de febrero: la masacre

Los paramilitares al mando de “Amaury” y “El Tigre” entran a El Salado, mientras los de “Cinco Siete” crean un cerco en los cerros. Empiezan a recorrer el pueblo pateando las puertas de las viviendas y obligan a los pobladores a salir y dirigirse hacia el parque principal. Acompañan su accionar criminal con insultos y gritos en los que acusan a los habitantes de ser guerrilleros.

“Bueno –dijeron los paramilitares– ahora vamos a hacer un sorteo. Aquí están todos los hombres: contemos del 1 al 30; primero del 1 al 10, y al que le toque el 10, no se va a salvar”.

Así empezó la ruleta de la muerte, con ese número que ninguno quería decir, pero que muchos tuvieron que pronunciar. Ese día asesinaron brutalmente a 28 saladeros: 17 fueron masacrados en la cancha, seis en las casas y cinco en los montes.

Sólo hasta ese 18 de febrero, dos días después de iniciada la incursión paramilitar, el comando de la Primera Brigada de Infantería de Marina ordenó el despliegue de tres unidades en la zona, los Bafim Nº 5, 31 y 33.

15 años después

Hace 15 años la cantidad de sangre que cubría el parque de El Salado hacía suponer que era el fin de esta comunidad anclada en los Montes de María. Con los asesinatos, el pueblo entero huyó, pero, pasados los años, empezaron a volver y, ahora, la mayoría ha retomado su vida allí, aunque no ha encontrado con una realidad fácil. “Se están presentando muchas necesidades y estamos buscando la oportunidad de transformarlas”, afirma la líder de la comunidad Neyda Narváez.

El Salado ha vivido los últimos años un proceso de cambio muy profundo que impactó fuertemente la manera como se vive el presente. Una masiva intervención externa del sector privado y público en solidaridad con las víctimas, trajo consigo un fuerte impacto en términos materiales, dotando los saladeros de infraestructura pública como un centro médico, una ambulancia, una casa de la cultura llamada Casa del Pueblo, un colegio y una instalación deportiva. Pero la vida no es fácil y construir una economía sostenible sigue siendo todo un desafío.      

El Salado no ha olvidado lo que sucedió hace 15 años. Por eso el pasado 18 de febrero el pueblo conmemoró los 15 años de la masacre con globos blancos, una caminata que reunió a cerca de 200 personas y una chocolatada nocturna en la que recordaron a sus seres queridos.

 
 


El Salado, Masacre, Memoria, Violencia

 

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